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Palestina: el derecho a la resistencia en la era de la “Guerra contra el Terror”

category mashriq / arabia / iraq | imperialismo / guerra | opinión / análisis author Wednesday March 04, 2009 08:49author by José Antonio Gutiérrez D. - Hombre y Sociedad Report this post to the editors

Artículo aparecido en el número 24 de la revista comunista anárquica chilena Hombre y Sociedad (Segunda Época), Invierno del 2009.
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Palestina: el derecho a la resistencia en la era de la “Guerra contra el Terror”

Los brutales bombardeos del Estado de Israel a la población de Gaza, horrorizaron al mundo y recordaron que el Estado de Israel en su política guerrerista siempre es capaz de sorprender al mundo con nuevas atrocidades. Por cierto, las causas de esta agresión, como siempre fueron obscurecidas por los medios serviles que mintieron deliberadamente al decir que Hamas violó la tregua al disparar cohetes desde Gaza, cuando en realidad, la tregua fue violada por Israel con bombardeos “selectivos” a Gaza el 4 de Noviembre para asesinar a militantes islamistas. De igual manera, se habla del lanzamiento de cohetes sin contextualizarlos como lo que son: una respuesta desesperada al embargo brutal impuesto por Israel y la “comunidad internacional” a Gaza desde el 2005. No es mi intención, empero, hacer un pormenorizado recuento de los eventos… Digamos solamente que los bombardeos costaron la vida de 1,300 palestinos, incluidos 412 niños, y que destruyeron 2.400 casas, así como 29 escuelas y 121 locales comerciales. Hamas en cambio perdió tan sólo 48 combatientes, la Jihad Islámica perdió 34, los Comités de Resistencia Popular perdieron 17 combatientes y el Frente Popular para la Liberación de Palestina, perdió 1 combatiente.

De estas cifras se desprenden al menos dos conclusiones que es importante destacar:

1. La primera, es que aunque los imperialistas y reaccionarios de todos los colores (la Unión Europea, EEUU, Liga Árabe, etc.) se alboroten cuestionando a Israel que su ataque fue una “respuesta desproporcionada” al lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza –que de otra manera, sin “excesos”, hubiera sido una acción “justificada”- esta visión oculta el hecho que, en lo medular, la agresión Sionista no fue dirigida hacia los combatientes sino que hacia la población en general. Ciertamente hubo combates y bombardeos dirigidos hacia objetivos militares, pero los principales objetivos fueron deliberadamente los civiles: la estrategia que perseguía Israel era, de esta manera, volcar a la población de Gaza en contra de Hamas, organización a la cual culparían de manera automática por llevarlos al “holocausto”. No estamos, por tanto, ante una reacción “desproporcionada”, sino ante un plan fríamente calculado que convirtió a los civiles en el objetivo primordial de los ataques, incluidas las instalaciones de la Cruz Roja y de la ONU. Estamos por tanto ante un crimen de guerra de carácter deliberado.
2. Que, al contrario de lo que Israel esperaba, la resistencia armada demostró que la agresión Sionista enfrentó una plataforma bastante representativa del espectro político palestino, y no se enfrentó a un Hamas aislado.

Sobre el objetivo de volcar a los habitantes de Gaza contra Hamas, podemos decir que el fracaso fue rotundo: a los pocos días de terminada la ofensiva, miles de palestinos salieron a la calle a celebrar el derecho a la resistencia en actos convocados por el movimiento islamista. Hamas, además, se encontraba con su estructura militar intacta, en capacidad de seguir lanzando cohetes Qassam en contra de Israel y con un número de bajas bastante menor al que podía esperarse de un enfrentamiento directo en contra de la cuarta potencia militar en el mundo. Pero no solamente eso: el prestigio de Hamas aumentaba exponencialmente en Cisjordania, donde una desprestigiada Autoridad Palestina liderada por los corruptos y dóciles dirigentes de Fatah, se limitaba apenas a reprimir las acciones de protesta y solidaridad con Gaza. Su prestigio no solamente creció entre los palestinos sino que en todo el mundo árabe por igual.

