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La organización anarco-comunista en Chile (3ª Parte): Proyecto para un Nuevo Norte Político al C.U.A.C. (Febrero 2003)

category bolivia / peru / ecuador / chile | historia del anarquismo | opinión / análisis author Monday November 23, 2015 18:27author by Frente Estudiantil del C.U.A.C. Report this post to the editors

Después de que comenzara a andar la Reforma Orgánica del C.U.A.C., en Mayo del 2002, las tensiones respecto al curso de la organización, que hasta ese momento habían sido subterráneas, estallaron abiertamente. La reforma orgánica había encontrado la oposición de un sector minoritario en la organización, y solamente fue aceptada de mala gana y a regañadientes por éste, haciendo todo lo posible por poner palos a la rueda y hacerla fracasar. Este sector, a la vez que respetaba formalmente -y sin gran entusiasmo- la nueva estructura, se había planteado como objetivo el lograr una convergencia con otros colectivos anarquistas para ganar en número, a la vez que se daba pie atrás al desarrollo cualitativo de la organización en esos meses. La convergencia con esos colectivos buscaba de alguna manera volver al C.U.A.C. antes de sus orígenes y dar por el traste a la organización en Frentes. Esta convergencia se buscó a través de la creación de un periódico conjunto, llamado "Página Negra" (cuyo primer número apareció en Agosto del 2002, y cuyo segundo y último número aparecería en Enero del 2003), el cual se fue comiendo al propio órgano de la organización, el "ALERTA" (del cual aparecieron cuatro números*). No hubo más trabajo en común que se compartiera aparte de esta publicación, que no fue capaz siquiera de desarrollar una línea editorial coherente.

A la vez que un sector buscaba la unidad con otros anarquistas en base a las afinidades (en circunstancias que uno de los objetivos que habíamos tenido cuando se fundó el C.U.A.C. había sido superar la política de los "grupos de afinidad" y plantearnos como organización político-revolucionaria), en espacios artificiales, desde algunos frentes, pero particularmente desde el estudiantil, estábamos empeñados en crear una política de unidad y convergencia con otros sectores ibertarios, pero asentado en la práctica, en el trabajo de base, en el desarrollo de los frentes como el espacio central de actividad de la organización. Al poco andar, fuimos llamando a esta política de convergencia orgánica "Unidad desde la lucha". Esta consigna se convirtió en el eje que concentró las tesis básicas que sosteníamos en torno a la creación de una organización político-revolucionaria anarco-comunista que tuviera inserción y presencia real en las luchas, y que en un período de reflujo como el que vivía Chile en ese momento (aunque tomábamos nota de todo lo que estaba ocurriendo en el "vecindario", sobre todo en Argentina, con quienes teníamos -y tenemos- sólidos vínculos, y con Bolivia y Perú también), que también pudiera ser una organización que impulsara las luchas y ayudara a dar ese salto cualitativo que creíamos que el pueblo podría dar en ese momento. Tardaría el pueblo aún unos años en dar los primeros pasos en su despertar, pero creemos que mucho del esfuerzo que pusimos en lo estudiantil, sindical y poblacional, fue un aporte muy valioso en este sentido.

El choque entre estas dos concepciones se dio abiertamente después de Septiembre, y hacia Noviembre, la organización estaba llena de maquinaciones intestinas, así como de amenazas de expulsiones proferidas en contra de todos nosotros por el sector que se había enquistado en la asamblea general y se negaba a la reforma. Cuando fue la asamblea de evaluación de la reforma, el 23 de Noviembre, la situación ya era insostenible, con la renuncia del tesorero, amenazas, y cuando se revelaron tentativas de quiebre de la organización. Esta tentativa buscó fortalecerse después, el 29 de Diciembre del 2002, en el Encuentro de Iniciativas Libertarias, organizado desde el espacio de "Página Negra", buscando hacer el quite a todas las estructuras formales que la organización venía trabajando. Esta tentativa no pasó del encuentro. Pero ya para entonces resultaba claro que había que dar un debate político de fondo, y esta comprensión fue la que pavimentó el camino al Congreso Programático de fines del 2003, momento en el cual el C.U.A.C. daría por finalizado un ciclo para convertirse en la Organización Comunista Libertaria de Chile (O.C.L.). En este momento, la crisis era irreversible y este documento, pensado y trabajado desde el Frente Estudiantil del C.U.A.C. en el contexto inmediatamente posterior al encuentro de Evaluación, y mientras se desarrolló el Encuentro de Iniciativas Libertarias, entre los meses de Diciembre y Febrero del 2002 y 2003, reflejó algunos aportes en esa dirección. A mí me tocó redactar el documento, pero sus argumentos fueron todos elaborados colectivamente en varias reuniones y el producto final fue discutido y pulido por todos y todas.

