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Pasos de animal grande, crujidos institucionales, ecos de lucha en Colombia

category venezuela / colombia | antifascismo | portada author Tuesday September 16, 2008 16:51author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Colombia, la profundización de la crisis institucional y la Corte Penal Internacional

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La llegada de la Corte Penal Internacional a Colombia, en medio de la agudización de la crisis que enfrenta al Ejecutivo en contra de la Corte Suprema por los casos de parapolítica, así como el recrudecimiento de los ataques de Uribe en contra de la oposición, abren una nueva coyuntura en Colombia, dentro de la cual la superación de la crisis mediante la dictadura abierta se vuelve una posibilidad cada vez más palpable.

"Es importante hacer algunas precisiones antes de terminar: mientras muchos comentaristas culpan a la actual crisis y a la deriva autoritaria del gobierno de Uribe a la personalidad del presidente[12], no podemos seriamente sostener que esto se trata, sencillamente, de una cuestión de carácter psicológico. Cierto es que Uribe es de carácter camorrista y pendenciero, rencoroso y vengativo, pero en este caso estamos ante una verdadera campaña sistemática de ataque a la oposición, con el pleno respaldo de los medios, que tiene un claro fin de intimidar cualquiera que atreva a hacer el menor cuestionamiento al régimen, a sabiendas que el precio por semejante “atrevimiento” es demasiado grande. No estamos, sencillamente, ante los descalabros de un personaje un poco desequilibrado. Estamos ante una estrategia que busca la supresión del disenso al más propio estilo del fascismo. Pero esta es una estrategia que no viene de la nada, y que es parte de la implementación de la estrategia de contra-insurgencia que se viene implementando mediante el Plan Colombia. El Estado de contrainsurgencia, por experiencia histórica, es una manera de dictadura que puede revestir formas “democráticas” pero que carece completamente de la sustancia de la democracia más formal.


Pasos de animal grande, crujidos institucionales, ecos de lucha


Colombia, la profundización de la crisis institucional y la Corte Penal Internacional


En un reciente artículo sobre la situación colombiana y sobre el respiro que Uribe recibió tras la liberación de Ingrid Betancourt, decíamos: “Ciertamente, pase lo que pase, aunque sea este un espaldarazo importante a Uribe, la crisis institucional en Colombia es profunda y se arrastra para largo. La liberación le ha dado un respiro, pero en un mes, cuando esto ya no sea noticia de primera página, tendrá nuevamente que volver a lidiar con los espectros del paramilitarismo, de las violaciones y del cohecho con el que han estado marcados sus dos gobiernos. Estos espectros no dejarán de penar la Casa de Nariño tan fácilmente” [1]. La pregunta entonces era, ¿cuánto duraría este respiro?

La semana en que Uribe perdió la cordura (si alguna vez la tuvo)

Ciertamente, los eventos de la última semana se han encargado de dejar en claro que la Operación Jaque ya no sirve para seguir tapando la corrupción del régimen, el cual se sigue hundiendo en sus vinculaciones con el paramilitarismo, el narcotráfico, ni su carácter mafioso. Ni tampoco sirve para limar la pugna que existe entre el proyecto cesarista de Uribe y su pugna en contra de la Corte Suprema por los casos de parapolítica, que el gobierno trata de obstruir por todos los medios a su disposición.

Esta semana se evidenció la profundidad de la crisis colombiana, al punto que la revista Cambio no titubeó en decir que se trata del momento más difícil en el mandato de Uribe[2]. Podemos describir los elementos que siguen evidenciando la naturaleza del régimen y que agudizan la crisis como sigue:

-El Fiscal de Antioquia, Guillermo León Valencia Cossio, quien por lo demás es hermano del Ministro del Interior y Justicia, es denunciado públicamente por sus alianzas con narcotraficantes de la región, particularmente con Don Mario, denuncia que arrastra a otros funcionarios de policía y judiciales y que pareciera ramificarse hasta el mismo entorno presidencial[3].

-Se descubre que altos funcionarios del gobierno de Uribe se habían reunido, con fecha 3 de Abril, en la mismísima Casa de Nariño, con el abogado del reconocido narcotraficante y paramilitar Don Berna y con un paramilitar que aún seguía activo, alias Job. El motivo de la reunión, la cual fue reconocida en rueda de prensa por el propio Uribe, era recibir información que pudiera desacreditar a la Corte Suprema.

