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iberia / represión / presos / debate Tuesday June 09, 2020 10:19 byDiarmuid Breatnach

Esta carta es un llamado al movimiento independentista catalán para que extienda su solidaridad a las demandas del prisionero político vasco Patxi Ruiz, actualmente en huelga de hambre. Si bien esta solidaridad debiera ser hecha por un sentido humanitario básico, esta posición fortalecería la solidaridad entre los elementos progresistas en ambas naciones que confrontan la represión del Estado Español.


CARTA ABIERTA AL MOVIMIENTO INDEPENDENTISTA CATALÁN

Diarmuid Breatnach


Hermanos y hermanas, ¡saludos! Vuestra valiente lucha se encuentra ahora en una pausa. Aunque en la lucha revolucionaria es importante mantener el impulso, a veces una pausa da tiempo para la reflexión. Un momento útil para ver lo que funcionó y lo que no, para repasar las lecciones aprendidas hasta ahora en la lucha y también para comparar con otros períodos históricos.

NO PODÉIS GANAR SOLOS

Está claro para la mayoría de la gente que Catalunya no puede, tal como están las cosas, ganar la independencia solo por sus propios esfuerzos. La población total de Catalunya, más o menos similar a la de Irlanda, supera por poco los 7,5 millones, mientras que la población del resto del Estado español asciende a casi 45,5 millones. Incluso con las poblaciones del resto de los Països Catalans, Valencia, Baleares y Catalunya Nord, los números no suman suficiente. Y tampoco todos los catalanes están a favor de la independencia, aunque la mayoría parlamentaria la pueda apoyar. Tampoco debe ser ignorado el Estado francés, que se encuentra en vuestra frontera norte y reclama el dominio sobre la Catalunya Nord.

Los Estados franceses y españoles son poderosos y también miembros prominentes de las alianzas económicas y militares, entre las que, en lo tocante a esta discusión, destaca sin duda la Unión Europea. Muchos de vosotros pedisteis apoyo a la UE cuando el Estado español envió sus fuerzas policiales para atacaros con ocasión de vuestro referéndum sobre la independencia en 2017. Recibisteis su respuesta cuando el entonces presidente de la Comisión, Claude Junkers, declaró que "no quieren una Unión Europea de 99 Estados" y también indicó que algunos de los estados miembros de la UE podrían enfrentarse a problemas similares a los del Estado español (en clara alusión a Francia, Italia, el Reino Unido - en ese momento - y Bélgica, estados que incluyen naciones o identidades nacionales en conflicto). La respuesta se repitió cuando a los eurodiputados catalanes Puigdemont y Comin se les prohibió durante un período la entrada al Parlamento Europeo.

Aquellos de vosotros que esperabais de la UE algo diferente sufristeis una decepción, en algunos casos muy amarga. Fue tan injusto. Sí, fue muy injusto… pero era totalmente previsible. La UE es una alianza que no sólo es capitalista, no sólo está dominada por un enfoque neoliberal de la economía, sino que también está dominada por Estados imperialistas. Y no se esperaba que alentaran la ruptura de uno de esos estados, aun cuando hubieran preferido que se comportara con más astucia y menos fuerza bruta. Por cierto, prefieren la astucia a la fuerza bruta no porque crean que ésta última está mal, sino porque una vez se ha recurrido a la fuerza bruta, caen las máscaras y entonces el resultado del envite depende de qué lado tiene más fuerza. Los gobernantes de los estados son muy pocos en número y sus partidarios cercanos pocos también. En el otro bando, el pueblo gobernado constituye una enorme masa.

Esto me lleva de nuevo a la cuestión de los números y lo pocos que sois. Tenéis valor e innovaciones inteligentes, pero necesitáis aliados. Hay muchos lugares en el mundo para buscar aliados, pero los lugares más obvios y efectivos son los más cercanos, en los mismos estados que os oprimen. Concentrémonos por un momento en el territorio de su principal opresor aquí: el Estado español.

EL ALIADO MÁS CERCANO Y OBVIO


Si se buscan aliados potenciales hay uno obvio que viene a la mente: el País Vasco. La población de esa nación no es ni siquiera la mitad del tamaño de la vuestra y está dividida mucho más que la vuestra por la frontera con el Estado francés. Sin embargo, después de la victoria del ejército fascista de Franco, esa pequeña nación luchó una dura lucha contra el Estado español a lo largo de la dictadura, durante la Transición y después. Aunque los observadores a menudo se centran sólo en su vertiente armada, se podría decir que la lucha fue también, y principalmente, social, linguística, ideológica y sindicalista. Un socio obvio, podría pensarse. Sin embargo, las cosas no han resultado, hasta ahora, de esa manera. Parece interesante analizar el por qué.

Una razón, creo, fue el rechazo de gran parte del movimiento independentista catalán a la vertiente armada de la lucha vasca, aunque ya hubiese terminado en 2012. Uno de los líderes catalanes exiliados, por el momento eurodiputada, incluso declaró públicamente que "nosotros los catalanes no somos como los vascos; nuestra lucha es pacífica". Estaba repitiendo lo que innumerables catalanes han dicho también sobre el carácter pacífico de su lucha, aunque desde luego el insulto y la alienación respecto a otra nación en dificultades fueron gratuitos.

