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iberia / workplace struggles / opinión / análisis Sunday July 14, 2019 19:10 byJosé Luis Carretero Miramar

El despliegue de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral ha generado enormes expectativas y una sostenida alza de la productividad del trabajo. Las nuevas tecnologías están revolucionando la sociedad del capital, aunque no queda aún claro si podrán constituir una sacudida lo suficientemente fuerte para remontar el bloqueo en la acumulación que dio lugar a la crisis sistémica del 2007 y que no ha podido ser resuelto del todo con la flexibilización cuantitativa y la austeridad, generando un nuevo ciclo de desarrollo.


NUEVAS TECNOLOGÍAS EN EL TRABAJO. EL PANÓPTICO LABORAL.

El despliegue de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral ha generado enormes expectativas y una sostenida alza de la productividad del trabajo. Las nuevas tecnologías están revolucionando la sociedad del capital, aunque no queda aún claro si podrán constituir una sacudida lo suficientemente fuerte para remontar el bloqueo en la acumulación que dio lugar a la crisis sistémica del 2007 y que no ha podido ser resuelto del todo con la flexibilización cuantitativa y la austeridad, generando un nuevo ciclo de desarrollo.

Sus límites parecen inscritos en el despliegue cada vez más acusado de la crisis ecológica en ciernes, en la dificultad para valorizar sus avances, que muchas veces parecen pensados para una sociedad otra, centrada en lo común y en lo distribuido, lo que ha dificultado su conversión en plusvalor en los últimos decenios, pese los crecientes desarrollos gerenciales en la transformación de la experimentación tecnológica de masas en beneficios superlativos para las grandes tecno-com, por la vía de la comercialización de los datos, etc. Y, también, por las crecientes tensiones geopolíticas que acompañan su despliegue en un mundo cada vez más multipolar y donde se está ensayando el regreso a una dialéctica de “guerra fría” entre el Centro imperial norteamericano y sus emergentes rivales globales. Una guerra de nueva generación en la que la tecnología juega un papel fundamental como ponen de manifiesto affairs internacionales como el de Huawei.

En este escenario, por ejemplo, China calcula que su sector productivo dedicado al desarrollo de la inteligencia artificial podría alcanzar un valor de 150.000 millones de dólares para 2030. Un jugoso botín que la Administración Trump pretende restituir a las empresas tecnológicas e industriales norteamericanas, por la vía de una guerra comercial sin cuartel que está poniendo en riesgo la estabilidad del conjunto del proceso de acumulación capitalista global

Por otra parte, esta mutación acelerada del entorno productivo mediante la tecnología implica fuertes contrapartidas en lo que tiene que ver con el respeto a los derechos civiles en el gigante asiático y, muy probablemente, pronto (si no está sucediendo ya de manera no regulada) en nuestro propio bloque occidental: China ya alberga gran parte de las empresas de reconocimiento facial del mundo. SenseTime, por ejemplo, con una valoración de más de 4.500 millones de dólares, diseña software capaz de analizar imágenes de una red de cámaras de seguridad de ámbito nacional (y recordemos que quiere decir “ámbito nacional” en China). Start-up Face++, valorada en más de 1.000 millones de dólares y respaldada por un fondo de capital riesgo de la República Popular China, desarrolla hardware para proyectos de vigilancia con cámaras de video. China, de hecho, cuenta con la mayor base de datos de fotografías identificativas de sus ciudadanos, del mundo (por encima de los mil millones de registros). Robots y drones de seguridad, armados de tecnologías de reconocimiento facial recorren las populosas ciudades chinas, donde ya se puede pagar en restaurantes y otros comercios mediante sistemas de reconocimiento facial altamente fiables.

Aunque no todo son avances triunfales del “Gran Hermano” tecnológico. Cuatro años tras la implementación de un plan de créditos sociales que se hizo famoso en el mundo, por el que los ciudadanos chinos podían tener acceso (o no) a descuentos en viajes, créditos, seguros y otros productos o derechos, en función de su puntuación en una red social omnicomprensiva y omnisciente, sólo Pekín y Hangzhou la han implantado, y con un éxito bastante modesto.

Pero no podemos pensar que este tipo de riesgos son sólo una desviación del modelo inherentemente democrático de funcionamiento de internet, generada por el autoritarismo de un modelo dictatorial de gestión de lo público como el chino. Los reiterados escándalos relacionados con la utilización política o comercial de los datos de los usuarios de Facebook, como el de Cambridge Analytica, en el que los datos fueron usados para realizar consultoría y minería de datos en apoyo de la candidatura presidencial de Donald Trump, y otros gigantes tecnológicos, así como las filtraciones de Wikileaks ,combinadas con la furia represiva transnacional contra su fundador, Julian Assange, que se ha desplegado en abierta conculcación de cualquier criterio democrático y garantista del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, o el brutal y masivo espionaje del conjunto de los ciudadanos globales por parte de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (NSA) hecho público con infinidad de pruebas por Edward Snowden, nos demuestran, más allá de toda duda, que la potencia invasiva de los avances tecnológicos que la sociedad está desarrollando bajo el dominio del capital, está siendo utilizada extensivamente por quienes quieren sostener su mando antidemocrático sobre el proceso productivo y sobre el conjunto social que lo sostiene, tanto aquí como en cualquier otro lugar del mundo.

