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Análisis conjunto de coyuntura: América Latina y el mundo se mueven

category internacional | movimiento anarquista | opinión / análisis author Wednesday November 20, 2019 23:32author by Diversas organizaciones políticas anarquistas latinoamericanas Report this post to the editors

En el mes de octubre de 2019 se han producido hechos en América Latina y en el mundo que marcan un tiempo de pueblos en las calles, que marcan tiempos de lucha. Comencemos por analizar el escenario en Oriente Medio.
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ANÁLISIS CONJUNTO DE COYUNTURA: AMÉRICA LATINA Y EL MUNDO SE MUEVEN

En el mes de octubre de 2019 se han producido hechos en América Latina y en el mundo que marcan un tiempo de pueblos en las calles, que marcan tiempos de lucha. Comencemos por analizar el escenario en Oriente Medio.

KURDISTÁN: LA RESISTENCIA CONTINÚA

La lucha del pueblo kurdo ha ingresado en una nueva etapa. El ataque de la dictadura legalizada del AKP de Erdogan, es decir del gobierno turco, era previsible. Ante la consolidación de la experiencia de la Federación del Norte de Siria, esa peculiar experiencia de tránsito al socialismo que se desarrolla en el marco de una guerra cruel y sanguinaria, luchando contra el fascismo islámico, el Estado Turco, uno de los organizadores de grupos como ISIS y otros de la misma calaña, bombardea a la población y pretende adueñarse de una franja de territorio de 14 mil kilómetros cuadrados al menos, para trasplantar población refugiada. Lógicamente, población que no responde a las organizaciones del pueblo kurdo.

Al momento el Estado turco ha avanzado y desplazado cientos de miles de personas, entre ellos niños y ancianos, con la finalidad de barrer al PKK en Siria. La propuesta de dicho partido y de sus milicias -YPG e YPJ- es la construcción del Confederalismo Democrático, una propuesta de fuerte raigambre de base, socialista y federalista. Esta experiencia es un «mal ejemplo» para todos los Estados de la región y para las potencias intervinientes como Rusia y EEUU. Todos son de un modo u otro, enemigos de este proceso y del pueblo kurdo que lucha por su libertad.

Esta experiencia de carácter comunal se está desarrollando en un tercio del territorio sirio e incluyendo a población árabe, armenia, entre otras nacionalidades y también pueblos de variadas pertenencias religiosas. En lugar de una guerra fratricida, el pueblo kurdo y sus organizaciones han construido en Rojava una experiencia socialista con perfiles libertarizantes por demás interesantes, con gran protagonismo popular, especialmente de las mujeres y aquellos grupos que siempre han sido foco de la dominación del sistema capitalista en todos sus órdenes.

Las milicias kurdas derrotaron a Estado Islámico con un saldo de 11 mil combatientes muertos. Un alto precio ha pagado el pueblo kurdo, pero esa ha sido su historia, una historia de Resistencia y combate contra toda forma de opresión. Toda nuestra solidaridad y apoyo a la lucha del pueblo kurdo, ejemplo de dignidad. Todo nuestro rechazo a cualquier intento de invasión e intervención en Rojava.

Líbano e Irak: los pueblos salen a la calle

El neoliberalismo genera que los pueblos ganen las calles. En América Latina, en Europa o en Oriente Medio. En el planeta entero. Líbano e Irak no son la excepción. Ante una paquetazo ortodoxo, el pueblo libanés salió a la calle. Poca prensa cubrió el hecho y hasta alguna habló de los intereses de EEUU y Arabia Saudita tras las movilizaciones para desestabilizar al régimen que tendría cierta afinidad con Irán. Pero lo cierto es, que ente medidas antipopulares, el pueblo salió y ganó presencia masiva en las calles. Lo mismo ocurrió en Irak, territorio hace años afectado por la intervención directa del imperialismo, donde desde el 1º de octubre se iniciaron movilizaciones masivas contra la clase gobernante, principal responsable del creciente desempleo, la escasez de servicios básicos y la precarización de las condiciones de vida. La respuesta del gobierno fue una sangrienta represión, que dejó un saldo al día de hoy de 300 muertos y más de 15 mil heridos, lo que no impidió, sin embargo, mayores niveles de movilización en los sectores populares. Estas movilizaciones de Líbano e Irak se llevan a cabo al mismo tiempos que las que protagoniza el pueblo chileno.

Palestina: continúa el genocidio en Gaza

El gobierno de Benjamín Netanyahu persiste en eliminar política y físicamente cualquier expresión que denuncie las políticas de Apartheid que promueve el Estado de Israel. Gran revuelo causó la orden de deporta a Omar Shakir, representante de Human Right Watch (HRW) para Palestina e Israel, por supuestamente apoyar el movimiento BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones). También se han hecho públicos los videos de asesinatos cometidos por el ejército de ocupación en el marco de las manifestaciones que se dieron para conmemorar el fallecimiento el pasado 11 de noviembre del histórico líder Yasser Arafat, la cual dejó también varios periodistas heridos e incapacitados de por vida.

Días después, y luego de que la fuerza aérea israelí confirmara que en un bombardeo se había dado de baja a un líder de la Jihad islámica, empezó un intercambio de cohetes a ambos lados de la Franja de Gaza, dejando como resultado alrededor de 32 personas muertas y 71 heridas, siendo 30 de esas niños, todas del lado palestino. Luego de la mediación de Egipto se consiguió pactar una tregua entre ambas partes. Por su parte, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en cabeza del primer ministro Mahmoud Abbas, anunciaba un mes antes que se iniciaran los diálogos con todas las facciones palestinas para poder llevar a cabo unas elecciones legislativas pendientes desde el año 2006. El pueblo palestino en Gaza ha sufrido tres guerras entre 2008 y 2014 y en Cisjordania los asentamientos ilegales y la segregación de carreteras hacen que la vida en los territorios ocupados sea cada día más dura.

