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Marmato en el paro agrario y popular colombiano: razones y aprendizajes

category venezuela / colombia | community struggles | opinión / análisis author Tuesday September 17, 2013 20:45author by (A)guijón Report this post to the editors

Marmato con su incesante rugir no duerme para vivir en su propio tiempo, ritmo y realidad socio histórica. Construido en medio de vibrantes montañas por las que atraviesa sinuoso el río Cauca, desde siglos atrás permanece habitado por comunidades que defienden con valentía el futuro de sus descendientes. Los pequeños mineros tradicionales marmateños tienen la férrea convicción que los cerros les pertenecen, que las minas de sus abuelos son de sus nietos, que la entrada de las compañías extranjeras en locomotoras desarrollistas amenazan su modo de vida y que el Paro (léase bloqueo de vías, acciones directas o vías de hecho) es necesario para que el gobierno tenga en cuenta sus justas exigencias.
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Marmato en el paro: razones y aprendizajes

Marmato con su incesante rugir no duerme para vivir en su propio tiempo, ritmo y realidad socio histórica. Construido en medio de vibrantes montañas por las que atraviesa sinuoso el río Cauca, desde siglos atrás permanece habitado por comunidades que defienden con valentía el futuro de sus descendientes. Los pequeños mineros tradicionales marmateños tienen la férrea convicción que los cerros les pertenecen, que las minas de sus abuelos son de sus nietos, que la entrada de las compañías extranjeras en locomotoras desarrollistas amenazan su modo de vida y que el Paro (léase bloqueo de vías, acciones directas o vías de hecho) es necesario para que el gobierno tenga en cuenta sus justas exigencias.

Las Razones

La pequeña minería tradicional en Latinoamérica está siendo atacada por ser la principal “piedra en el zapato” para la entrada de las grandes transnacionales especuladoras y productoras de oro. Todos los gobiernos de la región (especialmente el peruano y el colombiano) se han ido “lanza en ristre” en contra de sus ciudadanos para despejar y vaciar los territorios para su entrega a los capitalistas nacionales y extranjeros. Si bien son claros los problemas ambientales que se han generado en la región por la explotación a pequeña escala de metales considerados preciosos, es innegable que en muchas regiones los pequeños mineros tradicionales y barequeros, desde tiempos ancestrales o coloniales, han construido saberes y haceres que les han permitido habitar sus territorios sin ser agresivos en extremo con sus ecosistemas. No obstante, hoy tras la “desinformación informada” de los medios se los hace pasar por criminales que deben ser despojados y, en lo posible, encerrados para que la tecnología de las grandes empresas devaste lo que se ha conservado por siglos[1].

En Colombia (país con una tradición de minería de subsistencia que antecede a la existencia del estado nación) desde los 90s se ha implementado un modelo encaminado a la extracción de recursos naturales no renovables por grandes capitales privados. En los años recientes, el desconocimiento de la pequeña minería en el código de minas (ley 685 de 2001), la obstrucción de los procesos de formalización para las comunidades mineras, la entrega indiscriminada de títulos a compañías extranjeras y su consecuente falta de áreas libres para titular, la persecución y judicialización de los mineros y la quema de su maquinaria y materiales de trabajo (Decreto 2235), el desconocimiento del consentimiento libre previo e informado para las comunidades locales, la prohibición del ordenamiento territorial y los usos del suelo desde las comunidades (decreto 934), entre otras razones, han asfixiado a las comunidades locales que practican la minería tradicional a pequeña escala. Estas y otras razones, son las que obligaron a los mineros tradicionales de Marmato, a declarar el paro minero indefinido desde el 17 de julio de 2013 junto a los mineros del bajo cauca antioqueño, del Chocó, del Magdalena Medio y otros lugares.

Aprendizajes

El calor al borde del Cauca es fuerte. En medio de la vegetación del bosque tropical seco, los pequeños mineros se establecen en la carretera para iniciar el paro. La policía ya hacía presencia en el lugar desde hace más de tres días y tenían varios contingentes del ESMAD escondidos en la sede del SENA del municipio y en la Felisa para “levantar al que fuera necesario”. Los marmateños –hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños- con muy poco miedo en sus cuerpos decidieron tomarse la carretera, atravesar árboles y piedras gigantescas para “hacerse ver del gobierno nacional”. Momentos de soledad y de un silencio acogedor en la carretera entre Manizales y Medellín, donde las fogatas, el rumor del Cauca y los grillos fueron compañeros de la acción espontánea de personas cansadas de ser ignoradas, rabiosas de ser atropelladas y consientes de tener la fuerza de la razón/pasión.

Tras el amanecer, el ambiente tenso. El cuerpo especial antiterrorista (CEAT[2]) de la policía acordona la zona armados hasta los dientes. Ante la mirada atónita de los marmateños, el ESMAD dispara los primeros gases. Varios capturados-asfixiados, varios heridos con gases, balines, balas de goma, bombas aturdidoras. No obstante, la pelea sólo estaba casada: la comunidad se subió a las montañas y como “las gallinas de arriba cagan a las de abajo”, se defendieron con piedras hasta el anochecer. La fuerza pública estaba asustada por la fiereza de los mineros indignados, por lo que deciden empezar a disparar ráfagas de fusil para amedrentar a los marmateños que “como cuando los españoles, ellos con armas de fuego y nosotros con piedras” defendían su terreno.

Al día siguiente nuevos enfrentamientos, pero la comunidad ya había conocido los gases “lacrimógenos” de los “antimotines”, estaba mejor organizada, sabía que no podía ceder terreno y se había establecido estratégicamente para dar la pelea. Sin embargo, tras varias horas de “tropel” se negocia un acuerdo, con el que muchos manifestantes se mostraron en desacuerdo: 2 horas de tránsito por 2 de bloqueo. Corrieron los días y el pacto fue roto por orden del ministro de defensa, azuzado por el senador Mauricio Lizcano. De nuevo, enfrentamientos. Ya no sólo con el Esmad, acompañado por el CEAT, sino por un despliegue de fuerzas represivas helicoportadas nunca antes visto en el municipio.

Tras el paro los principales aprendizajes de la población marmateña se centran más allá de las reivindicaciones específicas que se planteaban en la mesa de negociación. Algunas de éstos son: 1. El estado no está para proteger a los pequeños mineros, ni a los pobres, ni a los indígenas o afrocolombianos; 2. El estado colombiano ataca a las poblaciones desarmadas con una violencia desbordada e injustificada; 3. La acción directa es una manera efectiva de hacer sentir las exigencias que se tienen frente al gobierno; 4. En las acciones colectivas la espontaneidad organizada de las comunidades se vuelve una fuerza incontrolable para el estado; 5. Las acciones colectivas implican un recordar y un proyectar el hacer juntos donde todos tenemos algo para aportar desde nuestras fortalezas.


[1] Aclaro: no estoy hablando de la minería a mediana escala hecha por retroexcavadoras y dragas

[2] Grupo creado en 2001 para realizar la masacre de civiles y aterrorizar a varios barrios de la comuna 13 de Medellín en la trágica operación Orión.

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