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En torno a los problemas planteados por la lucha de clases concreta y la organización popular

category bolivia / peru / ecuador / chile | movimiento anarquista | opinión / análisis author Sunday January 27, 2008 09:31author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Reflexiones desde una perspectiva Anarco-Comunista

El siguiente artículo se comenzó a desarrollar durante diversas discusiones que impulsamos a comienzos del 2003 en Chile y luego en el 2005 en Irlanda. Ese año, publicamos una primera versión en inglés de este artículo, en el cual prescindimos de ciertas notas que aquí se agregan por ser pertinentes para una versión en castellano. En este artículo definimos nuestra posición respecto a los distintos tipos de organización popular (social, político-social y político-revolucionaria) y cómo entender su autonomía, los espacios de su competencia y la interacción entre ellos. No se trata de una mera tipología de las organizaciones populares, sino que apunta a un proyecto de construcción libertaria de masas como objetivo estratégico. Este artículo es parte de una serie de artículos sobre los problemas del desarrollo del movimiento libertario que empecé con "La importancia de la Crítica" en Noviembre.
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En torno a los problemas planteados por la lucha de clases concreta y la organización popular



Reflexiones desde una perspectiva Anarco-Comunista




En momentos en que los anarquistas han comenzado a discutir las perspectivas de la actividad anarquista a mediano plazo, se evidencia mejor el nexo que existe entre táctica y estrategia: es decir, entre aquello que consideramos nuestro objetivo, la sociedad libertaria, y los medios con los cuales buscamos alcanzarla. Teniendo en consideración que el anarquismo tradicional ha tendido a rechazar de manera tajante la distinción artificial entre “fines” y “medios”, resulta sorprendente el enorme divorcio con que éstos se presentan frecuentemente en la práctica anarquista. Esto se debe, en gran medida, a la falta de planificación estratégica, que debiera crear el puente que una a aquel “distante futuro”, con aquellos asuntos que nos surgen en el día a día.

Es verdad que muchas veces no hay, en realidad, mayores diferencias en cuanto a lo que debemos hacer en el día a día y aquello que anhelamos como ese “futuro distante” (pese a que se encuentra de todo en la “jungla anarquista”), sino que, claramente, es en las perspectivas a mediano plazo donde la mayor parte de los desacuerdos salen a flote. Esto se debe a que es en este punto donde se comienza a tratar el problema que qué vía revolucionaria hemos de seguir para lograr el derrocamiento de la vieja sociedad y el nacimiento de la nueva. Es solamente cuando hemos optado por ciertas perspectivas a mediano plazo cuando las luchas se vuelve en realidad “revolucionaria”, ya que entonces comienzan a servir a un objetivo con un claro sentido, ya que entonces podemos tomar la iniciativa política y ya que es solamente entonces cuando aquel distante futuro deja de ser un sueño utópico para convertirse en un programa revolucionario.

Sabemos que necesitamos conseguir algo más que un espacio en los noticiarios o un puñado de militantes nuevos con nuestras luchas particulares. Sabemos, además, que necesitamos crear ciertos mecanismos para atestiguar que, efectivamente, estamos dirigiéndonos hacia algún lado. Esto supone la creación de vínculos orgánicos de carácter permanente que, de una manera u otra, sobrevivan a los ciclos pasajeros de rebelión, dando un sentido de continuidad a esas rebeliones. Y, al mismo tiempo, necesitamos tener una serie de objetivos a los que apuntar, ya que ellos servirán como la guía para nuestras actividades y como mecanismo de evaluación con el cual medir nuestra efectividad.

Con respecto a los vínculos orgánicos entre las distintas luchas y los diferentes “capítulos” en el desarrollo histórico de la lucha de clases, debemos primero analizar la naturaleza de los actores que luchan, para saber cómo tratar, desde una perspectiva libertaria, el problema de las diferentes organizaciones que existen en la sociedad.

Los sujetos populares



Primero que nada, y claramente que no hay necesidad de argumentar esto con lujo de detalles con los anarquistas de tradición clasista y revolucionaria, la base de la lucha revolucionaria es la contradicción entre dos clases fundamentales; la clase trabajadora y la burguesía. Como lo planteó el camarada Mac Giollamóir en la edición No.86 de “Workers Solidarity”, “la clase trabajadora es uno de los polos de una relación social que define al capitalismo.Esta relación es la relación del empleador con el empleado. Es la relación entre el capitalista que compra la habilidad del trabajador para laborar y que vive libremente, y el trabajador que debe entregarle esa habilidad a fin de poder, sencillamente, vivir”. Es parte de una relación dinámica, dialéctica, y no un conjunto de personajes inmutables. Las principales características de la clase trabajadora son: su dependencia del sistema salarial; su condición subordinada en la organización jerárquica del trabajo (en la cual todos terminamos siempre teniendo a alguien sobre nuestras cabezas); su condición de generadora de plusvalor que es apropiado por los capitalistas; y por consiguiente, el hecho de que experimenta la explotación.