Creo que hubo muchos aportes en ese debate: la necesidad de asentar nuestra práctica en las luchas concretas, utilizar esa práctica como una escuela política, comenzar a pensar sobre qué significa la unidad popular y de los sectores libertarios, convertir nuestras inclinaciones ideológicas en propuestas políticas. Pero quizás el mayor aporte de este debate fue nuestra tentativa de armonizar la idea de una organización unitaria con el principio federativo del anarquismo. Viendo la deriva que posteriormente tendría la O.C.L. creemos que fracasamos en esa apuesta. Sin embargo, la riqueza del debate y las ideas que en ese entonces se defendieron como parte integral del proyecto anarco-comunista en Chile, siguen estando vigentes para la revitalización y el relanzamiento de un proyecto libertario, emancipador, profundamente anti-autoritario, que es tan necesario en un país en el cual el centralismo y el estatlismo son parte del ADN de una izquierda que no ha podido romper el cerco impuesto por el bloque en el poder en el marco de la post-dictadura. Por estas razones publicamos un documento que, hasta este momento, estaba inédito y que hoy, cuando ya ha corrido mucha agua bajo el puente y estamos comenzando a reflexionar de manera más serena pero no menos comprometida en esta trayectoria, puede aportar en la búsqueda de esa alternativa libertaria.

José Antonio Gutiérrez D.
23 de Noviembre, 2015

*Aún cuando existieron otros órganos utilizados, como el boletín sindical "Despabila" y el boletín "Unidad". Todos vieron unos tres ó cuatro números cada uno. Sin ser órgano del C.U.A.C., pero muy cercana, editábamos también la revista "Hombre y Sociedad" que tenía una amplia circulación en varios puntos del país.

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PROYECTO PARA UN NUEVO NORTE POLÍTICO AL CONGRESO DE UNIFICACIÓN ANARCO-COMUNISTA


(Febrero 2003)



En el anterior documento de la reforma, nosotros ya enunciábamos que ésta no se trataba de una mera recomendación en términos orgánicos, de una fórmula para hacer simplemente más grata la vida interna en el CUAC; planteábamos que tras de sí, subyacía una discusión y una apuesta política. No era recomendable forzar el proceso mediante el cual, necesariamente, se llegaría a la discusión de este trasfondo político, que es, para nosotros, lo que fundamenta la necesidad de la reforma y lo que pone sobre el tapete la necesidad de dar la discusión colectiva sobre el norte de la organización. La misma implementación de la reforma, al poco andar, se ha encargado de incitar el debate en torno a las concepciones que subyacen a ella. Y hoy es necesario abrir esta discusión para poder dar un salto cualitativo en la vida de la organización, ya cumplidos los tres años de su fundación.

Durante el encuentro de evaluación de la reforma, realizado el día sábado 23 de Noviembre, se adelantaron los puntos y se pudo discutir algunas de las cosas que queremos exponer más detalladamente en este nuevo documento. Afloraron tensiones largamente contenidas, lo cual evidenció la crisis por la que atraviesa la organización. El compañero E. en su carta de renuncia al cargo de tesorería, planteaba que la organización se encontraba “agotada”. Los compañeros R. e I. se hicieron eco de esta errónea apreciación. Errónea, en cuanto el agotamiento no deja más vía que la extinción. Nuestro balance, es que la organización hoy atraviesa por una aguda crisis: queremos entender, en esta ocasión, a la crisis, en el mejor sentido que se puede dar a esta expresión, como un momento en el cual se agudiza la crítica y podemos, por tanto, abrir nuevas puertas. Queremos entender la crisis como un momento fructífero, el cual nos pone en frente muchas posibilidades; de nosotros depende que tan bien sepamos aprovechar este momento. Crisis y oportunidades, en esta ocasión, significan una misma cosa.