-El lunes, en rueda de prensa, Uribe comienza una serie de ataques, que como manotazos de ahogado, revelan su desesperación pero que son típicos del estilo del gobierno de defenderse mediante los ataques sin fundamentos: ataca a la Corte Suprema, a los senadores opositores Piedad Córdoba y Gustavo Petro y al magistrado “estrella” de la parapolítica, Iván Velásquez, por “tráfico y manipulación de testigos” (recordemos que esto ya lo lleva haciendo un par de semanas, cuando denunció manipulaciones y “roscogramas” en la Corte Suprema); luego atacó al liberalismo, específicamente, al senador Juan Fernando Cristo y al ex-presidente César Gaviria, a los que acusó de manejar fondos del narcotráfico en 1991 y de aliarse con los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar –grupo paramilitar vinculado al Cartel de Cali) en su lucha contra el líder del Cartel de Medellín, Pablo Escobar. Atacó, por último, al periodista Daniel Coronell, quien entrevistó en el 2004 a Yidis Medina sobre el delito de cohecho cuando, por parte de funcionarios del gobierno uribista, su voto fue comprado, lo cual permitió la reforma constitucional que posibilitó la re-elección de Uribe en el 2006. Anunció acciones legales en contra de él por revelar el video tan sólo este año, lo que según Uribe equivale a ocultar un delito.

-Algunos analistas ya dicen que se sienten “pasos de animal grande” por la llegada del fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno Ocampo y del juez Baltasar Garzón a Colombia, en una clara señal de respaldo a la labor de la Corte Suprema colombiana y de inquietud ante la manera en que el gobierno hace todo cuanto está a su alcance para lograr la mayor impunidad en cuanto a los crímenes del paramilitarismo y los casos de la parapolítica. El mensaje de Moreno Ocampo fue claro: pedir al gobierno que garantice que los paramilitares extraditados a EEUU[4] colaboren con los casos de parapolítica y que no haya impunidad para sus crímenes. Advirtieron que, siendo éstos crímenes de lesa humanidad, la CPI podría intervenir por primera vez fuera del continente africano, si no hay garantías contra la impunidad. Y claramente, el espectáculo de Uribe desaforado atacando a la oposición el mismo día de su llegada a Colombia, tiene que haber sido suficiente prueba para comprobar la carencia de condiciones para que se enjuicie al paramilitarismo.

Boomerang de los ataques uribistas

En su atarantamiento, Uribe no solamente sigue echándose enemigos encima y evidenciando la peligrosidad del totalitarismo que encierra su proyecto político, ganándose así la distancia aún de ciertos sectores que de otro modo lo apoyarían. También dispara dardos contra sí mismo: pues al acusar al liberalismo por su pasado, abre las puertas para levantar dudas en torno a su propia persona. Es indudable que el régimen de Gaviria se alió a los Pepes, y que hubo más de algún vínculo con los narcotraficantes. Pero el propio Uribe en ese entonces era liberal, de los más “samperistas” que pudo haber, y fue uno de los más vocales en contra de las extradiciones de narcotraficantes, precisamente por sus cercanías con el Cartel de Medellín. Hay varios hechos que señalan que las asociaciones con dicho cartel no serían meras casualidades:

1. Un helicóptero de su padre fue encontrado, en 1984, en el laboratorio del Cartel de Medellín llamado “Tranquilandia”. Nunca se ha aclarado qué diablos hacía el helicóptero en ese laboratorio, pero no cuesta mucho sacar conclusiones[5];

2. Un informe de 1991 de la Agencia de Defensa e Inteligencia (DIA) de EEUU, en el cual Álvaro Uribe aparece en una lista de personas vinculadas al narcotráfico que incluye al propio Pablo Escobar. Uribe ocupa el número 82 y su reseña dice: “Álvaro Uribe Vélez –un político y senador colombiano dedicado a colaborar con el Cartel de Medellín en las altas esferas de gobierno. Uribe se ha vinculado a negocios relacionados a los narcóticos en los EEUU. Su padre fue asesinado en Colombia debido a sus conexiones con el narcotráfico. Uribe ha trabajado para el Cartel de Medellín y es un amigo personal y cercano de Pablo Escobar Gaviria. Participó en la campaña política de Escobar para el puesto de asistente parlamentario de Jorge (Ortega). Uribe ha sido uno de los políticos que desde el senado ha atacado de todas las formas al tratado de extradición”[6];

