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Para las Clases Populares del Mundo, Pandemia, Crisis, Todos los Tiempos son de Lucha

category internacional | movimiento anarquista | portada author Friday May 01, 2020 18:15author by Vários organizaciones anarquistas Report this post to the editors

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Documento internacional por el 1° de Mayo, 2020

Documento internacional por el 1° de Mayo, 2020

“El primero de Mayo debe ser un símbolo de solidaridad internacional, de solidaridad no limitada a los marcos del estado nacional que siempre corresponde a los intereses de las minorías privilegiadas del país. Entre los millones de trabajadores que soportan el yugo de la esclavitud, existe una unidad de intereses, independientemente del idioma que hablen y el estandarte bajo el cual nacieron. Pero entre los/as explotadores/as y los/as explotados/as del mismo país, hay una guerra ininterrumpida que no puede ser resuelta por ningún principio de autoridad y que tiene sus raíces en los intereses contradictorios de las diversas clases. Todo nacionalismo es un disfraz ideológico de los hechos verdaderos: puede en un momento dado arrastrar a las grandes masas a sus representantes mentirosos, pero nunca ha sido capaz de abolir la brutal realidad de las cosas de este mundo.” ( Rudolf Rocker, 1936)

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Documento internacional por el 1° de Mayo, 2020

PARA LAS CLASES POPULARES DEL MUNDO, PANDEMIA, CRISIS, TODOS LOS TIEMPOS SON DE LUCHA

“El primero de Mayo debe ser un símbolo de solidaridad internacional, de solidaridad no limitada a los marcos del estado nacional que siempre corresponde a los intereses de las minorías privilegiadas del país. Entre los millones de trabajadores que soportan el yugo de la esclavitud, existe una unidad de intereses, independientemente del idioma que hablen y el estandarte bajo el cual nacieron. Pero entre los/as explotadores/as y los/as explotados/as del mismo país, hay una guerra ininterrumpida que no puede ser resuelta por ningún principio de autoridad y que tiene sus raíces en los intereses contradictorios de las diversas clases. Todo nacionalismo es un disfraz ideológico de los hechos verdaderos: puede en un momento dado arrastrar a las grandes masas a sus representantes mentirosos, pero nunca ha sido capaz de abolir la brutal realidad de las cosas de este mundo.” ( RudolfRocker, 1936)

1.-Situación global

La pandemia del COVID-19 irrumpe en un momento de cierto debilitamiento del último periodo de globalización, con fuertes disfunciones de los mecanismos de finanzas, dirección y comunicación del sistema capitalista, un cuestionamiento general de los criterios de la gestión gubernamental, y una crisis de la hegemonía imperialista con profundización de las tensiones entre los grandes bloques geoestratégicos.

En el momento previo a la crisis sanitaria, en algunas áreas del mundo, movimientos populares de gran importancia se afirmaban contra el sistema y cuestionaban la gestión política de los bloques de clases dominantes en cada formación social junto a sus estrategias operativas. La crisis sanitaria ha golpeado con muchísima fuerza el sistema de dominación. Ésta, siendo un factor exterior al funcionamiento del sistema global, revela las predecibles debilidades y carencias estructurales, estratégicas y funcionales del capitalismo globalizado y acelera la degradación en la forma de gobernar sobre los pueblos.

Por tal razón, en diversos países se ha visto cómo los gobiernos, ejemplarmente el de Gran Bretaña y el de los Estados Unidos, se han retractado de su plan inicial: permitir la expansión del contagio y las muertes en masa, para así lograr una inmunidad de grupo en la población. Esta estrategia, junto a la degradación de los sistemas de salud pública y los golpes durísimos a los sectores más desfavorecidos, podía haber llegado a ser un verdadero genocidio social. Al renunciar a esto, se puede considerar que las burguesías británica y estadounidense marcaron un retroceso político ante lo que hubiera podido provocar algún grado de agitación social.

Así, la crisis sanitaria actúa como un elemento que expone y potencia las debilidades, los desequilibrios y los factores de colapso del sistema y al mismo tiempo constituye una posible innovación sistémica, un nuevo factor central de insuficiencia y de bloqueo en su funcionamiento. En síntesis, la pandemia profundiza un ciclo de crisis económicas y sociales que ya estaban a punto de estallar, con una secuencia diferenciada en el manejo y la salida de la crisis sanitaria.

