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venezuela / colombia / miscellaneous / anarchist communist event Monday February 10, 2020 23:48 byViaLibre

Reflexiones del Erol Polat del Congreso Nacional del Kurdistán y el Grupo Libertario Vía Libre

Diálogos entre el Confederalismo Democrático y el Anarquismo social y organizado

Reflexiones de Erol Polat del Congreso Nacional del Kurdistán y el Grupo Libertario Vía Libre

Miércoles 12 de febrero. 6:00 pm
La Redada (Calle 17 # 2-57)
Bogotá, Colombia

Organizan:
Comite de Solidaridad Kurdistán-Colombia
Grupo Libertario Vía Libre

venezuela / colombia / workplace struggles / opinión / análisis Tuesday January 28, 2020 22:44 byViaLibre

En un país en donde son tan pocas las convenciones colectivas de trabajo y la negociación salarial por empresa o industria es tan débil, la negociación del salario mínimo nacional es una oportunidad para llegar a la mayoría precarizada y desorganizada de la clase trabajadora y proyectar una identidad obrera y popular común más allá de marcos locales y sectoriales.

El salario mínimo en Colombia decretado por el gobierno de Iván Duque para 2020 quedo en $877.803 pesos mensuales, monto que sumado el auxilio de $102.854 pesos de transporte, llega a un total de $980.657 pesos al mes y un crecimiento del 6%. El aumento general frente a 2019 fue de $49.687 pesos y en el rubro de auxilio de transporte de $5.822 pesos, para un total de $55.508 pesos de aumento bruto. Según este esquema la hora ordinaria de trabajo se pagara entonces a $3.657 pesos y el salario diario se fijará en $29.260 pesos. Este salario sin transporte, rubro que muchas empresas burlan habitualmente, implica $266.97 dólares o 240.19 euros para el tipo de cambio de mediados de enero de 2020, lo que mantiene el país como el cuarto salario mínimo más bajo de Suramérica y uno de los más regresivos y desproporcionados en comparación con el precio la canasta básica de alimentos.

El gobierno del antiguo asesor de la banca comercial Duque y su ministra de trabajo Alicia Arango, ex secretaria privada del gobierno Uribe y administradora de personal de entidades públicas con contratos precarios como Coldeportes, ICBF e IDRD, expidió el decreto de fijación salarial, tras no llegarse a ningún acuerdo en la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales, fijando un aumento igual que el de 2019. En las negociaciones el gobierno había propuesto la fórmula “conciliadora” del 5.2% que luego subió ligeramente. El aumento supuestamente seria del doble de la inflación estimada por el Banco de la República para 2020, es decir el 3.4%. Sin embargo, solo el año pasado la cifra real de inflación del país fue del 3.84%, superior en un 30% a la estimada por el Banco, en un tiempo en que según el DANE la cifra de alimentos de la canasta familiar superó el 6% de acumulado en el año, y por lo tanto creció mas que el pasado incremento salarial.

Para explicar su política salarial restrictiva, el gobierno Duque explico que en el paquete de reformas que instalo para combatir el paro nacional del 21 de noviembre, incluido el proyecto de ley de la precarizadora reforma laboral del senador Álvaro Uribe Vélez, se establece una prima adicional para compensar esta situación, para trabajadores que devenguen menos de 1.5 salarios mínimos, proyecto que supuestamente habría conversado con empresarios y políticos afines. En materia económica es claro que el gobierno subordina su política salarial a su objetivo hasta ahora parcialmente fallido, de control inflacionario y la estrategia general de ajuste económico implementado por medio de la reforma tributaria.

La negociación fallida

La instancia de negociación salarial de 2019 duro todo el mes de diciembre. A su alrededor el gobierno uribista desarrollo escenarios informales de reunión bilateral con empresarios y sectores sindicales, para plantear la necesidad de llegar a un acuerdo nacional en un momento político de debilidad gubernamental y efervescencia popular causado por las grandes jornadas de protestas nacional de noviembre-diciembre.

Sin embargo, el esquema de concertación salarial volvió a fallar este año, desinflando las expectativas gubernamentales. Aunque el artículo 56 de la Constitución de 1991 estableció el mecanismo de concertación salarial anual, luego reglamentado en 1996, esta instancia sufre de fuertes limitaciones de legitimidad y participación. Desde 1997 y en los últimos 23 años de negociación, representantes patronales y obreros no han consensuado nada en 16 oportunidades y solo han concertado en 7 oportunidades, incluidas los acuerdos parciales de 2018-2019, realizados solo con los sectores menos exigentes de los sindicatos.

Las 3 centrales sindicales de tercer grado a nivel nacional, esto es: la mayoritaria Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la gobiernista Confederación General del Trabajo (CGT) y la centrista Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC), así como las 2 organizaciones de pensionados, la Confederación de Pensionados de Colombia (CPC) y la minoritaria Confederación Democrática de Pensionados (CDP) que regresaron a la negociación en 2012, llegaron a la mesa con un acuerdo unificado y se mantuvieron en ese marco, algo bastante inusual para organizaciones como CGT y CDP acostumbradas a negociar a la baja y buscar malos acuerdos con la patronal. Las organizaciones sindicales pedían 8.1% de aumento y más adelante 8.0%, una propuesta que implicaba $600 pesos diarios más que lo finalmente concedido, aunque también esbozaron como elementos de agitación, la propuesta de un salario vital, que cubriera la canasta básica y se elevara a $1´500.000 pesos.

El que no se hubiera repetido el escenario de acuerdo parcial los dos últimos años entre CGT-CTC sin la concurrencia de la más representativa CUT, ni se hubieran utilizado los inflados resultados del censo sindical de 2017 para cambiar el funcionamiento de la mesa, y finalmente no se hubiera traducido en la mesa la buena voluntad que ha mostrado la organización cegetista liderada por el burócrata Julio Roberto Gómez con el gobierno Duque, obedece el significativo cambio de escenario político creado por la coyuntura de paro y protesta nacional y la exigencia masiva de la población de un mayor aumento salarial, que obligo a un marco de mayor intransigencia y unidad a las organizaciones obreras.

Los empresario agrupados en el Consejo Gremial Nacional (CGN), que son como es habitual los claros ganadores de la jornada, iniciaron planteando un 4.5% y llegaron a ofrecer 5.88%. De forma clave, los representantes patronales se mantuvieron también unidos, cosa poco común, sobre todo por parte de sectores como la Asociación Bancaria y de Entidad Financieras (Asobancaria), la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) y la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi), defensores de los salarios más bajos posibles. Como de costumbre los empresarios sostuvieron el tradicional dogma neoliberal de que cualquier aumento salarial supuestamente derivaría en aumento del desempleo y la informalidad, tesis fuertemente contrariada por la evidencia vista en la historia reciente del país y el mundo. Los voceros de las patronales señalarón una supuesta falta de voluntad de los sindicatos, que parecen entender como la subordinación de los mismos a las cortísimas propuestas patronales, saludaron con entusiasmo la decisión gubernamental y hablaron con una fuerte arrogancia de clase de un incremento sustancial y generoso, que no se advierte en ninguna parte de la realidad económica.

