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Contra la precarización de la vida, fortalezcamos la lucha obrera y popular. Comunicado 1 de mayo de 2021

category venezuela / colombia | miscellaneous | opinión / análisis author Saturday May 01, 2021 22:56author by ViaLibre - 1 of Anarkismo Editorial Groupauthor email grupolibertariovialibre at gmail dot com Report this post to the editors

En medio de la crisis socio sanitaria de la COVID-19, la profunda crisis económica y las nuevas dinámicas de movilización popular surgidas tras el paro nacional del 28 de abril, queremos presentar algunos elementos para la reflexión.
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Hoy 1 de mayo, se conmemora un nuevo día internacional de las trabajadoras. Conmemoramos la gran huelga general por las 8 horas de trabajo en Estados Unidos en 1886, la actividad política y sindical de las activistas anarquistas Albert Parsons, George Engel, Adolph Fischer, August Spies y Louis Lingg, que se convertirían por la represión de las autoridades gubernamentales en las Mártires de Chicago, la vasta campaña de solidaridad con las activistas obreras libertarias impulsada por mujeres como Lucy Parsons y la jornada mundial de solidaridad y protesta que desde el Congreso Obrero y Socialista de 1889 sacude el mundo.

En medio de la crisis socio sanitaria de la COVID-19, la profunda crisis económica y las nuevas dinámicas de movilización popular surgidas tras el paro nacional del 28 de abril, queremos presentar algunos elementos para la reflexión.

Situación general de la clase trabajadora
En Colombia la clase trabajadora está compuesta de unas 24´787.801 personas en 2018 según el DANE, entre empleadas y desempleadas. La mayoría de esta población, está sometida a una altísima tasa de informalidad laboral con el 65% y más de 14 millones de personas, que trabajan sin estar incluidas en la seguridad social para 2018. A si mismo hay una gran precariedad laboral, que se expresa en los contratos temporales que afectan al 60% de las asalariadas estatales y el 55% del sector privado.
También las trabajadoras del país están altamente endeudadas con el 39% de sus ingresos destinándose a este rubro según las propias entidades financieras. Al tiempo se ven sumergidas en condiciones de trabajo altamente inseguras pues se registraban para 2017 unos 524.000 accidentes, cerca de 600 de ellos mortales, con un inmenso subregistro. Es también una clase empobrecida, pues según el DANE para 2020 el 63.8% de las trabajadoras, unas 12.5 millones de personas, ganan un salario mínimo mensual o menos, y en total el 88.6%, más de 17 millones de personas, gana menos de dos salarios mínimos. Por esta misma razón para 2016 la participación del trabajo en el ingreso nacional era del 30%, frente al 70% del capital.

La crisis económica generada por la crisis de la salud pública por efecto de la pandemia de COVID-19, empeoro sensiblemente todas estas problemáticas estructurales. Con el trasfondo de la caída del -6.8% del PIB en 2020, se registró ese mismo año un desempleo del 15.9% que afectaba cerca de 3´700.000 personas, con casi 1.5 millones de despidos adicionales, porcentaje que llego al 18.2% en las grandes ciudades y se situó sobre el 25% en varias regiones del país.

En momentos en que la pobreza monetaria llegaba al 42.5% de la población y 21 millones de personas en 2020 según el DANE, una quinta parte de los hogares y 2.4 millones pasaron de tener de 3 a 2 comidas al día. Todo esto no hizo sino reforzar y aumentar la desigualdad social, en el que ya era uno de los países más inequitativos del mundo.

La clase trabajadora tiene una gran diversidad a su interior. A si sobresalen las mujeres, que ganan menos salarios, están más expuestas al trabajo precario y el desempleo, sufren dinámicas de acoso sexual y concentran la mayoría de trabajos de cuidado no valoradas ni remunerados. Así también es la situación de las trabajadoras disidentes sexuales y de género, enfrentadas a una gran discriminación laboral y en el caso de la población trans a la práctica imposibilidad de conseguir trabajo. Así mismo es crítica la situación de la juventud trabajadora, enfrentada permanentemente a trabajos precarios, un alto desempleo y un ambiente de oportunidades cerradas. También las trabajadoras negras, se enfrentan a una cultura racista, que les otorga trabajos más precarios y riesgosos y peores pagos.