DOTANDO A LA ORGANIZACIÓN DE UN NORTE PARA EL PRESENTE

La carta de renuncia a la tesorería del compañero E., planteaba que la organización hoy carecía de un norte, como sí lo había tenido cuando adoptamos por política la inserción social. Tal afirmación es una verdad a medias. Verdad, en el sentido que no nos hemos dotado, últimamente, de un norte claramente definido por todos y al cual sepamos inequívocamente que avanzamos. Pero a medias, primero que nada, porque suponer la etapa de la inserción social como superada, es por decir lo menos, pretencioso, y no puede entenderse más que como una fantasía. La ausencia de presencia sindical efectiva de la organización, el escaso desarrollo de inserción poblacional, lo reducido del trabajo en las universidades, el nulo trabajo a nivel de los secundarios, nos demuestran que la inserción social está lejos de verse superada como momento en el desarrollo de la organización. Esto no es excluyente de que busquemos hoy otro norte, complementario de la profundización de la inserción social. Y ese norte aparece una y otra vez, de forma subterránea, en las discusiones que mantenemos entre compañeros (por supuesto, si sabemos dejar de lado los insultos e intrigas). Debemos saber leer políticamente el sentido de la crisis actual, y dejar de entenderla como una crisis generada por personalidad, abandonar la histeria en torno a los supuestos “principios anarquistas”, histeria mañosamente utilizada, y así, podremos entender cómo aflora la búsqueda de un norte entre compañeros, y cómo éste se perfila en mayor o menor medida en las opiniones de parte de la militancia.

Pero para entender cómo podemos definir ese nuevo norte al cual intuitivamente avanzamos, es necesario hacer hincapié en cuáles son los métodos con los cuales llegamos a la elaboración colectiva de una nueva política, y cuál es el estado actual de la organización y sus verdaderas capacidades de definirse para sí un norte.... pues de existir 4 ó 6 CUAC, como plantea un compañero, la cuestión de definir un norte resultaría irrisoria, y resultaría mucho más honesto abandonar la idea de un futuro para la organización, tal cual lo plantean estos compañeros.

Respecto a los métodos, en el primer documento de la reforma, enfatizábamos en que son los espacios de base, es el frente, donde se encuentran representados la totalidad de los compañeros (con una o dos notables excepciones), los cuales deben ser resolutivos. De la misma manera, sostenemos que es en los frentes donde debe coordinarse la discusión de todos los asuntos orgánicos, y más aún, de la definición de un norte para la organización, pues no puede reposar tan gran tarea en manos de tres o cuatro compañeros en una comisión, o quedar al libre albedrío de la “correlación de fuerzas” en una asamblea (las cuales pueden ser arregladas por las viejas máquinas a las cuales casi nos hemos acostumbrado dentro de la organización, o bien por el azar de quienes pueden hacerse presentes y quienes no). La definición de semejante norte debe darse en una discusión seria, informada, abierta, franca, con quorum (y no entre cinco asistentes a una asamblea), en el seno de nuestros frentes, en la base, y lo más importante, no puede acabarse en un solo día, sino que requiere el tiempo que sea necesario para la elaboración y discusión.

Y respecto a la viabilidad de darnos un norte, es decir, si somos un solo CUAC, es necesario entrar a analizar la realidad del cuadro pintado por el compañero, según el cual somos muchos CUAC, estaríamos sufriendo de un “faccionamiento”.

¿FACCIONES O CONCEPCIONES?

En ocasión del encuentro, así como en la mentada carta, se mencionaba la existencia de “facciones” en la organización. ¿Es efectivo este hecho? Ciertamente, no. A menos que existan compañeros que, efectivamente, quieran crear sus propias facciones en el seno del CUAC. Pero esto responde más a un asunto de deseos que de realidades efectivas. Lo que si creemos que existen son dos concepciones que hoy chocan en el interior de nuestra organización. Existen quienes comprenden la necesidad de impulsar las luchas anarquistas desde la base y transformarlas en un fenómeno de masa. Y existen, por otra parte, quienes mantienen una concepción subterránea del anarquismo, encerrada en pequeños círculos de convencidos, incapaz de abandonar el espectro de la contracultura y de la pelea chica, con un cierto aire tribal, desde donde el cual puedan ejercer su hegemonía.

