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Mi Cambio de Parecer (Sobre el Sufragio Universal)

category asia oriental | historia del anarquismo | opinión / análisis author Thursday November 26, 2015 17:15author by Kôtoku Shûsui Report this post to the editors

El siguiente artículo es una traducción del primer artículo en el que el anarquista japonés Kôtoku Shûsui comienza a hacer públicas sus simpatías con las ideas del anarquismo. Fue escrito en 1907, en un intento por revivir el popular y polémico periódico socialista Heimin Shimbun (Las Noticias del Pueblo), el cual había sido suprimido por las autoridades en 1905, luego de lo cual Kôtoku fue arrestado por atentar contra las leyes de prensa. Hasta ese entonces Kôtoku había sido un importante dirigente del movimiento social-demócrata en el Japón. Cuando es arrestado en 1905, por primera vez entra en contacto con las ideas anarquistas mediante la lectura de Kropotkin; posteriormente, viaja entre 1905-1906 por los EEUU, donde entra en contacto con el movimiento sindicalista revolucionario de los IWW, el cual lo impresiona profundamente, familiarizándose entonces con las ideas de la acción directa. En este documento, discute con sus camaradas del Partido Socialista Japonés la importancia desmedida que dan a la estrategia electoralista, planteando que los revolucionarios deberían ocupar sus energías y recursos en organizar a la clase obrera y al pueblo para la acción directa y para acumular hacia una estrategia revolucionaria, anti-capitalista. Este documento no niega que el parlamentarismo o el reformismo puedan tener ventajas valiosas para los trabajadores, sino que plantea la sabiduría de que el Partido Socialista se entregue de lleno a esa lucha cuando los liberales y reformistas ya la están desarrollando, además considerando todos los riesgos que ella conlleva de desnaturalizar la lucha de los socialistas, de aburguesar a sus cuadros y de distanciarlos del pueblo. Los socialistas deben tener claridad de su rol en la lucha, no sólo por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, sino que por construir una nueva sociedad. Las ideas de Kôtoku sobre la acción directa y la democracia directa son de gran relevancia hoy, en que la democracia representativa está agotada, pero falta imaginación política para poder plantear mecanismos nuevos mediante los cuales volver a convertir la alternativa por un mundo nuevo y libre en una realidad concreta.

Traducción y Notas, José Antonio Gutiérrez D.
Edición del Heimin Shimbun en el que apareció este artículo.
Edición del Heimin Shimbun en el que apareció este artículo.


Mi Cambio de Parecer (Sobre el Sufragio Universal)

I.

Quiero hacer una confesión honesta. Mis opiniones respecto a los métodos y la política a adoptar por parte del movimiento socialista, comenzó a cambiar poco a poco desde el momento en que fui a prisión hace un par de años[1]. Posteriormente, durante mis viajes del año pasado[2], el cambio fue dramático. Cuando hago memoria sobre mi manera de ser hace algunos años atrás, me da la sensación de ser ahora casi una persona diferente.

Debido a este cambio en mis ideas, he tenido una acalorada discusión con Sakai[3] en muchísimas ocasiones y también he intentado, frecuentemente, aclarar las cosas con mis otros amigos. Pues bien, ya que he tenido ocasión de cuando en vez de expresar algunas de mis ideas en el Hikari[4], habrá quien ya haya captado lo esencial de mis pensamientos. Empero, a falta de un órgano adecuado[5] y además porque mi enfermedad me ha hecho difícil escribir[6], hasta ahora no he sido capaz de dirigirme a todos los camaradas para explicar mis ideas básicas. Pero ha llegado la ocasión de hacerlo, ya que no sería consecuente con mis principios si los silenciara de manera indefinida.

Por esta razón, deseo –como ya lo he dicho- hacer una confesión honesta. Si tuviera que resumir mi modo actual de pensar, sería con las siguientes palabras: “una revolución social real no es posible de ser alcanzada mediante el sufragio universal y una política parlamentarista. No hay manera de alcanzar nuestro objetivo socialista sino mediante la acción directa de los obreros, unidos como un solo cuerpo”.

