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La epidemia de gripe de 1918 en los medios de la Confederación

category iberia | historia del anarquismo | opinión / análisis author Sunday April 19, 2020 01:21author by Miguel G. BlackSpartak - Solidaridad Obrera Report this post to the editors

La famosa epidemia de gripe de 1918, llamada “gripe española”, apareció por primera vez entre los soldados americanos que iban a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. A causa de la gran movilidad de tropas de aquellos días la enfermedad pudo extenderse con gran libertad entre nuevas poblaciones. De este modo llegó a matar la barbaridad de 50 millones de personas en todo el mundo. Se dice rápido. Constituye un poderoso ejemplo del potencial destructivo que tiene una pandemia.
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En el Reino de España la enfermedad llegó entre abril y mayo de 1918. Se sabe que al no existir una censura en la prensa, los medios españoles informaron de la epidemia a las pocas jornadas de su aparición. Por eso al principio se pensaba que venía de España y se había contagiado hacia Europa, cuando fue al revés. Para terminar de contextualizar la enfermedad, esta tuvo un rebrote en septiembre y octubre de 1918 que fue la época con mayor mortalidad. Y más tarde otro repunte en febrero de 1919, que duró un par de meses más. Finalmente, en 1920 hubo otra oleada de la epidemia. En total murieron alrededor de 150.000 personas en España y el año de 1918 fue el único hasta la Guerra Civil en el cual la población total del país descendió.

Sin embargo es verdad que la epidemia llegó a una España que apenas sobrevivía a la miseria. La prensa de la época destaca los aciertos de las autoridades, como, por ejemplo, la organización de brigadas de limpieza o el cierre de las escuelas. Pero siendo realistas, la mayoría de la infancia apenas pisaba una escuela, teniendo que ir a trabajar desde edades muy tempranas. Las organizaciones obreras no podían preocuparse de la enfermedad y la solían atribuir a las pésimas condiciones higiénicas en las cuales vivía la clase obrera. De esta forma los sindicatos catalanes afectos a la CNT celebraron el Congreso de Sants, en el verano de 1918 (cuando la primera oleada de la epidemia ya había remitido), los mineros asturianos el suyo en septiembre y la UGT celebró su congreso nacional a Madrid en octubre de 1918 (en pleno rebrote).

Hay que tener en cuenta que no se descubrirían los virus hasta 1935 y que la clase obrera del momento ya conocía los efectos del cólera, de la tuberculosis, de las diarreas y fiebres, del tifus, la polio o la viruela. Cada epidemia se cobraba las vidas de miles de personas, y se cebaba especialmente con las capas sociales más pobres. Pobreza y falta de higiene suelen ir íntimamente unidas y esta una de las razones de la alta tasa de mortalidad. A este factor se le puede asociar también el hambre, que acompaña los periodos de crisis, y 1918, sin duda lo era. Europa vivía los últimos episodios de la “Gran Guerra” y las fábricas iban echando el cierre. Esto agravaba la situación de las familias que veían un futuro incierto. Las continuas muertes iban dando pie a procesiones religiosas y a oraciones públicas “por nuestros pecados”, como había tenido lugar durante las epidemias anteriores.

Pero también hay que tener en cuenta que se da en un periodo de altísima conflictividad política y social, como es el final de la guerra europea. La pandemia se cobró millones de vidas en Europa constituyendo el ambiente en el cual se dieron las revoluciones de 1918-19. No sería para nada osado considerar que la gripe fuera un factor más del estallido huelguístico de 1919 en Cataluña, que se abriría con la famosa huelga de La Canadiense en febrero de aquel año.

