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Recuento de los masacrados en la Escuela Santa María. Las Versiones.

category bolivia / peru / ecuador / chile | historia | opinión / análisis author Sunday December 09, 2007 21:22author by Pedro Bravo-Elizondo - Wichita State University Report this post to the editors

Breve artículo en que se revisan las diversas fuentes sobre el número exacto de asesinados en la masacre de Santa María de Iquique.

santa_mara.jpg


Una primera edición de este artículo se publicó en 1994 [1]. He agregado otras fuentes. Mario Bahamonde al finalizar su análisis de la Santa María, manifiesta lo que mejor sintetiza todo genocidio, masacre o matanza. Dice Bahamonde:

La muerte no es una estadística: es un hecho personal y privado que se convierte en público cuando la maldad humana desata sus huracanes. Y entonces da lo mismo que sean cien o mil, porque, más allá del dolor, sólo pesa la injusticia, la implacable inconsciencia, especialmente si se trata de amparar un sistema en el cual la carne humana es un medio para sustentar la riqueza. [2]

El vocablo pierde su connotación primigenia al ser incapaz de representar el crimen que se ampara en él. Lo que tal vez se ignora en cuanto a lo ocurrido en la Santa María y la Plaza Pedro Montt, es el juicio que se le siguió a los culpables de la masacre (¿?): los dirigentes de los obreros. Algunos historiadores han insistido que la matanza paralizó el movimiento obrero. Otros han demostrado lo contrario, como María Angélica Illanes. El periódico El Pueblo Obrero de Iquique (Advierte que se publica los Martes, Jueves y Sábados) divulgó “La acusación fiscal a los miembros del Comité Huelguista de Diciembre de 1907. Acusa a las personas que indica y se reserva el derecho de acusar a las que espresa”. La tercera columna tiene como título “Colectas” y se refiere a las “erogaciones para atender a la defensa de José Santos Paz” por un total de $62, y aparece el nombre del Campamento Victoria que “también ha remitido la siguiente suma de dinero ($38) para la defensa de las víctimas del 21 de Diciembre”. Como podrá observarse, los obreros y el periódico no han perdido ni un ápice de su entereza moral, transcurridos cinco meses del frío asesinato de los trabajadores pampinos y del puerto. En días posteriores, se inserta la continuación de la acusación fiscal y la vida prosigue en la Pampa Salitrera como lo demuestra el aviso de la Oficina Maroussia: “En esta Oficina se echaron las bases de un Centro Social denominado 'Centro Social Filarmónico y Foot- ball Club Maroussia'".

Veamos las relaciones con respecto al número de muertos y heridos. En el imaginario colectivo han quedado grabadas a fuego las palabras de la Cantata Santa María de Iquique de nuestro Luis Advis Vitaglich: “Fueron 3.600”, olvidando que la creación literaria o musical, aunque tenga una base histórica, no es historia, sino ficción y como tal debe cumplir las reglas, en este caso de armonía, rima, entonación y otros elementos del universo musical que no son de mi especialización. Considere el lector/a que el número redondo que utiliza Advis que es 3.600 fuera reducido históricamente a 2.357 ó 1.235. Se perdería el elemento fundamental de la Cantata, la rima interna.

Las citas están dadas en orden cronológico, lo que nos permite asumir el interés o intención de quienes proporcionan las cifras de la matanza del 21 de diciembre.

Relación oficial del general Roberto Silva Renard, Diciembre 22 de 1907.


Esta es la relación exacta de los luctuosos sucesos ocurridos ayer, en los cuales han perdido la vida y salido heridos cerca de 140 ciudadanos. El infrascrito lamenta este doloroso resultado, del cual son responsables únicamente los agitadores que, ambiciosos de popularidad y dominio, arrastran al pueblo a situaciones violentas contrarias al orden social, y que la majestad de la ley y la fuerza pública debe amparar, por severa que sea su misión.