II.

Antes, solamente prestaba atención a las teorías de los socialistas alemanes y a quienes seguían su corriente, poniendo demasiado énfasis en la efectividad de los votos y del parlamento. Solía pensar: “si tuviéramos sufragio universal, seguramente la mayoría de nuestros camaradas serían elegidos. Y si tuviéramos la mayoría de los asientos en el parlamento, entonces nuestros camaradas podrían instaurar el socialismo mediante una resolución parlamentaria”. Es cierto, desde luego, que yo reconocía al mismo tiempo la necesidad urgente de la solidaridad obrera, pero aún así creía que la prioridad para el movimiento social en Japón era luchar por el sufragio universal. Mis artículos y escritos reflejaban esta convicción, pero ahora creo que esta idea era extremadamente infantil e ingenua.

Entrando en un poco más de detalles, no puede promoverse la felicidad de las mayorías bajo el mal llamado sistema representativo actual. Los representantes son primero elegidos de entre un enjambre de candidatos, simpatizantes, aduladores, periódicos, mentiras, amenazas, banquetes y corrupción. Esto hace que uno se cuestione seriamente si acaso hay uno que se preocupe seriamente del Estado o del pueblo. Pero aún si asumismos, para seguir con el argumento, que los elegidos sean todos personas competentes, entonces ¿qué? Las personas cambian según sus circunstancias y como parlamentarios ya no serían, de ninguna manera, las mismas personas que cuando eran candidatos. Como políticos que viven en la capital, será ya personas diferentes a los individuos de espíritu orientado al servicio público que eran en sus distritos de orígen. Uno se pregunta si acaso hay alguien que realmente pueda seguir genuinamente apegado a los valores que sostenían antes de ser elegidos. ¿No es acaso el prestigio lo que más importa a todos los parlamentarios (o para la amplia mayoría de ellos)? Y después del prestigio, lo que más les importa es el poder, seguido por el dinero. ¿No está su campo visual restringido a ellos mismos, sus familias o a lo sumo –y esto es sólo cierto para los mejores entre ellos- a sus partidos?

Y esto no es una particularidad del Japón de hoy en día. No es sólo en Japón, con sus limitadas franquicias, donde esto ocurre. Aún en Suiza, Alemania, Francia y los Estados Unidos (y en otros países también, sin importar cuán universales sean sus sistemas de sufragio), la mayoría de quienes obtienen victorias en las elecciones son aquellos que tienen más recursos o que son los más descarados y los que tienen mayor habilidad en este juego. Tanto en el país como en el partido, es una cosa muy rara que alguien de primera categoría sea elegida.

Puede decirse que hasta ahora no existe parlamento alguno en el mundo que sea representativo, en el estricto sentido de la palabra, de la voluntad popular. El hecho de que aún mediante el sufragio universal el parlamento sea incapaz de representar de manera fidedigna la voluntad popular, es reconocido en estos días por la mayoría de los hombres de letras en el mundo que han propuesto un número de propuestas para remediar esta situación, mediante representaciones proporcionales, referéndum e iniciativas. Sin embargo, aún si dejamos de lado por ahora las consideraciones pormenorizadas de los pros y los contras de estas propuestas, podemos decir que los parlamentos no son representativos de la mayoría del pueblo –de la clase trabajadora, por decirlo de otra manera. El hecho, es que los parlamentos actuales los constituye la burguesía, aquella clase que recela de la clase trabajadora con hostilidad, y que la pisotea. Kropotkin, en el “El Trabajo Asalariado” que si bien el sistema parlamentario fue producto de la clase media –que por una parte- se oponía a la familia real, es, al mismo tiempo, un mecanismo diseñado por la clase media para gobernar y suprimir a la clase obrera. El sistema parlamentario es, en otras palabras, una forma específica de gobierno para las clases medias y, al decir esto, Kropotkin da justo en el clavo[7] [Nota del traductor: en este contexto -el Japón imperial-, “clase media” se refiere a la burguesía].

