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Votando o no votando: las soluciones las conseguimos luchando

category venezuela / colombia | community struggles | opinión / análisis author Saturday June 16, 2018 00:16author by Rebeldía Contrainformativa - CEP Enraizando - Rebeldía Contrainformativa - CEP Enraizando Report this post to the editors

Nuestra palabra frente a la coyuntura electoral

En definitiva, la cuestión para nosotras no se encuentra en votar o no votar, sino en encontrarnos para luchar, en unir fuerzas de manera horizontal, solidaria y de abajo a arriba para lograr conseguir vida digna, respeto a nuestros territorios y autogestión social de nuestras comunidades. Y en ese camino ya estamos, y lo demuestran las banderas de lucha que todavía aún son vigentes y requieren de toda nuestra energía y esfuerzo, y que al día de hoy la respuesta de guerra del establecimiento ha dejado 370 luchadores sociales muertos que han caído en defensa de la Madre Tierra, contra el extractivismo minero-energético, defendiendo los derechos humanos de sus comunidades, resistiendo contra la guerra en sus territorios, dando la pelea por los derechos de mujeres y compas LGBTI, rechazando el militarismo y paramilitarismo del Estado; es allí donde debemos concentrar nuestras fuerzas, en la voz rebelde del pueblo, no en domesticar esa voz en manos de Petro ni alejarnos de las luchas.
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“El sufragio universal, mientras sea ejercido en una sociedad en la que el pueblo (…) esté económicamente dominado por una minoría detentadora de la propiedad y del capital, por independiente o libre que sea (…) o que lo parezca desde el punto de vista político, no podrá nunca producir más que elecciones ilusorias, antidemocráticas y absolutamente opuestas a las necesidades, a los instintos y a la voluntad real de las poblaciones.”- Mijaíl Bakunin

Colombia vive un escenario histórico que jamás había experimentado en 200 años de historia como República: la posibilidad de que quien ocupe la presidencia sea un candidato afín a la izquierda. Esto, por supuesto, teniendo presente que personajes famosos en el pasado que pudieron llegar a dicho cargo fueron asesinados por la oligarquía, dejando en los anales del país la tradición de que todo político alternativo que tenga posibilidades de disputarle el poder ejecutivo a la derecha termina primero muerto que presidente. Sin embargo, las condiciones actuales del país, la región y el mundo han posibilitado que Gustavo Petro, antiguo militante político del grupo armado M-19 y líder indiscutible del movimiento “Progresistas” -hoy Colombia Humana-, pueda estar en segunda vuelta presidencial contra Iván Duque, alfil y ficha clave de la extrema derecha colombiana y que hoy cuenta con el apoyo de prácticamente toda la burguesía nacional, pero cuya candidatura representa el proyecto de extrema del partido Centro Democrático y, obviamente, de su caudillo Álvaro Uribe. Pero, posicionándonos desde abajo y hacia la orilla libertaria, ¿qué pensamos y proponemos frente a la actual coyuntura?

Creemos que a estas alturas es importante abordar la discusión desde la mirada más profunda posible y superar las fórmulas facilistas o los eslóganes desgastados, que poco o nada permiten entender la dimensión real de las circunstancias, y de otro lado, solo pretenden llenar egos morales y políticos. Así, partimos de la premisa que antes de llegar a una propuesta frente a la coyuntura, debemos entender dos aristas del debate: por un lado, lo que representan los candidatos en sí y los escenarios donde cada uno sea presidente, y de otro lado, el fenómeno electoral, estatal y parlamentario en sí mismo y lo que representa para las oprimidas y el pueblo colombiano. Primero queremos empezar por hacer un recuento de las figuras que hoy centran nuestra atención:

Iván Duque es un político que poca politiquería parlamentaria ha hecho, más bien, se ha concentrado en desarrollar su carrera como agente administrativo de diversas instituciones (incluyendo el Banco Interamericano de Desarrollo y las Naciones Unidas), no en vano hace un año era un completo desconocido para la mayor parte del país, al nunca haber ocupado un cargo público a parte de senador, al cual accedió solo a través de la lista cerrada del Uribismo. Sin embargo, se ha prefigurado como uno de los líderes más fuerte dentro del Centro Democrático, especialmente, por ser considerado el cuadro del sector más joven de la bancada y su carisma mediático (jugando fútbol, haciendo retos en YouTube, tocando la guitarra, entre otras cosas). La fuerza real de Duque ha descansado sobre la tremenda maquinaria ideológica y politiquera del uribismo, que a la larga le permitió ganar la consulta para su candidatura presidencial contra Marta Lucia Ramírez (cabeza no oficial del ala dura del Partido Conservador) y Alejandro Ordóñez (líder ultracatólico en el país) con un amplio margen, y desde el comienzo, puntear en las encuestas apoyado por amplios sectores de la derecha radical. Sin embargo, la anterior contradicción no se puede explicar sino es por la mano firme que ha tenido en la campaña Álvaro Uribe Vélez, antiguo presidente por 8 años y ahora senador, punta de lanza de los sectores de extrema derecha del país y caudillo del discurso anti-izquierdista, retardatario y paramilitar. Duque es solo el títere que esconde el retorno al poder de Uribe, quien luego de ser presidente intentó gobernar a través de Santos, y al sentirse traicionado por su anterior mano derecha, logró construir una poderosa maquinaria legislativa en el congreso, donde por dos periodos será senador y es en la práctica la principal fuerza; Duque en la presidencia sería un paso más para la retoma del fascismo criollo del poder, y cuyos planes serían seguidos por un intento de unificar las cortes, retrocediendo en la historia a los tiempos en los que el paramilitarismo gobernaba el país a su antojo. Esto se ve aún más profundizado por las propuestas de Duque y quienes le rodean, enfocadas a la reducción de libertades individuales (consumo de sustancias psicoactivas, aborto y enseñanza de la sexualidad en las escuelas), agudización del neoliberalismo a través de extractivismo, y una serie de propuestas económicas y militares que pretenden retomar la llamada “seguridad democrática”, que no es otra cosa que la militarización de nuestros territorios.

En la otra orilla se encuentra Gustavo Petro. Como ya se señaló, en su juventud fue militante del Movimiento 19 de abril, donde desempeñó tareas de masas ocupando el puesto de concejal en Zipaquirá y participando en la construcción de barrios populares, por cuya labor fue apresado y torturado por el ejército, hasta salir libre y ser partícipe de los diálogos de paz entre el “m” y el gobierno nacional. Luego de ahí se enfocó en asumir cargos públicos, primero como Representante a la Cámara por Cundinamarca (y luego repetiría por Bogotá en dos ocasiones), agregado diplomático en Bélgica, posteriormente senador de la república y finalmente como Alcalde de Bogotá, siendo también candidato presidencial en el 2010. Su carrera política ha pasado por la Alianza Democrática 19 de abril, el Polo Democrático Alternativo y, luego de su renuncia a este partido por diferencias con el trato que se daba a la corrupción interna y pujas personales, fundaría el “Movimiento Progresistas” cuya plataforma electoral para la Alcaldía de la capital fue la “Bogotá Humana”, hoy transmutada a la “Colombia Humana”. A lo largo de los años no ha logrado establecer un verdadero partido político alrededor suyo, pero si un movimiento que logra captar otros partidos, capas de ciertos movimientos sociales y ciudadanistas, intelectuales de centro-izquierda y un fuerte apoyo popular, mostrado lo anterior por ejemplo cuando fue destituido de la Alcaldía capitalina y donde logró movilizar una parte importante de la ciudad hasta la vuelta a su silla. Su propuesta de gobierno es cercana a las posturas reformistas, progresistas y de centro-izquierda, enfatizando en desarrollar un modelo económico que ha llamado “capitalismo humano” y tiene como objetivo llevar a Colombia por el rumbo del desarrollo económico regional con una visión ambientalista y social más proclive a los intereses de los sectores históricamente marginados del país. Dentro de quienes lo apoyan, se encuentra sectores históricos como el Partido Comunista, la Unión Patriótica, el MAIS (partido electoral indígena), la práctica totalidad de los movimientos políticos-sociales alternativos (Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos, MODEP) y la izquierda parlamentaria con la excepción del MOIR (partido-ficha de Jorge Enrique Robledo), contando también con las más actuales adhesiones del centro (Alianza Verde y Clara López) e incluso de ciertas bases y parlamentarios liberales, santistas y fajardistas.