En primer lugar, aunque la lucha de los catalanes por la independencia vaya a ser pacífica por los siglos de los siglos amén, eso no sería razón para rechazar la ayuda de un aliado que, además, había abandonado la lucha armada hacía ya más de cinco años. Lamento decir, y no os gustará admitir, que esos comentarios de distanciamiento de los vascos y de la vertiente armada de su historia de resistencia tenían como objetivo hacerse más atractivos para la UE. No funcionó, como bien sabéis ahora, y de hecho nunca podría funcionar, porque es la consecuencia propia de luchar por conseguir un Estado propio al que la UE se opone, independientemente de los métodos usados.

En segundo lugar, desde un punto de vista tanto histórico como práctico, es ilógico comprometerse para siempre a uno mismo (o a su pueblo) a un solo método de lucha. Contradice la historia de Catalunya, así como la historia de prácticamente cualquier otra nación del planeta que se haya resistido a una fuerza invasora o colonizadora. Ignora también la historia del propio Estado español que desde sus inicios ha sido represor violento no sólo de cada pueblo que ha invadido fuera de la península, así como de las naciones dentro de sus fronteras actuales, sino también de todos los movimientos democráticos, liberales y socialistas que surgieron entre su propia población. Pero dejemos esta cuestión a un lado por el momento y volvamos a la de los aliados.

Conociendo la historia del pueblo vasco, muchos en 2017 esperaban que surgiese allí algún tipo de movimiento popular en apoyo de Catalunya, para presionar a las fuerzas represoras y dar al Estado español un mayor quebradero de cabeza. No sucedió. Aparte de una o dos manifestaciones y mensajes de apoyo, sólo vimos el bloqueo por un breve tiempo de una de las principales autopistas comerciales del Estado español. Muchos quedaron sorprendidos o incluso impactados ante una respuesta tan débil de un movimiento que poco antes había sido capaz de poner a decenas de miles de personas en las calles en protesta contra el Estado.

Si los catalanes pidieron ese tipo de apoyo, o no, en realidad es lo de menos. La oportunidad estaba ahí, el enemigo era el mismo, pero los líderes del movimiento independentista vasco optaron por no actuar.

¿Significa esto que los vascos nunca apoyarán la lucha de Catalunya por la independencia? No es eso lo que pienso... pero el tema requiere una investigación un poco más profunda.

UN CAMBIO DE LIDERAZGO

Si esta crisis hubiera surgido en los años 70 o 80, el apoyo práctico del País Vasco habría sido enorme y habría tensionado enormemente a las fuerzas represoras del Estado español. Tal vez incluso a principios de la década de 1990. Sin embargo, al final de esa década la mayoría de los líderes de la izquierda abertzale estaban tratando de abandonar por completo la lucha armada y se sintieron atraídos por lo que veían como el éxito de los procesos de pacificación en Irlanda, Palestina (por un corto período) y Sudáfrica. A diferencia de los ejemplos irlandés y sudafricano, disolvieron la vertiente militar de su organización sin obtener del Estado español ni una sola cosa a cambio (excepto más represión). Pronto se hizo evidente que la actividad armada no era la única forma de lucha a la que estaban renunciando, y que a partir de entonces se centrarían casi completamente en el camino electoral.

Parece lógico hacerse preguntas sobre un liderazgo que en su momento se declaró a favor de la independencia y el socialismo de una entera nación en torno al euskera, y que ahora se conforma con campañas electorales en las que, incluso en el muy improbable caso de convertirse en un partido mayoritario en una parte de su nación, todavía tendría su territorio dividido entre dos estados poderosos. Por ridículo que parezca, tal vez sólo tenían ganas de volver a tener “vidas normales” y les faltó valor para admitir su verdadera motivación.

Mientras tanto, los catalanes, ahora alzándose en lucha, tienen vidas lejos de lo que podría considerarse "normal". Sus organizaciones independentistas se están preparando para la siguiente etapa de la guerra y su gente se pregunta en qué consistirá y si sus líderes tienen la capacidad de tomar las decisiones correctas; otros líderes en la cárcel o en el exilio por acusaciones amañadas, más de 700 activistas que se enfrentan a futuros procesos, y todo ello a raíz de la lucha contra un Estado que no ha cedido ni un milímetro.

La necesidad de aliados eficaces, en todo caso, es ahora mayor. Todavía están los vascos. Sí, lo digo a pesar del abandono de la lucha por los líderes de su movimiento. Allí el corazón de la resistencia todavía late, aunque la cabeza esté algo confusa e incierta.

POR LOS DERECHOS HUMANOS Y LA SOLIDARIDAD


Hace casi cuatro semanas, Patxi Ruiz Romero, un preso político vasco que podría ser considerado por algunos un "disidente", inició una huelga de hambre, durante la cual 12 días fueron también una huelga de sed. Un movimiento vasco que también algunos consideran "disidente", el Movimiento por la Amnistía y Contra la Represión, ha movilizado protestas públicas en solidaridad con Patxi Ruiz y han tenido lugar ayunos, concentraciones y marchas en todo el País Vasco, incluyendo cada una de sus cinco ciudades: Gasteiz / Vitoria, Iruñea / Pamplona, Donosti / San Sebastián, Baiona / Bayona y Bilbo / Bilbao. Todo esto ha ocurrido no sólo con la falta de apoyo del liderazgo de la izquierda abertzale, sino incluso con su condena de la movilización en las calles. ¡Y vosotros, catalanes, sabéis de la importancia de las calles! ¿No es “Els carres seran sempre nostres” ("Las calles siempre serán nuestras") uno de los eslóganes populares de vuestro movimiento?