AMÉRICA LATINA

América Latina está viviendo un tiempo complejo, contradictorio, no homogéneo, donde se plasman avances de la derecha y las clases dominantes pero también importantes luchas populares y resistencias a los planes y políticas de los de arriba. No es un giro a la derecha cerrado, total. La respuesta de los pueblos se hace sentir y se colocan como protagonistas de este tiempo. No existen los determinismos ni los fatalismos, no debe ganar tampoco la desesperanza. Las estructuras se expresan de determinada manera en cada coyuntura concreta y en cada formación social, según la historia de la misma. No predeterminan cursos de acción, pero permiten vislumbrar el escenario en que juegan las clases sociales, es decir, la lucha de clases de todas las expresiones de los oprimidos. Pero insistimos, no hay homogeneidades ni se pueden realizar traslados mecánicos de realidades. Con diferentes ritmos, distintos perfiles, se desarrollan las políticas de los de arriba y también la Resistencia Popular. Los pueblos de América Latina tienen en su registro y en su memoria amplios y gloriosos episodios de lucha y combate.

El giro a la derecha que se ha dado en la región con los gobiernos ultraderechistas encabezados por Bolsonaro, va generando respuestas populares y cuestionamientos. En Brasil, ha crecido con alarma la pobreza y la violencia sobre los sectores populares: una desocupación de 13 millones y subocupación de más de 27 millones de trabajadores, para apuntar unos datos del drama social. Millones de personas con trabajo informal y precario, jodidos por la estafa de días miserables y pasando hambre. Junto con el aumento del 20% de la acción letal de los policías en contra de los negros y población de las periferias, de las clases oprimidas, el agravamiento siniestro del sistema carcelario y la racionalización de la muerte selectiva. Una tecnología de contrainsurgencia clavada en los cuerpos y territorios marginados.

Está en relevo el apoyo recíproco, la complicidad de la dupla ajuste-represión como razón de un Estado de seguridad neoliberal donde dominan las finanzas y su cuchillo. Etapa de gobierno miliciano para administrar la miseria ante el escándalo de una clase de súper ricos y grandes fortunas, que toma para sí más de la mitad de toda la riqueza y bienes comunes del país. Es decir, los doctores entrenados en la escuela de Chicago toman lugar en una configuración política especial con el Escritorio del Crimen de los policías milicianos y toda movida de activismo y trampa judicial que ha sido puesta en curso por la Operación Lava Jato.

Bolsonaro ha sido implicado en las líneas de investigación que llevan al mando de los asesinos de la compañera Marielle Franco. El asunto, que está lejos de quedar resuelto, vuelve a la escena pública y genera algún nivel de protesta en las calles por justicia y verdad para conocer los responsables en el caso Marielle. También hay algún nivel de diferencias y disputas hacia la interna de las clases dominantes, incluso entre los grandes medios, donde la Red Globo quiere mostrarse ahora como «democrática», cuando en realidad llevó en andas a Bolsonaro al gobierno. Este momento de tensión en el arriba, y teniendo presente cierto descontento y rebeldía que de distinta manera expresan los de abajo, es oportuno para mover el campo de los oprimidos y generar situaciones de mayor movilización popular y organización.

Con Lula fuera de prisión, por efecto de la decisión del Tribunal Supremo sobre los derechos de juicio con presunción de inocencia, los sectores de la izquierda electoralista vuelven a jugar por la restauración de un pacto de clases que no conforma al modo de gobierno de shock de esta coyuntura. Nosotros conmemoramos con nuestro pueblo cada pequeña victoria en contra de la injusticia, cada punto de resistencia que se practica para enfrentar el lawfare del sistema judicial. Pero con toda nuestra independencia política y con mucho respeto al afecto popular de una parte importante del país que se dirige a Lula en esta hora, no olvidaremos el castigo infame y horroroso de las cárceles brasileras, que es la máquina punitiva racista y antipobres de la justicia burguesa. Confiar la salida política del pueblo brasileño a la libertad de Lula, para que vuelva a ser electo presidente, es por lo menos suicida, porque no coloca las demandas del pueblo brasileño en la calle y porque en definitiva, la situación abierta en el país no se va a solucionar por arriba. Sólo el pueblo puede barrer a este gobierno autoritario y neoliberal y las fuerzas sociales y políticas que lo sostienen.

En Colombia, el ESMAD -escuadrón policial de choque y represión- ha salido a la calle con gran dureza a reprimir manifestaciones estudiantiles, con varios heridos y detenidos. Ello es parte de la política de Estado militarizado de los gobiernos de la derecha colombiana, donde ha quedado evidenciado que no hay margen para ningún «proceso de paz». Han sido asesinados gran cantidad de militantes populares, varios de ellos ex-guerrilleros. La vuelta a la acción armada por parte de un sector de las FARC es prueba de ello.

Los procesos electorales y el golpe de Estado en Bolivia

Se han desarrollado a fines de octubre tres procesos electorales con distintas implicancias en el futuro de la región: Bolivia, Argentina y Uruguay.

El pasado 11 de noviembre el antiguo líder sindical cocalero Evo Morales y el MAS IPSP en Bolivia vivió un golpe de estado, y fue obligado a renunciar a la presidencia bajo la presión directa de las Fuerzas Armadas y la Policía, reforzadas bajo su gobierno, en medio de la presión de grandes protestas populares liderada por la derecha.