Actualidad del movimiento sindical
En la actualidad, son pocas las trabajadoras organizadas sindicalmente, con el 4.6% de sindicalización y 1´028.764 afiliados para 2018 según la ENS. En el país se ha presentado una dinámica de descenso de la sindicalización desde 1970, que se aceleró desde 1980-1990 con la crisis industrial, las reformas neoliberales y al aumento de la violencia anti sindical, si bien en los últimos años la situación se ha frenado y aún revertido parcialmente.

Un factor central de esta falta de organización reivindicativa de la clase trabajadora, se explica por la violencia ejercida contra el movimiento sindical, especialmente por los paramilitares y las fuerzas de seguridad del Estado, que llevo al asesinato de más de 3.000 activistas entre 1984 y 2010 según el CINEP, además de 908 amenazas de muerte y 151 desapariciones, compañeras cuya vida y actividad hoy revindicamos.

El movimiento sindical del país se organiza en tres grandes centrales sindicales de tercer grado, la mayoritaria Central Unitaria de Trabajadores (CUT) con elementos clasistas y conciliadores con 577 mil afiliados para 2017, la mediana Confederación General del Trabajo (CGT) con un discurso de pacto social con cerca de 200 mil aunque ella se reclama inflando fuertemente sus afiliaciones como la central mayoritaria y la pequeña Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) intermedia entre las dos anteriores, que se estimaba en 50 mil. Además, actúan 4 organizaciones muy pequeñas sectorial y regionalmente como UTC, USTRACOL, CNT y CSPC que buscan proyectarse como centrales generales, así como una gran cantidad de pequeños sindicatos independientes de empresa.

La mayoría de organizaciones y afiliaciones sindicales se concentra en primer lugar en los servicios sociales del Estado y en segundo en el sector extractivo de la economía. Entre las trabajadoras estatales donde el grado de sindicalización es del 42% según la ENS, hay una gran presencia entre las educadoras de primaria y secundaria agrupadas en la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode), con 270 mil afiliados, lo que lo hace el sindicato más importante del país y con una situación única de unidad sindical. Así también son importante las trabajadoras de la educación técnica, universitaria pública y en menor medida privada. Otros rubros importantes en el Estado son electricidad, gas y agua, así como agencias estatales como la DIAN, ministerios estatales, gobernaciones y el fragmentado sector de la salud pública y privada. Por el lado en el ramo de la extracción de recursos sobresalen la organización sindical de las obreras minero energéticas, como las del petróleo o el carbón. También es relevante la industria del banano, la palma aceitera o la caña de azúcar. Además, también hay presencia en las fábricas de alimentos textiles, productos secundarios, así como algunos puertos y transporte.

En el país hay una alta fragmentación sindical, siendo común que en empresas e instituciones con solo una minoría del personal sindicalizado haya 5 a 10 organizaciones, e incluso en casos extremos 30 o 40. Predominan los sindicatos de oficios calificados a nivel nacional como las maestras o pilotos, menos presentes entre las trabajadoras menos calificadas, así como atomizados sindicatos por empresa. Son menos, aunque importantes por su peso, los sindicatos de industria de segundo grado.

Luchas actuales
En 2020 fueron muy importantes diversas luchas obreras, como la huelga de 91 días de las obreras del Cerrejón propiedad de Glencore, la mina de Carbón a cielo abierto más grande de América Latina que hoy vuelve a amenazar con despedir a 450 obreras. También fueron relevante los conflictos de las trabajadoras de la salud incluidas huelgas como las del Hospital de Valledupar o las huelgas de hambre de los agentes de tránsito despedidas en varias ciudades del país, así como conflictos de obreras de biblioteca públicas contra los despidos o del petróleo contra la privatización de empresas estatales, o de las trabajadoras de las plataformas de pedidos en línea por reconocimiento laboral.

En 2021 son claves las protestas de las maestras estatales contra el retorno a clase sin condiciones socio sanitarias, así como las movilizaciones de febrero de este mismo año, contra los despidos de docentes en departamentos del sur y el norte del país. En enero se presentaron la huelga de ingenieros de la energía eléctrica de Enel, el paro de trabajadoras del Hospital de Amaga, así como la protesta de los trabajadores de la Clínica Nueva en Bogotá; mientras en febrero se desarrollaban movilizaciones de las trabajadoras de la Fábrica de Licores de Antioquia, marchas de trabajadores despedidos de EPS Ambuq en Cartagena, plantones de los obreros de Centelsa en Cali y el apagón nacional de trabajadoras de Rappi.

