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Colombia: Quién tiene la llave de la paz

category venezuela / colombia | imperialismo / guerra | enlace a pdf author Sunday July 01, 2012 19:46author by Centro de Investigación Libertaria y Educación Popular - CILEP Report this post to the editors

Coponencia, Cátedra Libertaria, CILEP-RLPMK, Boletín Perspectiva Libertaria Express, Mayo de 2012

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Quién tiene la llave de la paz

Buenas tardes compas. Les damos la bienvenida y les agradecemos haber acogido nuestra invitación a esta Cátedra Libertaria, en su versión número veinte, para discutir el tema de la paz en nuestro país. Nos llena de satisfacción y alegría contar con su presencia y con la de las personas que nos acompañan en la mesa, porque eso nos confirma, como lo sospechamos, que la discusión sobre la paz nos compete a todas las personas que habitamos esta tierra, y no a quien reclama para sí la posesión exclusiva de la llave de la paz.

En la tarde-noche de hoy contamos con la presencia de varios compañerxs, y hemos hecho una convocatoria tan amplia con el ánimo de construir la paz a muchas manos y con muchas voces, con todas las voces y todas las manos. Nos acompaña una compañera estudiante y participante de la MANE, Laura Sazara, el director de Planeta Paz, Carlos Salgado, Germán Bedoya como delegado del Coordinador Nacional Agrario y del Congreso de los Pueblos, y Hernando Gómez, por parte de Colombianxs por la Paz.

Antes de darles la palabra a nuestros invitados, querríamos compartir con ustedes algunas discusiones y sobre todo preguntas que desde la Red tenemos frente a la discusión de paz.

Convocamos y proponemos una discusión de paz hoy, por dos motivos, i) creemos que es una discusión esencial para el país por la carga histórica, valorativa y política que tiene, y ii) porque esa discusión se ha venido intensificando recientemente, produciendo lo que hoy se llama “coyuntura de paz”, producto de los pronunciamiento del Gobierno Nacional, de las guerrillas, los encuentros convocados por el congreso de los pueblos y la marcha patriótica al respecto, la liberación de los retenidos, la preparación de un “marco legal para la paz”, y los supuestos acercamientos clandestinos, entre otro hechos. Adicionalmente la intensificación reciente del conflicto armado que ha generado muertos en el Cauca, Putumayo, Caquetá, Arauca, Meta, Urabá, nos obliga, a la Red, y al pueblo colombiano en general, a depurar las discusiones, darles curso acertado y pensar las posibilidades de la paz y de la construcción política de un país para y por el pueblo.

Quisiéramos comenzar situando la discusión de la paz, esbozando los puntos que condicionan la discusión y la ubican en un marco histórico y de voluntades concreto. Somos el país más inequitativo y desigual de América Latina, tenemos las peores cifras de concentración de la tierra, cifras de desempleo, informalidad y precariedad laboral juvenil y femenina altísimas, casi el 50% del territorio concesionado a multinacionales mineras, y otro gran tanto dedicado a la explotación intensiva de la tierra por vía de los monocultivos en la costa atlántica, el Urabá, el Valle del Cauca o los llanos orientales. Somos y nos proyectamos como un paraíso para la inversión, las ganancias financieras crecen en nuestro país a ritmos frenéticos; nos hemos constituido como una reserva, depósito y fuente de riqueza. Primer elemento de contexto: un capitalismo periférico profundo con todas las características de una economía primaria, proyectada hacia el exterior.

Segundo elemento de contexto: la clase política que se ha sucedido en los puestos de dirección del Estado, sirviendo de correa de transmisión entre el aparato que administra lo público y los intereses privados del capital, ha usado la violencia como mecanismo predilecto para construir país, a través de tres formas, históricamente constatables: i) las más de 50 guerras civiles bipartidistas del siglo XIX en las cuales las oligarquías de cada partido llevó a su militancia campesina a asesinarse por una causa ajena y por intereses feudo-territoriales, ii) la violenta forma de garantizar el despojo y la acumulación capitalista con más de cuatro millones de desplazados y 6 millones de hectáreas despojadas dedicadas a la “industria emprendedora”, y iii) una violenta forma de interlocutar con fuerzas políticas y sociales distantes de su proyecto: desde los comuneros hasta el recientemente asesinado Manuel Ruiz, pasando por los trabajadores de la United Fruit Company, o la Chiquita Brands, Jorge Eliécer Gaitán y el movimiento gaitanista, los exterminios de A Luchar! y de la UP, entre otros. En resumen, la clase política tradicional ha usado la violencia contra el pueblo colombiano, en sus disputas internas, en sus esfuerzos ciegos por acumular a toda costa y en su afán de acallar cualquier otra forma de pensar la política, de pensar la administración de lo público y la construcción de país, auspiciada desde siempre por la larga y poderosa mano imperialista y sus intereses. Esta violencia sistemática contra el pueblo ha tenido en los últimos treinta años, una de sus expresiones más desgarradoras, a manos del aparato paramilitar que las élites política y económicas crearon en la defensa de sus intereses y como arma de exterminio de la izquierda y sus múltiples expresiones.

Así, tenemos un panorama en cual podemos decir que contamos con la clase política más violenta del continente, y seguramente una de las más violentas del mundo, y a su vez tenemos un capitalismo profundo, y por cuenta de lo anterior, criminal, que enriquece a banqueros e inversores nacionales y extranjeros, mientras empobrece a nuestra tierras y a nuestros pueblos. En este contexto de capitalismo violento, particularmente violento, ¿cómo pensar la paz?, ¿qué significa construir paz y cómo se hace?

