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Declaración Anarquista Internacional: A 85 Años De La Revolución Española. Sus Enseñanzas Y Su Legado.

category internacional | historia del anarquismo | portada author Friday July 23, 2021 21:50author by Vários organizaciones anarquistas Report this post to the editors

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El 19 de Julio de 1936 el pueblo logró una victoria histórica frente a un levantamiento militar que se alzaba contra el gobierno y la República española. El levantamiento era una trama militar y civil que contaba con el apoyo de todos los sectores reaccionarios de la sociedad (Iglesia, carlistas, falangistas, conservadores, terratenientes o industriales) y con la financiación de banqueros derechistas o incluso de la Italia de Mussolini.

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Ante esta trama bien organizada para tumbar un gobierno solo había un puñado de militares leales y unas fuerzas de orden público de dudosa confianza. Sin embargo, el pueblo entendió su papel histórico a la perfección y desbordó cualquier previsión de resistencia. Las masas trabajadoras tomaron ciudades enteras como Barcelona, Madrid, Gijón, San Sebastián o Valencia.

La derrota de este golpe de estado derivó en una guerra civil en toda regla, dado que los militares habían triunfado en algunas ciudades y regiones (Navarra, Castilla, Sevilla, Córdoba, Cádiz o Galicia). Contaban con el ejército colonial de África y con el apoyo de las potencias fascistas. La victoria de Franco se cimentó gracias a la ayuda internacional. Pero a pesar de ello, la guerra duró 33 meses.

Debido al golpe, el estado republicano se desmoronó. El empuje de las fuerzas populares fue tal que la resistencia derivó en una revolución social en toda regla. Esta revolución estaba liderada por las fuerzas organizadas en la Confederación Nacional del Trabajo, la Federación Anarquista Ibérica, Mujeres Libres, la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y, en menor medida, el Partido Obrero de Unificación Marxista, pero hay que reconocer que afectaba a las bases de todos los partidos cuya gente de a pie también participaba del clima revolucionario.

Las fuerzas obreras crearon milicias con las armas que habían tomado en los cuarteles. El empuje popular rechazó las columnas militares fascistas y creó todo un ejército de milicias esencialmente financiado por los sindicatos, las organizaciones políticas y por los municipios. Con el trancurso del tiempo el gobierno central creó un Ejército Popular con el planteamiento de responder al enemigo con sus mismas armas. Sin embargo, este ejército se encaminaba a apaciguar el espíritu revolucionario de las milicias, auténtico "pueblo en armas" y encauzarlo hacia una guerra convencional.

La revolución se había iniciado con la toma de empresas y tierras cuyos propietarios habían huido al extranjero. La clase trabajadora se adueñó de los medios de producción y los puso en marcha gracias a los sindicatos. Por ello, en cuestión de semanas se produjeron numerosas expropiaciones que derivaron en colectividades de fábricas y campos. Gracias a esta revolución se generó de la nada una industria de guerra. Más adelante estas colectividades se agruparon en un intento de socializar toda la economía, que no pudo culminarse debido a la reacción gubernamental y a la aparición de fuerzas contrarrevolucionarias que lo impidieron (en especial, el Partido Comunista). En el proceso revolucionario participaron millones de personas.

Son ejemplos de la construcción popular de la revolución social: las colectivizaciones campesinas, mediante la recuperación de la propiedad y la gestión comunal de las tierras; las colectividades industriales y de servicios a partir de la autogestión de las empresas y la planificación obrera a través de las federaciones sindicales; la escolarización casi total de la población infantil y juvenil y la implantación de una pedagogía basada en los principios de Ferrer y Guardia y de la pedagogía racionalista y libertaria; la mejora de las condiciones de vida (vivienda, salud, infancia, servicios esenciales...) de la población; la promulgación de normas que establecían la coeducación en los centros escolares, el aborto libre y gratuito, las uniones libres, etc. En definitiva, el anarquismo y el anarcosindicalismo ibéricos consiguieron poner en práctica durante meses aquellas ideas y propuestas que elaboraron y por las cuales lucharon, se organizaron y sufrieron una dura represión a lo largo de décadas, en un ejemplo de lo que supone la creación de Poder Popular.

Queremos recordar también que otro 19 de julio, pero de de 2012 Rojava declaró su autonomía respecto al estado Sirio. La autonomía kurda también es un proceso revolucionario, una poderosa antorcha encendida en Oriente Próximo. Su lucha durante los 9 años de autonomía mantiene en alto las aspiraciones revolucioarias de los pueblos a lo largo del tiempo. No podemos más que solidarizarnos plenamente con su lucha.

El 19 de Julio representa la victoria de un pueblo contra una reacción militarizada y bien preparada. Nos recuerda que la victoria es posible. Que la utopía se puede poner en práctica. Pone en valor nuestra fuerza cuando nos organizamos para ganar. También representa la eterna amenaza de intervención imperialista y reaccionaria de las potencias globales, que no dudarán en aplastar cualquier proceso transformador. Para ello es básica la solidaridad internacionalista y la extensión de esos procesos revolucionarios a otros lugares.

