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bolivia / peru / ecuador / chile / historia del anarquismo / opinión / análisis Friday January 24, 2020 05:55 byJosé Antonio Gutiérrez D.

El 29 de Noviembre de 1999 nacía en el local de la Federación de Trabajadores de la Construcción, Madera y Áridos (FETRACOMA), en la esquina de Almirante Latorre con Claudio Gay, Santiago de Chile, el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (CUAC). Este era un intento desde el mundo libertario por dotar al mundo popular en Chile de una organización decididamente anarco-comunista para emprender transformaciones de fondo y de alcance revolucionario en el país. Veinte años después, en el local del Centro Social y Librería Proyección, en la calle San Francisco, algunos de los protagonistas de ese esfuerzo, junto con compañeros que de alguna manera son continuadores de esa tradición, nos reunimos a discutir y evaluar los aciertos y desaciertos, los alcances y falencias de esa experiencia.


Reflexiones sobre veinte años de anarco-comunismo en Chile

El 29 de Noviembre de 1999 nacía en el local de la Federación de Trabajadores de la Construcción, Madera y Áridos (FETRACOMA), en la esquina de Almirante Latorre con Claudio Gay, Santiago de Chile, el Congreso de Unificación Anarco-Comunista (CUAC). Este era un intento desde el mundo libertario por dotar al mundo popular en Chile de una organización decididamente anarco-comunista para emprender transformaciones de fondo y de alcance revolucionario en el país. Nacía la organización como fruto de la perseverancia de jóvenes de diversas experiencias libertarias en la década de la llamada “transición” quienes decidieron la necesidad de superar la lógica hasta entonces dominante de los colectivos anarquistas. La visión que sostenía esta organización era ambiciosa: se buscaba organizar al anarquismo a nivel nacional, bajo una estructura coherente y sólida, con fuertes vínculos con los anarquismos en otras partes del mundo, y con sólidas raíces en la tradición revolucionaria anarquista.

Veinte años después, en el local del Centro Social y Librería Proyección, en la calle San Francisco, algunos de los protagonistas de ese esfuerzo, junto con compañeros que de alguna manera son continuadores de esa tradición, nos reunimos a discutir y evaluar los aciertos y desaciertos, los alcances y falencias de esa experiencia. La idea no era pensar esos veinte años en clave de pasado, sino pensar en clave de presente y futuro. Qué, de esa tradición, es relevante en el Chile que se sacudió con el llamado “estallido” de Octubre del 2019, y en el Chile que se busca construir en el nuevo escenario abierto con esta movilización permanente que, de alguna manera, cierra el ciclo en el cual nació el CUAC, abriendo nuevos horizontes a las perspectivas libertarias. Cuáles son las lecciones que podemos aprender tanto de los errores cometidos, así como de los avances experimentados.

Debo confesar que la nutrida asistencia, lo honesto del debate, así como la mera alegría de ver a antiguos compañeros y compañeras después de tantos años, hicieron que la ocasión fuera inolvidable. A continuación, escribiré algunas de las reflexiones que esbocé en este conversatorio del cual todos sacamos algo para reflexionar en nuestra práctica cotidiana. Estas reflexiones son hechas explicando la trayectoria de lo que fue el CUAC, lo que estábamos pensando en ese momento, y luego paso a discutir algunos elementos críticos que pueden servir para revitalizar el pensamiento y la práctica libertarios.

El Contexto

Lo primero que debemos tener en mente, para entender lo que se hizo con el CUAC, es el contexto social en el que vivíamos en el Chile de los 1990. Este era un Chile donde la izquierda venía de una doble derrota: primero la derrota de 1973, marcada por el golpe de Pinochet y el comienzo de largos 17 años de dictadura, y luego, la derrota de 1988, año en el que se pacta la salida del dictador, la transición democrática vigilada, manteniendo el modelo económico neoliberal intacto y la constitución de 1980. Mientras que la primera derrota fue una derrota pletórica de heroísmo, cuya máxima expresión fue el sacrifico de Allende en la Moneda, la segunda derrota careció de todo heroísmo, y estuvo más bien signada por el oportunismo de una casta de políticos de diversos signos que negociaron un pacto político con la dictadura montados sobre los cadáveres de todos los caídos en las luchas anti-dictatoriales del período 1983-1988.

Estas derrotas, que desmoralizan y dan una estocada mortal a los imaginarios de izquierda, llevaron a una aceptación masiva en el pueblo chileno del sofisma de que no había más alternativa que el modelo económico neoliberal y el encuadre dogmático con el Consenso de Washington, fórmula aplicada rigurosamente tanto por los gobiernos concertacionistas como por los derechistas durante las próximas tres décadas. Si bien en las recientes protestas se dijo en más de una ocasión que lo que ocurría era que se había perdido el miedo, la verdad es que en Chile no había miedo en los años 1990, sino un embrujo con el modelo neoliberal, cuyos valores impregnaron al conjunto de la sociedad. Esa sociedad aspiracional, en la que todos aspiraban a entrar en la sociedad de consumo, vara con la que se medía el éxito de las personas, había acorralado las opciones de izquierda. Quiénes participábamos en grupos de izquierda, éramos muy minoritarios. No es casualidad, que en los 1990, uno de nuestros lemas preferidos, que decíamos desafiantes, pero con una buena dosis de sarcasmo hacia nosotros mismos, era “Somos pocos, pero locos”. Había mucho de verdad en ese lema.

Si ser de izquierda era visto como algo extravagante en el Chile de los 1990, ser anarquista era aún más exótico. Ser anarquista en la práctica, era ser constantemente acosado, denunciado, y burlado por parte de otros sectores de izquierda. En las reuniones universitarias, les parecía descabellado en esos años que las decisiones políticas del movimiento se tomaran en asamblea. En más de alguna ocasión se nos sacó, literalmente, a patadas como disociadores que traíamos ideas impracticables. En el mundo sindical, recuerdo alguna vez a algún dirigente de formación socialista burlarse de un panfleto en el que se decía que los Mártires de Chicago, por cuyo sacrificio se conmemora el día 1° de Mayo, eran anarquistas. “¡Qué cabros más despistados!” nos dijeron. A veces, la ignorancia es atrevida. El contexto generalizado del anarquismo capitalino en esos años, tampoco ayudaba: una mezcla de fuertes dosis de contra-cultura, con una especie de fetiche de la capucha y la lucha callejera, importados sobre todo de la cultura política lautarista, no eran precisamente una buena receta para llegar al común del pueblo.

Hacia la organización anarco-comunista

En este contexto, desde mediados de los 1990, un grupo de anarquistas jóvenes nos comenzamos a encontrar en Santiago de Chile. La mayoría de nosotros éramos llegados de provincia: de Concepción, de Chillán, de Valparaíso. Como tal, no participábamos de la cultura mayoritaria del anarquismo capitalino de esos años. También, traíamos otra cultura del anarquismo, ya que en provincia eran mucho más fuertes las ideas anarco-sindicalistas, con su énfasis en la organización de la clase trabajadora. Nos comenzamos a encontrar mucho a través del movimiento estudiantil, lo cual tuvo, como ventaja, que a través de él adquiríamos experiencia organizativa, experiencia política, experiencia de trabajar con gente que no necesariamente pensaba como uno.

Quizás uno de los eventos catalizadores de lo que ocurriría después, fue el llamado que hicieron unos compañeros de Temuco a formar un “movimiento anarquista nacional” en marzo de 1997, encuentro que se llevó a cabo en el legendario local de Serrano 444, en pleno centro de Santiago. A ese encuentro llegó un gran número de personas sin ninguna relación entre sí, sin dar discusiones previas, sin objetivos claros más que el vago llamado a conformar un movimiento anarquista nacional. ¿Qué se entendía por esto? Eso no había sido ni socializado ni discutido previamente, y cual fuera la idea que los organizadores del encuentro tuvieran en mente, los asistentes tenían ideas contradictorias entre sí. Después de ese encuentro, que no llevó a nada más que una especia de catarsis colectiva libertaria, varios de quienes habíamos asistido, decidimos que, para avanzar hacia una organización anarquista, debíamos primero, comprender que no agruparíamos a todos quienes se reconocían como anarquistas, y segundo, que necesitaríamos de un largo proceso de discusión previo a su fundación.

Para ese fin, los años siguientes, fueron años de mucha educación y discusión política. Tradujimos algunos textos claves que organizaron nuestros debates en torno a lo organizativo, entre ellos el “Manifiesto Comunista Libertario” de Georges Fontenis, y la “Plataforma Organizativa” del grupo de anarquistas rusos y ucranianos en Francia, Dyelo Trouda. Aparte de eso, dimos intensos debates en torno a las ideas de clásicos como Kropotkin, Bakunin, o diversos trabajos del anarquismo ibérico. También comenzamos a redescubrir los periódicos anarquistas chilenos históricas que yacen en los archivos de la Biblioteca Nacional. Las lecturas colectivas fueron claves en nuestro desarrollo intelectual, y muchos de estos debates, los convertíamos en artículos en la revista Hombre y Sociedad, la cual tuvo también mucha importancia en el desarrollo de este proceso organizativo. Estas lecturas, sumado a lo que íbamos aprendiendo en el movimiento estudiantil, y a nuestros crecientes contactos e interacciones con el mundo sindical y lo poblacional, fueron definiendo un pensamiento y una práctica que cristalizaría en el anarco-comunismo al poco tiempo, el cual sobrepasaba con mucho los marcos de la contracultura que habían sido hegemónicos hasta ese momento, al menos en la capital.

Definiendo una práctica y un pensamiento anarco-comunista

Como ya he señalado, la lectura, la discusión política y los trabajos populares que hacíamos en ciernes, que demostraban que el anarquismo era mucho más que barricadas en los días de protestas, sino que se expresaba en un trabajo metódico en el día a día, fueron definiendo lo que llamaríamos como anarco-comunismo. Pero había otro elemento que también gravitó muy fuerte en esta maduración política que vivíamos: la realidad latinoamericana. Si bien Chile era, hasta hace poco, el mal llamado “oasis del neoliberalismo”, lo cierto es que, a las puertas de Chile, el neoliberalismo era cuestionado con sendas movilizaciones populares. En el Ecuador, ya en 1996, las movilizaciones indígenas comenzaron a tumbar a una seguidilla de presidentes neoliberales. En 1994, en el corazón de Chiapas, los zapatistas irrumpían con un mensaje que cuestionaba el Consenso de Washington, el libre comercio, y la condición de patio trasero de América Latina. Más tarde, las protestas se expandirían por Argentina, Bolivia, Perú, sumado a la resistencia contra los proyectos imperiales en la región del ALBA y el Plan Colombia.