Es importante señalar que sus centros de pensamiento y la prensa empresarial en bloque, volvieron a agitar la regresiva idea del salario mínimo diferencial por regiones, que supondría una baja general de salarios en las zonas más pobres y un retorno a la regresiva política vigente hasta 1983, al tiempo que cerraba filas en torno a la política económica general del gobierno y proyectos claves del ajuste como la reforma laboral y sobre todo la reforma pensional.

La necesidad de movilización


La derrota de la propuesta sindical es una lucha más que se abandona si tan siquiera comenzar. Las centrales son estructuralmente débiles en la mesa de concertación donde juegan contra la coordinación económica y política del gobierno y los gremios patronales, y lo son también en el terreno de la gran prensa empresarial que defiende las políticas económicas neoliberales. Su fuerza debería estar entonces en la calle, por lo que la pequeña concentración del 10 de diciembre en Bogotá en medio de las negociaciones, enlazada con las jornadas de protesta nacional de noviembre-diciembre, es una muestra positiva de la vía de movilización por esa demanda común que las lentas y corporativistas organizaciones sindicales, ya sean concertacionistas o clasistas, que afrontan este escenario hace ya 3 décadas, se han negado a desarrollar, aunque su urgencia hoy es clara.

El periodo de negociación del salario mínimo debería ser clave para las organizaciones sindicales, pues supone un momento de discusión pública sobre la política salarial y las condiciones de trabajo donde las trabajadoras esbozan reflexiones clasistas y una perspectiva crítica sobre sus condiciones de vida, es además un periodo donde las posturas de las centrales tienen su mayor proyección mediática y pueden despertar una importante simpatía de masas y es adicionalmente un escenario donde los gobiernos dejan ver con mayor claridad sus políticas económicas y sus muy restrictivas proyecciones concretas sobre las condiciones salariales y sociales de la población. Es en general una oportunidad desperdiciada que genera una sensación de frustración entre las trabajadoras y en contraposición forja un sentido de unidad y fortaleza entre la burguesía.

En un país en donde son tan pocas las convenciones colectivas de trabajo y la negociación salarial por empresa o industria es tan débil, la negociación del salario mínimo nacional es una oportunidad para llegar a la mayoría precarizada y desorganizada de la clase trabajadora y proyectar una identidad obrera y popular común más allá de marcos locales y sectoriales. La negociación interpela de manera viva a los 2.5 millones de personas y 11% de la población asalariada que gana el salario mínimo sobre todo concentradas en el comercio y los servicios, pero es además importante para una población obrera que por absoluta mayoría y en un 80% devenga menos de dos de estos salarios, y urgente para 12 millones de personas y el 50% del total de la población trabajadora que recibe ingresos incluso menores al salario mínimo, sobre todo en las regiones apartadas del centro y para sectores como las mujeres, la juventud y la población negra.

En ese sentido pensamos que la tarea de reconstruir la organización sindical de la clase trabajadora en clave democrática, unitaria y federalista e impulsar una tendencia sindical libertaria para ese propósito, sigue siendo fundamental.

¡Arriba las que lucha!
Grupo Libertario Vía Libre

venezuela / colombia / miscellaneous / opinión / análisis Saturday January 25, 2020 03:02 byViaLibre

El pasado martes 21 de enero de 2020 se convocó la primera jornada general de protesta del nuevo año. Enlazado con el gran movimiento de noviembre-diciembre de 2019, diferentes organizaciones sociales y políticas llamarón a un nuevo “paro” sin huelga laboral, que ya es el sexto desde el inicio del gobierno de Iván Duque y el cuarto desde la inmensa jornada iniciada el pasado 21 de noviembre, de la que se cumplían dos meses.

El pasado martes 21 de enero de 2020 se convocó la primera jornada general de protesta del nuevo año. Enlazado con el gran movimiento de noviembre-diciembre de 2019, diferentes organizaciones sociales y políticas llamarón a un nuevo “paro” sin huelga laboral, que ya es el sexto desde el inicio del gobierno de Iván Duque y el cuarto desde la inmensa jornada iniciada el pasado 21 de noviembre, de la que se cumplían dos meses.

Es claro que en el día, salvo en las universidades públicas en paro estudiantil, no se presentaron ceses laborales, y las organizaciones del Comando Nacional Unitario (CNU) especialmente la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), no realizan llamados en ese sentido. Si se desarrolló cierta agitación modesta de organizaciones socio políticas como el Congreso de los Pueblos en las calles, pero mucha de la publicidad que permanece hasta hoy en las avenidas, postes y fachadas es de las jornadas de protesta nacional de noviembre-diciembre. Ante la convocatoria, la dirección del desarticulado Comité Nacional de Paro (CNP), sostuvo que el 21 de enero habría “cacerolazos y no marchas”, desconociendo diferentes convocatorias sociales ya en marcha y que fue reproducida por diversos medios nacionales, generando confusión sobre la jornada.

En la ciudad de Bogotá, se aplicaba el llamado nuevo protocolo de control de la protesta social desarrollado por la administración de la alcaldesa Claudia López del Partido Verde, que en líneas generales continua la política de la administración Peñalosa en cuanto instancias de dialogo y tiempo de respuesta de la Fuerza Disponible y el ESMAD de la Policía. Y aunque los grandes medios hablan de una prueba de fuego del gobierno distrital ante la jornada, es claro que las políticas de seguridad de la nueva alcaldesa López formada en la primera administración Peñalosa, no son sustantivamente distintas a las de los anteriores gobiernos distritales, conservadores o progresistas, que recurrieron habitualmente a la represión frente a marchas que obstaculizaban la movilidad. La nueva figura de las madres gestoras de paz como organización civil coordinada con el gobierno local, supone una ampliación discursiva de la figura de los gestores de convivencia formados en la época de Luis Eduardo Garzón del Polo, pero no una modificación de esta línea de intervención creada para contener las formas más crudas de represión policial. La retórica del gobierno centrista de Bogotá de que: “comparte y hace parte del paro” hizo agua por todas partes, si se revisa su política de control y normalidad frente a la ya limitada actividad de las trabajadoras estatales.

El gobierno nacional de Iván Duque y la coalición uribista-conservadora y evangélica, busco retomar la iniciativa política instalando una campaña comunicacional y una pancarta en el frontis del Congreso, llamando a participar de la conversación nacional, al tiempo que pide una mayor judicialización de los elementos violentos de la protesta. Sin embargo, esta instancia de dialogo no vinculante generada por el gobierno dentro de su estrategia de dialogo nacional y como respuesta parcial frente al movimiento del pasado 21 de noviembre, está dominada por participantes escogidos a dedo y afines al uribismo, metodológicamente orientada a la búsqueda de supuestos consensos sin deliberación política, que no son viables o deseables para el movimiento popular.

