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¿Qué tan uribista, en realidad, ha sido el pueblo colombiano?

category venezuela / colombia | antifascismo | opinión / análisis author Wednesday March 12, 2014 05:18author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

¿Qué tan uribista ha sido el pueblo colombiano? Esta es una pregunta que no ha sido abordada de manera rigurosa por las ciencias sociales. Un infranqueable muro ideológico, tendido por la oligarquía y sus medios, ha hecho imposible esta tarea pues, por años, quienes cuestionábamos la supuesta idolatría generalizada a Uribe Vélez, éramos descalificados inmediatamente con toda clase de insultos y epítetos de la ultraderecha rancia, que van desde “mamerto” hasta “narcoterrotista”. Era impensable cuestionar las “verdades” producidas por Gallup, El Tiempo, El Espectador, Caracol, etc. Y una gran mayoría de los científicos sociales colombianos, también miembros de la élite de comparsa, fue cómplice, se silenció y no cumplió con su labor académica de cuestionar las “verdades incuestionables”.

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¿Qué tan uribista, en realidad, ha sido el pueblo colombiano?

Casi nadie ha quedado contento con las últimas elecciones: ni los santistas, que apenas mantienen su mayoría casi que por milagro; ni los uribistas, que no fueron el fenómeno arrollador que pronosticaban todos los medios, sacando apenas la mitad de los votos que esperaban; ni mucho menos la izquierda, que tras toda clase de malabarismos políticos, obtuvo una exigua representación que la vuelve impotente y que quizás para lo único que sirva sea para legitimar esta excluyente “democracia” de fachada. Las cifras son elocuentes: hay 14 veces más parapolíticos en el parlamento que senadores y representantes de izquierda. Aun así es incorrecto hablar, como hacen no pocos columnistas, de que la sociedad colombiana es de “derechas”: los resultados electorales no reflejan mecánicamente la voluntad ciudadana, sino el acceso asimétrico a los medios y recursos, décadas de guerra sucia, amén de las conocidas prácticas clientelistas, intimidatorias y corruptas (desde la compra de votos hasta el entrañable chocorazo). Sin embargo, también es claro que una alternativa no se construye con los mismos métodos de toda la vida, que producen indiferencia, cuando no asco, en la inmensa mayoría de los colombianos. Nuevamente las cifras son elocuentes: el abstencionismo rondó en el orden del 60%, y de los votos emitidos, los nulos y blancos estuvieron en el orden del 20%, superior a los votos alcanzados por cualquier partido.

Independiente de las lecciones que la izquierda deba sacar de este proceso electoral para lograr la unidad popular e impulsar los cambios de fondo que el país necesita (algo que cada vez es más claro no será hecho en el terreno de los electoral), hay un fenómeno, más sociológico que político, que creo interesante desgranar. Me refiero al uribismo. Se ha convertido en un lugar común afirmar que Uribe es el “expresidente más popular de todos los tiempos” (algo que, de por sí, dice muy poco), afirmación en la que se dan la mano opinólogos, socialbacanos y derechistas. Estas nuevas elecciones han servido para que el uribismo mediático recargue sus baterías. Pero, ¿qué tan uribista ha sido el pueblo colombiano? Esta es una pregunta que no ha sido abordada de manera rigurosa por las ciencias sociales. Un infranqueable muro ideológico, tendido por la oligarquía y sus medios, ha hecho imposible esta tarea pues, por años, quienes cuestionábamos la supuesta idolatría generalizada a Uribe Vélez, éramos descalificados inmediatamente con toda clase de insultos y epítetos de la ultraderecha rancia, que van desde “mamerto” hasta “narcoterrotista”. Era impensable cuestionar las “verdades” producidas por Gallup, El Tiempo, El Espectador, Caracol, etc. Y una gran mayoría de los científicos sociales colombianos, también miembros de la élite de comparsa, fue cómplice, se silenció y no cumplió con su labor académica de cuestionar las “verdades incuestionables”. Hay buenas razones para ello, pues en ese mismo momento la persecución contra el pensamiento crítico alcanzaba su clímax con el montaje en contra de Miguel Ángel Beltrán y los recintos universitarios en todo el país se paramilitarizaban y llenaban de informantes. Los cuales siguen ahí.