Podemos intentar, por ejemplo, aterrizar los efectos de este Gran Hermano tecnológico para centrarnos en lo referente a las posibilidades de control, en nuestro propio país, de los trabajadores en el marco de la relación salarial, existente o potencial. Es decir, no tanto en aquello que más ha atraído los focos de los medios de comunicación de masas, como la polémica sobre el uso de los datos que dejamos en nuestra navegación en las redes sociales con fines comerciales o como las posibilidades ubicuas del espionaje tecnológico y político de la ciudadanía, sino en lo que nos puede pasar a todos, y muy sustancialmente a aquellos que tienen que trabajar para otros para vivir, en nuestra vida cotidiana, en ese espacio en el que, como decía Marx, al traspasar su umbral las reglas democráticas dejan de tener virtualidad en lo sustancial: el lugar de trabajo.

Y no nos referimos sólo a los efectos brutales de la innovación tecnológica sobre las relaciones laborales de los ámbitos más afectados por su despliegue, como las referidas a los trabajadores de las plataformas colaborativas. Ya hemos escrito un artículo en esta misma revista sobre ello. Ahora vamos a hablar de las relaciones laborales más comunes, de la posible incidencia del uso disciplinario que los patronos pueden hacer de las nuevas tecnologías en la práctica generalidad de los trabajos, por tradicionales y poco virtuales que sean. De algunos de sus efectos más señalados que ya se están dando en el día de hoy.

Empecemos por el principio. Por el principal agujero negro de nuestra legislación laboral: el proceso de selección de nuevos trabajadores. Se trata de un ámbito donde, en respeto de la discrecionalidad de la decisión empresarial en el ámbito privado, la legislación laboral no sólo es parca, sino inmensamente difícil de hacer cumplir. Si bien parece claro, desde el punto de vista teórico, que está prohibido introducir criterios discriminatorios en las pruebas de un proceso de selección de personal, incluso en el caso de empresas privadas, lo cierto es que para el cumplimiento de estos píos deseos, no existen apenas cauces legales, normativa concreta ni posibilidades de prueba admisible.

Pero en este campo está impactando fuertemente la tecnología. No sólo porque ya es prácticamente universal la práctica de que los técnicos de selección de las empresas rastreen en Google o en las redes sociales a los candidatos, obteniendo así mucha información personal sobre ellos, tenga o no que ver con las capacidades del postulante para el puesto al que postula, sino porque, además, la automatización de los procesos de selección genera nuevas posibilidades de discriminación entre los postulantes a un puesto de trabajo. Algunas, incluso, ni siquiera deseadas por el propio equipo gerencial que realiza la selección.

La creciente utilización de los portales virtuales de empleo y de las apps descargables en los dispositivos móviles para la búsqueda de trabajo viene acompañada de diversos potenciales efectos perversos. Mediante esta programación informática el proceso de selección se automatiza. En un portal de empleo virtual como Infojobs, los departamentos de recursos humanos que buscan fuerza de trabajo no son informados de todos los candidatos existentes, sino que es el propio portal el que decide que postulantes presentarles, en base a algoritmos matemáticos que tienen en cuenta determinadas características de los mismos.

Si antes, en un proceso de selección, eran los técnicos de las empresas contratantes, quienes podían ejercer una arbitraria elección discriminatoria entre cientos de currículos, en base a criterios raciales o de pertenencia pública a una organización sindical, por ejemplo, ahora la idea es que esos sesgos se van a poder evitar, precisamente, gracias a la utilización automática de criterios objetivos por parte de un programa informático que decide, previamente, que currículums presentar o no ante el futuro entrevistador.

Pongamos algunos ejemplos: Infojobs, concretamente, dispone de una función denominada “adecuación” que jerarquiza automáticamente a los postulantes considerando variables como la localización, los conocimientos, condiciones laborales de la oferta de empleo, etc. La app Worktoday, por su parte, indica que su algoritmo informático sólo propone a las empresas el candidato que considera más adecuado. Determinados postulantes nunca aparecerán ante los ojos del seleccionador, y serán descartados sin intervención humana.

Pese a lo que pueda parecer el potencial discriminatorio de este tipo de uso de los avances tecnológicos es tremendo. Nadie controla en modo alguno que tipo de criterios se valoran por el algoritmo, y tampoco se puede evitar que determinados sesgos de la realidad generen decisiones materialmente discriminatorias (el hecho, por ejemplo, de que un criterio como “mayor adaptación a una determinada condición de trabajo”, como la disponibilidad, se superponga estadísticamente de manera consistente con otro criterio como “pertenencia un determinado género” en un espacio laboral o territorial concreto, e implique el rechazo de la mayor parte de las candidatas mujeres para el puesto). Características personales como el género, el origen de clase, la raza o la procedencia geográfica, pueden operar como claves discriminatorias en el proceso de funcionamiento del algoritmo sin necesidad de que el mismo haya sido programado expresamente para ello, por su prevalencia estadística en sectores sociales que dicho algoritmo si contempla.

Se trata de la llamada “discriminación algorítmica”, posible gracias a una tecnología tremendamente compleja en unas condiciones de opacidad que no sólo no disminuyen con este proceso de contratación de la fuerza de trabajo, sino que pueden aumentar exponencialmente. No es fácil de detectar, y aún menos de denunciar ante la inspección de trabajo u otros organismos semejantes por la complejidad técnica de la base informática del proceso de decisión.