Quizás los parlamentarios no deben siempre ser de orígen burgués. Si se conquista el sufragio universal, muchos parlamentarios de orígen obrero puede que sean elegidos. De hecho, en Inglaterra unos 50 obreros fueron elegidos el año pasado[8]. Pero apenas estos parlamentarios son elegidos, pierden su mentalidad proletaria y desarrollan el gusto por las ropas y las comidas exquisitas, por el estilo de vida burgués, por darse sus aires y adoptar sus ademanes. ¿Y no han sido amargamente denunciados por esto?

Para dar un par de ejemplos, los vendedores hacen frecuentemente todo lo posible por complacer a su patrón, de la misma manera que el abogado lo hace por sus clientes. ¿Y los parlamentarios? Los parlamentarios no hacen ningún esfuerzo por las masas obreras. Aún si por fortuna revisaran alguna legislación considerada nociva por el pueblo, o crearan otra que fuera beneficiosa, esto por lo general es hecho con miras a adquirir fama o beneficiarse de manera temporal -¡o tiene que ver con sus planeas para la re-elección!

III.

Existe, sin embargo, la creencia de que aún si nuestros parlamentarios actuales son tan despreciables como los he descrito, los parlamentarios socialistas tendrían motivaciones sinceras y no hay razón para temer que traicionen la confianza del pueblo. Admito que todos los socialistas japoneses actuales son hombres y mujeres sinceros. Sea cual sea su grupo, mientras las condiciones sean adversas, son pocos quienes traicionan sus principios. Esto ocurre sencillamente porque no hay nada que ganar con unirse a un grupo que va contra corriente, por ello los que no son sinceros no se unen a nosotros en primer lugar. Pero llegado el día en que el socialismo sea una fuerza que deba ser reconocida, y si llegara a ganar una mayoría parlamentaria, ¿qué ocurrirá entonces? En esas circunstancias, muchos de los candidatos que habrán entrado a la contienda electoral profesando ser socialistas, no serán en nada parecidos a los socialistas de hoy en día. Por el contrario, habrá gente que se una al partido socialista solamente por un asunto de honor, poder y ganancias personales –o meramente por tener un puesto en el parlamento. Y, de hecho, la mayoría de quienes sean elegidos serán como quienes hemos mencionado antes –adinerados, descarados y los más arteros para dirigirse a la galería.

En épocas en que el antiguo Jiyûtô (Partido Liberal)[9] era un partido que nadaba contra la corriente, sus miembros eran todos patriotas que ardían de justa indignación. Y si pensamos en su espíritu y élan, era de lejos superior al de los socialistas actuales. Sin embargo, apenas convertidos en una fuerza parlamentaria, en vez de poner los intereses populares a la cabeza, se preocuparon de mantener su fuerza propia en el parlamento, defendiendo sus asientos y luchando por sus propios intereses. ¿No terminó ese otrora revolucionario partido totalmente esclavizado a las élites gobernantes que alguna vez fueron sus amargas enemigas, mediante una maraña de bellas palabras tales como “cooperación”, “compromisos”, “concesiones mutuas”? Y no hay nada sorprendente en esto, ya que es natural que un partido que avanza en su objetivo de llegar al parlamento y de lograr una mayoría parlamentaria se corrompa por completo una vez alcanzado ese objetivo. ¿Y si el Partido Socialista también también se viera seducido y deslumbrado por este tipo de poder mundano que se adquiere con las victorias electorales? Si convierte al parlamento en su objetivo primordial, su suerte no será en nada diferente de la lamentable manera en que terminó el Jiyûtô y uno podría decir que su futuro está plagado de peligros.

No sólo el Jiyûtô puede ser utilizado para ejemplificar esta tendencia. Hay lecciones que podemos extraer de los partidos socialistas modernos también. ¿No fue Millerand quien pactó con la burguesía francesa hace un tiempo para ser aceptado en el gabinete? ¿No fue el inglés John Burns quien cooperó con los individualistas[10] en esa ocasión, uniéndose también al gabinete? Como sea, respeto tanto a Millerand y a Burns como individuos, pero al mismo tiempo se debe admitir que como revolucionarios han sido corrompidos en cierta medida. La esperanza de ganar tantos asientos en el parlamento y una mayoría de votos, no es otra cosa que esperar echar mano al poder. ¿Y no es echar mano al poder lo que posibilita la cooperación y las claudicaciones al enemigo?

