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Coyuntura Política en Venezuela: Crisis, Tendencias y el Desafío de la Independencia de Clase

category venezuela / colombia | miscellaneous | portada author Saturday June 25, 2016 22:02author by Víctor Vallejos & Juan Williams - Solidaridad - Federación Comunista Libertaria Report this post to the editors

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El presente artículo, constituye un humilde intento de aportar a un balance crítico del proceso de cambio en Venezuela y su situación política actual. No pretende ser un documento exhaustivo y reconocemos que presenta limitaciones teóricas. Nuestro análisis parte de una mirada abiertamente militante, que echa raíces y se reconoce en el comunismo libertario. Gran parte de estas reflexiones, surgen a partir de una serie de entrevistas a militantes y organizaciones sociales y políticas venezolanas, las cuales fueron realizadas en Caracas y en el Estado de Lara, durante el mes de febrero de este año.


Coyuntura Política en Venezuela:
Crisis, Tendencias y el Desafío de la Independencia de Clase

El presente artículo, constituye un humilde intento de aportar a un balance crítico del proceso de cambio en Venezuela y su situación política actual. No pretende ser un documento exhaustivo y reconocemos que presenta limitaciones teóricas. Nuestro análisis parte de una mirada abiertamente militante, que echa raíces y se reconoce en el comunismo libertario. Gran parte de estas reflexiones, surgen a partir de una serie de entrevistas a militantes y organizaciones sociales y políticas venezolanas, las cuales fueron realizadas en Caracas y en el Estado de Lara, durante el mes de febrero de este año.

En los últimos 17 años, Venezuela ha experimentado un proceso de transformación social de avanzada para el contexto internacional que, junto con situar nuevamente al socialismo como horizonte a conquistar, ha permitido la politización y el desarrollo de un extenso movimiento popular -de raíces históricas profundas que exceden ampliamente a la irrupción de Chávez en el año 1992- apostando además, a una integración latinoamericana que aunque se ha dado principalmente por “arriba” -entre Estados y gobiernos- logró instalar en lo discursivo la necesidad de formar un polo revolucionario desde América Latina y de romper con la hegemonía de los Estados Unidos en la región.

No obstante, como todo proceso real, el venezolano también ha estado atravesado por múltiples contradicciones. Si bien el gobierno bolivariano logró impulsar una política redistributiva que permitió destinar parte significativa de la renta petrolera hacia la mejora en las condiciones de vida de amplias capas de la población, en estos 17 años no se han dado pasos claros hacia la superación bajo perspectiva socialista del modelo rentista petrolero[1]. El ejecutivo ha quedado atrapado entre políticas que han apuntado a un capitalismo de estado[2] y la conformación de alianzas con sectores de la burguesía “productivista”, estrategias que han fracasado en su objetivo de diversificar la matriz productiva del país y que le han costado caro al movimiento popular en términos de la pérdida de su autonomía frente al empresariado y al Estado.

El carácter del Estado en Venezuela tampoco se ha modificado de manera sustancial. En un primer momento, el chavismo logró desplazar del centro del poder político -mas no del poder económico- a la vieja oligarquía tributaria del pacto de punto fijo[3], avanzando además, en la institucionalización de espacios de participación abiertos al protagonismo popular, lo que en un contexto de avanzada del pueblo movilizado, permitió vislumbrar la posibilidad de ir superando las lógicas de la democracia representativa tradicional. No obstante, en la medida que el campo popular cedía terreno[4] como fuerza movilizadora y autoorganizada, se terminó consolidando una estructura estatal burocrática, clientelar y permeable al surgimiento de sectores identificados con el chavismo, o ligados en forma oportunista a este, los cuales usurparon la riqueza colectiva y se enquistaron en posiciones de poder en pos de la defensa de sus propios intereses de clase[5].

Por otra parte, la muerte de Chávez sacó a la luz otro de los problemas que arrastra el proceso venezolano. La pérdida de claridad estratégica y de iniciativa política que se evidencia desde ese momento refleja la ausencia de una dirección colectiva, posibilidad ahogada en un primer momento por el liderazgo apabullante ejercido por Chávez, elemento constantemente reforzado en el marco de una cultura política caudillista, característica arraigada en la historia del país caribeño[6].

1.1. La situación económica

Como mencionábamos previamente, el rentismo petrolero es uno de los principales rasgos de la economía venezolana. Esto es, que Venezuela capta del mercado internacional una cantidad enorme de valor no producido en el propio país. La venta del petróleo supera holgadamente el 90% de las exportaciones del país, constituyendo la principal entrada de divisas en dólares. Esta condición monoexportadora ha sido así desde hace muchísimo tiempo antes del chavismo y fue determinando el sesgo parasitario de su burguesía[7], la cual ha dependido de manera directa del traspaso de parte de la renta petrolera bajo la forma de subsidios para la importación y producción.

Uno de los grandes logros del gobierno bolivariano fue haber nacionalizado realmente la producción petrolera y redistribuir los excedentes a amplias capas de la clase trabajadora[8], excluida hasta ese momento de tales recursos. Esto permitió la aplicación de fuertes políticas sociales que elevaron el nivel de vida y la dignidad del pueblo trabajador.

No obstante, esto no implicó desplazar la condición hegemónica de la burguesía sobre la economía del país, al punto de mantener prácticamente intacta la preeminencia del sector privado en este ámbito[9]. De hecho, el mismo proyecto bolivariano, le asigna al empresariado “nacionalista y productivo” un rol importante dentro del proceso de cambio[10].

Por otro lado, el alto precio del petróleo durante la década de los 2000, permitió aumentar la acumulación de parte importante de la burguesía venezolana al mismo tiempo en que se aumentaba fuertemente el gasto social. Esta repartición de la renta tanto para la burguesía como para la clase trabajadora -llamada equilibrio distributivo entre las clases por el economista uruguayo Rodrigo Alonso[11]-, es la que se volvió insostenible desde que comenzó a bajar el precio internacional del petróleo, sobre todo a partir del año 2012. La creciente demanda interna -dependiente de las importaciones y, por lo tanto, de divisas- y los cada vez menores ingresos en dólares al país provocados por la baja del precio internacional del petróleo, son la base material del ciclo inflacionario del país. Por su parte, el ‘bachaqueo’, el acaparamiento y el contrabando constituyen fenómenos secundarios que agravan la inflación, pero que en primer lugar están incentivados por ella al volverse más rentables estas prácticas[12].

En tal sentido, la actual crisis económica debe ser entendida como el límite del propio capitalismo rentista venezolano para sostener procesos de inclusión y elevación del nivel de vida de la clase trabajadora, mientras paralelamente la burguesía mantiene tasas de ganancias elevadas y no como el fracaso de una experiencia socialista que no ha sido tal todavía[13]. De hecho, las discusiones frente a las posibles salidas apuntan todas a la necesidad de cortar este equilibrio distributivo entre las clases, ya sea haciendo pagar a la clase trabajadora o a la burguesía el costo de la crisis. Por una parte, hay quienes apuestan por las típicas medidas de ajuste neoliberal (reducir el gasto social, liberación de precios, precarización laboral, etc.). Y por otra, se plantea un avance en sentido expropiador (control del comercio exterior, nacionalización de la banca y de empresas estratégicas, aumento de la carga impositiva a la burguesía y sobre todo fin a sus subvenciones). Esto, con mayor o menor énfasis en el control popular de tales medidas, pero siendo el gobierno y otros poderes del Estado quienes deberían protagonizar las intervenciones.

En todo el espectro de fuerzas en disputa, existe plena conciencia del catastrófico costo político que traería la aplicación de las medidas de ajuste. Además, ya sea si se descargan los costos de la crisis a la clase trabajadora o la burguesía, se asume que el nivel de conflictividad entre las clases necesariamente aumentará. Estos últimos años, el aumento de la deuda pública y la emisión de bonos soberanos han suplido la carencia de entrada de divisas, pero esto solo ha permitido ganar tiempo[14]; tiempo que también se está agotando.