Mientras mirábamos la realidad del vecindario, y soñábamos con protestas de masas en Chile -como no veríamos sino hasta Octubre del 2019-, establecimos una fluida relación con organizaciones anarquistas en el resto de América Latina, sobre todo con la Organización Socialista Libertaria en Argentina, pero también con diversos grupos anarquistas en Perú y Bolivia. A través de ellos aprendimos mucho de lo que estaba ocurriendo y de los desafíos para los anarquistas en la construcción de organizaciones populares, principalmente mediante el fluido contacto con los compañeros en la región. También establecimos sólidos contactos con organizaciones en Irlanda, Francia y los EEUU. De todos ellos íbamos aprendiendo, pero, por sobre todo, estos contactos alimentaron nuestro imaginario de ser parte de un movimiento global de resistencia contra la dictadura del mercado.

Así, cuando nació el CUAC en 1999, teníamos muchos elementos con los cuales volver a recrear una tradición anarquista después de varias décadas en que el anarquismo no había tenido mayor trascendencia, siendo en la década del 1950, siendo la formación de la CUT en 1953 y la Huelga General del 7 de Julio de 1955, los últimos grandes hitos en los cuales el anarquismo chileno tendría un peso importante. Pese a estos elementos que articulábamos para definir un movimiento y recrear una tradición, en parte recatando la historia, en parte imaginándola, teníamos una gran falencia. En Chile, a diferencia de países como Francia, España, o Uruguay, no existía una tradición anarquista ininterrumpida durante varias décadas, que se expresara en organizaciones y estructuras organizativas que pudieran servirnos de modelo. En Chile, apenas teníamos algunos veteranos del movimiento anarquista de las décadas anteriores a 1950, entre ellos el mecánico José Ego-Aguirre, el zapatero Hugo Carter, el gráfico Jorge Orellana, o el “Mono” San Martín del gremio de los estucadores. De todos ellos aprendimos, sin lugar a dudas, y mucho. Pero ellos eran individuos que habían sobrevivido a sus organizaciones.

Como tal, nos tocó tratar de ver, mediante la prueba y el error, qué formas organizativas serían las más aptas para poder adelantar nuestro proyecto libertario. Nuestra intención era poder lograr organizaciones político-sociales, que articularan una tendencia libertaria en un sentido amplio, y consolidar una expresión política de los anarquistas que sirviera para nuclear a los anarco-comunistas en función de un proyecto revolucionario integral. Desde luego, este proyecto organizativo no estuvo libre de polémicas, aun al interior del CUAC [1]. Sin embargo, al poco tiempo se fue consolidando una estructura orgánica y una cierta metodología de trabajo.

Primeramente, se definió una política de estructuración de la organización en frentes, un estilo de trabajo que recogía, en cierto sentido, la tradición mirista, la cual no era incompatible con la tradición de la Federación Anarquista Uruguaya en los 1960. Sin embargo, estos modelos, lejos de aplicarlos dogmáticamente, los sometimos a discusión y los adaptamos a la realidad que nos tocaba vivir y a un esquema propio en que entendíamos diferentes niveles organizativos como interrelacionados aunque autónomos. Estaba muy lejos de nosotros la concepción leninista de entender al partido como el espacio superior desde el cual dirigir a las organizaciones populares utilizando los frentes políticos sociales como correa de transmisión. En nuestra perspectiva, los frentes eran espacios en que articulaban los sujetos populares (articulados en torno a roles y lugares en la sociedad capitalista) en base a reivindicaciones generales, en base a un método de organización de abajo hacia arriba, y en base a un sentir anti-capitalista relativamente amplio y libertario. Los frentes que habíamos definido, desde nuestra realidad, eran los frentes sindical, estudiantil, y poblacional. Creo que este modelo fue un acierto, principalmente, porque aunque habrían espacio para lo territorial, también lograban captar la complejidad extra-territorial de algunos sujetos en el capitalismo neoliberal (por ejemplo, estudiantes o sindicatos de reponedores, con alta movilidad). Creo que este modelo, pese a sus falencias y a la necesidad de articularlo a otras dinámicas (comisiones transversales de género, etc.), fue nuestro más gran acierto. Hasta la fecha, no ha habido una experiencia libertaria con más arrastre e influencia que lo logrado por el Frente de Estudiantes Libertario (FeL). Lo mismo puede decirse del trabajo poblacional del Frente de Peñalolén, por ejemplo, que se puso al frente de tomas de terreno articulado con el movimiento Lucha y Vivienda. Mucho del trabajo sindical que se ha hecho con posterioridad, tampoco hubiera sido posible sin la existencia de una política de frentes en esta fase temprana del movimiento. Sólo en base a los resultados, creo que esta es una experiencia valiosa de la cual hay aun mucho que aprender.

Este trabajo, luego se consolidó mediante la consigna “Unidad desde Abajo y en la Lucha”. Esta consigna reflejaba nuestra firme creencia en la unidad popular y en la unidad de los sectores de intención revolucionaria; pero también reflejaba nuestro rechazo a una unidad puramente súper-estructural, que se diera desde las alturas, desde las coordinaciones político-partidistas. Nosotros sosteníamos, y seguimos sosteniendo, que los procesos de convergencia política con otros sectores –y nuestras relaciones eran bastante ecuménicas, abarcando a prácticamente toda la izquierda- solamente tenían sentido si se daban desde las luchas que desarrollábamos en las bases. Ahí era donde nos encontrábamos y solamente ahí era donde un proceso de convergencia con sentido podía darse. De la misma manera, esta consigna reflejó nuestra intención de romper la lógica organizativa del colectivo (por casi toda su existencia el CUAC jamás funcionó más que como un colectivo grande) y dar pasos a una organización de carácter federativo, que reflejara la realidad del trabajo de frentes, y que hiciera carne principios como la unidad ideológica y táctica. Eso nos llevó a una crisis en términos de re-estructuración de la organización, la cual terminó en un quiebre y en un nuevo congreso, esta vez llamado programático, desarrollado a fines del 2003 y comienzos del 2004, el cual llevó a la fundación de la Organización Comunista Libertaria de Chile (OCL).

Epílogo

Si bien yo no participé directamente en el desarrollo del congreso programático, ni en la fundación de la OCL, porque ya me había ido del país, sí participé con una serie de documentos, comentarios y contribuciones que hice llegar por escrito para ese proceso. Empero, me siento incapacitado para hacer balances sobre la OCL pues yo no pertenecí directamente a esa experiencia, aun habiendo conocido de manera bastante cercana a varios de los participantes de ella. Creo importante señalar algunas de las falencias que creo que están en la base de los devaneos autoritarios y las desviaciones burocráticas que llevaron, finalmente, a la mutación de la OCL en Izquierda Libertaria, partido que luego adopta posturas claramente electorales basadas en la errónea tesis de la Ruptura Democrática, a la que me referiré más adelante.

Primero que nada, aunque creo que el trabajo estudiantil tuvo indudables beneficios en nuestra formación, y nos dio muchas herramientas para poder comenzar a desarrollar trabajo político en espacios diversos, creo que también nos acarreó muchos vicios, entre ellos las prácticas del maquineo que en algún momento se volverían hegemónicas. Los mismos problemas de seguridad que enfrentamos como organización y como militantes en momentos del fin del CUAC, llevaron también al desarrollo de una cultura del clandestinismo, de la cual eventualmente se abusó no solamente con fines de seguridad, sino como mecanismo para evitar debates abiertos y excluir posiciones incómodas. Si bien la seguridad es importante para decidir temas operativos (ej, una toma de terreno), momento en el cual no todo el mundo puede participar en una decisión, para temas políticos y de estrategia, absolutamente todos los miembros de una organización libertaria deben participar. A la par de esto, esta corriente se fue volviendo crecientemente parroquial, perdiendo esos fructíferos intercambios con otros procesos a nivel regional o internacional, e ignorando procesos como los que venían dando con la participación chilena en la invasión y ocupación militar de Haití.

Al poco tiempo, me parece que también se pierde el énfasis que habíamos tenido en la formación política anarquista, y llegan muchos elementos sin suficiente formación, sin convicción libertaria, y la organización tampoco les da esos elementos cuando ya están en su seno. Eso llevó a un progresivo pragmatismo, vanguardismo, y a una pérdida de identidad con el anarquismo, mientras se flirteaba con otras identidades políticas de la izquierda. En este marco, es que se dio un énfasis excesivo en la organización política como instancia máxima de toma de decisiones, convirtiendo a la organización político-social en una mera correa de transmisión de la dirección de un movimiento político (OCL) que, a la interna, cada vez tenía menos discusión democrática. Esto llevó, indudablemente, a la crisis de una de las experiencias más fecundas que tuvimos, como fue el FeL. Finalmente, terminó por imponerse la tesis de la “ruptura democrática”, según la cual, hacia el 2012, los movimientos sociales en Chile habían tocado techo en su posibilidad de transformación social y por tanto los libertarios debían entrar a espacios institucionales-electorales para tensar las instituciones de la democracia burguesa y lograr avances en combinación con las organizaciones sociales. Esta tesis, que fue demostrada errónea con las movilizaciones de Octubre del 2019, que demostraron que claramente ese techo ni las posibilidades transformadoras del movimiento popular, llevó a una creciente burocratización de la OCL, mutada en Izquierda Libertaria y flamante miembro del Frente Amplio, donde terminaron en el lado equivocado de la historia cuando se votó la ley anti-saqueos y la ley anti-capuchas –que no fueron más que maneras para distraer de las discusiones realmente importantes que debían darse en estos momentos históricos.

Quiero decir que lo más importante de todo, es la pérdida del sentido autocrítico. El problema no es equivocarse, sino que insistir en el error. O pretender que el error nunca existió. Un error puede ser una importante oportunidad para ciertos aprendizajes y para avanzar y cualificar la práctica. Pero si nos equivocamos y luego seguimos como nada, no hay ninguna posibilidad de avanzar. Creo que este balance de la experiencia posterior al CUAC es un ejercicio necesario que, como he dicho, no me siento capacitado para asumir en toda su profundidad, pero creo que cualquier experiencia organizativa desde la tradición que se reclama del anarco-comunismo debe hacer juiciosamente.

