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Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas

category internacional | movimiento anarquista | opinión / análisis author Monday July 09, 2007 01:37author by El grupo de los anarquistas rusos en el extranjero Report this post to the editors

Traducción al español revisada y corregida por Frank Mintz

La plataforma fue el resultado de los esfuerzos de parte del movimiento anarquista ruso exiliado en Francia de dejar un documento que sirviera de punto de partida (mejorable, por supuesto) para cualquier intento de organización anarquista a la luz de sus experiencias. Fue repudiada por gran parte del movimiento por interpretarla como un acercamiento al leninismo. Alexander Skirda, entre otros, ha revisado la traducción francesa con el original ruso y sugiere que la misma fue hecha de forma malintencionada y que esto contribuyó a la reacción que causó en los medios libertarios. Como todas las demás traducciones se han hecho a partir de la francesa, al revisar esta, deben revisarse las demás y, de ser posible, corregirlas con el original ruso. Esto se ha hecho con la versión inglesa (disponible en nestormakhno.info) y ahora Franck Mintz nos acerca una "Traducción a partir del original ruso y de la versión francesa indispensable de Alexandre Skirda".


Plataforma organizativa por una Unión General de Anarquistas

Grupo de anarquistas rusos en el extranjero


Introducción

¡Anarquistas!

Es significativo el hecho de que a pesar de la fuerza, del indiscutible carácter positivo de las ideas anarquistas, de la rectitud e integridad de estas posiciones en la revolución social, del heroísmo y de las innumerables bajas aportadas por los anarquistas en la lucha por el anarcocomunismo, el movimiento anarquista permanece débil. Y en la historia de las luchas de la clase obrera apareció, con mucha frecuencia, como un pequeño evento, un episodio, y no un factor importante.

Esta contradicción entre la validez incontestable de las ideas anarquistas y el estado miserable en que está el movimiento anarquista, tiene su explicación en una serie de causas, de las que la más importante, la principal, es la ausencia de principios y relaciones organizativas en el movimiento anarquista.

En todos los países, el movimiento anarquismo está representado por organizaciones locales, con teorías y prácticas contradictorias, sin tener perspectivas de futuro ni una constancia en la militancia, y que suelen desaparecer sin dejar casi ninguna huella. Tal estado del anarquismo revolucionario, tomado como un todo, sólo puede ser calificado de "desorganización crónica". Como la fiebre amarilla, esta enfermedad de la desorganización se introdujo en el organismo del movimiento anarquista y nos sacude desde hace decenios.

No hay duda, sin embargo, de que esta desorganización se sitúa en unos defectos de tipo teórico, en la interpretación falaz del principio individual en el anarquismo, en su reducción a la irresponsabilidad. Los adeptos de actuar por el antojo personal se aferran obstinadamente a la situación caótica del movimiento anarquista y aducen a favor de la misma el principio intangible del anarquismo y [los texto de los] pensadores.

Y no obstante, sobre los principios intangibles, los pensadores dicen precisamente lo contrario. La dispersión y el despilfarro es el inicio de la muerte; la cohesión, es la condición de la vida y del desarrollo. Esta ley de la lucha social vale igualmente para las clases como para los partidos.

El anarquismo no es una fantasía hermosa, sacada del despacho de un filósofo, sino un movimiento social de las masas trabajadoras y ya sólo por eso tiene que aunar sus fuerzas en un todo, en una organización que actúe constantemente, según lo exijan las acciones y la estrategia de la lucha social de clase
Estamos convencidos, escribe Kropotkin, que la formación del partido anarquista en Rusia no sólo no va a obstaculizar la causa revolucionaria común, sino que es altamente deseable y positivo.” (Introducción de 1892 a la Comuna de París de Bakunin)
Nunca se opuso el mismo Bakunin al concepto de una organización anarquista general. Por el contrario, sus aspiraciones respecto de las organizaciones, asicomo su actividad en la Primera Internacional obrera, justifican plenamente que se le vea como precisamente un partidario activo de tal organización.

En general, casi todos lo militantes activos del anarquismo lucharon en contra de la actividad dispersa, y desearon un movimiento anarquista cohesionado por la unidad de fines y medios.

Fue durante la Revolución Rusa de 1917 cuando la necesidad de una organización general se sintió más nítida y urgentemente. Durante esta revolución, el movimiento anarquista mostró el más alto grado de desconexión y confusión. La ausencia de una organización general llevó a muchos militantes anarquistas activos a pasarse a las filas bolcheviques. Es también la causa de que muchos otros militantes estén actualmente en tal estado de pasividad, que les impide cualquier uso de sus fuerzas, que sin embargo son a menudo de gran importancia.

Tenemos una necesidad vital de una organización que, con la mayoría de los participantes del movimiento anarquista, establezca en él una línea general, táctica y política, que sirva así de guía para todo el movimiento.

Es tiempo de que el anarquismo salga del lodazal de la desorganización, de que ponga fin a las eternas vacilaciones ante las más importantes cuestiones tácticas y teóricas, de que emprenda resueltamente el camino de una meta claramente concebida, y de que tenga una práctica colectiva organizada.

No basta, sin embargo, con comprobar la necesidad vital de tal organización, hace falta también determinar el método de su creación.

Rechazamos como práctica y teóricamente inepta la idea de crear una organización con la receta de la "síntesis", esto es, con reunir los representantes de diferentes tendencias del anarquismo. Tal organización, por incorporar elementos heterogéneos en los planos de la teoría y de la práctica, sólo sería un ensamblaje mecánico de individuos con un enfoque distinto para todas las cuestiones del movimiento anarquista. Este ensamblaje se desbaratará inevitablemente ante el primer choque con la vida.

El método anarcosindicalista no resuelve el problema de la organización anarquista, ya que no le da prioridad, por interesarse únicamente en el afianzamiento y la vertebración del anarcosindicalismo en los medios obreros.

No obstante, allí poco se puede hacer, incluso de estar implantado, si no se posee una organización general anarquista. El único método que lleva a la solución del problema de la organización general es, a nuestro parecer, reunir a los militantes activos del anarquismo sobre la base de posiciones precisas: teóricas, tácticas y organizativas, o sea, la base más o menos acabada de un programa homogéneo.

La elaboración de tal programa es una de las principales tareas que la lucha social de los últimos años impone a los anarquistas. A esta tarea, dedica una parte importante de sus esfuerzos el grupo de anarquistas rusos en el extranjero.

La "Plataforma Organizativa" que se publica a continuación, representa las directrices, el esqueleto de tal programa. Debe servir como primer paso hacia la unión de las fuerzas anarquistas en un único colectivo revolucionario activo, capaz de actuar: la Unión General de Anarquistas.

Estamos conscientes de que existen lagunas en esta plataforma. Sin lugar a dudas, las tiene, como además es el caso, cualquier nuevo enfoque práctico con cierta importancia. Es posible que ciertas posturas esenciales se hayan omitido, que algunas no estén tratadas lo suficiente, o aún, que otras sean demasiado detalladas o repetitivas. Todo esto es posible. Pero no tiene importancia. Lo que hace falta es colocar los cimientos de una organización general. Y tal objetivo lo alcanza, con la precisión necesaria, la presente plataforma. Le corresponde a la colectividad entera, a la Unión General de Anarquistas, ampliar y profundizar esta plataforma luego para que sea un programa completo para todo el movimiento anarquista.

En otro plano, sin temor a equivocarnos, prevemos que muchos representantes del así llamado individualismo y del anarquismo caótico nos atacarán, con espuma en la boca, acusándonos de quebrar los principios anarquistas. Sin embargo, sabemos lo que los elementos individualistas y caóticos entienden por el nombre de "principios anarquistas»: incoherencia, desidia e irresponsabilidad, que provocaron en nuestro movimiento heridas casi incurables. En contra de ellos, estamos luchando con toda nuestra energía y pasión. Por eso podemos tranquilamente no dar importancia a los ataques de este campo.