Obviamente, como ya dijimos, el proceso de selección de trabajadores ha sido siempre un gran agujero negro para el respeto de los derechos humanos de los candidatos a un puesto de trabajo , sólo potencialmente solucionable de manera creíble mediante la generación de un servicio de empleo público realmente funcional y bajo directo control sindical, Justo el camino contrario que el que se ha seguido en nuestro país, con la legalización de agencias de colocación privadas, Empresas de Trabajo Temporal y todo tipo de prácticas opacas de selección, al tiempo que se vaciaba de funciones y se permitía la degradación del Servicio Público de Empleo hasta convertirlo en una simple oficina de control disciplinario ( y cada vez más asfixiante e injusto) de los perceptores de las prestaciones del paro.

Pero una vez ocupado el puesto de trabajo por el candidato seleccionado no acaban los peligros para sus derechos fundamentales derivados del uso intrusivo de las nuevas tecnologías. Se ha generado un enorme mercado en el que operan empresas especializadas en el control de la productividad de los trabajadores por medios informáticos. Un control que se ejecuta mediante la utilización de los datos que, en el transcurso de la relación laboral, van dejando los trabajadores en sus redes sociales, ordenadores corporativos o, incluso, correo electrónico y mensajería instantánea.

Es el uso del big data para garantizar la disciplina laboral. Según la consultora Gartner, más de la mitad de las empresas con una facturación superior a los 750 millones de dólares usaron “técnicas no convencionales” de control de sus empleados en 2018. Se calcula que en 2025 las start up dedicadas a este lucrativo negocio tendrán un valor de 2000 millones de dólares.

Empresas como Activtrack, que captó 20 millones en una ronda de financiación en marzo de 2019, cuyos productos permiten que los empresarios conozcan las páginas web que visitan sus empleados, cuánto tiempo dedican a buscar información “improductiva” y a que tipo de contenidos acceden. O como Teramind, que ha generado una herramienta que crea perfiles de comportamiento de los trabajadores analizando su actividad diaria a base de grandes cantidades de datos, y que se puede llegar a usar de “forma poco ética”, como reconoce su consejero delegado Isaac Kohen, aunque afirma que no es esta su intención.

Tanto la tecnología de Teramind como la de Activetrack permiten realizar capturas de pantallas periódicas -con o sin el consentimiento de los trabajadores- y utilizar la inteligencia artificial para evaluar esa información. Una captura de pantalla puede informar, por ejemplo, del tiempo dedicado por el empleado a buscar otro puesto de trabajo en Linkedin. También puede incluir detalles de los mensajes privados del usuario o, incluso, datos bancarios o de las tarjetas de crédito utilizadas en el e-commerce.

Otra vía de control que está en sus inicios es la instalación de asistentes virtuales en las instalaciones, como Alexa de Amazon, que potencialmente podrían ser usados para grabar sonidos, conversaciones y conexiones electrónicas en toda la oficina o centro de trabajo. Jeff Bezos ha indicado que esto no es aún posible con su tecnología, pero probablemente no lo es más por una razón comercial (Amazon no está aún interesada en el descrédito que esto implicaría, cuando está intentado que todos metamos sus altavoces inteligentes en nuestras casas) que por las reales posibilidades técnicas de realizarlo.

Pero, por supuesto, la tecnología que se usa para controlar el desarrollo del proceso de trabajo, y la actuación del trabajador humano en el mismo, también puede ser usada para sancionarlo. Nuestros tribunales tienen que hacer frente a una creciente ola de procedimientos de despido en los que la posibilidad de control de la actuación del trabajador, dentro o fuera del trabajo, gracias a la monitorización de las redes sociales o de las apps de mensajería, se vuelve el elemento decisivo.

Así, por ejemplo, la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia de 16 de noviembre de 2012 declara procedente un despido disciplinario basado en la información obrante en el perfil de Facebook personal del trabajador, que recoge una serie de trabajos como camarero y un largo viaje realizados mientras estaba en situación de baja laboral. En la Sentencia del mismo tribunal de 21 de noviembre de 2016, donde de nuevo se admite la procedencia de un despido motivado por realizar actividades incompatibles con la situación de incapacidad temporal, no sólo se usan fotografías obrantes en el perfil de Facebook del trabajador, sino también otras extraídas de los perfiles de otras personas que nada tienen que ver con la empresa.

Las apps de mensajería instantánea no se libran tampoco de ser usadas para fundamentar despidos: la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia de 25 de abril de 2014 admite como medio probatorio de las actividades faltas de profesionalidad de una cuidadora de una residencia geriátrica los mensajes de Whattsapp que la misma intercambia con otra trabajadora de la empresa. Es de destacar que, además, en este caso, el empresario no es parte de la conversación, sino que termina enterándose por informaciones de la otra interlocutora.

Y no hace falta que el empresario conozca los datos obrantes en las redes sociales de manera directa desde el perfil del trabajador: la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid de 23 de enero de 2012 declara procedente el despido de una trabajadora de baja, tras conocer la existencia de unas imágenes por medio de la hija de la propietaria de la empresa, que las había descargado desde el perfil de un contacto común con ella. El tribunal entiende que no hay vulneración de los derechos a la intimidad personal ni al secreto de las comunicaciones, si se accede a los datos de forma accidental o a través de un tercero.

