Hace poco más de un año nacía la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), proclamada por sus corifeos como la expresión supranacional del antiimperialismo latinoamericano. Excluyendo entre sus animadores a los EE.UU. generó esperanzas en buena parte de los militantes de estas latitudes. Sin embargo, la incorporación de Colombia, de la mano de Lula, comenzó a desenmascarar la puesta en marcha de un nuevo ámbito de negocios capitalistas
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