Basamos nuestras esperanzas en otros militantes: en aquellos que se han permanecido fieles al anarquismo, que vivieron la tragedia del movimiento anarquista y buscan con dolor una solución.

Confiamos muchísimo en la juventud anarquista, formada con el aliento de la revolución rusa, y situada de golpe ante los problemas constructivos. Esta juventud buscará inevitablemente la realización de principios positivos y organizativos en el anarquismo.

Invitamos a todas las organizaciones anarquistas rusas desparramadas en varios países del mundo, así como a los militantes anarquistas aislados, a unirse en un único colectivo revolucionario, sobre la base de una plataforma común organizativa.

¡Ojalá esta plataforma sirva de eslogan revolucionario, de punto de unión a todos los militantes del movimiento anarquista ruso! ¡Ojalá pueda echar los cimientos de la Unión General de Anarquistas!

¡Viva el movimiento anarquista organizado!
¡Viva la Unión General de Anarquistas!
¡Viva la Revolución Social de los obreros del mundo!

El grupo de los anarquistas rusos en el extranjero.

El secretario del grupo, Piotr Archinov

París, 20 Junio 1926


PARTE GENERAL

1. LUCHA DE CLASE, SU PAPEL Y SIGNIFICADO

No hay una humanidad única.
Hay una humanidad de clases:
esclavos y amos.


Como todas las que la precedieron, la sociedad capitalista y burguesa de nuestros días no es una unidad. Está cortada en dos campos, muy diferenciados socialmente por su situación y funciones, el proletariado (en el más amplio sentido de la palabra) y la burguesía.

La suerte del proletariado es desde siempre hacer un trabajo físico pesado y agobiante, cuyo fruto, sin embargo, no lo cobra el trabajador sino otra clase privilegiada que posee la propiedad, el poder y los productos de la cultura (ciencia, educación, arte): la burguesía.

La esclavitud social y la explotación de las masas trabajadoras forman la base en que se apoya la sociedad moderna y sin la que no puede existir. Este hecho generó la lucha de clase secular, tomando a veces un carácter abierto y violento, y otras, insensible y lento. Y dio esencialmente una orientación hacia la transformación de la sociedad actual en una nueva, que pueda satisfacer las necesidades y el concepto de justicia de los trabajadores.

Toda la historia humana en el campo social representa una cadena ininterrumpida de luchas de las masas trabajadoras por sus derechos, la libertad y una vida mejor. En la historia de las sociedades humanas esta lucha de clases ha sido siempre el principal factor que determinó la forma y las estructuras de estas sociedades. El régimen social y político de cualquier país es ante todo el producto de la lucha de clase y sirve de indicador del estado actual y hasta qué punto ha llegado la lucha de clase. El más mínimo cambio en el curso de la lucha de clase, en la situación mutua de las fuerzas de clases en lucha, produce inmediatamente modificaciones en los tejidos y las estructuras de la sociedad.

Tal es el sentido general y universal de la lucha de clase en la vida de las sociedades de clases.

2. LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN SOCIAL VIOLENTA

El sistema de la supeditación social y la explotación de las masas por la violencia constituyen la base de la sociedad moderna. Todos los ámbitos de esta sociedad: economía, política, relaciones sociales, se basan en la violencia de clase, cuyos órganos son: el poder, la policía, el ejército y el tribunal. Todo en esta sociedad, empezando por la fábrica y terminando por todo el sistema del Estado, forma un baluarte del capitalismo, donde se mantienen constantemente vigilados a los trabajadores, donde siempre están preparadas las fuerzas destinadas a reprimir todos los movimientos obreros que amenacen de cualquier manera las bases, o incluso la tranquilidad de esta sociedad.

Al mismo tiempo, el sistema de esta sociedad mantiene automáticamente a las masas trabajadoras en un estado de ignorancia y de estancamiento mental; impide por la fuerza el aumento de su nivel moral e intelectual, a fin de poder explotarlas más fácilmente.

El progreso de la sociedad moderna: la evolución técnica del capitalismo el perfeccionamiento de su sistema político, el fortalecimiento de la potencia de las clases dominantes, hace vez más difícil la lucha en contra de éstas, atrasándose el momento decisivo de la emancipación del trabajo.

El análisis de la sociedad moderna establece que no existe otra vía que la revolución social violenta para transformar la sociedad capitalista en una sociedad de trabajadores libres.

3. EL ANARQUISMO Y EL ANARCOCOMUNISMO

La lucha de clase, creada por la esclavitud de los trabajadores y sus aspiraciones a la libertad, generó entre los oprimidos la idea del anarquismo: la idea de la negación total de un sistema social basado en los principios clasistas y estatales, su sustitución por una sociedad libre y sin Estado de trabajadores que aplican la autogestión.

Así nació el anarquismo, no de las reflexiones abstractas de algún sabio o filósofo, sino por la lucha directa de los trabajadores en contra del capitalismo, por las necesidades de los trabajadores, por sus aspiraciones a la libertad e igualdad, que viven particularmente las masas obreras en las épocas más heroicas.

Los pensadores famosos del anarquismo, Bakunin, Kropotkin y otros, no crearon la idea del anarquismo. Ellos la hallaron entre las masas, con la fuerza del pensamiento y sus saberes, favorecieron el esclarecimiento y la extensión de esta idea. El anarquismo no es el resultado de obras e investigaciones individuales.

Así el anarquismo no es en absoluto el producto de aspiraciones humanas universales. No existe una única humanidad. Cualquier intento de hacer pertenecer el anarquismo a toda la humanidad, tal como es hoy día, el atribuirle un carácter humano general, constituye una mentira histórica y social, que desemboca inevitablemente en la justificación del orden actual y de una nueva explotación.

El anarquismo es globalmente humano en el sentido de que las ideas de las masas trabajadoras mejoran las vidas de todos los hombres, y de que la suerte de la humanidad de hoy o de mañana está relacionada a la del trabajo esclavizado. Si las masas trabajadoras son victoriosas, renacerá toda la humanidad. De lo contrario, como antes en el mundo reinarán la violencia, la explotación, la esclavitud y la opresión.

El nacimiento, la plenitud y la realización de las ideas anarquistas tienen sus raíces en la vida y en la lucha de las masas trabajadoras y está inseparablemente unida al destino suyo.

El anarquismo aspira a transformar la sociedad presente burguesa y capitalista, en una sociedad que suministre a los trabajadores el producto de su trabajo, su libertad, independencia y la igualdad social y política. Esta sociedad constituye el anarcocomunismo. Ella permite la plena expresión no sólo de la solidaridad social sino de la libre individualidad, desarrollándose ambas ideas en estrecha relación.

El anarcocomunismo considera que el único creador de todos los valores sociales es el trabajo, físico e intelectual; y sólo el trabajo tiene el derecho a administrar toda la vida económica y social. Por lo tanto, el anarcocomunismo de ningún modo justifica ni admite la existencia de clases no trabajadoras. Mientras tales clases subsistan al mismo tiempo que el anarcocomunismo, éste no reconocerá ningún deber para con ellas. Únicamente cuando las clases no trabajadoras decidan volverse productivas y deseen vivir en la sociedad anarcocomunista en las mismas condiciones que los demás, tendrán un lugar análogo al de todos, o sea la de miembros libres de la sociedad, disfrutando de los mismos deberes y teniendo los mismos derechos que todos los demás trabajadores.

El anarcocomunismo quiere acabar con toda explotación y violencia sobre los individuos y las masas. Para este fin, edifica las bases económicas y sociales que aúnan en un conjunto toda la vida económica y social del país, dándole a cada individuo una situación igual a la de los demás y permitiendo a cada cual el máximo de bienestar. Esta base es la puesta en común, bajo la forma de la socialización, de todos los medios y los instrumentos de producción (industria, transporte, tierra, materias primas, etc.) y edificación de organismos económicos sobre el principio de la igualdad y de la autogestión de las clases trabajadoras.