El desarrollo de la jornada

Ese día contabilizamos en la capital 15 concentraciones y movilizaciones en la ciudad y su área metropolitana. La jornada inicio con 9 pequeños bloqueos simultáneos protagonizados por estudiantes y organizaciones barriales sobre vías principales del sur oriente, sur occidente, el occidente y nor occidente de la capital. Los mismos fuerón: 1) Bloqueo intermitente en la Avenida Primero de Mayo con carrera décima con decenas de participantes que se desplazaron al sector de Antonio Nariño luego reprimidos por la Policía, 2) Concentraciones intermitentes en la estación San Mateo de Soacha, con decenas de jóvenes trabajadoras, 3) Bloqueo estudiantil parcial en el Portal Sur, 4) Concentración con bloque parcial por la calle 13 en Fontibón, 5) Corte de calle intermitente en la estación Banderas con algunas decenas de participantes de organizaciones barriales y 6) Paralización en la calle séptima con 170 con una veintena de asistentes que luego se desplaza hacia la Autopista Norte y 7) Bloque intermitente de algunos jóvenes estudiantes de la Autopista Norte con calle 134.

Por otro lado se sumo 8) una concentración de trabajadoras, sobre la media mañana se presenta una concentración de medio centenar de conductores de Uber frente al Ministerio de Transporte que cortan parcialmente la Avenida Esperanza, que protestan contra la salida de la plataforma del país, tras su declaratoria de ilegalidad y las multas impuestas por las autoridades por continuar su funcionamiento ilegal. Aunque las trabajadores informales de esta nueva empresa virtual de transporte se movilizaron, no lo hicieron planteando ninguna reivindicación laboral frente a su empleador tercerizador y o sus difíciles condiciones laborales, por lo que es claro que se trata de una convocatoria pro empresarial, vinculada con la campaña desplegada por la propia empresa para movilizar la simpatía de sus usuarios de clase alta y media.

Sin embargo el principal bloqueo se desarrolló 9) en el Portal Suba, con concentraciones desde la madrugada, buscando reeditar el éxito de la jornada del 21 de noviembre, con cerca de 100 participantes que fue desplazándose por la Avenida Suba, en sucesivos choques con la policía. Luego en horas de la noche sobre ese mismo corredor vial, se realizó una movilización más amplia protagonizada por jóvenes populares, con más de 300 participantes.

Por otro lado se desarrollan 6 movilizaciones de tamaño pequeño y mediano, lideradas por las estudiantes universitarias particularmente de la Universidad Distrital, en dos grandes rutas o bien hacia Banderas o bien hacia el centro. Se desarrollaron así: 1) Un plantón y bloqueo de un centenar de estudiantes de la Universidad Javeriana, Universidad Distrital y otras instituciones en la carrera 7ma con 40 con un centenar de participantes, en los que se instala una olla comunitaria. 2) Bloque juvenil frente al Parque de los Hippies, con participación de algunos grupos artísticos, que se trasladó luego hacia el centro, con algunas decenas de asistentes. 3) Bloqueo y marcha de estudiantes de la sede Tecnológica de la Universidad Distrital en la Avenida Villavicencio con 2.000 participantes, en las que confluyen además las pequeñas movilizaciones provenientes de Soacha y el Portal Sur, que termina en el Portal Banderas. 4) La movilización de estudiantes de Universidad Nacional y otras instituciones con otros 3.000 participantes, que salen por la calle 26, toman la Avenida Boyacá y luego las Américas, temporalmente bloqueada por el ESMAD, que termina por confluir con la Universidad Distrital en Banderas, donde se presentan choques dispersos con la Policía durante la tarde. 5) La marcha de estudiantes desde la Calle 80 con ciudad de Cali hacía el centro de la ciudad.

La última 6) convocatoria realizada por las organizaciones sindicales y pequeñas delegaciones de la Asociación Distrital de Trabajadores de la Educación (ADE) que lidero la convocatoria y en menor medida la Unión Nacional de Empleados Bancarios (UNEB) y la Unión Sindical Obrera de la industria del petróleo (USO) que reunió unas 3.000 personas desde el Parque Nacional hacia la Plaza de Bolívar, aunque se vio afectada por las choques que ya se producían en el centro de la ciudad

En la jornada dirección del Comité Nacional de Paro convoco una cacerolazo nacional con un acatamiento muy limitado. Por otro lado se presentaron choques entre sectores de jóvenes manifestantes y las fuerzas policiales en Suba, el Sur oriente, Portal Américas en varias oportunidades y sobre todo el centro de la ciudad. Además se organizaron al menos 3 actos musicales nocturnos de punk en el Parque Santander que se trasladó al Parque de los Hippies, música electrónica en el Parque de la Independencia y un diezmado acto en la Plaza de Bolívar.

En el resto del país, se desarrollaron convocatorias en Cali donde hubo bloqueos intermitentes en la mañana, luego choques entre estudiantes y policía al medio día y movilización sindical nocturna, movilizaciones juveniles y obreras en Medellín y Bucaramanga donde hubo algunos enfrentamientos, y marchas populares en Barranquilla y Cartagena.

Algunas reflexiones

La del 21 de enero fue una jornada de protesta significativa en la que registramos en Bogotá 15 actos con 9 bloques y 6 movilizaciones y unas 10.000 participantes, con similitudes a la jornada del pasado 4 de diciembre, la más pequeña de las convocatorias de paro del ciclo noviembre-diciembre del año pasado. Es claro que el movimiento fracaso como paro laboral, consigna que nunca se propuso ni se tuvo la capacidad real de organizar.

En la jornada se repitieron tres momentos claves de las jornadas de noviembre-diciembre como lo son: un primer momento de bloqueos barriales en la mañana, un segundo momento de movilizaciones sectoriales durante el día y un tercer tiempo de choques entre manifestantes y fuerzas policiales en la tarde en diferentes lugares. Sin embargo, fue clara la debilidad de las movilizaciones realizadas durante el día, como claro fue el reflujo estudiantil con la excepción parcial de la Universidad Distrital y la importante ausencia de las trabajadoras organizadas hasta la noche.

Así también fue patente el fracaso de la convocatoria de “cacerolazo nacional”, pues fueron severamente limitadas las concentraciones populares espontáneas en las noches, con las muy parciales excepciones en Suba, cacerolazos masivos y generalizados que definieron parte de la masividad y novedad del movimiento anterior.