¿Qué nos queda de toda esta experiencia veinte años después, aparte de las lecciones de nuestros errores? Primero que nada, el irreductible compromiso con convertir las ideas libertarias en prácticas concretas, de la mano de las organizaciones populares, expresado ante todo en la acertada política de los frentes. Lo segundo, es el cambio de cultura política que operó en el país del cual nosotros fuimos protagonistas. Cuando comenzamos este recorrido en los 1990, plantear modelos asamblearios de organización social era considerado una ridiculez. Dos décadas después, este modelo de organización ya se había convertido en hegemónico y hoy sería impensable que ninguna organización social de cierto peso aceptara los niveles de verticalismo organizativo que antes eran moneda corriente. Este giro asambleario ha alcanzado su máxima expresión, en el contexto abierto en Octubre del 2019, con las Asambleas Territoriales que surgieron como expresiones espontáneas del pueblo movilizado, como una nueva forma de ejercer la política, al margen del electorerismo. Estas asambleas hoy convergen en la Coordinadora de Asambleas Territoriales, espacio clave para que estas formas alternativas de organización, surgidas de la misma movilización social, puedan alcanzar una perspectiva estratégica [3]. Eso es un gran cambio que ha dotado de sentido nuevo expresiones como democracia directa.

Aun cuando en el CUAC no logramos afianzar una estrategia de género adecuada (pese a los esfuerzos de espacios como Sucias [2]), la inquietud quedó planteada y se desarrolló en el feminismo libertario de los 2000, que ha tenido un peso tremendamente importante en las movilizaciones recientes. Finalmente, creo que Octubre del 2019 demostró que nuestra confianza en las capacidades políticas del pueblo no era algo ingenuo. Que se asentaba en la misma dinámica de la lucha de clases y en los altibajos de los movimientos populares en este oasis neoliberal. Creo que los tiempos requieren una madurez en el movimiento libertario para poder afrontar los retos que impone la resistencia de la clase dominante al cambio, y el arrojo de los sectores populares que instintivamente luchan por transformaciones a un sistema que no tiene capacidad de respuesta a sus necesidades, más que la represión. El descontento, más que las demandas específicas, han marcado la tónica de estas protestas –pero si ese descontento no se convierte en proyectos transformadores, difícilmente el potencial de esta protesta se concretará en cambios reales.

Creo que dos décadas después, los extraordinarios tiempo que vivimos, requieren de la capacidad de ese movimiento anarco-comunista amplio, de los sectores libertarios herederos de esta tradición, de sentarse, con generosidad y alturas de miras, a repensar la unidad de todos estos sectores en lucha, con miras a las grandes tareas impuestas por la efervescencia social. Esa generosidad implica entender que la unidad se dará a diversos niveles, que, aunque no estemos de acuerdo en todo, si podemos colaborar en algo debemos hacerlo. Si bien no podemos buscar la unidad de todos a cualquier costo, tampoco podemos convertir el divisionismo en consigna y no podemos darnos el lujo de no unirnos cuando no tenemos ninguna razón de peso para no hacerlo. Los tiempos demandan mucho más de nosotros que lo que estamos dando. Con generosidad y con responsabilidad histórica, creo que los tiempos están maduros para pensar en un nuevo congreso que sirva para entender las maneras en que podemos comenzar a trabajar y a coordinar las tareas de transformación social con los máximos niveles posibles de unidad, entendiendo lo que nos une, lo que nos divide, y en base a ello, estableciendo mecanismos de coordinación claros. Es lo que estos tiempos de grandes posibilidades nos exigen.

José Antonio Gutiérrez D.
22 de Enero, 2020


[1] Para tal efecto se puede revisar la serie de cuatro entregas “La Organización Anarco-Comunista en Chile”, que he ido publicando en línea: https://www.anarkismo.net/article/27325 ; https://www.anarkismo.net/article/28700 ; https://www.anarkismo.net/article/28739 ; https://www.anarkismo.net/article/31474
[2] Sucias era un espacio que formaron compañeras al interior del CUAC el 2002 para discutir de feminismo y cuestiones de género.
[3] Durante la reunión, un compañero hizo la aguda observación de que, ante el surgimiento de las Asambleas Territoriales, la insistencia en las viejas formas de hacer política era algo abiertamente contra-revolucionario. Era como ir a decir a los obreros de una fábrica ocupada que se la devolvieran al patrón.

bolivia / peru / ecuador / chile / miscellaneous / opinião / análise Friday December 20, 2019 02:53 byBrunoL

Um levantamento publicado pelo Jornal O Globo, em novembro deste ano, denunciou a fragilidade das democracias sul-americanas no último século. De acordo com a investigação, a cada dez meses, um presidente não conseguiu terminar seu mandato por razões políticas. A pesquisa considerou os 12 países da América do Sul: Brasil, Argentina, Uruguai, Paraguai, Chile, Colômbia, Bolívia, Venezuela, Equador, Peru, Guiana e Suriname, onde 114 chefes de Estado tiveram de abandonar seus cargos, entre 1912 a 2019. Assim, na política latino-americana, a baboseira liberal não vale. A única certeza é a inconstância, a possibilidade de virada de mesa e a intervenção do imperialismo. Outro padrão é a condição recalcitrante de um republicanismo vazio. A ilusão é a força motriz da reprodução de padrões social-democratas da Europa em nossos países. Ilusões perigosas, governos de centro-esquerda fracos, ideologicamente frouxos e com síndrome de Estocolmo. No século XXI, a modalidade de derrubada de governos é outra. Vejamos o que iniciou em Honduras em junho de 2009, ganhou contornos quase de drama caricato no golpe paraguaio de 2012 e atravessa nossas realidades.

Por Anne Ledur e Bruno Lima Rocha, 19 de dezembro de 2019

Um levantamento publicado pelo Jornal O Globo, em novembro deste ano, denunciou a fragilidade das democracias sul-americanas no último século. De acordo com a investigação, a cada dez meses, um presidente não conseguiu terminar seu mandato por razões políticas. A pesquisa considerou os 12 países da América do Sul: Brasil, Argentina, Uruguai, Paraguai, Chile, Colômbia, Bolívia, Venezuela, Equador, Peru, Guiana e Suriname, onde 114 chefes de Estado tiveram de abandonar seus cargos, entre 1912 a 2019. Assim, na política latino-americana, a baboseira liberal não vale. A única certeza é a inconstância, a possibilidade de virada de mesa e a intervenção do imperialismo. Outro padrão é a condição recalcitrante de um republicanismo vazio. A ilusão é a força motriz da reprodução de padrões social-democratas da Europa em nossos países. Ilusões perigosas, governos de centro-esquerda fracos, ideologicamente frouxos e com síndrome de Estocolmo. No século XXI, a modalidade de derrubada de governos é outra. Vejamos o que iniciou em Honduras em junho de 2009, ganhou contornos quase de drama caricato no golpe paraguaio de 2012 e atravessa nossas realidades.

No Brasil, o Estado de Exceção operando sobre o Poder Executivo – uma constante para a população mais pobre e a maioria negra - encontrou lugar mais recentemente em 2016, com o impeachment de Dilma Rousseff. Podemos caracterizar a deposição da ex-presidenta como um Golpe de Estado em função de três elementos.

O primeiro e o mais visível foi ao se publicizar uma gravação da ex-presidenta com o ex-presidente Lula, quando não havia autorização do Supremo para aquela gravação. Pela regra, essa gravação deveria ter sido eliminada. Grampear uma presidenta da República no exercício do mandato e, ao mesmo tempo, de outros ministros de Estado, como o então ministro Jacques Wagner, e depois tornar público o conteúdo da conversa, caracteriza um arranjo político, jurídico e midiático. Logo, se não houvesse a presença e a criação de consenso da opinião pública através da opinião publicada, seria impossível a queda do governo e a mudança de regime (no caso, abalando o Pacto Constitucional de 1988).

O segundo elemento foi usar o artifício das pedaladas para justificar o impeachment. Mesmo tendo uma legalidade contestável, as pedaladas são um procedimento muito comum em vários mandatos e continuaram sendo.

E o terceiro elemento foi porque, num impeachment, os direitos políticos da presidenta teriam sido cassados, e não foram. Então, não se localizou uma causa-crime. Teria sido um procedimento do tipo parlamentarista, num voto de desconfiança, num regime brasileiro, que é presidencialista.

O arranjo político que resultou no impeachment de Dilma teve, evidentemente, um objetivo maior.

O volume de denúncias difundidas pelo The Intercept Brasil - que também tiveram leitura e checagem co-organizadas por uma série de consórcios jornalísticos -, traz material suficiente para provar que havia uma unidade política dentro da força-tarefa da Lava Jato e uma relação entre Ministério Público e juiz - que operava quase como um juiz-inquisidor – na intenção de interferir no resultado das eleições de 2018.

Com o ex-presidente Lula liderando todas as pesquisas de intenção de voto, era necessário removê-lo da corrida eleitoral. Avaliando os processos do Tríplex do Guarujá e do sítio de Atibaia, a impressão é de que Lula já havia sido condenado de antemão e todo o processo serviu para legitimar a sentença. Isso não significa que Lula não seja culpado, entretanto, nos casos específicos em que foi condenado, não houve provas consistentes contra o ex-presidente. E, na ausência de provas, ninguém pode – ou ao menos jamais deveria - ser culpado.

O que deveria acontecer, em um “verdadeiro” Estado Democrático de Direito, é a anulação dos processos, em função da parcialidade do juiz Sérgio Moro – ainda mais evidenciada com a sua saída da magistratura para tomar posse como titular do Ministério da Justiça do Governo Jair Bolsonaro. Isso seria o mais consistente, para não radicalizar o apreço sobre o Judiciário e o Ministério Público.

A mudança no rumo dos acontecimentos poderia ser indicada a partir do julgamento, pelo Supremo Tribunal Federal, da Ação Declaratória de Constitucionalidade que derrubou as prisões em segunda instância, usadas e abusadas pela Operação Lava Jato. No entanto, ao que tudo indica, a decisão do STF esteve mais correlacionada a uma disputa de posições entre o Supremo e a força-tarefa, disputas intra-Supremo – a correlação de forças dentro do aparelho jurídico e dentro do poder político –, e até a algum tipo de pressão dos militares do que necessariamente um rigor do Estado Democrático de Direito ou a defesa de uma Cláusula Pétrea da Constituição. Nesse sentido, se fôssemos interpretar a Constituição Brasileira e o orçamento vinculado do Brasil sob o Controle Social, jamais poderiam ter aprovado a PEC 55, por exemplo. No entanto, ela foi aprovada e não entrou em nenhum problema de constitucionalidade.

