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[Palestina] 1936-1939: Una gran rebelión saboteada

category mashriq / arabia / iraq | historia | opinión / análisis author Sunday May 02, 2010 07:11author by Nico P. (AL 77) - Alternative Libertaire Report this post to the editors

[Extraído del dossier especial del número de febrero 2010 de la publicación mensual Alternative Libertaire].

El conflicto no empezó en 1948. La gran rebelión árabe de 1936-1939 fue el primer movimiento popular palestino contra el colonialismo británico y sionista. Rebelión innovadora, fue conducida a un punto muerto por los partidos burgueses.
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La inmigración sionista en la Palestina otomana comenzó desde finales del siglo XIX. Acentuándose considerablemente a partir de la declaración de Balfour de 1917, en la cual la corona británica prometía a los sionistas que, de poner sus manos sobre Palestina, favorecería la implantación de “una colonia nacional judía”. Esta transacción lleva muy bien las marcas de su tiempo: una época en la que corretear negros y árabes fuera de sus territorios para instalar blancos no escandalizaba a muchos.

Cuando, más de 20 años después de Balfour, estalla la rebelión, Palestina ha cambiado de rostro. Ha pasado de ser un Estado feudal a ser un capitalismo naciente, con el ascenso del poder económico de los sionistas. Entre 1933 y 1935, 150 000 judíos han inmigrado a Palestina, alcanzando al 29.6% de la población. El invasor británico colabora tanto con las elites árabes como con la ocupación sionista, siempre manteniendo sus compromisos con estos últimos: favorece una inmigración judía de sustitución que deba permitir la exclusión del proletariado árabe. Mientras tanto, con la colonización de zonas rurales, los campesinos árabes son arrojados de sus tierras, y muchos emigran a las ciudades en búsqueda de un trabajo cada vez más escaso. La tensión social no hace, entonces, más que aumentar, y la consigna “el trabajo para los judíos” va acompañada de tendencias fascistas entre los colonos.

En las ciudades, el naciente movimiento obrero palestino debe, además del imperialismo británico, enfrentar a dos enemigos: por un lado la Haganah, organización paramilitar sionista que pronto se convierte en una fuerza sustituta del ejercito británico, y por otro lado a los caciques clérigo-feudales palestinos, que asesinan en ocasiones a los sindicalistas problemáticos. La única organización internacionalista es el Partido Comunista de Palestina (PCP), que se asume multiétnico, aún cuando la mayor parte de sus dirigentes son judíos. Sin embargo, perseguido, fracasa al no echar raíces en la clase obrera árabe. Esto se pagara muy caro con el estallido de 1936, cuando la representación del movimiento nacional será monopolizado por las elites clérigo-feudales.

Al-Qassam cae con las armas en la mano

La rebelión de 1936 no explotó como una tormenta brusca en un cielo tranquilo. Sucede tras muchos años de manifestaciones, huelgas y violencia inter-confesional.

El 19 de noviembre de 1935, el jefe de un grupo armado nacionalista que pronto se convertirá en una leyenda, Cheikh Izz al-Din al-Qassam, es asesinado en un enfrentamiento con los británicos. Su muerte provoca una toma de conciencia entre la población árabe, y los problemas se profundizan.

La ciudad de Jaffa se levanta y, el 21 de abril de 1936, lanza un llamado a la huelga general. En los pueblos y ciudades, se crean comités de huelga y se convoca a un congreso el 7 de mayo del cual surgen tres reivindicaciones principales: alto a la inmigración judía, prohibición a la venta de tierras, y al otorgamiento de la independencia. Al mismo tiempo, el congreso confía la dirección del movimiento a una coalición de partidos representantes de la burguesía mercantil y de las viejas élites clérico-feudales: el Alto Comité Árabe, presidido por el gran Mufti de Jerusalén.

Sin embargo, la dirigencia, preocupada por preservar sus intereses de clase, temen menos al invasor británico que a un movimiento popular que obstaculice sus habitual colaboración. Los británicos tienen plena conciencia de esto, y manipulan a estos adversarios indecisos.[1]

Un mes después de la convocatoria a la huelga, los palestinos dejan de pagar impuestos, y se paralizan los transportes públicos, los puertos, la educación, la justicia, las municipalidades, y muchos otros sectores. Los campesinos se unen a las guerrillas creadas por los partisanos de Al Qassam. El ducto Kirkouk-Haifa es saboteado, así como las vías ferroviarias.