La primera concepción, ha manifestado la necesidad de desarrollar el trabajo de frentes y plantearlos como el eje de nuestra organización; los segundos, han optado por centrarse en los espacios “centrales”, en el seno del “colectivo”. Incluso, estas dos concepciones se enfrentan ante cómo ha de desarrollarse el trabajo de vinculación del CUAC con otras organizaciones anarquistas. Quienes impulsamos la reforma, sostenemos que la unidad debe partir desde la base, en el trabajo concreto que realizan los frentes, vale decir, en las poblaciones, en las universidades, en el trabajo. Pues sin este nivel de actividad, sin desarrollar al máximo una sensibilidad libertaria en el entorno en el cual nos desenvolvemos diariamente (más que “aislarnos” en reuniones de convencidos para contarnos una y otra vez el cuento entre nosotros mismos), no tiene sentido el proyectarnos hacia una unidad puramente “política”, en el sentido vulgar del término, pero sin un correlato en el trabajo concreto, en nuestros frentes de inserción y lucha. Para unirnos, debemos partir en los frentes, en nuestras realidades de lucha DIRECTAS. Quienes han sido críticos a la reforma, han planteado, apresuradamente, la unificación con otros grupos, pero no desde la base, no desde los trabajos concretos (que todos estos grupos tenemos), no desde los frentes, sino que a nivel de los “contactos”, a nivel de la participación en una revista (que no es precisamente un trabajo de inserción), o de una mesa política, etc. Pareciera ser que entienden la unidad como un problema solamente cuantitativo, de número de militantes que hay que sumar para no parecer “tan pocos”, pero no cualitativo, es decir, que una eventual unificación refleje una maduración en nuestra forma de intervenir en las luchas sociales. Entonces, ante sus ojos, la unidad pasa a ser la suma mecánica de nuevos militantes en un todo mayor, solo a nivel de coordinación política, pero sin darle previamente asidero en los frentes, con lo cual se reproduce el viejo esquema de hacer política entre los amigos, dando nacimiento a un nuevo colectivo, con más gente, claro, pero que en lo fundamental NO SERÁ EN NADA DIFERENTE A LO QUE EL CUAC HA SIDO HASTA AHORA, en circunstancias que, de lo que se trata es de que, cuando el CUAC deje de serlo, sea por dar un salto en términos de nuestra actividad. Es necesario que cuando nos unifiquemos, no seamos los mismos de las organizaciones, ni uno que otro tránsfuga que ande rondando nuestros círculos desde hace un par de años, sino que en ese proceso de unificación, veamos incorporados muchos nuevos compañeros ganados en la lucha.

Pero esta concepción del anarquismo, y de cómo sobrellevar, no tanto el proceso de unificación, sino que de construcción (ya que se trata de algo más que simplemente “sumar”) de una auténtica organización revolucionaria anarco-comunista, con presencia nacional, y con influencia en determinados sectores populares, demanda de una gran madurez política, de altura de miras, de dejar de estar centrados en nimias discusiones “personales” y de producir una auténtica revolución en cómo hemos entendido el anarquismo y su organización hasta ahora, para dar un paso definitivo hacia el anarquismo como un fenómeno verdaderamente popular y de masas.

LOS ANARCO “CENTRALISTAS”

Por lo anteriormente expresado, rechazamos categóricamente a quienes plantean que en la organización existen “facciones”, aunque reconocemos la existencia de concepciones en pugna. Y es el desarrollo de esta pugna ideológica la cual es determinante en el rumbo que asume la organización y en las tareas futuras de las cuales se dota. Y así como hemos mostrado el peso que tienen estas dos concepciones en los proyectos del futuro cercano y no tan cercano, es necesario comprender que, detrás de las descalificaciones personales y las rencillas de poca monta (con las constantes y desfachatadas amenazas de expulsión), en la actualidad, el quehacer de la organización se ve cruzado por esta tensión ideológica, natural en momentos en que avanzamos y tenemos un poco más de incidencia. Tensión que subyace tras las máquinas y tentativas de “quebrarla” usando “palos blancos”.