En marzo, continuo la protesta nacional de las trabajadoras de la Aeronáutica Civil y del sector aeroportuario, las trabajadoras de la salud de Barranquilla aún no inmunizados, los mineros de Minesa en Santander despedidos en marzo y la jornada nacional de protesta de las trabajadoras del ICBF, impulsada por muchas mujeres cabeza de familia. Para abril se desarrolló la protesta de las obras mineras de la Esmeralda Mining Service en Muzo contra la suspensión de contratos así como de las conductoras de Transmilenio contra los despidos.

En este panorama de luchas contra la precariedad, los despidos y por mejores condiciones salariales, en la jornada del paro nacional del 28 de abril convocada por los sindicatos hubo una importante presencia de trabajadoras de la educación estatal que adelantaban un paro de 48 horas, así como de asalariadas estatales en los centros de todas las grandes ciudades, lo mismo que de las trabajadoras de las zonas industriales de Fontibón en Bogotá, de la zona industrial de Cali o del puerto en Cartagena, además por supuesto de importantes sectores de la juventud obrera precarizada que ha buscado continuar con la movilización.
Perspectivas anarquistas

Pensamos que la gran debilidad del movimiento sindical actual debe llevarnos a plantear la urgencia de organizar sindicalmente a la mayoría precarizada de la clase trabajadora, como lo muestra el ejemplo vivo de los movimientos de trabajadoras subcontratas del azúcar en 2008, del petróleo en 2009, o de los puertos del pacifico en 2019. La unidad entre trabajadoras temporales y de planta, precarizadas y estables, mayores y jóvenes, resulta decisiva, así como la lucha por nuevos puestos de trabajo estables y con seguridad social.

En medio del panorama de fuerte burocratización y fragmentación sindical, pensamos que debemos defender la construcción de sindicatos unitarios en todos los sectores sobre principios de clasismo, autonomía y democracia directa, forma unitaria que da muestras de eficacia en la organización de las maestras estatales. A su vez consideramos que debemos superar la atomización por empresas, oficios y sectores, e impulsar la construcción sindicatos nacionales de industria, donde las trabajadoras de diferentes trayectorias y formaciones se reúnan sobre bases de solidaridad, federalismo y participación activa.

Las estructuras burocráticas, sean conciliadoras o clasista, y sus jefaturas eternas, alejadas de las preocupaciones de las trabajadoras, deben ser criticadas y superadas con prácticas y formas de organización democrática directa de las trabajadoras. Así promover organismos más directos de representación a la manera de comisiones colectivas de trabajadoras en las empresas y unidades económicas locales, como las comisiones internas de Argentina, al tiempo que se brega por construir una nueva cultura, nuevas estructuras y nuevos liderazgos afines a un programa de deliberación, crítica y acción continua de bases, donde el sindicalismo libertario tiene mucho que aportar.

Así mismo resulta clave la crítica y la sustitución de la política patriarcal de la mayoría de organizaciones, así como la promoción de una nueva cultura feminista, que estimula la participación decisiva de las mujeres en toda la vida de la organización. El mismo esfuerzo cabe para la organización de la juventud trabajadora, mas precarizada y desorganizada, o las trabajadoras negras.
Finalmente, una apuesta sindical libertaria debe llevarnos a fortalecer la autonomía de las organizaciones, tanto frente a la dependencia gubernamental o empresarial como a la política partidaria tradicional o los sindicatos-partidos, con su propia brújula y un tiempo marcado por las luchas y no el calendario electoral. Así mismo la apuesta pasa por desarrollar un clasismo renovado, que fortalezca a la clase trabajadora, impulse su organización sindical, cooperativa y territorial y esté atento a la vez a las luchas labores específicas, y a la movilización contra diversas opresiones y las reivindicaciones de otros sectores sociales y populares.

¡Contra la precarización de la vida, fortalezcamos la lucha obrera y popular!
¡Arriba las que luchan!
Grupo Libertario Vía Libre

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