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venezuela / colombia / workplace struggles / opinión / análisis Tuesday January 28, 2020 22:44 byViaLibre

En un país en donde son tan pocas las convenciones colectivas de trabajo y la negociación salarial por empresa o industria es tan débil, la negociación del salario mínimo nacional es una oportunidad para llegar a la mayoría precarizada y desorganizada de la clase trabajadora y proyectar una identidad obrera y popular común más allá de marcos locales y sectoriales.

El salario mínimo en Colombia decretado por el gobierno de Iván Duque para 2020 quedo en $877.803 pesos mensuales, monto que sumado el auxilio de $102.854 pesos de transporte, llega a un total de $980.657 pesos al mes y un crecimiento del 6%. El aumento general frente a 2019 fue de $49.687 pesos y en el rubro de auxilio de transporte de $5.822 pesos, para un total de $55.508 pesos de aumento bruto. Según este esquema la hora ordinaria de trabajo se pagara entonces a $3.657 pesos y el salario diario se fijará en $29.260 pesos. Este salario sin transporte, rubro que muchas empresas burlan habitualmente, implica $266.97 dólares o 240.19 euros para el tipo de cambio de mediados de enero de 2020, lo que mantiene el país como el cuarto salario mínimo más bajo de Suramérica y uno de los más regresivos y desproporcionados en comparación con el precio la canasta básica de alimentos.

El gobierno del antiguo asesor de la banca comercial Duque y su ministra de trabajo Alicia Arango, ex secretaria privada del gobierno Uribe y administradora de personal de entidades públicas con contratos precarios como Coldeportes, ICBF e IDRD, expidió el decreto de fijación salarial, tras no llegarse a ningún acuerdo en la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, fijando un aumento igual que el de 2019. En las negociaciones el gobierno había propuesto la fórmula “conciliadora” del 5.2% que luego subió ligeramente. El aumento supuestamente seria del doble de la inflación estimada por el Banco de la República para 2020, es decir el 3.4%. Sin embargo, solo el año pasado la cifra real de inflación del país fue del 3.84%, superior en un 30% a la estimada por el Banco, en un tiempo en que según el DANE la cifra de alimentos de la canasta familiar superó el 6% de acumulado en el año, y por lo tanto creció mas que el pasado incremento salarial.

Para explicar su política salarial restrictiva, el gobierno Duque explico que en el paquete de reformas que instalo para combatir el paro nacional del 21 de noviembre, incluido el proyecto de ley de la precarizadora reforma laboral del senador Álvaro Uribe Vélez, se establece una prima adicional para compensar esta situación, para trabajadores que devenguen menos de 1.5 salarios mínimos, proyecto que supuestamente habría conversado con empresarios y políticos afines. En materia económica es claro que el gobierno subordina su política salarial a su objetivo hasta ahora parcialmente fallido, de control inflacionario y la estrategia general de ajuste económico implementado por medio de la reforma tributaria.

La negociación fallida

La instancia de negociación salarial de 2019 duro todo el mes de diciembre. A su alrededor el gobierno uribista desarrollo escenarios informales de reunión bilateral con empresarios y sectores sindicales, para plantear la necesidad de llegar a un acuerdo nacional en un momento político de debilidad gubernamental y efervescencia popular causado por las grandes jornadas de protestas nacional de noviembre-diciembre.

Sin embargo, el esquema de concertación salarial volvió a fallar este año, desinflando las expectativas gubernamentales. Aunque el artículo 56 de la Constitución de 1991 estableció el mecanismo de concertación salarial anual, luego reglamentado en 1996, esta instancia sufre de fuertes limitaciones de legitimidad y participación. Desde 1997 y en los últimos 23 años de negociación, representantes patronales y obreros no han consensuado nada en 16 oportunidades y solo han concertado en 7 oportunidades, incluidas los acuerdos parciales de 2018-2019, realizados solo con los sectores menos exigentes de los sindicatos.

Las 3 centrales sindicales de tercer grado a nivel nacional, esto es: la mayoritaria Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la gobiernista Confederación General del Trabajo (CGT) y la centrista Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), así como las 2 organizaciones de pensionados, la Confederación de Pensionados de Colombia (CPC) y la minoritaria Confederación Democrática de Pensionados (CDP) que regresaron a la negociación en 2012, llegaron a la mesa con un acuerdo unificado y se mantuvieron en ese marco, algo bastante inusual para organizaciones como CGT y CDP acostumbradas a negociar a la baja y buscar malos acuerdos con la patronal. Las organizaciones sindicales pedían 8.1% de aumento y más adelante 8.0%, una propuesta que implicaba $600 pesos diarios más que lo finalmente concedido, aunque también esbozaron como elementos de agitación, la propuesta de un salario vital, que cubriera la canasta básica y se elevara a $1´500.000 pesos.

El que no se hubiera repetido el escenario de acuerdo parcial los dos últimos años entre CGT-CTC sin la concurrencia de la más representativa CUT, ni se hubieran utilizado los inflados resultados del censo sindical de 2017 para cambiar el funcionamiento de la mesa, y finalmente no se hubiera traducido en la mesa la buena voluntad que ha mostrado la organización cegetista liderada por el burócrata Julio Roberto Gómez con el gobierno Duque, obedece el significativo cambio de escenario político creado por la coyuntura de paro y protesta nacional y la exigencia masiva de la población de un mayor aumento salarial, que obligo a un marco de mayor intransigencia y unidad a las organizaciones obreras.