En los límites de esta sociedad autogestionada de trabajadores, el anarcocomunismo establece el principio de la igualdad de valores y derechos de cada individuo (no de la individualidad "en general", ni de la "individualidad mística" o del concepto de individualidad).

De este principio de igualdad de valores y derechos, y también de que el valor del trabajo aportado por cada individuo no puede ser ni medido ni estimado, se desprende el principio fundamental económico jurídico, social y jurídico del anarcocomunismo : "De cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades".

4. LA NEGACIÓN DE LA DEMOCRACIA

La democracia se presenta como una de las formas de la sociedad capitalista y burguesa.

La base de la democracia es el mantenimiento de dos clases antagonistas de la sociedad moderna: la del trabajo y la del capitalismo, y de su colaboración sobre el fundamento de la propiedad capitalista privada. La expresión de dicha colaboración es el parlamento y el gobierno representativo nacional.

Formalmente, la democracia proclama la libertad de palabra, de prensa, de asociación, y la igualdad de todos ante la ley.

En realidad, todas estas libertades tienen un carácter muy relativo: son toleradas mientras no cuestionen los intereses de la clase dominante, o sea la burguesía. La democracia mantiene intacto el principio de la propiedad privada capitalista. Con ello, deja a la burguesía el derecho a apoderarse de toda la economía del país, toda la prensa, la enseñanza, la ciencia, el arte y de hecho, la burguesía tiene el dominio absoluto de todo el país. Con el monopolio en el ámbito de la vida económica, la burguesía puede establecer su poder ilimitado también en la esfera política. En efecto, el parlamento y el gobierno representativo en la democracia no son más que los órganos ejecutivos de la burguesía. Por lo tanto, la democracia sólo es uno de los aspectos de la dictadura burguesa, enmascarada tras fórmulas engañosas de libertades políticas y de garantías democráticas ficticias.

5. LA NEGACIÓN DEL ESTADO Y DEL PODER

Los ideólogos de la burguesía definen el Estado como el órgano regulador de las relaciones complejas políticas, civiles y sociales entre los hombres en el seno de la sociedad moderna, protegiendo el orden y las leyes de ésta. Los anarquistas están perfectamente de acuerdo con esta definición, sólo añaden que la base de este orden y de estas leyes es la supeditación de la enorme mayoría del pueblo por una insignificante minoría, y que para ello precisamente sirve el Estado. El Estado es simultáneamente la violencia organizada y el órgano ejecutivo de la burguesía en contra de los trabajadores.

Los socialistas de izquierda, y en particular los bolcheviques, también consideran el poder y el Estado burgués, como servidores del capitalismo. Pero sostienen que el poder y el Estado pueden convertirse, en manos de los partidos socialistas, en un medio poderoso por la emancipación del proletariado. Por esta razón, estos partidos están por un poder socialista y un Estado proletario. Unos quieren conquistar el poder por medios pacíficos, parlamentarios (los socialdemócratas); otros, por medios revolucionarios (los bolcheviques, los socialistas revolucionarios de izquierda).

El anarquismo considera ambas tesis como fundamentalmente erróneas, nefastas para la obra de la emancipación del trabajo.

El poder está siempre relacionado a la explotación y a la supeditación de las masas populares. Nace de esta explotación, o se crea para ella. El poder sin violencia y sin explotación pierde toda razón de ser. El Estado y el poder quitan a las masas la iniciativa, el espíritu de creación, cultiva en ellas la psicología servil de sumisión, de espera y de esperanza en los superiores y los mandos. Pero la emancipación de los trabajadores sólo es posible durante el proceso de la lucha revolucionaria directa de las vastas masas obreras y de sus organizaciones de clase en contra del sistema capitalista.

La conquista del poder por los partidos social demócratas, en el marco del orden presente, no hará avanzar de un solo paso la tarea de la emancipación del trabajo, por la razón de que la potencia real y, por consiguiente, el poder real, permanecerán en manos de la burguesía, que mantendrá el dominio de toda la economía y toda la política del país. El rol del poder socialista, en este caso, se reducirá a las reformas, al mejoramiento de ese mismo régimen burgués (Ejemplos : MacDonald, los partidos social demócratas de Alemania, Suecia, Bélgica, llegados al poder en la sociedad capitalista).

La toma del poder por el colapso social y la organización de un así llamado "Estado proletario", tampoco puede servir la causa de la auténtica emancipación del trabajo. El Estado, edificado primero con el pretexto de la defensa de la revolución, termina inevitablemente adquiriendo características propias, para ser luego su propia finalidad y favorecerá en torno suyo castas sociales de privilegiados, en que se apuntala. El Estado somete las masas por la fuerza de acuerdo a sus propias necesidades y las de las castas privilegiadas y restablece, por lo tanto, el fundamento del poder y del Estado capitalistas: la supeditación y la explotación habituales de las masas por la violencia (Ejemplo: el Estado "obrero y campesino" de los bolcheviques).

6. EL PAPEL DE LAS MASAS Y DE LOS ANARQUISTAS EN LA REVOLUCIÓN SOCIALES

Las fuerzas principales de la revolución social son: la clase trabajadora de las ciudades, del campo y una parte de los intelectuales asalariados. Observación: los intelectuales asalariados, si bien se presentan como una clase oprimida y explotada como los jornaleros agrícolas y el proletariado urbano, son más desunidos que los obreros y los campesinos, a causa de los privilegios económicos otorgados por la burguesía a algunos de sus elementos. Por eso, durante los primeros días de la revolución social, los militantes activos no podrán salir más que de las capas menos acomodadas de estos intelectuales.

El papel de las masas en la revolución social y en la construcción del socialismo se separa fundamentalmente del de los partidos estatales. Mientras el bolchevismo, y las corrientes afines, consideran que las masas trabajadoras poseen sólo instintos revolucionarios destructivos, siendo incapaces de una actividad creadora y constructiva, - puesto que esta acción de creación debe corresponder a gente reunida en el gobierno del Estado o el comité central del partido-, los anarquistas, al contrario, creen que las masas trabajadoras tienen enormes posibilidades creadoras y constructivas, y aspiran a suprimir los obstáculos que impidan la manifestación de estas posibilidades. Los anarquistas consideran el Estado precisamente como el principal obstáculo, usurpando todos los derechos de las masas y quitándoles casi todas las funciones de la vida económica y social. El Estado debe perecer no "algún día" en la sociedad del futuro, sino que debe ser destruido por los trabajadores el primer día de su victoria, y no debe ser restablecido bajo forma alguna. Será sustituido por un sistema federalista de organizaciones de producción y de consumo de los trabajadores, autogestionados federalmente. Este sistema excluye la organización del poder por la dictadura de un partido u otro.

La Revolución Rusa de 1917 muestra precisamente esta orientación del proceso de la emancipación social con la creación de un sistema de soviets de obreros y campesinos y comités de fábrica. Fue un triste error el no haber liquidado, en un momento oportuno, la organización del poder estatal del gobierno provisional primero, del poder bolchevique luego. Éste, aprovechándose de la confianza de los obreros y los campesinos, reorganizó el Estado burgués de acuerdo a las circunstancias del momento y mató luego, con la ayuda de dicho Estado, la actividad creador de las masas revolucionarias. El régimen libre de los soviets y de los comités de fábrica representaba el primer paso hacia la construcción de una sociedad sin Estado.

La acción de los anarquistas se divide en dos períodos, antes y durante la Revolución. En ambos casos, los anarquistas sólo podrán cumplir su papel si representan una fuerza organizada, con una concepción clara de los objetivos de su lucha y de las vías que conducen a la realización de estas finalidades.

