La Venezuela de Hoy: De Realidades y Verdades a Medias
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Wednesday August 22, 2007 19:10
by Rogelio Cedeño Castro

Este artículo fue publicado en el número 5 del periódico anarquista de Costa Rica "La Libertad" (Julio del 2007). Las ideas en él expuestas provocaron una réplica por parte de la publicación venezolana "El Libertario", la cual será publicada en el número 6 de "La Libertad".
I
Las noticias que nos llegan, casi todos los días, acerca de los acontecimientos políticos más recientes en la Venezuela del cambio de siglo, con todas sus paradojas e increíbles peripecias contienen un elemento que resulta esencial captar, para poder situar los hechos en una dimensión que, al menos se aproxime, a lo que en verdad puede estar ocurriendo: Se trata de las esperanzas y expectativas de la gran mayoría de la población de alcanzar, al menos una vida digna, con empleos estables y de calidad, además de contar servicios de educación y salud que le permitan salir del ciclo secular de la miseria, la violencia y la exclusión social, que tuvieron su origen en los lejanos días de la colonización europea y se han prolongado durante los casi dos siglos de “vida republicana”. Esa y no otra es la gran revolución (en el sentido de una transformación social, política y cultural profunda y no de un simple golpe palaciego) que se encuentra planteada en Venezuela como una gran apuesta, bajo el nombre de “Revolución Bolivariana”. Del éxito en su materialización dependen muchas cosas que se están decidiendo, en este momento, en el conjunto de los países de la región. De su materialización y de los proyectos, en verdad democráticos que se puedan gestar allí, obtendremos la evidencia para decir si se trata de una revolución verdadera. Así de complejos y cambiantes son los procesos sociales a que nos enfrentamos, en este cambio de siglo, de ahí que las visiones en blanco y negro resulten de poca utilidad, para quienes seguimos pensando y apostando por la posibilidad de un mundo mejor y no la reproducción ad infinitum del infierno de una sociedad capitalista y genocida, lanzada en contra del ser humano y el medio natural. En otras palabras, la apoteosis del individualismo posesivo de los ideólogos liberales del mercado total.
II
Es por ello que en los días que van entre el 11 y el 14 de abril de 2002 los sectores y las organizaciones populares de Caracas salieron a enfrentarse con las fuerzas de la reacción, habiéndose registrado 19 víctimas fatales en el puente LLaguno, situado en la intersección de las Avenidas Urdaneta y Balart. Ese día la muerte estuvo rondando muy cerca, como nos decía allá en Caracas, un poeta y compañero anarquista, que salió ese día a parar al fascismo y a refrendar esa esperanza, aún no materializada pero que continúa abierta como una posibilidad, que hubo de rubricarse con sangre, durante aquellas jornadas. No por una actitud de incondicionalidad hacia los aparatos del Estado o por adhesión a un caudillismo mal entendido que los ácratas no profesamos, en modo alguno, sino porque frente a la violencia y el cinismo brutal de las fuerzas de la reacción no caben las medias tintas. Una actitud pusilánime o evasiva hubiera clausurado toda esperanza por décadas y se hubiera vuelto a los días de la “democracia”, con sus detenidos-desaparecidos y sus campos de concentración, propia de los tiempos de los presidentes adecos, Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, por no hablar de un contagio del paramilitarismo sanguinario de la vecina Colombia, con miles de dirigentes populares asesinados y que, al parecer es una democracia ejemplar para muchos.
III
En Costa Rica, el país desde donde hacemos estas reflexiones, estamos enfrentando horas muy difíciles, porque las fuerzas de la reacción agrupadas en las cámaras empresariales, los medios de comunicación y el aparato gubernamental pretenden imponernos, de manera terrorista y totalitaria, un tratado comercial con los Estados Unidos (TLC-CAEU-RD), que significa un pacto neocolonial con el imperio del Norte y la destrucción de las conquistas políticas y sociales propias de una democracia formal (que los ácratas luchamos todos los días por potenciar y volver efectiva, de verdad), existente en una nación como la nuestra, desde hace muchas décadas. Es por ello, frente a ese hecho de capital importancia, nos hemos lanzado a la lucha buscando articular nuestras concepciones anarquistas con el contexto histórico y social que estamos viviendo, tal y como indicaba nuestro compañero Jorge Castillo (De encrucijadas y realidades: Una perspectiva libertaria del movimiento contra el TLC, en la anterior edición de la Libertad), al referirse a nuestra lucha contra el TLC con los Estados Unidos, una lucha que por cierto va mucho más allá de la no aprobación de ese pretendido acuerdo comercial.
Por otra parte, el presidente Oscar Arias Sánchez y los medios de comunicación, al servicio de la oligarquía local y del embajador de los Estados Unidos, no saben hacer otra cosa que “denunciar” que el Presidente Hugo Chávez o el Comandante Fidel Castro estarían financiando la campaña del no al TLC, que en nuestro país es encabezada por un movimiento sumamente plural que rompe con los esquemas simplistas, basados en la existencia de una presunta polarización entre “derechas” e “izquierdas”. Es la ignorancia y la prepotencia de quienes quieren asegurarse de que no tengamos ninguna clase apoyo en la arena internacional, al mismo tiempo que han derrochado ya varios millones de dólares, de dudoso origen, para engañar a este pueblo costarricense que, hasta la fecha, no se ha dejado manipular por las campañas de prensa, de corte totalitario, de los amigos locales de Globovisión, El Universal o El Nacional de Caracas. Pretender asustar con los fantasmas de la guerra fría a un pueblo como el nuestro puede convertirse en una pesadilla para las fuerzas de la reacción, ya corren el riesgo de estar actuando sobre una realidad social que literalmente no existe.