La actual dirección del Comité Nacional de Paro presidida por el MOIR, jugo un papel de contención severa de la movilización con su papel de negación de las marchas y su mayoritaria orientación por el parlamentarismo. Sin embargo al mismo tiempo es claro que ningún otro sector alternativo ha tenido ni tiene ahora la capacidad de movilizar al pueblo indignado que irrumpió a finales de noviembre, y las débiles formas de organización local que se expresaron en algunas asambleas populares de finales de año se han reducido a sus proporciones “normales” de coordinación coyuntural de organizaciones territoriales. Es decir que ni el Comité ni las organizaciones a su izquierda tienen la capacidad de representar al movimiento, aunque son sus claras impulsoras.

Pensamos que el reflujo de un movimiento tan inorgánico y frenético como el del año pasado ya se ha producido, y esto no solo ha obedecido al factor coyuntural de las vacaciones y las fiestas de fin de año. Creemos que antes de condenar a nuestra gente e imponer una política de movilización desesperada y sin perspectivas concretas, debemos preguntarnos por las razones de la desmovilización e indagar sobre nuestras propias debilidades. Lejos de cualquier atajo vanguardista y maquinaciones de aparatos, pensamos que la tarea principal hoy es el re-encuentro con las protagonistas de la gran jornada de protesta nacional del año pasado, allí donde se hayan dispersas y exhaustas, es decir en los sitios de trabajo, barrios e instituciones educativa, para construir juntas alternativas de organización desde abajo, reflexión política en la lucha y movilización para vencer.

¡Ahora a organizar esta gran rebeldía, en fuerza popular!

¡Arriba las que luchan!

Grupo Libertario Vía Libre

venezuela / colombia / community struggles / opinión / análisis Tuesday December 03, 2019 23:55 byJosé Antonio Gutiérrez D.

Los sectores del establecimiento interesados en mantener el status quo, buscan reproducir el modelo de negociación con las FARC-EP pero con la protesta social: desmovilizarla, que terminen aceptando que no se discutirá ni el Estado ni el modelo, y luego mandarlos para la casa. Mientras prosigue la matazón de los más revoltosos y ruidosos. Y el país como si nada.


¡Precisamente es lo que hay que discutir, el ESMAD… y el Estado!

Las protestas que desde hace más de una semana conmueven a Colombia no son protestas ante hechos puntuales, de la misma manera que las protestas que hace más de un mes sacuden a Chile no lo son por un alza de 30 miserables pesos del metro. Ambas protestas son sistémicas y expresan el malestar generalizado del pueblo con un sistema que ha vuelto insoportable la vida de la inmensa mayoría de la población mientras unos pocos se hacen groseramente ricos. En el caso de Colombia se suma también la violencia sistemática contra el pueblo, que se evidenció con las masacres de niños en Caquetá, los falsos positivos, el genocidio de líderes sociales en todo el país, y por supuesto, la violencia con los manifestantes en el marco de este paro cívico. No es casual que una de las demandas más fuertes que se han hecho sentir es el desmonte del ESMAD, el temido grupo antidisturbios que es responsable de innumerables muertes en cada protesta, incluida la muerte del joven Dilan Cruz durante este paro.

El desmonte del ESMAD, un grupo que da tratamiento de guerra a la protesta social y que es irreformable, era una de las demandas centrales del Comité Nacional del Paro (CNP). Pero ahora aparece una carta dirigida al “Respetado señor Presidente”, firmada por el CNP, junto a una serie de apaga-incendios profesionales del Congreso, la coalición “Defendamos la Paz”, y una lista de gente que incluye a no pocos vividores y oportunistas. La crema y la nata se juntaron en esta carta. Entre otros, aparece Rodrigo Londoño “Timo”, quien el día del paro, en lugar de estar en las calles de Bogotá, estaba en Aguabonita, Caquetá, pontificando sobre las mieles de la pacificación. Ahora aparece para montarse a la negociación de una protesta en la que estuvo ausente. En esta carta, el CNP, en asociación con buena parte de la clase política tradicional y “alternativa” del país, el “país político” como lo llamaba Gaitán, dice como condición para el diálogo con el gobierno:

Que se garantice el ejercicio del derecho a la protesta, se desmilitaricen las ciudades y cese toda acción violenta contra las movilizaciones pacíficas de la ciudadanía por parte de la Fuerza Pública y, en especial, del ESMAD.”[1]

No que se desmonte el ESMAD, sino que cesen sus acciones violentas. ¡Cómo si el ESMAD, que es la encarnación de la criminalización de la protesta social pudiera, por obra y gracia de Dios, reprimir de manera democrática! Esto, o es una ingenuidad, o es una claudicación; más bien parece lo segundo. Después de tener la iniciativa, el CNP se la ha vuelto a entregar al gobierno, dejando de lado una de las más sentidas aspiraciones populares, más sentida aun por el cobarde asesinato de Dilan Cruz, asesinato tan cobarde como los muertos en cada paro agrario, en tantas protestas estudiantiles, o como el apaleo letal a Nicolás Neira en plena carrera séptima a sus tiernos 15 años. Al parecer, aceptan con obediencia y resignación las palabras de Diego Molano, Director del Departamento Administrativo de la Presidencia, quien fue enfático:

Particularmente el Esmad no está en discusión. El gobierno nacional tiene claridad de que sus Fuerzas Militares y de Policía hacen parte del Estado; aquí no hay una negociación del Estado, aquí lo que hay es una conversación para encontrar soluciones a problemas concretos, a unas problemáticas sociales que se han planteado”[2].

El problema es que el pueblo es quien ha planteado la discusión del ESMAD. No es el “país político” quien lo ha hecho, y esa discusión se dará cuando el pueblo decida que se dé, cuando decida hablar con voz propia y no permita más que su voz sea secuestrada por una recua de politiqueros que han lucrado de sus cargos de representación, de gestores del descontento social, de administradores “responsables” de la protesta social. Acá no hay problemas “concretos” que solucionar. Esto no se soluciona con mejorales y aspirinas. Esto requiere una discusión de fondo, que sí, tiene que ver con el modelo, con esa línea roja planteada por el santismo que ahora posa de progresista (señal de lo derechizado que está el espectro político colombiano).

Siguiendo el exitoso (para la oligarquía) modelo de pacificación y desmovilización de las FARC-EP, ahora estos apaga-incendios han venido a reiterar las líneas rojas de la negociación con los exrebeldes, hoy convertidos en defensores del establecimiento. Durante todos los años de negociación en la Habana el bloque santista insistió que las políticas de Estado no estaban en discusión, que el Estado no se negociaba en la mesa, hasta que los exrebeldes lo terminaron aceptando. "El modelo económico o la inversión extranjera no son elementos presentes en esta agenda de negociación", insistió Humberto de la Calle para que no quedara ninguna duda[3]. Y así fue. Los farianos se desmovilizaron y todo siguió igual.