Estas elecciones se encargaron de comenzar a cuestionar el mito de Uribe, y a demostrar que ese supuesto uribismo es algo más mediático y un fenómeno bastante superficial. Las imágenes de manifestantes que lo salían a recibir con tomates, insultos o a discutirle abiertamente, como ocurrió en Tunja, Soacha, Palmira, etc. mostraban una faceta contradictoria, defensiva, penosa, patética del supuesto caudillo de la ultraderecha. La misma baja votación demuestra que el uribismo no convoca a las masas a su defensa en las urnas: de hecho, el abstencionismo del 60% está muy por debajo de procesos electorales en países donde sí hay liderazgos fuertes, como Venezuela o Bolivia (donde la participación en las últimas elecciones fue en ambos casos del orden del 80%). Nada indica, pese a la lectura superficial de los resultados electorales por parte de los medios, que estamos ante un caudillismo político carismático ni arrollador.

Hay comentaristas que reconocen esto, pero que plantean que Uribe se ha “desgastado”[1]. Un fenómeno fuerte no se desvanece con la celeridad con la que se destiñe la figura de Uribe Vélez, aparte del hecho de que jamás su figura logró entusiasmar a la mayoría del país que, inmutable, no salió del abstencionismo. A lo mejor lo que ha cambiado no es la percepción de un pueblo cuya opinión solamente era accesible a través de encuestas de dudosa metodología, sino la de los sectores dominantes del país, que ahora tienen un interés en apostar por la paz exprés pues son conscientes del fracaso de la guerra total. El discurso de Uribe ya no los convoca porque saben lo arriesgado que resulta seguir dando sólo mierda a ese pueblo raso que le resulta indiferente salvo cuando se rebela. Ese bloque oligárquico fue el que por más de una década nos dio una dieta de Uribe Vélez al desayuno, almuerzo y cena en la televisión, para que nos hablara de lo humano y lo divino, de yoga, de lo que se le diera la gana. Ese bloque oligárquico, gracias a su control monopólico de los medios de comunicación, combinó hábilmente la figura de Uribe Vélez con Shakira, con Juanes, con toda la farándula para convertirlo en una especie de estrella de Hollywood. Esos medios no se cansaron de reproducir hasta la saciedad todas sus pendejadas como si fueran muestras de la más elevada sapiencia, y aún hoy siguen convirtiendo en noticia cualquier imbecilidad que trina en twitter. A Uribe Vélez le hicieron la comparsa estirados gurús y opinólogos de toda laya que lambieron hasta más no poder, que le alabaron ridículamente su “inteligencia superior” y su mano dura, mientras justificaron, cuando no callaron, todas las atrocidades cometidas durante su régimen (como siguen haciéndolo con las cometidas por el actual). Fueron ellos, realmente, los que manufacturaron el “consenso” uribista mientras el malestar en la Colombia profunda crecía hasta reventar en las movilizaciones de masas que han sacudido el territorio colombiano en los últimos años. Malestar que ninguno de ellos vio hasta que resultaba imposible negar que ese “tal paro” sí existía.

Ni aún en la cima de su supuesta popularidad manufacturada, Uribe Vélez fue un fenómeno hegemónico. Mientras Gallup publicaba encuestas donde a Uribe Vélez se le daba el 84% o hasta el 90% de popularidad, una encuesta de la DANE de Mayo del 2008, con una metodología más rigurosa y una muestra más representativa, situaba la “aceptación” de Uribe apenas en el 42% (después de esta encuesta, rodaron un par de cabezas en la DANE)[2]. Y esto era el clímax de su popularidad. Y aun así es probable que esta “aceptación” estuviera inflada: en contextos autoritarios, como Colombia, al pueblo no le queda muchas veces otro recurso que simular. Y mientras el pueblo simulaba, su voz era secuestrada por los medios y sus opinólogos de oficio. Ahora que el pueblo comienza a hablar con voz propia, que se ha perdido el miedo, queda claro que Uribe Vélez no fue sino un tigre de papel.

Esta popularidad mediática tuvo un eco importante internacionalmente por dos importantes factores. Primero, por los buenos oficios de Uribe Vélez para con el capital transnacional, siendo como un Robin Hood perverso que robó al pueblo colombiano para regalar a las potencias extranjeras. Segundo, porque internacionalmente también convenía crear un contrapeso a la figura de Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales; así que se inventaron un caudillo de derechas, el cual, como todo lo de derechas, era de “mentiritas”.