Os pido ahora que tendáis públicamente la mano de vuestra solidaridad con este movimiento (como hicisteis el viernes pasado en la concentración de Barcelona). Tanto por solidaridad por los derechos humanos como por hermandad en la lucha con el País Vasco. Algunos diréis que no estáis de acuerdo con el camino elegido por Patxi Ruiz y que llevó a su arresto. Yo respondo que no tenéis por qué apoyar ese camino, pero sí que DEBERÍAIS APOYAR LOS DERECHOS HUMANOS a la autodeterminación, contra la tortura, contra las palizas en prisión y a favor de cumplir su condena cerca de su familia (¿recordáis cuando los presos políticos catalanes estaban detenidos en Madrid?).

Otros podéis objetar que el movimiento "disidente" es pequeño. Yo respondería que un pequeño movimiento que lucha vale mucho más que otro enorme pero frenado por sus propios líderes. También respondería que la izquierda abertzale fue también, en algún momento, un movimiento pequeño.

Algunos podéis decir que vuestro movimiento será acusado de ser partidario de ETA, cuando no lo sois. En primer lugar, ETA ya no existe. En segundo lugar, ¿qué importancia tiene una acusación más contra vosotros lanzada por fascistas y unionistas españoles?
No deberíais necesitarme a mí, un militante insignificante aunque con muchos años de experiencia, para entender esto. La verdad está clara en este caso. Y a estas alturas, tal vez incluso vuestro apoyo será insuficiente para salvar la vida de Patxi. Pero sería apreciado y recordado, y ayudaría a forjar una unidad de acción contra un enemigo común, una unidad a la que otras fuerzas, en este momento más o menos inactivas, acudirían y ayudarían a romper este Estado fascista y traer la libertad para todos. Desde dondequiera que esté en ese momento, estoy seguro de que Patxi os lo agradecería. Y vuestro propio pueblo también. Y otras muchas personas que están en lucha en todo el mundo.

Diarmuid Breatnach, Dublín.

iberia / economía / opinión / análisis Thursday May 14, 2020 18:16 byJosé Luis Carretero Miramar

Pero lo que no está claro es que nos valga cualquier Europa. Estamos ante una Europa sin solidaridad, sin fiscalidad común, sin un Derecho del Trabajo que sirva como suelo legislativo, sin una defensa soberana e independiente. Pertenecemos a una Europa que desoye las llamadas a compartir la deuda, a la construcción de una renta básica de ciudadanía, a una profundización democrática y a una apuesta federal para el continente, que sólo puede estar basada en la convergencia hacia arriba de las condiciones de vida de los trabajadores europeos.


EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL ALEMÁN, CONTRA EUROPA.

Un brutal torbellino socioeconómico se ha desatado sobre Europa como resultado de la mortal pandemia del coronavirus. Un informe de Goldman Sachs pronostica una contracción del 9 % del PIB para la economía de la Eurozona en 2020. La que saldrá peor parada será Italia, con un desplome del 11,6 %, mientras la economía española, según el ubicuo banco de inversión norteamericano, se contraerá un 9,7 % y la francesa un 7,4 %.

El expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en una columna en el Financial Times advierte a los líderes de la Unión de que “la pandemia de coronavirus es una tragedia humana de proporciones potencialmente bíblicas”, y que la respuesta comunitaria sólo puede pasar un por un significativo aumento coordinado de la deuda pública. Para él, “la única manera eficaz de abordar la situación con inmediatez pasa por la completa movilización de los sistemas financieros de los países, evitando demoras burocráticas”.

Sin embargo, la Unión Europea no termina de implementar una política solidaria común frente a la complejidad del reto representado por la expansión del Covid-19. Europa, un gigante herido, pero incompleto, que ha vivido hace pocos meses el trauma del Brexit y las recurrentes tensiones centrífugas alentadas por las fuerzas de ultraderecha, tiene enormes dificultades para configurar una respuesta a la altura de las circunstancias.

Las contradicciones que atraviesan el proyecto europeo son múltiples. La Unión Europea se diseñó, ya desde sus mismos tratados constitutivos, como un espacio abierto a la libre circulación de capitales, no sólo en el interior de la zona, sino también procedentes del exterior. Si a eso le añadimos la utilización de una moneda única configurada de manera extremadamente favorable a los intereses exportadores de Alemania y la ausencia de una política fiscal común, nos encontramos, reiteradamente, con una dinámica en la que cualquier crisis impacta de manera diferencial en los países del Norte y de la Periferia de la Unión, generando tensiones crecientes y potencialmente insolubles.

Los vimos en los años posteriores a 2008, cuando las primas de riesgo italiana o española amenazaron con acabar con la viabilidad del euro y Grecia se hundió en una catastrófica deriva hacia la pobreza. Sólo una respuesta unitaria, personificada en la declaración de Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, de que se iba a hacer “todo lo necesario”, pudo evitar el colapso e implosión del imperfecto proyecto de Estado-continente europeo.