Por que o Supremo não fez este movimento, de proibir as prisões em segunda instância, antes de 2016? É uma grande dúvida, mas cuja suspeita é de que o STF, no mínimo, foi omisso em todo o processo.

Com a omissão do Poder Judiciário, fica muito mais “lisa” a relação entre setores de classe dominante que exercem o poder e as elites gerenciais de transnacionais ou de capital financeiro que operam no País com o poder político. Essa relação promíscua, inúmeras vezes, acaba ultrapassando a própria soberania do povo. E isso é uma espécie de regra do jogo do capitalismo, que se verifica, com muito mais intensidade, em capitalismos periféricos.

Jogo de interesses

O jogo de interesses – balizado pelas instituições concretas e os sistemas de crenças – ficou muito mais visível no Brasil a partir de 2019, com o Governo Bolsonaro. Se há algum consenso das direitas pós-2015 ou pós segundo turno 2014, é a agenda ultraliberal do “Chicago Boy” Paulo Guedes, que foi referendada pelo Congresso.

Há vários interesses setoriais como, por exemplo, da indústria brasileira e de seus controladores, que acumulam com a jogatina financeira mais do que com a própria indústria – que, por gerar emprego direto e ter acesso a empréstimos, a importação de maquinário, a bens de produção, de capital etc., é importante ser mantida, até para ser uma forma de se extrair mais recursos.

Outra possibilidade é esse conflito dentro do agronegócio, do agribusiness brasileiro, entre mais entreguismo ou menos entreguismo, como por exemplo, entre setores representados pela senadora Kátia Abreu, pelo também senador Blairo Maggi (ambos ex-ministros do seu setor) e a linha ainda mais dura, com a UDR ainda ocupando cargos no Governo Bolsonaro.

Uma terceira possibilidade é este enorme mercado de exploração da fé – não confundindo evangélico com direita evangélica, embora a direita evangélica consiga capitanear o discurso do evangelicalismo ou dos evangélicos na política, o que é uma pena. Infelizmente, as posições mais conservadoras e a favor do “ocidente imaginário da fé cristã” terminam por gerar um comportamento de manada nas igrejas protestantes, evangélicas e pentecostais, ao menos aparentando ter havido uma posição uníssona no segundo turno a favor de Bolsonaro e suas barbaridades. Casos como a “mamadeira peniana” após os protestos do #EleNão representam esse momento.

Crise continental

O modelo ultraliberal que deseja-se implementar no Brasil é o mesmo que colapsou o Chile. As condições de vida da sociedade chilena implicam numa concentração de renda de 23 a 28% no 1% mais rico. Nossos vizinhos têm um texto constitucional cuja espinha dorsal foi escrita ainda durante a Ditadura de Pinochet – com muita participação de juristas e políticos do partido UDI, que é a coalizão de governo com Piñera (este da RN, um partido oligárquico de trajetória golpista). E, no Chile, praticamente quase nada é público e nada é gratuito. Então, o custo de vida é muito alto. Além disso, o ultraliberalismo é algo que implica uma carga tributária muito regressiva. Ou seja, quanto menos se ganha, mais se é tributado. Existe classe média, mas muito instável nas suas condições materiais. Logo, o descontentamento é ainda maior.

Os protestos realizados recentemente pelos chilenos visaram a demonstrar para as elites políticas que topam negociar e são especialistas em traição popular que estas camarilhas (direita RN-UDI, centro-direita capitaneada pelo PDC e seus rachas e centro esquerda do Frente Amplio liderado pelo PS) praticamente não tomaram posição para deslegitimar e desconstituir o texto constitucional de Pinochet e, ainda, o sistema de ensino superior privatizado, a saúde privatizada e o desastroso sistema de aposentadorias.

Mas condições ideológicas e organizativas estão dadas e têm, na Plaza Italia, centro de Santiago, o seu epicentro. As conquistas concretas ainda não foram atingidas. Foram melhoradas. Alguns decretos do presidente Piñera foram aplicados para melhorar parcialmente as condições de vida. O que pode acontecer, num processo constituinte, se não tiver uma participação intermediada por políticos profissionais, é avançar bastante. Até agora o modelo de convocatória da Constituinte está em aberto e a tendência é, primeiro, um plebiscito tipo SIM ou NÃO – se sai ou não a Constituinte – e, depois, no modelo de convocatória e participação. Assim, Piñera também vai ganhando tempo e sobrevivendo em seu carcomido governo.

O Equador, por sua vez – em que rebeliões populares obrigaram o presidente Lenín Moreno a revogar o aumento no preço dos combustíveis –, tem outro problema gravíssimo, que é uma chantagem de que a estabilidade econômica estaria vinculada à dolarização da economia. O Equador é um país que não tem moeda soberana e utiliza o dólar como moeda corrente. Ainda assim, com a economia dolarizada, o Governo Rafael Correa gerou condições de crescimento no país, mesmo insistindo nessa maldição mineral exportadora, que quase sempre se choca com, por exemplo, os direitos dos povos originários, os direitos indígenas e as áreas de preservação.

O que ocorre no Equador é um recrudescimento da perseguição jurídica posterior à rebelião que quase conseguiu derrubar o governo de Lenín Moreno. A rebelião ainda conseguiu derrubar o decreto 887 e também conseguiu reverter pelo menos a piora de condição de vida. Apesar de a repressão estar vindo muito forte, há uma reorganização social que vem de fora para dentro, do campo para a cidade, da população indígena para a urbana. É pertinente lembrar que a Confederação Indígena (Conaie) rompeu com o correismo desde 2010 e tem uma agenda própria e desvinculada do ex-presidente no exílio.

Já a Venezuela, exemplo crítico de crise econômica, humanitária e política, deve seu colapso especialmente à tradição mineral exportadora, que a transformou em uma economia muito dependente do petróleo, não chegando a ter a capacidade instalada necessária para se industrializar plenamente e sequer produzir todo o alimento que consome.

A crise da Venezuela também tem muito a ver com as medidas de punição, de bloqueios econômicos, congelamento de contas, isolamento do sistema de trocas financeiras, impostos pelos Estados Unidos ao governo venezuelano, desde a administração Bush Filho (e que vieram crescendo com Obama e Trump). Com o isolamento e com a perda do poder de compras do bolívar (moeda nacional), a capacidade de importação da Venezuela é muito baixa e, como o país não tem muita produtividade, resulta que o maior negócio da Venezuela é o contrabando. Então, o “mercado branco” – ironia – costuma gerar uma inflação terrível.

No âmbito político, a crise venezuelana se dá a partir de abril de 2002, quando a direita que perdeu na urna se depara com uma constituição bolivariana, na qual ela é diretamente atingida e a maioria da população é beneficiada. Naquela tentativa de golpe de 2002, já havia crise política, que, de lá para cá, veio crescendo. A crise política só não está pior na Venezuela graças ao fato de que a oposição venezuelana é uma caricatura mafiosa que não se entende como um todo. Sempre tem uma parcela que aceita negociar com o governo, que é o que está acontecendo agora, inclusive com a possibilidade de libertação de presos políticos.

Guerra híbrida e as mídias

Há uma guerra híbrida em curso na América Latina. A guerra híbrida, guerra irregular, guerra de quarta geração, entre outras denominações, tem origem na projeção de poder dos Estados Unidos, que acabam desestabilizando sociedades nas suas periferias. Essa projeção de poder implica num conjunto de ações que vão ao encontro de interesses da superpotência, aplicando métodos de mobilização social e de instabilidade política, mas necessariamente tem também parceiros aliados e protagonistas locais. O Brasil foi um caso de guerra híbrida que começou no segundo turno de 2014, assim como em outros países da América Latina.

A guerra híbrida em sua operação mais recente – a partir, especialmente, da administração do Governo Trump –, visa a acionar corações e mentes através das mídias e redes sociais para os temas da corrupção moderna. No Projeto Pontes, por exemplo, a guerra híbrida colocou a Lava Jato em metástase, incidindo sobre o contrato de empresas brasileiras em vários países da América.

Nesse processo, o papel dos grandes conglomerados privados de comunicação é muito forte, mesmo com a influência das redes sociais, de grandes influenciadores digitais, dos circuitos da extrema direita que correm em paralelo aos grandes grupos de mídia. Teria sido impossível, por exemplo, grupos como MBL, Vem pra Rua e outros movimentos da nova direita a favor do impeachment ganharem relevância sem a projeção dos grupos de mídia e sem a falta de exercício jornalístico.

Um exemplo foi difusão da conversa entre a ex-presidenta Dilma com o ex-presidente Lula. Se não fosse a difusão da conversa – com o tipo de cobertura sensacionalista que foi feita, sem nem falar que aquilo ali era um crime –, o golpe não teria tido efeito. A Lava Jato alimentou progressivamente as redações dos telejornais e, em específico, da Rede Globo, com controversos vazamentos.

É preciso que haja exercício jornalístico, a busca do contraditório e precisão naquilo que se difunde. Propaganda e panfleto (não importando suporte e linguagem) são muito importantes, mas só o jornalismo e o espaço público midiático de baixo para cima garantem a democracia de base e o protagonismo das maiorias.

Traduzindo: sem democracia na comunicação não há democracia nenhuma. Mesmo em período de guerra cibernética, onde as redes têm um peso muito grande, elas também repercutem o que circula na grande mídia. Ou seja, é impossível fazer política sem o aparelho midiático, e é impossível ter democracia sem a democratização da comunicação.

Mobilizações populares

Quando vemos mobilizações populares da intensidade do Haiti, que continua em conflito civil contra um governo a favor do FMI (aliás, o maior volume de mortes no segundo semestre de 2019 está no Haiti, dentre os países que estão em rebelião popular na América Latina e no Caribe); depois, no Equador; logo após, no Chile; no intervalo, na Bolívia; e mais recentemente, a greve geral na Colômbia; todas as mobilizações populares não se dão de maneira espontânea, não é uma convulsão. Elas ocorrem porque muita gente chega às convocatórias, mas a base de quem convoca é muito organizada e tem uma profunda inserção social com algum grau de legitimidade, de alto para médio. Do contrário, seria impossível.

Sem a população organizada, com disposição de luta e capacidade de realização de grandes atos públicos, a capacidade de manipulação e de internalização de interesses externos das potências é gigantesca. Logo, a chance que os povos latino-americanos, nossos países, nossos territórios têm de se libertar da influência externa é nenhuma.