Los ataques contra Gaza, en cambio, debilitaron y desacreditaron enormemente a la Autoridad Palestina, el principal aparato de control Sionista hacia los palestinos, presidida por el servil Abu Mazen (Mahmoud Abbas) y su movimiento Fatah, siendo su actual situación verdaderamente penosa. Fatah, además, quedó aislado mientras la resistencia palestina unía en la lucha a militantes de todas las facciones palestinas. Si algo logró Israel, fue dejar a su aliado palestino aún más solo y fortalecer la unidad de las demás facciones.

Conciente de esto, la “comunidad internacional”, es decir, los países que se unen al carrusel de garrote y zanahoria diseñado por Washington, han decidido el lunes 2 de marzo en la conferencia de Sharm el-Sheik, enviar un nuevo paquete de ayuda a Gaza, pero el cual debe ser administrado por Fatah. Esta movida no es sino una forma muy cínica de buscar reforzar al alicaído Abbas y de seguir con la campaña para arrinconar a Hamas. Ahora, la ofensiva militar será seguida de la utilización de la asistencia “humanitaria” como un arma más de esta guerra prolongada en contra de la resistencia palestina.

La persistencia Sionista refuerza las fuentes de la resistencia

Pero la lucha en contra de la resistencia palestina es una lucha de antemano perdida. Por un lado, debido a que Israel, a los ojos del mundo, perdió toda legitimidad. El mundo miró con horror como el Estado Sionista se ensañó con particular sadismo en contra del pueblo palestino en una serie de crímenes de guerra injustificables. La acción bélica sionista reactivó el movimiento de solidaridad con Palestina y de paso desacreditó a tal punto a Israel, que el agresor tuvo que exorcizar el viejo espectro del ”anti-semitismo” como una torpe manera de contrarrestar la creciente oposición internacional a sus acciones: sus contradictores han sido indiscriminadamente (y torpemente) acusados de anti-semitas. Pero a la vez es una lucha perdida, pues ahora resulta más evidente que nunca que no hay otra vía que la combinación de formas de lucha en contra de la ocupación, desde las formas de lucha de masas no violentas, hasta la lucha armada. La resistencia hoy está más viva y presente en la agenda que nunca.

Es importante de destacar que el pueblo palestino ya ha sufrido tanto, ya ha presenciado tanta bestialidad por parte de los Sionistas, ha visto tantas veces a sus hijos desmembrados y masacrados, hijos criados con infinito amor filial solamente para ser consumidos por el fósforo blanco y reventados por bombas de racimo, han sido testigos de tanto horror, que han perdido toda noción de miedo. Y han comprendido que del enemigo israelí solamente pueden esperar la violencia más desmedida y brutal, ante cualquier forma de protesta, sea ésta violenta o no-violenta. Esto ha quedado en claro desde el inicio de la primera Intifada en 1988, la cual comenzó como un movimiento de masas palestinas desarmadas, y sin embargo, terminó con un grotesco espectáculo de tanques Merkava destrozando a una población que no tenía más que piedras para resistir. Desde entonces, ha quedado claro que el único camino para la liberación palestina es la resistencia por todos los medios, de masas, no-violenta, armada.

También ha quedado en claro que no importa cuántas concesiones haga el pueblo palestino, el proyecto del “Gran Israel” incluye, necesariamente, la desaparición de cualquier resabio de territorios palestinos del mapa. Por tanto, ninguna concesión será suficiente. Esto quedó claro desde el proceso de paz iniciado en Oslo en 1993, en el cual la dirigencia palestina, encarnada en la OLP, “reconoció” a Israel y favoreció la solución de dos Estados: uno para los palestinos y otro Estado sectario donde los “judíos” seguirían siempre siendo mayoría. Este “reconocimiento” de Israel, un Estado fundado sobre la limpieza étnica, el genocidio, la usurpación de tierras y el desplazamiento forzado de 750.000 palestinos, dicho sea de paso, era uno de los pre-requisitos impuestos por la “comunidad internacional” a la causa palestina.

¿Por qué aceptar el derecho a existir de un Estado terrorista?

La escalada de agresiones contra los palestinos por parte de Israel, la expansión de los asentamientos Sionistas en Cisjordania y la construcción del muro del “apartheid”, todo esto ante una “comunidad internacional liderada por EEUU y la UE que permanece inconmovible ante el horror vivido en Palestina, demuestran de manera inequívoca que el “reconocimiento” de Israel no sirve para nada.