Por supuesto, si el desarrollo tecnológico puede ayudar en el control y en la compulsiva búsqueda de la máxima productividad del trabajador individual, también lo puede hacer en relación con los comportamientos del colectivo de trabajadores como tal. Y muy señaladamente con sus comportamientos de resistencia, y ello aunque los mismos puedan estar amparados por normas que los consideren derechos fundamentales, como es el caso del derecho a huelga.

Hablamos del llamado “esquirolaje tecnológico”, cada vez más polémico en el ámbito del Derecho del Trabajo, y al que algunos dotan de la prometeica capacidad de vaciar de contenido la práctica secular de la huelga, como pulso obrero contra el poder patronal. Es decir, del uso de la programación informática y de la inteligencia artificial para sustituir momentáneamente el trabajo de los huelguistas, sin intervención humana.
Es un ámbito que ya ha dado que hablar. Desde hace unas décadas se relacionaba casi exclusivamente con el funcionamiento de los medios de comunicación masivos durante las huelgas. Cadenas televisivas y emisoras de radio sustituían el trabajo de los huelguistas emitiendo contenidos pregrabados, lo que ha sido finalmente admitido por nuestra jurisprudencia.

Este tipo de técnicas tienden a multiplicarse, extendiéndose las posibilidades de utilizar medios técnicos preexistentes en la empresa (pero cuyo uso se extiende con respecto al que es habitual), preprogramar días antes de la huelga máquinas para que funcionen supliendo a los huelguistas, aunque sea ese su uso habitual, o, incluso contratando para la ocasión recursos tecnológicos que puedan suplir temporalmente la fuerza de trabajo humana.

Tras varias sentencias del Tribunal Supremo que habría limitado las posibilidades de utilización de esta forma de esquirolaje, que pretende vaciar de contenido el derecho a la huelga, el Tribunal Constitucional se ha pronunciado mediante su sentencia de 2 de febrero de 2017, facilitando, de manera amplia, el recurso a estas técnicas empresariales para derrotar a la fuerza de trabajo en revuelta.

Este pronunciamiento del tribunal tiene como supuesto de hecho la convocatoria de huelga general del 29 de septiembre de 2010. Ese día, en Telemadrid, donde no se había alcanzado un acuerdo de servicios mínimos, el seguimiento de la huelga fue muy elevado, por lo que la cadena no pudo emitir ninguna programación, salvo un partido de Champions League, que pudo ser emitido gracias a la utilización de toda una serie de medios técnicos que no eran de uso habitual y que permitieron la locución del partido, mediante la realización de trabajos por los no huelguistas distintos a los que suelen realizar, y su emisión por canales tecnológicos distintos a los habituales.

Así, la sentencia del Tribunal Constitucional (que contó con un voto particular en contra) afirma, en definitiva, que “la efectividad del derecho de huelga no demanda del empresario una conducta dirigida a no utilizar los medios técnicos con los que cuenta la empresa”, pudiendo usar la tecnología para reventar la insurgencia obrera y, con ella, toda virtualidad del derecho constitucional de huelga.

Todo ello dibuja un panorama ciertamente preocupante, pero no por ello inesperado. Las tesis que tradicionalmente han hablado de la adecuación sociotécnica de la maquinaria en los lugares de trabajo con respecto a las necesidades de control y supervisión del trabajo, pueden entenderse extensibles, también, a las nuevas tecnologías. Si antes hablábamos, por ejemplo, de la distribución de los espacios de trabajo para limitar la sociabilidad obrera en la fábrica o del diseño específico de las partes y de los protocolos de manejo de la maquinaria en función de las necesidades de control del patrono, ahora este mismo tipo de lógicas se están utilizando con los nuevos avances tecnológicos de manera intensiva.

Hay una gran guerra por el control de la productividad potencial y por la determinación de los usos posibles de la nueva tecnología. Una guerra que adquiere tintes geoestratégicos en el marco de un mundo crecientemente multipolar en el que grandes potencias se enfrentan entre sí, pero que también presenta rasgos materialmente apegados al día a día del funcionamiento de las unidades productivas y de las relaciones y articulaciones entre ellas en el marco de la sociedad-fábrica del posfordismo. Es la vieja línea de ruptura de la lucha de clases, que se despliega sobre la cotidianidad productiva, afectando de maneras diversas y conflictuales a la composición misma de la clase trabajadora y a sus experiencias cotidianas de sociabilidad y de trabajo.

Nuevas formas de control, de fabricación de líneas de exclusión y de facilitación de prácticas represivas del comportamiento desviado del elemento proletario en el marco de la cotidianidad de la relación Capital-Trabajo. Un intento emergente por encauzar hacia la generación de plusvalor las potencialidades para el exceso y para la fuga generadas por los productos del trabajo cognitivo de la sociedad sometida al mando capitalista.

Ese es, precisamente, el corazón de la apuesta: el intento de embridar la abundancia cada vez más exuberante de la creatividad humana, en la forma de tecnologías sostenidas y hechas posibles por una fuerte socialización del saber y el desarrollo productivo, para hacerlo funcional al proceso de acumulación capitalista, que se despliega en nuestros días en una crisis intermitente y cada vez más profunda y caótica.