Los empresario agrupados en el Consejo Gremial Nacional (CGN), que son como es habitual los claros ganadores de la jornada, iniciaron planteando un 4.5% y llegaron a ofrecer 5.88%. De forma clave, los representantes patronales se mantuvieron también unidos, cosa poco común, sobre todo por parte de sectores como la Asociación Bancaria y de Entidad Financieras (Asobancaria), la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) y la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi), defensores de los salarios más bajos posibles. Como de costumbre los empresarios sostuvieron el tradicional dogma neoliberal de que cualquier aumento salarial supuestamente derivaría en aumento del desempleo y la informalidad, tesis fuertemente contrariada por la evidencia vista en la historia reciente del país y el mundo. Los voceros de las patronales señalarón una supuesta falta de voluntad de los sindicatos, que parecen entender como la subordinación de los mismos a las cortísimas propuestas patronales, saludaron con entusiasmo la decisión gubernamental y hablaron con una fuerte arrogancia de clase de un incremento sustancial y generoso, que no se advierte en ninguna parte de la realidad económica.

Es importante señalar que sus centros de pensamiento y la prensa empresarial en bloque, volvieron a agitar la regresiva idea del salario mínimo diferencial por regiones, que supondría una baja general de salarios en las zonas más pobres y un retorno a la regresiva política vigente hasta 1983, al tiempo que cerraba filas en torno a la política económica general del gobierno y proyectos claves del ajuste como la reforma laboral y sobre todo la reforma pensional.

La necesidad de movilización


La derrota de la propuesta sindical es una lucha más que se abandona si tan siquiera comenzar. Las centrales son estructuralmente débiles en la mesa de concertación donde juegan contra la coordinación económica y política del gobierno y los gremios patronales, y lo son también en el terreno de la gran prensa empresarial que defiende las políticas económicas neoliberales. Su fuerza debería estar entonces en la calle, por lo que la pequeña concentración del 10 de diciembre en Bogotá en medio de las negociaciones, enlazada con las jornadas de protesta nacional de noviembre-diciembre, es una muestra positiva de la vía de movilización por esa demanda común que las lentas y corporativistas organizaciones sindicales, ya sean concertacionistas o clasistas, que afrontan este escenario hace ya 3 décadas, se han negado a desarrollar, aunque su urgencia hoy es clara.

El periodo de negociación del salario mínimo debería ser clave para las organizaciones sindicales, pues supone un momento de discusión pública sobre la política salarial y las condiciones de trabajo donde las trabajadoras esbozan reflexiones clasistas y una perspectiva crítica sobre sus condiciones de vida, es además un periodo donde las posturas de las centrales tienen su mayor proyección mediática y pueden despertar una importante simpatía de masas y es adicionalmente un escenario donde los gobiernos dejan ver con mayor claridad sus políticas económicas y sus muy restrictivas proyecciones concretas sobre las condiciones salariales y sociales de la población. Es en general una oportunidad desperdiciada que genera una sensación de frustración entre las trabajadoras y en contraposición forja un sentido de unidad y fortaleza entre la burguesía.

En un país en donde son tan pocas las convenciones colectivas de trabajo y la negociación salarial por empresa o industria es tan débil, la negociación del salario mínimo nacional es una oportunidad para llegar a la mayoría precarizada y desorganizada de la clase trabajadora y proyectar una identidad obrera y popular común más allá de marcos locales y sectoriales. La negociación interpela de manera viva a los 2.5 millones de personas y 11% de la población asalariada que gana el salario mínimo sobre todo concentradas en el comercio y los servicios, pero es además importante para una población obrera que por absoluta mayoría y en un 80% devenga menos de dos de estos salarios, y urgente para 12 millones de personas y el 50% del total de la población trabajadora que recibe ingresos incluso menores al salario mínimo, sobre todo en las regiones apartadas del centro y para sectores como las mujeres, la juventud y la población negra.

En ese sentido pensamos que la tarea de reconstruir la organización sindical de la clase trabajadora en clave democrática, unitaria y federalista e impulsar una tendencia sindical libertaria para ese propósito, sigue siendo fundamental.

¡Arriba las que lucha!
Grupo Libertario Vía Libre

france / belgium / luxemburg / workplace struggles / non-anarchist press Thursday January 16, 2020 06:59 byRichard Greeman

The nationwide general strike in France, now entering its record seventh week, seems to be approaching its crisis point. Despite savage police repression, about a million people are in the streets protesting President Emmanuel Macron’s proposed neoliberal “reform” of France’s retirement system, established at the end of World War II and considered one of the best in the world. At bottom, what is at stake is a whole vision of what kind of society people want to live in – one based on cold market calculation or one based on human solidarity – and neither side shows any sign of willingness to compromise.

On one side, the Macron government has staked its legitimacy on pushing through this key “reform” intact as a matter of principle, however unpopular. On the other side stand the striking railroad and transit workers, who are bearing the brunt of this conflict and have already sacrificed thousands of Euros in lost pay since the strike began last December 5. After six weeks, they cannot accept the prospect of returning to work empty-handed, and they have set their sights high: withdrawal of the whole government project.

Now or Never?