Consecuentemente, cada vez son más las voces (no solamente entre quienes apoyan al movimiento islamista Hamas, sino entre los sectores nacionalistas o que vienen de la izquierda socialista) que cuestionan el proceso iniciado con los Acuerdos de Oslo y que cuestionan lo que se oculta detrás del tan cacareado “derecho a existir” de Israel, verdad machacada como un dogma por europeos y norteamericanos y agitada histéricamente por la memoria del Holocausto. Esta verdad “incuestionable” a los ojos de las grandes potencias (y que es esgrimida como el principal argumento para no aceptar negociaciones con Hamas) invisibiliza la discusión de ciertas cuestiones de fondo: ¿Por qué tendría Hamas, o cualquier palestino, el derecho a existir de un Estado racista, sectario, fundado sobre la base de la supremacía judía? ¿Por qué tendrían que aceptar un Estado que excluye, que ocupa militarmente sus territorios, que los hambrea, que los bombardea, un Estado militarista y fascistizado? ¿Por qué aceptar un Estado fundado sobre el desplazamiento forzado de palestinos mediante el terrorismo de las bandas sionistas de Irgún y Lehi? ¿Por qué aceptar un Estado colonialista, que practica un régimen de exclusión comparable al apartheid sudafricano?

Esto nos lleva nuevamente a la cuestión medular: la lucha del pueblo palestino es una de las últimas luchas anti-coloniales que subsisten en el mundo, y no puede solucionarse sencillamente mediante la creación de una nueva entidad estatal fundada también sobre bases sectarias. La solución de la cuestión palestina pasa por reconfigurar completamente el mapa político de la región. ¿Cómo debiera ser ese proyecto de regeneración palestino? No hay respuestas claras, pero ciertamente, el pensamiento libertario tiene mucho que aportar, como el movimiento anarquista israelí-palestino ya lo está haciendo gracias a la iniciativa de la lucha conjunta en contra del muro, en algunas comunidades como B’ilin, N’ilin, etc.

La persistencia de la lucha anti-colonial

Pero siendo una lucha colonial, no podemos caer en el error de ciertos anarquistas europeos que esperan que la liberación del pueblo palestino se dé por un “súbito” cambio de corazón de la “clase obrera” israelí (la cual constituye el sector más anti-palestino de todos), que algún día “entenderán” que tienen “más en común” con los palestinos oprimidos que con sus propios gobernantes (¡cómo si estuviéramos ante un sencillo problema de clases y no ante una lucha mucho más compleja que incorpora aspectos de opresión específicamente nacionales y raciales!*). Esto no es más que ingenuidad mecanicista que ignora por completo las relaciones objetivas y subjetivas que instalan en la población los contextos coloniales: con un 95% de la población israelí apoyando la masacre de Gaza, es difícil esperar tal cambio de corazón. Al igual que el mundo no esperó a que la clase trabajadora blanca se uniera a la lucha de los negros en Sudáfrica, es casi criminal esperar de brazos cruzados a que los trabajadores israelíes se unan a sus “hermanos” palestinos (a los que consideran inferiores a un perro) antes de tomar partido en esta lucha anti-colonial. La resistencia al colonialismo se justifica y tenemos que apoyar ese derecho a la resistencia, aún así no apoyemos el programa político de quienes resisten. Esto es vital, principalmente ante la criminalización de toda forma de resistencia impuesta desde Washington durante la mal llamada “Guerra contra el Terror” –la cual, pese a las derrotas de Bush, ha dejado una impronta profunda en la política internacional.

Hay que defender el derecho a la resistencia por todos los medios, desde el boicot a los productos israelíes, las movilizaciones de masas, protestas pacíficas y conjuntas de israelíes-palestinos contra el Muro, pero también la lucha armada en contra de un agresor que se encuentra armado hasta los dientes, y que recibe ayuda militar de todo el mundo, mientras la hipócrita ”comunidad internacional” exige a Hamas y a la resistencia palestina que se desarme y apoyan un embargo selectivo en contra de la víctima y no de su victimario.