En Solidaridad Obrera – hacia octubre – aparecían cada día publicadas noticias referentes a la epidemia. Se hablaba de muertes cada día, en las calles de Barcelona y también en los pueblos españoles. Se constataba la muerte de doctores, y el traslado de sanitarios desde unos lugares poco azotados por la enfermedad hacia otros más necesitados. Y se notificaban protestas ante el abandono sanitario de villas y ciudades. Es un contraste evidente hacia lo que las autoridades decían que estaban haciendo. Es obvio que no era bastante. El pueblo exigía el cierre de locales insalubres o de establecimientos alimentarios que provocaban fuertes malos olores – recordemos que no se sabía exactamente de donde venía la gripe. La propia Solidaridad Obrera respondía a un artículo que ante su local se vendían plátanos medio podridos. Otro factor eran las aguas negras de las ciudades que proliferaban después de los días de lluvia o de aquellos riachuelos urbanos totalmente insalubres de la época industrial.

Además se constata el colapso de los hospitales y las pompas fúnebres. En este caso hubo una huelga en Barcelona producida por el despido de 21 trabajadores para protestar ante las durísimas condiciones que tuvieron que afrontar construyendo ataúdes. El Sindicato de la Madera hizo suya la protesta y convocó una huelga del sector en octubre de 1918, que ganó a los pocos días. También los ebanistas de València hicieron lo propio. En el caso barcelonés se constata la pérdida – por gripe – de Josep Escofet (15 de Octubre), uno de los principales militantes del Sindicato de la Madera. Otros ramos también hicieron huelga (caldereros de cobre, tranvías, Casa Girona, fabricantes de carruajes – todos de Barcelona, vidrio de Gijón, mineros asturianos, campo andaluz, empresas de Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.), en aquellos tiempos sin confinamientos. Incluso estuvo rondando por Barcelona una huelga de alquileres impulsada por la Unión de Inquilinos (con local social en c/ San Pablo, 83 – sede del sindicato de fideeros) ante el encarecimiento de los pisos y habitaciones. Las reivindicaciones eran similares: además de los elevados precios había quejas por no tener retretes ni agua corriente.

Cuando les entregaron públicamente estas peticiones a los propietarios, estos las recibieron con carcajadas mientras el Ayuntamiento se encogía de hombros. Las propuestas de las organizaciones obreras eran totalmente lógicas. No discutían la necesidad de ir a trabajar. Están en una época a la cual quien “no trabaja no cobra”. Se pedía trabajar menos horas para tener más fuerzas para afrontar la epidemia, puesto que se pensaba, con razón, que la falta de fuerzas debilitaba los cuerpos y los hacía blancos fáciles de la dolencia. También se pedía que se instalaran lavabos en los talleres para lavarse las manos. Otra petición era instalar cocinas en las empresas para poder comer caliente. Era normal comer alimentos fríos sentados en el suelo. Además se incidía en mejorar la ventilación de los centros de trabajo, que solían estar cargadísimos de polvo en suspensión, microtejidos o humos que afectaban la respiración.

En València la Sociedad Vegetariana Naturista se ofreció al gobernador de la provincia para prestar auxilio a los enfermos de gripe. El ofrecimiento fue rechazado por la Junta de Sanidad por cuestiones morales. Hablamos de la mal llamada moral cristiana, claro está. El movimiento higienista, naturista o vegetariano se fue extendiendo poco a poco, en parte a causa de esta epidemia, de la cual acusaban directamente al Estado por haber fracasado en velar por la salud pública. También acusaban a la población de ignorante por no saber combatir correctamente la enfermedad, que entendían que se resolvía con dietas vegetarianas.

En resumen, en 1918, la epidemia fue un factor más en un mundo en plena convulsión. Esta sería una diferencia con nuestra pandemia actual: el coronavirus es el “shock”, mientras que la gripe de 1918 se daba en medio de otros “shocks”. El fin de la guerra mundial produjo una profunda crisis económica y el fantasma de la revolución recorrió el mundo. No sabemos con certeza la influencia de la gripe en las revoluciones de la época. Solo se conoce que tuvo impacto en el Brasil como preludio a su insurrección (los burgueses se fueron a sus lujosas villas, mientras el proletariado moría a miles). Es conocido que después de una epidemia la vida cobra un nuevo valor y esto da pie a nuevas luchas sociales antes impensables. Veremos lo que nos ofrece esta pandemia que vivimos.

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