3. Su amistad con la familia Ochoa, la cual Uribe explica como ligada a la común afición a los “caballos”[7] (¡¿?!);

4. Las acusaciones de Virginia Vallejo, amante de Pablo Escobar, quien dice que “Alvarito” era idolatrado por el Cartel de Medellín, pues en su puesto de directo de Aeronátuica Civil, había facilitado la infraestructura de pistas de aterrizajes del narcotráfico[8];

5. El financiamiento de su propia campaña, en el 2002, con fondos de una empresa vinculada al Cartel de Medellín (Uniapuestas)[9];

6. El propio asesor presidencial, José Obdulio Gaviria, es primo de Pablo Escobar.

Con todos estos antecedentes es muy difícil pensar que Uribe no ha tenido ninguna clase de relación más allá de lo circunstancial con dicho Cartel. Y es por esa relación, a lo mejor, que guardó todo este tiempo, como una espina en su interior, su molestia por la alianza de la dirigencia de su partido con el Cartel de Cali, específicamente, con los Pepes. Y son las propias declaraciones atarantadas de Uribe las cuales vuelven a poner sobre el tapete las sombras de su propia trayectoria: un boomerang perfecto.

Igual pasó con sus denuncias a la Corte Suprema sobre supuestas roscas: la atención, en lugar de desviarse en el sentido que Uribe hubiera querido, terminó enfocándose en las propias prácticas clientelistas del gobierno y en el “roscograma” del Estado, al punto que el gobierno, a través del ministro Valencia Cossio, se vio forzado a reconocer la existencia de tales prácticas en respuesta al desafío de la Corte de investigar los “roscogramas” en todas las ramas del Estado[10]. Pero además, sus continuos ataques sobre la Corte Suprema de Justicia y el supuesto complot de ésta para “desprestigiar” al gobierno, terminaron por evidenciar la campaña de desprestigio del mismo gobierno hacia ella y abrió, insospechadamente, las puertas para futuras acciones de la CPI, el escenario que Uribe más teme. Como se ve, esta vez las cortinas de humo del gobierno se están volviendo en su contra.

Incurre en otro desatino semejante con la acusación en contra de Coronell. Pues si Coronell es culpable de “ocultar” un delito, tácitamente, Uribe está reconociendo lo que hasta ahora había negado: que el cohecho efectivamente ocurrió. Tenemos una de esas paradojas judiciales colombianas, en que Yidis Medina ha sido sancionada por aceptar el cohecho, se amenaza con juicio a un periodista por ocultamiento de delito, pero el que cometió el delito, al haber ofrecido comprar un voto parlamentario, reclama su inocencia... ¡plop![11]

Una crisis profunda en el camino hacia la dictadura abierta

Con todo esto, se revela en toda su profundidad una crisis institucional de proporciones enromes que se da, precisamente, a medida en que se avanza en la consolidación del régimen autoritario uribista, en la cual el Ejecutivo hipertrofiado rompe el equilibrio de poderes del Estado (mediante los ataques a la Corte Suprema y la cooptación de otras ramas judiciales, amen de la debilitación del legislativo por la parapolítica) y en la medida en que se aprieta el acelerador para el tercer período de Uribe en el poder. Éste se pretende sustentar en una reforma constitucional espuria que plantea la posibilidad de la re-elección para un tercer período a todo aquel que haya servido un segundo período como presidente. Esta reforma solamente sería aplicable a Uribe, pues en la Constitución no existe la figura de la re-elección inmediata, la cual fue invalidada cuando la reforma del 2004 se anuló por la “Yidispolítica” y el acto de cohecho. Por tanto, el presidente de facto, reforzaría su carácter de facto en el poder.

Los engranajes de la dictadura se siguen ajustando, y el espectro de la CPI (el cual viene a recordar a Uribe que él no es el Todopoderoso) podría hacer que Uribe busque su perpetuación en el poder como una manera de evitar los múltiples juicios por violaciones y crímenes de lesa humanidad que podría enfrentar en un futuro no muy lejano. Los paralelos con Fujimori no dejan de ser sorprendentes. Pero en el camino, se abre el horizonte de una crisis de consecuencias aún inciertas, una crisis generalizada del Estado y del bloque en el poder, en la cual el propio Uribe se encarga de recordarnos que todos los sectores del poder están salpicados de corrupción y de sangre popular.