Esta es la realidad que subyace y que da forma a la sociedad –capitalista- moderna. Es una realidad, pero se refiere a una relación, es la descripción de un proceso, a un modelo teórico útil para comprender una realidad que es lejos más compleja que la visión esquemática de estos dos polos antagónicos (de ser de otro modo, la revolución no plantearía ningún problema, ya que, solamente por una cuestión de número, la clase dominante ya hubiera sido expulsada de la cima del poder hace mucho tiempo). Entre estos dos polos, existe una amplia gama de grises. Y, por lo demás, el conflicto de clases asume expresiones concretas en sujetos concretos. ¿Quiénes son estos sujetos? Tal es una pregunta de la mayor importancia para cualquier revolucionario, y es que la definición de esos actores en lucha determinarán, en gran medida, las tácticas que se elijan.

Podemos clasificar a estos sujetos de la lucha según varios indicadores:

1. Sus problemas e intereses inmediatos;
2. Su tradición de lucha y organización, que emana de este conjunto de problemas e intereses;
3. Un lugar o actividad común en la sociedad.
Sin importar que estos sujetos se encuentren en estado pasivo, su potencial para convertirse en un factor detonante de la lucha de clases puede estar presente aunque hibernando.

Además, es necesario mencionar que estos sujetos populares no representan, necesariamente, a una clase en sí mismos; tomemos, por ejemplo, a los sujetos tradicionales –estudiantes, trabajadores (urbanos), pobladores y campesinos. Solamente los trabajadores pueden ser considerados como una clase “pura”, mientras que en todos los otros sujetos, contienen miembros de diferentes clases y toda suerte de escalas de grises (pequeñoburguesía, burguesía, la nebulosa clase media, elementos marginales y clase trabajadora). La naturaleza clasista de los sujetos populares, en general, demanda de una tendencia clasista, de raigambre proletaria, que se exprese como fuerza política, con capacidad de ganarse a otros segmentos de la sociedad para la causa revolucionaria y su programa.

Estos sujetos, a su vez, son categorías que no existen aisladas las unas de las otras. Los hijos del obrero son estudiantes, y todos son pobladores de un determinado barrio. Pero su identificación primordial con un determinado sujeto popular se intensifica en presencia de la lucha y se articula en función de una tradición organizativa específica. Por poner un ejemplo, en Chile en 1983 estallaron masivas manifestaciones en contra de la dictadura de Pinochet; pese a que los llamados a luchar vinieron originalmente de los sindicatos mineros, la debilidad relativa de los sindicatos en un contexto de semi-clandestinidad[1], hizo que el principal foco de protesta fuesen las poblaciones populares –donde vivían los trabajadores, pero donde también vivían otros sectores sociales, como los tenderos, quienes frecuentemente se unieron a las protestas junto a los trabajadores, con las contradicciones de clase que eso a veces implicaba[2]. Pero la identidad de estas luchas se constituyó en torno a ciertas organizaciones y luchas localizadas en un espacio concreto –las poblaciones en este caso. Quienes luchaban, lo hacían como movimiento de pobladores. Pero muchos de ellos eran la misma gente que, diez años antes, había articulado su identidad alrededor de los Cordones Industriales, durante el período de la Unidad Popular (1970-1973). Esto refleja la naturaleza dinámica de los sujetos populares, así como de su identidad. La creación de tal identidad, anclada en una problemática, experiencias, así como en demandas comunes, es el suelo donde la lucha germina; ésta no germina sobre declaraciones teóricas vagas sobre el conflicto social en abstracto, o sobre demandas utópicas de cambio social.

Una vez que hemos definido a los sujetos populares en un momento y espacio dados, podemos comenzar a pensar demandas concretas de lucha a mediano plazo, en el marco de un programa revolucionario de largo aliento, y es este paso el que nos permite recuperar la iniciativa política. Pero también podemos comenzar a pensar las formas de organizar a aquellos sectores en acuerdo con nuestras propias convicciones de base, anti-autoritarias y basadas en la democracia directa, o, al menos, podemos ver la manera de cómo influir sus propias organizaciones de una manera saludable y libertaria. Pero en este punto debemos tener mucho cuidado de no confundir los diferentes espacios y tipos de organizaciones, si lo que queremos generar es unidad y no discordia. El mejor ejemplo de cómo no hacer las cosas, es el estilo típicamente trotskista que confunde los dominios del partido, con los del movimiento popular. Esta miopía política conlleva la contracción y el divisionismo en el seno del movimiento popular, lo que es la constante de todos las iniciativas que logran copar, las cuales se reducen y dividen hasta que es imposible distinguir el “frente de masas” de su respectiva fracción política que la tutela. El sectarismo es la única consecuencia lógica que se desprende de esta práctica, y esto debilita a las fuerzas populares. Los anarquistas no han sido inmunes a tendencias semejantes, particularmente en el anarco-sindicalismo (al menos, en sus versiones contemporáneas más sectarias), el cual tradicionalmente ha confundido lo que es una “organización política” (o partido) con lo que es un “sindicato”. El resultado, es que rara vez han actuado como una fuerza propiamente política, sin tampoco actuar como una fuerza propiamente sindical. Esto ha causado que, salvo muy contadas excepciones, esta corriente haya tenido un breve auge, para luego rápidamente declinar en casi todas partes.