Se toda a esquerda se subordina à centro-esquerda e coloca sua energia no exercício do poder político burocrático, em rechear os espaços vazios no aparelho do Estado, não sobrará energia e, então, o povo sempre perderá.

Depois, é preciso admitir os limites do jogo democrático burguês na América Latina. Mesmo um partido reformista com propostas sólidas, se chegar ao poder pelo voto ou por uma coalizão, tem de levar em consideração, o tempo inteiro, que pode ser derrubado. A única certeza na política latino-americana é a incerteza gerada pela virada de mesa, a presença do imperialismo dos EUA, o acionar entreguista e anti-popular das elites econômicas e a fragilidade diante da presença cada vez maior do capital chinês.

A dimensão da estabilidade e instabilidade na América Latina não é um problema, é um sintoma. O problema é a continuidade e a descontinuidade dos projetos populares. Desde a independência formal de nossos países, é assim. É preciso entender que existem limites muito curtos dentro da institucionalidade.

Mas, enfim, há uma agenda positiva? Evidente!

Uma delas é a defesa dos territórios. No caso brasileiro, de territórios de populações tradicionais, de indígenas, quilombolas. Se somarmos tudo, é cerca de 40% de território brasileiro. É muita terra, muita área preservada, áreas onde não existem práticas de modus vivendi capitalistas, e isso é inegociável. Então, o que a esquerda ainda classista e com disposição de luta deveria fazer é militar. Militar socialmente, fazer política na base social – e não para ela ou apesar dela. Este é o primeiro ponto necessário.

Outro ponto seria buscar saídas econômicas do capitalismo dentro do próprio capitalismo. Do contrário, a disputa se dará sempre na urna, podendo ganhar e não levar, levar primeiro e perder depois etc. Então, é importantíssimo ter debate de autogestão, de moeda social, de sistemas de trocas e, urgentemente, da Moderna Teoria Monetária (MMT).

Precisamos acabar com a mentira fiscalista, esta mentira deslavada do rentismo, dos supostos economistas neoclássicos, de que o excesso de moeda gera inflação. Isso não é um capricho acadêmico, mas algo que pode gerar muita riqueza, mesmo no capitalismo periférico. Se nos rendermos às mentiras fiscalistas, não temos como sair da armadilha do austericídio. Esse seria, de todos os debates, aquele que poderia unificar todo mundo, dos que vão do nacionalismo à extrema esquerda – nacionalista ou não –, e a luta dos povos organizados em toda a América Latina.

Anne Ledur é jornalista formada pela UFRGS e especialista em comunicação visual na Itália (aledur@gmail.com)

Bruno Lima Rocha é pós-doutorando em economia política, doutor e mestre em ciência política e professor universitário nos cursos de relações internacionais, jornalismo e direito; graduado em jornalismo, editor do portal Estratégia & Análise
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bolivia / peru / ecuador / chile / miscellaneous / opinión / análisis Tuesday December 17, 2019 18:29 byRosa Negra (EE.UU), Solidaridad (Chile), y Acción Socialista Libertaria (Argentina)

Le presentamos un análisis sobre el levantamiento que se ha llevado a cabo en Chile producido conjuntamente por Black Rose / Rosa Negra (EE. UU.), Solidaridad (Chile) y Acción Socialista Libertaria - ASL (Argentina).

[English]

Declaración feminista, comunista y libertaria sobre Chile a un mes del comienzo de la Revuelta Popular

Los prolegómenos del 18 de Octubre

Una rebelión popular estalló el 18 de octubre en la Ciudad de Santiago de Chile y se propagó durante los sucesivos días a lo largo de todo Chile. Las manifestaciones que se iniciaron debido a las alzas del precio del transporte público se transformaron rápidamente en pocos días en un levantamiento social arraigado en un descontento masivo de más de 30 años de políticas de privatización y precarización. Como dice la frase que circula por el graffiti callejero y los medios sociales, “No son 30 pesos, son 30 años.”

Y en efecto, el año 2019 ha sido un año especialmente intenso en el alza del costo de la vida en Chile. Solo a modo de ejemplo, en abril de 2018 ya se había anunciado un aumento de los impuestos personales de un 30% en promedio, aplicable en tres años. En enero de 2019, se anunció un incremento de 6,4% en las tarifas del TAG (peaje de carreteras de la Región Metropolitana). En mayo, las cuentas de la luz anotaron un alza de un 10,5% en promedio. En septiembre, las Isapres (aseguradoras privadas de salud) subieron un 50%, en promedio su prima GES (asociada a enfermedades que el Estado obliga a cubrir); Fonasa (aseguradora estatal) sólo aumentó sus primas en un 3%. A inicios de octubre la luz volvió a subir otro 9,2% promedio. Todo esto en un contexto en que el 50% de los asalariados del país recibe ingresos inferiores a $400 mil mensuales, mientras que los arrendamientos más baratos en Santiago pueden rondar entre los $200 y los $285 mil pesos chilenos. No es de extrañar, dicho todo lo anterior, que el endeudamiento de los hogares llegó a un máximo histórico de un 73,3% en relación al ingreso disponible durante el 2018. Como se puede ver, el alza de $30 pesos anunciada en Octubre fue la gota que rebalsó un vaso que llevaba mucho tiempo llenándose. Lo anterior se ha visto complementado con una serie de estrategias represivas levantadas desde el Estado para contener violentamente el malestar.

En Chile, el año político y social empezó el 8 de Marzo

El 2019 fue un año de hitos. El primer mojón fue la Huelga Feminista del 8 de Marzo que marcó un momento histórico en Chile y que fué la definitiva entrada del feminismo en el campo político de los movimientos sociales, generando una agenda propia. La consigna “No a la precarización de la vida” – demanda central del 8 de marzo de 2019- ha demostrado ser una de los lemas centrales que se esgrimieron en las movilizaciones que estallan a partir del 18 de Octubre.

Aunque el feminismo como tal fue invisibilizado durante la primera semana del estallido, se ha reorganizado en las jornadas posteriores con una importante presencia en las marchas y levantando demandas concretas. El movimiento feminista – del cual la Coordinadora Feminista 8M es un puntal fundamental – está desarrollando una lucha transversal contra el patriarcado, el capitalismo y el racismo, y es un movimiento que debe estar presente en todas las asambleas, cabildos, onces comunitarias y ollas comunes. Han sido las feministas las que denunciaron antes que nadie la desaparición de mujeres y el uso de la violencia sexual como mecanismo de torturas y de control del mismo tenor que fueron utilizados por las dictaduras militares genocidas.

Lo analizamos tanto como una reacción popular contra las políticas neoliberales como un incipiente hartazgo y decepción ante determinadas experiencias que se desarrollaron en la Región durante el llamado “ciclo de gobiernos progresistas” (Argentina, Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua) que llegaron al poder con mucha esperanza, inspirando a varios sectores de la izquierda al nivel internacional, pero que han tenido más continuidad que cambio; particularmente después de la crisis económica y la caída de los precios de comodities.
Los estudiantes secundarios -uno de los grupos más activos en las manifestaciones desde las movilizaciones estudiantiles militantes a partir de la Revolución Pingüina del 2006- venían sufriendo un año de represión extrema. Imágenes de las fuerzas especiales de la policía reprimiendo a estudiantes del Instituto Nacional combinando con la política de control y represión dentro de los espacios escolares apodado por el gobierno como “Aula Segura”, es un intento directo de romper el legado del movimiento estudiantil. Los estudiantes del Instituto Nacional, que han tenido un papel emblemático en la dirección del movimiento estudiantil, fueron objeto de violentos ataques de la policía, expulsiones por las autoridades escolares y criminalización por los medios de comunicación durante este año.

Fueron estos mismos estudiantes los que organizaron evasiones masivas del Metro el 11 de octubre, saltando o rompiendo los torniquetes del Metro para protestar por el alza de 30 pesos. Con los días, sus llamados a tomar parte de este movimiento de evasión creció con apoyo popular. El viernes 18 de octubre, el gobierno de Piñera respondió con aún más represión, transformando el acto pacífico de la evasión en una batalla contra las fuerzas especiales de la policía. Cuando se decidió cerrar el Metro, obligando a miles de trabajadorxs a embutirse en las micros o caminar a casa, la respuesta ciudadana no fue de frustración hacia los estudiantes, sino de solidaridad: el pueblo entero se alzó evadiendo el transporte, luchando contra la policía, y atacando y saqueando en masa los locales de aquellos negocios que precarizan la vida diaria en Chile: Isapres (aseguradoras de salud), AFP (administradoras de fondos de pensión), ENEL (distribuidora eléctrica), grandes supermercados y tiendas de retail.

Ante este escenario, la estrategia del gobierno fue duplicar la apuesta represiva. El día viernes 18 de octubre el Presidente Sebastián Piñera declara por cadena nacional el Estado de Emergencia, que lo habilita para llamar a las fuerzas militares a las calles, y establece el toque de queda para la región de Santiago. La ciudad, lejos de verse intimidada por esta amenaza, se mantiene firme en las calles y desafía el toque de queda, tanto de manera pacífica golpeando ollas y enseres de cocina (“caceroleos”) como violentamente armando barricadas y atacando con piedras o lo que se encontrara a las fuerzas del orden.

En estos momentos existe un descontento generalizado contra todas las políticas neoliberales y la represión que ha vivido por años el pueblo. Mientras se informa de 24 muertos, casi 200 personas que han perdido un ojo por causa de perdigones y existen al menos 52 querellas por violencia sexual, la militarización recrudece. Suenan las consignas “No + AFP”, “fin a la mercantilización de la educación, salud, vivienda, transporte y recursos naturales”, sumándole el fin de la Constitución de 1980 redactada por la dictadura de Pinochet. La constante indiferencia de los gobiernos frente a los reclamos populares durante 30 años de supuesta democracia, ha dejado en claro que la única forma de terminar con el experimento neoliberal es llevar a cabo un proceso de transformación de raíz. Lamentablemente, no hay salida por vía pacífica, no hay final para el conflicto con militares en las calles y no puede existir marcha atrás sin la dignidad del pueblo trabajador.