This looks like a “now or never” situation. Moreover, it seems clear that the transport workers mean business. When the government (and the union leaders) proposed a “truce” in the transport strike during the sacred Christmas/New Year vacation period, the rank-and-file voted to continue the struggle, and their leaders were obliged to eat their words.

Nor are the transport workers isolated, despite the inconvenience to commuters and other travelers. They have been joined by emergency-room nurses and doctors (who have been on strike for months over lack of beds, personnel and materials), public school teachers (protesting undemocratic and incomprehensible “reforms” to the national curriculum), lawyers and judges (visible in their judicial robes), and the dancers at the Paris Opera (visible in their tutus), among the other professions joining the strike.

Strikers and “Yellow Vests” Together
Alongside the strikers, and quite visible among them, the so-called Yellow Vests (Gilets jaunes) are a crucial element. For over a year, they have been setting a “bad example” of self-organized, largely leaderless, social protest, which captured the public imagination, and through direct action in the streets, won some real concessions from Macron in December 2018. This victory impressed the rank-and-file of the French organized labour movement, which after three months of disciplined, but limited, stop-and-go strikes in the Spring of 2018, failed utterly to wring any concessions and went back to work poor and empty-handed while Macron pushed through a series of neoliberal privatizations and cuts in unemployment compensation.1

Although their numbers diminished, the Yellow Vests continued their spontaneous protests throughout 2019 despite savage government repression, distorted media coverage stressing Black Block violence, and snubbing on the part of the union leadership, but their “bad example” was not lost on the union rank-and-file. January 13th’s general strike was originally sparked last September by a spontaneous walkout by Paris subway workers, who, contrary to custom, shut down the system without asking permission from their leaders and management.

Meanwhile, the Yellow Vests, initially suspicious of the unions but isolated in their struggle with Macron, had begun to seek “convergence” with the French labour movement. Finally, at the Yellow Vest national “Assembly of Assemblies” last November, their delegates voted near-unanimously to join the “unlimited general strike” proposed for December 5 by the unions. Reversing his previous standoffishness, Philippe Martinez, head of the CGT labour federation, immediately welcomed their participation.2

Government Provocation

The January 13 intractable nationwide confrontation over retirement – a sacred cow, like Social Security in the US – is best understood as a deliberate provocation on the part of Macron, both in its form and its substance. There was no urgent reason for pension reform, nor for abolishing the venerable system outright and hastily replacing it from above with an abstract neoliberal plan based on “universality.” The pension program was not in debt, and the alleged need to replace the twenty-odd “special” retirement funds – negotiated over the years with the representatives of different trades and professions – with a single “point system” in the name of fairness, efficiency, and rationality was only a smokescreen.

In fact, these “special funds” cover only about one percent of retirees – a million or so miners, railroad workers, transit workers, sailors, ballet dancers, and such – who get to retire early because of the physically or mentally taxing nature of their specific labours. (Even if you include the four million public employees as “special,” the figure rises to under 25%). Moreover, Macron has himself recently violated this principle of “universality” by giving special exceptions to the police and army (whom he cannot afford to alienate) and the ballerinas of the Opera (whom no one can imagine toe-dancing at the age of sixty).

Behind this confusing smokescreen of “fairness to all” is an old con: equalize benefits by reducing them to the lowest common denominator. Indeed, according to independent calculations, under Macron’s point system the average pension would be reduced by about 30%. And since these “points” would be calculated over the total lifetime number of years worked before retirement, rather than on the current criterion of 75% of the worker’ best or final years, Macron’s point system would particularly penalize those whose careers were irregular – for example, women who took off years for childcare. Yet the government brazenly claims that women will be “the big winners” in this so-called reform!

A Pig in a Poke
However, the biggest con embodied in this point system is that the actual cash value of each accumulated point would only be calculated at the time of retirement. The sum in Euros would then be determined by the government then in power on the basis of the economic situation at that moment (for example in 2037 when the plan goes into full effect). Thus, under the present system, every school-teacher, railroad worker and clerk can calculate how much s/he will receive when they retire at 62 and plan accordingly (for example, opting for early retirement). Macron’s point system would leave them in total darkness until it is too late. His system resembles a gambling casino where you buy 10 chips for a certain amount (say 10 Euros each), place your bets, and later take your winning chips to the cashier’s window only to discover that your chips are now worth only 5 Euros each. Surprise! The house wins!

Today, thanks to their existing pension system, French people live on the average five years longer than other Europeans. Moreover, according to the New York Times: “In France the poverty rate among those older than 65 is less than 5 percent, largely because of the pension system, while in the United States it approaches 20 percent, according to the Organization for Economic Cooperation and Development. In France, life expectancy is increasing, while in the United States it is diminishing in significant sectors of the population.” And although the pro-government French media have presented Macron’s confused and confusing reform in the best possible light, it is a hard sell. So why change it?

Not an Ordinary President
When Emmanuel Macron took power in 2017, he vowed he would not be “an ordinary president.” From the beginning he has openly proclaimed his iron determination to revolutionize French society in order to bring it into line with the neoliberal Thatcher/Reagan revolution of the 1980s, and his methods have been authoritarian. He has imposed his program of privatizations and counter-reforms from above, mainly by decree, deliberately circumventing negotiations with “intermediate bodies” like the parliament, the political parties, the local authorities, and above all, the labour unions, who have traditionally been the “social partners” (official designation) of government, along with the employers’ associations (who are Macron’s main base of support).