Se trata del uso de las nuevas tecnologías en la lucha de clases y en el pulso por la acumulación. Un uso para el dominio y la sobredeterminación de la excedencia y la insurgencia del trabajo vivo, o un uso para la fuga y la confrontación, para construcción de alternativas vivenciales y culturales, desde un abajo que también se quiere ubicuo y proliferante.

Rediseñar la tecnología, reapropiándosela y desviando sus potencialidades para la distopía panóptica, constituye un frente de lucha, y de construcción e innovación, de máxima importancia para quienes desean levantar alternativas al constante influjo del dolor, la alienación y la desestructuración vital en que el mando capitalista en los centros de trabajo consiste.

José Luis Carretero Miramar

southern africa / workplace struggles / opinion / analysis Tuesday May 28, 2019 17:53 byLucien van der Walt

Don't abandon the unions, or take sides in inter-union rivalries. Build a serious, organised, non-sectarian project of democratic reform and political discussion that spans the unions, including a rank-and-file movement that fosters debate, and opens the treasure-chest of union and left history and theory. Recover the politics of disconnecting from the state as raised by, for example, Occupy and the Rojava Revolution. Replace reliance on the state and parties with struggle, and destructive inter-union rivalry with a serious project of working class counter-power.

Rebuilding the workers’ movement for counter-power, justice and self-management

A contribution to the debate by Lucien van der Walt (ZACF)

THE ROBUST EXCHANGE BETWEEN comrades Ronald Wesso and Mametlwe Sebei, in the pages of recent issues of Amandla!, over the South African Federation of Trade Unions (Saftu) brings contrasting analyses of unions to the fore. Wesso favours a “new workers movement” based on the millions of precarious workers. He argues that unions represent a small elite enmeshed in a “neoliberal labour relations system,” and are undergoing “terminal decline” and “collapse.”

For Sebei, by contrast, the organised workers and unions – Saftu especially – have waged bitter battles, including a “stubborn Stalingrad shop floor resistance,” to casualisation, and remain key to change. These positions have obvious political implications, with Wesso at the Casual Workers Advice Office (CWAO), and Sebei in Saftu’s General Industries Workers Union (Giwusa) and #OutsourcingMustFall.

I offer my points in a constructive spirit; let us keep our energy for the real enemy. I suggest that Comrade Sebei’s position is more convincing, but that both of them skip some key issues. Specifically, I argue that we need a serious discussion on how to reform the unions – still the largest, formal, class-based organisations – and what role they can play in a radical redistribution of wealth and power to the popular classes. These are profoundly political questions. I argue against reliance upon the state, and for re-building unions – and other workers’ movements – to maximise direct action, autonomy, and education, so laying the basis for direct workers’ control over production and the economy, rather than nationalisation.

It comes down, fundamentally, to the issue of consciousness. I argue against a tendency, common across the left, to continually substitute a search for new vanguard layers, moments and movements, for serious, patient work to construct a counter-hegemonic apparatus oriented to the big battalions of the working class.

THE COLONIAL WAGE

There are many areas on which comrades Wesso and Sebei agree: the ongoing centrality of cheap black labour power to South African capitalism, and the racist oppression this involves; the central role market-based, neoliberal measures like outsourcing play; the reality of a huge, growing pool of insecure, low-wage workers outside unions and collective bargaining; and the necessity of working class rebellion. I concur. But the question is how to link immediate struggles to a profound transformation.

UNIONS RESILIENT

Overall, i do not find the notion that unions are in a state of collapse or demise convincing. In terms of numbers, South African unions are astonishingly stable and resilient. This is all the more remarkable given rising mass unemployment, the worst of any semi-industrial country, and a neoliberal assault from the late 1970s.

In 1997, the state recorded 2,649,012 union members; in 2013, 3,261,900. Cosatu grew from 462,359 in 1985 to 1,258, 853 in 1991. It had 1,768,000 members in 2003, and 2,191,016 in 2012. Over one in four workers (29.1 percent in 2012, Comrade Wesso argues) are unionists. Nearly a third of the workforce (31%, or 3.6 million in 2014) is covered by collective bargaining. If we exclude domestic service – almost impossible to unionise – and non-working class strata, like senior and managerial staff, the proportions would be even higher.

Cosatu reported 1,568,910 members at its 2018 congress, but its losses were to other unions. The National Union of Mineworkers (NUM) fell from 308,628 (2011) to 198,237 (2015), largely due to NUM splinter, Association of Mineworkers and Construction Union (Amcu), which currently claims 200,000, including beyond mining. The 338,000-strong National Union of Metalworkers of SA (Numsa) and 120,000-strong Food and Allied Workers Union (Fawu) left to form Saftu (2017) with unaffiliated unions.

Some, like Giwusa, were rooted in earlier Cosatu splits. Like the Federation of Unions of South Africa (Fedusa), which claimed 700,000 in 2017), Saftu (claiming 800,000) has grown mainly by attracting existing unions. Then there is the National Council of Trade Unions (Nactu), and the Confederation of South African Workers’ Unions (Consawu), claiming 290,000, including Solidarity (140,000).

UNION WORK

These are huge figures, if not what any of us might wish. Comrade Wesso is right that union density (the percentage in unions) has fallen because the workforce has grown. But it is still high, not least for the neoliberal era and African context.

