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Sangre, Agua & Petróleo: Falacias de la Guerra de Darfur

category áfrica del norte | imperialismo / guerra | opinión / análisis author Tuesday June 12, 2007 03:05author by Michael Schmidt - ZACF Report this post to the editors

Se ha escrito bastante sobre la crisis en Darfur, las tres provincias del árido occidente sudanés, así que no repetiré mucho más en esta ocasión.

Sea suficiente el decir que los EEUU protestan el genocidio en contra de las tribus Fur, Masaalit y Zaghawa por parte de milicias Janjaweed, apoyadas por el gobierno con sede en Khartoum –tal interés ha sido estimulado, sin lugar a dudas, por el deseo de Washington de ganar el acceso a la reservas petrolíferas de Sudán, las cuales en el presente son explotadas exclusivamente por China, y en mucho menor medida, por Malasia e India.
Imágen de las víctimas de los Janjaweed
Imágen de las víctimas de los Janjaweed


Sangre, Agua & Petróleo: Falacias de la Guerra de Darfur



Michael Schmidt




Se ha escrito bastante sobre la crisis en Darfur, las tres provincias del árido occidente sudanés, así que no repetiré mucho más en esta ocasión.

Sea suficiente el decir que los EEUU protestan el genocidio en contra de las tribus Fur, Masaalit y Zaghawa por parte de milicias Janjaweed, apoyadas por el gobierno con sede en Khartoum –tal interés ha sido estimulado, sin lugar a dudas, por el deseo de Washington de ganar el acceso a la reservas petrolíferas de Sudán, las cuales en el presente son explotadas exclusivamente por China, y en mucho menor medida, por Malasia e India.

Por otra parte, Nafi Ali Nafi, cabeza del Partido del Congreso Nacional, actualmente en el gobierno, admite que Khartoum armó y entrenó una “fuerza popular de defensa” entre la población civil, a fin de utilizarla en el apoyo de las Fuerzas de Defensa de Sudán en su guerra contra los rebeldes en Darfur, a la vez que niega cualquier clase de campaña de genocidio.

Sudán continúa siendo, según el Banco Mundial, un país pobre altamente endeudado. Pero el petróleo está cambiando ese panorama: hacia el 2006, el petróleo entregaba más del 25% del producto interno bruto de Sudán. Sin embargo, muy poco de esa riqueza contenida en unos 120.000 barriles de crudo anuales, llega a una economía sostenida por trabajadores de Bangladesh atraídos a Sudán mediante falsas promesas (y que terminan barriendo el pavimento por U$100 al mes), o a la periferia abandonada como Darfur.

El Fondo Monetario Internacional ha estado impulsando una política desastrosa de privatizaciones en Sudán, que, por una parte, ha adoptado medidas de austeridad impopulares, a la vez que se ha unido a la iniciativa por un Área de Libre Comercio para África del este y sur.

Además, hasta el año pasado se estimaba que más de 200.000 personas habían muerto en Darfur, como consecuencia directa o indirecta de la guerra, y que 2.2 millones de personas habían sido desplazadas. No se sabe de la existencia de petróleo en Darfur, pero la Compañía de Petróleo Nacional de China, está ansiosa por instalar en esta zona un oleoducto que comunique Puerto Sudán en el Mar Rojo, con las nuevas reservas de la Guinea Ecuatorial, vía la zona sudanesa, rica en petróleo, de Abeyi. Pero hay también una gigantesca reserva de agua desde la frontera con Libia, que corre bajo Darfur hacia el Nilo, y estas aguas subterráneas, diría, serán segundas a las reservas petroleras en términos de las mercancías preciosas, ya que el uso sustentable del Nilo se encuentra al tope.

Luego de pasar una temporada durante el pasado mes en el-Fasher y Nyala, las capitales respectivas de Darfur del norte y del sur, puedo ofrecer algunas breves reflexiones sobre la situación de Darfur que, espero, arrojen alguna luz novedosa sobre la guerra:

1. El conflicto en Darfur no es entre “árabes” y “africanos”. En Darfur es demasiado obvio que tales distinciones, si bien son asumidas por una minoría, no se sostienen pues, de hecho, todos los así definidos hablan árabe, se visten de idéntica manera y comparten una misma cultura. Aún en una misma familia, rasgos distintos expresan la herencia mestiza de los habitantes de Darfur. Las diferencias que si existen son más bien tribales que étnicas, lo que nos lleva a preguntarnos el por qué la cuestión de Darfur ha sido tornado en un asunto racial en los medios de prensa occidentales. El conflicto en Sudán del sur pudo ser fácilmente manipulado emocionalmente por razones geopolíticas por occidente, al sugerir la ocurrencia de un conflicto entre una cultura cristiana oprimida en el sur, y una cultura dominante islámica en el norte. El mismo argumento no puede aplicarse en Darfur el cual tiene una población homogénea –empero, una versión sutil, deshonesta de ese conflicto de árabes y africanos continúa siendo pasada de contrabando en occidente. Esto solamente puede ser explicado por la demonización de la cultura árabe e islámica por parte de los fundamentalistas cristianos de EEUU, amos de la Nueva Cruzada.