Pero el salvamento vino acompañado de fuertes condicionalidades, en la forma de planes de ajuste, recortes del gasto público y reformas laborales y de pensiones. Fueron las llamadas “políticas de austeridad”, exigencia fundamental de las élites financieras e industriales del Norte de Europa para rescatar a los bancos y a las dependientes economías de servicios de los países del Sur. Los desahucios, el paro de masas y el desmantelamiento creciente del Estado del Bienestar fueron el resultado de una década de reformas, recortes y privatizaciones. Recortes, muy señaladamente, también, en la Sanidad pública española, de lo que ahora hemos pasado a ser muy dolorosamente conscientes.

Y el problema es que ahora estamos en una nueva crisis, y las tensiones han reaparecido. Los debilitados sistemas públicos de salud del Sur de Europa, atenazados por la imposibilidad de los Estados miembros para realizar su propia política monetaria o para traspasar las enervantes exigencias de déficit del Tratado de Maastricht, no pueden hacer frente a la brutal extensión de la pandemia. Hacen falta recursos. Y algunos de los industriales y financieros del Norte quieren negociar contrapartidas.

Maratonianas reuniones se suceden en las altas instancias europeas. Holanda toma el papel de ogro desagradable para el Sur, mientras Alemania juega a mantener la Unión sin pagar demasiado a cambio. Los mediterráneos piden eurobonos, mutualizar los costes, rescates que no estén basados en la deuda y un gran Plan Marshall de reconstrucción de Europa.

La partida, en estos momentos, está al rojo vivo. El Banco Central Europeo ha decidido, pese a sus iniciales vacilaciones, poner en marcha un plan de compras de activos comunitarios de 750.000 millones de euros para salvar la moneda única. Su presidenta, Christine Lagarde afirma que “actuará como sea necesario y durante el tiempo que sea necesario”. La Unión, tras muchas tensiones políticas, decide poner en marcha varios instrumentos de ayuda a los Estados miembros, con condicionalidades “blandas”: créditos del MEDE (el Mecanismo de Estabilidad Europeo), un fondo de garantías del Banco Europeo de Inversiones de 200.000 millones de euros y un mecanismo temporal de reaseguro del desempleo comunitario para los trabajadores que estén en situación de suspensión en sus trabajos (como es el caso de los incluidos en los ERTEs y los autónomos españoles).

Los gobiernos mediterráneos insisten en la necesidad de los eurobonos u otros mecanismos de mutualización de la deuda, hacen notar que los créditos del MEDE presuponen el cumplimiento de las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que fuerzan a mantener el déficit público por debajo del 3%, lo que implica, en estas circunstancias, la temida “austeridad”; y subrayan la necesidad de un seguro de desempleo europeo permanente, así como de una auténtica línea de solidaridad transcontinental basada en transferencias de renta y no en deuda.

Y, en este escenario de tensiones y forcejeos, entra en escena el Tribunal Constitucional alemán.

El día 5 de mayo, el Tribunal Constitucional germano dicta una sentencia que actúa como la explosión de un polvorín, en medio de una ciudad sitiada. Su fallo mantiene que el Banco Central Europeo se extralimitó en su mandato con su programa de compra de deuda pública, lanzado en 2015, bajo la presidencia de Draghi, para frenar el brutal colapso de la crisis iniciada en el 2008. El Constitucional alemán requiere al BCE para que justifique su actuación e insta al Bundesbank a interrumpir las compras que realiza a cuenta de ese mismo programa. Si el BCE no responde satisfactoriamente al Alto Tribunal germano, en el plazo otorgado para ello, afirma la sentencia, el Bundesbank deberá encontrar una forma consensuada para deshacerse de los bonos comprados en el marco del programa que están en su poder.

Con esta decisión, el Tribunal Constitucional alemán pone en crisis varios elementos centrales de la actual arquitectura europea. En primer lugar, sienta un precedente que podría ser utilizado contra el actual programa de compras del BCE relacionado con la crisis del coronavirus, ya que este es aún más laxo que el rechazado por la Corte. Pero, aún más, pone en cuestión la jerarquía jurídica de las normas y las instituciones en el interior de la Unión. El tribunal desoye una previa sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que ha considerado justificado el programa del BCE en diciembre pasado, y lanza un requerimiento que se quiere imperativo a una institución comunitaria e independiente (el BCE) que, según los tratados de la Unión, no puede ser fiscalizada por las instituciones nacionales de los Estados miembros.

La independencia del Banco Central Europeo y el futuro de la Unión pasan a estar en juego. El BCE se niega a responder al Tribunal Constitucional alemán. La presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, amenaza con multar al Estado germano y afirma “el Tribunal de Justicia de Luxemburgo siempre tiene la última palabra en materia legal en la Unión Europea. Me tomo esto muy en serio.

Pero la canciller Angela Merkel siembra dudas. Afirma en una reunión con altos funcionarios de su partido que el fallo del Tribunal Constitucional germano es “solucionable” si el BCE atiende al requerimiento de la Corte y le explica su plan de compra de deuda. Un portavoz de su Ministerio de Finanzas indica que el gobierno alemán cumplirá con los requisitos fijados por la sentencia. El presidente del Bundesbank declara que “respetando la independencia del BCE” apoyará todos los esfuerzos para que este justifique su plan de compras ante el Constitucional alemán.