1.2. La situación política:

La derrota del chavismo en las elecciones de la Asamblea Nacional el 6 de diciembre fue contundente e inesperada en su magnitud. Aunque la compleja situación económica hacía prever que el resultado no sería favorable para el PSUV, ni en la derecha se imaginaban que ganarían con tanta holgura la mayoría de la Asamblea Nacional. No obstante, al mirar los resultados con atención, si bien se profundiza la tendencia del oficialismo a perder apoyo electoral, esto tampoco se ha traducido en un crecimiento significativo de la oposición. Si se compara la elección del 6 de diciembre del 2015 con la elección presidencial del 2013, el chavismo perdió cerca de 2 millones de votos (un 26,2%), pero la derecha sólo creció en 343.434, es decir un 4,6%. Si a esto le agregamos el alto porcentaje de votos nulos[15] (4.77%, casi el triple de votos nulos que en la elección parlamentaria anterior), la tesis del “voto castigo” como expresión de sectores chavistas descontentos con la conducción del gobierno, adquiere sentido.[16]

Este descontento con el gobierno, manifestado en las votaciones no se explica exclusivamente por la escasez de productos básicos o la inflación. Venezuela vivió una crisis económica comparable en el periodo comprendido entre el golpe de abril del 2002 y el paro petrolero de fines de ese mismo año, el cual se extendió hasta principios del 2003. Si bien aquella situación fue más breve, en ese momento la devaluación de la divisa y la contracción de la economía fueron enormes[17] y aun así la población mantenía un apoyo fuerte al gobierno, representado en la consigna “con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”. De hecho, fue justo un momento en que la movilización popular en respuesta al golpe permitió radicalizar el proceso, tomar control de empresas estratégicas y ganar terreno en distintas instituciones. Justo lo opuesto que ha ocurrido ahora, cuando luego de una nueva arremetida violenta por parte de la derecha expresada en las “guarimbas” del 2014, se impulsaron una serie de mesas de diálogo que llevaron a que el gobierno cediera y se abriera a poner a disposición del empresariado venezolano, recursos adicionales en dólares[18] y mayores facilidades para sus importaciones y exportaciones; todo ello supuestamente para fortalecer la capacidad productiva del país. Esta tendencia se ha ido profundizando y como botón de muestra tenemos la creación del Consejo Nacional de Economía Productiva compuesto principalmente por empresarios y la nominación como vicepresidente de economía productiva al ex presidente del gremio empresarial Fedeindustria Miguel Pérez Abad, quien estará al mando del Ministerio de Economía Productiva[19].

La derrota electoral del oficialismo no solo le abrió la posibilidad a la derecha de desmantelar las políticas redistributivas del gobierno bolivariano,[20] sino también, le permitió volver a plantear abiertamente la salida de Maduro antes que termine su mandato. Si a esto le sumamos la pérdida de liderazgo de Maduro al interior del oficialismo y la ineficacia de las medidas impulsadas desde su gobierno para superar la crisis económica, se configura un escenario en donde amplios sectores coinciden en la posibilidad cierta de que el PSUV con Maduro a la cabeza, pierda el ejecutivo en el corto plazo.

En ese contexto, parte considerable del PSUV y del gobierno están impulsando una política de acercamiento y negociación con sectores del empresariado “productivo”, buscando profundizar una alianza con este sector de la burguesía como herramienta que les permita superar la crisis económica y estabilizar la situación política. Esto, intentando agudizar las supuestas contradicciones entre esta burguesía “productivista” y su par “parasitario”.

Al mismo tiempo, los sectores más lúcidos de la derecha, acarician la posibilidad de una transición pacífica y negociada, que les permita recuperar el ejecutivo evitando mayores niveles de conflictividad y agudización de las contradicciones de clases, apostando a que las primeras medidas de ajuste económico típicamente neoliberales comiencen a impulsarse durante el gobierno de Maduro. Esto, por la incapacidad de la oposición de derecha de superar sus divisiones internas y recuperar el liderazgo político que mantuvo en otras décadas. Al decir del profesor Roberto López Sánchez: “Un eventual ascenso de la derecha pro-imperialista tendría escenarios de ingobernabilidad muy superiores a los que haya podido afrontar el chavismo en estos años[21]”.

La priorización de la alianza con la burguesía arrastra consigo el deterioro en la correlación de fuerzas para el campo popular, lo que se expresa además, en la agudización de las contradicciones entre sectores de avanzada de la clase trabajadora y el gobierno bolivariano. Como botón de muestra podemos mencionar el conflicto que protagonizan los trabajadores de la Empresa de Propiedad Social Directa Comunal (EPSDC) “Proletarios Unidos” en conjunto con la comuna Pío Tamayo en la ciudad de Barquisimeto, Estado de Lara.

La EPSDC “Proletarios Unidos”, surge a partir de la iniciativa de los trabajadores de la cervecería de capitales brasileños Brhama, quienes frente al abandono injustificado de la empresa por parte de sus anteriores dueños, deciden no aceptar el finiquito que les ofrecían y optan por ocupar la fábrica bajo la perspectiva de hacerla producir en forma autogestionada. A partir de ese momento, los trabajadores se ven obligados a resistir y enfrentarse no solo a los antiguos dueños de dicha fábrica, sino también, a la gobernación de derechas de Lara y a los funcionarios que dentro del gobierno socavan y obstaculizan la posibilidad de que el proyecto de “Proletarios Unidos” se consolide. En ese proceso, los trabajadores se articulan con los comuneros de “Pío Tamayo”, quienes también han sido protagonistas de una interesante experiencia de construcción de poder popular de carácter territorial y productivo.

No obstante, pese al enorme potencial que evidencia el esfuerzo de los trabajadores de la ex Brhama y la comuna de Pío Tamayo, el gobierno se ha abierto a la posibilidad del traspaso de la fábrica al grupo Cisneros, propiedad de uno de los más grandes empresarios de Venezuela, miembro de la Barrick Gold Corporation[22]. Lo anterior se basa en el supuesto de que una alianza con este grupo económico exponente de la burguesía “industrial”, le permitiría al gobierno mermar el poder económico de Lorenzo Mendoza, presidente de empresas Polar, grupo que actualmente hegemoniza el mercado de las cervezas y de la alimentación en Venezuela.

Esta situación es homologable a la que experimentan otras empresas que intentan ser autogestionadas por sus trabajadores en alianza con organizaciones populares articuladas en las Comunas. En la misma ciudad de Barquisimeto, empresas de propiedad social directa comunal como Beneagro y Alfareros del Grez, han visto obstaculizado su desarrollo no sólo a causa del boicot empresarial, sino también, producto de las lógicas burocráticas del Estado venezolano y la política de alianza del gobierno con sectores de la burguesía.

1.3. El ‘Factor Pueblo’[23]: la clase trabajadora como motor de cualquier transformación

No cabe duda que el proceso Bolivariano, con sus contradicciones incluidas, ha permitido la politización de amplias capas de la población además del desarrollo de verdaderas experiencias de poder popular. Con estas últimas nos referimos a las comunas[24], a las empresas bajo control obrero, a expresiones de autoconstrucción en los barrios, entre otros espacios tanto urbanos como rurales[25]. Lamentablemente, estas genuinas organizaciones de la clase trabajadora distan mucho de ser hegemónicas en el país caribeño. Más bien, se trata de organizaciones que han debido sortear y sobreponerse a la promoción de relaciones clientelares que han sido facilitadas por la entrega de ingentes recursos económicos desde el gobierno. De hecho, a lo largo de los años, estas relaciones fueron apaciguando la iniciativa política de muchas otras expresiones de clase.