Hace pocos días, De la Calle volvió a la carga a raíz del paro cívico para defender el acuerdo con las FARC-EP: “el mejor acuerdo es ese, porque fue el que permitió que estos señores entregaran las armas, se destruyeran, formaran un partido político y reconocieran el sistema democrático en Colombia”[4]. Estas palabras no son casuales, como tampoco lo es su presencia como firmante de esta carta para el diálogo con Duque. Los sectores del establecimiento interesados en mantener el status quo, buscan reproducir el modelo de negociación con las FARC-EP pero con la protesta social: desmovilizarla, que terminen aceptando que no se discutirá ni el Estado ni el modelo, y luego mandarlos para la casa. Mientras prosigue la matazón de los más revoltosos y ruidosos. Y el país como si nada.

La firma de Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Rafael Pardo, entre otros, es señal de que con estas negociaciones lo que se busca es sacar pueblo a la calle, que ponga heridos y muertos para que otros negocien el descontento a cambio de migajas, cambios cosméticos, de un huequito en el banquete del poder. Negociar y negociar eternamente, para después alegar que no se cumple nada y repetir el ciclo. Acumular muertos e incumplimientos. La política del gatopardismo, o del rafaelpardismo en su versión colombiana: que todo cambie para que todo siga igual.

Ahora, precisamente es el momento de cruzar las líneas rojas, el momento de plantear la discusión de un modelo económico que destruye el medio ambiente; que asesina de hambre a los niños en la Guajira, en Meta, en el Chocó; que desplaza campesinos e indígenas; que deja en la calle a seres humanos que han trabajado toda su vida para que otros se enriquezcan; que arrebata todos los derechos a las personas; que empobrece al pueblo y encarece el costo de la vida. Es el momento de plantear la discusión de un Estado fundado en la violencia sistemática en contra de las comunidades empobrecidas y que criminaliza toda forma de protesta social. Este Estado, este modelo económico, y por supuesto, el ESMAD deben ser el tema principal de negociación ahora. Si no ahora, entonces ¿cuándo?

Pero parece que una vez más la dirección del movimiento popular no está en realidad interesada en luchar para vencer. No, están en realidad interesados en negociar otra derrota más. Y para ello, se apoyan en los “villanos invitados” que aparecen en la carta. En el “país político”, que habla un lenguaje totalmente extraño al “país nacional” que ha salido a marchar estos días por iniciativa propia y rabia honda. Al parecer no han entendido la profundidad del malestar popular. ¿Cuándo se romperá este ciclo? Ojalá el CNP rectifique. Y si no rectifica, ojalá que la máxima de Jorge Eliecer Gaitán de que el pueblo es superior a sus dirigentes se cumpla y que fuerce discusiones de fondo, a pesar de la sagrada alianza que está tratando de aplacarlos.

José Antonio Gutiérrez D.
2 de Diciembre, 2019.


[1] http://pacocol.org/index.php/noticias/nacional/10200-son-tres-las-condiciones-para-iniciar-dialogo-con-el-gobierno-colombiano

[2] https://noticias.caracoltv.com/politica/el-tema-del-esmad-no-estara-en-la-conversacion-nacional-advierte-gobierno

[3] https://www.bbc.com/mundo/movil/noticias/2012/10/121018_colombia_proceso_paz_ao.shtml

[4] https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/el-acuerdo-logro-su-finalidad-humberto-de-la-calle-articulo-892537

venezuela / colombia / miscellaneous / opinión / análisis Monday December 02, 2019 21:57 byViaLibre

A continuación, analizamos la semana de protesta nacional vivida en Colombia tras el paro del 21 de noviembre hasta el día 27 del mismo mes. Detallamos el desarrollo de las jornadas centrando nuestra visión en Bogotá y en el día a día del paro; evaluamos el significado de la irrupción espontánea del movimiento y reseñamos algunos elementos comunes de la protesta, al tiempo que, proponemos algunas líneas de acción para fortalecerla.

A continuación, analizamos la semana de protesta nacional vivida en Colombia tras el paro del 21 de noviembre hasta el día 27 del mismo mes. Detallamos el desarrollo de las jornadas centrando nuestra visión en Bogotá y en el día a día del paro; evaluamos el significado de la irrupción espontánea del movimiento y reseñamos algunos elementos comunes de la protesta, al tiempo que, proponemos algunas líneas de acción para fortalecerla.

Viernes 22 de noviembre: el toque de queda y la campaña del miedo

Desde el paro nacional del día anterior, inicia la huelga parcial de trabajadoras judiciales agrupadas en ASONAL y otros sindicatos. Hacia las 7 am se producen bloqueos en el Portal Américas de un centenar de jóvenes al que luego se suman más personas. Tras una hora de bloqueo pacífico, interviene el ESMAD y se generalizan los enfrentamientos con la policía, hechos que llaman a muchas jóvenes empobrecidas de la localidad a sumarse a la revuelta. Mientras se desarrollan estos choques, se producen, en horas de la tarde, saqueos sobre tiendas y locales comerciales en la zona de Patio Bonito.

Al tiempo, en el Portal Tunal se realizan también bloqueos que fueron reprimidos por la Policía. Las manifestantes se trasladan hacia el oriente al sector de Meissen, donde muchas espontáneas se suman a choques con las fuerza de seguridad que se prolongan durante toda la mañana. En horas de la tarde en Ciudad Bolívar se produce un saqueo al supermercado Ara.

Simultáneamente, se concentran jóvenes en la Plaza de Bolívar desde las 9 am y aunque inicialmente el número de policías supera el de manifestantes, este crece de forma rápida y dispersa. Sobre las 10 am y con unos 5.000 manifestantes en el lugar, una mínima tensión frente al Palacio de Justicia, precipita la represión del ESMAD, y la mayoría de manifestantes se dispersan por el centro de la ciudad. Mientras algunos manifestantes se alejan del centro, siguen llegando oleadas de gente a la plaza que sufre dos represiones más, hasta su virtual clausura por la Policía. En la tarde, el Comité Nacional de Paro convoca una reunión abierta, con pocas conclusiones, más allá de una reiteración a apoyar la movilización en curso, la condena habitual que hacen las direcciones burocráticas del anarquismo y la reiteración del pliego de reivindicaciones.

El acalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, emulando la advertencia gubernamental y la medida tomada en Cali el día anterior, impone el toque de queda desde las 8 pm en las localidades de Kennedy, Bosa y Ciudad Bolívar, extensiva también el municipio vecino de Soacha y un tiempo más tarde generaliza la medida al resto de la ciudad desde las 9 pm. En la noche, se realizan concentraciones masivas en Teusaquillo, Chapinero y Usaquén, lugar donde se presenta un plantón frente a un edificio de viviendas de lujo donde tiene una propiedad el presidente Iván Duque, desafiando el toque de queda, continúan las protestas al menos hasta las 11 de la noche. Por toda la ciudad se presentan cacerolazos desde ventanas, balcones, puertas y calles al menos durante una hora después del toque de queda.