La tarea fundamental de la Unión General de Anarquistas, en el período prerrevolucionario, es la preparación de los trabajadores y campesinos para la revolución social. Al negar la democracia formal (burguesa), el poder y el Estado, al proclamar la completa emancipación del trabajo, el anarquismo destaca al máximo los rigurosos principios de la lucha de clase, fomenta y desarrolla en las masas la conciencia de clase y la intransigencia revolucionaria de clase.

Es precisamente en el sentido de la intransigencia de clase, el antidemocratismo, el anti-estatismo, el ideal del anarcocomunismo, como tiene que hacerse la educación anarquista de las masas. Pero no basta la educación en sí... Indispensable es también cierta organización anarquista de masas. Para realizarla, es necesario obrar en dos direcciones: en el plano de la selección y del agrupamiento de las fuerzas revolucionarias obreras y campesinas en una base teórica anarcocomunista (organizaciones anarquistas específicas); en el plano de la unión de los trabajadores y campesinos revolucionarios sobre una base económica de producción y consumo (organizaciones productivas de obreros y campesinos revolucionarios, cooperativas obreras y campesinas libres).

La clase obrera y campesina, organizada sobre la base de la producción y del consumo, penetrada por las posiciones del anarquismo revolucionario, será el primer punto de sustentación de la revolución social. Cuanto más consciente y organizado de modo anarquista se vuelva, desde ya, más manifestará una voluntad intransigente y de creación anarquista en el momento revolucionario.

Respecto de la clase obrera en Rusia, resulta claro que, tras ocho años de dictadura bolchevique, que encadenó la natural necesidad de las masas de actividad libre, etc., y demostró la verdadera naturaleza de cualquier poder, tiene en sí enormes posibilidades de formar un movimiento de masas anarquistas. Los militantes anarquistas organizados deben responder enseguida con toda las fuerzas disponibles a estas necesidades y posibilidades, afin de que no degeneren en menchevismo [reformismo].

Con igual urgencia, los anarquistas deben intentar con todas sus fuerzas organizar al campesinado pobre, aplastado por el poder estatal, en busca de una solución y con enormes posibilidades revolucionarias. El papel de los anarquistas en el período revolucionario no puede limitarse a la única propaganda de esloganes e ideas anarquistas.

La vida es el escenario, no sólo de la propaganda de tal o cual grupos, sino también, con la misma importancia, el de la lucha, de la estrategia y de las aspiraciones de estos conceptos para la dirección de la vida económica y social. Más que cualquier otra idea, el anarquismo debe ser la directriz de la revolución social, porque es sólo con la base teórica del anarquismo como la revolución social puede lograr la emancipación completa del trabajo.

La posición de dirección de las ideas anarquistas en la revolución significa una dirección teórica anarquista de los acontecimientos. No se debe confundir, sin embargo, esta dirección con la dirección política de los partidos autoritarios que desemboca finalmente en el poder del Estado.

El anarquismo no aspira a la conquista del poder político, a la dictadura. Su principal aspiración es ayudar a las masas a tomar la vía auténtica de la revolución social y la construcción del socialismo. Pero no basta con que las masas tomen el camino de la revolución social. Es también necesario mantener esta orientación de la revolución y de sus objetivos: la supresión de la sociedad capitalista en nombre de la de los trabajadores libres. Como nos lo enseñó la experiencia de la revolución rusa de 1917, esta tarea está lejos de ser fácil, sobre todo por los numerosos partidos que tratan de orientar el movimiento en un sentido opuesto a la revolución social.

A pesar de que en los movimientos sociales las masas viven profundamente con las tendencias y los esloganes anarquistas, éstos, no obstante, se dispersan, no están coordinados con un sistema previo y, por lo tanto, no tienen la fuerza de una dirección ideológica organizada, que es imprescindible para guardar en la revolución social la orientación y los objetivos anarquistas. Esta fuerza ideológica directora sólo puede ser obra de un colectivo especialmente creado por las masas. Los elementos anarquistas organizados y la Unión General constituyen este colectivo.

Los deberes prácticos y teóricos de este colectivo son considerables a la hora de la revolución. Debe tomar la iniciativa y participar totalmente en todos los ámbitos de la revolución social: en la orientación y el carácter general de la revolución, en la guerra civil y en la defensa de la revolución, en las tareas constructivas de la revolución, de la nueva producción, del consumo, de la tierra, etc.

En todas estas cuestiones, y en la mayoría de las otras, las masas exigirán de los anarquistas una respuesta clara y precisa. Y desde el momento en que los anarquistas predican una concepción de la revolución y de la estructura de la sociedad, estarán obligados a dar a estas cuestiones una respuesta exacta, a relacionar la solución de estos problemas con la concepción general del anarquismo y dedicar todas sus fuerzas a las prácticas concretas.

Sólo en este sentido la Unión General de Anarquistas y el movimiento anarquista cumplen del todo un papel ideológico de dirección en la revolución social.

7. EL PERÍODO TRANSITORIO

Los partidos políticos socialistas entienden, bajo la expresión "período de transición", una fase determinada en la vida de un pueblo, que se caracteriza por la ruptura con el orden antiguo de las cosas y la instauración de un nuevo sistema económico y político : un sistema que, no obstante, no representa aún la emancipación completa de los trabajadores.

En este sentido, todos los programas mínimos de los partidos políticos socialistas, por ejemplo, los programas democráticos de los socialistas oportunistas, o el programa de la "dictadura del proletariado" de los comunistas, son programas del período de transición. El rasgo esencial de estos programas mínimos es considerar imposible, de momento, la realización completa de los ideales de los trabajadores: independencia, libertad e igualdad. Así se mantiene toda una serie de instituciones del sistema capitalista: el principio del poder del Estado, la propiedad privada de los medios e instrumentos de la producción, el asalariado, y varios más, de acuerdo a los objetivos de tal o cual programa a que se refieren los partidos. Los anarquistas han sido siempre los principales enemigos de tales programas, por estimar que la construcción de sistemas transitorios con principios de explotación y de coacción sobre las masas, conducen inevitablemente a un nuevo aumento de la esclavitud. En lugar de establecer programas políticos mínimos, los anarquistas han defendido siempre la idea de una revolución social inmediata, que prive a la clase capitalista de sus privilegios políticos y económicos, y entregue en manos de los trabajadores los medios e instrumentos de producción, asicomo todas las funciones de la vida económica y social.

Esta postura, los anarquistas la mantienen hasta ahora. La idea del período de transición de que la revolución social no debe llevar a la sociedad anarquista, sino a un sistema X, conservando elementos y supervivencias del antiguo sistema capitalista, es antianarquista por esencia. Dicha idea encierra la amenaza con reforzar y desarrollar estos elementos hasta sus dimensiones de antes y con hacer retroceder los acontecimientos.

Un ejemplo deslumbrante es el régimen de la "dictadura del proletariado", establecido por los bolcheviques en Rusia. La convicción de ellos era que este régimen no debía ser más que una etapa transitoria hacia el comunismo total. En realidad, esta etapa ha llegado, de hecho, a la restauración de la sociedad clasista, en cuyo nivel inferior se encuentran como antes los obreros y los campesinos pobres.

El centro de gravedad en la construcción de la sociedad anarquista no consiste en la posibilidad de asegurar a cada individuo, desde el primer día de la revolución, la libertad ilimitada de satisfacer sus necesidades, sino en conquistar la base social de esta sociedad y establecer los principios de relaciones igualitarias entre los individuos. El problema de una abundancia de bienes más o menos grandes no es una cuestión de principio sino un aspecto técnico.

