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Santa María de Iquique, ¿crimen sin castigo?

category bolivia / peru / ecuador / chile | historia del anarquismo | opinión / análisis author Wednesday December 05, 2007 18:55author by Pedro Bravo-Elizondo - Wichita State University Report this post to the editors

La venganza de Antonio Ramón

Después de la masacre de la escuela Santa María, el gobierno le confía a Silva Renard en 1909 la jefatura de la comisión militar en Berlín para adquirir material de artillería. En 1911 lo nombra director de Material de Guerra y a cargo de la Fábrica de Cartuchos en Santiago, ubicada en las vecindades del Parque Cousiño. Allí en diciembre de 1914, se encuentra con su destino.

"Antonio Ramón Ramón conducido por soldados luego del atentado a Silva Renard. El Mercurio 15-12-14
"Antonio Ramón Ramón conducido por soldados luego del atentado a Silva Renard. El Mercurio 15-12-14


Santa María de Iquique, ¿crimen sin castigo?

La venganza de Antonio Ramón

Había que derramar la sangre de algunos amotinados
R. Silva Renard, segundo Parte Oficial

El amor de un hombre por una mujer, crece y declina, como las fases de la luna; pero el amor de hermano por hermano, es constante como las estrellas y perdura como la palabra del Profeta.
Proverbio árabe

Después de la masacre de la escuela Santa María, el gobierno le confía a Silva Renard en 1909 la jefatura de la comisión militar en Berlín para adquirir material de artillería. En 1911 lo nombra director de Material de Guerra y a cargo de la Fábrica de Cartuchos en Santiago, ubicada en las vecindades del Parque Cousiño. Allí en diciembre de 1914, se encuentra con su destino.

Luego de ocurrido el genocidio, los obreros fueron enviados de regreso a las salitreras bajo guardia militar. Otros emigraron o regresaron a sus tierras en el territorio nacional y los muertos fueron enterrados en fosas comunes, en el Cementerio # 2, en el barrio de El Colorado y otros lugares. Antonio Ramón vino a la Pampa salitrera en busca de información sobre su hermano. Trabajó en la Oficina Jazpampa de donde regresó a la Argentina, volviendo a Chile tres meses antes de su atentado contra Silva Renard.

Hemos sostenido que el anarquismo chileno, y en especial el de las salitreras, no fue violento en sus expresiones, como los gobernantes quisieron hacer creer a la opinión pública. De haber sido así, el intento de asesinato del general Silva Renard o cualquier otro habría tenido miles de candidatos entre los hermanos, hijos, esposas de los masacrados de Iquique. González Vera lo recordaba así: “Si sucedía en el país algo desagradable, decíase que era obra de los subversivos. A éstos calificábaseles de individuos sin Dios ni ley, partidarios del caos, de enemigos de la familia, de ácratas.”[1]

La venganza “por el valiente / que la metralla pulverizó” se cumplió parcialmente el lunes 14 de diciembre de 1914, a siete años de distancia de los hechos de Iquique. He aquí el parte policial, que extracté de El Mercurio de Santiago, del martes 15 del mismo mes.
Parte oficial de la 4ª. Comisaría.

Antonio Ramón Ramón, gañán, de 34 años de edad, de nacionalidad española, soltero y domiciliado en la Avenida Viel 1882, pieza número P, aprehendido hoy a las 10:35 a.m., por el guardián del Parque Cousiño, Crisóstomo Leiva, en circunstancias que huía por la Avenida Rondizzoni, y era perseguido por los señores Guillermo Torres, Viel 1235, y Domingo Salvo, misma calle, número 1859, pasó a disposición de V.S. por ser el autor de las heridas causadas, con daga, al general del Ejército don Roberto Silva Renard, en los momentos que éste se dirigía a la Fábrica de Cartuchos, de donde es director.

El hecho ocurrió en la Avenida Viel entre Rondizzoni y el Pasaje Baltra, frente a la casa número 1845, habitada por la señora Casimira Saavedra, quién presenció el hecho y salió a la calle dando voces de socorro, al mismo tiempo auxiliaba al señor Silva Renard, quién fue llevado momentos después a la Fábrica de Cartuchos, donde tiene su domicilio, siendo atendido por el médico de dicho establecimiento, don Enrique Valenzuela R.