Alemania, por tanto, amenaza con poner el entero edificio institucional y jurídico de la Unión Europea patas arriba. Y lo hace desde la insolidaridad, desde una inconfesada vocación imperial que le hace pensar que los mercados protegidos que le brinda la existencia de la Unión Europea no han ser sufragados mediante el reciclado de sus excedentes industriales. Polonia y Hungría sonríen a la espera de que el caos desatado termine por descomponer el edifico jurídico que ha servido como freno a su deriva autoritaria interna.

Todo está en juego en esta intempestiva crisis del coronavirus. Europa tiembla, atenazada por las contradicciones del Brexit, del enfrentamiento Norte-Sur, de las tensiones con el grupo de Visegrado, de su incapacidad para construir un aparato de defensa propio y una política exterior común y de su pérdida tendencial de soberanía tecnológica. Encara ahora la rebatiña desatada por las élites sobre quién tiene que pagar las pérdidas derivadas de la pandemia.

Europa es una buena idea. Vivimos en un mundo de tiburones globales, de Estados-Continente como Rusia, China o los Estados Unidos de América, de fondos de inversión que manejan capitales inconmensurables. Sólo una Europa unida puede hacer frente a los grandes torbellinos que se apuntan en el horizonte, como la crisis ecológica, la Cuarta Revolución Industrial o el caos creciente de un mundo multipolar y desigual.

Pero lo que no está claro es que nos valga cualquier Europa. Estamos ante una Europa sin solidaridad, sin fiscalidad común, sin un Derecho del Trabajo que sirva como suelo legislativo, sin una defensa soberana e independiente. Pertenecemos a una Europa que desoye las llamadas a compartir la deuda, a la construcción de una renta básica de ciudadanía, a una profundización democrática y a una apuesta federal para el continente, que sólo puede estar basada en la convergencia hacia arriba de las condiciones de vida de los trabajadores europeos.

Afirma Mario Draghi en el Financial Times que, en estas circunstancias “el coste de vacilar podría ser irreversible”. La austeridad puso en cuestión la idea de Europa la década pasada. Y el Tribunal Constitucional alemán, ahora, la puede empujar al abismo.

José Luis Carretero Miramar.

iberia / history of anarchism / opinion / analysis Wednesday April 29, 2020 02:44 byMiguel G. BlackSpartak

The notorious flu epidemic of 1918 – known as the ‘Spanish’ flu epidemic – was first reported among US troops bound for the First World War trenches. Given the enormous mobility of troops at the time, the disease was largely free to spread to fresh population centres and so it claimed the lives of 50 million people worldwide. Spreading like wildfire. A powerful example of the destructive power of a pandemic.

In the kingdom of Spain, the disease arrived sometime between April and May 1918. We know that, as there was no press censorship in the country, the Spanish press reported the epidemic within days of its arrival. Which explains why it was initially thought of as having come from Spain and spread to the rest of Europe, when the opposite was true. And to complete the contextualization of the disease, there was a further surge in September and October 1918, when the mortality rate was at its highest. After that, there was another upsurge in February 1919, lasting a further two months. Finally, in 1920, there was a second wave of the epidemic. In all, around 150,000 lives were lost in Spain and 1918 was the only year (prior to the Civil War) when there was a fall in the overall population figures.

The fact is, though, that the epidemic struck a Spain that was barely surviving poverty levels. The contemporary press highlighted the good work of the authorities in, say, organizing clean-up squads or shutting down the schools. But to be realistic, most of the children scarcely set foot in a school, as they had to work from a very early age. The labour organizations were unable to concern themselves with the disease and used to chalk it up to the dire hygienic conditions in which the working class lived. Thus the Catalan unions affiliated to the CNT went ahead with the Sants Congress in the summer of 1918 (by which time the first wave of the epidemic had begun to ease) and the Asturian miners held their congress in September, whilst the UGT held its national congress in Madrid in October (in mid-surge).

Bear in mind that the virus went unidentified until 1935 and that the working class of the time was already familiar with the impact of cholera, TB, diarrhoea and fever, typhus, polio and measles. Each epidemic claimed lives by the thousands and the poorest strata of society were especially hard hit. Poverty and lack of hygiene usually go hand in hand and this partly accounts for the high mortality rate. Added to which there was also the hunger that struck in times of crisis and 1918 was assuredly one of those. Europe was living through the final convulsions of the Great War and the factories were shutting down. Which merely exacerbated the circumstances of families staring at an uncertain future. The ongoing death-rates triggered religious processions and public prayers “for our sins” – the sort of thing that had happened in earlier epidemics.

But it should also be remembered that this came at a time of very high political and social conflict, the ending of the war in Europe. The pandemic claimed millions of lives in Europe, providing the backdrop to the revolutions of 1918-19. It would not at all be going too far to state that the flu was one factor in the rash of strikes that erupted in Catalonia in 1919, ushered in by the famous La Canadiense strike in February of that year.

Solidaridad Obrera – in October – carried daily reports of the epidemic. There was talk of people dying day in and day out on the streets of Barcelona and in other cities around Spain. There were reports of doctors dying and of sanatoriums being relocated from places not overly stricken by the disease to needier areas. And of protests against towns and cities being left to fend for themselves, health-wise. Which was a stark contrast with what the authorities claimed that they were doing. Obviously, their efforts were not up to the mark. The people insisted that unhealthy premises or food-stores from which there was a stench flowing be shut down – remember that nobody knew for sure where the flu was coming from. Solidaridad Obrera took it upon itself to reply to one report that half-rotten bananas were being sold outside its own offices. Another consideration was the murky waters flooding the cities in the wake of rain showers, or the wholly unhygienic urban streams of the industrial era.