El principio fundamental en el que se edificará la nueva sociedad, base de esta sociedad y que no deberá ser limitado de modo alguno, es el de la igualdad de las relaciones, de la libertad y de la independencia de los trabajadores. Este principio representa, en efecto, la exigencia fundamental de las masas, en nombre del que sólo se sublevarán por la revolución social. Una de dos: o la revolución social terminará por la derrota de los trabajadores, y, en este caso, habrá que volverse a preparar a la lucha, a una nueva ofensiva contra el sistema capitalista; o se llegará a la victoria de los trabajadores, y en tal caso, éstos, aplicando la autogestión de la tierra, la producción y las funciones sociales, comenzarán la construcción de una sociedad libre.

Así será el inicio de la construcción de la sociedad comunista que, una vez comenzada, seguirá entonces adelante sin interrupciones, fortaleciéndose y perfeccionándose.

En este sentido, la conquista de las funciones productivas y sociales por los trabajadores trazará un límite tajante entre la era estatal y la no estatal. El anarquismo, para ser el portavoz de las masas en lucha y la bandera de una época de revolución social, no tiene que ocultar sus principios fundamentales, y adaptar su programa a reminiscencias antiguas, a tendencias oportunistas de sistemas y períodos de transición, sino al contrario desarrollarlos y aplicarlos al máximo.

8. ANARQUISMO Y SINDICALISMO

Consideramos totalmente artificial, sin fundamento alguno y un absurdo, la oposición entre el anarcocomunismo y el sindicalismo y viceversa. Las nociones del anarquismo y del sindicalismo pertenecen a dos planos diferentes. Mientras que el comunismo, o sea la sociedad libre de trabajadores iguales, es la meta de la lucha anarquista, el sindicalismo, esto es el movimiento laboral obrero revolucionario, sólo es una de las formas de la lucha revolucionaria de clase. Al unir a los obreros en el ámbito de la producción, el sindicalismo revolucionario, como por lo demás cualquier movimiento laboral, no tiene una teoría determinada. No tiene una concepción del mundo con respuestas para todas las complicadas cuestiones políticas y sociales de la realidad contemporánea. Siempre refleja las ideologías de diversos grupos políticos, en particular de aquellos que trabajan más intensamente en sus filas. Nuestra actitud de cara al sindicalismo revolucionario deriva de lo que se acaba de definir. Sin preocuparnos aquí de resolver de antemano la cuestión del papel de los sindicatos revolucionarios después de la revolución, o sea si serán los organizadores de toda la nueva producción, si dejarán este papel a los soviets obreros o a los comités de fábricas, juzgamos que los anarquistas tienen que participar en el sindicalismo revolucionario, como una de las formas del movimiento obrero revolucionario.

Sin embargo, el problema que se plantea ahora no es saber si los anarquistas deben o no estar en el sindicalismo revolucionario, sino cómo y para qué tienen que participar.

Consideramos todo el período precedente, hasta hoy, cuando los anarquistas entraban en el movimiento sindicalista revolucionario, como militantes y propagandistas individuales, como un período de relaciones artesanales para con el movimiento sindical. El anarcosindicalismo, tratando de vertebrar las ideas anarquistas en el ala izquierdista del movimiento sindicalista revolucionario, mediante la creación de sindicatos de tipo anarquista, representa, desde este enfoque, un paso adelante, pero con todo no supera la fase artesanal. El anarcosindicalismo no relaciona obligatoriamente la "anarquización" del movimiento sindicalista con la organización de las fuerzas anarquistas fuera de lo sindical. No obstante, únicamente con tal relación es posible “anarquizar” el sindicalismo revolucionario e impedirle que se desvíe hacia el oportunismo.

Considerando el sindicalismo revolucionario sólo como un movimiento laboral de trabajadores, sin una teoría social y política determinada y, por lo tanto, sin fuerza para resolver por sí mismo la cuestión social, estimamos que la tarea de los anarquistas en las filas de este movimiento consiste en desarrollar dentro las teorías anarquistas, en dirigirlo en un sentido anarquista, a fin de transformarlo en un ejército activo de la revolución social. Es preciso no olvidar nunca que, si el sindicalismo no encuentra un apoyo en el momento oportuno de la teoría anarquista, se basará, con más o menos adhesión, en la ideología de cualquier partido político estatal.

Un ejemplo llamativo es el del sindicalismo francés, que antes pregonaba esloganes y tácticas anarquistas y cayó luego bajo la influencia de los bolcheviques, y sobre todo, de los socialistas oportunistas Sin embargo, la tarea de los anarquistas en las filas del movimiento obrero revolucionario sólo podrá cumplirse siempre que esté vinculada y coordinada su militancia con la actividad de la organización anarquista exterior al sindicato. Dicho de otro modo, tenemos que ingresar en el movimiento laboral revolucionario como una fuerza organizada, responsable del trabajo cumplido en los sindicatos ante la organización anarquista general, y orientada por ésta. Sin limitarnos a la creación de sindicatos anarquistas, debemos buscar ejercer nuestra influencia teórica en todo el sindicalismo revolucionario y bajo todas sus formas (los IWW, las uniones profesionales rusas, etc.). Esta meta, sólo la podremos alcanzar con poniéndonos a la obra como colectivo anarquista rigurosamente organizado, pero de ninguna manera como pequeños grupos artesanales, sin vínculos organizacionales, ni convergencia teórica.

Los grupos anarquistas en las empresas y fábricas, estimulando la creación de sindicatos anarquistas, llevando la lucha en los sindicatos revolucionarios por la preponderancia de las ideas anarquistas en el sindicalismo, orientando su acción por una organización anarquista general a la que pertenecen : tales son el sentido y la forma de la actitud de los anarquistas frente al sindicalismo revolucionario y los movimientos profesionales revolucionarios afines.

Related Link: http://www.fondation-besnard.org/article.php3?id_articl...e=517
author by Grupo de anarquistas rusos en el extranjeropublication date Mon Jul 09, 2007 16:21Report this post to the editors

PARTE CONSTRUCTIVA

EL PROBLEMA DEL PRIMER DÍA DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL

El objetivo fundamental del mundo del trabajo en lucha, es la fundación, mediante la revolución, de una sociedad comunista libre, igualitaria fundada en el principio de " de cada cual según sus capacidades y a cada cual según sus necesidades".

Sin embargo, esta sociedad no llegará de modo perfecto, sólo por la fuerza de la revolución social. Su realización se presentará como un proceso social revolucionario, más o menos extendido, orientado por las fuerzas organizadas del trabajo victorioso en una determinada vía.

Nuestra tarea es indicar desde ahora esta vía, formular los problemas positivos y concretos que se plantearán a los trabajadores desde el primer día de la revolución social y de cuyas soluciones correctas dependerá la misma revolución.

Es evidente que la construcción de la nueva sociedad sólo será posible tras la victoria de los trabajadores sobre el actual sistema capitalista, burgués y de sus representantes. Es imposible comenzar la construcción de una nueva economía y de las nuevas relaciones sociales mientras no haya sido quebrada la potencia del Estado, defensor del régimen de la esclavitud, mientras no se hayan incautado en un régimen revolucionario los obreros y campesinos de la economía industrial y agraria del país.

Por consiguiente, la primera tarea de la revolución social es acabar con el aparato estatal de la sociedad capitalista, privar a la burguesía y a absolutamente todos los elementos socialmente privilegiados, de los medios del poder, y establecer por doquier la voluntad del proletariado rebelde, expresada en los principios fundamentales de la revolución social. Este aspecto destructivo y combativo de la revolución sólo allanará el camino con vista a las tareas positivas que dan sentido y esencia a la revolución social. Dichas tareas son las siguientes:

  1. La solución, en un sentido anarcocomunista, del problema de la producción industrial del país.
  2. La solución en el mismo sentido del problema agrario.
  3. La solución del problema del abastecimiento.