El inspector don Antonio Vega, de esta sección, que oportunamente acudió al lugar del suceso, y tomó las primeras providencias del caso, interrogó al detenido Ramón en presencia del capitán de la Fábrica de Cartuchos, don Luis Cabrera y empleados y soldados de la misma, escribiente don Alberto guerra, empleado de oficina de Hugo Simuvisky y Braulio Arriagada, Zacarías Cea y Manuel San Martín, los tres últimos soldados; y dijo Ramón que él había dado de puñaladas al señor Silva Renard porque en los sucesos de Iquique había visto caer muerto a un hermano de él; y que hacía tiempo andaba persiguiendo al general para vengar la muerte de su hermano.

La señora Saavedra y el señor Torres, antes citado, aseguran que el general Silva Renard fue atacado por la espalda. Según declaración del señor Torres, el hechor iba acompañado de dos individuos más, que huyeron. El hechor pasó a la Cárcel de orden de V.S, y la daga con que ejecutó, al Instituto de Higiene, también de orden de V.S. La daga en referencia fue encontrada por Saavedra en el mismo lugar donde ocurrió el hecho.

Debo hacer presente a V.S. que el aprehensor encontró sitio del suceso el frasco que adjunto, cuyo contenido Ramón se había bebido creyendo que era estricnina, porque esta sustancia la había comprado en la República de Argentina con la intención de envenenarse después de ejecutar su venganza. Acompaño también la vaina de la daga que fue encontrada en un bolsillo del pantalón de Ramón; una navaja de afeitar, una libreta de matrícula de gente de mar a favor de Fabián Fernández, especies que fueron encontradas en su domicilio. Tres botellas y un vaso, conteniendo líquidos, un jarro de lavatorio, un estuche con elementos de afeitar y un libro de medicina que de orden de V.S. fueron llevados a su presencia a la Fábrica de Cartuchos, quedaron en este establecimiento.

El hechor presenta contusiones y heridas en la cabeza, por lo que fue atendido en la citada Fábrica, de donde se mandó a la Cárcel Pública de orden de V.S. Quedaron citados para comparecer ante V.S. el guardián aprehensor y los testigos nombrados. El cuarto que ocupa Ramón está cerrado y con herradura.


Lo que no dice el decano de los periódicos chilenos, es que al ser aprehendido el “hechor” fue atacado a sablazos por el ayudante del general, capitán Luis Cabrera Gana. El Chileno, del mismo día 15 de diciembre, comentaba:

No terminaremos la exposición de los hechos, sin protestar de una acción censurable. Después de estar aprehendido por la policía el hechor del atentado, un capitán de ejército sacó su espada y propinó una de golpes a Ramón, quedando en estado por demás digno de lástima, y se nos asegura que estas heridas puedan tener algunas complicaciones. El expresado capitán no debía haber manchado su espada en un individuo que ya lo estaba bastante por el acto cometido.
Es digno de censura este proceder, y basta.


De entre los datos obtenidos por el cronista de El Mercurio, se deduce que Antonio era de Molinar, España, sabía leer y escribir. Al juez De la Barra, confesó que el ataque al general lo había hecho por ser éste quien dirigió y dio la orden de fuego contra los obreros asilados en la Escuela Santa María, y entre los cuales estaba su medio hermano Manuel Vaca, único familiar varón suyo y que pereció en la matanza.

El periodista lo describe de esta manera, cuando lo entrevista el día 15. Esa misma tarde fue enviado a la Cárcel Pública, en calidad de incomunicado.