Como alguna vez dijo un líder Sionista, el proyecto del Estado de Israel jamás será aceptable para los árabes por la sencilla razón de que si los israelíes estuvieran en la situación de los árabes, ellos tampoco lo aceptarían. En consecuencia, deducía que la única manera de resguardar el proyecto era mediante la construcción de un “muro de hierro” que se refería al poderío bélico de Israel como un elemento disuasivo. No solamente Israel se erigió en la cuarta potencia mundial militar, sino que ha llevado esta lógica al pie de la letra construyendo un muro de concreto en torno a los palestinos. Pero lo fundamental, sigue siendo este “muro de hierro” –que no se refiere tan sólo al ejército como un aparato represivo de Estado, sino que más relevante es que el ejército se ha vuelto primordialmente en un aparato ideológico de Estado. La militarización de Israel es absoluta, invadiendo lo hondo de la mente de sus ciudadanos. ¿Cómo romper ese muro? ¿Con llamados a la unidad de clase? ¿Con súplicas humanitarias? ¿O demostrando que ese poder de disuasión, justificación última de su existencia, no es tal? Sin una estrategia armada que dé golpes, por modestos que sean, a este muro de hierro, veo muy difícil que la mentalidad israelí pueda cambiar- de igual manera, creo que el nivel de rechazo que en los EEUU encuentra la guerra de Irak no sería tan alto de no ser por los golpes incesantes dados por la resistencia armada iraquí. Y defender la necesidad de una estrategia de lucha armada, no significa aceptar una línea militarista que es algo bien distinto, incluso suicida, dada la asimetría de las partes en conflicto. La principal iniciativa, como lo demostró la exitosa Intifada de 1988 debe recaer en la lucha de masas, en la lucha popular (capitalizada entonces políticamente por los más corrupto de los sectores dirigentes palestinos, lamentablemente).

Pero la resistencia está nuevamente en la agenda y demuestra que ha pasado el cuarto de hora de quienes querían entender a Gaza como un problema sencillamente “humanitario”, vaciado de contenido político. En palabras de Yassin-Kasab:

Basta de toda la palabrería sin sentido sobre procesos de paz. Puede que la paz sea buena, pero ni está, ni ha estado, en la agenda. Es hora de construir una nueva Organización para la Liberación de Palestina, tan representativa, como sea posible, de todos los palestinos, tanto de los islamistas como de los seculares, de aquellos que viven en las tierras usurpadas en 1948, así como en aquellas usurpadas en 1967, y de aquellos en el exilio. La Autoridad Palestina debe ser abolida, y la farsa de la Ruta a la Paz acordada en Oslo debe ser oficialmente abandonada. Los palestinos entonces deben decidir cuáles serán sus objetivos y estrategias. La solución de los dos Estados no es una solución real. Hay mucho por hacer. Y todos los palestinos debieran hacer ambiente a esta nueva organización”**.

Y los pueblos del mundo deben apoyar esos esfuerzos.

José Antonio Gutiérrez D.
4 de Marzo del 2009


* La interrelación entre el capitalismo y la opresión nacional amerita un ejercicio de desarrollo aparte y no hay espacio en este artículo para hacerlo. Pero al igual que con la cuestión de género, por resaltar la necesidad de tener a la lucha de clases como un aspecto fundamental y central de nuestra política, caemos en generalizaciones y fórmulas abstractas que son completamente erróneas: como decir que una mujer de la burguesía no es oprimida, cuando en realidad, no es tan oprimida en relación a una mujer de la clase trabajadora, pero sí sufre de formas específicas de opresión en relación a los hombres de su propia clase social. De igual manera, no dejé de sorprenderme con afirmaciones torpes de ciertos anarquistas que decían “lamentamos las víctimas DE LA CLASE TRABAJADORA del bombardeo de Gaza” (¡!) ¿Acaso las bombas de fragmentación israelíes distinguían la clase social de sus víctimas? ¿Es que acaso si los niños reventados por las bombas sionistas eran hijos de un ministro de Hamas –como efectivamente ocurrió- nos debieran causar indiferencia o eran menos criminales? Igualmente torpes me parecen las condenas vagas que buscaban “empatar” a Hamas con el Sionismo –acá un lado era el agresor, y otro lado el agredido. Independientemente de lo que une opine del programa político de esta organización, nada justifica este crimen de guerra.

**(La Opción de la Resistencia, Robin Yassin-Kassab, Electronic Intifada.

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