La capacidad de los diversos bloques geoestratégicos para enfrentar la situación y sortear este momento – que puede llevar a la paralización de la economía mundial – parece ser diversa. En efecto, la aceleración de la confrontación entre China y Estados Unidos y la configuración de la relación de fuerzas dentro del nuevo ciclo puede conllevar un ataque sin precedentes, contra las condiciones de vida de las clases populares en todo el planeta, sus derechos sociales y políticos y todos los elementos de emancipación que se han podido conquistar, afianzar o al menos conservar y mantener durante el último periodo histórico.

Las intervenciones para desatascar y relanzar la economía mundial implican una movilización enorme de recursos financieros que generaran deuda, políticas de austeridad, nuevas ofensivas contra el servicio público y un intento estratégico de aumento de la explotación, del control y de la dominación contra las clases populares.

Hay que destacar cómo el mercado global queda claramente afectado por esta crisis económica (tanto a nivel material como ideológico) y no debería extrañarnos la regionalización económica de diversos estados y potencias. Pese a eso, hay que plantearse que la globalización va a seguir siendo un factor importante de la economía mundial y que la radicalización de la explotación será un elemento decisivo de su configuración en el próximo ciclo.

A escala planetaria, el nivel de endeudamiento es más de dos veces la producción mundial. Esta crisis también podría servir para licuar deudas o cobrarlas en diferido, o rediseñar nuevamente el gran casino financiero internacional.

1.1 -La situación en Europa

En lo que concierne al continente europeo, si se vislumbra desde el Eurogrupo un intento, aunque parcial, de atenuar las rigideces presupuestarias, se hace en el marco habitual, mediante el aumento de la deuda y la socialización de los costos (descubriendo los gastos sanitarios y los más directamente relacionados con la emergencia de COVID 19) con el fin de mitigar los efectos de la crisis económica provocada por la crisis sanitaria con intervenciones de apoyo a las economías nacionales. Una intervención dentro del marco capitalista.

Tendrá que ser contrarrestado el previsible ataque contra las condiciones de vida, de salarios y de rédito de las clases populares, con la implementación de modelos políticos de control, de encuadramiento y de restricción de los espacios y modelos de acción de los aparatos de Estado y aparatos capitalistas de mando. También será necesario contrarrestar las derivas autoritarias y el control social que avanzan peligrosamente a raíz de la emergencia sanitaria y que reducen el alcance de las intervenciones sociales.

1.2 -La situación en Turquía

Como en casi todas partes, Turquía está atravesando una crisis importante debido a la aparición del coronavirus, el funcionamiento del sistema capitalista y las malas políticas estatales. En este período, cuando todas las áreas de la vida social se ven afectadas, el Estado ignora a aquellos que están en riesgo y oprimidos/as, mientras toma medidas para los más privilegiados en la «lucha contra la epidemia».

Debido al cierre de empresas, la cuarentena y el cese de actividades económicas, cientos de miles o incluso millones de personas son despedidas o condenadas a morir de hambre por la «licencia sin goce de sueldo».

La mayoría de los/as trabajadores/as del mercado que continúan trabajando durante el proceso epidémico y los/as trabajadores/as de la salud que tienen una carga considerable durante este período y se enfrentan a la enfermedad, no cuentan con las condiciones de protección para la prevención del contagio.

Una vez más, los poderes políticos y económicos no se preocupan por si los sectores más empobrecidos son capaces de satisfacer incluso sus necesidades más básicas. Las campañas lanzadas por el estado para aparentar que se preocupa por las clases populares ni siquiera se hacen con los impuestos recaudados del pueblo durante años. Por supuesto, las medidas paliativas que se llevan a cabo tienen como objetivo aumentar la dependencia, en lugar de tratar de eliminar las injusticias económicas, que no satisfacen las necesidades reales.

Bajo tales condiciones, la organización de los sectores populares locales entra en contradicción con la política del gobierno, cuyo inmenso aparato responde solo a través de la ignorancia. Para responder de manera colectiva en función de las necesidades vitales durante la crisis del coronavirus, han surgido organizaciones bajo el nombre de «redes de solidaridad».

1.3 -La situación en Latinoamérica

América Latina atraviesa una situación particular. Países con crisis económicas previas (caso de Argentina), o de revuelta social como Chile, otros donde recién asumían nuevos gobiernos de derecha como Uruguay, presentan rasgos en común. Como por ejemplo: el aumento de la precariedad, despidos, envíos al seguro de desempleo y el hambre que asola a un segmento importante de la población. Perú y Argentina están bajo cuarentena total y militarización de la vida social, lo mismo que Chile y Paraguay donde se aplica el toque de queda. En Uruguay se aplica el aislamiento social aunque no hay cuarentena obligatoria y poco a poco se plantea retomar la actividad económica.