En ese mismo periodo, se produce una ola de pánico ante supuestos saqueos a casas y sobre todo conjuntos residenciales de extracción media y popular, que el día anterior participaban de forma importante en los cacerolazos. El pánico se viraliza desde las 6:00 pm en Soacha y Bogotá, senadores del Partido Centro Democrático hablan de supuestas invasiones a conjuntos residenciales y las redes sociales se inundan de videos confusos de gente gritando y corriendo en los conjuntos. Se forman guardias vecinales contra supuestos saqueadores, armadas de palos, rocas, cuchillos, barras de metal y machetes, algunos en la localidad de Kennedy se identifican con camisas blancas y llaman a la intervención del Ejército y la Policía. Sin embargo, las invasiones no se producen y en horas de la madrugada la mayoría de vecinos retorna a sus casas.

Se presentan disparos y quema de objetos en las localidades de Santa Fe, Usaquén y Barrios Unidos, y es herido gravemente Martín Nieto que participaba en un recorrido de guardia por su barrio, en hechos aún por esclarecer.

Sábado 23 de noviembre: Dilan Cruz es herido de gravedad por el ESMAD

Haciendo un balance del toque de queda, se realiza una rueda de prensa conjunta del presidente Duque, el alcalde Peñalosa y fuerzas de seguridad. La Policía Nacional habla de 600 llamadas a la línea de emergencias concentradas en Kennedy, Suba, Usaquén y Barrios Unidos, y afirma que no hay ningún registro de que se hayan producido los saqueos a viviendas. Peñalosa habla de una campaña de terror bien orquestada y organizada. Culpa, entre líneas, a la oposición de izquierda, cuando la evidencia disponible sugiere más bien una instrumentalización por parte de la derecha uribista con la que gobierna.

Se producen concentraciones de jóvenes en la Plaza de Bolívar que son dispersadas por la acción del ESMAD, las manifestantes se alejan del centro mientras siguen llegando oleadas de gente a la plaza, quienes son reprimidos en reiteradas ocasiones. Se presentan choques entre manifestantes y el ESMAD en la Avenida Jiménez y en la Avenida 19, donde un sector de manifestantes que se desplazaba hacia el oriente es atacado por la policía. En estas acciones es gravemente herido en la calle 19 con carrera 4, el joven Dilan Cruz de 18 años quien es llevado al Hospital San Ignacio ubicado en la carrera séptima con calle 45.

En la noche continúan los cacerolazos espontáneos en los barrios con corte parciales de calles, que ahora combinan ollas comunitarias y canelazos. Se producen manifestaciones nocturnas de jóvenes en el sur occidente de la ciudad. Se realizan llamados dispersos a organizar asambleas vecinales, pero varias de las convocatorias fracasan, en medio de los llamados a movilización inmediata de la mayoría de manifestantes.

Domingo 24 de noviembre: Indignación por el caso de Dilan

Familiares, amigas y compañeras de estudio del joven Dilan Cruz, organizan una movilización desde el Colegio Gustavo Restrepo del Ricaurte hasta el lugar donde fue herido. Desde las 9:00 am concurren unas 2.000 personas, lideradas por sus compañeras del colegio, vestidos con camisas blancas y carteles con la consigna #TodosSomosDilan. Tras la concentración se produce una marcha espontanea hacia el Hospital San Ignacio donde se improvisa otro altar, que luego lleva a mas improvisadas marchas por el centro.

Continúan las grandes concentraciones nocturnas y cacerolazos, aunque es notorio el cansancio y varios de los puntos habituales de la protesta están vacíos. Se presenta una tendencia hacia una mayor unificación de los puntos de concentración. Continúan los homenajes a Dilan en el Hospital y el centro de la ciudad.

Lunes 25 de noviembre: Movilización por el Día Internacional de la eliminación de las violencias contra las mujeres

El sindicato docente ADE llama a organizar cacerolazos de una hora en las jornadas de la mañana y la tarde en los colegios distritales, con un acatamiento discreto. En la Universidad Nacional, cerrada desde el 22, se realiza una gran asamblea estudiantil que declara el paro indefinido.

Se organizan dos marchas feministas en el Día Internacional de la eliminación de las violencias contra las mujeres, una en el sur occidente de la ciudad desde las 3 pm a la que convoca el encuentro Aquelarre, y otra mayoritaria en el centro de la ciudad desde las 5 pm convocada por la Coordinadora Feminista de Bogotá.

La marcha desde el Parque Nacional suma un bloque mayoritariamente de mujeres estudiantes de universidades privadas que se movilizan desde el centro de la ciudad. En total, en la marcha se reúnen unas 10 mil personas, sobre todo estudiantes de secundaria y universidad, aunque las columnas específicamente feministas son minoritarias. Se organiza así la jornada del 25 de noviembre más grande de la historia del país, aunque en esta oportunidad la marcha de organizaciones de mujeres y disidencias representa solo un sector de quienes se movilizan en la jornada. En este escenario, se producen una combinación de consignas de la protesta nacional y especificas del movimiento feminista con predominio de las primeras, lo que no excluye que muchas jóvenes resultan interpeladas por las consignas específicas por el aborto legal, la educación sexual, la lucha contra la violencia machista, entre varias. La movilización termina en la Plaza de la Hoja, con la Avenida 30 parcialmente bloqueada, y el despliegue de un gigantesco trapo con un símbolo de lucha feminista sobre uno de los edificios residenciales.

La concentración sobre la 30 continúa hasta altas horas de la noche, y estudiantes universitarias bloquean la Avenida 26 en inmediaciones de la Universidad Nacional. Se confirma la muerte del joven Dilan Cruz.

Martes 26 de noviembre: Reunión abierta del Comité Nacional de Paro

Se realiza un bloqueo parcial del Portal Suba que tras la amenaza de represión se convierte en una marcha barrial por el interior de la localidad. Continúan los homenajes a Dilan Cruz tanto en la 19 con 4ta como en el Hospital San Ignacio. Se convoca una nueva ola de asambleas populares, con resultados mixtos, con mejores desempeños en los barrios populares del sur. Al tiempo, se organiza una nueva reunión abierta del Comité Nacional de Paro de la que surge un llamado a ampliar la participación de diferentes sectores y coordinar posiciones frente al llamado diálogo nacional propuesto por el gobierno.

Algunas decenas de estudiantes de la Universidad Nacional bloquean la Avenida 26 durante todo el día con partidos de futbol y voleibol. En la tarde hace presencia el ESMAD para despejar las calles y las concentraciones siguen frente a la acera. En la noche, se presentan grandes confrontaciones entre las estudiantes y jóvenes espontaneas con el ESMAD sobre la entrada de la Calle 30 y la Avenida 26.