LA PRODUCCIÓN

Partiendo del hecho de que la industria del país es resultado de los esfuerzos de varias generaciones de trabajadores, de que las diversas ramas de la industria están íntimamente relacionadas entre sí, consideramos toda la producción actual como un único taller de productores, perteneciendo por completo a todos los trabajadores en su conjunto y a nadie en particular. El mecanismo productivo del país es global y pertenece a toda la clase obrera. Esta situación determina el carácter y la forma de la nueva producción. Siempre será global, común en el sentido de que los productos elaborados por los trabajadores pertenecerán a todos. Estos productos, cualquier sea la categoría, constituirán el fondo general de abastecimiento de los trabajadores, del que cualquier integrante de la nueva producción recibirá cuanto necesite, sobre una base igualitaria para todos.

El nuevo sistema de producción cancelará del todo el asalariado y la explotación bajo todas sus formas y establecerá en su lugar el principio de la colaboración fraternal y de la solidaridad de los trabajadores. La clase intermediaria que, en la sociedad capitalista moderna, ejerce funciones de mediación -comercio, etc.- así como la burguesía, deberán tomar parte en la nueva producción, en las mismas condiciones que todos los demás trabajadores. De no ser así, se pondrán dichas clases fuera de la sociedad productora. No habrá patrones, que sea el propietario de una empresa privada o el Estado propietario (como es el caso del Estado bolchevique hoy en día). En la nueva producción, las funciones organizadoras pasarán a órganos de gestión especialmente creados por la masa obrera: soviets obreros, comités de fábrica o administraciones obreras de las empresas y de las fábricas. Estos órganos, relacionados entre sí en el plano de una comuna, una provincia y luego todo el país, conformarán instituciones de comuna, provincia y por fin, generales y federales de administración de la producción. Designados por las masas y siempre bajo su control e influencia, todos estos órganos serán constantemente renovados y realizarán así la idea de la autogestión auténtica de las masas.

La producción unificada, cuyos medios y productos pertenecen a todos, la sustitución del asalariado por el principio de la colaboración fraterna, el cumplimiento de la igualdad de los derechos iguales para todos los productores, la gestión de la producción por los órganos obreros elegidos por las masas constituyen el primer paso práctico por el camino de la realización del anarcocomunismo.

LA ALIMENTACIÓN

Brotará este problema durante la revolución de dos maneras:
  1. El principio de la busca de productos para el consumo.
  2. El principio del reparto.
Respecto del reparto de los productos para el consumo, las soluciones dependerán de la realidad, de la cantidad de productos disponibles y del principio de acuerdo sobre los objetivos, etc.

La revolución social, encargada de la reconstrucción de todo el orden social actual, atiende las necesidades vitales de todos. La única excepción es el grupo de los no trabajadores, aquellos que rehúsen tomar parte en la nueva producción por motivos de orden contrarrevolucionario. Pero en general, con excepción de esta última categoría de gente, las necesidades de toda la población de un territorio de la revolución social serán aseguradas por el fondo alimentario pro revolución. En el caso de que la cantidad de productos no baste, serán repartidos según el principio de la mayor urgencia, es decir, primero a los niños, los enfermos y las familias obreras.

Un problema mucho más difícil será el de la organización de este fondo alimentario pro revolución.

Sin lugar a dudas, los primeros días de la revolución, las ciudades no dispondrán de todos los productos indispensables para la vida de la población. Al mismo tiempo, los campesinos tendrán en abundancia los productos de que carecerán las ciudades. Los comunistas anarquistas no pueden tener duda alguna sobre el carácter mutuo de las relaciones laborales entre la ciudad y el campo. Estiman que la revolución social sólo puede ser realizada por los esfuerzos comunes de los obreros y de los campesinos. En consecuencia, la solución del problema del consumo en la revolución puede sólo ser posible mediante una estrecha colaboración revolucionaria entre estas dos clases de trabajadores.

Para establecer esta colaboración, la clase obrera urbana, una vez requisada la producción, deberá atender inmediatamente las necesidades vitales del campo y tratar de proveer los productos de consumo diario, los medios y herramientas para la agricultura colectiva. Las medidas de solidaridad manifestadas por los obreros para con las necesidades de los campesinos fomentarán la misma actitud en ellos quienes, a su vez, proporcionarán colectivamente a las ciudades los productos del trabajo rural, en primer lugar los alimenticios.

Unas cooperativas de obreros y de campesinos serán los primeros órganos que satisfagan las necesidades de alimentación y de abastecimiento económicos de las ciudades y del campo. Encargadas luego de funciones más importantes y más constantes, en particular suplir todo lo indispensable para garantizar y desarrollar la vida económica y social de los obreros y campesinos, estas cooperativas se convertirán así en organismos permanentes de abastecimiento de las ciudades y del campo.

Tal solución del problema de abastecimiento permitirá al proletariado crear un fondo de abasto permanente, lo que repercutirá de modo favorable y decisivo sobre la suerte de toda la nueva producción.

LA TIERRA

Consideramos como principales fuerzas revolucionarias y creadoras en la solución de la cuestión agraria, los campesinos trabajadores (que no explotan la labor ajena) y el proletariado asalariado del campo. Su tarea será cumplir con la nueva distribución de las tierras, para establecer el uso y la explotación de las mismas sobre la base de principios comunistas.

Así como la industria, la tierra, explotada y cultivada por generaciones sucesivas de trabajadores, es producto del esfuerzo común, también pertenece a todos los trabajadores en su conjunto y a nadie en particular. Como propiedad común de los trabajadores, la tierra tampoco podrá objeto de compra o de venta ni de arrendamiento: no podrá pues servir como medio de explotación del trabajo ajeno.

La tierra es como una especie de taller popular común donde el mundo de los trabajadores produce los medios para vivir. Pero es un tipo de taller en que cada trabajador (campesino) suele, por ciertas condiciones históricas, trabajar por sí mismo, de forma independiente de los otros productores. Mientras que en la industria el método colectivo resulta indispensable por esencia y el único posible, en la agricultura, no es el único posible en la actualidad. La mayor parte de los campesinos cultivan la tierra con sus propios medios.

Por lo tanto, cuando la tierra y los medios de explotación pasen a los campesinos, sin posibilidad de venta ni arrendamiento, la cuestión de las formas del usufructo y de los medios de explotación (comunal o familiar) no encontrará inmediatamente una solución completa y definitiva, como en el caso de la industria. Los primeros tiempos se acudirá probablemente a ambos medios.

Serán los mismos campesinos revolucionarios quienes establezcan las formas definitivas de la explotación y del usufructo de la tierra. Ninguna presión externa es posible para esta cuestión.

Puesto que consideramos que sólo la sociedad comunista, en cuyo nombre se hará, además, la revolución social, libera a los trabajadores de su situación de esclavos y explotados y les da una completa libertad e igualdad ; puesto que los campesinos constituyen la aplastante mayoría de la población (casi un 85% en Rusia en 1926) ; puesto que, por consiguiente, el régimen agrario que establezcan será el factor decisivo en el destino de la revolución ; y puesto que, finalmente, la economía privada en la agricultura lleva, como en el caso de la industria privada, al comercio, la acumulación, la propiedad privada y la restauración del capital, nuestro deber será hacer, desde ahora, todo lo necesario para facilitar la solución de la cuestión agraria en un sentido colectivo.

Con este fin debemos, desde ahora, hacer entre los campesinos una fuerte propaganda a favor de la economía agraria colectiva.

La creación de una unión campesina específica de tendencia anarquista facilitará considerablemente tal tarea.

A este respecto, el progreso técnico va a tener enorme importancia, facilitando la evolución de la agricultura y también la realización del comunismo en las ciudades, sobre todo en la industria. Si, en las relaciones con los campesinos, los obreros actúan, no individualmente o en grupos separados, sino como un inmenso colectivo comunista abarcando todas las ramas de la industria; si, además, atienden las necesidades vitales del campo y si proveen a cada pueblo al mismo tiempo que objetos de uso corriente, herramientas y máquinas para la explotación colectiva de la tierra, esto indudablemente incitará al campesinado a adoptar el comunismo en la agricultura.

