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150 años de lucha y algunas definiciones para continuarla

category argentina/uruguay/paraguay | historia del anarquismo | opinión / análisis author Monday March 24, 2008 00:32author by Comisión de Prensa - Red Libertaria de Buenos Airesauthor email redlibertaria at riseup dot net Report this post to the editors

En el presente texto analizamos cuales han sido, según nuestro criterio, las definiciones que fundamentales para el desarrollo del movimiento anarquista, como movimiento con asiento en las masas. Con el mismo no pretendemos hacer un repaso de la historia del movimiento, sino simplemente observar ciertas definiciones que consideramos son un buen punto de partida, una base bastante sólida como para cimentar una construcción que recupere lo mejor que el movimiento ha sabido dar. Artículo publicado en Hijos del Pueblo Nº 11

El movimiento anarquista tiene sin duda una rica historia. En sus casi 150 años de lucha ha izado su bandera y presentado batalla en la mayor parte del mundo destacándose el desarrollo logrado en Argentina (por no mencionar a Rusia, Francia, México, Italia, Corea, España, etc. ya que para hacerlo deberíamos extendernos demasiado). Fue Buenos Aires una de las cabeza de playa desde las que el movimiento se extendió hasta alcanzar una considerable, aunque heterogénea, inserción por toda América Latina a fuerza de mucho trabajo y grandes sacrificios. Esto fue posible gracias a la estrecha ligazón establecida entre los primeros grupos de militantes libertarios y el naciente movimiento obrero del que fueron pioneros. La misma, forjada en la participación permanente, activa y decidida entre sus filas, contribuyó fuertemente a la construcción de un movimiento obrero de una combatividad feroz y solidaridad consecuente con un ideal de emancipación humana, y a su organización sólida y potente a la vez que federalista y radicalmente democrática.

No buscamos con este artículo hacer un repaso exhaustivo y sistemático de nuestra historia sino explicar desde ella el por qué de algunas definiciones que tomamos y que consideramos fundamentales.
 
Un anarquismo militante
Es indudable que el movimiento anarquista dejo su huella en la historia y, mucho más importante, peleó (y lo sigue haciendo) por una sociedad donde la justicia y la libertad no fuesen privilegios de pocos, negando el sentido de estas palabras, sino principios rectores de la organización social. Todo esto fue gracias al compromiso militante y a la entrega consecuente de cientos de miles de compañeros y compañeras que dejaron su tiempo, su sudor, su sangre y su vida en ella. Testimonio de esto fueron las leyes de residencia y defensa social, las nóminas de deportados, las cárceles atestadas (hasta el punto de que llegaron a realizarse congresos dentro de ellas) y la sangría constante de la represión. Aquella fue la brutal respuesta de la burguesía amenazada por ese compromiso militante que se manifestaba en acciones, impulsando la conformación de Sociedades de Resistencia (agrupaciones obreras de lucha, los primeros sindicatos), llamando a la huelga y sosteniéndola con el cuerpo en tomas, piquetes y enfrentamientos cuerpo a cuerpo y a mano armada con la policía, organizando insurrecciones, agitando y propagando desde diarios y revistas, folletos y volantes que se editaban por millares. No se trataba sólo de opiniones personales, convicciones íntimas, ni actitudes cotidianas o de ser consecuentes en la conducta personal con los demás (la familia, los amigos, los compañeros). Si bien era (y es) esto una parte importante, no quedaba sólo en esa instancia meramente individual, sino que expandía sus fronteras para ser un proyecto militante con una finalidad y un medio, el comunismo anárquico y la revolución social.
 
Un anarquismo revolucionario
Se tenía en claro la necesidad de una revolución que socializara las riquezas, el trabajo y la toma de decisiones, acabando con la explotación y la opresión en todas sus formas. Los/as compañeros/as no se conformaban con la creación "en los márgenes" a pesar de dedicarse incansablemente a esta tarea, fundando bibliotecas, clubes de fútbol, cooperativas, sindicatos, cientos de instituciones en un sentido amplio que hicieran posible una vida mejor para los trabajadores/as, a la vez que preparaban el camino para mejores conquistas. Tampoco se quedaban en una autosuficiente y estéril crítica carente de propuestas y de acciones. No. Se iba a por todo, decidida y resueltamente. Y se tenía en claro que esto implicaba inexorablemente la violencia, la lucha armada y la preparación moral y material para esta, la confrontación con las fuerzas represivas del gobierno, garantes del privilegio de unos pocos y el sometimiento y postración de la mayoría. Por eso esas huelgas salvajes con choques y barricadas en las calles, por eso la reivindicación y puesta en práctica del sabotaje hasta llegar a la expropiación a los empresarios para el financiamiento de las organizaciones y grupos de acción. Ante semejante despliegue, y desbordado por todos sus flancos, al gobierno no le bastó la policía y tuvo que recurrir al ejército y a grupos fascistas para reprimir al pueblo desbocado, a los trabajadores/as dueños de la ciudad por una semana en esa gesta inolvidable de enero de 1919.
 