La keffieh, símbolo de la rebelión.

Al cabo de 173 días, y a pesar de las circunstancias, el Alto Comité árabe llama a terminar con una huelga que no había comenzado, para entrar en negociaciones con los británicos. Por su parte las guerrillas suspenden los combates. Pero esta experiencia ya había sacudido a la sociedad palestina. Como lo escribe el historiador Elías Sanbar, “durante 6 meses los palestinos habían vivido, con sus posibilidades, contradicciones y sus formas sociales especificas, un periodo único, una especie de preludio a una patria libre del colonialismo”[2]. Los lazos entra la ciudad y el campo se estrecharon, vista ya la importancia del campesinado en la insurrección; los citadinos adoptan sus atuendos, como la keffieh y el agal, de tal forma que un campesino que llegara a la ciudad, no pudiera ser hostigado por las autoridades. La keffieh se convierte así en símbolo de la resistencia.

En noviembre, la insurrección da lugar a las negociaciones. Londres envía mediadores. Pero estos concluyen, en julio de 1937, que la solución es desmembrar Palestina, creando dos Estados, uno judío y uno árabe. Los sionistas, evidentemente, aceptan. El Alto Comité árabe no puede más que rechazar la propuesta.

Los sionistas, sustitutos de los británicos

La violencia arrecia nuevamente por tres años. En esta segunda parte de la insurrección, la Haganah se transforma en fuerza sustituta del ejército británico. De esta manera fue entrenada y armada, con lo cual proveerá de cuadros al ejército israelita en 1948.

El balance humano de esos cuatro años es terrible: 200 británicos asesinados, junto a 500 judíos y 5.000 árabes. Más de 9 mil árabes son encarcelados. En relación a la población de la época, es una cifra enorme. En el contexto de Gran Bretaña, habría representado unos 200.000 muertos y 1.220.000 detenidos. Fueron necesarios tres años de operaciones y de esfuerzos considerables para asfixiar una rebelión, que desde el inicio, estaba mal estructurada. Su fracaso, fuera de la desigual relación de fuerzas, es el fracaso de una dirección arcaica – el gran mufti terminará, de hecho, refugiado en la Alemania nazi.

La debilidad del movimiento obrero internacionalista no permite crear a tiempo un puente con el proletariado judío, ni de incidir en el movimiento popular palestino. A pesar de esta derrota, la gran rebelión de 1936, debe ser, para la población palestina, un evento fundador de su larga marcha hacia la emancipación.

Nico P. (AL 77)


NOTAS

[1] Ghassan Kanafani « La révolte de 1936-39 en Palestine », Affaires palestiniennes n°6, janvier 1972.
[2] Elias Sanbar, Les Palestiniens dans le siècle, Gallimard, 2001.


De la muerte de Al Qassam hasta el fin de la insurrección.

19 de noviembre 1935- El guerrillero nacionalista Al-Qassam es asesinado por el ejército británico.

12 de abril de 1936 –Formación del Alto Comité Árabe. Coalición de caciques presidido por el gran muftí.

12 de abril –Llamado a la gran huelga general por la población en rebelión de Jaffa.

7 de mayo – 150 delegados árabes se reúnen en congreso reclamando el alto a la inmigración judía y la independencia.

15 de mayo –Inicio de la huelga de los impuestos.

23 de mayo –Represión selectiva, arresto de 63 huelguistas, mientras que los lideres moderados ligados al muftí no son molestados.

18 de junio – El ejercito británico dinamita 220 casa judías en Jaffa, lanzando a la calle a 6 mil personas.

19 de junio –Londres estima que hay “una vinculación orgánica entre los intereses británicos y el éxito del sionismo en Palestina”.

30 de septiembre -20 mil soldados suplementarios son enviados a Palestina.

11 de octubre –El Alto Comité Árabe llama a levantar la huelga

11 de noviembre –Llamado a las guerrillas a detener los combates.

7 de julio de 1937 –Los mediadores de la comisión Peel preconizan la partición de la Palestina entre sionistas y árabes. El Alto Comité Árabe se niega y es disuelto por los británicos. El muftí debe huir. Los maquis se reagrupan y la rebelión comienza de nuevo, hasta que es aplastada en 1939.

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