Furthermore, there was the collapse of hospital and funeral services. In respect of the latter, there was a strike in Barcelona triggered by the dismissal of 21 workers for taking exception to the very dire conditions they were having to cope with while making coffins. The Woodworkers’ Union espoused that strike and called the entire sector out on strike in October 1918. Victory was secured within days. The cabinet-makers of Valencia did likewise. In the case of Barcelona, the death from flu of Josep Escofet on 15 October was reported; he was a leading militant of the Woodworkers’ Union. And there were strikes in other sectors too (the coppersmiths, tram-workers, Casa Girona employees, carriage-makers in Barcelona; the glass-workers in Gijón, the miners in Asturias, Andalusian farm-workers, company employees in Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.). This at a time when there was no self-isolation. Barcelona even had to contend with a rent strike backed by the Tenants’ Union (based at 83, Calle San Pablo, premises shared with the pasta-makers), after hikes in rents for apartments and rooms. The demands were similar: in addition to soaring prices there were complaints about the absence of toilets and running water.

When these demands were publicly delivered to the landlords, the latter merely laughed at them, whilst the City Corporation just shrugged its shoulders. The suggestions coming from the workers’ organizations were entirely reasonable. The need to report for work was not being queried. This was at a time when the rule was “no work, no pay”. There was a request for a reduction in work hours so that they might have enough strength left to contend with the epidemic, since it was correctly believed that exhausted bodies were weak and made easy pickings for the disease. There was also a request that washing facilities be installed in workshops for hand-washing purposes. Another demand was that canteens be set up in the factories so that they might have something hot to eat. The usual practice was to have cold snacks eaten while sitting on the floor. There was even talk of improving ventilation in the workplaces; usually there was a hanging cloud of thick dust, floating textile fragments or smoke affecting their breathing.

In Valencia, the Naturist Vegetarian Society offered its services to the governor to assist flu-sufferers. The offer was rejected by the Board of Health on moral grounds. By which we mean so-called Christian morality, of course. The hygienist, naturist or vegetarian movement was gradually expanding, partly on account of this epidemic, with a finger of blame pointed directly at the State over its failure to look out for public health. The general population was also accused of ignorance for not knowing how to combat the disease properly. The view was that a vegetarian diet was the cure.

In short, by 1918, the epidemic was yet another factor to be considered in a world turned upside down. In contrast to our current pandemic, where the Coronavirus has come out of the blue, the flu of 1918 was but one of many incidents that struck out of the blue. The ending of the World War triggered a deep-seated economic crisis and the world was stalked by the spectre of revolution. We cannot say for sure what impact the flu had on the revolutions of the day. All we do know is that it had an impact in Brazil, becoming the overture to an insurrection (the bourgeois withdrew to their luxurious villas, leaving the workers to perish in their thousands). We do know that in the wake of an epidemic, life has an added value and this underpins fresh social struggles that might previously have been unthinkable. We shall see what the current epidemic holds in store for us.


http://www.anarkismo.net/article/31850 (originally posted at https://lasoli.cnt.cat/2020/04/10/memoria-lepidemia-de-grip-de-1918-als-mitjans-de-la-confederacio/)

[Additional from KSL:] From Solidaridad Obrera, 15 October 1918. Manuel Buenacasa reports the death of Jose(p) Escofet from the ‘flu.

The flu, the ‘harmless illness’ that the authorities speak of, took but a few hours to carry off our friend who was treacherously attacked more than once at point blank range by the enemies of worker organization, but who failed to finish him off. He has perished, still full of enthusiasm and youth, aged just twenty-six. News of his demise will be cause of rejoicing for many. We are genuinely pained by the passing of this kindly, decent and hard-working fellow who contributed his enthusiasm, his liberty and his life to the revolutionary workers’ organization and the idea of human redemption.

Translated by: Paul Sharkey. Translation originally posted at https://www.katesharpleylibrary.net/k6dm37

iberia / economía / comunicado de prensa Friday April 24, 2020 01:42 byCNT

Desde la CNT de Zamora nos posicionamos claramente en contra de la reincorporación al trabajo de los sectores no esenciales desde el pasado lunes día 13 de abril de 2020, ya que entendemos que esta vuelta al trabajo solo obedece a criterios económicos. Por eso, exigimos el cese de cualquier actividad no esencial hasta que la situación provocada por el coronavirus sea completamente segura para la clase trabajadora.

Apelamos, en este sentido al Estatuto de los Trabajadores mismo, que en su capítulo IV y en su artículo 21, en materia de Salud Laboral, recoge que se han de garantizar las necesarias medidas de seguridad de los trabajadores y constituye la base normativa actual que se debe aplicar.

Claramente, tanto el número de contagiados como el número de fallecimientos par causa del COVID-19 ha seguido aumentando, situándonos como uno de los países más afectados con más 20.000 muertes.