ALGUNAS ENSEÑANZAS QUE NOS DEJA LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA

En primer lugar, podríamos señalar la necesidad del protagonismo popular y de los procesos previos de construcción de dicho protagonismo, de lo que llamamos Poder Popular y que no es ni más ni menos que el pueblo, las clases oprimidas, tomando en sus manos la resolución de todos los problemas y asuntos sociales, inclusive la lucha para frenar un golpe de estado como el de los militares reaccionarios y fascistas.

Fue en Barcelona, y en Cataluña por extensión, donde por primera vez el pueblo ganó las calles, tomó los cuarteles y derrotó a la reacción, todo ello en forma organizada y planificada, aplicando un alto y complejo nivel de acción directa mediante los Comités de Defensa de la CNT, derrotando el alzamiento fascista. La experiencia acumulada de lucha callejera y de grupos de acción, se expresó en todo su esplendor el 19 de julio. Barcelona y Cataluña quedaron en manos de la clase obrera y campesina catalana.

Pero es allí donde comenzaron a evidenciarse los primeros problemas y limitaciones, en un proceso que no sería sencillo, que, como todo proceso revolucionario lejos está de ser idílico. En Barcelona y en Cataluña se instaló una especie de poder dual, permaneciendo la Generalitat como poder del Estado y apareciendo a su vez el Comité de Milicias Antifascistas y de las colectividades, como organismo inspirado por el movimiento libertario. Teniendo la fuerza social y la victoria en la mano, la CNT y la FAI permitieron el mantenimiento de las instancias estatales, que luego se volverían contra la revolución. No se quiso imponer el predominio anarquista - aún siendo mayoría -, pero por otro lado, se abrió la puerta a las maniobras del Partido Comunista y a la intervención de la Unión Soviética a través de él.

En este sentido podemos señalar dos aspectos a tener en cuenta: el primero, permitir que se fortalecieran las fuerzas que no estaban a favor de un proceso revolucionario, y que prentendían mantener la República como forma de gobierno. Este aspecto tuvo su culminación en los enfrentamientos de los Hechos de Mayo de 1937 en los que la contrarrevolución impulsada por comunistas y republicanos derrotaron políticamente las fuerzas partidarias de la Revolución.

El segundo aspecto, que la victoria daba un margen mayor para avanzar en la concreción de organismos populares que suplantaran completamente al Estado y permitieran ensayar nuevas formas autogestionarias y federalistas en grado avanzado. En este sentido fue totalmente acertada la consigna del anarquismo de que "la guerra y la revolución son inseparables". Para millones de personas la Revolución era una cuestión esencial por la que luchar. Según lo resuelto en el Congreso de Zaragoza de la CNT, se procedió a colectivizar prácticamente toda la economía catalana. Pero en cuanto la República mató esa revolución, la moral decayó profundamente en toda la retaguardia. La guerra se había reducido a batallas entre los dos ejércitos en liza. Las esperanzas del pueblo se basaron entonces en procurarse la mera supervivencia en medio de un creciente desánimo: en la retaguardia, hambre y represión gubernamental, y en los frentes derrotas militares.

El dilema central que debió enfrentar el anarquismo español en plena Revolución fue el ingreso en el gobierno de la República. Se puede debatir sobre lo acertado o no de esta decisión, la cual contraviene los principios de nuestra idelogía, pero hay que tener en cuenta que se operaba en condiciones adversas en varios aspectos (falta de armamento, escaso apoyo internacional y la amenaza inminente sobre Madrid) y la situación totalmente inédita en la que la fuerza de las organizaciones anarquistas variaba en las diferentes zonas del territorio español.

La principal carencia del anarquismo español en este todo este escenario fue la de una organización política que tuviera una estrategia y propuestas propias para tan inédita y difícil coyuntura, y no quedar atados a estrategias de otras fuerzas políticas. Sin lugar a dudas mucho hubo que pactar, pero es preferible siempre hacerlo desde un planteo propio y con las fuerzas propias.

El hecho de que el anarquismo no estuviera organizado políticamente en España incidió incluso en el terreno bélico y de la acción directa, ya que se podían haber explorado otras formas de organización miliciana y de niveles más complejos en ese plano (de hecho hubo varios planteos en ese sentido), sin caer en la plena militarización estatal, que otorgaba el control del ejército al Estado (y a quien controlara el gobierno, con el creciente peso del Partido Comunista) e indirectamente, a la Unión Soviética.