Morales quien había incumplido el mandato anti reeleccionista de la constitución de 2009 uno de sus principales logros políticos, así como el resultado del referéndum sobre la reelección presidencial de 2016 del que salió claramente derrotado y de forma más importante, el mandato indígena y sindical por el liderazgo colectivo, se presentó por cuarta vez a las elecciones presidenciales con una capacidad política disminuida pero conservando importantes bases de apoyo popular y la carta del buen desempeño económico del modelo del capitalismo andino-amazónico, la expresión más radical del ciclo progresista en la región.

El desarrollo del modelo político del MAS durante casi 14 años, centrado en el caudillismo en torno a la figura de Evo Morales bajo el mito de la representación obrera indígena, cuyas decisiones se toman en las cúpulas partidarias, utilizando a las organizaciones de base como furgón de cola, forjó un movimiento verticalista que propone salidas desde arriba en las instituciones de la burguesía. El debilitamiento de la figura de Evo Morales deja un vacío de referencia que abre vías a la injerencia del imperialismo norteamericano en conjunto con los sectores empresariales más reaccionarios, misóginos, racistas y neoliberales.

Sus principales rivales en las elecciones generales de octubre de 2019 fueron el ex-presidente Carlos Mesa del partido Comunidad Ciudadana obligado a renunciar en 2005 por el paro general por la nacionalización de los recursos y ahora cuestionado por sus relaciones con Odebrecht y el pastor evangélico Chi Hyung Chung del Partido Demócrata Cristiano considerado como el “Bolsonaro local” y que acusaba a Morales de convertir a Bolivia en Sodoma y Gomorra. Los principales opositores que habían cogobernado territorialmente con Morales en el último periodo de tiempo, desarrollaron una campaña anticomunista basada en el miedo a una segunda Venezuela, pero también apelaban al descontento legítimo de la población con la corrupción o los bajos salarios. Realizadas las votaciones en las que la derecha divida apostaba a llegar a segunda vuelta y probablemente ahí si ganar la elección, en el conteo de los votos en la noche del 20 de octubre se presentaron y denunciaron diversas irregularidades.

Ante estas irregularidades en el conteo y la soberbia gubernamental y opositora de declarar la victoria en un escenario tan cerrado, se inició una ola de protestas lideradas por los adversarios de Morales que comenzaron como vigilias ante los centros de votación y se convirtieron luego en movilizaciones masivas y un paro cívico indefinido desde el 23 de octubre que por 17 días bloqueó la más populosa y conservadora región de Santa Cruz, pero también los centros progresistas de El Alto y La Paz. Se desarrollaron importantes movilizaciones y bloqueos de vías, que contaron con la participación de empresarios del transporte en paro desde el 6 de noviembre, estudiantes universitarios, habitantes de barrios populares y sectores de trabajadores mineros. Por su parte el gobierno movilizaba importante fuerzas sindicales, indígenas y campesinas en su respaldo negando cualquier posibilidad de diálogo político y denunciando un golpe cívico. Entre tanto se producían fuertes enfrentamientos callejeros entre partidarios y opositores al gobierno, que sumados a la represión policial, dejan el triste saldo de 24 muertos al día de hoy. Estas acciones denotan un claro plan golpista, apañado por el gobierno norteamericano y la CIA. En los días previos ya había información acerca de los preparativos de esta acción. Sin embargo, la derecha boliviana logró captar y capitalizar cierto descontento popular, al menos en ese momento. El descontento con Evo y su gobierno parte desde distintos sectores sociales: regionales, gremiales (con la COB a la cabeza), cocaleros, estudiantes, profesionales, hoy aparece mezclado en este marco electoral y la derecha, reaccionaria y racista, trata de capitalizar de ello todo lo que puede. Expresión de esto han sido los amotinamientos de las fuerzas represivas en todo el país, demostrando que la herencia del pensamiento golpista de Banzer sigue intacta en las capas altas del Ejército boliviano y la policía.

La oposición organizada alrededor de Comité Cívicos con eje en Santa Cruz radicalizó su posición y Mesa pasó de aceptar la auditoria de la OEA a rechazarla y proclamar “o la cárcel o la presidencia”. Inició una ola de protestas violentas que incluyeron barricadas en múltiples carreteras realizadas con vehículos particulares de los manifestantes, la quema de edificios gubernamentales y violencia contra funcionarios estatales y sus familias, movimiento que empalmó con motines policiales, con algunas demandas laborales y fines políticos que se desarrollaron desde el 8 de noviembre en Sucre, Cochabamba y Santa Cruz y de ahí al resto del país. Al tiempo simpatizantes del MAS desarrollaban acciones de desbloqueo de barricadas y concentraciones, apoyados por sectores de las fuerzas de seguridad, en los que se produjeron choques violentos con los opositores.

Morales aceptó la revisión de la OEA sobre las votaciones aceptando una segunda vuelta electoral, al tiempo que convoca a un dialogo con la oposición el 9 de noviembre. Tras los resultados desfavorables de este organismo liderado por Estados Unidos y sus socios políticos, el gobierno masista acepta repetir las elecciones presidenciales el 10 de noviembre. En medio del desarrollo de una gran marcha hacia La Paz organizada por la oposición derechista que buscaba reinstalar a “Dios” en el palacio presidencial y llamaba a una intervención del Ejército, la cúpula de las Fuerzas Armadas “sugiere” en abierta intervención política la renuncia del gobierno, cosa que finalmente se hizo efectiva con la renuncia de Morales y García Linera, en medio de denuncias de golpe de Estado y su salida hacia México.