En Brasil la situación se complica día a día. Nos encontramos ante un escenario en el cual por un lado, las condiciones de vida se tornan cada vez más precarias, con el desempleo en aumento, el costo de vida subiendo y miles de trabajadores informales y autónomos que no pueden garantizar su sustento cotidiano. Por otro lado, un gobierno que viene actuando para flexibilizar las medidas de aislamiento social y colocando la vida de millones de trabajadores en riesgo. El argumento es que la economía no puede parar, como en varios países de la región.

La fórmula es simple. Sin una política de renta mínima que verdaderamente garantice el sustento de los trabajadores desempleados, informales y autónomos para que todos puedan mantenerse en aislamiento social, Bolsonaro establece las condiciones para que las personas tengan que escoger entre arriesgar su salud o pasar hambre. Así, se abstiene de cualquier responsabilidad, ataca a los gobernadores que están defendiendo la cuarentena como medida para prevenir un colapso del Sistema Único de Salud y crea el escenario perfecto para seguir con su proyecto ultra-liberal conservador. En la disputa de poder entre los de arriba, Bolsonaro promueve el caos y la crisis como técnica de gobierno. Para él, la salud y la garantía de derechos no importan siquiera un poco, así como no importa un colapso del sistema de salud pública. No actúa para evitar una crisis sanitaria, social o económica, la promueve para gobernar en forma más efectiva e imponer un proyecto ultra- liberal, patriarcal, conservador y racista.

En términos generales, esta crisis ha dado paso a diferentes medidas populistas de distintos gobiernos, pero casi todos aplicando una fuerte política de derecha en materia de represión y control social. Por lo general, las ganancias empresariales no son afectadas, incluso se plantean medidas que permitan que la burguesía «reactive» la economía dentro de la lógica neoliberal. Seguramente aumente la deuda externa de los países latinoamericanos y a ello hay que sumarle la baja en el precio internacional del petróleo que golpea a varios países de la región, entre ellos Venezuela, Ecuador, Colombia, México, Brasil, etc. Algunos de esos países ya venían con el sector petrolero seriamente desmantelado o con dificultades de distinta índole. Podríamos ver en el futuro próximo una caída de los precios de algunas materias primas, sobre todo en la zonas de capitalismo dependiente, mientras tanto otros productos como cereales, podrían aumentar exponencialmente. Esto repercutirá negativamente en las economías latinoamericanas y la crisis recaerá sobre las clases populares.

Por otra parte, EEUU que tiene serios problemas internos con esta crisis, no quiere perder el control de su «patio trasero» y busca generar y sostener cierta inestabilidad política, económica y social en la región para poder mantener la cohesión y el control social. Esto también sirve a varios gobiernos locales, en su mayoría alineados con EEUU.

1.4 -Los países asiáticos como ejemplos del intento de control social extremo

Es importante observar lo que ocurre en Asia, caso de China y Corea del Sur principalmente, donde se vienen aplicando mecanismos de control social extremos, basados en la tecnología. Dichas sociedades se han convertido en inmensos panópticos donde la vigilancia es efectiva y constante en busca de disciplinamiento social a gran escala. Dicho modelo de control social parece «exportarse» al mundo bajo el epígrafe de «sabemos cómo contener la pandemia». En realidad, es un recetario para contener las poblaciones.

1.5 -La situación de las mujeres

Esta crisis sanitaria también ha impactado de manera profunda en las mujeres y disidencias, especialmente del mundo popular. Las medidas de confinamiento han hecho aumentar la violencia machista y los feminicidios. Por otro lado se ha exacerbado la explotación en lo relacionado al trabajo de las mujeres, a la vez en la esfera domestica (trabajo domestico sin remuneración: los quehaceres del hogar y las labores de cuidado) y en la esfera laboral de empleo, ya que las mujeres constituyen la mayor parte de los sectores ahora reconocidos como esenciales en la crisis (salud, trabajo social, gran distribución, agroalimentario, etc).

La gran cantidad de despidos y la flexibilización del trabajo, viene a precarizar aún más los bajos ingresos de las mujeres en el mundo del trabajo. Casi la mitad de los hogares nucleares mono-parentales de jefatura femenina son pobres, al considerar su propia capacidad de generar ingresos mediante el trabajo remunerado y las bajas pensiones contributivas, lo cual se ve agudizado por el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Debemos considerar que en América Latina, la gran cantidad de mujeres y niños en las iniciativas comunitarias como las ollas populares o las redes de abastecimiento popular denotan esta grave situación. La crisis del capital verá la necesidad de fortalecer otros espacios de la dominación, los próximos meses serán cruciales para analizar los impactos que pueda tener la profundización de la violencia patriarcal en todos sus ámbitos.