Algunas precisiones sobre la crisis

Es importante hacer algunas precisiones antes de terminar: mientras muchos comentaristas culpan a la actual crisis y a la deriva autoritaria del gobierno de Uribe a la personalidad del presidente[12], no podemos seriamente sostener que esto se trata, sencillamente, de una cuestión de carácter psicológico. Cierto es que Uribe es de carácter camorrista y pendenciero, rencoroso y vengativo, pero en este caso estamos ante una verdadera campaña sistemática de ataque a la oposición, con el pleno respaldo de los medios, que tiene un claro fin de intimidar cualquiera que atreva a hacer el menor cuestionamiento al régimen, a sabiendas que el precio por semejante “atrevimiento” es demasiado grande. No estamos, sencillamente, ante los descalabros de un personaje un poco desequilibrado. Estamos ante una estrategia que busca la supresión del disenso al más propio estilo del fascismo. Pero esta es una estrategia que no viene de la nada, y que es parte de la implementación de la estrategia de contra-insurgencia que se viene implementando mediante el Plan Colombia. El Estado de contrainsurgencia, por experiencia histórica, es una manera de dictadura que puede revestir formas “democráticas” pero que carece completamente de la sustancia de la democracia más formal.

No debemos perder de vista, tampoco, que aunque la llegada de la CPI es un acontecimiento de la mayor relevancia, esto de por sí no solucionará los problemas de fondo del pueblo colombiano los cuales tienen su origen, ante todo, en el conflicto de clases. Cierto es que el mundo pondrá, probablemente muy pronto, sus ojos sobre Colombia y se evidenciará el horror con el que se ha establecido el actual modelo social y económico, con la complacencia tanto de los EEUU como de la Unión Europea. El mismo fiscal Moreno Ocampo comparó la situación colombiana con la del Congo –comparación nada halagadora, y que comprometerá, probablemente, el respaldo que el disciplinado Uribe ha tenido desde sus patrones imperiales. No podemos dejar de reconocer lo crucial que es la lucha contra la impunidad y por conocer la verdad jurídica e histórica respecto a los crímenes de lesa humanidad que tanto el Estado como el paramilitarismo han perpetrado sistemáticamente en contra del pueblo colombiano. Acompañamos decididamente a las víctimas en esta lucha. Pero esto no reemplaza la necesidad de transformación social de un sistema con profundas contradicciones sociales como es el colombiano. Esta tarea no puede ser impulsada desde ningún tribunal, sino que es una tarea exclusiva del mismo pueblo, tanto en el campo como en la ciudad.

Es por ello que a los procesos de convergencia de organizaciones populares debemos darles el lugar protagónico que verdaderamente se merecen. El momento es complejo y el movimiento popular colombiano se levanta sobre dos décadas de violenta supresión, que han dejado una huella dolorosa, ejemplificada en miles de desaparecidos y millones de desplazados. No son momentos para falsos triunfalismos: la clase trabajadora y el pueblo en general se encuentra en una situación de resistencia. La ofensiva de los de arriba ha sido dura, combinando “todas las formas de lucha”, desde el paramilitarismo y las fuerzas del Estado, pasando por el ataque a los derechos más básicos y al nivel de vida del pueblo, hasta incluir una serie de leyes que terminan de rematar lo poco que se había avanzado en las luchas desde fines de los ’70 por mellar el poder oligárquico. Pero es en la misma resistencia en la cual hay que buscar la manera de retomar la iniciativa, la cual aún mantiene la oligarquía, pues sería un error confundir la crisis política actual con crisis de la dominación de la clase dominante en Colombia. Las condiciones son duras, pero las necesidades son apremiantes y el momento debe urgir a buscar el largo camino que lleve al pueblo a tomar las riendas en la lucha de clases. Por ello la convergencia desde abajo de los actores populares, que ya comienza a vislumbrarse, debe verse como la principal tarea del momento para enfrentar al totalitarismo y para avanzar hacia la conquista de la justicia social.