Relación periodística. La Patria de Iquique. Diciembre 24 de 1907


Un total de 156 individuos que fueron recogidos heridos del sitio del suceso. De éstos han fallecido veintiuno.

Versión del Dr. Nicolás Palacios. Pedro Bravo-Elizondo. Santa María de Iquique 1907 Documentos para su Historia. (Santiago: Ediciones del Litoral, 1993).



Cómputo de bajas. Desde 1.400 a 130 fluctúan las cifras que se han dado al público. Parece que el número exacto de bajas quedará para siempre en el misterio. Concluye, “Los heridos están a menudo en relación de 2 por 1 respecto de los muertos en una acción con armas de fuego modernas, por lo que su número sería 390. Lo que daría por suma total de bajas huelguistas 585. Al hospital sólo fueron conducidos 164 heridos, según la estadística del establecimiento, los demás se refugiaron donde pudieron (…) Las cifras de bajas que dan los partes oficiales son falsas" (62-63).

Versión del cónsul norteamericano Rea Hanna, en su Informe a Washington. Diciembre 24 de 1907.



(…) Los marineros enfilaron las ametralladoras en la densa muchedumbre por poco más de un minuto a una distancia de 150 yardas- 137 metros- (…) La lección fue muy severa, pero todos estaban de acuerdo en que era necesaria para proteger las vidas y la propiedad de los residentes en Iquique. En total, cerca de 350 fueron muertos y heridos.

Prensa Obrera. El Proletario de Tocopilla, diciembre 20 de 1908.


Se calcula en más de un millar el número de víctimas.

Peruano residente en Iquique. El periódico El Comercio de Lima del martes 31 de diciembre de 1907, reproduce una carta de Iquique, subtitulada ‘Los sucesos del 21.’



Una vez que concluyó la matanza adentro, principió la caballería a lancear, sin misericordia, a los que habían alcanzado a huir. (…) unos 300 ó 400 individuos yacían muertos o heridos. (…) Murieron 70 peruanos y hubo 40 heridos, fuera de muchos otros que han caído en la pampa. Un peruano.

Relación del diputado Malaquías Concha en la Cámara de Diputados. Diciembre 30 de 1907.



He conversado, honorable Presidente, con un caballero y su hijo que presenciaron esos luctuosos acontecimientos, don Gervasio Alarcón y su hijo don Manuel Gervasio Alarcón. Ellos estaban en Iquique observando, desde los primeros momentos, todo lo que ocurría. Ellos oyeron los discursos de los huelguistas, las proposiciones de la autoridad, las órdenes de los jefes de tropa.

Cuando se dio la voz de mando de la matanza, se subieron a una azotea, al abrigo de las balas, y desde ahí vieron ¡cómo se consumaba la carnicería! En seguida salieron a la calle y se preocuparon de contar uno a uno los cadáveres, encontrando botados los cuerpos de ciento ochenta, además de los ochenta y tantos cadáveres de hombres, mujeres y niños que cayeron en la carpa del circo de la plaza.

Alcanzaron a contar también doscientos cincuenta heridos, de los cuales, según la propia declaración del estadístico del hospital, morirían un noventa por ciento a lo menos, pues todos tenían dos o tres balas metidas en el cuerpo. Haciendo, pues, un cálculo aproximado -yo no tengo el propósito de exagerar las cosas-, cálculo en que seguramente me quedo corto, el número de muertos no baja de cuatrocientos y el de los heridos pasa de quinientos, quizás de seiscientos.

Informe al Foreign Office 368/176 del cónsul ingles Charles Noel Clarke. Enero 3 de 1908.

El número de bajas, según Clarke es difícil de determinar, pero las cifras probables están entre 120 muertos y 230 heridos. (…) la mayoría de los líderes que se supuso habían caído durante el baleo, en realidad escaparon y aún andan sueltos.

Vera y Riquelme. Los Mártires de Tarapacá. 21 de Diciembre de 1907 (Valparaíso: Impta. El Siglo, 1908).