Miércoles 27 de noviembre: Segundo paro nacional

Se produce un llamado a un nuevo paro nacional, aunque esta vez sin ninguna huelga concreta. Algunas decenas de manifestantes realizan intentos de bloqueo de los portales del Sur, Américas y Suba, pero son reprimidos por la Policía y continúan las movilizaciones localizadas sobre todo en Suba que se moviliza durante varias horas y en la estación Banderas en Kennedy.

Los sindicatos realizan una movilización desde el Parque Nacional por la calle 10ma a la Plaza de Bolívar, con gran protagonismo de delegadas de ADE, trabajadoras y estudiantes del SENA y empleadas estatales. La movilización es discreta en términos de fuerza y logra reunir unas 5 mil personas. Se suman grupos juveniles espontáneos en diversos puntos. Ante la ausencia de un acto central, la concentración se disuelve parcialmente, aunque miles de jóvenes continúan llegando en horas de la tarde y permanecen hasta la noche.

Se realiza una movilización estudiantil desde la Universidad Nacional hacia el norte de la ciudad que inicialmente se acuerda finaliza en la calle 100. Se suman estudiantes de universidades públicas y privadas del centro de la ciudad, y luego se suman columnas de la Universidad Pedagógica y Distrital. La movilización que bloquea parcialmente la autopista continúa por horas y en la noche llega mermada al Portal Norte y la estación de la calle 183. Sobre las 10 de la noche, las manifestantes que continuaban bloqueando el portal, son duramente reprimidas por la Policía y se producen choques hasta las 12 de la noche. En la represión, cae de un puente el joven estudiante Cristian Camilo Caicedo.

Continúan los homenajes a Dilan en el centro y el hospital, y se organizan concentraciones en la tarde con grupos musicales sin corte de vías en el parque de los Hippies. El Comité Nacional de Paro convoca a organizar asambleas barriales y realizar una pronta reunión de estas instancias de organización a nivel de localidad y la ciudad toda. Se realizan asambleas de organizaciones comunitarias en San Cristóbal y convocatorias divididas en Kennedy.

A nivel nacional, los indígenas nasa organizan dos bloqueos en la carretera Panamericana del norte del Cauca y en los que se producen choques con el ESMAD.

La irrupción espontánea del movimiento

El Paro Nacional del 21 de noviembre, con debilidades en términos huelguísticos y mayores fortalezas en materia de bloqueo de vías, tuvo una continuidad parcial en la convocatoria barrial del 22. Esta fue una jornada muy superior a los paros parciales de los últimos años, y se asemeja más a los paros cívicos nacionales del 14 de septiembre de 1977, el 21 de octubre de 1981 o el 20 de junio de 1985, el paro cívico regional del nororiente del 7 de junio de 1987 que se prolongó por una semana o el paro cívico del 1 de septiembre de 1999.

Desde el estallido del 21 de noviembre, se experimenta en el país y la ciudad una jornada espontánea de protesta nacional, que, aunque se identifica como paro, no es de hecho un movimiento de cese de labores productivas o de servicios. Sin embargo, si mantiene importantes elementos de movilización popular, y anormalidad en el tránsito y el funcionamiento de la economía. La protesta nacional centralmente organizada en los cacerolazos espontáneos con cortes de calles y, en menor medida, en los bloqueos de avenidas, es un elemento inédito y desconocido en la historia del país.

Por otro lado, y como balance parcial de la segunda jornada de paro convocada para el 27 de noviembre por el Comité Nacional de Paro y la CUT fue un fracaso relativo como huelga general, logrando solo una modesta movilización sindical por las principales capitales del país. Eso sí, de nuevo la jornada contó con importantes niveles de movilización vecinal, estudiantil y popular, combinando los elementos más fuertes del pasado 28 de noviembre del 2018 o el anterior 25 de abril de este año, con las nuevas dinámicas de la jornada de protesta nacional en curso.

Hoy es claro que ninguna fuerza política o social está dirigiendo la enorme protesta nacional y hay una predominante espontaneidad en esta movilización social. El contradictorio Comando Nacional de Paro de liderazgo sindical y, en menor medida, otras organizaciones sociales y políticas, han lanzado un pliego de exigencias y unas líneas generales de acción, que han tenido una acogida muy parcial por parte de los manifestantes.

La protesta nacional ha suscitado diversas consecuencias en el gobierno Duque. Por un lado, aunque continua su intención clara de impulsar su agenda de reformas neoliberales, la administración sigue negando la implementación de un paquetazo legislativo a la manera de Ecuador, y toma distancia del proyecto de reforma laboral radicado por el Centro Democrático en el senado para reducir de diferentes formas el salario mínimo. Por otro lado, anticipando y buscando prevenir la situación de Chile, el gobierno llamo un diálogo nacional con diferentes sectores y propuso una serie de reformas limitadas de alivio a la pobreza, negándose a discutir las decisiones económicas que justifican la protesta y la condición principal de las organizaciones del Comité Nacional de Paro.

Finalmente, ha aumentado la fractura de Duque con el ala más dura de su propio partido, representada por María Fernanda Cabal o José Obdulio Gaviria que claman por el Estado de excepción; ha fortalecido dentro del gobierno el peso del nuevo ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo, continuista y defensor de una línea de fortalecimiento de la represión y ha debilitado la contradictoria alianza de la coalición uribista-conservadora y los partidos independientes como Cambio Radical, Liberal y sectores de la U, que negocian con el gobierno cada votación legislativa.

Elementos comunes de la protesta

Los elementos claves de esta protesta nacional son varios. En primer lugar, el movimiento es tan vasto que es válido suponer que ha habido cacerolazos en la mayoría de los 998 barrios de la ciudad y al menos dos concentraciones en, al menos, cada una de las 117 Unidades de Planeamiento Zonal (UPZ) de la urbe. Se presenta un fenómeno de miles de jóvenes que deambulan durante el día y sobre todo en la tarde noche, vagamente coordinados por redes sociales, buscando participar de las concentraciones y cacerolazos. Sin embargo, también es claro que los elementos de organización popular son débiles, la mayoría de las convocatorias a asambleas abiertas para agrupar las fuerzas del movimiento a nivel local han fracasado y la mayoría de las manifestantes aún no son muy receptivas a los llamados de organización.

En la coyuntura se han formado grupos improvisados de agitadoras callejeras, muchas de las cuales se transportan en bicicleta, algunas en moto o patineta, que pitan o gritan consignas a favor del paro en diversas vías de la ciudad, sobre todo en la noche. No son correos humanos orgánicos que enlacen las fragmentadas protestas, pero en ocasiones mantienen un mínimo de agitación entre un lugar de la protesta y otro. También, grupos de conocidas y amigas se movilizan caminando por las calles principales caceroleando y agitando, sin mucho eco entre las transeúntes o vecinas, aunque comúnmente hay algún apoyo en al menos un apartamento de las torres de edificios o de un vehículo en cada parada de semáforo.

