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¡Luchemos por tierra libre y vida digna!

category venezuela / colombia | community struggles | opinión / análisis author Monday September 07, 2015 11:04author by Núcleo Comunista Libertario - Núcleo Comunista Libertarioauthor email nucleocomunistalibertario at gmail dot com Report this post to the editors

Ante dos años de incumplimiento, el campo se vuelve a tomar las calles [Cumbre Agraria, Campesina Étnica y Popular 2015]

El 19 de agosto pasado se cumplía 2 años de uno de los sucesos históricos más sobresalientes de la etapa reciente en el país: el inicio del paro nacional agrario y popular. Después de un agitado primer semestre de ese año, donde los campesinos levantaron banderas de lucha en regiones como el eje cafetero, el gran Tolima y el Catatumbo sin ser escuchados, entendieron que solo la unidad de movilización nacional es clave para arrancarle al terrateniente y la burguesía los derechos que se merecen.
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¡Luchemos por tierra libre y vida digna!


El 19 de agosto pasado se cumplía 2 años de uno de los sucesos históricos más sobresalientes de la etapa reciente en el país: el inicio del paro nacional agrario y popular. Después de un agitado primer semestre de ese año, donde los campesinos levantaron banderas de lucha en regiones como el eje cafetero, el gran Tolima y el Catatumbo sin ser escuchados, entendieron que solo la unidad de movilización nacional es clave para arrancarle al terrateniente y la burguesía los derechos que se merecen.

Muchas de nosotras estuvimos en esa lucha, participamos de aquel inicio del paro, de la gran toma a Bogotá el 29 de agosto que terminó con uno de los disturbios más extendidos que halla habido en la ciudad (es de recordar que cerca de medio decena de personas perdieron la vida, la mayoría por disparos de fusiles del ejército), de los cacerolazos nocturnos en las plazas y parques, de los pupitrazos en las universidades públicas y en el bloqueo de las principales entradas de las grandes ciudades protagonizados por las campesinas de sus periferias. Desafortunadamente también tuvimos que presenciar el horroroso espectáculo de la represión: compañeras manifestantes golpeadas por bolillos, sangrando por impacto de gases lacrimógenos, granadas aturdidoras y las famosas recalzadas, secuestro en tanquetas y estaciones de policía, militarización de territorios (con la presencia incluso de tanques de guerra y fuerzas especiales, así como sobrevuelos constantes), persecución a cualquiera que protestara y el vil asesinato de decenas de indígenas, trabajadoras del campo, jornaleras y activistas solidarias en las ciudades.

Se decía bastante que desde 1977 el país no vivía un clima similar, y es cierto: el movimiento popular agrario logró colocar a Santos contra la espada y la pared, quien respondió en principio con el desconocimiento (con la frase “ese tal paro no existe”), la estigmatización (con la acusación recursiva de infiltraciones de grupos armados en movilizaciones) y luego con la más brutal represión sistemática que halla visto el país en las ultimas décadas. El final del paro parecía ser una victoria grande para las campesinas, y un empujón para trabajadoras urbanas, estudiantes, mujeres, ambientalistas y pobladoras de ciudades. Parecía ser que el pueblo, por primera vez en años, tenia capacidad de disputa más allá de lo local e inmediato, entonces, ¿Por qué otra vez debemos movilizarnos por las mismas reivindicaciones?

El optimismo no tiene porque confundirse con triunfalismo: que el movimiento social colombiano pudiera combatir al capitalismo imperante no implicaba de por sí mismo una victoria, era preciso obtener correlación de fuerzas favorable dentro y fuera del movimiento y articular las demandas hacia horizontes de transformación. Y esto no quiere decir que faltó fuerza, por el contrario, el desborde de actividad fue frenado por los grandes aparatajes reformistas de la izquierda, en particular, de los sectores parlamentarios que veían el paro solo como un trampolín o pre-coyuntura para encarar las elecciones legislativas, y sobre todo, presidenciales de 2014. La fuerza campesina y popular rápidamente fue encausada a través de liderazgos locales hacia la claudicación, justificada en falsos “agotamientos”. Por supuesto, la solución tampoco era mantener un paro por que si, lo que hubiera sido un gravísimo error estratégico al agotar las baterías del movimiento social que pudiera caer fácilmente por su propio peso. Sin embargo, asistimos a una nueva coyuntura que demuestra que el papel de los negociadores de las burocracias de izquierda y la pasividad pro-electoral que impregna el movimiento agrario, llevaron a tener que volver a salir a las calles a pedir, básicamente, el cumplimiento de acuerdos pasados firmados por el gobierno, pareciendo que la lucha de hace dos años perdiera sus acumulados en nombre del “crecimiento” de otros proyectos.

Sin embargo, a diferencia de hace dos años, el movimiento libertario se encuentra en una etapa cualitativa diferente. No podemos contentarnos con la mera asistencia o la movilización, es importante impulsar los movimientos, a partir de nuestras fuerzas, hacia una radicalización que transite por caminos de victoria, esto teniendo en cuenta las limitaciones que aun tiene nuestra corriente dentro del movimiento social. Así pues, la solidaridad no puede quedarse en el mero acompañamiento, por más combativo y beligerante que sea, a las movilizaciones campesinas, sino que su enseñanza y ejemplo tiene que servir para que en nuestros barrios y territorios podemos articular las demandas locales con la coyuntura nacional.

Precisamente, los movimientos indígenas, campesinos, étnico-rurales y afrodescendientes, que en su conjunto se articulan en la Cumbre Agraria y Popular que sesionará en Bogotá del 30 de agosto al 5 de septiembre, han estado planteando la importancia de volver a disputarse su dignidad contra el gobierno en campos y calles, quizás con las mismas condiciones de hace dos años pero agudizadas. Por ejemplo, el racismo siempre latente en la burguesía que ve con desprecio a las campesinas e indígenas ha aumentado su estigmatización conforme nos acercamos a los tiempos de manifestaciones, evidenciado ello en los últimos especiales televisivos trasmitidos por los grandes medios de comunicación que señalan a las comunidades nativas de ser salvajes corruptas y aliadas de las insurgencias. Por otro lado, el estado policial no ha parado su ofensiva después del paro, de hecho, las nuevas capturas a militantes sociales bajo la modalidad de falsos positivos judiciales no han sido de exclusividad para personas de las urbes: la emprendida contra lideres campesinos, especialmente en regiones como el Catatumbo, el oriente colombiano y Antioquia, se ha saldado con un gran número de capturadas a quienes se le imputan cargos desde el taponamiento de vías hasta pertenencia a organizaciones ilegales, siendo en ambos casos excusas para inculpar a quienes se atrevieron a perder el miedo hace dos años. Y no sobra recordar la arremetida paramilitar, tan presente en los lugares donde el paro agrario se vivió con mayor intensidad, que ha silenciado la voz de docenas de campesinos, indígenas y afrodescendientes.

Entonces, debemos volver a salir a las calles organizadamente, colmando plazas y avenidas con nuestra voz de protesta; la tarea de las comunistas libertarias, como consecuentes anarquistas, es poner toda nuestra disposición al servicio de la causa emancipadora, y articuladamente, los sectores libertarios y revolucionarios debemos trabajar de la mano para poder impulsar esta nueva coyuntura bajo un paradigma de organización horizontal, autónoma y solidaria, que pueda ver más allá del corto plazo. Desde el Núcleo Comunista Libertario extendemos el llamado a darnos la pelea en campos y calles por tierra libre y vida digna.

Unidas en las calles y campos ¡Venceremos!

¡Arriba las que Luchan!

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