Creemos que es la fuerza del pueblo trabajador -factor decisivo para impulsar hacia un sentido revolucionario la actual crisis- la que se ha perdido de vista desde miradas superficiales que entienden que el futuro del proceso se juega exclusiva o principalmente en el ámbito gubernamental o en las instituciones del Estado.

Como lo relata López Sánchez[26], por lo menos desde mediados del siglo XX y en términos generales, la izquierda venezolana ha adolecido de la capacidad de acoplarse a los tiempos propios del desarrollo de la clase trabajadora. Esto se ha expresado en que se ha privilegiado la construcción de relaciones instrumentales con la clase trabajadora, relegándola al mero apoyo electoral o al seguimiento de incursiones de carácter vanguardista y foquista, es decir, como masa de maniobra[27].

No obstante, si observamos la historia venezolana reciente, fue la respuesta más o menos espontánea del pueblo trabajador la que cambió las correlaciones de fuerza para detener el golpe de abril del 2002, abriendo con ello un escenario distinto tanto para Venezuela como para el continente. En este caso, ni los golpistas ni el propio gobierno bolivariano consideraron que el pueblo trabajador sería quien finalmente inclinaría la balanza hacia la profundización del proceso de cambio. Asimismo, fue la participación de ese mismo pueblo y la capacidad operativa de los trabajadores de PDVSA los que permitieron reanudar la producción en el contexto del golpe petrolero de 2002-2003 a pesar de la incredulidad de los gerentes golpistas[28]. Para ese momento la conducción chavista ya tenía prevista una respuesta organizada al golpe, la cual pudo apoyarse en el respaldo popular, siendo particularmente llamativo el rol que cumplieron los círculos bolivarianos.

Justamente, luego de la coyuntura de 2002-2003, es cuando se desató con mayor fuerza la autoorganización de la clase trabajadora, bajo formas diversas y enormemente masivas y donde la juventud y la mujer adquirieron un nuevo protagonismo. Este proceso tuvo su auge y un progresivo declive después del 2006-2007. Se trate de las masivas redes de medios comunitarios agrupados en ANMCLA[29], de la renovación sindical que supuso la creación de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) frente a la descompuesta CVT (Confederación de Trabajadores de Venezuela) o la creación de los Consejos Comunales como formas de auto-administración territorial; todos debieron enfrentarse al problema de la independencia frente al gobierno. Ello suscitó los quiebres de algunas de estas organizaciones (como ANMCLA), la desaparición y el virtual reemplazo de otras (como la UNT por la Confederación Bolivariana Socialista de los Trabajadores, CBST) o de la aceptación clientelar de otras (como la mayoría de los Consejos Comunales, que al día de hoy son principalmente herramientas para percibir renta). La no resolución de este problema desde una perspectiva de independencia de clase es la raíz de lo que algunos identifican como el declive de este proceso auto-organizativo.

Al día de hoy la clase trabajadora de Venezuela todavía cuenta con múltiples y variadas organizaciones con importante capacidad de lucha y combate. Una de las más interesantes es la articulación entre organizaciones comunales con control efectivo del territorio, las cuales representan auténticas expresiones de poder popular. Sin embargo, es claro que estas y otras organizaciones se encuentran a la defensiva[30]. Lo más preocupante es que en los posibles escenarios futuros se encontrarán todavía más asediadas.

1.4. Tendencias actuales

Por el momento, es claro que las medidas impulsadas por el gobierno de Maduro no han logrado abrir un camino que permita la superación de la crisis económica[31] en curso, afectando con ello a millones de miembros de la clase trabajadora venezolana incluidas sus capas más acomodadas. Son ellos y ellas quienes sufren cotidianamente la devaluación de sus salarios, la escasez de medicinas y la dificultad para conseguir alimentos y artículos de primera necesidad.

Por su parte, el bloque opositor empuja una estrategia marcada por un delicado equilibrio entre una posición de fuerza en las calles -con marcados tintes fascistas[32]- que obligue a Maduro a salir del ejecutivo y, una tardía apuesta por un referéndum revocatorio en el marco de la constitución bolivariana. Este eventual referéndum debiese ejecutarse durante el 2016 para que se convoque a nuevas elecciones y la derecha pueda retomar el poder político por la vía electoral.

A nivel internacional, esta estrategia se articula con el rol que juegan los Estados Unidos y las derechas de otras latitudes. La constante infiltración de paramilitares colombianos con el objetivo de aumentar los niveles de violencia y generar una situación de caos es una de sus apuestas más peligrosas si consideramos además los constantes llamados a la aplicación de la carta democrática de la OEA[33]. Sumados, ambos elementos amenazan con la posibilidad de una intervención militar extranjera. Esto no quiere decir que la intervención necesariamente vaya a ocurrir, pero la amenaza constituye en sí misma un elemento de presión.

En ese contexto, desde el gobierno de Maduro se ha ido profundizando la política de alianza con sectores del empresariado ‘industrial’, a la vez que ha ido adquiriendo rasgos cada vez más autoritarios expresados en el fortalecimiento de los lazos con la cúpula del ejército y en los intentos por retrasar[34] la realización del referéndum revocatorio.[35] Por su parte, es un verdadero secreto a voces el acercamiento de personajes importantes de gobierno a sectores de la oposición política para hablar sobre la transición pacífica.

Evidentemente, esta situación favorece la tendencia del gobierno a perder apoyo popular, a que parte importante de su militancia ‘se abra’[36] y a que sectores críticos intenten capitalizar el descontento. En esta senda, organizaciones expulsadas de facto del PSUV como Marea Socialista han podido aglutinar parte del desencanto. No obstante, en lo programático no se distinguen significativamente de las tendencias críticas internas del propio PSUV, pues acentúan más la necesidad de las auditorías, el ataque a la corrupción, etc. pero a nuestro juicio, no apuntan a las dimensiones estructurales de la actual crisis. Por lo demás, dadas sus dimensiones y su nivel real de inserción dentro de las organizaciones de la clase trabajadora, tampoco constituyen por sí solos una alternativa real a la situación política.

La mayor parte de la izquierda -bases de apoyo del PSUV, como quienes se sitúan fuera de su órbita- se mantiene en una llamativa pasividad respecto a estas peligrosas tendencias en desarrollo. Parte importante de ellas, una generación completa de jóvenes, se resignan a asumir la posibilidad de perder el gobierno después de 17 años. Otra parte, minoritaria, asume estas posibilidades. Pero sus mayores preocupaciones se centran en la posibilidad de una eventual victoria electoral en un futuro post Maduro, para lo cual sobrevaloran los resguardos democráticos de la institucionalidad burguesa y la capacidad futura que tendrá el aparato electoral del PSUV luego de una derrota que no sólo será electoral, sino que afectará directamente a las organizaciones de lucha en el terreno económico y social. Por último, existen tendencias aún más minoritarias que las anteriores que asumen las consecuencias de un posible escenario de retroceso y que ello pondrá a la clase trabajadora a la defensiva, en una situación de resistencia. Lamentablemente, en ellas predominan estrategias más militaristas que de desarrollo en el plano social, no asumiendo con todas sus implicancias las desastrosas experiencias de los años 60’ y 70’. En general, se observa una preocupante inercia por parte de los sectores honestamente revolucionarios del contexto venezolano, los cuales parecieran estar a la espera de un nuevo caudillo o liderazgo al cual seguir, en lugar de asumir la responsabilidad de renovar la discusión estratégica y programática.

1.5. Reflexiones finales

Desde hace años, diversas organizaciones de izquierda en Chile hemos abordado una serie de discusiones en torno a las estrategias que nos permitan abrir un camino hacia la superación del capitalismo y sus especificidades neoliberales, teniendo como horizonte el socialismo. En esas discusiones, las referencias a los gobiernos progresistas o de izquierda en América Latina han sido inevitables. Pero lamentablemente, muchas veces estas experiencias se evalúan desde miradas superficiales y acríticas.