2. Sudán no es un Estado Fundamentalista Islámico. Pese a la introducción en 1983, bajo un gobierno previo, de ciertas formas de ley islámica (sharia) así como de una política de islamificación que técnicamente solamente se aplicó en el norte, la tradición islámica en Sudán es predominantemente sufista, con énfasis en la comunión personal, extática, con Alá. El Islam austero salafista que ha producido a grupos como Al-Qaeda no es sino una tradición minoritaria en Sudán, la cual tiene un escaso impacto social o político (pese a que Osama bin Laden vivió en Khartoum temprano en los ’90). En política, el longevo Partido Umma, puede traer a colación la manía anti-colonial de la Rebelión Mahdista entre 1881-1885, pero en realidad, no es más que el caballo de paseo del nieto de Mahdi, Sadiq al-Mahdi. En tanto, la Hermandad Musulmana no fue consultada (como debio haber ocurrido según el principio de shura de la sharia) sobre la política de islamificación del gobierno, y algunos aspectos del código legal estaban en conflicto directo con la sharia, con lo que el código legal permanece inaceptable para muchos sudaneses –incluidos musulmanes.

3. Las causas del conflicto no sólo son políticas. Es evidente que muchos rebeldes se alzaron en armas porque lo vieron como el único camino (basados en los éxitos aparentes de la lucha en el sur) para convencer a Khartoum de devolver el poder y los recursos al remanso de Darfur. Pero de una preocupación mayor es el avance implacable hacia el este de las arenas del Sahara, a un ritmo de unos 10 kms. por año. Por ejemplo, en 1992, los límites del desierto estaban a unos buenos 120 kms. al oeste de Nyala. Hoy en día, el desierto se encuentra ya a unos 5 kms. de sus límites urbanos. Entonces, la desertificación y degradación ambiental –exacerbada por el agotamiento de los árboles en Darfur por los vendedores de leña- ha comprimido a las tribus en espacios cada vez menores, donde hay fricciones y peleas por recursos hídricos y pastos que se acaban. La modernización desde la era de Nimeri (ver más abajo), a su vez, afectó los medios tradiciones para resolver disputas, y así como en Somalia, la aparición de armas automáticas ha generado una espiral de conflictos tribales más allá de los límites normales.

4. El envío de fuerzas de paz de Naciones Unidas no será de ayuda. Resulta claro que el mismo establecimiento de campos de “desplazados internos” en todo Darfur, funciona a favor de Khartoum. Los campos, como el de Abu Shouk hacia el norte de el-Fasher, en donde viven unos 50.000 desplazados, son administrados por el gobierno local, ayudado por una plétora de agencias de Naciones Unidas así como otras, y está bajo la supervisión policial de la Unión Africana, hasta cierto punto. Pero pese a que la vida en estos campos sea relativamente buena, con todo, desde teléfonos móviles hasta cosméticos a la venta, y con índices de salud que parecen mejores que los de la ciudad (al menos si uno compara Abu Shouk con el-Fasher), no son más que campos de concentración en el estricto sentido del término. Es decir, que concentran, a la fuerza, a gentes que previamente eran tribus nómadas, en una “ciudad” artificial por años, urbanizándoles y así exponiéndolos a las seducciones del mercado –y por cierto, removiendo así el apoyo en terreno a los rebeldes. El envío de cascos azules de la ONU, lo que probablemente hará será reforzar este patrón, que favorece enormemente a Khartoum a expensas de Darfur.

Dicho esto, Darfur es claramente un territorio ocupado, con “técnicos” del Ejército Sudanés (camiones Toyota con enormes ametralladoras en la parte trasera) como evidencia, con helicópteros de combate chinos en el-Fasher y MiGs en la carretera a Nyala –y con una fuerte presencia de los servicios de inteligencia y seguridad nacionales vestidos de civil.

Como anarco-comunistas, naturalmente, condenamos el uso brutal e indirecto de la fuerza por parte de Khartoum –así como su utilización cínica de los campos de desplazados- para poder controlar así el proceso político civil de Darfur.

Pero también rechazamos la lectura en términos raciales del debate en los medios occidentales y la falsa solución que podría traer la presencia armada de la ONU. Debemos apreciar, además, las raíces ambientales y tribales de esta compleja guerra y ver que, tal cual los rebeldes de Darfur lo saben demasiado bien, el único garante de que haya un ápice de democracia en Darfur, es la devolución del poder al pueblo en armas (lo cual no significa que apoye a ninguna de las plataformas rebeldes).