Entonces debemos explicar a qué nos referimos cuando hablamos de organizar al pueblo para la lucha, ya que existen infinidad de tipos de organización, y debemos, como libertarios, tener políticas específicas para cada uno de los diferentes ámbitos de organización del pueblo.

Tres ámbitos de la organización



Tomando en consideración lo ya mencionado (es decir, la naturaleza de la clase trabajadora y de los sujetos populares como expresión concreta de la lucha de clases), podemos entonces entrar en materia: los tres ámbitos en que se organiza el pueblo y la manera de construir un movimiento de naturaleza libertaria y revolucionaria. Debe decirse que no existen fórmulas mágicas para ninguno de estos problemas, y que la descripción que haremos de los tres ámbitos de la organización del pueblo es, quizás, tan general y teórica como la definición abstracta y descontextualizada del proletariado. Existe un modelo teórico general, pero éste se expresa de modos concretos y específicos también.

Los ámbitos de la organización están determinados por el cruce entre un programa de acción y la naturaleza de los sujetos populares con quienes damos la lucha. Antes de seguir, permítasenos acordar primero en torno a un dilema ineludible de cualquier movimiento revolucionario: el reconocimiento de que tan sólo la unidad de la clase trabajadora puede derrocar a la clase capitalista, pero que, al mismo tiempo, la clase trabajadora no es un bloque homogéneo –presenta diferentes niveles de conciencia de clase y política, presenta diferentes opiniones, ideas y tendencias, algunas más inclinadas hacia el polo libertario, y otras más inclinadas hacia el polo autoritario. Por consiguiente, la unidad es necesaria, pero una unidad cabal es imposible. Para ello, necesitamos determinar los niveles de unidad que precisamos alcanzar en los diferentes ámbitos de organización[3]. No es posible dividir esta cuestión de la naturaleza de cada ámbito de organización y de su definición en términos lo suficientemente precisos. Los diferentes ámbitos son:

1. El ámbito de las organizaciones sociales, populares y de masas –o el ámbito social:

Este ámbito se compone de aquellas organizaciones que agrupan a un único sujeto popular de lucha, irrespectivamente de sus inclinaciones políticas (sindicatos, consejos estudiantiles, organizaciones vecinales, etc.) En ellas, la unidad debe ser tan amplia como sea posible, y debemos luchar contra todo sectarismo en ellas. La manera de lograr influir en ellas es mediante la agitación de demandas concretas, mediante nuestras prácticas y mediante la denuncia constante en su seno de las contradicciones sociales. Es en este tipo de organizaciones donde la unidad del más amplio conjunto del pueblo es posible, y es ese el objetivo que estas organizaciones debieran perseguir. Y pese a no ser de una naturaleza “política” (entendido no en el sentido más amplio del término “política”, sino que en el sentido de que no se constituyen desde un marco doctrinario y un programa social dado, reuniendo a gente de un diverso espectro), pueden politizarse con el curso de la lucha y con el natural curso de la lucha de clases. Sin importar cuán politizadas puedan estar, no pueden jamás confundirse con un grupo político o con una tendencia. Y debemos dejar siempre en claro que nuestro objetivo es que nuestras ideas influyan sobre la mayoría, pero que debemos, a la vez, evitar imponer etiquetas ideológicas sobre ellas, y evitar las purgas ideológicas –particularmente con los sectores minoritarios.