En un momento político a nivel latinoamericano, marcado por el estancamiento, retroceso o crisis abierta de estos procesos y sus expresiones gubernamentales que -con matices- se plantearon en oposición a la hegemonía neoliberal predominante en los 90’, debemos revisar en profundidad estas experiencias, de manera de ir esclareciendo nuestros propios problemas que se abren a la hora de emprender un camino de transformación profunda.

Al respecto, mirando la experiencia venezolana, hay varios elementos que nos parecen pertinentes mencionar.

En primer lugar, la política de alianzas policlasista impulsada por el gobierno, donde se le asigna un papel relevante a sectores de la burguesía ‘industrial’, parece un error si lo que se persigue es un proyecto postcapitalista. Recordemos que este sector es prácticamente insignificante en una economía de carácter rentista como la venezolana. Además, es evidente que esta alianza en conjunto con los vínculos que se han establecido con otros países de mayor poderío industrial y sus respectivas burguesías, tampoco le ha permitido a Venezuela diversificar su matriz productiva, en base a un componente industrial propio que le permita a su economía superar dicho carácter rentista petrolero.

Al contrario, dicha alianza ha tendido a debilitar a la clase trabajadora venezolana y sus experiencias de autogestión directa de la producción, lo que incluso ha dado pie para que se agudicen contradicciones objetivas entre el movimiento popular venezolano y el gobierno bolivariano.

Pero estas contradicciones no sólo se dan en el plano económico-productivo. Uno de los aspectos que más nos llama la atención, es el abismo que se produce entre un aparato estatal que en el plano institucional, abre enorme posibilidades para el protagonismo popular en la gestión de los asuntos públicos, pero que en la práctica, no sólo se encuentra cooptado por una burocracia altamente corrupta que se ha ido constituyendo en una nueva fracción de la clase dominante (la “boliburguesía”), sino que también, ahoga y desnaturaliza experiencias de construcción de poder popular de avanzada, que terminan cediendo al peso de la burocracia o apaciguándose bajo las lógicas clientelares del gobierno.

En la misma línea, la ausencia de un liderazgo colectivo, que permita superar aquella conducción apabullante que representó Hugo Chávez, nos parece un elemento central que explica en parte la desorientación y pérdida de claridad estratégica en la que se encuentra el movimiento popular venezolano y la izquierda revolucionaria. La discusión sobre los instrumentos políticos que permitan canalizar dicha conducción colectiva se vuelve cada vez más relevante bajo estas circunstancias. Si bien, compañeras y compañeros valiosos, tanto dentro como fuera del PSUV han ido planteando en los últimos años estos elementos, dichos esfuerzos hasta el momento aún no se han logrado cristalizar.

Finalmente, si bien insistimos en que la izquierda debe mantener una mirada crítica frente a este u otros procesos de transformación, no podemos negar que a lo largo de estos 17 años, la clase trabajadora venezolana nos ha dado a los pueblos de Latinoamérica y del mundo entero numerosas lecciones de valentía, convicción y creatividad, por lo que en los actuales y duros momentos que atraviesan nuestros hermanos y hermanas en Venezuela, no podemos perder de vista la necesidad de crear y fortalecer puentes de solidaridad concreta y efectiva entre los pueblos que luchan.



Víctor Vallejos, Juan Williams
Militantes de Solidaridad - Federación Comunista Libertaria
Mayo-Junio 2016





Notas

1. En esto coinciden diversos investigadores e investigadoras, quienes señalan que la base capitalista y específicamente rentista de la economía venezolana se ha mantenido intacta. Recomendamos revisar, entre otras, las argumentaciones de Cira Pascual, profesora de Estudios Políticos en la Universidad Bolivariana de Venezuela. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=206456 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208627.

2. A modo de ejemplo, podemos mencionar el caso de SIDOR. En el 2008 y en respuesta a los trabajadores movilizados, el gobierno bolivariano decide comprar a los empresarios argentinos este complejo industrial orientado a la producción de acero. Si bien inicialmente se plantea un modelo de “control obrero” con participación comunal en la gestión de la fábrica, finalmente el gobierno opta por dirigir la empresa de forma burocrática, poniendo a militares como gerentes y relegando la participación de los trabajadores a un segundo lugar. Los resultados han sido nefastos, disminuyendo progresivamente su producción, debido también a la crisis económica que atraviesa el país. Ver “Control Obrero y Autogestión, el ejemplo del compejo industrail SIDOR en Venezuela”, Sébastien Brulez, recopilado en “América Latina, Emancipaciones en Construcción, Franck Gaudichaud.

3. Pacto político entre COPEI (de tendencia demócrata cristiana) y Acción Democrática (socialdemocracia “renovada”) quienes se repartieron el poder desde 1958 a 1998. Actualmente forman parte del bloque opositor MUD (Mesa de Unidad Democrática).

4. Principalmente en el terreno de la autoorganización de clase, pero también en el plano institucional pues por un parte, durante un momento significó un ‘asedio’ a la institucionalidad heredada y por otra, se reflejó en la conducción de nuevas instituciones estatales (por ejemplo, las Misiones). Ver apartado 1.3 de este escrito.

5. El surgimiento de la llamada “boliburguesía”, término poco preciso pero bastante difundido que refiere a grupos principalmente empresariales que se han enriquecido con el acceso a determinados negocios, prebendas y subvenciones gracias a su cercanía al gobierno chavista o a la participación dentro de éste.

6. El “caudillismo” como elemento arraigado en la cultura política venezolana, se evidencia claramente en el excesivo culto a la imagen de Chávez y una visión acrítica de su liderazgo que predomina en amplios sectores del espectro político y social venezolano. No obstante, este elemento es previo a la llegada de Chávez y rastreable a lo largo de la historia postindependentista venezolana: “Al igual que en 1814, la muerte del líder que guiaba el movimiento revolucionario de las masas, Ezequiel Zamora, dejó inconclusas las aspiraciones del campesinado. [...] Nuevamente, la ausencia de un sólido liderazgo colectivo que continuara la lucha cercenó las posibilidades de triunfo de los desposeídos”. López, R. 2015. El Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela. Editorial Trinchera.

7. Este carácter parasitario se expresa en el hecho de que para la burguesía venezolana, históricamente ha sido más rentable apropiarse de la renta petrolera importando bienes de consumo, evitando los riesgos de invertir dentro del país en pos de la diversificación de la matriz productiva. Durante buena parte del siglo XX y XXI, los conflictos sociales en el país pueden ser analizados desde la disputa por la apropiación de la renta petrolera.

8. Incluida la así llamada ‘Población obrera sobrante’, es decir aquellos sujetos excluidos del proceso de producción capitalista.

9. La participación estatal en la economía sólo ha subió un 0,37% entre el año 1999 y 2014. http://www.aporrea.org/trabajadores/a213256.html

10. Entre otros, en el desarrollo de las fuerzas productivas del país.

11. http://rebelion.org/noticia.php?id=194106

12. Según el investigador del investigador del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO) y recientemente despedido de la Universidad Bolivariana de Venezuela, Manuel Sutherland: La cada vez más barata importación [con un tipo de cambio enormemente sobrevaluado] fue mutando en la desviación de divisas destinada a importar bienes y servicios, en aras de usar esas divisas para fugar capitales o para revenderlas en el mercado paralelo con ganancias que en la actualidad rozan el 15773 %. En: https://alemcifo.wordpress.com/2016/02/17/2016-la-peor-de-las-crisis-economicas-causas-medidas-y-cronica-de-una-ruina-anunciada/

13. Como el mismo Rodrigo Alonso lo sostiene en este escrito: http://brecha.com.uy/crisis-del-socialismo-del-siglo-xxi/.

14. Pascual, Cira. Ibíd.

15. El alto porcentaje de votos nulos de esta elección, al parecer también dependería de una serie de problemas relacionados con la emisión misma del voto. Por otra parte, la derecha efectivamente ha incrementado su votación de manera constante desde el 2007, a la vez que fue acortando su brecha con el chavismo.