Politically, the ongoing reality of three million-plus union members has to be addressed. This means, for me, an ongoing orientation towards unions, the largest formal organisations in civil society outside churches. The facts of serious corruption, the breakdown of workers’ control, serious gender issues, as well as racial, ethnic and national conflicts, intolerance, gulfs between resolutions and reality etc. are undeniable. Precarious workers may be alienated by unions, but, not surprisingly, so are a significant number of other workers, including some union members.

UNION CHALLENGES

But this does not indicate unions are hopelessly compromised or elitist. Rather, it indicates the need for a serious, nonsectarian reform project. That many unionised workers today are relatively well-paid, increasingly skilled, secure etc. is a victory, even if it should not be exaggerated: Bischoff and Tame’s survey data shows that 50% of Cosatu members earn R11,800 monthly or less, with 40% earning R9,000 or below. The victory is threatened by cheap labour, deeply resented by private and state employers, and does not translate neatly into conservatism or defense of neoliberalism.

Even the most compromised unions and bureaucracies must address working class interests, or face internal revolt, splits, or collapse – NUM was forced into major reforms to survive Amcu.

Comrade Sebei is spot-on when he characterises unions as progressive but warped movements, contested politically and between base and bureaucracy, the latter enmeshed in corruption and prone to betrayal. Capitalism cannot concede in any sustained way all workers’ demands, so it’s not possible to completely co-opt workers, whether or not they are union members.

UNION STRUGGLES

Unions should have done more to fight the casualisation that threatens their survival, but Sebei is correct in noting that Cosatu and Saftu were not absent, organising general strikes and winning legal reforms.

I agree with Comrade Wesso that unions’ resistance is profoundly compromised by entanglement with the state – especially Cosatu’s ANC/SACP link. However, this does not delete the resistance.

New formations like the Simunye Workers’ Forum and NGOs like Casual Workers Advice Office can be complementary. There is enough space for a thousand initiatives.

Certainly, unions’ heavy reliance on labour law amendments and court cases, and on political parties (by Cosatu), should be criticised. But using the state’s laws and courts is also central to CWAO. If the laws can undermine some cheap labour mechanisms, then we have more than a neoliberal labour relations system. Rather, it is imprinted with powerful working class struggles – grave compromises but real concessions, forcing major neoliberal labour market restructuring to rely on legal loopholes, and excluding precarious workers. They are intended to contain unions, but can be used carefully, so long as they do not compromise workers’ control and autonomy.

MANY FRONTS

Perhaps eight million workers are outside the unions. So new formations like the Simunye Workers’ Forum and NGOs like CWAO can be complementary. There is enough space for a thousand initiatives.

Given union neglect (decades of grand resolutions aside) it is hardly surprising many precarious workers are alienated; the new forms of organising should be welcomed. Whether such formations herald a new workers movement that can displace unions remains to be seen, but it is unlikely. The new and the old are effectively operating amongst different
sections of workers.

UNION REFORMS

How then to reform the unions – and for what purpose? These are profoundly political questions.

Comrade Wesso correctly highlights continuities between Cosatu and Saftu, and poor choices unions have made.

Both come down to workers’ ideas. Being willing to fight is a start, but not enough: Amcu, for example, outflanked NUM with higher wage demands and more militancy, but has not shown more internal democracy, nor a serious programme beyond bread-and-butter issues.

I suggest that what is needed is a serious, organised, non-sectarian project of democratic reform and political discussion that spans the unions. This would include a rank-and-file movement, and would allow multiple views and foster critical thought. This needs to engage seriously with the treasure-chest of union and left history and theory, including debates over the state, corporatism, and alliances, insights from the 1980s
Registration Debate and “workerism”, and current debates, like disconnecting from the state as raised by, for example, Occupy and the Rojava Revolution. It means replacing reliance on the state and parties with struggle, and destructive inter-union rivalry with a serious project of working class counter-power.

There is no short-cut, no new movement or moment. No new social movements, strike committees, “Numsa moment”, Cosatu renewal, EFF etc. can replace systematic, patient work and building from the bottom-up, including in big unions. It is is a struggle for workers’ control and popular power, not mediated by laws, state ownership, or patronage, and independent of all ruling class factions, state-based or private sector.

**Lucien van der Walt has long been involved in union and working class education and movements and published widely on labour, the left and political economy. Currently at Rhodes University, he’s part of the Neil Agget Labour Studies Unit and the Wits History Workshop.

greece / turkey / cyprus / workplace struggles / news report Friday May 03, 2019 02:24 byDAF

As Genç İşçi Derneği (Young Workers Associtation), we were in 2019 May Day protests in Bakırköy. We raise black and red pancard on which the sentence of Lorenzo; "Every storm starts with a single raindrop". As a memory of anarchist comrade Lorenzo who had been murdered in Rojava, we use his sentence to raise the anger of the young workers.

As Genç İşçi Derneği (Young Workers Associtation), we were in 2019 May Day protests in Bakırköy. We raise black and red pancard on which the sentence of Lorenzo; "Every storm starts with a single raindrop". As a memory of anarchist comrade Lorenzo who had been murdered in Rojava, we use his sentence to raise the anger of the young workers.

With our marches and with our slogans, we tried to show the organised strength of workers. The workers who are self-organised, the workers who use direct actions.

With our slogans, we reminded the anarchist history of the May Day.

We, as DAF, were in the walk to strengthen the voice of the workers.