Chile en el contexto mundial

La situación de agotamiento del sistema político y económico en Chile impuesto en Dictadura militar y prolongado por los gobiernos de la Concertación no es un proceso aislado del resto de la región y el mundo. En Ecuador, Haití, Líbano, Cataluña, Hong Kong y en diversos lugares, los pueblos se están cansando de los abusos de las clases dirigentes capitalistas. Las protestas mundiales llaman a levantarnos contra los planes del Fondo Monetario Internacional (FMI), y de los Estados y gobernantes de turno que lo ejecutan.

Debemos, por lo tanto, hacer una doble lectura del levantamiento popular en Chile. Lo analizamos tanto como una reacción popular contra las políticas neoliberales como un incipiente hartazgo y decepción ante determinadas experiencias que se desarrollaron en la Región durante el llamado “ciclo de gobiernos progresistas” (Argentina, Venezuela, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua) que llegaron al poder con mucha esperanza, inspirando a varios sectores de la izquierda al nivel internacional, pero que han tenido más continuidad que cambio; particularmente después de la crisis económica y la caída de los precios de comodities.

Mientras tanto y en un avance del autoritarismo y de la derecha en la región, vemos como se produjo el Golpe de Estado en Bolivia y la brutal represión racista y clasista contra las comunidades originarias y campesinas.

Por último, debemos destacar el golpe de estado de Honduras en el 2009, respaldado por Estados Unidos e impulsado por la oligarquía hondureña y el ejército. Diez años de política neoliberal, ha dejado en estos momentos sumida a Honduras en una crisis política de proporciones, llevando a la población a protestar ante la represión, corrupción y privatización en los últimos meses.

En otras partes del mundo y con la complicidad estadounidense y europea, está en curso una avanzada militar genocida del Estado turco sobre Siria, que a fuerza de bombardeos y ocupación pretende contrarrestar la vida comunitaria y la propuesta socialista de los cantones liberados por las milicias del YPG, YPJ y el pueblo kurdo. En Cataluña, hace algunas semanas se tomaron masivamente las calles a favor de la libre determinación, la independencia y en repudio al fallo que encarcela a lxs que luchan. Vimos como en Ecuador pueblos indígenas y trabajadorxs organizaron una revuelta que frenó un paquete de medidas de Ajuste (Decreto 883). En Haití, las protestas que ya llevan meses lograron la renuncia del Presidente del país, como también se logró en el Líbano en oposición a la corrupción estatal y a las políticas gubernamentales que buscan imponer cargas sobre los hombros de sus trabajadores con los costos generados por su inepta clase política. En Hong Kong llevan más de seis meses de lucha para evitar que sus habitantes sean controlados y juzgados por la dictadura China. En Nueva York el pasado 2/11 se inició una jornada de protestas y evasión del Metro a causa de los altos costos de la vida y de la violencia racista ejercida por la policía que incluso utiliza como emblema al perro chileno conocido como Negro Matapacos, símbolo de las luchas en Chile. Como se puede ver, Chile forma parte de un entramado mundial de luchas que están aflorando en contra de una vida que -cada vez más- no se puede vivir.

Lucha de clases, accion directa y los intentos de nuevas formas de organización

Sin masividad y acción directa no hubiese sido posible pararnos frente a quienes nos oprimen. El viernes 25 de octubre, más de 2 millones de personas marcharon por todo Chile y el Wallmapu llamando al Presidente Piñera a renunciar y en favor de una Asamblea Popular Constituyente. El pueblo chileno demostró en ese momento que no hay la necesidad de un plebiscito porque ya votaron con sus pies, con sus cuerpos y con su determinación. La reacción por el gobierno de derecha ha sido más represión y persecución y el 7 de noviembre se anunció un Plan de Orden Público que intenta criminalizar todas formas de protestas que se debe rechazar enfáticamente.

Pero detrás de las barricadas y de la acción directa de masas se está gestando otra historia.

Sosteniendo la destrucción de cientos de símbolos de colonización en plazas y poblaciones y de ingeniosas consignas se está tejiendo algo.

En todo Chile, lentamente pero sin pausa, pujan por consolidarse decenas de Asambleas Territoriales, Cabildos, Onces y Ollas comunitarias. Se están recuperando formas de organización históricas de nuestra clase, se hurga en la memoria para levantar los cimientos de una nueva institucionalidad que brota de la rabia y la protesta si; pero que también es profundamente constructiva y de anchas miras. Lograr el adecuado oxígeno y tareas, la coordinación y planificación y la necesidad de una amplia unidad popular desde abajo serán las tareas del momento.

Una tarea urgente: rodear de solidaridad la lucha del pueblo chileno

El pueblo trabajador de Chile está marcando el camino de la lucha en contra de los estragos que provoca el proyecto neoliberal, como modelo actual de acumulación del sistema capitalista. No hay solución posible desde el Estado y no puede confiarse en los partidos políticos del régimen que, pactando entre pocos y a espaldas del pueblo movilizado, están intentando hacer prosperar un “Acuerdo de Paz” y llamado a una constituyente escamoteada. Un acuerdo entre pocos y sin representatividad que solo logrará darle aire a Piñera y que no aborda las reivindicaciones inmediatas, no pone en agenda el reclamo de justicia por las violaciones a los DD.HH y los asesinatos y parece más un maquillaje y una maniobra distractora.

La agenda, las tareas del momento y las perspectivas emancipatorias las tiene que poner el pueblo trabajador, en la calle. Pero también en cada lugar de trabajo y estudio. Generando y promoviendo Asambleas democráticas en cada territorio que debata las iniciativas y construya un programa de reivindicaciones a corto, mediano y largo plazo.

Llamamos a compañeres en el extranjero en apoyar las luchas del pueblo trabajador chileno, participando en las protestas y asambleas o cabildos organizados en tu ciudad y organizando eventos o charlas sobre la situación política. La lucha del pueblo chileno contra el neoliberalismo es una lucha que resuena por el mundo. Y si el pueblo chileno consigue sus demandas, va ser un ejemplo para diversos movimientos sociales a nivel internacional. Como los rayados callejeros han pronunciado: ¡El neoliberalismo nace y muere en Chile!

¡SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO CHILENO QUE SE LEVANTA Y LUCHA!
¡POR LA CONSTRUCCIÓN, GENERALIZACIÓN Y COORDINACIÓN DE ASAMBLEAS TERRITORIALES QUE DEBATAN UNA VERDADERA ASAMBLEA POPULAR CONSTITUYENTE PLURINACIONAL Y FEMINISTA!
¡POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD!
¡ARRIBA LXS QUE LUCHAN!

Primeras firmas:

Solidaridad (Chile)
Acción Socialista Libertaria – ASL (Argentina)
Federación Anarquista Rosa Negra – BRRN (Estados Unidos)

bolivia / peru / ecuador / chile / miscellaneous / opinion / analysis Tuesday December 17, 2019 06:02 byBlack Rose (US), Solidaridad (Chile), and Acción Socialista Libertaria (Argentina)

We present to you an analysis on the uprising that has been underway in Chile produced jointly by Black Rose/Rosa Negra (US), Solidaridad (Chile), and Acción Socialista Libertaria – ASL (Argentina).

[Castellano]

One Month Since the Start of the Popular Revolt in Chile:
Feminist and Libertarian Communist Statement

A Preface to October 18th

On October 18th, a popular rebellion broke out in Santiago, Chile that quickly spread throughout the country. The demonstrations that began in response to a spike in the public transportation fare quickly transformed, in a matter of days, into a social upheaval rooted in mass discontent over 30 years of privatization and precarious economic policies. As the phrase circulating through street graffiti and social media states, “It’s not about 30 pesos, it’s about 30 years.”

The cost of living in Chile rose substantially in 2018-2019. As an example, on April 2018, the government announced a 30% increase in personal taxes applicable over the next three years. In January 2019, state officials announced a 6.4% increase in TAG (toll roads in the Santiago region). In May, electricity bills increased 10.5%. In September, the ISAPRES (private health insurance) rose 50% on average for GES premiums (associated with illnesses that the state is required to cover) while FONASA (state insurer) rose its premiums 3%. At the beginning of October, electricity rose once again 9.2%. All of this has occurred in a context in which 50% of all employees receive an income less than $400,000 Chilean Pesos ($496 USD) per month, while the cheapest rents in Santiago can run between $200,000 and $285,000 ChileanPesos ($250-350 USD). Unsurprisingly, the household debt has reached a record high of 73.3% in relationship to disposable income during 2018. The $30 peso subway increase announced in October was the spark that ignited the flame. These previously mentioned economic policies have made life precarious for the working class and was complemented by a series of state repression strategies to violently contain the growing discontent.

In Chile, the Year of Political and Social Discontent began on March 8th

2019 has been a year of milestones; the first being the March 8th Feminist Strike—a historic moment in Chile—marking feminism’s entry into the political field of social movements. Their front and center slogan, “Against the Precariousness of Life,” has proven to be a central slogan used in the mobilizations that broke out since October 18th. Although feminism was invisibilized during the first weeks of the protests, in the days since feminists organized a presence at the marches, raising concrete demands. The feminist movement – of which the March 8th Feminist Coordinator has been a fundamental proponent – has developed a transversal struggle against the patriarchy, capitalism, and racism, highlighting the necessity for feminists to be present in all neighborhood assemblies, cabildos (neighborhood councils), and community onces (teatime). It has been feminists who denounced before anyone else the disappearences and the use of sexual violence as a torture mechanism against women during the demonstrations, replicating methods employed by the genocidal military dictatorships in Latin America in the 1970s and 1980s.
“We see this current moment [in Chile] both as a popular reaction against neoliberal policies and an incipient regional anger and disillusionment with the left governments that formed the so-called “Pink Tide”, which came to power with popular support and hope, inspiring various sectors of the international left, but created more continuity than change.“
High school students – one of the most active groups in the demonstrations since the 2006 militant student mobilizations known as the Penguin Revolution – have suffered a year of extreme repression. There were widespread media images this year of the riot police attacking students at the National Institute (a prestigious all-male public school) in an attempt to implement policies of state control and repression inside the schools. The “Safe Classrooms” Law is an attempt to break the legacy of the student movement. The National Institute students, who have played an emblematic role in directing the student movement, were subjected to police violence, such as the expulsion of student leaders, and were criminalized by media outlets.

These same students organized the mass subway fare evasions on October 11th, jumping or breaking subway turnstiles to protest the 30 peso fare increase. Within days, their call to join the evasion movement grew in popular support. On Friday, October 18th, Piñera’s government responded with even more repression, transforming the peaceful act of evasion into a battle against the riot police. When city and government officials closed the entire Santiago subway system, forcing thousands of workers to pack crowded buses or walk home, the citizen response was not of frustration toward the students but solidarity. The people as a whole rose up to evade, fight against the police, and attack and loot in mass the businesses that created precarious conditions in Chile: Isapres (health insurers), AFP (pension funds administrators), ENEL (electricity distributor), large supermarkets and retail stores.