16. https://alemcifo.wordpress.com/2015/12/16/elecciones-a-la-asamblea-nacional-crisis-economica-o-la-falaz-guerra-economica-derrota-historica-y-grises-perspectivas/

17. Sánchez, G. 2012. La Nube Negra. Vadell Hermanos, Editores.

18. Según algunas fuentes de prensa, estos recursos habrían supuesto miles de millones de dólares. http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2014/04/140423_venezuela_economia_anuncios_maduro_msd

19. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160215_venezuela_ministro_economia_salas_destitucion_az

20. El proyecto de ley que abre la posibilidad de especulación inmobiliaria con la Gran Misión Vivienda constituye un buen ejemplo.

21. López, R. 2015. El Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela. Editorial Trinchera.

22. Conocida en Chile por mega proyectos como Pascua Lama.

23. Tomamos prestada la expresión de Roberto López Sánchez. Ibídem.

24. Las que efectivamente existen y tienen un protagonismo popular, no a aquellas comunas de “papel” que están para inflar estadísticas y que son muchos de los casos.

25. Cabe mencionar que, según entrevistas realizadas y las limitadas experiencias que hemos podido observar, muchas organizaciones populares que ya existían antes del primer gobierno de Hugo Chávez, aprovecharon de manera particular el proceso para fortalecerse.

26. Ibíd

27. Piñate, E. 2013. El Partido Socialista Unificado de Venezuela y su Relación con el Movimiento de Masas. Editorial Trinchera.

28. Sánchez, G. 2012. La Nube Negra. Vadell Hermanos, Editores.

29. Asociación Nacional de Medios Comunitarios, Libres y Alternativos: Nació en 2004. Según Modesto Guerrero, para 2006 contaba con 324 medios de prensa tradicional, de la web, semanarios, quincenarios, radios, canales de televisión y cine, controlaban salas de cine. Militantes: 3 a 5 mil. http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-33/constitucion-dinamica-y-desafios-de-las-vanguardias-en-la-revolucion-boliva

30. Las fábricas recuperadas resistiendo los intentos de desalojo, las Comunas centradas en resolver sus problemáticas al nivel local, etc.

31. Agudizada además por una crisis energética ocasionada por una de las peores sequías que le ha tocado enfrentar al país caribeño.

32. Recordar las “guarimbas” de febrero de 2014 como estrategia desestabilizadora impulsada por la derecha venezolana, manifestaciones violentas que adquirieron el carácter de ensayo de guerra civil, dejando como resultado decenas de muertos (la mayoría personas afines al proceso de cambio bolivariano) y de edificios públicos destruidos. Ver “Una Revuelta de Ricos, Crisis y destino del Chavismo”, del periodista Modesto Emilio Guerrero. Los rasgos fascistas de aquellas revueltas también son descritos por el autor.

33. http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/19/estados_unidos/1463688722_510990.html

34. Si el referéndum revocatorio se realiza durante el 2017, en caso de que Maduro pierda, no se convocan a nuevas elecciones y el vicepresidente asume el ejecutivo hasta el fin del período.

35. “A donde nos conducen Maduro-Cabello”, Roberto López Sánchez. Disponible en http://www.aporrea.org/actualidad/a228327.html

36. Lo que en Chile se llamaría ‘dar un paso al costado’; abandonar la militancia, o asumir pasividad dentro de ella, resignándose al desarrollo predominante dentro del partido.



author by Alternativa Libertaria/FdCA - Ufficio Relazioni Internazionalipublication date Fri May 26, 2017 18:07Report this post to the editors

Congiuntura politica in Venezuela: crisi, tendenze e la sfida dell'indipendenza di classe

L'articolo rappresenta un umile tentativo di contribuire a un bilancio critico del processo di cambiamento in Venezuela e della situazione politica attuale. Non ha pretese di essere un documento esaustivo e riconosciamo che presenta delle limitazioni teoriche. La nostra analisi si dà a partire da uno sguardo apertamente militante, che si radica e si riconosce nel comunismo libertario. Gran parte di queste riflessioni nascono a partire da una serie di interviste a militanti e a organizzazioni sociali e politiche venezuelane, che sono state realizzate a Caracas e nello Stato di Lara in febbraio di quest'anno.

Negli ultimi 17 anni il Venezuela ha sperimentato un processo di trasformazione sociale d'avanguardia per il contesto internazionale che, oltre a situare nuovamente il socialismo come orizzonte da conquistare, ha permesso la politicizzazione e lo sviluppo di un estenso movimento popolare – di radici storiche profonde che precedono di gran lunga l'irruzione di Chávez nel 1992 – scommettendo, inoltre, su di un'integrazione latinoamericana che, sebbene si sia sviluppata principalmente dall'alto (tra Stati e governi), é riuscita ad impiantare nel discorso politico la necessità di formare un polo rivoluzionario dall'America Latina e di rompere con l'egemonia degli Stati Uniti nella regione.

Tuttavia, come ogni processo reale, anche quello venezuelano ha attraversato molteplici contraddizioni. Sebbene il governo bolivariano riuscì a sviluppare una politica redistributiva che permise di destinare una parte significativa della rendita petrolifera al miglioramento delle condizioni di vita di ampli strati di popolazione, in questi 17 anni non sono stati fatti evidenti passi avanti verso il superamento, sotto la prospettiva socialista, del modello rentier petrolifero. L'esecutivo è rimasto intrappolato tra le politiche che hanno puntato verso un capitalismo di Stato e la formazione di alleanze con settori della borghesia “produttivista”, strategie che hanno fallito nel loro obbiettivo di differenziare la matrice produttiva del paese e che sono costate care al movimento popolare, in termini di perdita della propria autonomia di fronte alla classe imprenditoriale e allo Stato.

Nemmeno il carattere dello Stato in Venezuela si è modificato in maniera sostanziale. In un primo momento, il chavismo riuscì ad allontanare la vecchia oligarchia tributaria del «Patto del Punto Fisso» dal centro del potere politico – ma non dal potere economico – inoltre, poté avanzare nell'istituzionalizzazione di spazi di partecipazione aperti al protagonismo popolare che, in un contesto di avanzata del popolo mobilitato, permise di intravvedere la possibilità di superare, passo a passo, le logiche della democrazia rappresentativa tradizionale. Tuttavia, nella misura in cui il campo popolare cedeva terreno come forza mobilizzatrice e auto-organizzata, si andava consolidando una struttura statale burocratica, clientelare e permeabile alla nascita di settori identificabili con il chavismo, o legati per vie opportuniste a quest'ultimo, i quali usurparono la ricchezza collettiva e si insediarono in posizioni di potere inseguendo la difesa dei propri interessi di classe.

Dall'altro lato, la morte di Chávez portò alla luce un altro dei problemi del processo venezuelano. La perdita di chiarezza strategica e di iniziativa politica, che diviene chiara a partire da quel momento, riflette l'assenza di una direzione collettiva (possibilità annegata inizialmente dalla leadership sconcertante esercitata da Chávez), elemento costantemente rafforzato nel quadro di una cultura politica del «caudillismo», caratteristica radicata nella storia del paese caraibico.