Afortunadamente, los partidos socialistas en Francia e Inglaterra no han sido del todo corrompidos con Millerand y Burns. Pero pese a haberse separado de ellos para preservar su integridad, es necesario entender que, si uno busca la raíz del problema, tanto Millerand como Burns, son el producto de la política electoral y del parlamentarismo de los partidos socialistas en su conjunto.

IV.

¿Y si yo cediera en todas mis observaciones y asumiera que las elecciones en efecto se pudieran conducir de manera justa, que solamente los parlamentarios idóneos serían elegidos, y que en términos generales ellos representaran la voluntad popular, podríamos entonces alcanzar el socialismo por esa vía? Tomemos como ejemplo a Alemania, el país de Marx y de Lasalle. Cuando los primeros camaradas fueron elegidos mediante el sufragio universal, no eran sino dos. Pasaron más de 30 años de luchas cotidianas para que se alcanzaran los 81 parlamentarios. Y los frutos de esos treinta años de amarga lucha y esfuerzo, fue que terminaron siendo despachados por un insignificante edicto imperial que ordenó la disolución del parlamento, siendo incapaces de oponer ninguna clase de resistencia. ¿No demuestra esto la fragilidad de una mayoría parlamentaria?

Hay momentos en que se suspende la constitución, cuando el derecho al sufragio universal es arrebatado, cuando el parlamento es disuelto. De hecho, cuando la déspota clase dominante constata la fuerza triunfante del socialismo parlamentario, es seguro que recurrirá a estos métodos. En Alemania, por ejemplo, tal cosa ha sucedido con frecuencia. Y cuando este giro en los eventos ocurre, no queda otro remedio que apoyarse en la fuerza mancomunada de la clase obrera. ¡Si! No queda más recurso que apoyarse en la acción directa de la clase obrera. Pero entonces la pregunta es si acaso es posible recurrir a la acción directa de la clase obrera inmediatamente, apenas se la requiera, si antes no se han hecho los esfuerzos para educar a los trabajadores en la escuela de la solidaridad.

Hyndman, líder de la Federación Socialdemócrata de Inglaterra, se quejó el año pasado, en la revista de EEUU “Wilshire’s Magazine” que “en apenas cuarenta años los japoneses habían podido pasar de un sistema medieval y feudal a un sistema capitalista moderno. Les tomó apenas cuarenta años realizar una transformación que a otros imperios les tomó varios siglos. Por otra parte, ¿qué es lo que nosotros, los socialistas, hemos logrado en esos mismos cuarenta años? El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) tiene tres millones de miembros. Es decir, tiene una cantidad de seguidores equivalentes a más de las dos quintas partes del ejército alemán. Tienen sus objetivos claros y saben que la hora para ellos ha llegado. Entonces, ¿no constituye el hecho de que aún no se hayan alzado un caso de excesiva paciencia, humildad y modestia? Se llaman un partido revolucionario, pero ¿qué han logrado en más de cuarenta años? Pregunto a los alemanes y a otros pueblos: ¿No es la muerte en Europa o en Estados Unidos aún más aterradora que las muertes que han ocurrido en Manchuria?”[11].