Given this scenario, the government strategy has been to increase their repressive strategies against protesters. On Friday, October 18th, President Sebastian Piñera declared a state of emergency that enabled the government to place military forces in the streets, and establish a military curfew for the Santiago area. The people, far from being intimidated, stood firm in the streets and defied the military curfew, by banging pots and kitchen utensils (“caseroleos”), building barricades, and attacking the military and the police with rocks or other things.

The widespread discontent reflects anger over years of neoliberal policies and state repression that the people have endured. There are 24 reported deaths, over 200 people have lost sight in an eye due to rubber bullets and pellets, and there are at least 52 complaints of sexual violence by the hands of the police or military since the protests began on October 18. The social movement slogans “No more AFP” and “End the Commodification of Education, Health, Housing, Transportation, and Natural Resources,” as well as the call to replace the 1980 Constitution drafted during the Pinochet dictatorship (1973-1990), resonate at protests across the country. The governments’ 30-year indifference to popular demands underscore that the only way to end the neoliberal experiment is through a grassroots movement to transform society. Unfortunately, there is no peaceful way out. There is no solution to the conflict while the military is in the streets and a government deal is unacceptable while human rights abuses continue against working people.

Chile in Global Context

The oppressive situation imposed by the political and economic system in Chile, institutionalized by military dictatorship and continued by the Concertación (center-left) governments, is not an isolated case in either the region or the world. In Ecuador, Haiti, Lebanon, Catalonia, Hong Kong, and various other places, people are tired of abuses by the capitalist ruling class. Global protests call to stand up against the International Monetary Fund (IMF), as well as the states and rulers who execute their policies.

We must understand the popular uprising in Chile in that light. We see this current moment both as a popular reaction against neoliberal policies and an incipient regional anger and disillusionment with the left governments that formed the so-called “Pink Tide” (Argentina, Venezuela, Bolivia, Brazil, Ecuador, Nicaragua), which came to power with popular support and hope, inspiring various sectors of the international left, but created more continuity than change–particularly after the 2008 economic crisis and the fall in commodity prices. Meanwhile, as authoritarianism and the right make advances in the region, we observe with remorse the recent coup d’etat in Bolivia and the brutal racist and class-based oppression against native and peasant communities. Finally, we must highlight the coup d’etat in Honduras in 2009, backed by the United States and driven by the Honduran oligarchy and army. Ten years of neoliberal policies has left Honduras in a major political crisis, leading the population to protest against repression, corruption and privatization in recent months.

In other parts of the world—with US and European complicity—a genocidal military campaign by the Turkish state is underway in Syria. Turkish military encroachment aims to reverse the liberated cantons’ community life and the socialist project led by the YPG, YPJ, and Kurdish people’s militias. In Catalonia, some weeks ago, masses took to the streets in support for self-determination, independence, and in repudiation of the judicial ruling that imprisons those who fight. We have also seen Ecuadorian indigenous people and workers organize a revolt that halted a state package of adjustments (Decree 883). In Haiti, the months-long protests led to the resignation of the president, something also achieved by Lebanese protesters in opposition to state corruption and government policies that seek to impose an economic burden on the shoulders of working people. In Hong Kong, protesters have been fighting for more than six months to prevent the passing of a Chinese extradition law. In New York, on November 2, a day of protests and subway fare evasions was organized in response to the high costs of living and racist police violence. NYC protesters used Negro Matapacos (cop killer black dog), a street dog who participated in student protests and a symbol of the struggles in Chile. As demonstrated, Chile is part of a worldwide network of struggles that are emerging against an unlivable system.

Class Struggle, Direct Action, and Attempts at New Forms of Organization

We are able to stand up against those who oppress us with mass support and through direct action. On Friday, October 25th, more than 2 million people marched throughout Chile and Wallmapu [1] calling on President Piñera to resign and in favor of a Popular Constituent Assembly. The Chilean people demonstrated that there is no need for a plebiscite because they already voted with their feet, bodies, and determination. The reaction by the right-wing government has been more repression and persecution and on November 7 a Public Order Plan was announced that intends to criminalize all forms of protests, which we reject.

But beyond the barricades and mass direct action there is another story. Through the destruction of hundreds of symbols of colonization in squares and towns something new is being woven. Throughout Chile, slowly but surely, hundreds of territorial assemblies, cabildos [local councils], and community onces [literally “teas,” small gathering like a coffee meet up] consolidating a new form of popular power. Historical forms of organization by the working class are being reinvigorated— once encased in our collective memory. We are building the foundations of a new movement engendered from rage and protest that is both constructive and widespread. To coordinate and plan successfully, we need to develop popular unity from below, which is our primary task at the moment.

An Urgent Task: Solidarity with the Chilean People’s Struggle

The Chilean working class is carving out a path of struggle against the ravages caused by the neoliberal project. The state has no solution and we cannot trust the regime’s political parties who make agreements among themselves and behind closed doors, and who are trying to promote a “Peace Agreement” and water down the potential of a popular constituent assembly. The agreement, which lacks broad representation, intends to buy Piñera time while refusing to address the immediate popular demands. The agreement does not include the demand for justice for human rights violations and state murders, and offers only superficial changes designed to distract and demobilize.

The current tasks, agenda, and emancipatory perspective must be those visions and demands put forward by working people in the streets, workplaces, schools and universities. Organizing and supporting the growth of popular neighborhood assemblies independent from political parties allows the grassroots blossoming of debates to initiate and build a program of demands in the short, medium, and long-term.

We call on comrades abroad to support the struggles of the Chilean working people by participating in local protests and assemblies or cabildos and promoting events or talks about the political situation in Chile, Latin America, and the world. The Chilean struggle against neoliberalism is a struggle that resonates throughout the globe. If the Chilean people achieve their demands, it will be an example for social movements internationally. As the Santiago street graffiti exclaims: Neoliberalism was born and will die in Chile!

SOLIDARITY WITH THE CHILEAN PEOPLE RISING AND FIGHTING!
FOR THE CONSTRUCTION AND COORDINATION OF TERRITORIAL ASSEMBLIES THAT DEBATE FOR THE CREATION OF A TRUE PLURINATIONAL AND FEMINIST POPULAR CONSTITUENT ASSEMBLY!
FOR SOCIALISM AND FREEDOM!
¡ARRIBA LXS QUE LUCHAN!

Solidaridad (Chile)
Acción Socialista Libertaria – ASL (Argentina)
Black Rose / Rosa Negra Anarchist Federation – BRRN (United States)


Endnotes

1. Wallmapu is the name for the ancestral territory of the Mapuche people and nation, located in southern Chile and Argentina.

If you enjoyed this piece and are interested in learning more about Latin American anarchism we recommend our three-part series in English and Spanish “Libertarian Socialism in Latin America”: Part I – Chile, Part II – Argentina, Part III – Brazil.

Βολιβία / Περού / Ισημερινός / Χιλή / Λαϊκοί Αγώνες / Ανακοίνωση Τύπου Wednesday December 11, 2019 19:43 byΑναρχική Ομοσπονδία Σαντιάγο

Πρέπει να συνεχίσουμε τις κινητοποιήσεις και να ενδυναμώσουμε τις οργανώσεις της τάξης μας, τις τοπικές συνελεύσεις, τις οργανώσεις για τα δικαιώματα των γυναικών, τα έμφυλα και φεμινιστικά παραβατικά υποκείμενα, τις συνελεύσεις, τους συντονισμούς της υπεράσπισης της γης και του νερού, τις οργανώσεις των αυτόχθονων πληθυσμών και να ενισχυθεί ο πρωταγωνιστικός ρόλος του λαού στα συνδικάτα, τις ομοσπονδίες και τα μαθητικά κέντρα.

Τέταρτη ανακοίνωση της Αναρχικής Ομοσπονδίας του Σαντιάγο για τις κοινωνικές εξεγέρσεις στη χώρα

Ένας μήνας έχει περάσει από τότε που οι άνθρωποι που ζουν στην περιοχή που ορίζεται ως «Χιλιανό κράτος» ξεσηκώθηκαν και αγωνίστηκαν με αξιοπρέπεια ενάντια στις ευτελιστικές και επισφαλείς συνθήκες που τους επέβαλε η αστική τάξη, συνθήκες που αντιμετωπίστηκαν με μία κοινωνική έκρηξη, ο απόηχος της οποίας παραμένει αισθητός μέχρι σήμερα.

Η θέληση της καταπιεζόμενης τάξης παραμένει ακλόνητη, μέρα με τη μέρα, βδομάδα με τη βδομάδα. Η αντίσταση και η αυτοοργανωση ειναι εμφανή παντού στις πλατείες, στις γειτονιές, στους δρομους.

Οι κινητοποιήσεις συνεχίζονται παρά την προδοσία των συνήθων οπορτουνιστών, που κάθισαν ξανά στο τραπέζι της μπουρζουαζίας για να κάνουν συμφωνίες που αφορουν τις ζωές μας. Οι άνθρωποι έδειξαν σε αυτά τα παράσιτα πως είναι αχρείαστοι, πως ο αγώνας συνεχίζεται παρά το πισώπλατο χτύπημα τους και πως η αντίσταση είναι ακυβέρνητη και θα συνεχίσει για όσο υπάρχει το κεφαλαιο και η πατριαρχία.

Η καταστολή από το κράτος και τους λακέδες του εχει αποβεί αιματηρή.

Η κρατική τρομοκρατία έχει εφαρμοστεί με ολοκληρωτική ατιμωρησία και με τη συνενοχή διαφόρων θεσμών, που είναι και ο λόγος πίσω από τους διαρκώς αυξανόμενους αριθμούς: μέχρι σήμερα, περισσότεροι από 6000 άνθρωποι έχουν συλληφθεί, 222 άνθρωποι έχασαν τα μάτια τους από την καταστολή, 30 άνθρωποι έχασαν τη ζωή τους, περισσότεροι από 2400 τραυματίστηκαν, εκατοντάδες υπέστησαν βασανιστήρια και φυλακίστηκαν και δεκάδες άνθρωποι έχουν γίνει θύματα βιασμού, επιβεβαιώνοντας πως η κατάσταση εκτάκτου ανάγκης έχει μονιμοποιηθεί και ότι η πολιτική του πολέμου ενάντια στις καταπιεζόμενες τάξεις είναι το καλύτερο μάθημα που διδάχτηκε στο «Escuela de las Américas». Ακόμα, έχει ξεκινήσει η ποινικοποίηση των ανθρώπων που συνεχίζουν να αντιστέκονται στους δρόμους και η στοχοποίησή τους με εφόδους, ψευδή στοιχεία και κατηγορίες με βάση τον πινοσετικό αντιτρομοκρατικό νόμο περί ασφάλειας της χώρας.