Es así como actualmente nuestra organización no termina de desarrollar en su seno la maduración desde una concepción “centralista” hacia una verdaderamente federativa. El desarrollo de los frentes, tras el proceso de la reforma, que ha abierto muchas puertas para trabajos reales en la base, está encaminada hacia aplicar el principio federativo internamente, anulando espacios centrales en los cuales los pocos que religiosamente asistían a “misa” los viernes, podían tomar decisiones arbitrariamente (las más de las veces sin ningún quorum, y otras veces llamando a los “amigos” antes de las asambleas). Ahora, para tomar las decisiones, hay que estar metido “donde las papas queman”, hay que estar trabajando en la base, levantando organización popular, y en contacto con los “no” convencidos, o sea, con nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo o de estudio. Ya no basta con ir a una simple “asamblea” cada dos semanas, y pesar lo mismo que quienes se quiebran el lomo trabajando en un frente, organizando e incorporando nuevos militantes a la organización. Pues, curiosamente, el frente más disciplinado en las asambleas, era el único que no crecía, ni en las actividades o amplitud de su trabajo, ni en número de militantes. Esto significa, en definidas cuentas, que ningún militante puede justificar su existencia en la organización a través de las instancias centrales, ya que éstas deben reflejar efectivamente el quehacer y sentir de los frentes.

Esa es toda la ciencia del principio federativo: lograr que sea la periferia la cual llene de contenido al centro, y no a la inversa. Por tanto, no se trata de debilitar las instancias centrales, sino que de darles el lugar subordinado que les corresponde, en relación a los frentes. Por eso, desde una óptica anarquista, nos extraña que haya compañeros que en la asamblea de febrero hayan planteado una defensa tan fanática del “centralismo”, cuando se trata de descentralizar una organización que, lamentablemente, ha pecado de excesos centralista, que han generado en ocasiones, incongruencia entre las actividades de los frentes y los temas de tabla de las antiguas “asambleas”. Creemos que esa defensa desmesurada del centralismo, tiende a debilitar el trabajo en los frentes y facilita que ocurran problemas como los que hemos tenido en más de una ocasión, de compañeros que se validan solo en asambleas, pero que no tiene ninguna inserción social, ni en su trabajo, ni en su población, ni en nada.

Es cuando nos desembaracemos de estas concepciones centralistas, cuando comprenderemos realmente la importancia estratégica de los “molestos” frentes y el lugar que efectivamente les corresponde en el desarrollo de un norte político para el CUAC y para el anarquismo en general.

EL DESARROLLO DE BASE SOCIAL DENTRO DEL PROCESO ESTRATÉGICO DE LA CONSTRUCCIÓN DE PODER POPULAR Y LA AUTOGESTIÓN

El norte que hoy requiere la organización, que no es sino el corolario de la política de inserción planteada ya hace más de un año, es el Desarrollo de Base Social. Tal norte, ya fue planteado por el compañero L. en una exposición, en una asamblea por allá por Julio o Agosto del 2001. En nuestra propuesta de reforma, se buscaba facilitar ese proceso, al descentralizar la organización, y potenciar ejes de acumulación de fuerza en los mismos frentes. Esto implica, por cierto, ser capaces de trabajar las políticas transversales de la organización, dinamizar las labores políticas del secretariado, y dejar de pensar las capacidades del anarquismo organizado dentro de asambleas reducidas para un pequeño número de “adictos” al credo, confiados en que siempre nos veremos las caras entre todos. Por cierto, para que esto sea efectivo, es necesaria una maduración en nuestro anarquismo, como más arriba ya planteamos. Pero sólo de esta manera, estaremos entrando al terreno concreto de la creación de una auténtica fuerza revolucionaria.

Por supuesto que no podemos comprender este proceso de Desarrollo de Base Social, al margen del proyecto estratégico anarquista de la construcción de poder popular en vistas a crear una sociedad autogestionada, que cimiente las bases para el comunismo anárquico. Pero el desarrollo de base social, no se trata de un simple proceso de “acumulación de fuerzas” para usarlo de trampolín para imponer un proyecto prediseñado, a la usanza de las organizaciones leninistas tradicionales. Ese es el punto que hace la diferencia para los libertarios: que para nosotros es ese proceso de desarrollo de base social, de creación de poder popular el cual es un medio, pero a la vez contiene los gérmenes del fin que perseguimos, del modelo de sociedad por el cual los anarquistas luchamos. Pues si queremos organizar a la sociedad desde la base y eliminar de tal manera el andamiaje estatal, cada vez que organizamos a esas bases, precisamente, cimentamos el horizonte anarquista al cual nos encaminamos.