LA DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN

La cuestión de la defensa de la revolución se vincula también al problema del "primer día". Finalmente, el medio más potente de la defensa de la revolución es la solución exitosa de sus problemas positivos: producción, consumo y tierra. Resueltos estos problemas de manera justa, ninguna fuerza contrarrevolucionaria podrá hacer cambiar o tambalear el régimen libre de los trabajadores. Sin embargo, éstos deberán aguantar una severa lucha en contra de los enemigos de la revolución, para defender y mantener su existencia concreta. La revolución social, que amenaza los privilegios y la misma existencia de las clases no trabajadoras de la sociedad actual, provocará inevitablemente una desesperada resistencia de parte de éstas, bajo la forma de una guerra civil encarnizada.

Como lo demostró la experiencia rusa, tal guerra civil no será asunto de unos cuantos meses, sino de varios años.

Por positivos que sean los primeros pasos de los trabajadores al comienzo de la revolución, las clases dominantes conservarán no obstante, mucho tiempo todavía, una enorme capacidad de resistencia. Durante muchos años lanzarán ofensivas en contra de la revolución, tratando de reconquistar el poder y los privilegios de que fueron privadas. Un ejército numeroso, la técnica y la estrategia militares, el capital: todo será arrojado en contra de los trabajadores victoriosos.

Para preservar las conquistas de la revolución, se deberán crear órganos de defensa de la revolución, para oponer a la ofensiva reaccionaria una fuerza combatiente, que corresponda a la magnitud de la tarea. Los primeros días de la revolución, esta fuerza de combate estará formada por todos los obreros y campesinos en armas. Pero esta fuerza armada espontánea sólo será valiosa durante los primeros días, cuando la guerra civil no haya alcanzado aún el punto culminante y cuando ambos bandos no hayan creado organizaciones militares regularmente constituidas.

En la revolución social, el momento más crítico no es la supresión del poder, sino lo que sigue, es decir, cuando las fuerzas del régimen derrotado lanzan una ofensiva general en contra de los trabajadores, entonces es preciso mantener las conquistas logradas.

El mismo carácter de esta ofensiva, asicomo la técnica y el desarrollo de la guerra civil, obligarán los trabajadores a crear contingentes militares revolucionarios. La índole y los principios fundamentales de estas formaciones deben ser decididos de antemano. Negándonos a los métodos estatales y autoritarios de gestión de las masas, por eso mismo rechazamos también el medio estatal de organizar la fuerza militar de los trabajadores, o sea el principio de un ejército del Estado basado en el servicio militar obligatorio. El principio del voluntariado, de acuerdo a las posiciones fundamentales del anarcocomunismo, debe ser la base de las formaciones militares de los trabajadores. Los destacamentos de guerrilleros insurgentes, obreros y campesinos, que llevaron la acción militar en la revolución rusa, pueden ser citados como ejemplos de tales formaciones.

No obstante, no se tiene que entender el voluntariado y la acción de los guerrilleros en el estrecho sentido del término, o sea una lucha de destacamentos obreros y campesinos en contra del enemigo local, sin coordinación ni plan general de operación general y cada cual actuando según su propia responsabilidad. La acción y la táctica de los guerrilleros deben ser orientadas, durante el período de su completo desarrollo, por una estrategia revolucionaria común.

Como en todas las guerras, la guerra civil sólo puede ser emprendida por los trabajadores con éxito observando los dos principios fundamentales de toda acción militar: unidad del plan de operaciones y unidad del mando común. El momento más crítico de la revolución será cuando la burguesía marche en contra de la revolución con fuerzas organizadas, lo que obligará a los trabajadores a adoptar estos principios de la estrategia militar.

Dadas las necesidades de la estrategia militar asicomo la estrategia de la contrarrevolución, las fuerzas armadas de la revolución deberán aunarse inevitablemente en un ejército revolucionario general con un mando común y con un plan común de operaciones.

Los siguientes principios serán la base de este ejército:

a) El carácter de clase de este ejército;

b) El voluntariado (se excluirá absolutamente cualquier obligación para la defensa revolucionaria).

c) Autodisciplina revolucionaria (el voluntariado y la auto-disciplina revolucionarias se combinarán perfectamente y harán que el ejército revolucionario sea moralmente más fuerte que cualquier ejército del Estado).

d) Subordinación completa del ejército revolucionario a las masas obreras y campesinas en la persona de los organismos obreros y campesinos para todo el país, colocados por las masas en los puestos dirigentes de la vida económica y social. Dicho con otras palabras, el órgano de defensa de la revolución encargado de combatir la contrarrevolución, tanto en los frentes militares abiertos como en los de la guerra civil interna (complots de la burguesía, preparaciones de acciones contrarrevolucionarias), corresponderá enteramente a las organizaciones productivas obreras y campesinas, a las que se someterá, y por las que será dirigido políticamente...

Observación: a pesar de que tiene que ser estructurado en conformidad con principios anarquistas, el ejército no debe ser considerado como un asunto de principio. Éste es sólo la consecuencia de la estrategia militar en la revolución, una medida estratégica a la que los trabajadores estarán ineludiblemente abocados por el mismo proceso de la guerra civil. Pero esta medida debe atraer la atención desde ya. Debe ser cuidadosamente estudiada, para que no surja un retraso irreparable en la obra de protección y defensa de la revolución, porque los retrasos durante los días de la guerra civil pueden ser desastrosos para el resultado de toda la revolución social.

author by Grupo de anarquistas rusos en el extranjeropublication date Mon Jul 09, 2007 16:25Report this post to the editors

PARTE ORGANIZACIONAL

LOS PRINCIPIOS DE LA ORGANIZACIÓN ANARQUISTA

Las posiciones generales constructivas ya expuestas constituyen la plataforma de organización de las fuerzas revolucionarias del anarquismo.

Esta plataforma, con una orientación teórica y táctica determinada, aparece como lo mínimo y tienen que asociarse a ella todos los militantes del movimiento anarquista organizado.

Su tarea es agrupar dentro de sí todas las fuerzas sanas del movimiento anarquista en una única organización general, activa y con una actuación base permanente: la Unión General de Anarquistas. Las fuerzas de todos los militantes activos del anarquismo deben estar orientadas hacia la creación de esta organización. Los principios fundamentales de la organización de una Unión General de Anarquistas deben ser los siguientes:

1- Unidad ideológica:

La teoría representa la fuerza que encauza la actividad de las personas y de las organizaciones por una vía definida y hacia un fin determinado. Naturalmente, debe ser común a todas las personasy organizaciones adherentes a la Unión General. Toda la actividad de Unión General de Anarquistas, tanto en su conjunto como en los detalles, debe estar en concordancia exacta y constante con los principios ideológicos defendidos por la Unión.

2- Unidad táctica o método colectivo de acción:

Los métodos tácticos empleados por los miembros separados o los grupos de la Unión deben ser igualmente unitarios, o sea estar en concordancia rigurosa tanto entre sí como la ideología y la táctica general de la Unión.

Una línea táctica común en el movimiento tiene una importancia decisiva para la existencia de la organización y de todo el movimiento: libera el movimiento del lodazal de varias tácticas que se autodestruyen, concentra todas las fuerzas del movimiento, permite tomar una dirección común que desemboque en un objetivo determinado.

3- Responsabilidad colectiva:

La práctica de actuar bajo la única responsabilidad individual debe ser resueltamente condenada y rechazada en las filas del movimiento anarquista. Las áreas de la vida revolucionaria, social y política son ante todo profundamente colectivas por naturaleza. La actividad social revolucionaria en estos ámbitos no puede fundarse en la responsabilidad personal de militantes aislados.