2. El ámbito de las tendencias, redes, corrientes o frentes –el ámbito político-social:

Este representa un nivel intermedio en el que se aglutinan elementos de un sujeto popular específico, pero que tienen en común ciertos lineamientos políticos. Este último punto marca la diferencia más sensible con el ámbito social. Esta inclinación política, no puede ser, en todo caso, tan definida como la requerida para pertenecer a un mismo partido o grupo político. Ciertos militantes o activistas que comparten una misma visión y que comparten políticas en relación al punto específico que les une (sea la actividad sindical, estudiantil o poblacional), se organizan para formar una cierta tendencia en el seno de un movimiento u organización mayor. Un buen ejemplo, podría ser la formación de una tendencia en una organización sindical: sus integrantes pueden estar en desacuerdo en varias cuestiones políticas, pueden provenir de diferentes vertientes doctrinarias, pero estarán de acuerdo, por ejemplo, en desarrollar un sindicalismo clasista y combativo que se oponga al pacto social. No es necesario estar de acuerdo en todo; sería un error confundir esta confluencia con un “matrimonio”, y tal cosa pondría en riesgo el logro de las tareas más urgentes. Estas organizaciones serían más específicas, hablando en términos políticos, que el sindicato en cuestión; pero no se corresponderían con una fuerza política homogénea. Otro buen ejemplo, son las experiencias de construcción de “frentes libertarios” en Sudamérica –que agrupan a estudiantes, pobladores y trabajadores que comparten una aproximación libertaria a la política, en cuanto a lo que se refiere a cuestiones organizativas y métodos de lucha, y que comparten un conjunto específico de propuestas referentes a sus problemas específicos en el lugar de trabajo, residencia o estudio. Pero quienes componen estos frentes, pueden estar en desacuerdo en muchas otras cosas que no afectan la lucha específica ni el trabajo cotidiano en la organización a la que pertenecen y que, por consiguiente, son irrelevantes para el nivel de unidad requerido en estos espacios.

3. El ámbito de la organización o partido revolucionario –el ámbito político-revolucionario:

Este ámbito es el más específico de todos ellos, y se compone de personas provenientes de diversos sujetos populares (estudiantes, trabajadores, etc.), quienes comparten una orientación política y un programa (que en nuestro caso es de corte libertario y revolucionario). Al ser provenientes de diversos espacios sociales, resulta evidente que éste ámbito podrá referirse, primordialmente, a cambios de toda la sociedad. La unidad, en este ámbito, es mucho más restringida; la unidad, precisa de niveles superiores de unidad táctica e ideológica. La unidad no tendría mayor sentido ante la incapacidad de acordar un programa colectivo de intervención en la sociedad, debido a la misma heterogeneidad de sus componentes, que imposibilita el trabajo en reivindicaciones más cotidianas. Estos componentes heterogéneos solamente se unen por cuestiones transversales. Aquí se reflejan más claramente las posiciones de lucha de clases y las diversas opciones clasistas asumidas por las diferentes fuerzas políticas, pues es el espacio transversal donde se decanta la naturaleza policlasista de los sujetos en función de un proyecto dado.

Es necesario aclarar que, como concebimos este modelo, todos los ámbitos son autónomos los unos de los otros, en la medida en que las decisiones deben ser tomadas por las bases de cada uno de estos ámbitos. En nuestra concepción libertaria, no basta con saber qué organización hace qué, o cuál es su naturaleza y alcances, sino que también es necesario resaltar que, a fin de que cada tipo de organización realice plenamente su potencial y el potencial de sus miembros, la democracia directa y la participación de base son requisitos fundamentales. Rechazamos radicalmente el viejo modelo leninista según el cual las organizaciones sociales son el patio trasero de las organizaciones políticas, así como también rechazamos el extremo opuesto que convierte a las organizaciones políticas en una mera caja de resonancia de las organizaciones populares.

Dicho esto, es legítima la interacción entre los diferentes ámbitos organizativos: así como es legítimo que la organización político-revolucionaria agite su programa y sus postulados en el seno de todas las organizaciones populares donde tenga miembros, con el objetivo de popularizar sus ideas y tratar de ganar respaldo e influir saludablemente en las masas, es también perfectamente legítimo que la organización político-revolucionaria se muestre permeable a los aportes que realice el movimiento popular, y sus expresiones sociales y político-sociales.

Este es un breve repaso del problema de los sujetos populares en lucha, las clases y las organizaciones. No pretende ser más que un esqueleto para comenzar la discusión sobre nuestras perspectivas a mediano plazo, y de cómo solucionar los problemas que tenemos por delante cuando tratamos de definir una ruta revolucionaria para nuestra respectiva región en el siglo XXI.

José Antonio Gutiérrez D.

15 de Julio del 2005.



[1] Los sindicatos eran permitidos, pero su actividad estaba fuertemente restringida.

[2] Recuerdo en las asambleas barriales argentinas, era particularmente evidente las tensiones y contradicciones expresadas en las diversas aproximaciones políticas de los diversos participantes –mientras los sectores trabajadores mostraban una disposición más radical, los tenderos locales, técnicos o profesionales, mostraban, como tendencia general, mucha más mesura.

[3] Es mérito de Bakunin y de la Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas, entregar algunos elementos bastante interesantes sobre estas cuestiones.

 #   Title   Author   Date 
   frentes libertarios     todd    Tue Jan 29, 2008 07:54 
   FEL     ...    Fri Feb 01, 2008 06:46 
   como te baila.     Mario Celis    Wed Mar 19, 2008 23:33 
   mi opinión     Ricardo Fuego    Sun Aug 16, 2009 01:15 


 
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