Lejos está de nuestra aspiración decir qué se debía de haber hecho. Allí combatieron y dieron la vida hombres y mujeres del pueblo, nuestras hermanas y hermanos de ideas, que enfrentaron al fascismo con un coraje tremendo. El proceso revolucionario fue producto de la acumulación de luchas del pueblo español antes de 1936, luchas que incluyeron deportaciones, exilio y prisión, pero también un ambiente de debate y acción que existía entre las clases populares y los distintos niveles de acción directa que se desarrollaban a diario. Grupos como "Los Solidarios" (que en 1936 se llamaba "Nosotros" y que fue el grupo dirigente de la insurrección proletaria del 19 de Julio en Barcelona a través del Comité de Defensa Local) estuvieron en América Latina realizando finanzas para ese proceso que ya se veía venir desde años antes. En ese proceso, la existencia de una organización política anarquista hubiese aportado una orientación clara en todos los planos de la lucha y hubiese permitido procesar los debates que se dieron en el seno del movimiento anarquista de otra manera. Y además, teniendo en cuenta que el anarquismo no era la única fuerza existente y que otras fuerzas políticas también jugaban y tenían sus propios proyectos políticos y sus alianzas.

Mientras el anarquismo español se amoldaba a la difícil situación que le tocó vivir, asumiendo un programa de unidad antifascista, surgieron otras agrupaciones de oposición revolucionaria, como "Los Amigos de Durruti". Su planteamiento de mayo de 1937 de "un programa y fusiles" proponiendo una Junta Revolucionaria que asumiese el poder, evidenciaba la necesidad de organización política que indicamos.

Para nosotras y nosotros, la organización política es decisiva, y más en un proceso de cambio. Nuestra organización no es de vanguardia, no va delante del pueblo dirigiéndolo. Sino por el contrario, es un pequeño motor que empuja a las organizaciones populares, que ayuda, que impulsa al pueblo a ser el constructor de su destino y avanza junto con ese pueblo, con sus problemas y limitaciones, pero también con lo que ese pueblo sea capaz de construir.

Es por eso que las y los anarquistas políticamente organizados hablamos de una concepción inédita del poder. Entendemos el poder como la capacidad de acción del pueblo y por eso hablamos de Poder Popular u otros conceptos que expresen la misma idea de que el pueblo es quien debe construir el proceso revolucionario y la sociedad socialista y libertaria que anhelamos. Ese concepto nada tiene que ver con el poder estatal, es más, es la posibilidad de destruir al Estado y sustituir a la sociedad capitalista por un nuevo ordenamiento social.

Organización política, Poder Popular, y el convencimiento de que la sociedad libertaria no se instala de un día para el otro luego de la revolución, sino tras un proceso de transición donde varias fuerzas continuarán pujando cada una por su proyecto y donde las y los anarquistas debemos tener la capacidad y la fuerza suficientes para consolidar nuestros planteamientos, son elementos claves de un proceso revolucionario de clara orientación anarquista y antiautoritaria.

Creemos con total modestia, que estas pueden ser algunas de las enseñanzas que nos deja la Revolución Española para el anarquismo organizado. Con la construcción de una nueva sociedad realizada - si bien parcialmente, pero que perduró hasta 1939 - la gente se habituó a vivir bajo las Colectivizaciones incluso, en algunos casos, eliminando el dinero y sosteniendo el esfuerzo bélico.

Debemos destacar que muchas y muchos de las y los compañeras y compañeros sobrevivientes que se refugiaron en Francia y fueron encerradas y encerrados en verdaderos campos de concentración, participaron activamente de la lucha contra la ocupación nazi del territorio francés e incluso fueron militantes anarquistas españoles dentro de las y los primeros en entrar en la París liberada. Otros compañeros y compañeras continuaron militando luego en América Latina y aportando su experiencia de lucha a organizaciones de otras latitudes. Muchas y muchos militantes internacionalistas participaron en los frentes de batalla y en la retaguardia, como ejemplo mencionaremos a Simón Radowitzky, quien luego de cumplir una prolongada pena en Usuhaia (Argentina), fue a pelear a España. Como él, tantas y tantos otras y otros continuaron luchando, luego de la Revolución, en sus respectivos países.

El legado de la Revolución Española no es un pasado muerto, es parte de la historia y lucha de las y los de abajo, de los procesos de emancipación que ha protagonizado nuestra clase y de los anhelos de un mañana distinto que se disputa desde el hoy. En España algo de todo ello se desarrolló, y es experiencia concreta de la cual las personas y los pueblos oprimidos del mundo debemos estudiar y aprender, sacar conclusiones, ver las limitaciones que existieron, pero también tener en cuenta el potencial creador del pueblo en momentos de Revolución.

Convocamos a continuar su legado y su obra y también a reflexionar sobre todas las enseñanzas que nos deja este rico proceso histórico popular.

A los 85 años de la Revolución Española, SALUD!!
LA VICTORIA SERÁ DE LAS Y LOS ABAJO!!
VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL!!
ARRIBA LOS Y LAS QUE LUCHAN!!

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