Το κυνήγι μαγισσών ξεκίνησε και το κράτος ετοιμάζεται να εκτονώσει την επιθετικότητά του. Απόδειξη γι' αυτό είναι πως η κυβέρνηση ανακοινώνει μία σειρά από νόμους που στοχεύουν άμεσα στην καταστολή των κοινωνικών αγώνων. Ένα σημαντικό στοιχείο αποτελεί και ο ρόλος των Ενόπλων Δυνάμεων. Αυτός ήταν εκτελεστικός με την έννοια ότι έπαιρναν αποφάσεις αυτόνομα τις τελευταίες εβδομάδες. Αυτό φαίνεται στο γεγονός ότι την Τρίτη, 12 Νοεμβρίου, στο πλαίσιο της μαζικής απεργίας που εξαπλώθηκε σε όλες τις περιοχές, η κυβέρνηση, με την ουρά ανάμεσα στα πόδια της, σε μία συνάντηση στην La Moneda ζητά για ακόμα μία φορά βοήθεια από τις ένοπλες δυνάμεις, στις κατασταλτικές δράσεις ενάντια στην τάξη μας. Όμως οι ένοπλες δυνάμεις ζήτησαν να τους δοθεί εγγύηση ατιμωρησίας για τα εγκληματα ενάντια στην ανθρωπότητα που είναι έτοιμοι να διαπράξουν ενάντια στους αγωνιζόμενους ανθρώπους. Αντιμέτωποι με τον φόβο της πολιτικής ευθύνης που συνεπάγεται κάτι τέτοιο, η κυβέρνηση αποφάσισε να μην παρέχει ατιμωρησία στις ένοπλες δυνάμεις, οι οποίες τελικά δε βγήκαν στο δρόμο, αφήνοντας τον Πινιέρα και το γελοίο συνάφι του να καλέσει συνταξιούχους αστυνομικούς για να συνεργαστούν μαζι τους στα κατασταλτικά τους σχέδια.

Όχι μονο αυτό δεν φάνηκε αστείο σ' εμάς αλλα το θεωρούμε ακραία ανησυχητικό, όταν βλέπουμε τις ένοπλες δυνάμεις να λαμβάνουν αποφάσεις αυτόνομα, με το πολιτικό τους εγχείρημα να σχετίζεται με τον παρόν σενάριο, ένα εγχείρημα που αποπειράται να εντοπίσει την ανικανότητα της παρούσας πολιτικής κάστας να επιβάλει την τάξη στο πρόσωπο της κοινωνικής έκρηξης, ξεκινώντας από μία πολιτική λύση και φτάνοντας στην βίαιη επέμβαση για την επαναφορά της τάξης με χρήση των όπλων και του εξεφτελισμού των ανθρώπων.

Καλούμε όλες τις κοινότητες του αγώνα να είναι σε επαγρύπνιση για την πιθανότητα επιστροφής της στρατιωτικής τρομοκρατίας στους δρόμους, αλλά αυτή τη φορά με μία πιο ριζοσπαστική επέμβαση.

Η σάπια πολιτική κάστα του πρώην εθνικού κογκρέσου προέβη σε διάφορα διαβήματα προς την επίτευξη πολιτικών συμφωνιών για να προχωρήσει σε ένα νέο σύνταγμα. Τα κόμματα του κατεστημένου, από αριστερά μέχρι δεξιά, έδωσαν τα χέρια σε ένα διήμερο διαπραγματεύσεων στο πρόσωπο της πιθανότητας μίας στρατιωτικής επέμβασης που θα έδινε μία γρήγορη πολιτική λύση στην κρίση.

Από τα δωμάτια της χλιδής γεννήθηκε η γνωστή «Συμφωνία για την Κοινωνική Ειρήνη και το Σύνταγμα», ενώ οι κοινότητες του αγώνα τιμούσαν τη μνήμη του Camilo Catrillanca που πέθανε στα χέρια του κράτους πριν από ένα χρόνο στο Wallmapu. Από τα παράθυρα του παλατιού έβγαινε καπνός, που αποσκοπούσε να θολώσει την όψη της καταπιεζόμενης τάξης, με μία συμφωνία που έχει πάνω της κηλίδες από το αίμα των νεκρών μας, των φυλακισμένων, των βασανισμένων, των βιασμένων και των κατακρεουργημένων σωμάτων των αγωνιστών μας. Προσπάθησαν να φιμώσουν την άσβηστη αντίσταση των ανθρώπων του αγώνα, προσπάθησαν να κάνουν μία συμφωνία στο όνομα αυτών που αντιστέκονται, χωρίς την παραμικρή αντιπροσώπευση των συμφερόντων των καταπιεσμένων.

Η συμφωνία τους για ένα νέο σύνταγμα δεν είναι κάτι περισσότερο από αυτό που έχουμε ήδη καταδικάσει στην προηγούμενη επιστολή μας, ως ένα μέσο να δώσει οξυγόνο σε μία σταγόνα δημοκρατίας για να μπορέσουν να τεθούν τα θεμέλια για ένα νέο κράτος που θα συνεχίσει να εκπληρώνει τον ιστορικό ρόλο της καταπίεσης των κοινοτήτων που παλεύουν ενάντια στην αστική τάξη και το σύστημα που της επιτρέπει να κυριαρχεί.

Όποιος κι αν ειναι ο μηχανισμός που θα χρησιμοποιηθεί να αλλάξει το σύνταγμα, αυτός απλά αναδομεί το κράτος, το ζήτημα όμως δεν είναι αυτό της συμμετοχικότητας αλλά αυτό της ταξικής πραγματικότητας. Αυτή η διαδικασία συμβάλλει υποστηρικτικά προς την αστική τάξη η οποία έχει διαβρωθεί από την πινοσετική της κληρονομιά και μέσω αυτών των ανακοινώσεων προσπαθεί να αναγεννήσει μία νέα κοινωνική συμφωνία βασισμένη σε μία παραπλανητική συμμετοχή των πολιτών, η οποία εξυπηρετεί ως «μάρτυρας πίστεως» στη διαδικασία αναδόμησης του αστικου συνταγματικού πλαισίου.

Έπειτα από ένα μήνα αγώνα, έχουμε κερδίσει πολλά, έχουμε αναπροσδιορίσει τους εαυτούς μας ως μέλη μίας τάξης καταπιεσμένων, ως ο κοινωνικός ιστός που εξαλείφθηκε τα αιματηρά χρόνια του Πινοσέτ κι έχει ξαναγεννηθεί, έχουμε ανακαλύψει ένα κομμάτι των ζωών μας. Όμως, η επισφάλεια της καθημερινότητας παραμένει άθικτη, γι αυτό έχει τεράστια σημασία να συνεχίσουμε τις κινητοποιήσεις για να έχουμε κάποια αποτελέσματα σύντομα, τα οποία θα ανεβάσουν το ηθικό στον κόσμο του αγώνα, επιτρέποντάς του να ζήσει σε πιο αξιοπρεπείς συνθήκες. Γι΄ αυτό είναι σημαντικό να συνεχίσουμε να παλεύουμε για να παραλύσουμε την κυβερνητική νομοθετική ατζέντα, στην οποία εμπεριέχονται το TPP-11, ο νόμος κοινωνικής ενσωμάτωσης και η κατασταλτική ατζέντα που πρεπει να καταργηθούν άμεσα. Από την άλλη, παλεύουμε για επαναφορά των κοινωνικών δικαιωμάτων, μέσω της κατάργησης του AFP, την απόσυρση του νόμου για το νερό, την διαγραφή του εκπαιδευτικού χρέους, φρένο στη μόνιμη μείωση βασικών υπηρεσιών, την μείωση των εργασιακών ωραρίων και την αύξηση του βασικού μισθού.

Στεκόμαστε αλληλέγγυοι με τους συντρόφους μας που έχουν υποφέρει από την σκληρή καταστολή, ιδιαίτερα αυτούς που τώρα βρίσκονται φυλακισμένοι αντιμετωπίζοντας σύνθετες κατασταλτικές διαδικασίες με την εφαρμογή των πιο τομακτικών νόμων της αστικής τάξης. Τέλος καλούμε τον κόσμο του αγώνα να μην παρασυρθεί από τα κόπλα των κομμάτων που θέλουν να διατηρήσουν την τάξη, να μην διαπραγματευτεί με τους δολοφόνους και να μην πιστέψει την ψεύτικη ειρήνη τους. Πρέπει να συνεχίσουμε τις κινητοποιήσεις και να ενδυναμώσουμε τις οργανώσεις της τάξης μας, τις τοπικές συνελεύσεις, τις οργανώσεις για τα δικαιώματα των γυναικών, τα έμφυλα και φεμινιστικά παραβατικά υποκείμενα, τις συνελεύσεις, τους συντονισμούς της υπεράσπισης της γης και του νερού, τις οργανώσεις των αυτόχθονων πληθυσμών και να ενισχυθεί ο πρωταγωνιστικός ρόλος του λαού στα συνδικάτα, τις ομοσπονδίες και τα μαθητικά κέντρα.

Ας πολλαπλασιαστεί και θωρακιστεί η αντίσταση με οργανωτικά που θα οδηγήσουν στην απελευθέρωσή μας!

Ας συνεχίσουμε τον αγώνα!

Για να χτίσουμε μία οργανωμένη κοινότητα! Να ριζώσει ο αναρχισμός!

Να φτιάξουμε οργανωμένες αυτόνομες κοινότητες!

Ζήτω οι αγώνες των λαών!

Άμεση απελευθέρωση των κρατουμένων της κοινωνικής επανάστασης!

Αναρχική Ομοσπονδία Σαντιάγο

19 Νοεμβρίου 2019

Σχετικός σύνδεσμος: https://enoughisenough14.org/2019/11/20/fourth-statement-by-the-federacion-anarquista-santiago-on-the-social-uprising-in-chile/

Μετάφραση: το μαύρο berry.

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