Las duras palabras de Hyndman no carecen, después de todo, de razón. Si los tres millones de miembros del SPD fueran efectivamente miembros concientes, la revolución ya se hubiera logrado hace mucho tiempo. Pero ser un miembro de un partido que vota y ser un miembro conciente son dos cosas muy diferentes. Aún si uno tuviera tres millones de personas entrenadas para fines electorales, éstas son inútiles a la hora de la revolución. Los defensores del sufragio universal y de la política parlamentaria predican a la clase obrera: “¡Voten por nosotros!, ¡Voten por nosotros! Si eligen a nuestros camaradas al parlamento, y si ganamos una mayoría parlamentaria, eso será la revolución social. Todo lo que los trabajadores deben hacer es votar”. Y los obreros honestos creen en esto y confían en completamente en el parlamento. Vota, y así suman más de tres millones de votos. Pero son solamente tres millones de votos. No son tres millones de socialistas concientes, unidos. Entonces, lo que sucede es que cuando a los obreros se les dice “¡Ahora hay que hacer la revolución! ¡Alcémonos!” se quedan atónitos y al descubrir que las urnas son inútiles, deben repensar sus ideas nuevamente. Así vemos que en la medida en que se impone la política parlamentaria, el movimiento revolucionario es castrado.

En aquellas zonas de la Confederación Alemana como Sajonia, Lübeck, Hamburgo, y otras en que el socialismo es fuerte, hubo varias limitaciones impuestas en el derecho a votar en las elecciones que tuvieron lugar hace unos cuantos años. Pero en lugar de rebelarse en contra de ellas, solamente protestaron. Bebel[12] dice que la huelga general y otras formas de acción directa son nuestro último recurso, que mientras tengamos el derecho a votar deberíamos luchar en el terreno electoral. Pero tengo serias dudas que no hay manera de que lo que sucedió hace un par de años no se vuelva a repetir cuantas veces sea necesario.

V.

Durante los últimos cuarenta años, la sangre, el sudor y las lágrimas de los socialistas alemanes han ido a dar al movimiento electoral. Si se hubiera gastado ese mismo esfuerzo en fomentar la conciencia y la solidaridad de los obreros, quizás no estaríamos hoy en la situación actual en que los obreros aún permiten que el Kaiser y el primer ministro alardeen sobre sus victorias. No estoy diciendo, desde luego, que el partido socialista alemán no haya enseñado nada a los obreros, pero nadie puede negar que el grueso de su actividad ha sido canalizada hacia el electoralismo.

Por supuesto, aún los defensores del sufragio universal y del parlamentarismo, no pueden hacer nada sin la conciencia y la solidaridad de los trabajadores. Reconocen que aún habiendo sufragio universal, no pueden hacer nada en el parlamento sin esa conciencia y solidaridad de la clase obrera. Pero por otra parte, si los obreros pueden lograr una genuina conciencia y solidaridad, ¿no pueden entonces lograr cualquiera de sus objetivos por medio de su propia acción directa? Y cuando los acontecimientos hayan evolucionado a este punto, ya no hay nignuna necesidad de que elijan parlamentarios o dependan del parlamentarismo.

Si los parlamentarios se corrompen, se pierde todo. Si el parlamento es disuelto, también se pierde todo. Lo que esto significa, es que la revolución social (en otras palabras, la revolución de los trabajadores) debe, en última instancia reposar en la fuerza de los mismos trabajadores. En vez de que los trabajadores sirvan de peldaño para aspirantes parlamentarios que no son más que confabuladores burgueses, deberían avanzar inmediatamente para asegurarse una vida decente. Es decir, para lograr comida y ropa decente.

Puede argumentarse que los movimientos por el sufragio universal y de carácter parlamentarista, son una forma de propaganda, pero aún si así lo fueran ¿no se recurre con ellos a métodos indirectos de propaganda, en lugar de agitar directamente? ¿no es esta una cuestión que imposibilita el desarrollo de una solidaridad poderosa, confiando en vez en algo tan frágil como el voto? En el Japón actual cuesta no menos de ¥2.000 participar en elecciones en una localidad cualquiera. Sin embargo, si este dinero fuera gastado en propaganda pura y simple, y en estimular la solidaridad entre los trabajadores, me pregunto si no tendríamos mejores resultados.

La mayoría de los socialistas europeos están desilusionados con los pobres resultados del parlamentarismo. Ha surgido una tendencia entre los movimientos continentales a la fricción entre los parlamentarios socialistas y la clase obrera. Aún los sindicatos ingleses, que han hecho frenéticos esfuerzos por la elección de ciertos parlamentarios, han visto un gradual declive en el número de sus miembros y en sus fondos. ¿No deberíamos los socialistas japoneses prestar mucha atención a esto?