Dos testigos oculares, cuyos nombres mantienen reservados, publican la relación. Precisan en el prólogo dedicado ‘A los obreros de Chile,’ “Este libro (fue) escrito por personas que no son obreros ni agitadores, sino testigos oculares que han seguido paso a paso la marcha de los acontecimientos.”

Doscientos cadáveres y moribundos formaban un inmenso montón en la puerta, al lado de las rejas (50). (…) En los patios sobre el duro cemento, reposaban los cuerpos de muchos infelices (51). (…) Los heridos que se llevaron al Hospital fueron 156 solamente, según declaraciones de empleados de ese establecimiento y según consta en los libros. De estos 156 han fallecido después, el sesenta por ciento (59).

(…) En la hecatombe del 21 de Diciembre de 1907 cayeron en la Plaza Montt- < Plaza de los Mártires> - trescientos obreros pacíficos e inofensivos ciudadanos peruanos, bolivianos y chilenos, y fueron heridos ¡más de trescientos! (61)


Leoncio Marín. 21 de Diciembre. Compendio y relación exacta de la huelga de los pampinos desde su principio hasta su terminación. (Iquique, 15 de Febrero de 1908).



Este autor se apoya en periódicos y documentos de la época:
A los pocos minutos una, dos, tres, cuatro y cinco descargas con intervalos de ametralladoras, hacía emanar un chorro de sangre inocente que no sólo manchó todo el suelo de la Escuela Santa María sino que, muy principalmente, llegó hasta el alma misma de los que ordenaron el desastre.
(…) Concluyó el fuego. La obra estaba consumada. En el campo quedaron trescientos muertos lo menos, y quinientos heridos, término medio. A las puertas del Colegio Santa María una piña de doscientos seres humanos, unos muertos y otros moribundos, interceptaban el paso (26-27).


Francisco Javier Ovalle. La ciudad de Iquique. (Iquique: Impta. Mercantil, 1908).


La Plaza ‘Manuel Montt’ y la Escuela Santa María han adquirido desde el 21 de Diciembre último una triste e imperecedera celebridad, por haber servido de asilo a catorce mil operarios de las oficinas salitreras declarados en huelga. (…) Reventaron las balas de las ametralladoras del Blanco Encalada, manejadas por un guardiamarina del Zenteno y las de las tropas que rodeaban la Plaza ‘Montt.” El campo quedó cubierto con sangre humana; la entrada principal por una gran barrera de muertos y agonizantes. El espectáculo era siniestro. No pudimos contar el número de los caídos; los rugidos de la muerte escapados de esos pechos destrozados, turbaban nuestra cuenta (285-286).

Acusación Fiscal. Publicada en El Pueblo Obrero de Iquique, empezando el martes 5 de mayo de 1908.


Vencidos los huelguistas después de tener una pérdida de doscientos setenta y un hombres entre muertos y heridos, según consta por la nota pasada por el Administrador del Hospital, corriente a fs. 227, volvieron a las Oficinas los que habían bajado de ellas en trenes que al efecto se les proporcionó en la mañana del día siguiente, reanudándose así el trabajo en la Pampa sin mayor dificultad.

Lindorfo Alarcón, diputado demócrata (1909-1912) fue nombrado defensor de los detenidos en Iquique. Es director de El Proletario de Tocopilla (1904-1935). El domingo 10 de enero de 1910 se publica la VII parte de la defensa que presenta Alarcón. Considérese el tiempo transcurrido. Cito el párrafo pertinente,



Ochocientos hombres destrozados, convertidos en cadáveres en un minuto. Cuatrocientos heridos fueron a poblar los hospitales. Varios batallones de infantería tenían su dotación casi total de conscriptos. Y naturalmente, aún no estaban pervertidos los sentimientos nobles de esa juventud. Así se comprende que esos primeros proyectiles no dieron en el blanco.

Carlos Vicuña. La Tiranía en Chile. (Santiago: Editorial Universo, 1938).