Después de más de un mes en estado de alarma y 15 días de suspensión de la actividad en sectores no esenciales, los poderes económicos han puesto en funcionamiento su maquinaria de propaganda hasta hacer activar otra vez la producción, por lo que podemos decir sin temor a equivocarnos, que en estos momentos el Estado teme más la crisis económica que la crisis sanitaria, estando dispuestos a sacrificar las vidas y la salud de quien sea necesario en pos de salvar el sistema, vidas que pondrán en riesgo los y las de siempre.

Durante todo este periodo de estado de alarma, hemos visto cómo las medidas que se tomaban iban enfocadas a salvaguardar la economía en lugar de garantizar la seguridad de la clase trabajadora; prueba de ello es la gran cantidad de Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) aprobados, a los que sistemáticamente se han acogido todo tipo de empresas como si de una moda se tratase, mientras reclamaban la vuelta a la actividad que ya han conseguido. Y así, gracias al denominado permiso retribuido recuperable, pueden asumir una reducción de plantilla pagada por todos y por todas, mientras aumentan los beneficios con las horas que has de recuperar.

Consideramos que no se dan las condiciones de seguridad necesarias para que la vuelta al trabajo se produzca, ya que esta reincorporación provocará de nuevo las aglomeraciones en los medios de transporte hacia los centros de trabajo, sin garantizar unas medidas mínimas de higiene para poder hacerlo con seguridad. Además, el Estado es incapaz de suministrar mascarillas para todas y todos los trabajadores.

De igual modo, consideramos que la gran mayoría de las empresas no estaban ni están preparadas para acoger a los y las trabajadoras en sus centros de trabajo de forma segura, pues dar una mascarilla el primer día y colocar un cartel en el tablón de anuncios no es cumplir el protocolo de seguridad. Protocolo que se saltan sistemáticamente bajo amenaza de ampliar el ERTE o de posibles sanciones una vez acabado el periodo de estado de alarma.

Por estas razones, desde el sindicato de la CNT de Zamora entendemos que la vuelta a la “normalidad” debe hacerse desde una perspectiva de clase, rechazando rotundamente la vuelta a la actividad mientras no se garanticen al 100% la seguridad y la salud de todos los trabajadores y todas las trabajadoras, siendo solo esto posible una vez que desciendan a niveles residuales los contagios.

Esto pone de manifiesto que el Estado es el enemigo de la clase trabajadora, sea cual sea el color del gobierno que tenga en ese momento, utilizándonos simplemente como maquinaria para fortalecer sus posiciones de privilegio, sin importarles las consecuencias en la salud de los trabajadores y trabajadoras, por lo que desde CNT Zamora volvemos a hacer un llamamiento a la autoorganización de todas y todos los trabajadores para afrontar los ataques del sistema, organizándonos de una manera horizontal y asamblearia, sin depender de nadie más que de nuestros propios medios.

ibèria / història de lanarquisme / opinion/analysis Sunday April 19, 2020 01:31 byMiguel G. BlackSpartak

La famosa epidèmia de grip de 1918, anomenada “grip espanyola”, va aparèixer per primera vegada entre els soldats americans que anaven a les trinxeres de la Primera Guerra Mundial. A causa de la gran mobilitat de tropes d’aquells dies la malaltia va poder estendre’s amb gran llibertat entre noves poblacions. D’aquesta manera va matar la barbaritat de 50 milions de persones a tot el món. Es diu ràpid. Constitueix un poderós exemple del potencial destructiu que té una pandèmia.

Al Regne d’Espanya la malaltia va arribar entre abril i maig de 1918. Es diu que al no existir una censura en la premsa, els mitjans espanyols van informar de l’epidèmia a les poques jornades de la seva aparició. Per això al principi es pensava que la malaltia venia d’Espanya i s’havia contagiat cap a Europa, quan va ser a l’inrevés. Per contextualitzar la malaltia, aquesta va tenir un rebrot al setembre i octubre de 1918 que va ser l’època amb major mortalitat. I més tard un altre repunt al febrer de 1919, que va durar un parell de mesos. Finalment, en 1920 va haver-hi una altra onada de l’epidèmia. En total van morir al voltant de 150.000 persones a Espanya i l’any de 1918 va ser l’únic fins a la Guerra Civil en el qual la població total del país va descendir.

Però la veritat és que l’epidèmia va arribar a una Espanya que amb prou feines sobrevivia a la misèria. La premsa de l’època destaca els encerts de les autoritats, com per exemple, l’organització de brigades de neteja o el tancament de les escoles. Però sent realistes, la majoria de la infància ni tan sols trepitjava una escola, havent d’anar a treballar des d’edats molt curtes. Les organitzacions obreres no van poder preocupar-se de la malaltia i la solien atribuir a les pèssimes condicions higièniques en les quals vivia la classe obrera. D’aquesta forma els sindicats catalans afectes a la CNT van celebrar el Congrés de Sants, en l’estiu de 1918 (quan la primera onada de l’epidèmia havia remès), els miners asturians el seu al setembre i la UGT va celebrar el seu congrés nacional a Madrid a l’octubre de 1918 (en ple rebrot de la malaltia).