IV
El enfocar el análisis de una determinada realidad política y social, poniendo como centro a una figura popular carismática que suscita fervorosas adhesiones, como también viscerales rechazos, dentro de diferentes sectores sociales de un país, tal y cómo sucede con el actual presidente venezolano Hugo Chávez Frías, puede conducirnos a errores de gran magnitud a la hora de tratar de entender y asumir posiciones acerca de lo que está ocurriendo en ese y otros países de América del Sur.
Habría que empezar por considerar las razones por las cuales grandes sectores de la población de las capas populares profesan una gran adhesión hacia la figura del Presidente Chávez. Si bien se trata de un fenómeno que se exterioriza, a través de la presencia y las acciones del propio Hugo Chávez, no hay duda de que lo trasciende a él mismo, en la medida en que el gobernante no hace otra cosa que responder a una serie de demandas y requerimientos de las poblaciones rurales y urbanas más desprotegidas, desde el punto de vista social y económico, que existen en su país como uno de los resultados más visibles del modelo político de la dominación, que ha prevalecido desde los albores de la vida republicana.
Si bien el presidente Chávez es al figura central del proceso, no hay duda de que alrededor de él se mueven una gran cantidad de fuerzas políticas y sociales, con connotaciones regionales y municipales al interior de ese país, con las que podemos mantener grandes coincidencias, en la medida en que fortalezcan procesos de organización democráticos y autogestionarios, acompañados de acciones efectivas en beneficio de las mayorías populares y grandes discrepancias, en la medida en que representen algo así como una “burguesía chavista” o sean la expresión de la corrupción clientelista y autoritaria, un mal endémico que ha venido carcomiendo nuestras sociedades y que en el caso de Venezuela, sigue siendo la pesada herencia de los lúgubres tiempos de la IV República, con sus prácticas clientelistas adecas y copeyanas.
V
Los cuarenta años de los regímenes políticos, resultado del Pacto de Punto Fijo que se produjo a la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, en enero de 1958, marcaron uno de los períodos más nefastos de la historia política latinoamericana y culminaron con la masacre del 27 de febrero de 1989, cuando el presidente Carlos Andrés Pérez ordenó a la policía y a las fuerzas armadas masacrar a la población caraqueña, que protestaba contra las políticas neoliberales con sus secuelas de hambre y miseria.
Fue, a partir de esos acontecimientos que se gestaron los pronunciamientos militares, de febrero y noviembre de 1992, cuando los coroneles Hugo Chávez Frías y Francisco Arias Cárdenas encabezaron una sublevación militar contra los regímenes y prácticas políticas de la IV República, adeca y copeyana, dando inicio a las dinámicas políticas y sociales del cambio de siglo y, en especial, a la emergencia de una situación revolucionaria que va mucho más allá de la subjetividad de los actores sociales involucrados, dado el hecho de que no ha sido resuelta aún y continúa siendo un enorme desafío, a dilucidar durante los próximos decenios. De ahí la valentía y el coraje populares de los combates callejeros del 11 al 14 de abril de 2002, un escenario donde no cabían vacilaciones de ninguna clase.
VI
Pensamos que tanto en Venezuela como en Costa Rica, al igual que en el conjunto de los países de la región, se requieren profundos cambios sociales en el campo de la cultura, de la distribución de la riqueza, de la gestión política y del trato que demos a la naturaleza en tanto condiciones sine qua non para un nuevo pacto social, cuyo punto de partida deberá estar en las transformaciones que permitan humanizar de verdad la vida cotidiana de las gentes, a partir de sus propias tomas de conciencia. Se trata de los fundamentos del “socialismo democrático” del que ya nos hablaba Proudhon (Ver. Gurvitch “Proudhon y Marx: una confrontación” Oikos Tau Barcelona) hace ya más de un siglo y que tendrá mucho que decir, al lado de otras corrientes del movimiento social, si es que se construye de verdad un socialismo del siglo XXI que no es, en modo alguno, una simple consigna del presidente Hugo Chávez, sino el inicio de un largo debate y de la concreción de nuevas experiencias que deberán representar un cambio de timón en la historia de la especie humana o, en su defecto, no habrá humanidad alguna digna de tal nombre y con futuro sobre el planeta.
Ser anarquista en el siglo XXI es algo muy distinto del sentir una fuerte nostalgia (déjà vu) de lo que no pudo concretarse durante los siglos anteriores, tal y cómo sucedió con el anarquismo catalán y los días heroicos de la FAI-CNT durante la guerra civil española, ni significa tampoco caer en la trampa de las ortodoxias y las acusaciones que introducen un falso debate, basando sólo en meros enunciados abstractos.
Toda esta lucha requerirá de mucha creatividad, pero también de un poner los pies en la tierra, como decía un analista y luchador social costarricense (no necesariamente anarquista), el economista Luis Paulino Vargas, que acaba de publicar sus reflexiones sobre el movimiento social en Costa Rica, bajo el título “SOÑAR CON LOS PIES EN LA TIERRA. Pensando y creyendo que otra Costa Rica distinta y mejor sea posible” (Ed. Fundación Procal San José Costa Rica 2007), cuya lectura atenta recomendamos.
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