1.1. La situazione economica

Come menzionato previamente, il modello rentier petrolifero è uno dei tratti principali dell'economia venezuelana. Ciò significa che il Venezuela ottiene dal mercato internazionale una quantità enorme di valore non prodotto nel proprio paese. La vendita del petrolio supera ampiamente il 90% delle esportazioni del paese, costituendo l'entrata principale di valuta in dollari. Questa condizione mono-esportatrice è stata tale da moltissimo tempo prima del chavismo ed ha determinato la piega parassitaria della sua borghesia, la quale ha dipeso in maniera diretta dal trapasso di parte della rendita petrolifera sotto forma di sussidi per l'importazione e produzione.
Uno dei grandi risultati del governo bolivariano fu la reale nazionalizzazione della produzione petrolifera e la redistribuzione delle eccedenze ad ampli settori della classe lavoratrice, esclusa fino a quel momento da tali risorse. Ciò permise l'applicazione di forti politiche sociali che elevarono il livello di vita e la dignità del popolo lavoratore.
Tuttavia, ciò non escluse lo spostamento della condizione egemonica della borghesia sull'economia del paese, al punto che il predominio del settore privato in questo settore fu mantenuto. Di fatto, lo stesso progetto bolivariano assegna alla classe imprenditoriale «nazionalista e produttiva» un ruolo importante all'interno del processo di cambiamento.
Dall'altro lato, il prezzo alto del petrolio nel decennio del 2000 permise a una parte importante della borghesia venezuelana di aumentare l'accumulazione, nel contempo che la spesa sociale aumentava fortemente. Questa ripartizione della rendita sia alla borghesia che alla classe lavoratrice – chiamata equilibrio distributivo tra le classi dall'economista uruguaiano Rodrigo Alonso – divenne insostenibile quando il prezzo internazionale del petrolio iniziò a scendere, soprattutto a partire dal 2012. La domanda interna crescente – dipesa dalle importazioni e, dunque, dalle valute – e le entrate in dollari sempre minori provocate dalla discesa del prezzo internazionale del petrolio, sono la base materiale del ciclo inflazionistico del paese. Da parte loro, il 'bachaqueo'1, l'accaparramento ed il contrabbando sono fenomeni secondari che aggravano l'inflazione ma che, prima di tutto, sono incentivati da essa, dato che queste pratiche si fanno più redditizie.
In questo senso, l'attuale crisi economica dev'essere intesa come limite del proprio capitalismo del modello rentier venezuelano per sostenere i processi di inclusione ed aumento del livello di vita della classe lavoratrice, mentre parallelamente la borghesia mantiene tassi di profitto elevati, e non dev'essere intesa come l'insuccesso di un'esperienza socialista che tale ancora non è stata. Di fatto, le discussioni di fronte alle possibili uscite puntano tutte al bisogno di rompere questo equilibrio distributivo tra le classi, che avvenga facendo pagare il costo della crisi alla classe lavoratrice o alla borghesia. Da una parte, c'é chi scommette sulle tipiche misure di regolazione neoliberista (riduzione della spesa sociale, liberazione dei prezzi, precariato lavorativo, ecc.). Dall'altra, si prospetta un avanzamento in senso di esproprio (controllo del commercio esterno, nazionalizzazione bancaria e delle imprese strategiche, aumento dell'onere fiscale alla borghesia e, soprattutto, termine dei finanziamenti ad essa). Tutto ciò, con maggior o minor enfasi nel controllo popolare di tali misure, ma ad ogni modo sarebbero il governo e gli altri poteri dello Stato i protagonisti degli interventi.
All'interno di tutto lo spettro delle forze in conflitto, esiste la piena consapevolezza del catastrofico costo politico che porterebbe l'applicazione delle misure di risanamento. Inoltre, sia che si scarichino i costi della crisi alla classe lavoratrice o alla borghesia, si presume che il livello di conflitto tra le classi aumenti necessariamente. In questi ultimi anni, l'aumento del debito pubblico e l'emissione di titoli sovrani hanno colmato la carenza di entrata di valute, ma ciò ha solamente permesso di recuperare tempo; tempo che anch'esso sta finendo.

1.2. La situazione politica:

La sconfitta del chavismo nelle elezioni dell'Assemblea Nazionale il 6 dicembre fu contundente e inaspettata nella sua dimensione. Anche se la complessa situazione economica faceva prevedere un risultato non favorevole al PSUV, nemmeno la destra s'immaginava di vincere con tanto lasco la maggioranza dell'Assemblea Nazionale. Tuttavia, detenendosi sui risultati con attenzione, benché la tendenza del partito al governo a perdere appoggio elettorale si aggravasse, ciò nemmeno si è tradotto in una crescita significativa dell'opposizione. Se si confronta l'elezione del 6 dicembre del 2015 con l'elezione presidenziale del 2013, il chavismo perdette all'incirca 2 milioni di voti (un 26,2%), ma la destra solamente crescette di 343.434, ovvero un 4,6%. Se aggiungiamo l'alta percentuale di voti nulli (4,77%, quasi il triplo di voti nulli delle elezioni parlamentari precedenti), la tesi del «voto castigo» come espressione di settori chavisti scontenti della guida di governo acquisisce significato.
Questa insoddisfazione con il governo, manifestatasi nelle elezioni, no si spiega esclusivamente con la carenza di prodotti basici o con l'inflazione. Il Venezuela ha vissuto una crisi economica paragonabile al periodo compreso tra il golpe di aprile del 2002 e lo sciopero petrolifero della fine dello stesso anno, il quale si estese fino all'inizio del 2003. Benché quella situazione fu più breve, in quel momento la svalutazione della valuta e la contrazione dell'economia furono enormi e, nonostante ciò, la popolazione continuava ad appoggiare con forza il governo, da cui lo slogan «con hambre y sin empleo con Chávez me resteo», ovvero «anche se affamato e disoccupato su Chavez mi gioco tutto». Di fatto, fu proprio un momento in cui la mobilitazione popolare, in risposta al golpe, permise la radicalizzazione del processo, la presa di controllo delle imprese strategiche e il recupero di terreno in diverse istituzioni. Proprio l'opposto di ciò che è accaduto nel momento attuale quando, dopo un nuovo attacco violento da parte della destra che sfociò nelle «guarimbas»2 del 2014, si svilupparono una serie di tavoli di dialogo che portarono al cedimento del governo e alla sua apertura per la messa a disposizione dell'imprenditoria venezuelana di risorse aggiuntive in dollari e maggiori possibilità per le importazioni ed esportazioni; tutto ciò, teoricamente, per rafforzare la capacità produttiva del paese.
Questa tendenza è andata via via più a fondo e come esempio vi è la creazione del Consiglio Nazionale di Economia Produttiva, composto principalmente da imprenditori, e la nomina come vicepresidente all'economia produttiva dell'ex presidente della corporazione impresariale Fedeindustria Miguel Pérez Abad, il quale passerà al comando del Ministero dell'Economia Produttiva.
La sconfitta elettorale del governo non solo ha aperto la possibilità alla destra di smantellare le politiche redistributive del governo bolivariano, ma le ha anche permesso di ritornare a prospettare apertamente l'uscita di Maduro prima della fine del suo mandato. Se a ciò sommiamo la perdita di leadership di Maduro all'interno del governo e l'inefficacia delle misure messe in atto dal suo governo per superare la crisi economica, si configura uno scenario in cui ampli settori convergono nella possibilità certa che il PSUV, con Maduro alla testa, perda l'esecutivo nel giro di poco tempo.
In tale contesto, parte considerevole del PSUV e del governo sta fomentando una politica di avvicinamento e negoziazione con settori dell'imprenditoria “produttiva”, cercando di sviluppare un'alleanza con questo settore della borghesia come strumento che gli permetta di superare la crisi economica e di stabilizzare la situazione politica. Ciò cercando di aggravare le presunte contraddizioni tra questa borghesia “produttivista” ed il suo corrispettivo “parassitario”.
Allo stesso tempo, i settori più luciti della destra accarezzano la possibilità di una transizione pacifica e negoziata, che permetta loro di recuperare l'esecutivo evitando maggiori livelli di conflitto e l'acutizzarsi delle contraddizioni di classe, puntando sulla possibilità di iniziare a sviluppare le prime misure di adeguamento economico tipicamente neoliberiste durante il governo di Maduro. Ciò dovuto all'incapacità dell'opposizione di destra di superare le sue divisioni interne e recuperare la leadership politica che mantenne in altri decenni. Secondo il professor Roberto López Sánchez: «Un'eventuale ascesa della destra pro-imperialista avrebbe scenari d'ingovernabilità di molto superiori rispetto a quelli che ha potuto affrontare il chavismo in questi anni».
La priorità all'alleanza con la borghesia trascina con sé il deterioramento nel rapporto di forze del campo popolare, il quale si esprime, inoltre, nell'acutizzazione delle contraddizioni tra settori di avanzamento della classe lavoratrice e il governo bolivariano. Come esempio possiamo menzionare il conflitto messo in atto dai lavoratori dell'impresa EPSDC (Empresa de Propiedad Social Directa Comunal) «Proletari Uniti» insieme alla comune Pío Tamayo nella città di Barquisimeto, nello Stato di Lara.
L'EPSDC «Proletari Uniti» nasce a partire dall'iniziativa dei lavoratori della birreria di capitali brasiliani Brhama i quali, di fronte all'abbandono ingiustificato dell'impresa da parte degli anteriori proprietari, decidono di rifiutare la liquidazione che gli veniva offerta e di optare per l'occupazione della fabbrica con la prospettiva di produrre in forma autogestita. A partire da quel momento, i lavoratori si vedono obbligati a resistere e ad affrontare non solo gli antichi padroni della fabbrica bensì anche il governo di destra di Lara ed i funzionari che all'interno del governo minano ed ostacolano la possibilità che il progetto di «Proletari Uniti» si consolidi. In quel processo, i lavoratori si organizzano con i comunardi di «Pío Tamayo» che anch'essi furono protagonisti di un'interessante esperienza di costruzione di un potere popolare di carattere territoriale e produttivo.
Tuttavia, nonostante l'enorme potenziale che lo sforzo dei lavoratori dell'ex Brhama e la comune di Pío Tamyo rappresenta, il governo si è aperto alla possibilità del trapasso della fabbrica al gruppo Cisneros, proprietà di uno dei più grandi imprenditori del Venezuela, membro della Barrick Gold Corporation. Ciò si basa nell'ipotesi che un'alleanza con questo gruppo economico esponente della borghesia “industriale” permetta al governo di ridurre il potere economico di Lorenzo Mendoza, presidente di imprese Polar, gruppo attualmente egemone del mercato della birra e dell'alimentazione in Venezuela.
Questa situazione è paragonabile a quella che sperimentano altre imprese che cercano l'auto-organizzazione da parte dei propri lavoratori in alleanza con organizzazioni popolari articolate nelle Comuni. Nella stessa città di Barquisimeto, imprese di proprietà sociale diretta comunale come Beneagro e Alfareros del Grez hanno visto ostacolato il proprio sviluppo non solo a causa del boicottaggio imprenditoriale bensì anche prodotto delle logiche burocratiche dello Stato venezuelano e la politica d'alleanza del governo con settori della borghesia.

