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Reflexiones en torno a las revoluciones de la derecha

category internacional | antifascismo | opinión / análisis author Saturday June 14, 2014 08:15author by El Aguijón Report this post to the editors

Publicado originalmente en El Aguijón, número 26, publicación anarquista de Medellín, Colombia

Especialmente en Ucrania y Venezuela, se ha observado como sectores de derechas han salido a las calles a manifestar su oposición apropiándose de estrategias de lucha comúnmente utilizadas por los sectores populares y las izquierdas. Estas manifestaciones han sido nutridas por la clases medias y altas, estudiantes universitarios, grupos fascistoides, ongs y una gama variopinta de población, apoyados por USAID (agencia de cooperación y ayuda de los gringos a la pobreza que ellos mismos crean) y la fundación Open Society Institutes del multimillonario George Soros.
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Reflexiones en torno a las revoluciones de la derecha:
Solo la autogestión de nuestros procesos de la defensa podrá ayudarnos

I.

La hegemonía estadounidense (gringa) del capitalismo va en descenso desde hace unas décadas (Wallerstein). Desde la guerra del Golfo Pérsico en los 90s hasta los ataques a Irak, Afganistán y Libia miles de personas han sido despojadas, asesinadas, sus territorios devastados y sus “recursos naturales” apropiados y exportados; sus hospitales, escuelas y demás infraestructura urbana destruidos para, en gran medida, favorecer las empresas que reconstruirán la devastación “humanitaria”. “Patadas de ahogado” militares que intentan dinamizar la reproducción del capital a través de la guerra “preventiva”. Recientemente, más por “debajito”, los gringos han intervenido en el golpe de estado en Honduras, en el neofascismo de Ucrania y en las guarimbas en Venezuela, para no hablar del Plan Colombia que ha inundado de glifosato y balas las selvas y territorios de campesinos, indígenas y afrocolombianos.

En estas últimas intervenciones, especialmente en Ucrania y Venezuela, se ha observado como sectores de derechas han salido a las calles a manifestar su oposición apropiándose de estrategias de lucha comúnmente utilizadas por los sectores populares y las izquierdas. Estas manifestaciones han sido nutridas por la clases medias y altas, estudiantes universitarios, grupos fascistoides, ongs y una gama variopinta de población, apoyados por USAID (agencia de cooperación y ayuda de los gringos a la pobreza que ellos mismos crean) y la fundación Open Society Institutes del multimillonario George Soros. Diversos grupos “defensores de la democracia”[1], de la libertad de mercado y de expresión (usada generalmente para defender privilegios) han empezado a instrumentalizar formas de acción colectiva que los movimientos sociopopulares han utilizado por décadas.

Con el ascenso de las políticas populistas-nacionalistas propias del socialismo del siglo XXI (Morales en Bolivia, Chaves en Venezuela, Correa en Ecuador principalmente) y el asentamiento de un amplio reconocimiento popular de los gobiernos, las distintas fuerzas opositoras de derecha han creado un “dispositivo popular” (Rafael Poch) que intenta legitimar las movilizaciones que buscan generar ingobernabilidad, crisis en todos los sentidos, con el fin derribar a los gobiernos “populares”. El caso más conocido ha sido el de Venezuela, donde una alianza entre elites, clases medias, estudiantes, medios de comunicación y el intervencionismo gringo genero el golpe de estado en 2002 y los tres meses de agitación continua (magnificada por los medios) desde febrero de este año.

II.

En Bolivia la derecha también ha reconfigurado sus formas de acción colectiva. En diversos momentos después del triunfo del MAS (Movimiento al Socialismo) en 2006 se utilizó una violencia clasista racializada de grupos dominantes históricamente constituidos y sus “fuerzas oscuras” populares que sentían amenazados sus intereses y formas de vida. Esta violencia clasista y racista contra indígenas, campesinos y pobres urbanos es la respuesta visceral al temor que genera para los capitalistas la perdida de terreno político, económico y social, la reconfiguración de la relaciones de fuerzas en las luchas de clases. Este “miedo a la perdida de privilegios” se expresa en las políticas separatistas de la derecha en departamentos del oriente boliviano como Santa cruz, Beni, Pando y parte de Tarija, donde se encuentran las mayores reservas de gas, petróleo, de hierro (Mutún) y la amazonia boliviana, etc. Estos departamentos se configuraron como un fortín de la oligarquías “extractivas” defensoras del modelo neoliberal ligadas a intereses transnacionales que al ver amenazados sus lógicas de explotación de poblaciones y territorios deciden atrincherarse en las prefecturas (léase alcaldías o gobernaciones) para impedirlo.