Queremos comenzar por analizar que implica un gobierno de cada uno de los candidatos y luego abordar el debate desde un posicionamiento para que las de abajo nos alcemos con nuestra libertad, más allá de las pujas parlamentarias:

“Al fascismo no se le discute, se le destruye”- Buenaventura Durruti

Una muy probable victoria de Iván Duque implicaría toda una aplicación de la estrategia de guerra contra quienes luchan, estrategia que ya viene de tiempo atrás y también ha aplicado al pie de la letra los 8 años del gobierno Santos, pero que Duque llevaría un paso más allá. De esa forma, un dominio total de los poderes públicos de parte del uribismo significaría la militarización de los territorios, especialmente de aquellos de interés vital para el extractivismo, donde podría profundizarse el poderío paramilitar, las masacres y el desplazamiento forzado, que ya viene recobrando fuerza desde hace años a pesar de la supuesta “paz” que vende el gobierno Santos. Un gobierno de Duque también implicaría un sabotaje total a lo que se ha logrado por medio de las negociaciones de paz en términos de memoria y reparación para las víctimas del conflicto armado, y que, aunque no creamos que dichos acuerdos solucionen de fondo los problemas de las de abajo de ninguna forma, echar un paso para atrás es aumentar la impunidad (sobre todo en torno al mismo Uribe), revictimización de los luchadores sociales y la falta de verdad para quienes aún esperan los cuerpos de sus familiares, saber quién los mató o simplemente atar cabos con las alianzas multinacionales-paramilitarismo. Además, su presidencia implicaría un retroceso en las libertades individuales que ya se han mencionado. Con Uribe-Duque en la presidencia, el marco de acción para los movimientos sociales sería muy limitado, habría toda una ofensiva judicial, mediática y militar contra las luchas populares, donde sin lugar a dudas, la respuesta popular se hará sentir muy a pesar de los activistas de campaña de Petro quienes prefieren ofrecerle al pueblo desesperanza si su candidato pierde y no alternativas para la lucha.

En caso de esa victoria, es importante redoblar esfuerzos dentro del movimiento popular para resistir a la guerra que se viene. En este punto queremos señalar que la forma de resistir no puede ser caer en los errores del pasado y darles un carácter heroico, donde el conflicto armado en Colombia no solo ha sido doloroso por culpa del Estado y su mano negra, sino también por la justificación de medios de parte de las actuales y antiguos guerrillas: debemos ser críticos con las prácticas de las insurgencias tradicionales, por lo demás, patriarcales, militaristas, verticales y donde subordinan el poder de la comunidad al poder del fusil. Para resistir a la avanzada paramilitar, que se dará con el gobierno uribista pero cuyo escenario también es muy posible si Petro ganará y la derecha pretenda hacer guerra sucia desde los territorios, proponemos apoyar, cuadrar, convocar y organizar encuentros de los movimientos sociales que tienen en su agenda y praxis la defensa del territorio, avanzando con el intercambio de saberes respecto a territorialidad y democracia desde abajo, donde sin lugar a dudas guardias populares, campesinas, indígenas, cimarronas y urbanas no armadas más que con la fuerza de la común-unidad serán indispensables para afrontar la militarización y paramilitarización, forma de lucha que a su vez promueve valores positivos de equidad, no militarismo, horizontalidad y trabajo conjunto con las comunidades. También creemos indispensable redoblar esfuerzos en la denuncia antirepresiva, por la defensa de los derechos humanos y la solidaridad efectiva nacional e internacional, así como una actitud permanente de vigilancia hacia lo que acontece en los territorios y no centrar esfuerzos en el debate parlamentario que invisibiliza la masacre que viven las que luchan hoy. En todas estas propuestas, quienes suscribimos al campo autonomista libertario, creemos indispensable nuestro papel, y, por tanto, la unidad de quienes nos pensamos prácticas horizontales, autogestionarias, antipatriarcales, ecologistas sociales y de democracia directa, será objetivo más que necesario para afrontar el paramilitarismo en el poder, aunque bien, también es tarea en caso de una victoria petrista.

“¿Saben? Uno de los engaños de arriba es convencer a los de abajo de que lo que no se consigue rápido y fácil, no se consigue nunca. Convencernos de que las luchas largas y difíciles sólo cansan y nada logran. Trucan el calendario de abajo sobreponiéndole el calendario de arriba: elecciones, comparecencias, reuniones, citas con la historia, fechas conmemorativas que sólo ocultan el dolor y la rabia.”- SupGaleano

Entendemos que para una parte importante de compañeras de lucha, movimientos sociales y sectores populares la candidatura de Petro representa un desahogo de 200 años de “historia patria” dominada por la derecha, y que la posibilidad de un candidato alternativo de ganar genera alta esperanza. Sin embargo, esa esperanza no debe convertirse en ingenuidad: la campaña de Petro, como toda campaña dentro de la disputa electoral, ha estado enmarcada en sus propuestas y quien las plantea, donde respectivamente, una cosa lleva al desconocimiento de la dinámica de lucha social y lo otro lleva a un culto a la personalidad increíble. Queremos partir por esos puntos:

Para entender el “fenómeno Petro” es importante tener en cuenta tres elementos que nos parecen claves: primero, que parte de su programa recoge las banderas de lucha que ha impuesto el movimiento social en el debate nacional y no son simplemente “buenas intenciones” del candidato; segundo, que la creciente petrista se puede explicar en parte por el momento histórico que vive el país, donde la dejación de armas de las FARC y las negociaciones de paz con el ELN han abierto una brecha dentro de la democracia burguesa donde la campaña de Petro ha recogido sectores afectados por el conflicto armado y donde en antaño la guerra hacia casi imposible el proselitismo; y tercero, que Petro en sí mismo no posee maquinaria ni un partido político fuerte, y si ha llegado donde ha llegado, no ha sido -por lo menos en una importante parte- gracias a él mismo, sino a la esperanza que depositan amplias capas populares en él.

Si analizamos los anteriores puntos, nos encontramos entonces con dos conclusiones: que los movimientos sociales en el país tienen una fuerza increíble que fácilmente se desinfla para poner energías en la disputa electoral, y que al tiempo no existe una “vanguardia” ni “hegemonía” dentro de la izquierda, y por tal razón, las consensos electorales se hacen fácil y en torno a personajes cercanos al centro como Petro, incluso, dejando de segundo lado al pueblo como protagonista de la historia nacional. Y esto lo decimos porque una parte importante de quienes le hacen campaña a Petro, deliberadamente o no, omiten mencionar que el pueblo que lucha posee esa fuerza y ha logrado instalar en el debate público discusiones como la paz con justicia social, la corrupción, la defensa del territorio, la denuncia del paramilitarismo, el respeto a la Madre Tierra o el patriarcado dentro de la sociedad, discusiones que le han costado al pueblo colombiano muertos en los paros cívicos y toda una oleada de asesinatos a sus luchadores. Pareciera que desde la Colombia Humana se quisiera reemplazar o convertir lo acumulado en las calles y veredas, por lo menos, desde hace 10 años en términos contemporáneos, por la disputa coyuntural que se da ahorita, agotando esfuerzos en “conseguir votos” y “pegar carteles”, mientras son más bien minoritarias las fuerzas alternativas que saben que allí no se debe poner todas las esperanzas, pues en caso de una victoria petrista la institucionalización de la lucha sería más bien sencilla (como en los casos que sucedieron luego de la llegada al poder del progresismo en Brasil, Bolivia, Argentina, Venezuela, Ecuador o Nicaragua en las últimos 20 años), o en caso de una victoria uribista, la desesperanza nos llevaría a una dispersión mortal con la cual sería casi imposible mantener una resistencia en el corto plazo.

Así que, en caso de que alguien que lea las presentes palabras desee votar por Petro, queremos manifestarle nuestras preocupaciones en torno a que ese voto sea acrítico e ingenuo. Debemos saber que parte de las propuestas de campaña de Petro no se realizarán, y no solo por la fuerte oposición parlamentaria que tendrá, sino porque también desde ahora y cada vez más, empezará a tranzar con sectores de centro y centro-derecha abiertamente neoliberales, lo que eventualmente lo pondrá en contra de los intereses de las de abajo y en cuyo escenario, esperamos, la fe ciega no quite el pensamiento crítico y la independencia que debe caracterizar al movimiento social. También nos preocupa una futura institucionalización de las luchas, mostrado eso por ejemplo en las referencias indirectas a ellas que realiza el candidato a la Colombia Humana (por ejemplo, citando los monocultivos de caña de Ardilla Lule, eje central de las luchas de corteros, indígenas, afros y campesinos en el sur-occidente del país) y que, al igual que en los países mencionados anteriormente, pueden llevar a que el movimiento social colombiano, fuerte desde hace unos años y que, salvo los momentos electorales, avanza a pasos de gigante con cada paro cívico y protesta social, pueda terminar dando pasos atrás y perder los horizontes anticapitalistas, ecologistas y transformativos. Sabemos también que Petro es un personaje cuestionable incluso dentro de la misma izquierda parlamentaria, que sabiendo en el terreno donde se encuentra, es lo más pragmático posible poniendo en duda su ética política: no solo ha sido figura clave en el ascenso político de personajes como Alejandro Ordóñez (de extrema derecha) o Clara López (política oportunista), sino también ha tenido el descaro de hacerle campaña a Santos en las pasadas elecciones presidenciales desde primera vuelta (dándole la espalda hasta a la izquierda que dice recoger) a sabiendas de la actitud que tiene él con las luchas sociales y lo que su gobierno ha representado para el pueblo colombiano; de esa forma, no nos extrañaría que una vez Petro en el poder preferiría negociar y tranzar con sectores cuestionables (incluso de bancadas como la de la U o liberal) que responder a los intereses populares. También queremos recordar que la gestión administrativa del Estado no implica de ninguna forma que mecánicamente las luchas se profundicen, basta solo con recordar que en su Alcaldía en Bogotá practicó un profundo “oenegecismo” que puso incluso a pelear a procesos barriales por obtener recursos, pero que al final y al cabo luego de dejar el puesto, prácticamente todas las iniciativas populares en la ciudad se vieron en “reflujo” al establecer relaciones de dependencia con el petrismo.