Llama la atención la catarata de errores de Morales y su gobierno. Más que errores, debemos reconocer que son parte de una concepción que cree en los cambios por vía de las instituciones burguesas. No enfrentó con firmeza el golpe de Estado una vez que se puso en marcha; convocó a negociar a los sectores más fascitas -nazis directamente- que estaban impulsando el mismo, se sometió a los dictámenes de la OEA (organismo de la política exterior norteamericana y está fresca la intromisión de dicho organismo en Venezuela y el doble rasero que aplica según cada país, esa misma OEA que respalda al gobierno genocida de Colombia), entre otros hechos. Y se auto exilia sin más…Con esa concepción no se producen cambios de fondo ni se enfrenta ningún avance de la derecha ni golpe de Estado.

Sin embargo, este nuevo intento golpista se inscribe en la política norteamericana para el área. País que no controlan directamente, que muestra algún grado de cierta independencia en política exterior, lo desestabilizan hasta derrocar al gobierno que ven como obstáculo. Prueba de ello es hoy día los intentos cotidianos del imperio en Venezuela. Esa Venezuela que al imperio le importa nada su régimen político, su corrupción, su ineptitud, su burocracia y bolirricos; le importa solamente a los efectos geopolíticos y por la riqueza que posee, petróleo principalmente. Recordemos que en el año 2008, Bolivia expulsó a la DEA del país -agencia antidrogas de EEUU- por su labor desestabilizadora y de constante apoyo a la oposición, incluso organizando grupos armados. Esa ha sido la labor de este organismo y la CIA financiado, organizando, entrenando a los grupos de extrema derecha para dar golpes de Estado y hacer retornar al control efectivo de los gobiernos a estos sectores y a la burguesía más recalcitrante, más neoliberal. La vieja política del imperio, más vigente que nunca. La respuesta de Evo Morales, a pesar de la asonada golpista, ha sido renunciar como presidente y acceder a canalizar institucionalmente el descontento, volviendo a llamar a elecciones, a pesar de los llamados a movilizar contra el golpe en distintas localidades de Bolivia como en solidaridad en el resto del continente.

El pueblo boliviano, ese pueblo que tiene una inmensa experiencia de lucha, que protagonizó la Revolución de 1952 y la guerra del gas y del agua en fechas más recientes, que posee una riquísima tradición organizativa milenaria ha dado muestras de una dignidad y firmeza increíbles. Ha salido a enfrentar el golpe de Estado y se desarrollan enfrentamientos de relevancia con muertos y heridos. Es un pueblo que no se deja atropellar y sale con decisión a enfrentar a la reacción. Esa movilización popular abre un camino. No todo está dicho y el golpe no se ha consolidado. Algunos hablan de «guerra civil», lo cierto es que los niveles de lucha van creciendo en el Altiplano.

El golpe de Estado representa no solamente el proyecto de saqueo a los recursos naturales bajo los intereses del imperialismo, sino que también exalta el componente racista y colonial más nefasto de los más de 500 años de sometimiento a los pueblos indígenas. Se trata de una cruzada cristiana-racista contra los pueblos andino-amazónicos, quienes organizados desde abajo y con la Whipala como estandarte enfrentan con altos niveles de radicalidad la represión del ejército y los ataques ultra-reaccionarios. La lucha que los pueblos indígenas están llevando a cabo en defensa de las conquistas del pueblo y de su dignidad, dejan entrever que el eje articulador de la resistencia al golpe en Bolivia es el pueblo organizado dando pelea en las calles.

Argentina: retorna el Peronismo

En Argentina, el triunfo del Peronismo fue más ajustado de lo pensado. El ultra neoliberal Macri recuperó 10 puntos de votos, llegando a un total de 40%. El peronismo no pudo superar el 50%. El escenario social en el cual se da este traspaso de gobierno, está sin duda marcado por el enorme daño social y económico causado por las políticas de ajuste y hambre del gobierno de Macri. Como si fuera poco, Alberto Fernández y el kirchnerismo efectuaron reiterados llamados a no ocupar las calles, no movilizar, de «aguantar hasta diciembre» , de «no desestabilizar», de «no generar un nuevo 2001». Lo que estuvo en el debate en estos meses fueron dos estrategias claras en el campo de la izquierda argentina: bancar la gobernabilidad de Macri y desocupar las calles, como sostenían los sectores kirchneristas y afines- por omisión y apuesta electoral estaban en esta misma lógica el FIT y el PCR-, y por otro lado, un conjunto de organizaciones sociales y sindicales que impulsamos la lucha en la calle sin esperar a las urnas, apostando por una salida popular.

Pero ese «quietismo» no sólo le permitió recuperar terreno a Macri, sino que impidió una salida desde abajo a la crisis en que se encuentra Argentina. Se intentó colocar al movimiento popular tras la fórmula Fernández-Fernández, pero igualmente se peleó. Hubo gente en la calles y conquistas concretas, pocas tal vez, pero conquistas que permiten tonificar a las organizaciones populares. Sabemos que la cruda avanzada neoliberal, que golpeó con fuerza a los de abajo durante los últimos años, no puede esperar los tiempos de la politiquería. Mucho menos cuando somos conscientes que la transición de gobierno está signada por los reiterados intentos del empresariado de imponer una reforma laboral a toda costa, y de la forma que sea, intentando retrotraer las condiciones laborales al siglo XIX. En definitiva este cambio de gobierno, lejos de constituir un freno a la reforma laboral, puede presentarse como una oportunidad para los sectores dominantes de maquillar estos cambios bajo otro tipo de modalidad, claramente más atenuada que lo que hubiera sucedido con un segundo mandato de Macri.