We salute all comrades May Day,
Long live anarchism
Long live revolution

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yunanistan / türkiye / kıbrıs / workplace struggles / news report Friday May 03, 2019 00:35 byDevrimci Anarşist Faaliyet

1 Mayıs 2019 Bakırköy mitingine Genç İşçi Derneği ile beraber “Tek Damla Yağmurla Başlar Her Fırtına” pankartıyla katılarak GİDER’in gücüne güç kattık.

Devrimci Anarşistler 1 Mayıs’a Ankara’da “1886’dan Bugüne Anarşizm Örgütlenmektir – KARALA” , İzmir’de “Karşılıklı Yardımlaş, Ekmeği Fethet – Devrimci Anarşistler” pankartlarıyla katıldılar.

Anarşizm mücadelesinde yaşamını yitiren tüm yoldaşlarımızı anıyor, dünyadaki tüm anarşistlerin 1 Mayıs mücadelesini selamlıyoruz.

venezuela / colombia / workplace struggles / opinión / análisis Wednesday May 01, 2019 21:53 byViaLibre

Celebramos un nuevo 1ero de Mayo, día de las trabajadoras del mundo[1]. Lo hacemos movilizándonos desde el sur de la ciudad, en conjunto con las organizaciones que forman el Encuentro por la Autonomía y la Vida Digna. En esta efeméride de las de abajo, reflexionamos sobre la situación y las luchas actuales, y proponemos nuevos cursos de acción para el futuro de la organización popular.


Celebramos un nuevo 1ero de Mayo, día de las trabajadoras del mundo[1]. Lo hacemos movilizándonos desde el sur de la ciudad, en conjunto con las organizaciones que forman el Encuentro por la Autonomía y la Vida Digna. En esta efeméride de las de abajo, reflexionamos sobre la situación y las luchas actuales, y proponemos nuevos cursos de acción para el futuro de la organización popular.

La situación hoy

En el mundo, el gobierno conservador del empresario Donald Trump en Estados Unidos, mantiene su ofensiva comercial y militar buscando mantener su hegemonía, aunque la huelga de maestras de Los Ángeles y la movilización de la población latina migrante refrenan parte de sus planes. La dictadura de Xi Jinping en China avanza con su política de expansión comercial y represión a las minorías nacionales, aunque se mantiene la silenciosa y extendida protesta de los sindicatos de base de las trabajadoras chinas. El gobierno derechista de Narendra Modi en India continua la represión contra la población de Cachemira y recrudece el conflicto con Pakistán, sin poder detener la enorme huelga general de cientos de millones contra su reforma laboral. En la Unión Europea, avanza la derecha y se recrudecen las políticas de discriminación de la población migrante, pero se mantiene la llama de los chalecos amarillos en Francia, la gigantesca huelga feminista del 8 de marzo en España y las movilizaciones estudiantiles por el medio ambiente en Inglaterra y Suecia. Mientras tanto grandes rebeliones populares sacuden Argelia y Sudán, se viven nuevas jornadas de lucha del pueblo palestino contra las políticas racistas y expansionistas del Estado Israelí y continua el avance de la revolución kurda en Siria que logra derrotar al Estado Islámico, pero se enfrenta a peligrosas amenazas.

En América Latina la honda crisis venezolana continua y las dos opciones anti populares del gobierno autoritario de Nicolás Maduro o el golpe militar pro norteamericano de Juan Guaidó, oscurecen la perspectiva de un pueblo que se moviliza continuamente contra el hambre y la precariedad. La administración de multimillonario Mauricio Macri en Argentina continúa su política neoliberal que lleva a la inflación y desempleo pero se asoma la resistencia obrera con el paro nacional del 30 de abril y la movilización del movimiento de mujeres más grande del continente. Entre tanto el fascista Jair Bolsonaro prepara su nuevo paquete de medidas de ajuste y represión, en medio de la movilización social por el transporte digno y la resistencia de las trabajadoras de los servicios públicos. En Haiti el gobierno del empresario Jovenel Moise envuelto en un escándalo de corrupción afronta protestas populares masivas desde febrero y en Honduras la fraudulenta presidencia de Juan Orlando Hernández y su agenda privatizadora, se encuentra con la resistencia de sectores de las obreras de la salud y la educación.

En Colombia el gobierno derechista de Iván Duque, busca hacer aprobar su plan nacional de desarrollo “Pacto por Colombia, pacto por la equidad” en un Congreso favorable a sus intereses pero donde el uribismo no tiene mayoría plena, en medio de la resistencia de las trabajadoras y los sectores sociales y populares que rechazaron en la calle este programa en el paro nacional del pasado 25 de abril. En paralelo continua el intento de la coalición uribista-conservadora de seguir desmontando por vía ejecutiva o legislativa, aspectos esenciales de la Justicia Especial para la Paz (JEP) y el proceso de paz con las FARC, intentos que despertaron una importante movilización de rechazo popular. Entre tanto prosigue en medio del desarrollo de la guerra y el cese de los dialogo de paz con el ELN, el indignante genocidio político contra lideresas sociales e integrantes de la antigua insurgencia, principalmente del ámbito rural, que llega a 566 desde 2016 hasta principios de 2019, ejecutado mayoritariamente por difusas fuerzas paramilitares ligadas a las Fuerzas de Seguridad del Estado, terratenientes, empresarios y mafias locales, dispuestas a bloquear la reforma agraria, la autonomía campesina y la organización popular.