Backed by the mainstream media (controlled by the government and three big corporations), Macron has so far been largely successful in steam-rolling through his neoliberal program, openly designed to improve French “competivity” (i.e., corporate profits) by lowering living standards (thus increasing inequality). If successful, his proposed “reform” of pensions would open the gates to his ultimate goal, the “reform” of France’s socialized healthcare system (Medicare for all), already on the road to privatization.

Naturally, all these moves have been unpopular, but until now, Macron, whose executive style has been characterized as “imperial,” has been successful in dividing and destabilizing his opposition – if necessary, through massive use of police violence. This has been the fate of the spontaneous movement of Yellow Vests, who have been subjected to routine beatings and tear-gas attacks as well as hundreds of serious injuries (including blindings, torn-off hands, and several deaths) – all with police impunity and media cover-ups. Now the government’s savage repressive methods – condemned by the U.N. and the European Union – are being applied to strikers and union demonstrators traditionally tolerated by the forces of order in France.

This repression may turn out to be like throwing oil on the flames of conflict. On January 9, at the end of the peaceful, legal mass marches (estimated half-million demonstrators nationwide), members of the particularly brutal BAC (Anti-Criminal Brigade) in Paris, Rouen and Lille were ordered to break off sections of the marches, surround them, inundate them with teargas, and then charge in among them with truncheons and flash-ball launchers fired at close range, resulting in 124 injuries (25 of them serious), and 980 sickened by gas.

These brutal attacks, which focused particularly on journalists and females (nurses and teachers), were captured on shocking videos, viewed millions of times on YouTube, but pooh-poohed by government spokesmen. Far from discouraging the strikers, this deliberate violence may only enrage them. And, what with the “bad example” of the Yellow Vests, the labour leaders may not be able to reign them in.

The Center Cannot Hold
Why is Macron risking his prestige and his presidency on this precarious face-off with the labour leadership, traditionally viewed as the compliant hand-maidens of the government on such occasions? Historians here recall that in 1936 Maurice Thorez, leader of Communist-affiliated CGT (General Confederation of Workers), brought the general strike and factory occupations to an end with the slogan “We must learn how to end a strike” and that at the Liberation of France in 1945, the same Thorez, fresh from Moscow, told the workers to “roll up your sleeves” and rebuild French capitalism before striking for socialism. Similarly, in 1968, during the spontaneous student-worker uprising, the CGT negotiated a settlement with De Gaulle and literally dragged reluctant strikers back to work.

Not for nothing are today’s government-subsidized French unions officially designated as “social partners” (along with government and business), yet Macron, loyal to neoliberal Thatcherite doctrine, has consistently humiliated the CGT’s Martinez and the other union leaders, and excluded them – along with the other “intermediary bodies” – from the policy-making process.

Something’s Got to Give
France’s “not-an-ordinary-President” has from the beginning remained consistent with his vision of an imperial presidency. Although seen by many abroad as a “progressive,” Macron, like Trump, Putin, and other contemporary heads of state, adheres to the neoliberal doctrine of “authoritarian democracy,” and he is apparently willing to stake his future, and the future of France, on subduing his popular opposition, particularly the unions, once and for all.

Thus, what is at stake today is not just a quarrel over pension rights, which would normally be negotiated and adjudicated through a political process including political parties, elected representatives, parliamentary coalitions, and collective bargaining with labour, but a question of what kind of future society French people are going to live in: social-democratic or neoliberal authoritarian. The seasoned Paris bureau chief of the New York Times, Adam Nossiter, put it simply in his revealing January 9 article: “A fight between the rich and the poor amplified by 200 years of French history.”

A technocrat and former Rothschild banker, Macron rose to power unexpectedly in 2017 when the traditional Left and Right parties fell apart during the first round of the presidential election, leaving him alone as the lesser-of-two-evils candidate in a face-off with the proto-fascist National Front of LePen. Considered “the President of the rich” by most French people, Macron must remain inflexible because he has nothing behind him but the Bourse (Stock Exchange), the MEDEF (Manufacturers’ Association), and the police.

Second Thoughts

On the other hand, as the struggle enters its seventh week, it occurs to me that if this were a true general strike, if all the organized workers had walked out on December 5, if the railroads, the subways, the buses, the schools, and the hospitals – not to mention the refineries and the electrical generators – had been shut down, it would all have been over in a few days.

But this is not the US where in September-October 2019, 48,000 members of the United Auto Workers shut down 50 General Motors plants for more than six weeks, and where not a single worker, not a single delivery of parts, not a single finished car crossed the picket lines until the strike was settled.

In France, there are no “union shops,” much less closed shops, few if any strike funds, and as many as five different union federations competing for representation in a given industry. Here, picket lines, where they exist, are purely informational, and anywhere from 10% to 90% of the workers may show up on the job on any given day during a strike. Today, for example, seven out of ten TGV high-speed bullet-trains were running as many railroad workers returned to the job to pay their bills while planning to go back on strike and join the demonstrations later in the week. How long can this go on?

“When an irresistible force meets an immovable object, something’s got to give,” goes the old saying, and a showdown seems to be in the offing. With his arrogant intransigence over the retirement issue, Macron is apparently risking his presidency on one throw of the dice. Only time will tell. And Macron may be betting that time is on his side, waiting for the movement to slowly peter out so as to push through his reforms later in the Spring.