Obviamente, los sociólogos en el futuro deberán desentrañar las particularidades de la sociedad colombiana que se ha venido forjando en tres décadas de agudización de la guerra sucia. Lo que sí está claro es que ningún fenómeno de la intensidad que se suponía que tenía el uribismo desaparece tan rápido. Tal vez el uribismo fue lo más parecido a un fenómeno de “masas” en ciertos sectores de “paisalandia” -donde apeló al chovinismo regionalista y a una cultura traqueta extendida que se identificaba con su estilo de gobierno y discurso. Quizás también en ciertos rincones de la Costa, totalmente controlados física e ideológicamente por el narcoparamilitarismo. Más allá, hay que poner en duda qué tan extendido o profundo haya sido el culto a la personalidad de Uribe Vélez. El uribismo, en gran medida fue un Frankenstein creado por los medios de comunicación y son ellos los que aún mantienen viva políticamente a su creación, por si la vuelven a necesitar en caso de que la “apuesta por la paz” no les salga como ellos quieren.

José Antonio Gutiérrez D.
11 de Marzo, 2014


[1] http://www.semana.com//opinion/articulo/no-hay-embrujo-...138-3
[2] http://www.dane.gov.co/files/comunicados/cp_ecp07.pdf

author by Alberto Pinzón Sánchezpublication date Wed Mar 12, 2014 17:37Report this post to the editors

Los resultados de las elecciones parlamentarias de este domingo 09 de marzo/ 14, muestran varias cosas que la máquina de propaganda del régimen está tratando desesperadamente de velar con su tremenda intoxicación mediática. Ateniéndonos a las cifras dadas por la Registraduria de Colombia en su boletín 044, se puede decir lo siguiente:

1- Lo primero que salta a la vista es la ilegitimidad de la cacareada fiesta democrática en Colombia: De cerca de 32 millones de electores sólo votaron 14 millones; es decir, una abstención del 57 %, cifra muy similar a los promedios históricos de abstención electoral en Colombia.

2- A lo cual hay que sumarle la enorme cantidad de votos nulos ( 1´485 567) y de votos no marcados ( 842.615) o sea que, al desgano electoral de la población se debe sumar la ignorancia al manipular los tarjetones y el desprecio del elector al no marcar ningún candidato, lo que podría entenderse como otra forma de votar en blanco.

3-La votación propiamente en Blanco, que a pesar de lo rudimentaria y desorganizada de la reacción de rechazo al actual régimen político, no alcanzó las cifras que le daban las encuestas oficiales prepagadas, si logró una significativa votación de 746. 659 votos. Con lógica electorera, hubiera puesto más de 6 senadores

4- El triunfo de la máquina electoral del gobierno: el partido de la U de Santos (desprendido del caudal electoral de Uribe Vélez) alcanzó 2´230.208 votos, un mísero 15,5%, con lo cual logra solamente 21 senadores.

5- Lo sigue la lista de Uribe Vélez con 2´045. 564 votos (14,29%) y 19 curules. Con lo que se puede decir que del 35% del congreso que decía tener Mancuso, ha perdido un 6%. Y se ha dividido en dos: el militarismo “limpio” del Santismo, y el paramilitarismo a secas de Uribe Vélez y su combo. La otra conclusión es que la lista de Uribe y a pesar de tener a su servicio todo los “Poderes Facticos Regionales” no logró convertirse en el fenómeno electoral aplastador que profetizaban las encuestas oficiales prepago. El mismo AUV, creyéndose estas profecías, extrañamente renunció a la impunidad que le dan los fueros presidenciales y ha preferido la inmunidad de los fueros parlamentarios, con lo que ha quedado en su justo tamaño.

6- El partido Conservador divido en dos; los llamados “Mermelados Santistas” y los “Caguaneros” de Marta Lucía, con 1´944 284 votos (13,58%) se ha convertido en la bisagra que le permita o no la “gobernanza” al Santismo, dependiendo de si se alían con Uribe o con Santos y por esta necesidad, Santos vuelve a llamar a la Unidad a Uribe Vélez y a trabajar conjuntamente por la paz de Colombia ¿A qué paz se referirá el candidato presidente?

7- Otro gran estadista Horacio Serpa, también ha quedado reducido a su propio tamaño de senador y cabeza de lista del partido Liberal que ocupó el 4 lugar con 1´748 789 (12,22 %) de la votación.

8- El partido del sañudo Vargas Lleras con toda la nominación y el poder del “cogobierno” y el presupuesto que le da ser el vicepresidente real de Santos, solo obtuvo el módico 06,9 %, con 996. 872 votos.

9- Lo siguen el partido Verde con 564. 663 votos (0,39%) El Polo Democrático Alternativo con 541. 145 (0,37%), y la opción ciudadana con 527.124 (0,36%) Cada uno con 5 senadores.