Creemos que la paz no es un concepto que tenga una definición esencial, objetiva o ahistórica; por el contrario, es un concepto profundamente político y por ello sujeto a las modificaciones que el pulso y la correlación de fuerzas va marcando. Cuando la élite política se siente cómoda y apoltronada en sus millones puede decir que la paz es la desmovilización de la insurgencia, que “sin guerrilla a Colombia no la para nadie”. Pero la paz no es lo que dice Santos, o su séquito de funcionarios que es; la paz es lo que se gana, lo que se pelea: paz igual a no guerra, paz con justicia social, paz de los vencedores, paz es la solución a las causas estructurales del conflicto. El concepto de paz y su realidad se pugna, se lucha y se conquista.

Nosotrxs le apostamos a la paz, más que como una situación, como un método, como una forma de construir país. No creemos en el paraíso de la armonía y la ausencia del roce o el conflicto. Los conflictos son productivos, nos permiten aprender de los errores, abrir las discusiones, tener nuevas ideas; ser con otrxs es conflictivo, porque en la construcción de lo colectivo hay posiciones encontradas, formas contrarias y distintas de ver, pensar, hablar y actuar, y no está mal que así sea: la construcción de lo colectivo, y en ese sentido de la política, debe tener claro que la realidad nunca es como queremos, que lo que es, es resultado de negociar, de mediar, de ceder. Así, la paz es ese método de solucionar los conflictos; es el método de solucionar los conflictos productivamente, creando, imaginando, pensando, abriendo los márgenes de lo posible y de lo real para expandir la vida.

¿Qué significa eso en nuestro contexto? Que la paz no se reduce, ni mucho menos, al silenciamiento unidireccional de los fusiles por parte de la insurgencia, que la paz no es que todo siga igual, pero sin guerrilla. La paz, en nuestro contexto, es que las discusiones sobre la guerra y su cicatrización, sobre la tierra, su uso y su repartición, sobre el trabajo, su pago y su dignidad, sobre los derechos, su alcance y sus garantías, se abra. Que las personas y sectores afectados por estos asuntos, puedan y efectivamente se sienten a pensarlos, a tomar decisiones, ¿qué hacemos con las multinacionales?, ¿qué hacemos con Sarmiento que es dueño del 50% de nuestra economía?, ¿qué hacemos con el narcotráfico, con los paracos?

Estas discusiones no sólo deben abrirse, deben darse plenas garantías para erradicar la persecución y el señalamiento, debe reconocerse la responsabilidad histórica y actual del gobierno como agente activo y promotor del conflicto, debe configurarse un escenario donde la soberanía y los intereses del pueblo colombiano se prioricen por encima de intereses extranjeros, debe desmontarse la lógica militarista y bélica que ha acompañado al gobierno como fórmula para encarar el conflicto; deben reconocerse, en primera instancia, los profundos impactos socioeconómicos que enfrenta hoy en día el grueso de la población colombiana.

Y por eso este diálogo tiene una condición central: por supuesto que la paz pasa por el silenciamiento de los fusiles, pero los primeros que tienen que callarlos, son los políticos, ganaderos, señores feudales y empresarios, que han estado toda nuestra vida política dispuestos a sacrificar las vidas que haga falta para lograr la consecución de sus intereses. La paz pasa por la “desmovilización” de la oligarquía nacional y regional, de sus ejércitos privados y sus máquinas de la muerte, porque mientras eso no sea así, todo intento por construir la política desde el diálogo y la apertura, estará condenado al fracaso. Y estamos hablando de la oligarquía de hoy, la que desaparece a los compañeros de la Marcha Patriótica, la que infiltra las marchas y las sabotea, la que amenaza y mata a nuestras organizaciones de derechos humanos, la que asesina a los líderes que promueven la restitución de tierras.

La llave de la paz no la tiene Santos, también él, pero no sólo. La llave de la paz la tiene el pueblo y sus organizaciones, la tiene la insurgencia, la tienen las víctimas, la tiene el gobierno nacional, y los esfuerzos deben ir dirigidos hacia construir esa voluntad de paz que logre sentar a los sectores en punga, a los sectores históricamente excluidos, a los sectores que han sufrido el peso de la guerra perpetua.

Desde la Red, la Coordinadora Juvenil 3 de Octubre y TEJUNTAS, venimos participando en el Congreso de los Pueblos y en el Congreso de la Paz, como uno de esos escenarios para pensar la paz, la guerra y el conflicto con el horizonte de encontrarnos, de ser con otrxs, de pensar un país para la vida digna, un país para quien lo habita, lo cuida, lo ama y lo protege, un país para los pueblos.

Del mismo modo venimos gestando, desde nuestro trabajo juvenil, resistencias a las formas de militarizar la vida, las relaciones y los territorios, creando opciones contraculturales y contrahegemónicas de pensar la ciudad y el país, y ese camino, como lo hemos dicho siempre que tenemos la oportunidad de hacerlo, queremos caminarlos junto a uds., para ser cada día más en la construcción del poder del pueblo.
Sin más antesalas, pues, les damos la palabra a nuestrxs invitadxs.

Related Link: http://www.cilep.net/Co-ponencia%20Catedra%20Paz.pdf
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