Update: French Prime Minister Edouard Philippe’s much ballyhooed January 12 declaration of a “provisionary” withdrawal of his proposal to extend the “pivotal” age of retirement from 62 to 64 is yet another smokescreen designed to divide the opposition and further prolong the struggle, as suggested above.

Although denounced as such by the CGT and other striking unions, the government’s promise was immediately accepted by the openly class-collaborationist (“moderate”) CFDT union, to their mutual advantage. The CFDT will now be included in the negotiations over the financing of the proposed point system, which the CFDT, having collaborated with previous governments in earlier neoliberal reforms, supports.

Philippe’s declaration is obviously an empty promise, as there are only two ways of increasing the retirement fund: either by extending the number of years paid in or by increasing the amount of annual contributions, which are shared by labour and management. And although labour has signaled its willingness to raise its dues, the MEDEF (manufacturers’ association) has adamantly refused to pay its share, ruling out the obvious solution to this manufactured crisis. Even if the official “pivotal” retirement age is retained, if the value of their pensions is reduced, employees will be obliged to continue working past age 62 in order to live. •

Endnotes

For details on 2018 strikes, please see my “French Labour’s Historical Defeat; US Teachers’ Surprising Victories.”
Please see “French Unions, Yellow Vests Converge, Launch General Strike Today” by Richard Greeman.
aotearoa / pacific islands / workplace struggles / interview Saturday January 11, 2020 12:19 byAWSM

Here Aotearoa Workers Solidarity Movement (AWSM) offers the first of what we hope will become an ongoing series of interviews with workers from various sectors who are having their well being and livelihoods damaged. We begin with an educator in Southland, South Island. Due to the attitude and actions of his employers, he has asked to remain anonymous.


AWSM: Thanks for agreeing to this interview would you like to tell us something about your work.

WORKER: Hi, I’m an educator with adults, young and the not so young, looking to upskill their literacy

AWSM: Do you enjoy your work?

WORKER: Immensely. It’s making a useful contribution to society, and while I am aware really the main demands of my job are to make people fit for capitalism in terms of being upskilled to join the employment force, l like to embed a lot of critical thinking skills around for example, checking sources of news articles and what bias may come from them, interpreting the difference between facts and opinions, and seeing through advertising. In this way I like to think at least I’m giving people tools to deal with the capitalist media system, or at least attempting to.

AWSM: Is there anything you don’t like?

WORKER: Well yes, my terms and conditions leave a lot to be desired. For example, I was on a contract for a maximum of 20 hours, but if I had no students I had no pay. So in reality because of the vagaries of the people we teach, who often have chaotic lifestyles, my hours could vary anywhere between 10 and 20 in a given week, so obviously my pay reflected this. Also we have to take leave around the school holidays. So effectively, because you can’t earn enough annual leave to cover this amount you are without pay for around 8-10 weeks a year.

AWSM: Is the pay good?

WORKER: On paper it looks ok. I won’t go into the exact figures, but it is $30+ an hour and seems generous. The reality however is very different. I get paid what is known as an inclusive rate. This means I get deductions for my holiday pay, which I know isn’t that unusual, but also I have to pay the kiwisaver employer contributions out of my pay, which was a new thing for me and totally surprised me as I didn’t even know that was a thing. Also we don’t get paid for any time we spend preparing lessons or marking, and it is expected we are in the building at least half an hour before any class that we are teaching starts. Another thing that winds me up is once a month we are expected to attend staff meetings, without pay, that can drag on for over 2 hours, thanks to two managers who will talk and talk interminably about nothing much – of course they will be getting paid as they enjoy the luxury of 40 hour contracts.

AWSM: In the previous question you said you were on a contract with a maximum of 20 hours, did this change?

WORKER: Yes, at the end of Term 2 last year I was asked if I would like to take on a new course that involved 40 hours per week teaching. I accepted and they put me on a salaried contract which actually saw my pay drop by about $8 per hour. The course actually involved a lot more than 40 hours a week with gathering resources and marking, and of course, such is the lot of a salaried worker, you don’t get overtime – but of course if you ever leave early then it is seen as theft of time. I got reprimanded once for leaving an hour early for a doctors appointment – this having worked for the previous 4 saturdays above my 40 hours to catch up with my workload.

AWSM: Things like that must drive you mad?

WORKER: Honestly, I have been in the workforce for a long time now and I have no expectation of being treated differently. I really don’t think I have ever had a boss who I had any respect for and would treat you decently.

AWSM: Are you still on that contract now?

WORKER: No. As soon as my course finished they put me back on a 20 hour/Zero hour contract. Presumably so they don’t have to pay me fully for public holidays. When I return at the beginning of next term I will be offered the 40 hour contract again.

AWSM: How do your colleagues view their working conditions?

WORKER: No-one really talks about it. I try and get others involved in conversations but they really don’t want to rock the boat at all.

AWSM: Have you ever suggested organising your workplace?

WORKER: Ha, yes, and the response was mostly bemused looks. The place I work is one branch of a nationwide organisation and I tried reaching out to others around the country. The company has an intranet with a messaging service as part of it. I tried to start a topic on there to see how other tutors felt about the working conditions. It literally lasted less than half an hour and was taken down by management at the head office, followed by a phone call from the CEO to my line manager to tell her to have a word with me not to do this again. A few of us did start up a Facebook group to chat away from the eyes of management, and they were eager to try and organise, but they all found better jobs and left before we got very far.