En conclusión, esta ofensiva generalizada ya está en marcha. Si los elementos de socialización de las pérdidas se confirman, ésta no podría ser contenida y regulada, sino más brutal y densa. Sin embargo, la ofensiva se desplegará y con ella la lucha social será uno de los factores posibles que determinen la situación. Muchos factores dependen de cómo el núcleo hegemónico de las clases dominantes evalúe el riesgo sistémico y las posibilidades de explosión social.

2.-Las izquierdas

Dentro de este cuadro prospectivo, debemos contemplar la complejidad del momento para la izquierda y las posibilidades de un cierto retroceso, ya sea reformista, ya sea de intención revolucionaria o al menos consecuentemente radical. Pero sin lugar a duda, se pueden abrir posibilidades para el desarrollo de una práctica militante combativa y de tono liberador a nivel social y crítica radical del sistema.

Sin caricaturizar, las fuerzas dominantes en el aún llamado espectro de la izquierda son social-liberales / “progresistas”. Esto no significa que sean simplemente fuerzas directas de encuadramiento y de intervención al servicio del capital. Tienen un margen de maniobra táctico (o de estrategia corta) combinado con un papel subalterno, con un sometimiento estratégico a los movimientos de las clases dominantes.

Estas fuerzas saben que si se plantean de manera permanente conservar una integración dentro de los aparatos estatales, dentro de los centros de poder, incluida la presencia gubernamental aunque sea en forma subordinada a la derecha, pueden desaparecer o quedar en situación marginal dentro del espectro político. Es el dilema de la socialdemocracia europea y de los progresismos latinoamericanos, por ejemplo. Por eso están en constante acomodamiento entre su subordinación estratégica y una corta pero obligada sensibilidad con los movimientos sociales y con la acción de las distintas fuerzas que exceden al social-liberalismo y al progresismo, incluidas las que representan un proyecto de tipo más reformista, dado que pretenden mantener su electorado.

Otro rasgo central de la relación de fuerzas que se da en Europa es la evolución general de la izquierda reformista, que ya estaba en crisis o al menos en desequilibrio, antes de que apareciese el coronavirus. Estas fuerzas que van desde Jeremy Corbyn, del partido Laborista del Reino Unido, hasta Pablo Iglesias, del partido Podemos en España, están marcadas por su corte cultural, político y estratégico de tipo estatalista y de gobierno. Tienen una concepción política que ve los medios concentrados en los aparatos de Estado y las posibilidades de la acción electoral pública como el elemento central de contrapoder frente a los bloques dominantes.

Incluso antes de la emergencia del COVID, ya era evidente una tendencia a su neutralización, absorción y desagregación por los núcleos del social-liberalismo.

Entre otras cosas, estos sectores han demostrado que no son capaces ni están sustancialmente interesados en oponerse a las diversas formaciones de extrema derecha y a su desafortunado avance en el consenso social, ni siquiera desde el punto de vista cultural. No resulta nuevo si entendemos que el fascismo ha sido, históricamente, una herramienta del capitalismo para su perpetuación en momentos de crisis. Sin mencionar las propuestas de oposición al neoliberalismo, por no decir revolucionario, completamente olvidado del campo de juego, excepto en raras ocasiones. Es tarea nuestra la de reconstruir este espacio, tanto a nivel político como social.

3.- Elementos de resistencia

En la situación actual, existe un campo de resistencia que es complejo, con fuertes contradicciones internas y raíces sociales, culturales y políticas diferentes. Este campo integra una resistencia popular difusa, y también que hace frente a una importante desorganización en varios sectores. La ausencia de lo colectivo favorece el miedo o la resignación frente a las presiones de la jerarquía, así como al riesgo de perder su empleo o su ingreso. Las garantías sanitarias, la detención de actividades no esenciales y muchos otros logros para nosotros/as y nuestros/as compañeros/as, se conquistaron gracias a nuestra organización, en nuestros sindicatos y organizaciones/asociaciones de lucha. Esta resistencia también se concreta a veces en organizaciones populares de nuevo cuño y a veces en procesos de revitalización de organizaciones de tradiciones anteriores. Se integran en el campo de la resistencia corrientes y fuerzas que vienen de horizontes muy diferentes de la que podríamos llamar una dinámica libertaria, basada en la preeminencia de la acción política de masas.