A los cinco minutos el general Silva Renard hizo funcionar las ametralladoras desembarcadas del O’Higgins esa misma mañana y barrió la Plaza y la escuela. Sólo funcionaron un minuto, pero estaban tan apiñada y desprevenida la gente, que más de setecientas personas, en su mayoría mujeres y niños murieron bajo la metralla implacable. Fue tal la premura de Silva Renard que unos ocho soldados que habían entrado a la Escuela Santa María a notificar la orden de desalojo no alcanzaron a salir a tiempo y cayeron también bajo las balas (42).

Andrés Sabella. Norte Grande. (Santiago: Editorial Orbe, 1966). Andrés basó su épica novela en documentos y hechos que él verificó con protagonistas pampinos, según conversación que sostuvimos en Antofagasta en el Club de Botes en diciembre de 1982, cuando lo visité. En el capítulo LXIII, uno de los protagonistas comenta,



Acuérdate, camaradita, que yo estuve en la masacre ‘del 7’. Y que sé que los muchachos de La Esmeralda fueron leales con los obreros, porque cuando se les ordenó disparar, lo hicieron desviando el plomo… Se les quinteó y, nadie supo nada!... En la historia chilena de la solidaridad de clase, este hecho marca, sin duda, el alfa centelleante (296).

Guillermo Kaempfer Villagrán. Así sucedió. Sangrientos episodios de la lucha obrera en Chile. (Santiago: Arancibia Hermanos, 1962).



Terminada la macabra obra de asesinar en masa, disparando alevosamente donde se encontraba una multitud compuesta por gente de ambos sexos y de todas las edades, dejando dos mil cadáveres diseminados en la vía pública, en el antejardín de la escuela, en la azotea, en el patio y salas de clases del establecimiento educacional, mezclados con cientos de heridos que gemían, se retorcían de dolor, desangrándose paulatinamente sin esperanzas de atención médica o de primeros auxilios (149).

Alberto Baeza Flores. Radiografía Política de Chile. (México: B. Costa –Amic, Editor, 1972).



La llamada “Gran Huelga de Iquique” había sido un paso más en la formación de la conciencia proletaria de los trabajadores del norte del país y – aunque derrotada- había demostrado las posibilidades del combate y de la agitación social. Esos diez mil trabajadores cohesionados eran una advertencia de su futuro poderío. Debe tomarse en consideración, además que la población chilena, a poco de terminar la primera gran guerra mundial, era de sólo 3.750.000 habitantes, con un 46.5% de población urbana (106).

Leopoldo Castedo. Resumen de la Historia de Chile 1891-1925. Tomo IV (Santiago: Zig – Zag, 1982).



Las fuentes discrepan, como suele suceder, en la determinación del número de víctimas. (…) El corresponsal de The Economist informó a Londres de quinientos muertos. Venegas Arroyo es el primero, entre los contemporáneos, que da la cifra, después aceptada, de dos mil muertos, corroborada por Armando Jobet Angevín, padre del historiador y suboficial del Carampangue (…) (327).

Julio César Jobet. Desarrollo Económico y Social de Chile. (México: Casa de Chile, 1982).



Según el testimonio de mi padre Armando Jobet Angevin, que era suboficial del Carampangue en ese entonces, calculó que las bajas alcanzaron a 2.000 pues a él le correspondió el primer turno de entrega de cadáveres contando 900. Hombres, mujeres y niños estaban rebanados por las ametralladoras. Entre los incidentes curiosos de esta nefasta jornada destaca el que se relaciona con la negativa de un sargento primero a cargar con su pelotón de lanceros sobre la masa indefensa. Dio orden de retirada a sus hombres (139).

Fernando Ortiz Letelier. El movimiento obrero en Chile: 1891-1919. (Madrid: Libros del Meridión, 1985).