Lo que la clase trabajadora necesita no es la conquista del poder político, sino que la “conquista del pan”[13]. No son más leyes, sino comida y vestido. Se desprende de ello que el parlamento prácticamente no tiene ninguna utilidad para la clase obrera. Supongamos que fuéramos tan lejos como para poner nuestra fe y confianza solamente en incorporar nuevos párrafos en las leyes del parlamento por acá o en revisar las varias cláusulas de un decreto por allá. En tal caso podríamos lograr nuestros objetivos meramente encomendandonos a los paladines de la reforma social y del socialismo de Estado. Pero si en vez de hacer esto, lo que buscamos es la genuina revolución social así como mejorar y mantener los niveles de vida reales de la clase obrera, debemos entonces concentrar todos nuestros esfuerzos no en el parlamentarismo sino que en el desarrollo de la solidaridad obrera. Y los trabajadores mismos deben estar dispuestos a no confiar de esas creaturas burguesas como son los parlamentarios y los políticos, sino que alcanzar sus objetivos mediante su poder propio y su acción directa. Lo repito: lo último que los trabajadores debenhacer es poner su fe en el voto y en los parlamentarios.

VI.

A pesar de que yo me exprese de esta manera, ciertamente no creo que conquistar el derecho a votar sea algo malo. Ni tampoco me opongo de manera vehemente al movimiento por reformar las leyes electorales. Si se conquistara el sufragio universal, al menos la opinión de los trabajadores debería ser tomada en cuenta, en cierta medida, por el parlamento a la hora de hacer las leyes. Nadie podría negar que hubiera alguna ventaja en ello para los obreros. Sin embargo, debe decirse que sea lo que sea que los trabajadores ganen con esto, no sería nada más que otra de las ventajas que acumulan los obreros mediante los proyectos de reforma social. Podríamos mencionar beneficios que los obreros podrían obtener mediantes leyes relativas al seguro obrero, inspección laboral, problemas de los inquilinos, protección laboral y asistencia a los pobres. Se beneficiarían también con la modificación o la derogación de la ley de paz pública o la ley de prensa. Ya que hay beneficios que se pueden obtener en esta arena, el promover movimientos que persigan estos fines no es algo malo. Por el contrario, es algo bueno –pero esto no significa que, por ser socialistas, estemos nosotros también obligados a hacernos cargo de estos movimientos.

Insisto en que no me parece algo para nada malo que los compañeros se presenten a elecciones parlamentarias y que participen de la contienda política. Ni tampoco me opondría si, una vez elegidos, los compañeros se mantuvieran activos en el parlamento. Por el contrario, me complacería en ver al número de nuestros compañeros en el parlamento aumentar, por la misma razón que me alegraría ver ver el número de nuestros compañeros aumentar en todas las esferas de la sociedad y en todas las clases sociales. Me complacería ver el número de nuestros compañeros aumentar en el gobierno y en el mundo de los negocios, en el ejército y en la armada, en la educación y entre los obreros y campesinos. Entonces, si es posible dar la lucha electoral, no tengo objeciones. Pero en lo que no puedo estar de acuerdo es que el librar la lucha electoral sea algo que, como partido socialista, deba preocuparnos de manera desproporcionada.

Lo que intento decir es que como socialista y como miembro del partido socialista, hay ciertas cosas que creo importantes para lograr nuestros objetivos. A lo que apuntamos es a una revolución fundamental en la organización económica –la abolición del sistema del salario, en pocas palabras. Pues bien, yo creo que a fin de lograr este objetivo, es más importante agitar la conciencia de diez obreros que obtener mil firmas en un petitorio por el sufragio universal. También creo que es más urgente que usemos ¥10 para promover la solidaridad de los obreros que gastar ¥2.000 en una campaña electoral, y que hay de lejos más mérito en una sola discusión con un grupo de trabajadores que en hacer diez discursos en el parlamento.