José Antonio Gutiérrez D.
28 de Agosto del 2008




[1] “La liberación de Ingrid Betancourt ¿sabremos algún día toda la verdad?” http://www.anarkismo.net/article/9298

[2] http://www.cambio.com.co/portadacambio/791/ARTICULO-WEB....html

[3] http://www.cambio.com.co/portadacambio/791/ARTICULO-WEB....html

[4] http://www.anarkismo.net/article/8977

[5] http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=108354

[6] http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/index.htm http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB131/dia910923.pdf

[7] http://www.embajadacolombia.int.ar/site/indexnb.asp?IdS...tor=1

[8]http://www.elpais.com/articulo/internacional/narcoestad...0/Tes http://www.elpais.com.co/paisonline/notas/Octubre152007....html

[9] http://www.semana.com/wf_InfoArticulo.aspx?IdArt=90714

[10] Una interesante columna de Patricia Lara Salive da una breve ojeada a las roscas uribistas http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpre...mayor

[11] Sobre el caso de la Yidispolítica ver http://www.anarkismo.net/article/9243

[12] Ver, por ejemplo, a Ana Milena Muñoz “Uribe, de pelea en pelea” http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpre...pelea o el artículo de la excelente columnista Cecilia Orozco Tascón, “Suicida desesperación” http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpre...acion . También pueden verse las declaraciones de Gaviria a nombre de la colectividad liberal http://www.elespectador.com/impreso/politica/articuloim...ejero

author by Ramiro Bejarano Guzmán - El Espectadorpublication date Sun Aug 31, 2008 21:31author address author phone Report this post to the editors

ANTES FUERON LOS SENADORES Héctor Helí Rojas, Rafael Pardo y el ex director del DANE César Caballero quienes disintieron de Uribe, y les pasó lo que les pasó. Hoy fue Iván Velásquez, a continuación la Corte Suprema, después Daniel Coronell, más tarde Gustavo Petro, en seguida Piedad Córdoba, luego César Gaviria, el siguiente Juan Fernando Cristo con todo el Partido Liberal, y al final de la jornada, el fiscal Iguarán. ¿Quién será el próximo? Cualquiera que crea que el Gobierno tornó invivible la República.
Ya llegará el día en el que Uribe salga iracundo a difundir más mentiras y falsas sospechas de las que anda escarbando contra todo el mundo el primo hermano de Pablo Escobar, el temible José Obdulio Gaviria, con la probable ayuda de organismos de inteligencia, para enlodar el nombre de quien enfrente el poder mafioso que ejercen amparados en la seguridad democrática.

Qué tal José Obdulio aplicándole la tesis de O.J. Simpson a Juan Fernando Cristo —a salvo de toda sospecha—, cuando Uribe no ha explicado por qué era el número 84 de una lista de personas nada confiables —por decir lo menos— para las autoridades americanas; o por qué él mismo fue señalado, a través de una versión rectificada a medias, por su primo, Roberto Escobar, de visitar la Catedral en las épocas de Pablo.

Uribe mancilla honras y la Casa de Nariño, permitiendo que dos de sus hombres se reunieran de noche y subrepticiamente con un delincuente y el abogado del siniestro Don Berna. Solamente en este cuatrienio era posible que ingresara a la casa de los presidentes un emisario de la oficina de Envigado.

A pesar de ser invitada, la directora del DAS no asistió a la perversa reunión, pero en vez de marginarse de ese sórdido acontecimiento, envió un “detective especializado en bandas”, no precisamente de músicos. ¿En cuál banda pensó? Acaso la de Job, o la de la “Casa de Nari”, agenciada por Edmundo del Castillo y César Mauricio Velásquez, el hombre del Opus Dei en Palacio a quien uno de sus contertulios le clavó el alias de El Cura, que insinuó que el presidente de la Corte es un canalla.

Que no insista el Gobierno en sostener que los oscuros visitantes entraron por el sótano dizque porque traían equipos de comunicación, pues las imágenes lo que permiten apreciar es que ninguno llevaba siquiera un maletín, que justificara burlar la puerta por donde ingresan quienes no necesitan ocultarse.

Es insólito que el Gobierno sindique a la Corte Suprema de manipular un “cartel de testigos”, cuando de lo que dan cuenta las evidencias es que Uribe se ha valido de declaraciones de prisioneros como Tasmania y Francisco Villalba para acusar a senadores opositores y magistrados, sin importarle las corrompidas condiciones en las que se suscitaron tales testimonios posteriormente retractados.

Y para premiarnos, ahora nos imponen una reforma política y otra para someter a la justicia, conducidas por un ministro que como Valencia Cossio se está cayendo, porque, entre otras, esta es la hora que no sabe por qué estuvo en su posesión el controvertido Luis Felipe Sierra, preso por vínculos con un paraco; ni ha justificado por qué llamó al Fiscal a pedirle una oportunidad para su hermano.