En las concentraciones se ha presentado un gran protagonismo de las artistas y receptividad hacia sus manifestaciones especialmente musicales y, en menor medida, de danza, telas o teatro. Se han presentado varias escenas de cientos y hasta miles de personas cantando, aplaudiendo y siguiendo el ritmo de bandas, batucadas y grupos improvisados. En la mayoría de las ocasiones las artistas han sustituido las consignas políticas, en algunos casos las han acompañan e incluso propuesto nuevos elementos de agitación como las diferentes versiones de la canción bella ciao.

Uno de los sellos de esta protesta es la relativa ausencia de símbolos políticos partidarios y la gran cantidad de banderas de Colombia, personas que portan las camisetas de la selección masculina de fútbol, se pintan los colores de la bandera estatal y entonan, a veces de forma reiterada, cantos solemnes e improvisados del himno nacional. Este nivel de patriotismo callejero era desconocido por el movimiento popular, aunque sí había elementos nacionalistas presentes en las manifestaciones sindicales y de forma más reciente las movilizaciones contra el asesinato de líderes sociales, estos eran escasos en las protestas barriales y casi nulos en las estudiantiles. Este patriotismo masivo, muestra la irrupción multitudinaria de personas no organizadas en estas jornadas.

Se han registrado dos grandes fenómenos poblacionales en esta protesta. Por un lado, el indiscutible protagonismo de las jóvenes populares, estudiantes de secundaria, trabajadoras, desempleadas y estudiantes técnicos y tecnológicos, de los que Dilan Cruz es un poderoso símbolo. En un país con un movimiento estudiantil de secundaria y educación técnica tan débil, resulta sorprendente la abrumadora cantidad de adolescentes en las actividades y las referencias a los memes, la cultura digital y la rebelión frente a la familia. También, han sido las jóvenes precarizadas de los barrios populares, principalmente hombres, quienes han protagonizado los choques con la policía, muchas veces con presencia minoritaria o aún inexistente de jóvenes universitarias más politizadas. Sin embargo, esta rebelión juvenil diurna, ha sido acompañada por una ola más nocturna de participación en cacerolazos de niños y niñas, adultas y personas mayores, una diversidad amplia y conmovedora.

Hemos visto que a medida que anochece muchos de los puntos de concentración, se han convertido en espacios recreativos, donde grupos de jóvenes dispersas que cortan hasta altas horas de la noche una vía conversan con entonación eventual de consignas políticas. Desde el 22 y el 23 de noviembre, se hacen comunes formas de “parchar” en medio del cacerolazo con alto consumo de alcohol y marihuana, sobre todo en los grupos más espontáneos, aunque estas prácticas de consumo en las actividades políticas siempre han estado presentes, para bien o para mal, en las marchas estudiantiles. La idea del cacerolazo como fiesta es positiva, aunque el uso excesivo de sustancias psicoactivas puede generar conductas riesgosas, como lo muestra la imagen de grupos de manifestantes que a media noche son incapaces de caminar y son, por lo tanto, presas fáciles de la represión.

Nuestra propuesta

La actual jornada de protesta popular representa una gran explosión de indignación social. Cientos de miles de personas en Bogotá y el resto del país se han movilizado y contagiado de un clima de rebeldía política y solidaridad social, nunca visto por nuestra generación en este nivel de masividad, en un hecho que ha resultado conmovedor para propias y extrañas. Per se, esto es una gran ganancia para el movimiento popular que, sin embargo, es importante que consigamos acompañar con la conquista ante el gobierno y la burguesía de reivindicaciones sociales concretas e inmediatas, en miras a un camino de luchas de mediano plazo.

Ante la espontánea ola de patriotismo callejero, pensemos que siempre con empatía y comprensión, podemos ir problematizando y sustituyendo los símbolos de identidad nacionalista, por nuevas y más bonitas formas de identidad rebelde y de clase, fortaleciendo la presencia simbólica y política del internacionalismo, potenciando las reivindicaciones y propuestas libertarias, obreras y feministas.

Finalizada la gran jornada del 21 de noviembre con protagonismo sindical, la mayoría de las trabajadoras ocupadas han tenido una participación menor en la protesta, ya sea sufriendo las alteraciones de transporte y sumándose a las largas caminatas hacia los barrios obreros, ya sea apoyando en sus barrios las acciones nocturnas de cacerolazo y movilización. La tarea de organizar sindical y socialmente este sector social, principal afectado de la agenda de reforma salarial y pensional del gobierno Duque, sigue mostrando su urgencia hoy.

La juventud popular que esta semana se toma con energía y rabia las calles, afectada por el desempleo y el trabajo precario, la inseguridad en salud, prestaciones y pensión, la violencia machista y la represión policial, está viviendo un interesante proceso de irrupción colectiva y politización en la lucha. Sin embargo, a partir de ahora, es claro que debemos apuntar a construir un movimiento estudiantil con procesos gremiales activos en todos los colegios públicos e instituciones técnicas y tecnológicas, sindicalismo con vocación e interés en organizar a la juventud precarizada, movimientos barriales, educativos y sociales para construir alternativas de vida a las cortas perspectivas de futuro que le impone el capitalismo a la juventud obrera.

Los barrios populares de toda la ciudad han tenido un protagonismo extraordinario en este periodo. Es nuestra tarea fortalecer los procesos de organización barrial, y la combinación de reivindicaciones sociales a la clase empresarial y las autoridades locales y nacionales en materia de trabajo, educación o cultura con la extensión de los procesos de autogestión y auto organización territorial.

Las mujeres y disidencias sexuales han participado activamente en esta coyuntura extraordinaria, con niveles de visibilidad y movilización difíciles de encontrar en el pasado. Sin embargo, los nuevos y viejos sectores que han salido a la protesta siguen reproduciendo una cultura ranciamente patriarcal que es necesario empezar a modificar inmediatamente proponiendo nuevas consignas, formas de actuar y organizarse, impulsando actividades y fomentando el debate programático sobre el género, para continuar rompiendo en la práctica con la dominación masculina y heterosexual.

La semana de protesta ha mostrado los gérmenes de la anarquía, es decir de una forma de organización igualitaria y solidaridad sin dominación ni principio de autoridad, que invita y necesita de la participación de las personas en las grandes decisiones de su vida. Extender y fortalecer estos gérmenes implica sobre todo construir saltos organizativos, agrupando en asamblea de democracia directa y deliberante a los sectores que se han reunido en los cacerolazos y bloqueos, construyendo una nueva cultura de participación política, cotidiana y desde abajo.

Hoy más que nunca ¡Arriba las que luchan!

Grupo Libertario Vía Libre

29 de noviembre de 2019

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