¡Camaradas! La conclusión que saco de todo esto es la siguiente: espero que desde ahora, nuestro movimiento socialista en el Japón, abandone su devoción al parlamentarismo y adopte como su método y su política la acción directa de los obreros, unidos en un solo cuerpo.

En momentos como el presente, en que muchos camaradas se encuentran celosamente absorbidos en el movimiento por el sufragio universal, he sido extremadamente reticente a expresar mis opiniones. Muchas han sido las veces en que he tomado la pluma para escribir –solamente para terminar pensándolo dos veces. Pero mi conciencia no me permite guardar silencio por más tiempo. Creo que seguir guardando silencio sería una completa traición a mis principios. Y, por lo demás, ya que algunos de esos mismos camaradas que se encuentran completamente dedicados al movimiento por el sufragio universal tuvieron la amabilidad de sugerirme que escribiera esta “confesión”, he decidido llevarla al papel en la firme esperanza que los camaradas critiquen y comenten lo acá escrito. Espero, también, que todos los camaradas reconozcan la sinceridad de mi pensamiento.

Kôtoku Shûsui
(Heimin Shimbun, 5 de Febrero de 1907, p.1)


[1] Kôtoku fue apresado por ofensas contra la ley de prensa entre Febrero y Julio de 1905.
[2] Kôtoku no se encontraba en Japón sino en los EEUU, entre Noviembre de 1905 y Junio de 1906.
[3] Sakai Toshihiko, periodista socialista co-editor del Heimin Shimbun.
[4] Hikari (Luz), periódico socialista que apareció del 20 de Noviembre de 1905 al 15 de Diciembre de 1906. Inicialmente, fue publicado dos veces por mes, después tres veces por mes. Kôtoku fue un colaborador irregular.
[5] Este artículo, “Mi Cambio de Parecer” apareció en el diario Heimin Shimbun el que se publicó del 15 de Enero de 1907 al 14 de Abril de 1907. Las palabras de Kôtoku “a falta de un órgano adecuado” se refieren a la situación anterior a la aparición del Heimin Shimbun, cuando no existía un único órgano reconocido por todas las facciones del movimiento socialista japonés.
[6] Kôtoku se encontraba, en esos momentos, semi-inválido y sufriendo de una tuberculosis intestinal crónica.
[7] El “Trabajo Asalariado” se refire al capítulo 13 de “La Conquista del Pan” de Kropotkin, llamado “El asalariamiento colectivista”. Este capítulo había sido ocasionalmente publicado como un folleto independiente bajo el título “El Trabajo Asalariado”. Kropotkin dice textualmente: “Elaborado por la burguesía para hacer frente a la realeza y consagrar y acrecentar al mismo tiempo su dominio sobre los trabajadores, el sistema parlamentario es la forma por excelencia del régimen burgués… Con el régimen parlamentario, la burguesía ha tratado simplemente de oponer un dique a la realeza, sin dar libertad al pueblo” (Pedro Kropotkine, La Conquista del Pan, Ed. Sempere, 1909, p.167-168)
[8] Se refiere a la elección general británica de 1906.
[9] El Jiyûtô nació en 1881, realizándose su conferencia inaugural el 18 de Octubre de ese mismo año. Por algún tiempo, fue la principal fuerza del Jiyû Minken Undô (Movimiento por la Libertad y los Derechos del Pueblo), movimiento policlasista opuesto a las medidas de modernización autoritarias impuestas por el Estado japonés en la Era Meiji, durante las últimas décadas del siglo XIX.
[10] Por “individualistas” Kôtoku al parecer se refiere a los liberales. John Burns se unió al gobierno liberal de Inglaterra en 1906 como Presidente del Panel de Gobierno Local.
[11] “Manchuria” es una alusión obvia a la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-5.
[12] August Bebel, líder del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde su creación en 1869 hasta su muerte en 1913.
[13] Referencia al famoso libro de Kropotkin del mismo nombre.

Oficinas en las que se publicaba el Heimin Shimbun (aprox. 1905)
Oficinas en las que se publicaba el Heimin Shimbun (aprox. 1905)

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