AWSM: Thanks for chatting to us, is there anything else you would like to add?

WORKER: Not really, I think you can see what I have to put up with, but the saddest part is that it’s not unusual to have such poor conditions. A lot of the people I teach get seasonal work in the local pack houses. They are mostly on zero hour contracts, and can be called in or cancelled with very little notice. At busy periods they can work 14 hours a day for over 7 days at a time. I think that a whole generation has grown up since the economy was given a dose of neo-liberalism, and they can’t really remember a time anymore when proper contracts with decent conditions were considered the norm. The working conditions they have now are just seen as the way things are. Hopefully, one day things will change as people get pushed ever harder for less return.

END
argentina/uruguay/paraguay / workplace struggles / other libertarian press Tuesday December 31, 2019 01:37 byConfederación General del Trabajo

Desde la CGT defendemos los Servicios Públicos de calidad para todas las personas, así como el empleo estable, digno y compatible con la vida personal. Es por ello que apoyamos las movilizaciones de las trabajadoras y trabajadores que desempeñan sus funciones en los Servicios Públicos Municipales en Rosario (Argentina) hasta que no sean recibidos por la municipalidad con soluciones concretas.

Hasta entonces, y ante la falta de diálogo de la municipalidad, realizarán cortes simultáneos por tiempo indeterminado a partir del próximo lunes 30 de diciembre.

Denunciamos la externalización de las plantillas en subcontratas que desvinculan a las y los trabajadores de las empresas municipales responsables de los Servicios Públicos que mantiene la clase trabajadora.

Esta externalización genera desigualdades en los derechos laborales entre las plantillas públicas y privadas, bajada de salarios y falta de contratos estables, es decir, precariza el trabajo y la vidas de las personas que trabajan en los Servicios Públicos.

¡Por unos Servicios Públicos de calidad para todas las personas!

¡Por la reincorporación inmediata de las y los trabajadores del Estado en la Sección de Rosario!

¡Pase a planta ya!

Sandra Iriarte

Secretaría de relaciones internacionales de CGT
francia / bélgica / luxemburgo / workplace struggles / entrevista Sunday December 29, 2019 22:49 byBlack Rose Anarchist Federation

Mientras los trabajadores franceses lanzaban una huelga general cerrando las principales ciudades con manifestaciones masivas, presentamos esta entrevista sobre la situación actual con un miembro de la Unión Comunista Libertaria (UCL). Que se fundó a mediados de 2019 con la fusión de las plataformas de grupos Alternativa Libertaria y Coordinadora de Grupos Anarquistas. Esta entrevista ha sido editada para mayor claridad. [English]


¿Cuándo comenzó esta huelga general y cuales son sus motivos?

UCL: A mediados de septiembre, los trabajadores del metro de París lanzaron una poderosa huelga de 24 horas. Esto animó a una gran parte de la clase obrera y decidieron iniciar una huelga ilimitada a partir del 5 de diciembre de otros sectores, como los ferroviarios, empezaron a llamar a la huelga en esa fecha. Finalmente, todos los sindicatos, excepto la central reformista CFDT, que está a favor del gobierno, llamaron a la huelga el 5 de diciembre y ya estaba claro que algunos sectores no volverían a trabajar después de esa fecha.

El tema principal al que se oponen los sindicatos es la reforma de las pensiones. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el sistema de pensiones se basa en la solidaridad entre generaciones y en sistemas específicos en algunos sectores. Este sistema de solidaridad no es perfecto pero es la consecuencia de grandes luchas y sacrificios de los trabajadores durante y después de la guerra. Gobiernos anteriores ya habían intentado propuestas similares, como en 2003 o 2010. Y también hubo grandes luchas durante estos tiempos. Pero ahora el presidente francés Emmanuel Macron y los empresarios que lo respaldan están dispuestos a poner en marcha un cambio completo del sistema. El objetivo es borrar todas las conquistas de los diversos sectores de la clase obrera y bajar las pensiones en general. Pero, por supuesto, la desconfianza va más allá de la reforma de las pensiones: ahora está claro que Macron gobierna para los patrones y los ricos, particularmente después de un año del levantamiento de los Chalecos Amarillos y algunas otras reformas realizadas como la del desempleo.

BRRN: ¿Cómo se relacionan estos cambios propuestos para el sistema de pensiones con otras reformas iniciadas o propuestas por el gobierno de Macron?

UCL: Macron es un novato en política. Aunque se formó de la misma forma que otros políticos - en "Grandes Escuelas" como E.N.A (Colegio "Normal" de Administración) - dice no molestarse con las viejas recetas. Con esto no quiere decir que sea una especie de socialista de nuevo cuño. Lo que quiere decir con esto es que no le importa cuál sea el status quo, o cuáles los compromisos históricos alcanzados entre los trabajadores/patrones y los trabajadores/Estado, aplicará su visión de un neoliberalismo idealista donde los nuevos empresarios son los nuevos líderes y la solidaridad es sólo una palabra vacía.