“No creemos que el tema esencial sea en definitiva votar o no votar. Lo que importa es lo que se hace y no lo que se vota.” – Gerardo Gatti

En resumidas cuentas, creemos que quien voté hacia el progresismo debe responder a una claridad respecto a lo que se viene, que eso no implica un “papel en blanco” para que Petro logré tener un respaldo que puede justificar muchas cosas (y ya de forma soterrada las viene justificando), sino que debe ser un voto crítico para cerrarle filas al Uribismo. Pero respecto a las tareas del movimiento popular, la “Colombia Humana” no puede reemplazar nuestra tarea histórica de tomar los rumbos de nuestros territorios y comunidades desde nuestras propias manos, de formas no-estatales y poniendo en prácticas otros muchos modelos de sociedad. Creemos precisamente que lo anterior es lo central en la discusión, por lo cual también, una postura de abstención activa que se plantee desde una militancia enfocada hacia la construcción de territorios libres y autónomos es también valiosa. Sin embargo, se pueden presentar dos casos que a estas alturas nos parecen no responden a las necesidades reales que piden las luchas a lo largo y ancho del país: de quienes votan por Petro pensando en que su gestión reemplazará lo que debemos conseguir con la lucha directa y nuestro papel es simplemente hacer valer “el derecho sagrado” de votar (pero no decidir), y de aquellas compañeras abstencionistas más bien pasivas, que aparecen a sentar posición cada 4 años y en los últimos tiempos han estado al margen de la gesta que libra el pueblo, repitiendo mecánicamente consignas vacías y prediseñadas que para quienes luchan les resulta abstractas, lejanas o simplemente pataleos.

En definitiva, la cuestión para nosotras no se encuentra en votar o no votar, sino en encontrarnos para luchar, en unir fuerzas de manera horizontal, solidaria y de abajo a arriba para lograr conseguir vida digna, respeto a nuestros territorios y autogestión social de nuestras comunidades. Y en ese camino ya estamos, y lo demuestran las banderas de lucha que todavía aún son vigentes y requieren de toda nuestra energía y esfuerzo, y que al día de hoy la respuesta de guerra del establecimiento ha dejado 370 luchadores sociales muertos que han caído en defensa de la Madre Tierra, contra el extractivismo minero-energético, defendiendo los derechos humanos de sus comunidades, resistiendo contra la guerra en sus territorios, dando la pelea por los derechos de mujeres y compas LGBTI, rechazando el militarismo y paramilitarismo del Estado; es allí donde debemos concentrar nuestras fuerzas, en la voz rebelde del pueblo, no en domesticar esa voz en manos de Petro ni alejarnos de las luchas.

En ambos casos, la tarea que nos queda es encontrarnos y caminar a través de las afinidades. A pesar de una relativa dispersión de los movimientos sociales en el país, es imposible negar que una nueva etapa de luchas se han abierto y esas gestas ya se vienen dando a grandes pasos, algunas incluso poniendo en práctica principios libertarios; es tarea nuestra estar allí, promover y construir la autonomía comunitaria y desde abajo, en miras hacia una forma de organización social y territorial que sea antipatriarcal, ecologista y horizontal, donde se promuevan valores anticapitalistas, no-parlamentarios y de solidaridad.

En esa lucha ya estamos, y con todas nuestras fortalezas y deficiencias, procuramos que por allí camine nuestra praxis. Respecto a la palabra frente a la actual coyuntura, solo nos queda invitarles e invitarnos a luchar, a encontrarnos, a juntarnos, a empeñar la palabra de que abajo nos encontramos y nos encontraremos.

Rebeldía Contrainformativa
Centro de Comunicación y Educación Popular – Enraizando

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