En ese ambiente enrarecido, el vicepresidente Santos y un obispo de la Conferencia Episcopal reclaman calma a todos, sin atreverse a decir que el responsable de esto es Don Álvaro. Echarles la culpa a muchos para que no se vea la imborrable falta de Uribe es oportunista e injusto, en particular con los magistrados de la Corte, quienes silenciosamente soportaron los insultos —a los que se ha sumado el indelicado Héroe de Invercolsa, Fernando Londoño— hasta cuando tuvieron que defenderse de los ataques orquestados en la penumbra desde la casa de Gobierno.

Mientras los inquilinos de la casa presidencial sigan siendo los mismos, aquí habrá zozobra, y muy pronto violencia, claro, contra quienes no hacen parte del “cuerpo de doctrina de Uribe”.

Related Link: http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/ramiro-bejarano-guzman/columna-el-infierno-de-uribe
author by Cecilia Orozco Tascón - El Paíspublication date Sun Oct 26, 2008 07:31author address author phone Report this post to the editors

Parece que en estos días el mundo se le ha venido encima al Gobierno. Sin embargo, hay que recordar que en política nada sucede por azar. Por eso los viejos decían que uno no puede pretender cosechar sino el fruto del grano que ha sembrado. Recapitulemos los acontecimientos de estos días: el paro judicial más largo de los últimos años, con pérdidas millonarias en billetes y en confianza institucional; la huelga de los corteros de caña, cuyos argumentos laborales y salariales nadie ha podido desvirtuar, pese a los esfuerzos que se han hecho para desprestigiarlos; el levantamiento indígena, al principio tan menospreciado y hoy al borde de generar –si el Primer Mandatario no encuentra mañana soluciones amistosas– protestas continentales de graves consecuencias.

Líos político-judiciales sin resolver, como el del ex fiscal Guillermo Valencia Cossio; el del aliado gubernamental Hernán Andrade, presidente del Congreso; el de los candidatos presidenciales a magistrados de los altos tribunales, con impresentable hoja de vida; y el de la rapiña de los amigos de la Casa de Nariño para imponer al aspirante a la Procuraduría que postulará el Jefe de Estado. De remate, sale a la luz pública el par de comunicados internos del DAS en los que se dan instrucciones a los funcionarios departamentales de esa entidad para que vigilen, sigan, chucen, graben etc., a los miembros del Polo. Por mucho menos se han caído gobiernos en otras latitudes.

Espiar desde el Poder Ejecutivo a los contradictores partidistas es, además de inconstitucional e ilegal, un acto que desprestigia a la Nación entera. La respuesta oficial a este gigantesco embrollo ha sido francamente vergonzosa. Quieren convencernos de que al agente que escribió los memorandos se le ocurrió hacerlo en solitario, y que ninguno de sus superiores jerárquicos se involucró en el trabajo sucio. Le echan indirectamente la culpa a la ex directora Hurtado; le aceptan la renuncia y después, su jefe directo, el Presidente de la República, declara que le dio “tristeza” que se fuera porque es una “mujer honorable” Si lo creía ¿por qué entonces la dejó ir? Para calmar las aguas y que hubiera quién pagara los platos rotos, contestaría yo. Perla final: Álvaro Uribe afirma que se trataba de “una trampa para hacerle daño al Gobierno”.

Es cierto que los colombianos somos ingenuos, en medio de nuestra excesiva viveza. Pero no tanto. Craso error, señor Presidente. Con el mandato de hacerles seguimientos ocultos a sus enemigos políticos, su gobierno queda muy mal por donde quiera que lo mire. Le voy a dar un consejo mejor que el que le susurraron sus asesores: usted no puede decir que engañaron e infiltraron al DAS porque ese escenario, de ser real, es peor que el de la pillada con las manos en la masa ¿El programa medular de la Seguridad Democrática no es útil para controlar siquiera al organismo de inteligencia que depende directamente de su oficina?

Mejor rectifique pronto sus palabras, exija que le entreguen un informe completo y revéleselo a sus electores. Se los debe. Si no es posible hacerlo porque la verdad es impresentable, trate de recomponer la disculpa porque ésta lesiona su prestigio de líder que maneja todo con solo mover un dedo.

Related Link: http://www.elpais.com.co/historico/oct252008/OPN/opi1.html
 
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