De esta manera, encontró aliados estratégicos en la patronal y en los altos cargos de la administración. En general, ha favorecido a los ricos desde el momento mismo de su llegada al poder, suprimiendo los impuestos sobre la riqueza, liberalizando sectores clave (liberalizó el sistema de transporte de personas al ser Ministro de Economía), suprimiendo los derechos de los exiliados y los desempleados, etc. Pero una moneda tiene dos caras y esto no puede funcionar sin el aumento de la represión para los pobres cuando protestan. En un año de los Chalecos Amarillos, ha habido cerca de 11.000 personas detenidas por su participación en este movimiento social, miles fueron heridas y/o condenadas. Un periodista que se ha centrado claramente en el trabajo policial durante el último año dice que la policía ha causado tantos heridos (ciegos y mutilados de un ojo) como en los últimos 20 años de movimientos sociales - incluyendo grandes movimientos sociales y disturbios como el levantamiento de las banlieues en 2005 [levantamiento de jóvenes mayoritariamente norteafricanos en los suburbios de París en torno al desempleo y el racismo] y la reforma de la CPE en 2006 [intento de introducir un proyecto de ley de empleo juvenil que creara salarios más bajos y menos protecciones].

Pero hay que tener claro que Macron no es el problema en sí mismo. Es la nueva cara que permite a los librecambistas acelerar la aplicación de su política y esto es sólo un paso más en la misma dirección que los gobiernos anteriores, tanto de derechas como de izquierdas.

BRRN: ¿Qué sectores están más comprometidos con la huelga?

UCL: Evidentemente, los trabajadores del metro de París y de los ferrocarriles son los más comprometidos con la huelga. El sector ferroviario ha sido un bastión muy fuerte de la clase obrera en Francia desde hace décadas y está directamente afectado por la reforma, ya que tienen un régimen de pensiones concreto que defender.

El sector de la electricidad también está bastante activo por las mismas razones, cortando la energía a las estaciones de policía y a las instituciones oficiales.

Pero también hay otros sectores que se involucraron en la lucha anteriormente. El sector de la salud ha estado luchando durante los últimos seis meses, especialmente en los servicios de emergencia de los hospitales estatales. Los bomberos también tuvieron un gran paro nacional en noviembre y fueron reprimidos en París por los antidisturbios mientras se manifestaban, lo que fue un gran escándalo ya que son muy populares y no se les puede acusar de ser saqueadores y matones. Los trabajadores de la radio estatal iniciaron una huelga a finales de noviembre por cuestiones de empleo local y de gestión. Fue muy fuerte los primeros días, luego disminuyó y a partir del 5 de diciembre se ha reforzado.

También hay huelgas importantes en el transporte urbano de diferentes ciudades y en el sector de la educación.

BRRN: ¿Se han comprometido los movimientos sociales, como el de los "gilets jaunes" [el movimiento de los chalecos amarillos], a apoyar las acciones de huelga?

UCL: Hubo muchos bloques y colectivos diferentes en las manifestaciones del 5 de diciembre. Hemos visto bloques antirracistas y de migrantes (con o sin afiliación sindical), bloques feministas, bloques climáticos, un bloque en apoyo de un "levantamiento internacional" en París con camaradas de todo el mundo. Creo que podemos decir que el 5 de diciembre, todos los que están involucrados en un movimiento social estaban en las calles.

El movimiento de los Chalecos Amarillos en sí mismo no es tan fuerte como el año pasado. Desde entonces, se ha producido un año de represión, aclaración política y conflictos interpersonales. Pero los que se mantienen activos están ciertamente muy comprometidos en la lucha, bloqueando las carreteras, los depósitos de transporte urbano y la entrada de grandes fábricas, animando los bloques amarillos en las manifestaciones y acciones de ese estilo. La situación es muy diferente entre una ciudad a otra, pero en general la gente se conoce mejor, por lo que se puede producir un diálogo relativo entre las estructuras tradicionales de la clase obrera y el movimiento de los Chalecos Amarillos, aunque las críticas contra la apatía de los sindicatos sigue siendo un tema importante en los discursos de los Chalecos Amarillos.

BRRN: ¿De qué manera los militantes de la UCL han participado en la actividad huelguística?

UCL: Una parte importante de los militantes de UCL son trabajadores y activistas sindicales de los sectores más importantes de la lucha, como el ferroviario y el de la educación. Así que la primera acción que tenemos es informar a nuestros compañeros, animar la huelga y asegurar en la medida de lo posible la auto-organización de la huelga por parte de los trabajadores. Sostenemos que la única manera de ganar la lucha es con la auto-organización ya que permite la creatividad y la apropiación de la huelga por parte de los trabajadores. Y que no debemos volver al trabajo antes de que se retiren las medidas.

Algunos de nosotros también militamos en los colectivos y asambleas de los Chalecos Amarillos y tratamos de crear puentes con otros sectores de la clase obrera. También intentamos aparecer como socialistas libertarios en manifestaciones, distribuyendo folletos y pegatinas, vendiendo nuestro periódico y compartiendo y defendiendo nuestro análisis revolucionario, y participando en diferentes acciones para ampliar la huelga y hacerla más eficiente, como con bloqueos, apoyo de partidos, etc.

BRRN: Por favor, describe la situación local en tu región y lo que has presenciado.

UCL: Mi ciudad es de tamaño medio para el contexto francés - es decir, alrededor de 200.000 habitantes - y con un ambiente muy popular y de clase trabajadora. Sin embargo, en general no es una de las ciudades más famosas por sus manifestaciones y actividad política y algunos izquierdistas pueden incluso bromear sobre lo aburrida que es mi ciudad.