Con la victoria del Peronismo se abre un período de cooptación de los movimientos populares nuevamente, de tejer por arriba salidas y acuerdos en base a intereses espurios, de presencia en el gobierno de los sectores más recalcitrantes del Justicialismo. El pacto social que se viene tejiendo aún desde antes de ser electo el peronismo en octubre, busca preparar el terreo para asegurar la gobernabilidad y contener la bronca de la clase trabajadora ante la situación de ajuste y miseria. El alineamiento y conciliación en un amplio pacto social que incluye a un sector del movimiento piquetero, la Iglesia, las cúpulas sindicales de la CGT y CTA, y sectores empresariales tras el gobierno de Fernández, busca asegurar y dar continuidad a la aplicación de medidas antipopulares para lograr pagar el enorme endeudamiento externo a la par de la entrega de los recursos naturales a multinacionales extractivistas.

A pesar de la entrega de las dirigencias burocráticas, también será un período dinámico e interesante para las luchas populares. Nuestra tarea en este sentido continuará dirigida a desbordar y trascender la salida propuesta por arriba, recuperando la confianza en la propia fuerza de las organizaciones populares.

Uruguay también gira a la derecha

Uruguay, por su parte, presentado como un «oasis de paz y estabilidad» por el gobierno del FA -imagen que se ha expandido por la región, que es continuidad de aquella «Suiza de América»- parece también girar a la derecha. En las elecciones de octubre el gran ganador ha sido el Partido Nacional. Se han sumado el histórico Partido Colorado y el novel Cabildo Abierto, partido de origen militar, conformado por ex milicos y otros en actividad, y ha nucleado a casi todos los grupos y personalidades fascistas que estaban desperdigadas en distintos sectores. Su candidato y principal figura es Guido Manini Ríos, ex Comandante en Jefe del Ejército hasta hace unos meses. Manini Ríos proviene de una familia tradicional de la política uruguaya, ubicada en el espectro de la extrema derecha. Su abuelo fue fundador del sector más conservador del Partido Colorado en 1913 y su tío revistó en la JUP (Juventud Uruguaya de Pie, grupo fascista de choque en los años previos a la dictadura). Familia de terratenientes, políticos y militares, todos de extrema derecha. Guido Manini Ríos es amigo del ex General Villas Boas de Brasil y del Vicepresidente Mourao. Para ir viendo sus conexiones…

Este sector -Cabildo Abierto- obtuvo cerca del 11% de los votos. Una votación alta para un partido nuevo ligado a los milicos. Es un partido extremadamente conservador y eso es claro para el conjunto de la sociedad uruguaya. Es una opción ideológica directa la que hacen sus votantes. Además, en los meses previos hubo varias denuncias sobre grupos neonazis que se estaban sumando a Cabildo Abierto y cuyos miembros se fotografiaban con su líder. Además, Guido Manini Ríos tiene abierta una citación judicial por haber ocultado información surgida de declaraciones de José «Nino» Gavazzo (represor y torturador en el marco del Plan Cóndor, directamente implicado en la desaparición y asesinato de compañeros de FAU) en un «Tribunal de honor» acerca de su participación en asesinatos de militantes durante la dictadura. Este partido tendrá una representación parlamentaria de 3 senadores y 11 diputados. Podemos decir que en el Uruguay el fascismo ahora tiene partido propio.

Todos los partidos de derecha brindan su apoyo a Lacalle Pou en la segunda vuelta a fines de noviembre. De ganar el candidato del Partido Nacional (pertenece al Herrerismo, sector históricamente conservador) implementará una ley de urgente consideración como ya ha anunciado, en la cual entre otras medidas impulsará la desmonopolización de los combustibles, cambios regresivos en la educación y en las relaciones laborales, aparecen entre las medidas que han cobrado notoriedad. Por su parte, el Partido Colorado impulsa el modelo chileno, es decir, el neoliberalismo puro y duro, pero a la uruguaya. De esa combinación de factores surgirá el programa del gobierno «multicolor» como le ha llamado Lacalle Pou.

El Frente Amplio también propone ajuste, tal vez más gradual, sin tocar las áreas sociales, según declaran. Pero el déficit fiscal está cercano al 5% y las cuentas públicas parecen estar complicadas hacia mediados del año 2020, justo cuando hay que aprobar un nuevo presupuesto. Los pagos de intereses de deuda que vencen en esas fechas son un cuello de botella importante.

En Uruguay no se disputan dos «modelos» de país en estas elecciones: el modelo es uno sólo y el giro a la derecha con ajuste y represión también. Lo que se «define» es la «dosis», el grado del giro, si será más abrupto o no.

Por lo tanto, el año próximo es de esperar ajuste y garrote desde arriba, pero por otro lado, desde abajo, Resistencia.

Una ola de rebeldía en Centroamérica y el Caribe

Las grandes jornadas de protesta en Puerto Rico, iniciada desde el 13 de julio, que llevaron tras movilizaciones masivas como la marcha de medio millón de personas de los días 17 y 22 y huelgas generales a la renuncia por escándalos de corrupción con la ayuda humanitaria y comentarios de desprecio y discriminación contra la población, del gobernador Ricardo Roselló y el Partido Nuevo Progresista el 24 de ese mismo mes, en medio de la honda crisis económica experimentada en la isla.

Por otro lado son de gran importancia, las diversas olas de protesta en Haití contra el gobierno del empresario Jovenel Moise y el Partido Haitiano TetKale, sucedidas en febrero, junio y septiembre, en medio de la honda crisis económica, escándalos de corrupción y un acuerdo del gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para profundizar reformas neoliberales. Las movilizaciones, retoman las protestas contra el fraude electoral de 2016, han incluido violencia contra los barrios ricos de la ciudad de Puerto Príncipe y diversas huelgas generales, dejando el trágico saldo de 77 muertos.