1.3 Il «Fattore Popolo»: la classe lavoratrice come motore di qualsiasi trasformazione

Non v'é dubbio che il processo bolivariano, comprese le sue contraddizioni, abbia permesso la politicizzazione di ampli strati della popolazione oltre allo sviluppo di autentiche esperienze di potere popolare. Con quest'ultime ci riferiamo alle comuni, alle imprese sotto controllo operaio, a espressioni di auto-edificazione nei quartieri, tra altri spazi sia urbani che rurali. Sfortunatamente, queste organizzazioni genuine della classe lavoratrice sono molto lontane da essere egemoniche nel paese caraibico. Si tratta piuttosto di organizzazioni che hanno dovuto scansare e sovrapporsi alla promozione di relazioni clientelari facilitate dalla consegna di ingenti risorse economiche da parte del governo. Di fatto, nel corso degli anni, queste relazioni andarono a sedare l'iniziativa politica di molte altre espressioni di classe.
Crediamo che è la forza del popolo lavoratore – fattore decisivo per spingere verso una direzione rivoluzionaria l'attuale crisi – che è stata persa di vista da parte di sguardi superficiali che pensano che il futuro del processo si giochi esclusivamente o principalmente nell'ambito di governo o nelle istituzioni dello Stato.
Come López Sánchez lo spiega, al meno dalla metà del XX secolo ed in termini generali, la sinistra venezuelana ha sofferto della capacità di adattarsi ai tempi propri dello sviluppo della classe lavoratrice. Ciò si è espresso nel fatto che si è privilegiato la costruzione di relazioni strumentali con la classe lavoratrice, relegandola al mero appoggio elettorale o alla continuazione di incursioni di carattere avanguardista e fochista, ovvero, come massa di manodopera.
Tuttavia, se osserviamo la storia venezuelana recente, è stata la risposta più o meno spontanea del popolo lavoratore ciò che ha cambiato i rapporti di forza per detenere il golpe di aprile del 2002, aprendo così uno scenario diverso sia per il Venezuela che per il continente. In questo caso, né i golpisti né lo stesso governo bolivariano considerarono che il popolo lavoratore sarebbe stato colui che, alla fine, avrebbe inclinato la bilancia verso lo sviluppo del processo di cambiamento. Allo stesso modo, fu la partecipazione di quello stesso popolo e la capacità operativa dei lavoratori di PDVSA ciò che permise di riprendere la produzione nel contesto del golpe petrolifero del 2002-2003 nonostante l'incredulità degli amministratori golpisti. In quel momento la guida chavista aveva già previsto una risposta organizzata al golpe, che fu appoggiata dal popolo, essendo particolarmente influente il ruolo compiuto dai circoli bolivariani.
Proprio successivamente alla circostanza del 2002-2003 si liberò con maggior forza l'auto-organizzazione della classe lavoratrice, sotto diverse forme enormemente massive, ed in cui i giovani e le donne acquisirono un nuovo protagonismo. Questo processo ebbe il suo picco ed un progressivo declino dopo il 2006-2007. Si tratta delle reti massive di mezzi comunitari raggruppati sotto ANMCLA, del rinnovamento sindacale che portò alla creazione della UNT (Unione Nazionale dei Lavoratori) di fronte alla scomposta CVT (Confederazione di Lavoratori del Venezuela) o la creazione dei Consigli Comunali come forme di auto-amministrazione territoriale; tutti dovettero affrontare il problema dell'indipendenza di fronte al governo. Ciò suscitò la rottura di alcune di queste organizzazioni (come ANMCLA), la scomparsa e la sostituzione virtuale di altre (come la UNT con la CBST - Confederación Bolivariana Socialista de los Trabajadores), o dell'accettazione clientelare di altre (come la maggioranza dei Consigli Comunali, che al giorno d'oggi sono principalmente strumenti per percepire reddito).
La mancata risoluzione di questo problema, a partire da una prospettiva d'indipendenza di classe, è alla radice di ciò che alcuni identificano come il declino di questo processo auto-organizzativo.
Ad oggi, la classe lavoratrice del Venezuela conta ancora con molteplici e varie organizzazioni con importante capacità di lotta. Una delle più interessanti è l'articolazione tra organizzazioni comunali con controllo effettivo del territorio, le quali rappresentano autentiche espressioni di potere popolare. Tuttavia, è chiaro che queste ed altre organizzazioni si posizionano sulla difensiva. La cosa più preoccupante è che nei possibili scenari futuri si troveranno ancor più assediate.