Cal entendre que no es descobririen els virus fins a 1935 i que la classe obrera del moment coneixia els efectes del còlera, de la tuberculosi, de les diarrees i febres, del tifus, la pòlio o la verola. Cada epidèmia es cobrava les vides de milers de persones, i s’encebava especialment amb les capes socials més pobres. Pobresa i manca d’higiene solen anar íntimament unides i aquesta una de les raons de l’alta taxa de mortalitat. A aquest factor se li pot associar també la fam, que acompanya els períodes de crisis, i 1918, ho era. Europa vivia els últims episodis de la “Gran Guerra” i les fàbriques anaven tirant el tancament. Això agreujava la situació de les famílies que veien un futur incert. Les contínues morts anaven donant peu a processons religioses i a oracions públiques “pels nostres pecats”, com havia tingut lloc durant les epidèmies anteriors.

Però també cal tenir en compte que es dóna en un període d’altíssima conflictivitat política i social, com és el final de la guerra europea. La pandèmia es va cobrar milions de vides a Europa sent el marc en el qual es van donar les revolucions de 1918-19. No és gens agosarat considerar que la grip va ser un factor més de l’esclat vaguístic de 1919 a Catalunya, que s’obriria amb la famosa vaga de la Canadenca al febrer d’aquell any.

A Solidaritat Obrera – cap a l’octubre – apareixien cada dia publicades notícies referents a l’epidèmia. Es parlava de morts cada dia, als carrers de Barcelona i també als pobles espanyols. Es constatava la mort de doctors, i el trasllat de sanitaris des d’uns llocs poc assotats per la malaltia cap a uns altres més necessitats. I es notificaven protestes davant l’abandó sanitari de la viles i ciutats. És un contrast evident cap al que deien les autoritats que estaven fent. És obvi que no en feien prou. El poble exigia el tancament de locals insalubres o establiments alimentaris que provocaven fortes pudors – recordem que no se sabia exactament d’on venia la grip. La pròpia Solidaritat Obrera responia a un article que davant del seu local es venien plàtans mig podrits. Un altre factor eren les aigües negres de les ciutats que proliferaven després dels dies de pluja o d’aquells rierols urbans totalment insalubres de l’època industrial.

A més es constata el col·lapse dels hospitals i les pompes fúnebres. En aquest cas va haver-hi una vaga a Barcelona produïda per l’acomiadament de 21 treballadors per protestar davant les duríssimes condicions que van haver d’afrontar. El Sindicat de la Fusta va fer seva la protesta i va convocar una vaga del sector a l’octubre de 1918, que va guanyar en pocs dies. També els ebenistes de València van fer el mateix. En el cas barceloní es constata la pèrdua – per grip – de Josep Escofet (15 d’Octubre), un dels principals militants del Sindicat de la Fusta. Altres rams també van fer vaga (calderers en coure, tramvies, Casa Girona, fabricants de carros – tots de Barcelona, vidre de Gijón, miners asturians, camp andalús, empreses de Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.), en aquells temps sense confinaments. Fins i tot va estar rondant per Barcelona una vaga de lloguers impulsada per la Unió d’Inquilins (amb local social en c/ Sant Pau, 83 – seu del sindicat de fideuers) davant l’encariment dels pisos i habitacions. Les reivindicacions eren similars: a més dels preus les queixes eren per pisos sense excusats ni aigua corrent.

Quan van fer públiques aquestes peticions als propietaris, aquests les van rebre amb riallades mentre l’Ajuntament s’encongia d’espatlles. Les propostes de les organitzacions obreres eren totalment lògiques. No discutien la necessitat d’anar a treballar. Estan en una època a la qual qui “no treballa no cobra”. Es demanava treballar menys hores per a tenir més forces per a afrontar l’epidèmia, ja que es pensava, amb raó, que la falta de forces afeblia els cossos i els feia blancs fàcils de la malaltia. També es demanava que s’instal·lessin lavabos als tallers per a rentar-se les mans. Una altra petició era instal·lar cuines en les empreses per a poder menjar calent. Era normal menjar aliments freds asseguts al terra. A més s’incidia a millorar la ventilació dels centres de treball, que solien estar carregadíssims de pols en suspensió, microteixits o fums.

A València la Societat Vegetarià Naturista es va oferir al governador de la província per a prestar auxili als malalts de grip. L’oferiment va ser rebutjat per la Junta de Sanitat per qüestions morals. Parlem de la mal anomenada moral cristiana, és clar. El moviment higienista, naturista o vegetarià es va anar estenent a poc a poc, en part a causa d’aquesta epidèmia, de la qual acusaven directament l’estat per haver fracassat en vetllar per la salut pública. També acusaven la ignorància de la població per no saber combatre la malaltia, que entenien que es resolia amb dietes vegetarianes.

En resum, en 1918, l’epidèmia va ser un factor més en un món en plena convulsió. Aquesta seria una diferència amb la nostra pandèmia actual: el coronavirus és el “xoc”, mentre que la grip de 1918 es donava enmig d’altres “xocs”. La fi de la guerra mundial va produir una profunda crisi econòmica i el fantasma de la revolució va recórrer el món. No sabem amb certesa la influència de la grip en les revolucions de l’època. Només es coneix que va tenir impacte al Brasil com a preludi a la seva insurrecció (els burgesos es van anar a les seves luxoses viles, mentre el proletariat moria a milers). És conegut que després d’una epidèmia la vida cobra un nou valor i això dóna peu a noves lluites socials abans impensables. Veurem el que ens ofereix aquesta pandèmia que vivim.

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