El campo de la resistencia que bordea a la izquierda reformista, -con todas las ambigüedades que esto comporta- comprende corrientes y organizaciones de matriz estatalista cuya orientación de lucha (con visos a veces autogestionarios, autoemancipatorias, democráticas de base) es táctica, frágil, y susceptibles de moverse hacia el autoritarismo.

Somos una fuerza de lucha en el archipiélago de resistencias y, al mismo tiempo, somos una fuerza importante para proponer el poder popular, la autogestión y la democracia directa. Es decir, el proceso político de avance permanente hacia el comunismo / socialismo libertario. En esta situación, donde convergemos con otras fuerzas en lucha, buscamos construir y dar impulso a procesos de trabajo político, siempre desde las bases sociales de las clases populares, en función de sus prácticas, sus demandas y sus aspiraciones.

Las organizaciones populares animan la lucha y alientan todo lo que construye independencia y autonomía para nuestra clase. Es a partir de ellos que construimos una fuerza emancipatoria y que promovemos un poder popular que escapa a los aparatos y estrategias de tipo gubernamental y capitalista.

4.-Ejes de respuesta

-Potenciar y reforzar los espacios de solidaridad y de apoyo mutuo de las clases populares desde el nivel barrial a los espacios internacionales, para romper con la lógica de que el Estado nos protegerá, y para generar organización popular.

-Retomar y reforzar las alianzas estratégicas y de lucha junto a otras organizaciones políticas y también en el nivel social. Especialmente en éste último, con el anarcosindicalismo y el sindicalismo alternativo, los movimientos de inquilinos, por la vivienda, por los servicios públicos (salud, educación, servicios sociales), antirracistas, feministas, movimientos territoriales, derechos de migrantes, ecologista…

-Preparar, con estas organizaciones, planes de lucha desde los sectores populares para después del confinamiento. Mientras tanto, potenciar acciones que vayan desde los «cacerolazos» a las huelgas de alquileres u otras. Defender los espacios de viabilidad política y de autoorganización frente a las derivas autoritarias y represivas llevadas a cabo a raíz de la emergencia sanitaria.

-Exigir condiciones máximas de protección en el trabajo, especialmente en los sectores sanitarios, de la alimentación, de los transportes, de atención al público, etc. Impulsar la denuncia o el escrache, o incluso la paralización de la actividad.

-Contrarrestar los discursos del poder mediante la crítica a sus decisiones incorrectas o contrarias a las libertades, a los derechos sociales y a la vida, a los recortes en los servicios públicos (especialmente en sanidad) que nos hacen más vulnerables ante el virus e incrementan su mortalidad.

-Enfrentarnos al discurso del odio de las fuerzas de extrema derecha, que pretenden dividir a las clases populares mediante mecanismos de manipulación de masas.

-Poner en cuestión el desarrollo productivista, la devastación ecológica, el maltrato animal y la agricultura extensiva e industrial. En definitiva, el sistema capitalista.

-Generalizar el derecho a rechazar la jornada laboral en caso de peligro en el trabajo, uso del derecho a la huelga cuando sea necesario.

-Socialización de la industria farmacéutica y del sistema de salud, y de todos los servicios esenciales.

-Devolver al horizonte político la producción bajo el control de los trabajadores y las trabajadoras.

-Potenciar la coordinación, debate y trabajo en común del anarquismo organizado a nivel político, y mediante nuestra inserción social potenciar el sindicalismo de clase y otros proyectos revolucionarios a nivel internacional.

PARA LAS CLASES POPULARES TODOS SON TIEMPOS DE LUCHA!!

CONTRA EL AJUSTE, CONSTRUYAMOS PODER POPULAR!!

POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD!!

ARRIBA LOS Y LAS QUE LUCHAN!!

Coordenação Anarquista Brasileira – CAB

Federación Anarquista Uruguaya – FAU

Federación Anarquista Rosario – FAR (Argentina)

Organización Anarquista de Córdoba – OAC (Argentina)

Federación Anarquista Santiago – FAS (Chile)

Grupo Libertario Vía Libre (Colombia)

Union Communiste Libertaire (Francia)

Embat – Organización Anarquista (Cataluña)

Alternativa Libertaria – AL/fdca (Italia)

Die Plattform – Anarchakommunistische Organisation (Alemania)

Devrimci Anarşist Faaliyet – DAF (Turquía)

Organization Socialiste Libertaire – OSL (Suiza)

Libertaere Aktion (Suiza)

Melbourne Anarchist Communist Group – MACG (Australia)

Aotearoa Workers Solidarity Movement – AWSM (Aotearoa / Nueva Zelanda)

Zabalaza Anarchist Communist Front – ZACF (Sudáfrica)

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