El desarrollo de una base social, requiere que tengamos una noción clara de en qué espacios nos encontramos, las problemáticas de esos sectores particulares y cuál es su rol dentro de una transformación social, así como de su historia. Para tener una noción correcta, es necesario que tengamos claridad respecto a un análisis clasista preciso, y no demasiado vago ni muy general. No nos sirve de mucho saber que en Chile existen explotados y explotadores. Es necesario saber cómo se da la relación entre estas clases, cómo se distribuyen y cómo se presentan en cada espacio concreto. Y es la operativización del análisis clasista en determinadas realidades concretas, el cual nos lleva al concepto de Sujetos Populares. Pues los sujetos no son lo mismo que las clases, y son frecuentemente los sujetos (muchas veces con contradicciones de clases internas, las cuales no pueden ser desconocidas y tiene un peso no menor... si no, preguntémosle a los compañeros argentinos) los que dan las luchas populares. Es por tanto necesario caracterizar los grandes sujetos que han habido históricamente en las luchas de nuestro país -campesinos, trabajadores, pobladores, pueblos originarios y estudiantes- para comprender cuál es el alcance de la construcción de poder popular y del desarrollo de base social de apoyo en ellos. Cabe destacar que el único sujeto que es homogéneo, en términos clasistas, es el trabajador, ya que todos los trabajadores pertenecen, por definición al proletariado. Entonces, nuestra capacidad de desarrollo de base social, se conecta directamente, con nuestra capacidad de comprender y generar políticas correctas para cada sujeto, en cada espacio concreto en el cual nos organizamos.

Vale traer a colación, ahora que mencionamos lo de las políticas correctas para cada sujeto popular, la concepción sorprendentemente ninguneadora y autoritaria, expresada por un compañero cuando planteó que la única utilidad del Frente Estudiantil.... ¡era realizar actividades para servir de alcancía al CUAC! Desconociendo, por cierto el rol de nuestros compañeros en las tomas y movilizaciones del 2002, que dieron a nuestra organización una presencia y tribuna que en pocas ocasiones ha tenido, siendo esa la única vez que nuestra organización ha participado de una lucha de masas. Resulta sorprendente e ingenuo el suponer que con esas “brillantes” políticas vamos a seguir atrayendo compañeros por parte de un frente que ha aportado una cantidad nada despreciable de militantes a la organización. Además decimos autoritaria, pues reproduce la práctica de que “desde afuera” se establezca qué es lo que los frentes tienen que hacer, con una consideración nula sobre lo que los compañeros están ya trabajando. Esa falta de interés de los espacios “centrales” (o más bien de quienes se han enquistado en ellos) hace que muchos compañeros, bastante activos en sus frentes, se desanimen y conserven alguna distancia de la organización. Además, la forma curiosa que tiene de entender el trabajo estudiantil, como una actividad que deja mucho tiempo libre, revela su absoluta falta de interés y desconocimiento del trabajo que desarrollamos, y refleja, más probablemente, como fue su propio pasar por la universidad que la actividad real de nuestro frente.

Es este trabajo de frentes el cual nos ha permitido “trascender” de los grupitos anarquistas y ganarnos un lugar entre medio de la izquierda; pero obviamente, esto no basta, pues de lo que se trata es de poder ganarnos un espacio en el pueblo, y poder ser capaces de servir de herramienta revolucionaria a la propia actividad organizativa de los explotados. Esto no solo implica desarrollar el trabajo de los frentes, sino que también ser capaz de mantener una relación libertaria, de coordinación efectiva y de retroalimentación en los distintos niveles organizativos en los cuales nos manejamos, entre organizaciones sociales, político-sociales y político-revolucionarias. Sin mezclar los espacios, pero sin disociarlos rotundamente. Y esto sólo puede establecerse sobre la marcha.

¿PUEDE ENTONCES EL CUAC DECIR AHORA “MISIÓN CUMPLIDA”?