Así mismo resultan fundamental y está aún abierta la ola de luchas realizadas en Honduras desde el 10 de octubre y generalizadas desde el día 18 contra el gobierno de Juan Orlando Hernández y el Partido Nacional salpicado de escándalos de corrupción y narcotráfico por el mismo Chapo Guzmán, que retomaban las luchas contra el fraude electoral de 2017, protagonizadas por estudiantes universitarios y sectores populares.

La movilización popular masiva como respuesta a la crisis económica, el paro activo en la cadena de producción, distribución y servicios, el descontento social con gobiernos impopulares permeados por la corrupción pública y privada, y el desprecio de la burguesía parlamentaria hacia las condiciones de vida de su pueblo explican esta revitalizadora ola de rebeldía centroamericana y caribeña a la que debemos apoyar y de la que necesitamos aprender.

La etapa que se abre a partir de las rebeliones en Ecuador y Chile

Octubre decíamos trajo cambios y trajo lucha de los pueblos. Comenzó con el alzamiento del pueblo ecuatoriano. Desde el 2 de octubre en Ecuador se registró una extensa movilización popular que logró una victoria importante contra el paquetazo neoliberal impulsado por el gobierno del empresario Lenin Moreno de Alianza País, retomando las luchas este mismo año de los estudiantes de medicina, las huelgas de hambre victoriosas de docentes y trabajadores eléctricos jubilados y el paro cívico de la región de Charqui.

El gobierno Moreno, profundizando las políticas pro mercado desarrolladas por el propio Rafael Correa, decidió implementar ante la crisis económica, una reforma estructural concertada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener un crédito por 4.200 millones de dólares que incluían el decreto 883 que imponía una drástica subida del precio de la gasolina de hasta 120% lo que a su vez implicaba encadenadas de todos los demás sectores económicos, y sobre todo una reforma laboral que imponía una reducción de salarios para la mayoría de empleados temporales del sector público en 20%, más de 20 mil despidos de trabajadores del Estado, la reducción del 50% del período vacacional, así como confiscaciones salariales obligatorias y el anticipo de una reforma laboral precarizadora.

Ante el decreto de suba de la gasolina, el pueblo salió a la calle. El gobierno de Lenin Moreno reacciona decretando el Estado de Sitio. Aumenta el grado de movilización popular con fuerte presencia de la CONAIE que marcha sobre Quito. El gobierno huye de la capital y ésta queda bajo control popular durante varios días. Pero veamos esto con más detalle.

El paquetazo y su duro golpe contra las trabajadoras y los pueblos del país, despertó diversas resistencias. En primer lugar inició un corto paro de empresarios del transporte que bloqueó carreteras, puentes fronterizos y vías urbanas, organizados en la Federación de Cooperativas de Transporte Público de Pasajeros (Fenacotip) que se prolongó por 48 horas. En segundo lugar destaca la importante resistencia indígena de comunidades proveniente principalmente de la zona andina y en menor medida la Amazonia, organizada por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), anteriormente golpeada por la represión correista, que se constituyó en la dirección efectiva del movimiento. La CONAIE organizó la gran marcha de decenas de miles de personas, con cientos de camiones rebosantes de participantes, sobre la ciudad de Quito, que logró ocupar fugazmente la Asamblea Nacional el 8 de octubre y ocupar múltiples edificios públicos en todo el país. La situación obligó al gobierno a trasladarse a Guayaquil y decretar el Estado de excepción, el toque de queda en la capital, la censura de prensa y la militarización del país.

En tercer lugar se desarrolló una importante protesta obrera organizada alrededor del Frente Unitario de Trabajadores (FUT), e importantes sectores estudiantiles y populares, que desarrolló paros parciales en refinerías de petróleo y una importante huelga general el 9 de octubre. El movimiento tuvo un nuevo pico en la movilización por el día de la resistencia indígena el 12 de octubre, así como múltiples protestas en las grandes ciudades del interior, con eje en el centro de Quito, donde indígenas, campesinos, obreros y estudiantes ocuparon el centro de la ciudad y convivieron en campamentos organizados en parques y universidades privadas.

Se desarrollaron 11 días de protesta masiva, cacerolazos, bloqueos de vía y carreteras en la mitad del país, y cientos de miles de personas movilizadas en las calle, con un saldo trágico de 11 muertos, 1300 heridos y 1100 detenidos, que recordaron las heroicas rebeliones de 1995 y 1997 contra las políticas neoliberales. Los indígenas decretaron el estado de excepción en su territorio y retuvieron militares y policías desplegados en actividades represivas para ser juzgados por sus instituciones de justicia. Al tiempo se presentaron quemas y saqueos en algunas zonas comerciales, en medio de la retórica gubernamental de no dar marcha atrás con las reformas y las acusaciones propagandísticas contra Correa y Maduro de un brumoso plan de desestabilización.

Finalmente, el muy debilitado gobierno Moreno se sentó a negociar el 13 de octubre con la dirección de algunas de las organizaciones, suspendiendo el decreto que eliminaba los subsidios a los combustibles, aunque los demás aspectos del paquetazo se mantienen aún vigentes. Aunque la demanda de la renuncia de Moreno no se profundizó, el gobierno buscó excluir a los sindicatos y organizaciones urbanas de las negociaciones y los elementos de auto organización popular no se extendieron a todo el país, la masiva protesta fue importante, pues supuso una rearticulación del movimiento popular, debilitado y fragmentado por el correismo, en medio del aumento de su autonomía política y unidad intersectorial. En este contexto de alza de las luchas y de búsqueda de alternativas populares a la crisis y el ajuste neoliberal, es deseable una rearticulación de algunas expresión del anarquismo organizado en el país.