Señalaré solo dos casos emblemáticos. El primero de estos se dio en la ciudad de Cochabamba el 11 de enero de 2007. En esta ciudad se concentraban campesinos, indígenas y pobladores urbanos pobres que exigían pacíficamente la renuncia del prefecto por su corrupción y falta de políticas sociales. Grupos de choque preparados por sectores políticos neoliberales se organizaron para sacar a los campesinos e indígenas de “su ciudad moderna”, demostrando su racismo, clasismo y mentalidad colonial. Durante los ataques a las comunidades más de 400 personas resultaron heridas por golpes de palos, piedras o bates, 36 apuñaladas, 11 heridas de bala y 3 muertos.

El segundo caso se registró en el departamento de Pando, provincia El Porvenir. El 11 de septiembre de 2008, en lo que han dado en llamar como el golpe de estado cívico-prefectural, Leopoldo Fernández de la mano de diferentes sectores de la ciudad de Cobija, toman por asalto diversas instituciones públicas, especialmente el INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria) como una forma de detener los cambios que se venían encima con la reconfiguración de las fuerzas políticas a nivel nacional. Los campesinos e indígenas deciden movilizarse para retomar las instituciones en las que tenían arraigadas sus esperanzas de cambio y reconocimiento territorial. Sin embargo, un grupo de mercenarios (paramilitares) los reciben a balazos a las a fueras de la ciudad, asesinando a 18 y despareciendo a más de 30 campesinos, en lo que se ha conocido como la masacre del Pando o el Porvenir.

Resulta significativo que en estos dos momentos sangrientos, la policía permaneciera impávida observando la violencia que se ejercia contra los campesinos e indígenas. Ahora bien, después de estas tensiones, el gobierno de Morales y el MÁS retoman las prefecturas y comienzan a implementar una serie de cambios en la región. No obstante, si bien políticamente diferente, las políticas han mantenido las estructuras de propiedad de la tierra y un enfoque extractivista en relación con la naturaleza (ver el caso del TIPNIS).

III.

Como ha señalado Zibechi “Esta disposición de fuerzas para el combate de calles no es nueva. A lo largo de la historia ha sido utilizada por fuerzas disímiles, antagónicas, para conseguir objetivos también opuestos”. El arte de la movilización callejera, sobre todo la orientada a derribar gobiernos, ha sido aprendida por fuerzas conservadoras que intentan mantener privilegios sociohistóricos (Bolivia) o derrocar gobiernos que ponen fin a los mismos (Venezuela).

¿Y toda esta reflexión a razón de que? Básicamente creo que estos acontecimientos que se despliegan en el sistema mundo moderno colonial nos traen varias enseñanzas:

1. Estamos en un momento de transición de la hegemonía donde la reconfiguración de posiciones estratégicas mantenidas históricamente lleva a que las fuerzas en contienda renueven sus repertorios de acción. Así que en adelante, comúnmente veremos a los de derecha haciendo lo que hacían los de izquierda y a los de izquierda imitando a sus pares de derecha (no se nos puede olvidar que el compañero Nicolás Neira fue asesinado por el ESMAD durante la alcaldía del Polo Democrático en la ciudad de Bogotá)

2. La capacidad de la derecha de apropiarse de formas de acción y símbolos que antes señalaban como “subversivos” será una constante. Así es necesario que estemos preparados en países como Colombia a la reencauche de las camisas negras de Mussolini con su MVSN (Milizia Volontaria per la Sicurezza Nazionale: ‘milicia voluntaria para la seguridad nacional’). Ya las juventudes del centro democrático de Uribe están asumiendo sus camisas negras, aunque hasta el momento dejen a sus fuerzas oscuras paramilitares las acciones violentas.

3. En Colombia también hemos asistido al fortalecimiento de la política activa de la derecha a través de manifestaciones masivas impulsadas desde los medios de comunicación hegemónicos en apoyo a ciertas políticas guerreristas en rechazo de la guerrilla, especialmente de las Farc, durante el mandato de Álvaro Uribe. Aunque, como decíamos la extrema derecha colombiana tiene quien les haga el trabajo sucio (paramilitares de todos los calibres), debemos estar atentos, despiertos, al acecho, para cuando estas fuerzas desencadenen violencias indiscriminadas contra poblaciones que luchan por sus derechos.

4. Solo la autonomización de nuestros procesos de acción-defensa podrá ayudarnos cuando los ricos de siempre decidan ir a por nuestros compañerxs que luchan. La confianza en el paraguas que proporciona el estado social de derecho es sólo una ilusión que los poderosos y las fuerzas conservadoras de las injusticias sociales pueden espantar cuando vean amenazados sus intereses.

Videos que ilustran

RESISTIENDO - Voces de las víctimas de la Masacre de Pando
http://vimeo.com/9737017
Democracia a palos. Resistencia desde los Valles
http://www.youtube.com/watch?v=eG_i4jgZq1g


[1] En el caso de Venezuela, han sido denunciadas en varias oportunidades agencias como el Fondo Nacional para la Democracia (NED por sus siglas en inglés), creada por el Congreso de Estados Unidos durante la presidencia de Ronald Reagan. O la española Fundación de Análisis y Estudios Sociales (FAES) orientada por el expresidente José María Aznar.

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