10 -Los candidatos de la Unión Patriótica quienes una vez más tuvieron que hacer su campaña en medio de una terrible campaña de hostigamiento Militar y Paramilitar. Sin ninguna financiación y sometidos al más burdo señalamiento y persecución; lamentablemente no alcanzaron a obtener ninguna curul, ni en el Senado, ni en la Cámara de representantes. Lo cual nos hace pensar seriamente en si se justifica continuar “legitimando” electoralmente la farsa electoral del régimen actual, en medio de semejante apabullamiento represivo y, si se hace indispensable corregir autocríticamente ese camino táctico que el pueblo trabajador colombiano no gusta y está rechazando masivamente.

Viene entonces a nuestro recuerdo, la famosa frase del gran luchador antifascista Georg Dimitrov en 1933:

“¡Trabajo de masas, lucha de masas, resistencia de masas, Frente Único y nada de aventuras! Tal es el principio y el fin de la táctica comunista”

author by Horacio Duquepublication date Wed Mar 12, 2014 17:46Report this post to the editors

Los resultados de las elecciones de 268 legisladores del pasado domingo 9 de marzo en toda Colombia, no modificaron en nada el sistema político vigentes por muchos años. La democracia liberal acusa los mismos vicios registrados por otros Estados de igual naturaleza; la derecha y el centro político siguen siendo preponderantes en las instancias principales del mecanismo gubernamental; y la izquierda confirma su condición marginal en el curso del proceso social y político.

El mismo diagnóstico hecho sobre decenas de regímenes democráticos liberales en todo el planeta, se puede extender a Colombia: alta abstención, superior al 50%, voto en blanco, fraude electoral, manipulación mediática, compra y venta de votos, prevalencia de dinastías familiares, financiación con ríos de dinero de origen oscuro, privilegios presupuestales y burocráticos, sistemas electorales enmarañados, violencia paramilitar, continuidad de la parapolítica e incidencia de las mafias de la droga. Tantas lacras que hasta el propio Uribe Velez salió a decir, en el colmo del cinismo, que el nuevo Congreso legislativo era ilegitimo porque Santos lo había elegido con "mermelada", manipulación mediática y violencia. Giro que apunta a preparar las condiciones para presionar una Asamblea Constituyente que permita su regreso a la Casa de Nariño en un futuro próximo. No hay que descartarlo dada la audacia y astucia de este lider de la derecha criolla.

El examen pormenorizado de los resultados arroja una cifra favorable para la Centro derecha que representa el Presidente Juan Manuel Santos. En el Senado, los elegidos por los partidos de la U, Liberal, Cambio Radical, Conservador y otros, le permitirán, en caso de ser reelegido, una holgada mayoría para sus iniciativas legales, aunque aquellas que requieran votaciones calificadas, es posible que encuentren obstáculos. La tendencia del expresidente Uribe Velez, denominada Centro Democrática, ha obtenido un importante cupo de 19 senadores, los cuales desplegaran una gestión y un discurso de oposición radical a las conversaciones de paz del Estado con la guerrilla. Los cuestionamientos se enfocaran en asuntos como la impunidad de los delitos de lesa humanidad, la eventual elegibilidad de los desmovilizados, las reformas electorales, el narcotráfico y los cambios agrarios. Es probable que en su obstrucción al gobierno, esta facción coincida con las posturas de Jorge Robledo, el senador con mayor votación individual, quien pertenece al Polo Democrático, una de las tendencias de la izquierda con mayor arraigo, por su protagonismo público y legislativo en temas de trascendencia nacional, como los impactos de los Tratados de Libre Comercio firmados con otras naciones del planeta.

En el futuro inmediato, hacia el 27 de mayo, en que se dará la primera ronda para escoger nuevo Presidente por cuatro años, es posible moverse con la hipotesis de la reelección de Santos, sin embargo la beligerancia de Uribe, su margen de maniobra, hacen lábil dicha conjetura. No parece seguro su triunfo en la primera vuelta obligando el balotaje, con un candidato uribista que sea la simbiosis de tres figuras cercanas al expresidente como el señor Oscar Ivan Zuluaga, pura sangre parapolitica, Marta Lucia Ramirez, del Directorio Conservador y Enrique Peñalosa, el candidato Verde con casi dos millones de votos, quien goza de las simpatías no disimuladas de AUV, por su proyección gerencial y ejecutiva.