El órgano ejecutivo del movimiento anarquista general, la Unión Anarquista, levantándose firmemente en contra de la táctica del individualismo irresponsable, introduce en sus filas el principio de la responsabilidad colectiva : La Unión entera será responsable de la actividad revolucionaria y política de cada miembro ; asimismo, cada miembro será responsable de la actividad revolucionaria y política de toda la Unión.

4- Federalismo:

El anarquismo siempre ha negado la organización centralizada, tanto en el ámbito de la vida social de las masas como en el de la acción política. El sistema de centralización se basa en la muerte del espíritu crítico, de la iniciativa y de la independencia de cada individuo y en la sumisión ciega de las amplias masas al "centro". Las consecuencias naturales inevitables de este sistema son la supeditación y la mecanización de la vida social y de la de los partidos.

En contra de la centralización, el anarquismo siempre ha profesado y defendido el principio del federalismo, que combina la independencia y la iniciativa de los individuos o de la organización con el servicio a la causa. Al conciliar la idea de la independencia y de la plenitud de los derechos de cada individuo con el servicio de las necesidades y de los instintos sociales, el federalismo abre con ello las puertas a cualquier manifestación sana de las facultades de todo individuo Pero, muchas veces, el principio federativo fue deformado en las filas anarquistas: se lo entendía demasiadas veces como el derecho a manifestar sobre todo el "ego", sin la obligación de tener en cuenta deberes de cara a la organización.

Esta falsa interpretación desorganizó nuestro movimiento en el pasado y ahora es indispensable acabar con eso decididamente.

El federalismo significa el libre acuerdo de los individuos y de las organizaciones para un trabajo orientado hacia un objetivo común.

Tal acuerdo y la unión federativa basada en él, sólo se convierten en realidades, dejando de ser ficciones e ilusiones, cuando todos los participantes en el acuerdo y en la Unión cumplan completamente los deberes aceptados y sigan las decisiones acordadas en común. En una obra social, por amplia que sea la base federalista en que se edificó, no puede haber derechos sin obligaciones ni tampoco decisiones sin ejecuciones. Es aún menos admisible en una organización anarquista, que se compromete exclusivamente por los trabajadores y la revolución social.

Por lo tanto, el tipo federalista de la organización anarquista, con el reconocimiento para cada integrante de la organización del derecho a la independencia, la libre opinión, la iniciativa y la libertad individual, encarga a cada miembro determinados deberes organizacionales, exigiendo un cumplimiento completo, asicomo el de las decisiones acordadas en común. Sólo con esta condición puede cobrar vida el principio federalista y funcionará correctamente la organización anarquista, dirigiéndose hacia el objetivo definido.

La idea de Unión General Anarquista plantea el problema de la coordinación de las actividades de todas las fuerzas del movimiento anarquista.

Cada organización adherente a la Unión representa una célula vital que forma parte del organismo común. Toda célula tendrá su secretariado, ejecutando y orientando la teoría, el trabajo político y técnico de la organización.

Para la coordinación de la actividad de todas las organizaciones adherentes a la Unión, será creado un órgano especial: el Comité Ejecutivo de la Unión. Corresponderá al Comité las siguientes funciones: ejecutar las decisiones tomadas por la Unión y encargadas a dicho Comité; orientar teórica y organizacionalmente la actividad de los grupos aislados, de acuerdo a las opciones teóricas y a la línea general de la Unión; informar sobre el estado general del movimiento; mantener las relaciones de trabajo con todas las organizaciones de la Unión, asicomo las demás.

El congreso de la Unión General fija los derechos, las responsabilidades y las tareas prácticas. La Unión General de Anarquistas tiene una meta completamente determinada y concreta. En nombre del éxito de la revolución social, ante todo tiene que elegir e integrar los elementos más críticos y revolucionarios entre los obreros y los campesinos. Siendo principalmente una organización para la revolución social y además antiautoritaria aspirando a la abolición de la sociedad de clase desde ya, la Unión General de Anarquistas se apoya de modo igual en las dos clases fundamentales de la sociedad actual : los obreros y los campesinos. La Unión servirá a la par la obra de emancipación de ambas clases.

Respecto de las organizaciones profesionales obreras y revolucionarias de las ciudades, la Unión General de Anarquistas tendrá que desplegar todos sus esfuerzos para convertirse en pionera y guía teórica.

Las mismas tareas se fijan para la masa campesina explotada. Como puntal con el mismo papel que las uniones profesionales revolucionarias de obreras, la Unión se esforzará por realizar una red de organizaciones económicas campesinas revolucionarias y, además, una unión campesina específica, basada en principios antiautoritarios.

Sangre de la sangre de los trabajadores, la Unión General de Anarquistas tiene que tomar parte en todas las manifestaciones de la vida de ellos, aportando siempre el espíritu de organización, de perseverancia, de actividad y de ofensiva.

Únicamente en dicho caso, la Unión podrá cumplir su tarea, su misión teórica e histórica en la revolución social de los trabajadores, y convertirse en la iniciadora organizada del proceso de liberación.

Nestor Makhno, Ida Mett, Piotr Arshinov, Valevsky, Linsky

1926

Traducción a partir del original ruso y de la versión francesa indispensable de Alexandre Skirda por Frank Mintz, abril-mayo de 2004.

La estructura del francés obliga a alejarse del estilo ruso, que se acerca bastante del español. De ahí unos matices diferentes en el texto español. El único cambio es para el final “la unidad táctica” (“libera el movimiento del lodazal de varias tácticas que se destruyen entre sí”) suavizado en la versión francesa. Texto ruso y traducción al francés publicados en Skirda Alexandre Autonomie individuelle et force collective (les anarchiste de Proudhon à nos jours) París, editado por el autor, 1987, 365 pp.; versión rusa Individualnaya avtonomia i kollectivnaya sila (obzor libertarnij idey i pratik ot Prudona do 1939 g.) París, Gramada, 2002 [2003], 224 pp.

El sitio www.nestormakhno.info facilita el texto ruso, la traducción francesa y otra española (muy insuficiente).

Extraído de Fondation Besnard

author by Nestor - (FdCA - pers. cap.)publication date Mon Jul 09, 2007 18:27Report this post to the editors

Bueno, estoy muy contento ver esa nueva traduccion de la Plataforma. Entonces, tenemos 4 traducciones "corregidas": frances, ingles, italiano e ahora castellano.

Pero, una cosa me sorprende: ¿Por qué el traductor ha utilizado el término "anarcocomunismo" en vez de "comunismo anarquista"? (Skirda utiliza "communisme libertaire", también impreciso, en mi opinión)

El texto ruso utiliza siempre "Анархический Коммунизм" (anarkhicheskii kommunizm) a menos que una vez, en la primera línea de la "parte constructiva", donde utiliza "анархо-коммунистического общества" (anarkho-kommunisticheskogo obshchestva).

Related Link: http://www.nestormakhno.info
author by evandro couto - FAGpublication date Fri Jul 13, 2007 06:09Report this post to the editors

Cros/as:

Hay una traducción al portugues hecha e publicada en libro por los cros/as de la hoy OSL/FAO de Brasil. El editorial es Luta Libertaria. Desde principios de 2000 ha circulado también un folleto que hemos distribuyedo como una primera y precaria versión en portugues.

Salúd!

EC

Related Link: http://www.vermelhoenegro.org/fag
author by Nestor - (FdCA)publication date Mon Jul 16, 2007 19:15Report this post to the editors

Estimado Evandro

Sabes decirme de donde la versión de la OSL-SP fue traducida? ¿Era del ruso original o de la traducción francesa revisada de Skirda?

Hay también una versión portugues en el sitio de la FARJ. ¿Es ésta lo mismo de la versión OSL?

In solidarity,
nestor

 
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