En una pieza de la guardia de la Fábrica de Cartuchos y sentado en el suelo, con las manos atadas por la espalda y las piernas aprisionadas por grillos, el hechor Ramón observa con actitud tranquila y resignada cuanto ocurre a su alrededor. En su cara, medio bronceada por el sol y la intemperie, se destacan sus ojos claros, pequeños y escrutadores (…)
- ¿Cuánto tiempo residías en Santiago?
- Más o menos tres meses. Anteriormente estuve en Valparaíso, trabajando en la Casa Molfino, y al presente estaba ocupado en ésta, en las obras del alcantarillado en los Arsenales de Guerra.
- ¿Tienes algunos amigos que te hayan aconsejado?
- Absolutamente ninguno. Procedí por mi cuenta. Un hermano mío murió en los sucesos de la Plaza Santa María en Iquique (sic) y ustedes comprenderán…
- ¿Y el veneno?
- Lo adquirí en la República Argentina, en mi último viaje que efectué en parte a pie, pero veo que me han engañado. La daga también la adquirí en la Argentina, y la he conservado siempre como arma de defensa, pero nunca la he empleado contra mis semejantes.

El sumario quedó terminado el mismo 14. “A las tres de la tarde, el juez sumariante y el jefe de la Sección de Seguridad estuvieron en la Corte Suprema, llamados por el Tribunal. La Corte recomendó especialmente el sumario y la investigación de saber si se trataba de alguna confabulación anarquista.” Nótese la eficiencia y rapidez de la justicia chilena de la época. Antonio Ramón fue condenado a cinco años de prisión. El general Silva Renard usó hasta el resto de sus días un parche de color negro en su ojo izquierdo, pues una de las heridas comprometió los órganos de su vista. Por motivos de salud, solicitó su retiro. Falleció en 1920.

¿Cuál fue la reacción de prensa popular, al otro extremo de la gama política del decano? La Batalla, periódico anarquista de Santiago, en la primera quincena de enero de 1915, encabeza su crónica de esta manera:

21 de diciembre de 1907- 1914, Aniversario de la horrenda masacre de Iquique. El asesino – El vengador

El sanguinario militarote Silva Renard se cubre de gloria ametrallando sin piedad al pueblo trabajador de la Pampa el 21 de diciembre de 1907; pero el 14 de diciembre de 1914 un hijo del pueblo, el obrero Antonio Ramón Ramón, hermano de una de las innumerables víctimas caídas en aquella luctuosa jornada proletaria intenta hacer ¡justicia! por su propia mano vengando a los caídos. Cinco puñaladas le asesta al masacrador, pero al oír las quejas de la cobarde fiera que se agarra con ambas manos a la reja de una ventana, gimiendo como un chiquillo, el ingenuo y sentimental obrero arroja la daga y huye perseguido por una jauría de perros policíacos que lo acosa por todas partes hasta apresarlo.

Finaliza su larga relación el cronista de La Batalla, agregando que “el pueblo demostró su alegría llegando muchos trabajadores, ese mismo día en su entusiasmo hasta gritar desde los carros con fuerte y sonora voz ¡Viva el hechor!”. Si nos detenemos a pensar en el arma utilizada por Antonio Ramón, una daga, no se habla de un puñal, vemos la jerarquía implícita en ella. El arma define al contrincante y su enemigo. Antonio no utiliza el revólver, el cual distancia y permite matar sin ver los ojos del contrario. La daga es el acercamiento, el coraje, la hombría de la cual nos habla Borges en su cuento “El Sur”. Antonio Ramón utilizó la sorpresa, táctica militar inmemorial. Sus pasos se perdieron en lo infinito del tiempo, completando el círculo de su vida errante. Su victoria fue sin esperanza, pero fue el sacrificio para redimir y redimirse. Reconcilió en parte su dolor y el dolor de los demás.

William Blake escribió en siglos pasados: Quien transforma su ley en una maldición, por su propia ley morirá

La sonada conspiración anarquista para asesinar a Silva Renard, como la tituló El Mercurio, entre otras publicaciones santiaguinas, fue únicamente el deseo de venganza causado por el dolor de la pérdida de un ser querido y si ese fue el caso, Roberto Silva Renard debiera haber muerto mil veces, por cada uno de los masacrados en la Escuela Santa María de Iquique.


Pedro Bravo-Elizondo
(Profesor de Literatura Latinoamericana en la Wichita State University)




Notas
[1] José Santos González Vera. Cuando era muchacho. (Santiago: Editorial Nascimento, 1951): 167.



Este artículo ha sido escrito para Anarkismo.net y para la publicación libertaria chilena "Hombre y Sociedad", número 22, diciembre del 2007

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