En esas arenas movedizas de la política, la que puede ser afectada (o ya está siendo afectada) es la Mesa de Diálogos de La Habana. No digo que vayan a fracasar las conversaciones en curso pero sus alcances reformistas sufrirán un drástico recorte. Seguramente la guerrilla puede darse por bien servida si se conserva lo avanzado y se reducen las expectativas sobredimensionadas por un radicalismo desueto que no entiende la necesidad de cerrar el capitulo de la forma armada de lucha para acceder al poder.

La izquierda repite los fracasos de muchos años. Son mínimos sus logros. El sectarismo, el dogmatismo, el caudillismo, el divisionismo, el canibalismo, su incompetencia mental y su estrecha visión de los problemas de la sociedad, de casi 50 millones de colombianos, son elementos que permiten explicar su marginalidad. La UP fue un desastre electoral, el Polo se salvo de milagro por que supero el umbral electoral, los elegidos por el Partido Verde son figuras mas inclinadas hacia el Centro y el hijo de la señora del "turbante", camuflado en la lista liberal oficialista, sucumbió melancólicamente no obstante la crematistica boliburguesa que lo secundó a manos llenas. A todo esto contribuye el despelote del gobierno "progresista" de Gustavo Petro en Bogota, que en casi 30 meses de mala gestión ha propiciado un gigantesco desastre en el sistema de transporte masivo/Transmilenio afectando millones de personas, especialmente a mujeres de origen popular que reaccionan con mucha ira todos los días. Es lo que explica que el triunfador en la capital, el pasado domingo, haya sido el ex presidente Uribe Velez, quien toma nuevos aires para destruir rápidamente con una revocatoria el mediocre gobierno de Petro.

author by Camilo de los Milagrospublication date Wed Mar 12, 2014 17:50Report this post to the editors

Con una jornada marcada por la tranquilidad, la apatía generalizada, alta abstención y numerosas denuncias de fraude, se culminaron el domingo 9 de marzo las elecciones colombianas para el Congreso de la República (Senado y Cámara). Como es norma la abstención fue del 57% que sumada con votos en blanco o anulados ronda un vergonzoso 70%, síntoma del descredito que sufre el sistema electoral, por lo menos desde mediados del siglo XX. La contienda fue típica: barones electorales -o sus hijos- acaparan las famosas “maquinarias políticas” en importantes regiones del país, principalmente el Caribe, propietarios de cientos de miles de votos cautivos; el “voto de opinión” existe entre clases medias urbanas de las capitales; el voto de la izquierda es limitado a sectores y regiones muy específicas. Ambos no alcanzan ni el 10% sumando diferentes coaliciones y partidos. El electorado restante, esa “minoría silenciosa” del 70% que no participa, considera que las elecciones son inútiles, corrompidas o amarradas.

Numerosos casos de votos robados, tarjetones fraudulentos hallados en los puestos de sufragio, compra de votos a cambio de comida o prebendas (los muy famosos tamales), trascienden en las redes sociales. Nuevamente la apatía, las maquinarias politiqueras y el fraude son los grandes ganadores de la jornada.

Lo atípico, que rompe la tradición de los últimos 25 años, fue la ausencia de boicot y acciones armadas de las guerrillas, que obligaban a cancelar comicios en zonas rurales y municipios alejados. Sólo un evento de envergadura se presentó en el departamento del Putumayo donde guerrilleros de las FARC impidieron las votaciones, mientras en Briceño (Antioquia) combates con el ejército tensionaron sin alterar directamente las mesas.

Es evidente que los grupos guerrilleros apuestan todo a las conversaciones de paz, evitando cualquier choque que alimente los ánimos guerreristas del sector político liderado por Álvaro Uribe, saboteadores comprobados de las negociaciones.

La sorpresa esperada fue la victoria mediocre del nuevo partido Centro Democrático,encabezado por el expresidente Álvaro Uribe, que consiguió 19 escaños en el senado, la segunda votación más alta. Los partidos de la Unidad Nacional liderada por el Presidente Santos -que funcionan como uno sólo cuando de aprobar leyes se trata- configuran más de la mitad del senado y son mayoría dominante en la cámara, lo que virtualmente crea una situación de control presidencial sobre el Congreso, bajo la molesta oposición del bloque uribista con representación considerable, situación que no tuvo durante el periodo legislativo vigente. Asumiendo que la ínfima izquierda legal agrupada en el Polo Democrático y la centrista Alianza Verde se opondrán al uribismo por principio, Santos posee una gobernabilidad con relativa maniobra, sumando los apoyos de su Patido de la U, el Partido Liberal, Cambio Radical y un sector grueso del Partido Conservador que se encuentra dividido.