1.4 Attuali tendenze

Al momento, é chiaro che le misure adottate dal governo di Maduro non sono riuscite ad aprire un cammino che permettesse il superamento della crisi economica in corso, pregiudicando così milioni di membri della classe lavoratrice venezuelana, inclusi i suoi ceti più abbienti. Sono loro che soffrono quotidianamente la svalutazione dei salari, la scarsità di medicinali e la difficoltà di reperire alimenti e articoli di prima necessità.
Da parte sua, il blocco oppositore spinge per una strategia contrassegnata da un delicato equilibrio tra una posizione di forza nelle strade – con marcati colori fascisti – che obblighi Maduro ad uscire dall'esecutivo e una scommessa ritardataria su un referendum revocatorio nel quadro della costituzione bolivariana. Questo eventuale referendum dovrebbe compiersi nel 2016 affinché si convochino nuove elezioni e la destra possa riprendere il potere politico per via elettorale.
A livello internazionale, questa strategia si articola attraverso il ruolo che giocano gli Stati Uniti e le destre di altre latitudini. L'infiltrazione costante di paramilitari colombiani con l'obiettivo di aumentare i livelli di violenza e generare una situazione di caos è una delle scommesse più pericolose se consideriamo, inoltre, i richiami costanti all'applicazione della carta democratica dell'OSA. Sommati entrambi gli elementi minacciano la possibilità di un intervento militare straniero. Ciò non significa che l'intervento accada necessariamente, ma la minaccia in sé stessa costituisce un elemento di pressione.
In questo contesto, il governo di Maduro è andato mano a mano a sviluppare la politica di alleanza con settori dell'imprenditoria 'industriale', mentre andava ad assumere tratti sempre più autoritari, manifestatisi nel rafforzamento dei legami con i vertici dell'esercito e nei tentativi di ritardare la realizzazione del referendum revocatorio. D'altra parte non è un segreto per nessuno l'avvicinamento di importanti personaggi di governo a settori dell'opposizione politica per discutere sulla transizione pacifica.
E' evidente che questa situazione favorisce la tendenza del governo a perdere appoggio popolare, che parte importante della sua militanza 'si apra' e che settori critici cerchino di capitalizzare il malcontento. In questa direzione, organizzazioni espulse de facto dal PSUV come Marea Socialista hanno potuto riunire parte dello scontento. Tuttavia, in termini programmatici non si distinguono significativamente dalle tendenze critiche interne al proprio PSUV, poiché mettono l'accento più sulla necessità dell'audit, l'attacco alla corruzione, ecc. ma a nostro avviso, non puntano sulle dimensioni strutturali dell'attuale crisi. Per il resto, date le loro dimensioni e il loro livello reale d'inserimento all'interno delle organizzazioni della classe lavoratrice, nemmeno costituiscono in sé stessi una vera alternativa alla situazione politica.
La maggior parte della sinistra – sia base d'appoggio del PSUV, come coloro i quali si situano fuori dalla sua orbita – si mantiene in una vistosa passività rispetto a queste pericolose tendenze in via di sviluppo. Parte importante di esse, una generazione intera di giovani, si rassegna ad ammettere la possibilità di perdere il governo dopo 17 anni. Un'altra parte, minoritaria, ammette queste possibilità. Ma le loro maggiori preoccupazioni si basano sulla possibilità di un'eventuale vittoria elettorale in un futuro post Maduro, per cui sopravvalutano le garanzie democratiche delle istituzioni borghesi e la capacità futura dell'apparato elettorale del PSUV dopo una sconfitta che non sarà soltanto elettorale, bensì che influenzerà direttamente le organizzazioni di lotta nel terreno economico e sociale. In ultimo, esistono tendenze ancora più minoritarie delle precedenti che considerano le conseguenze di un possibile scenario di retrocesso e che esso metterà sulla difensiva la classe lavoratrice, in una situazione di resistenza. Sfortunatamente, in esse predominano strategie più militariste che di sviluppo sul piano sociale, senza tenere in considerazione le disastrose esperienze degli anni '60 e '70 con tutte le loro implicazioni. In generale, si osserva un'inerzia preoccupante da parte dei settori onestamente rivoluzionari del contesto venezuelano, i quali sembrerebbero restare in attesa di un nuovo caudillo o leadership da seguire, invece di assumere la responsabilità di rinnovare la discussione strategica e programmatica.

1.5 Riflessioni finali

Da anni, siamo diverse organizzazioni di sinistra in Cile che affrontano una serie di discussioni intorno alle strategie che ci permettano di aprire un cammino verso il superamento del capitalismo e delle sue caratteristiche specifiche neoliberali, mantenendo come orizzonte il socialismo. In queste discussioni, fare riferimento ai governi progressisti o di sinistra in America Latina è stato inevitabile. Ma, sfortunatamente, molte volte queste esperienze si valutano a partire da uno sguardo superficiale e acritico.
In una fase politica, a livello latinoamericano, segnata dalla stagnazione, il retrocesso o crisi aperta di questi processi e le sue espressioni governative che – con sfumature – si esposero in opposizione all'egemonia neoliberista predominante negli anni '90, dobbiamo rivedere in profondità queste esperienze in modo da far luce sui nostri problemi che nascono nel momento in cui si va ad intraprendere un cammino di trasformazione profonda.
Rispetto a ciò, guardando all'esperienza venezuelana, ci sono vari elementi che ci sembra pertinente menzionare.
In primo luogo, la politica di alleanze policlassiste spinta dal governo, in cui si assegna un ruolo rilevante a settori della borghesia 'industriale', sembra un errore se ciò che si persegue è un progetto post-capitalista. Ricordiamo che questo settore è praticamente insignificante in un'economia di carattere rentier come quella venezuelana. Inoltre, è evidente che questa alleanza, insieme ai vincoli che si sono stabiliti con altri paesi di maggior potere industriale e le loro rispettive borghesie, nemmeno ha permesso al Venezuela di diversificare la sua matrice produttiva secondo un componente industriale proprio che permetta alla sua economia di superare detto carattere rentier petrolifero.
Al contrario, detta alleanza ha teso a debilitare la classe lavoratrice venezuelana e le sue esperienze di autogestione diretta della produzione, ciò che ha anche provocato l'acutizzarsi di contraddizioni oggettive tra il movimento popolare venezuelano ed il governo bolivariano.
Ma queste contraddizioni non solo si danno nel piano economico-produttivo. Uno degli aspetti che chiama di più la nostra attenzione è l'abisso che si produce tra un apparato statale, che nel piano istituzionale apre enormi possibilità al protagonismo popolare nella gestione delle questioni pubbliche, ma che nella pratica, non solo si trova cooptato da una burocrazia altamente corrotta che si è costituita in una nuova frazione della classe dominante (la “boliburguesía”3), bensí che annega e snatura, inoltre, le esperienze di costruzione di potere popolare d'avamposto, le quali finiscono per cedere di fronte al peso della burocrazia o per accomodarsi sotto le logiche clientelari del governo.
Sulla stessa linea, l'assenza di una leadership collettiva che permetta di superare quella guida sconcertante che rappresentò Hugo Chávez, ci sembra un elemento centrale che spiega in parte il disorientamento e la perdita di chiarezza strategica in cui si incontra il movimento popolare venezuelano e la sinistra rivoluzionaria. La discussione sugli strumenti politici che permettono di canalizzare detta guida collettiva si fa sempre più rilevante sotto queste circostanze. Sebbene compagne e compagni valorosi, sia dentro che fuori del PSUV, hanno impostato questi elementi negli ultimi anni, fin'ora non si sono riusciti a cristallizzare detti sforzi.
Per concludere, nonostante insistiamo sul fatto che la sinistra debba mantenere uno sguardo critico di fronte a questo o altri processi di trasformazione, non possiamo negare che durante questi 17 anni la classe lavoratrice venezuelana ha donato ai popoli dell'America Latina e del mondo intero numerose lezioni di coraggio, convinzione e creatività, per cui negli attuali e duri momenti che stanno attraversando i nostri fratelli e sorelle in Venezuela, non possiamo perdere di vista la necessità di creare e rafforzare ponti di solidarietà concreta ed effettiva tra i popoli in lotta.

Víctor Vallejos, Juan Williams
Militanti di Solidaridad - Federación Comunista Libertaria
Maggio-Giugno 2016

 

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