CARTA DE OPINIÓN MAYO 2024 - FAS
(...) cabe señalar que vivenciamos un contexto complejo. Se nos avecina un frío invierno que trae a colación lo indigno del sistema público de salud y, a la par, los medios escritos y digitales abogan incesantemente por el fortalecimiento del aparato represivo. Junto a ello, la odisea eleccionaria se nos aproxima de la mano de un populismo asqueroso que no distingue entre la copia barata del progresismo europeo y el ala derechista que se decanta por un recalcitrante conservadurismo –pinochetismo– al estilo Make America Great Again.

Durante los últimos meses, el flamante progresismo chileno, autoproclamado heredero de las movilizaciones estudiantiles del 2006 y 2011, ha confirmado –nuevamente– el rol histórico que juegan las democracias liberales al momento de enfrentar la agudización de la miseria capitalista. El “gobierno del pueblo” no es más que una quimera desvanecida entre leyes represivas, corrupción estatal, prisiones preventivas y el sacrificio de tres peones –traidores a su clase– para salvar “a la reina” o, mejor dicho, al General director de Carabineros, Ricardo Yáñez.
Como bien sabemos, Yáñez estaba siendo enjuiciado por las violaciones a los Derechos Humanos efectuadas en el contexto de la revuelta del 18 de octubre de 2019. Dicho sujeto estaba ad portas de abandonar su cargo a fin de no entorpecer el proceso investigativo, teniendo como fecha límite el 7 de mayo. No obstante, hace unos días los paladines de la desinformación encontraron nueva savia donde clavar su ponzoñosa verborrea: la muerte de tres carabineros.
Al parecer, esos tres esbirros fueron sacrificados como tontos útiles con el objetivo de extender el mandato de su general, a quién, paradójicamente, le aplazaron en 5 meses la audiencia de formalización. Por su parte, la hija ilustre de la alegría que nunca llegó y actual ministra del interior, Carolina Tohá, aseguró que: «en este momento no puede haber cambio en el mando de carabineros, porque sería un golpe en una institución que está muy golpeada». Y claro que está golpeada, eso sí, por la venta de armas al narcotráfico, el asesinato de jóvenes como Maximiliano Rodríguez, los 34 muertos durante el estallido social y un largo etcétera.
La televisión y la prensa, enemigas indiscutidas del pueblo, no han hecho más que un caldo de cultivo ante la situación. Titulares como «Atentados y violencia: así es la peligrosa carretera P-72, donde fueron asesinados tres carabineros en Chile», del medio El País, profundizan la sensación de inseguridad que el quinto poder ha instaurado en el subconsciente de las personas. Así pues, la tónica Mapuche, migrante y delictual se roba el escenario –des–informativo de los matinales y noticiarios.
En esta línea, creemos importante ahondar también en lo respectivo a la supuesta crisis de seguridad y la agravante tendenciosa que los medios de comunicación han posicionado: el fenómeno migratorio. Más allá de las estadísticas, es un hecho que la temática “seguridad” devino en el tópico más importante en lo que a preocupaciones de nuestra clase respecta; el actuar violento del crimen organizado, la propagación del narcotráfico, los secuestros y el sicariato han sido el motor del pánico generalizado que, lamentablemente, se encauzó a través del racismo y la xenofobia.
Según un reportaje de la revista Doble Espacio, «sólo 5.722 extranjeros ocupan las cárceles chilenas, un 12,1% del total de 47.360 reclusos, lo que equivale al 0,38% de la población migrante del país, acorde al Servicio Jesuita a Migrantes». No obstante, personas como Sergio Mancilla –asesor político de Gloria Neveillán– y el diputado por Antofagasta, Jaime Araya, afirman que se deberían impulsar políticas que criminalicen la migración por pasos no habilitados, llegando incluso a solicitar un proyecto que lo considere abiertamente un delito. Por su parte, Araya no dudó en señalar que las cárceles están sobrepobladas mayoritariamente de colombianos y venezolanos, cuando las estadísticas de la misma gendarmería –institución miserable que no tendría porqué camuflar aquello– evidencian otra cosa.