En definitiva, organizaciones indígenas, campesinas, sindicatos de trabajadores, estudiantes, jóvenes, son los participantes y animadores de esta revuelta popular que puso en jaque a la policía y al Ejército. Movilizaciones con altos niveles de enfrentamiento con las fuerzas represivas y con total independencia de clase, ya que fueron corridos los políticos vinculados al ex presidente Correa que se hicieron presentes en las movilizaciones. El pueblo no está dispuesto a dejarse instrumentalizar y usar por la casta de los políticos. Un saber popular de profundas implicancias para la concreción de Poder popular.

El gobierno debió derogar el decreto y dar marcha atrás en sus medidas. Una victoria popular de un pueblo que ha hecho caer varios gobiernos.

En Chile una protesta de los estudiantes secundarios con coladas masivas en metro contra el alza del precio de las tarifas de energía y transporte público de Santiago implementada el 6 de octubre, fue fuertemente reprimida, derivando en una jornada de rebeldía nacional aún abierta especialmente desde las protestas nacionales del día 18 del mismo mes. El segundo gobierno de Sebastián Piñera y la coalición Chile Vamos, atacó la justeza de la protesta juvenil y se aprestó a la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado, mostrando un gran desprecio hacia las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares y una defensa cerrada de su política económica neoliberal heredera de la dictadura cívico militar de Pinochet y de tres décadas de gobiernos de la concertación y la derecha.

La protesta estudiantil continúo y se generalizo por la capital aumentando las afectaciones al sistema metro, y en ocasiones a los trabajadores y usuarios del sistema. Se sumó la movilización temprana de trabajadores de la educación y la salud, y más tardíamente organizaciones como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) adhirieron a la movilización, organizando grandes huelgas generales como las del 4 de noviembre. Así se generalizaron los cacerolazos y las concentraciones masivas en todo el país como las vividas desde el día 20 de octubre, con expresiones como la marcha del 25 del mismo mes, la más grande de la historia reciente del país, que reunió cerca de 1´200.000 personas en Santiago con eje en Plaza Italia, la movilización de centenares de miles de personas desde Viña del Mar a la sede del Congreso en Valparaíso el día 27 o la marcha de los pobladores Limache que recorrieron 100 kilómetros hasta Santiago. La actividad de los estudiantes secundarios organizado masivamente en Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) y Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES), resulto clave, pero también se sumó el pueblo mapuche que realizo concentraciones en la Araucanía destruyendo símbolos coloniales o el movimiento de mujeres, movimientos todos con un largo historial de lucha contra el resquebrajado régimen bipartidismo chileno.

En medio de una movilización popular, con parecidos a las grandes jornadas de protesta nacional contra la dictadura de 1983 y 1986, y un aumento de la violencia popular con barricadas, saqueos e incendios sobre diversas edificaciones, el gobierno Piñera habló de que el país estaba en guerra y la primera dama habló de una invasión alienígena, se decretó el estado de excepción y toque de queda en la mayoría de ciudades del país y se desarrolla una violenta represión que generalizó los malos trato y la tortura, el acoso y el abuso sexual y la represión por parte de las fuerzas policiales y militares. Al tiempo Piñera se vio obligado a derogar el alza del pasaje, decretar unas reformas sociales mínimas en materia de pensión, salario mínimo y congelación de tarifas, realizar un cosmético cambio de gabinete, aún convocar un dialogo política con miras a una posible reforma constitucional.

Aunque aparentemente desgastada, la jornada de protesta popular en Chile aún está abierta, y las asambleas territoriales en plazas públicas, colegios, universidades, barrios y sindicatos se mantienen bajo la consigna de Chile despertó y una creciente demanda de fuera Piñera. Hasta ahora hay un lamentable saldo de 30 muertos y 2 mil heridos y 5 mil detenidos. Es reseñable que la actividad de los/las anarquistas organizados/as, aunque minoritaria, ha sido importante y en medio de la lucha florecen formas de auto organización popular. El actual movimiento puede lograr importantes conquistas económicas y salariales, presionar por reformas legislativas en materia de transporte, educación, pensiones o salud y llevar a un aumento claro de los niveles de organización, movilización y autogestión popular.

El pueblo chileno ha hecho crujir 30 años de neoliberalismo y toda la herencia post-dictadura. La represión fue dura pero Carabineros fue desbordado por la gente en las calles, por eso Piñera decreta el Estado de Excepción y el toque de queda, sacando al Ejército de los cuarteles. El pueblo desafió ambas imposiciones y continuó en la calle. Movilizaciones masivas en los centros urbanos, otras en los barrios, barricadas, demostraciones de bronca y rechazo a los símbolos del modelo… El pueblo ha roto la normalidad en Chile, con y sin huelga general. Las movilizaciones continúan y fermenta por abajo un proceso de organización y resistencia, se acumula una amplia y rica experiencia y se abre una nueva etapa. Incierta, pero una etapa de pueblo en la calle desafiando al poder.