Claramente, creemos que tal cosa sería un absurdo. Se engañan quienes creen que la organización tiene su misión cumplida, pues aún falta avanzar mucho en las tareas que en un comienzo nos dimos, y en las nuevas necesidades que nos impone la realidad. Y la coordinación entre distintos grupos está a todas vistas inmadura como para tomar en sí sola todas estas tareas. Es más bien la coordinación en los frentes (y no a nivel directamente de orgánicas) el cual nos va a permitir desarrollar este nuevo norte, el cual nuestra organización ha definido de forma intuitiva, pero el cual debemos discutir abiertamente y definirlo con precisión; además, es solo esa clase de coordinación la cual va a dar sentido a una futura unidad política mayor. Creemos que ante nosotros, tal cual lo dijimos en Noviembre en la asamblea de evaluación de la reforma, aparece una importante tarea y norte político, que es la creación de base social, la cual complemente y completa, a la vez, la inserción social. Parar en estos momentos, sería dejar nuestro trabajo de tres años manco, sin ser capaces de asumir un nuevo comienzo en mejor pie que el que nos encontramos hoy. Eso, claro, requiere voluntad de trabajo, más que voluntad para “boicotear” las decisiones tomadas colectivamente.

El CUAC debe plantear esta discusión, debe servir como eje, en función de su trayectoria más larga y mayor presencia en distintos espacios (sin desconocer los notables avances de otras organizaciones), y en tanto que se da el proceso de convergencia en la lucha y en la organización social, de base, debe saber cumplir con esta nueva etapa que se abre ante nosotros, y la cual no podemos rehuir con “compromisos políticos” que se buscan apresuradamente.

Es, por tanto, necesario recalcar que no buscamos eludir una posible unidad con otros sectores anarco-comunistas; simplemente creemos que ésta no puede darse como mera suma, por compadrazgo, ni a través de coordinaciones puramente “políticas”. Creemos, y nuevamente lo recalcamos, que la unidad debe partir desde los frentes.

Existe, ciertamente, una necesidad de dar esta discusión política y debemos, como organización, estar a la altura del momento. La urgencia por acelerar la unidad con otros grupos no hace más que evadir la discusión política; el problema del crecimiento no se supera agregando mecánicamente nuevos compañeros, sino siendo capaces de superar conceptos añejos y centralistas, y de superar la actual presencia escasa, desarrollando a fondo nuestros frentes.

Este documento no pretende ser votado íntegramente, sino que pretende sólo comenzar un necesario proceso de discusión, en el cual COLECTIVAMENTE se defina un norte para la organización (y no a través de comisiones), proceso el que ha estado oculto tras un velo de intrigas, calumnias y mentiras. Ya durante mucho tiempo, hemos postergado la discusión, sea por argumentos técnicos, por calumnias y acusaciones personales, por amenazas de expulsión, o por cualquier otra forma velada de evasión. Ejemplo de eso, es que habiendo razones políticas por las cuales muchos compañeros se alejaron de la organización, esas razones nunca se discutieron: simplemente, optamos por hostigarlos hasta que decidieran irse (forma sutil de expulsión, en realidad).

Ojalá superemos una forma infantil, “celosa”, de hacer política, y desarrollemos a plenitud las oportunidades que esta crisis nos brinda. Aquí va nuestra propuesta, y nuestra crítica, que es, ante todo, una autocrítica, ante la forma en la que actuamos por mucho tiempo. Por ello, aún estamos pagando un caro precio, y arrastramos muchos lastres y vicios que se han expresado en la auténtica pugna de “poder” y “golpes de estado gorilas” en algunas reuniones de conc(s)ejo*, o instancias convocadas, lo cual es el fiel reflejo de nuestra “inmadurez”. Si no maduramos como organización primero ¿cómo vamos a estar pensando en sumar más organizaciones en un proceso de crecimiento, del cual nosotros internamente no nos hemos mostrado con suficiente altura?

Frente Estudiantil
Diciembre-Febrero 2002, 2003
(Distribución Interna)


*Nota 2015: Un sector de la organización, que se oponía a la Reforma Orgánica, hablaba de reuniones de Consejo, mientras que otros hablábamos de reuniones de Concejo. Era un debate totalmente menor (tomábamos la palabra Concejo, con “c”, de la tradición estudiantil, a lo que Larousse en mano, el otro sector nos objetaba que no era la manera correcta de escribirlo), del que hacíamos mofa en este documento, pero que mostraba la oposición a absolutamente todo lo que nosotros planteábamos. Incluida la gramática.

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