Ahora bien, cualquiera sea la razón de los índices penitenciarios, a la hora de la verdad, el dogma racista y xenofóbico se entremezcla con la criminalización de la pobreza para, al final del día, enviar tras las rejas a lxs hijxs del pueblo sin importar un ardite la nacionalidad. En los hechos, lxs pobres de allá y acá se congregan en espacios comunes donde, pese a las diversas trayectorias individuales, generan una experiencia colectiva que decanta en una respuesta unificada a la crisis del capital. Esto es visible en las tomas de terreno, el comercio ambulante e, incluso, en las mismas poblaciones donde una parte importante de quienes atienden los negocios y los puestos de las ferias arribaron desde las más variadas latitudes y comparten, codo a codo, la tiranía del trabajo asalariado y la miseria capitalista con la clase oprimida local.
En consecuencia, la Ley Nain-Retamal, la Ley Anti-tomas y la Ley de Seguridad Interior del Estado son la materialización del vigilar y castigar en la figura de un Estado policial que hace gala de su itinerario represivo. Imaginamos que el “compañero presidente”, Gabriel Boric Font, no está lejos de promulgar una ley anti-pobres, ya que, al parecer, desprecia tanto a nuestra clase como en su momento lo hizo su padre, Luis Boric Scarpa, ex gerente de Enap Magallanes y reconocido demócrata cristiano, además de famosísimo enemigo de los enapinos de planta baja o, como ellos se denominaban, “changarines”.
De esta manera, entre el legado histórico-familiar y la excusa de desarticular el crimen organizado, es muy probable que se decrete un Estado de Excepción permanente que –más directa que indirectamente– busque alejarnos de las calles, la protesta y todo cuestionamiento al orden establecido. Para algunos, la era del capital llegó para quedarse, cual dios omnipotente que guía irremediablemente nuestros destinos hacia el abismo; para otros, dicho sistema es uno más en la larga historia de la humanidad y, al igual que en el pasado, sólo necesitamos un golpe brusco que gatille la caída del sistema.
Esto último, no pasará de la noche a la mañana, el entrelazamiento de experiencias debe proyectarse de manera consistente en el tiempo. Al día de hoy, son innumerables las luchas populares que van germinando en los territorios; desde los movimientos por la vivienda a la ofensiva contra la precarización laboral y la vida misma; de la disputa sindical a la confrontación al extractivismo y la eliminación del patriarcado.
En la actualidad, el escenario de mayor conflictividad social ha sido liderado por lxs pobladorxs de distintos lugares de la región chilena. Así, ante la crisis urbana habitacional, las respectivas movilizaciones han puesto sobre la palestra el fracaso del modelo subsidiario, implementado en dictadura y administrado por el progresismo, que solo alimentó y sigue alimentando los negocios de la Cámara Chilena de la Construcción.
Como Federación Anarquista Santiago saludamos las ya mencionadas luchas de lxs pobladorxs y destacamos los múltiples despliegues de disputa que han tenido, donde la tomas de terreno, la movilización callejera y la autogestión superan el asistencialismo y el clientelismo.
A modo de cierre, cabe señalar que vivenciamos un contexto complejo. Se nos avecina un frío invierno que trae a colación lo indigno del sistema público de salud y, a la par, los medios escritos y digitales abogan incesantemente por el fortalecimiento del aparato represivo. Junto a ello, la odisea eleccionaria se nos aproxima de la mano de un populismo asqueroso que no distingue entre la copia barata del progresismo europeo y el ala derechista que se decanta por un recalcitrante conservadurismo –pinochetismo– al estilo Make America Great Again.
Frente a este escenario, no queda más que seguir promoviendo y construyendo una alternativa política basada en la creación y el fortalecimiento de organizaciones populares, así como, en el desarrollo de la autonomía de clase, la despatriarcalización de todas nuestras prácticas y la gestión comunitaria como motor de vida. Creemos que esto último debe ser el eje programático para abordar el abanico de necesidades que nos aquejan, vale decir, gestionar comunitariamente la salud, educación, vivienda, alimentación, entre otros. Sólo la propagación de las comunidades organizadas y los lazos vecinales, harán de esta inminente crisis del capital un período más seguro y llevadero.
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