Los delirantes uribistas, que esperaban según sus cálculos “arrasar” con 40 senadores obteniendo mínimo 3,5 millones de votos, aunque no alcanzaron ni la mitad de sus predicciones, demostraron que siguen siendo un sector poderoso y violento de la sociedad colombiana, capaz todavía de arrebatar cuotas de poder a los caciques tradicionales. La vertiente política del uribismo se respalda con un fenómeno económico de facto, que no puede ser anulado por ninguna votación: tienen la fuerza de los terratenientes mafiosos, el peso de los advenedizos que enriquecieron al amparo del crimen y el poder oculto del narcotráfico durante las últimas cuatro décadas. Uribe fue la consagración suprema de la hegemonía mafiosa en 2002, pasando a ser el coletazo de una clase social decadente, hampones de estrato alto, ligados de principio a fin con la ilegalidad. Se resistirán por todas las formas posibles a irse del gobierno.

Aunque la ilegalidad que permea las instituciones es un fenómeno que envuelve en distintos grados a todos los partidos, incluyendo los de izquierda, a ojos vistas la nueva colectividad formada por Uribe es campeona, depositaria del poder paramilitar que se enorgullecía de poseer en 2002 el 35% del Congreso. Empezando los 80 Pablo Escobar ocupó una silla del capitolio, incursión emblemática de la mafia en el Estado. Hoy el Partdio de sus herederos ocupa 19 escaños en senado y 12 en la cámara de representantes, con José Obdulio Gaviria – primo hermano del capo- dentro de sus filas.

Varias fisuras enfrenta el bloque de congresistas de Uribe, opacadas por su victoria pírrica. En primer lugar, muchos de sus electos tienen investigaciones penales por corrupción o vínculos con grupos ilegales, podrían salir de juego más rápido de lo que se cree. Esta lista de candidatos a presidiarios la encabeza el propio jefe del Partido, que sufre el dilema de perder su inmunidad presidencial si se posesiona como senador, activando instantáneamente más de 200 investigaciones y procesos judiciales en su contra. Si admite no posesionarse para eludir a la justicia, como se especula hace días, Uribe dejaría huérfana en el Congreso una bancada de mediocres e inexpertos políticos incapaces, electos por la inercia de una lista cerrada de voto único, liderada por su caudillo. La oposición a Juan Manuel Santos será muy diferente con Uribe dentro o fuera del senado.

Flota en el ambiente la posibilidad de escenarios paralelos, cuando la nueva oposición parlamentaria de ultraderecha se quede sin aire, como lo espera Santos, dentro de dos o tres meses, una vez concretada la reelección presidencial con la promesa de un tratado de paz en ciernes. El primer escenario será una oposición visceral y tajante al proceso de paz dentro del Congreso, buscando bloquear la iniciativa legalmente. El segundo escenario está fuera del Congreso; atacando con armas y muertos las dos banderas del gobierno Santos para el postconflicto: la ley de víctimas y la ley de restitución de tierras. Sectores ligados al uribismo han saboteado desde el primer día la devolución de tierras usurpadas a los campesinos, mientras continua el asesinato impune de líderes reclamantes, defensores de Derechos Humanos, sindicalistas y activistas de izquierda.

Hay un tercer escenario, poco probable, que sería la negociación encubierta de Uribe Vélez para conseguir su impunidad, a cambio de moderar su discurso y retirar su oposición al gobierno. Vistas las circunstancias actuales aquello parece imposible, pero del talante oportunista y artero del personaje se esperara cualquier cosa.

Con esta perspectiva, lo más probable es que cuando el nuevo Congreso entre en funciones en agosto, la retórica militarista y virulenta de esa nueva bancada opositora esté rezagada al año 2002, mientras el Presidente Santos consigue antes la implementación de un acuerdo con las guerrillas que los dejaría sin discurso. ¿De qué van a hablar Uribe y sus socios en el capitolio de una república que para entonces habrá firmado acuerdos parciales de paz? Es evidente que no tendrán aire político. Lo preocupante será que ese sector poderoso de la sociedad colombiana, capaz de fabricar un Partido y conseguir casi dos millones de votos en pocos meses, tiene todavía bastante aire económico. Sobra decir que ellos son los mejores aplicando la famosa sentencia de Clausewitz, cuando se quedan sin discurso ni argumentos: continuar la política por otros medios.

Ya sabemos cuáles.

 
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