Un anarquismo clasista
Y nos referimos a los trabajadores, pero con orgullo recordamos entre ellos a los anarquistas siempre al frente, llevando la lucha hasta el límite de sus fuerzas, impulsando hacia adelante a la mayoría con su ejemplo, con el respeto ganado por su consecuencia, capacidad militante, entrega y solidaridad. La lucha de clases era para los compañeros/as el principal campo de acción (sin por esto dejar de reconocer la importancia de otras luchas) y el más propicio para la creación de una fuerza social de intención revolucionaria capaz de hacerle frente al enemigo y vencerlo. Para alcanzar esto veían la necesidad de construir amplias y vigorosas organizaciones de clase que, a la vez que emprendían la lucha por aumentos de salario, reducciones de jornada y mejores condiciones de trabajo, eran la escuela en que grandes masas de trabajadores conocían su fuerza, aprendían a luchar y se decidían a hacerlo. Organizaciones que comprendían en su seno a todos/as los/as trabajadores/as solidarios en lucha, sin distinciones, con independencia de la patronal, el gobierno, los partidos políticos y cualquier otra institución (independencia fundada en una genuina democracia interna en la que la base, el conjunto de los integrantes de la organización, era quién verdaderamente decidía el rumbo de esta). Fue la participación de los/as compañeros/as en estas organizaciones, junto a la experiencia vivida en carne propia en los conflictos, la que iba mostrando, por más pequeños y humildes que sean los reclamos, el abismo que separa a los trabajadores de la patronal, los intereses encontrados, opuestos e irreconciliables entre sí. Allí estuvieron siempre los compañeros/as, en primera fila, trasmitiendo la necesidad de ir a fondo, de luchar hasta el final y hacia una meta, para terminar con la constante agresión patronal que vuelve precarias todas las conquistas y triunfos, sumiéndonos nuevamente en la miseria y la servidumbre.Siempre presentes impulsando las luchas hasta sus últimas consecuencias, resistiendo todos los embates del gobierno y la patronal. De esta manera el movimiento anarquista en la Argentina llegó a ser masivo y popular, a calar hondo en los huesos del pueblo y dejar huella en esta tierra, volviéndose referente ineludible de todos/as los/as no se resignan y buscan un verdadero cambio.
 
Un anarquismo federalista
El movimiento, tras largos años (y con muchas dificultades para lograr la confianza y el acuerdo necesarios) supo encontrar la fórmula de organización congruente con sus ideales. Una forma organizativa que potenciara sus fuerzas mediante la coordinación solidaria y democrática a la vez que impidiera una centralización asfixiante y autoritaria. No por nada la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) tuvo su Pacto de Solidaridad, elaborado y modificado en Congresos de delegados y ratificado por las Sociedades de Resistencia. El Federalismo tal cual era entendido por la FORA (por no decir todas las grandes organizaciones anarquistas o influenciadas por el anarquismo) consistió en la toma de decisiones directamente por todos sus miembros (en asambleas, conferencias, congresos, mítines, etc.) y la limitación de las funciones de los distintos comités a la coordinación y ejecución de los acuerdos tomados. En la práctica, esto exigía una vigilancia y control permanente de los comités por la base para evitar toda burocratización (con la posibilidad de revocarlos de considerarse se habían extralimitado), así como la más amplia discusión y participación desde abajo para evitar que la falta de mandato de los comités llevara a la organización al inmovilismo, impidiendo que diera una respuesta a los agitados tiempos que se vivían. Esto rompía con el aislamiento, que llevaba a derrotas evitables por la dispersión de las fuerzas, y con todo recelo hacia las organizaciones vastas y duraderas y los abusos a las que frecuentemente se prestan. Al mismo tiempo posibilitaba grandes proyectos (como la edición de periódicos que llegaron a ser diarios y competir en tirada con las prensas burguesas, el apoyo a los presos y sus familias durante largos años, etc) que serían imposibles encarar sin la unión y colaboración de gran número de compañeros/as.
 
 


Creemos que estas definiciones fueron sostenidas en los hechos, más allá del vocablo o conceptos que usara la mayoría del movimiento a lo largo de su historia, especialmente allí donde mayor desarrollo alcanzó. Hoy, como ayer, somos muchos/as los/as que compartimos estas definiciones y las levantamos en la práctica. Y el nuestro no intenta ser más que un aporte concreto en ese sentido: mantenerlas con vida. Por todo esto saludamos toda iniciativa en el mismo sentido y reafirmamos nuestro deseo de mantener relaciones y discusiones saludables y respetuosas con todos los grupos, espacios, compañeros y compañeras que recorren el mismo camino que nosotros/as.
 
Hay compañeros que no compartirán una o más de estas definiciones y, aún así, coincidiremos en distintos ámbitos de lucha. No es nuestra intención negar el valor de lo que hacen ni afirmar que tenemos todas las respuestas a los interrogantes que esta empresa nos plantea. Simplemente tratamos de explicar cuál es nuestra propuesta y por qué la sostenemos.
 
Sabemos que estas definiciones no agotan el debate ni responden a muchos de los problemas frente a los cuales los anarquistas necesariamente debemos sentar posición. Queda pendiente evaluar críticamente los errores cometidos, que indudablemente fueron muchos y muy importantes, pues llevaron a la decadencia del movimiento (tarea que consideramos ineludible e inconclusa). Pero nos parece que estas definiciones son un buen punto de partida, una base bastante sólida como para cimentar una construcción que recupere lo mejor que el movimiento ha sabido dar. No creemos que sea tarea fácil y sabemos que nos falta mucho para estar a la altura de tan gran desafío que tenemos por delante… por nuestra parte, apenas empezamos a mostrar en los hechos lo que proponemos. Pero como decíamos al principio, el movimiento anarquista tiene sin duda una rica historia, y en todos nosotros está el continuarla.
 

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