Más de mil obreros perdieron la vida en esta horrenda masacre. La indignación popular fue grande. El Congreso Social Obrero intentó llamar a una huelga general en todo el país, de protesta por los sucesos de la Escuela Santa María y por el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores (…) Al llamado contestó – entre otras organizaciones- la Mancomunal de Tocopilla que después de hacer un plebiscito entre sus adherentes, declaraba “que no es el momento oportuno para producir un movimiento huelguístico que interprete los ideales de los trabajadores, ya que nuestra organización social no tiene la amplitud necesaria en el país y carece de conexión precisa en todas las ramas de la industria” (176).

*******************


El Centenario de la Independencia de Chile 1910, sirvió de pretexto y excusa no oficial al gobierno para declarar la amnistía hacia los “culpables” de la masacre en la Santa María. Es decir, los dirigentes, varios de ellos procesados y encarcelados. En Lima, José Briggs y Luis Olea aparecen en una foto publicada en el periódico, mostrando copia del decreto de la amnistía. La rechazan y no vuelven al país.

La consideración sobre el estupor que produjo la masacre que indudablemente fue un golpe para los trabajadores en general, existió, no cabe duda. La represión en sus comienzos obligó a los dirigentes a buscar nuevos medios de lucha e incluso a rechazar un movimiento huelguístico a poco tiempo de transcurrida la matanza. Un investigador norteamericano, ha colocado el movimiento huelguístico del 21 de diciembre de 1907 en una perspectiva histórica real,

Los trabajadores empezaron, a gran costo, a forjarse una nueva percepción de sí mismos y a entrar en la historia como actores en vez de víctimas. En Iquique, trascendieron sus muchas diferencias a favor de una acción colectiva; eso sólo, fue extraordinario. [3]

Las muchas diferencias inciden en las nacionalidades preponderantes en la Pampa salitrera: chilenos, peruanos, bolivianos que sólo veintiocho años antes habían luchado en la llamada Guerra del Pacífico. Mejor título fue la Guerra del Salitre. Esa cohesión obrera, una verdadera internacionalización que únicamente se dio en nuestro Norte en tan desigual enfrentamiento, balas contra palabras, banderas blancas de paz y no rojas como la ira, registraron para siempre el temple y decisión colectiva de la justicia de sus peticiones. No han sido olvidados, no podrán ser olvidados. [4]



Pedro Bravo-Elizondo
(Profesor de Literatura Latinoamericana en la Wichita State University)




Notas



[1] Pedro Bravo-Elizondo. “Matanza de la Santa María. Las Versiones.” Revista Camanchaca No 15. (Iquique: Otoño 1994): 5-9.

[2] Mario Bahamonde. Pampinos y Salitreros (Santiago: Editorial Quimantú, 1973): 93.

[3] Michael Monteón. Tesis para su doctorado. “Chile in the Nitrate Era: The Evolution of Economic Dependence, 1880-1930.” (Wisconsin: The University of Wisconsin Press, 1982): 107. Mi traducción.

[4] En el ya desaparecido Cementerio No 2, que conocí patiperreando cuando niño, vi el monumento erguido en memoria de los masacrados. Había una pequeña estatua al trabajador pampino y la inscripción: “A la memoria de nuestros compañeros fallecidos. Recuerdo de los obreros de Tarapacá. Noviembre 1º de 1911”. No es coincidencia que la vida iquiqueña de Luis Emilio Recabarren comprenda los años de 1911-1914. En esa época y por años, los trabajadores realizaban una romería anual para recordar a sus compañeros de 1907. El Cementerio era conocido como “el de los pobres” donde se enterraba a los variolosos (viruela) y bubónicos. Allí quedaron los restos de mi abuelo paterno Nazario Bravo, fallecido de viruela en 1905. Originario de Constitución, llegó a Iquique como enganchado a comienzos de 1900. José Santos Elizondo, mi abuelo materno participó en la huelga y estuvo en la Santa María. Escapó con vida para narrarnos la historia.



Artículo escrito para Anarkismo.net

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