Las luchas hoy

En esta situación nacional las trabajadoras continúan su resistencia. Se dan así actividades de movilización relacionadas con la negociación del pliego nacional de las trabajadoras estatales, y la campaña contra la ya anunciada nueva fase de privatización de los activos y empresas asociadas a Ecopetrol liderada por la USO, al que se suma el paro en abril de las trabajadoras de la empresa Independence Drilling contratista de la Occidental de Colombia en Arauca.

También contamos con la movilización de las trabajadoras de la EPS Medimas y ESIMED en protesta por la gigantesca deuda salarial de estas empresas quebradas por sus dueños e intervenidas por el Estado, el conflicto de las docentes del sector público agrupadas en Fecode que negocian su propio pliego de exigencias y continúan con la dinámica de huelgas parciales los días 14 de febrero y 25 de abril, así como el conflicto de las judiciales asociadas en Asonal Judicial que también realizaron un paro parcial el pasado día 25.

En paralelo, una estela de luchas populares más amplias influye el panorama. Así el gran paro nacional universitario de octubre-noviembre dinamizado por la UNEES, la jornada de movilización del 28 de noviembre de 2018 y la huelga y la victoria de las trabajadoras de la terminal de carga de Buenaventura del año pasado, suponen importantes hitos de acción.

Esta dinámica ha sido continuada en este 2019 por las protestas cívicas a favor de la renuncia del Fiscal Néstor Humberto Martínez, las concentraciones y marchas en defensa de la JEP, la importante movilización del 8 de marzo de este año, que supone la más concurrida movilización de mujeres de la historia reciente, la movilización por servicios públicos dignos en la Costa caribe y en los meses de marzo-abril el desarrollo de la Minga de Resistencia Social en el suroccidente del país liderada por las indígenas y campesinas del Cauca. De gran relevancia resulta el modesto paro nacional del pasado 25 contra el plan de desarrollo del gobierno Duque que conto con movilizaciones, huelgas y bloques en buena parte de la geografía nacional, y de formas más inmediata el Refugio Humanitario instalado en Bogotá por múltiples líderes sociales.

Las luchas de hoy requieren mayores niveles de organización y movilización desde la base, formas masivas y creativas de acción directa popular, y una perspectiva intersectorial que las unifique. Requieren creemos, una propuesta libertaria.

Nuestra propuesta para un sindicalismo libertario

Para actuar sobre la actual situación y sobre las luchas en curso, pensamos clave construir un nuevo sindicalismo de influencia libertaria. Proponemos una nueva forma de organización sindical, que supere el actual panorama de debilidad, fragmentación y burocratización presentes en el movimiento obrero. Pensamos que es urgente desarrollar campañas masivas de sindicalización de todos los sectores de la clase trabajadora, que aún en sus eslabones más precarizados pelea por organizarse como lo muestra el ejemplo del Sindicato de Rappi. Pensamos que grandes esfuerzos de agremiación unitaria deben hacerse sobre las trabajadoras más empobrecidas y de trabajos inestables, construyendo la unión de la minoría de trabajadoras de planta con la mayoría flexibilizada, como lo muestra la experiencia de la USO en las marginadas zonas de explotación petrolera.

Creemos fundamental impulsar la formación de grandes sindicatos unitarios por industria sobre bases clasistas y federalistas, que superen los altísimos niveles de división y competencia mutua, tal y como lo muestra la positiva experiencia en el sector transporte del SNTT. Sostenemos la necesidad de una reorganización radical de las estructuras sindicales, con democracia directa, liderazgos colectivos y participación activa de las afiliadas en las estructuras gremiales, cuya posibilidad se esboza en las jornadas de asamblea y discusión de algunos sectores de los sindicatos docentes.

Creemos que este esfuerzo debe ser parte de una programa de un movimiento sindical que fortalezca el movimiento obrero y los movimientos sociales, que promueva el cooperativismo y la autogestión obrera de las empresas quebradas, que fomente las instituciones culturales populares con valores de libertad y solidaridad.

Defendemos la necesidad de una proyección feminista que incorpore a las mujeres trabajadoras a las organizaciones, liderazgos y órganos específicos de género de los sindicatos, que luche por el igualdad de trabajos y salarios, promueva el cambio cultural no sexista entre la propia clase trabajadora y sea parte del movimiento de mujeres, de las demandas de la educación no sexista y los plenos derechos sexuales y reproductivos. Una proyección que abandere la inclusión laboral trans, la no discriminación laboral por razones de identidad sexual y la contratación laboral de mujeres víctimas de violencia de género. Apuntamos la necesidad de un sindicalismo que defienda el medio ambiente y los animales no humanos, exija la reconversión tecnológica hacia energías renovables, la preservación de los ecosistemas y el fin del irracional sistema actual de desperdicio de desechos.

Pensamos en un movimiento sindical al servicio de la clase trabajadora, que fomente su organización y politización, que ejercite su poder de lucha, y en unión con los sectores sociales y populares, avance en la tarea de construcción de una sociedad más justa, la del socialismo y la libertad.

¡1ero de mayo libertario y en la calle!

¡Arriba las que luchan!

Grupo Libertario Vía Libre

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Neste 8 de Março, levantamos mais uma vez a nossa voz e os nossos punhos pela vida das mulheres!

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Workplace struggles

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