El jueves 5 de diciembre, sin embargo, tuvimos un número histórico de personas en la manifestación. Los sindicatos hablaron de unas 18.000 personas. En un momento dado, estaba esperando el bloque de Solidaires [un sindicato alternativo, en el que participan muchos militantes de la UCL], ya que pensaba que era el final de la manifestación. Resultó ser sólo la mitad de la misma. ¡Y no eran como una docena como de costumbre, sino varios cientos!

Antes de nada, nos levantamos muy temprano para ir con otros camaradas a apoyar una acción de los Chalecos Amarillos frente al depósito de la compañía de transporte urbano. Luego nos movimos con unas 60 personas para bloquear la entrada de la fábrica de Renault (una de las principales fábricas de la ciudad) con pallets, madera y contenedores de basura. La CGT [el sindicato dominante y más grande de Francia] local allí se unió. En el camino, nos encontramos con un grupo de trabajadores que estaban en huelga por cuestiones locales e iniciamos el contacto con el sindicato ya que dependen del mismo sector. ¡Alimentaban el fuego de su piquete con parachoques de Renault que tenían en el almacén de su empresa!

Luego tuve que dirigirme a la asamblea general del sector educativo. Antes tuvieron una pequeña reunión, así que llegaron unas 300 personas como manifestación, fue muy poderoso. Tomamos el salón de deportes ya que era el único lugar cerca del punto de partida de la manifestación que podía reunir a tanta gente. Más de 110 escuelas primarias estuvieron completamente cerradas durante el día, lo que nunca antes se había visto hasta donde yo sé. Discutimos muy seriamente la posibilidad de renovar la huelga y mucha gente que no conocíamos de antes se comprometieron en la lucha para los días siguientes a partir de ese momento. En mi ciudad, a diferencia de otras, la mayoría del sector educativo no optó por renovar la huelga al día siguiente, pero la gente sigue en el movimiento. De nuevo el martes, éramos 250 en la asamblea general y esta vez éramos más personas dispuestas a participar en una huelga ilimitada [en curso].
En el sector ferroviario, la huelga fue y sigue siendo muy fuerte y nadie se cuestionó seguir con la huelga en los días siguientes. Votaron como uno solo.

A continuación fui a una reunión local que habíamos propuesto como militantes locales de la CGT por primera vez en la zona industrial donde trabajo. Recuerdo que teníamos miedo de que nadie viniera pero al final, cuando nos fuimos, éramos tres veces más de lo que esperábamos al principio y llegamos aún más pues la gente se nos unía en el camino.

Los días siguientes, tuvimos protestas tanto el viernes como el sábado, lo que normalmente nunca sucede en mi ciudad. Eran pequeñas manifestaciones, en su mayoría activistas, con chalecos amarillos y trabajadores del sector ferroviario (y de la educación), pero aún así era una buena señal. Entonces, hubo arrestos y tuvimos otro gran día de huelga que no estaba preparado el martes. Nadie sabía que podíamos esperar, ya que habíamos preparado el 5 de diciembre durante un mes y medio y el martes no estaba previsto, así que no estábamos seguros de que se presentara mucha gente. Al final, fuimos unas 8.000 personas, lo cual es muy bueno y todavía inusual para el tamaño de mi ciudad. La próxima manifestación es mañana y la más grande está planeada para el día 17, así que deberíamos tener tiempo para prepararla. El reto ahora es llevar al sector de la educación a una verdadera huelga indefinida que podría durar hasta las vacaciones de Navidad, lo que podría ser una muy buena señal para el resto de la sociedad. Mientras tanto, los trabajadores del ferrocarril se mantienen, aunque diciembre es el peor mes para ir a la huelga con las fiestas y todo. Pero una parte importante de la población está dispuesta a luchar.

El primer ministro de Macron, Edouard Phillipe, pronunció un discurso hoy [11 de diciembre] y logró ponerse del lado equivocado del único seudo-sindicato que apoya la reforma y probablemente también llamarán a una huelga en los próximos días. No confiamos en ellos en absoluto, pero representan a la clase obrera alta favorable a los liberales y puede polarizar aún más a toda la sociedad contra la reforma y el gobierno.

BRRN: ¿Tienes algún mensaje para los militantes dentro de Estados Unidos que están viendo lo que está pasando en Francia?

UCL: Aunque no tenemos mucho tiempo para concentrarnos en el trabajo internacional en estos días, puedo adivinar fácilmente que Trump es feliz de que su rival Macron reciba un empujón. Pero seamos claros: nos iría mucho peor con él en el poder porque es aún más arrogante que Macron, ¡y eso es toda una hazaña!

En serio, Francia tiene muchos intereses económicos con los Estados Unidos. Francia exportó en 2016 a los Estados Unidos unos 32.600 millones de euros [unos 40.000 millones de dólares estadounidenses].

El mejor consejo que podría darles es que primero ganen sus propias luchas, que refuercen sus organizaciones y contrapoderes para que un día podamos derrocar este sistema capitalista y el Estado. Sé que la situación actual no es la mejor para ser optimista en los EE.UU., pero como dijo un gran antepasado nuestro un día en esa parte del globo: ¡No se lamenten! Organícense!

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