La cuestión obvia entonces es, ¿cuál es la alternativa? Para tal cosa, revisaré brevemente a la izquierda sudanesa. El Partido Comunista Sudanés (HSS) fue fundado en 1946 durante la efervescencia global del sentimiento anti-colonial de la post-guerra, y tuvo su primer breve gusto del poder en 1964, cuando un gobierno de transición era formado por todas las facciones, incluida la Hermandad Musulmana. Pero luego de que las elecciones en 1965 fueran seguidas de serios enfrentamientos por los secesionistas del sur, el gobierno viró hacia la derecha y el HSS fue declarado ilegal.

El partido fue restaurado en 1969 gracias al golpe del Coronel Gafaar Mohammed Nimeri, quine forjó una alianza entre el ejército y el HSS, y sentó las bases para un Estado unipartidista aliado a la Unión Soviética. Pero en 1970, Nimeri, Muammar Gadaffi en Libia y Anwar Sadat de Egipto, anunciaron que unificarían a los tres países en una federación. Esto resultó ser inaceptable para el HSS, que realizó un golpe de Estado al mando del Mayor Hashim al-Ata, el cual depuso a Nimeri –pero éste fue restaurado en el poder tan sólo tres días después y el HSS volvió así a la clandestinidad.

La orientación política de Nimeri, en tanto, giraba hacia los EEUU hacia 1981, cuando Sadat, quien lo había molestado al buscar independientemente la paz con Israel, fue asesinado. En 1985, una huelga general paralizó a Khartoum y precipitó la caída de Nimeri, quien se hallaba de visita en los EEUU, mediante un golpe sin derramamiento de sangre. El Dr. Gizuli Dafallah, un sindicalista promimente durante la huelga, fue nombrado primer ministro por el consejo militar transitorio, como indicador del creciente poder del movimiento sindical sudanés.

Pero este gobierno demostró ser inestable en el contexto de la emergencia de una nueva fuerza separatista en el sur, el Movimiento/Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLM/A) y con las crecientes divisiones en torno a la islamificación del código legal de la era de Nimeri, con lo que en 1989, el Brigadier Omar el-Bashir realizó un nuevo golpe en nombre del Consejo del Comando Revolucionario para la Salvación Nacional.
El SPLM/A, movimiento de izquierda nacionalista, gozaba del apoyo del régimen estalinista de Mengistu Haile Mariam en la vecina Etiopía, pero él mismo resultó ser derrocado en 1991, haciéndose eco del colapso generalizado del Bloque Oriental y de los movimientos de liberación que éste apoyaba.

En el 2001, el Colectivo Bikisha Media de Sudáfrica –que conformó el núcleo detrás de la actual Federación Anarco-Comunista Zabalaza- trabó contacto con un Mayor que había sido uno de los comandantes rebeldes en la Alianza Democrática Nacional (TWD). Formada en 1989, la TWD tenía su base en el exilio en Eritrea, se constituía de 11 grupos de oposición del sur y del norte, incluidos el HSS, el SPLM/A y varias organizaciones sindicales, y pretendía reemplazar al régimen de el-Bashir por una democracia parlamentaria.
El Mayor del TWD preguntaba: “Con el mayor respeto de camaradas en armas, quisiera tener más información en relación a la revolución, pues es derecho de todos el luchar por la libertad que se nos ha negado como africanos amantes de la paz, ya que hemos permanecido como prisioneros mentalmente...”

Procedió a pedir información sobre la “mejor formación” y “técnicas definidas” que fueran necesarias para la victoria y le señalamos la “Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas”. Pese a que el contacto se perdió con el tiempo, esto demuestra el hambre que existía por aquellas políticas prácticas que el anarquismo comunista puede facilitar.

Esto no significa exagerar el potencial del proyecto anarquista-comunista en Sudán hoy en día. Pues la incorporación del SPLM en el gobierno mediante los acuerdos de paz del 2005 ha sesgado el potencial de sus tendencias más radicales (y la disidencia en el movimiento tendía a basarse según lineamientos étnicos).

La legalización ha visto al viejo edificio estalinista del HSS fracturarse, sin embargo, en múltiples tendencias “ultra-izquierdistas”, principalmente entre los estudiantes de la universidad de Khartoum. Pese a que estas fracciones suelen tener aires maoístas, influencias por las condiciones de la lucha campesina, el potencial sigue en pie para que el anarco-comunismo se habrá paso con ideas frescas. Y el movimiento sindical, aunque mayormente urbano, permanece poderoso, siendo esto un buen signo para todo aquel que desee ver una clase obrera sudanesa con poder.

author by Chacalón - Anarkismo Editorial Grouppublication date Tue Jun 12, 2007 03:47author address author phone Report this post to the editors

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