Sin embargo, los partidos de izquierda, en su mayoría, impulsan la convocatoria a una Asamblea Constituyente que dote a Chile de una nueva Constitución, derribando la heredada de la dictadura de Pinochet. Si bien es un reclamo sentido, ya que parte de la herencia del pinochetismo es la Constitución y el orden jurídico que garantiza y que ningún gobierno- incluidos los de la Concertación- osó tocar, habilita una «solución por arriba» a la crisis abierta por abajo por la movilización popular. Habilita a que los partidos del sistema encuentren una «solución» a los problemas de los chilenos, garantizando los mismos derechos… a las clases poseedoras y dominantes en el país y a esa odiosa institución garante del orden burgués que es el Ejército. Ninguna Constitución bajo el capitalismo tocará la propiedad privada en todos sus términos ni garantizará el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas, ni socializará las ganancias y propiedad del cobre. La experiencia de Allende y la Unidad Popular habla a las claras por sí sola, de los límites que «tolera» la burguesía y el imperio.

Pero lo más complejo de la Constituyente, es que coloca en las manos de los opresores y de los dispuestos a sucederlos en su rol, la solución a las necesidades populares y su inevitable engaño, porque existen mil formas de burlar textos jurídicos consagrados. Se coloca de esa forma nuevamente al pueblo como furgón de cola de los partidos del sistema, de sus discusiones, obliga a tomar bando por alguno de ellos y dejar de lado la organización y la causa popular. Es un corral de ramas.

En cambio, la alternativa está en ese mismo abajo que ha hecho temblar y crujir el modelo. Un proceso de unificación de luchas populares, de búsqueda de un plan de soluciones a la crisis construido por las organizaciones populares. Una articulación de los oprimidos desde abajo hacia arriba, construyendo Poder Popular, con autogestión y democracia directa. Fortalecer las organizaciones populares y un proceso de convergencia deben ser los objetivos de la militancia de intención revolucionaria.

Queremos ser claros: cuando decimos Poder Popular decimos capacidad de acción y decisión del pueblo, de sus organizaciones de base articuladas en forma federalista, de abajo a arriba. Es un proceso netamente popular, por fuera del Estado y contra él. Podemos mencionar como ejemplos históricos las Colectivizaciones en plena Revolución Española, la Machnovitchina en Ucrania durante la Revolución Rusa, la experiencia en Rojava hoy en día, pero también infinidad de procesos que los pueblos latinoamericanos han construido y construyen donde la participación de los de abajo es decisiva.

Por lo pronto, las movilizaciones continúan y ese proceso sigue abierto. Vastas experiencias y enseñanzas deben sacarse de aquí, porque se abre una nueva etapa.

Queremos expresar claramente, todo nuestro apoyo a los compañeros de la Federación Anarquista Santiago (Chile) y de Revolución Libertaria de La Paz (Bolivia) que están insertos en las movilizaciones e impulsando una orientación de trabajo en medio de la lucha.

Tiempo del pueblo

Con las pueblada de Ecuador y Chile se abre un tiempo de pueblo en la calle. De los pueblos movilizados por toda América Latina. Es de esperar otras puebladas, rebeliones, sucesos que puedan habilitar situaciones pre- revolucionarias o las preanuncien. En cada país a su ritmo, con su idiosincrasia y de acuerdo a cada coyuntura concreta. Todo ello en una perspectiva de mediano-largo plazo.

Se abre un ciclo de luchas populares contra el neoliberalismo y sus consecuencias. Porque esta etapa del capitalismo, de neoliberalismo crudo, genera, sin lugar a dudas, más resistencia, gente en la calle,. Ante tanto despojo y represión, el pueblo se moviliza. No es un ciclo exclusivo de la derecha, como se ha pregonado. Seguramente los progresismos -como los conocimos hasta 2015- van llegando a su fin. Los que perduren, mutaran por influencia de la derecha, el ajuste impuesto desde arriba y los límites económicos del sistema a escala mundial. Ellos vuelven por el saqueo total, pero el abajo está fermentando sus respuestas y una salida realmente popular.

Si bien aumentarán los grados de la represión, son claras las enseñanzas que nos dejan los pueblos ecuatorianos y chileno: se puede desbordar a la represión, incluso a las Fuerzas Armadas, con pueblo en la calle y practicando la acción directa a todos los niveles. A modo de ejemplo, en Ecuador una tanqueta fue puesta fuera de combate por la acción del pueblo.

Es fundamental fortalecer las organizaciones populares, aportar en los debates acerca de las vías y caminos de cambio, en clarificar que los caminos que el sistema siempre abre, terminan en un precipicio. Es desde abajo que se construye pueblo fuerte y federalismo, único modo organizativo que confía en las organizaciones populares y no en vanguardias auto-elegidas y pretendidamente «iluminadas». No hay salida posible «por arriba» en los ámbitos e instituciones del sistema, esos espacios solo a la burguesía y al imperio pueden servir. El cambio viene desde el pueblo y lo que el pueblo pueda construir, con sus limitaciones y problemas, pero será mucho más rico que las podridas instituciones burguesas, instituciones de opresión y muerte.

Está en juego la vida y la construcción de una sociedad diferente. En esa lucha estamos embarcados y el Anarquismo Organizado -el Especifismo- tiene mucho para decir en propuestas de auténtica emancipación.

¡NO AL GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA!
¡VIVA LA RESISTENCIA DE LOS PUEBLOS!
¡A FORTALECER LA LUCHA Y LOS PROCESOS POPULARES!
¡POR LA CONSTRUCCIÓN DE PODER POPULAR!
¡POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD!
¡ARRIBA LOS QUE LUCHAN!


FEDERACIÓN ANARQUISTA URUGUAYA (FAU)
FEDERACIÓN ANARQUISTA DE ROSARIO (FAR) -ARGENTINA
ORGANIZACIÓN ANARQUISTA DE CÓRDOBA (OAC)- ARGENTINA
COORDINACIÓN ANARQUISTA BRASILERA (CAB)
GRUPO LIBERTARIO VÍA LIBRE – COLOMBIA

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