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¿Tiene Santos las llaves de la paz?

category venezuela / colombia | la izquierda | opinión / análisis author Sunday June 01, 2014 05:11author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Es verdad que con Santos también se asesina sindicalistas, se desplaza, se hacen falsos positivos, se bombardea indiscriminadamente; no olvidemos que Santos impulsó la ampliación del fuero militar y ha criminalizado la protesta social mediante la ley de Seguridad Ciudadana. Pero Zuluaga es más guache, eleva los “pecados” de la oligarquía colombiana a la categoría de “virtud”. Por ello es entendible la mezcla de rechazo, el miedo y la histeria que la posibilidad de un triunfo de Zuluaga ocasiona en muchas personas honestas. Esto es lo que ha llevado a un sector importante de la izquierda plantearse apoyar a Santos en la segunda vuelta.

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¿Tiene Santos las llaves de la paz?

En estos días la imaginación de la izquierda es desbordada por las apocalípticas imágenes del triunfo de Zuluaga. Es verdad, Santos no es santo de la devoción de nadie, pero al lado de Zuluaga aparece como un gentil caballero. Zuluaga, es verdad, representa el discurso neandertal de lo peor de la derecha ultramontana de este país. Es verdad que con Santos también se asesina sindicalistas, se desplaza, se hacen falsos positivos, se bombardea indiscriminadamente; no olvidemos que Santos impulsó la ampliación del fuero militar y ha criminalizado la protesta social mediante la ley de Seguridad Ciudadana. Pero Zuluaga es más guache, eleva los “pecados” de la oligarquía colombiana a la categoría de “virtud”. Por ello es entendible la mezcla de rechazo, el miedo y la histeria que la posibilidad de un triunfo de Zuluaga ocasiona en muchas personas honestas. Esto es lo que ha llevado a un sector importante de la izquierda plantearse apoyar a Santos en la segunda vuelta. En principio, me parece esta opción respetable si no se pone mucha fe en este personaje; el miedo, empero, no es buen consejero, y hay que analizar objetivamente los hechos. Alguien por ahí dijo que si gana Santos la paz no está asegurada, pero si gana Zuluaga la guerra total es una certeza. No estoy tan seguro, sin embargo, de la validez de esta afirmación.

¿Al filo del caos?

¿Se acuerdan antes de que Santos fuera elegido? ¿No se decía que sería el continuador del uribismo? ¿No era “Chuky” el candidato del guerrerismo, de los falsos positivos, de las agresiones a Ecuador y Venezuela? ¿No eran estos epítetos bastante merecidos, además de parecidos a lo que hoy se dice de Zuluaga? Y sin embargo, Santos, pese a que jamás habló de paz en su campaña, pese a que abanderó la “seguridad democrática”, tuvo que terminar negociando la paz en La Habana, en parte por la presión popular en las calles, en parte por la presión guerrillera en el campo de batalla, en parte por las presiones de la comunidad internacional que, tras diez años de Plan Colombia, busca alternativas para acabar un conflicto que por la vía militar no se acaba, a menos de producirse la temida “hecatombe”. De la misma manera, un presidente que prometa la paz tampoco es garantía de nada ¿No fue Pastrana elegido para hacer la paz? Efectivamente, impulsó los diálogos del Caguán, a la vez que se unificaban las maquinarias paramilitares en las AUC y se negociaba e implementaba el Plan Colombia. Según sus propias confesiones, para lo único que sirvieron esas negociaciones desde su punto de vista, fue para poder desacreditar la solución política al conflicto, dar un respiro al gobierno para modernizar y ampliar el aparato militar, y así preparar el terreno para el uribismo.

Zuluaga puede decir las pendejadas que quiera; pero lo que haga al final de cuentas, es otra cosa, precisamente, porque los presidentes colombianos no tienen ni la autonomía ni el poder para decidir sobre el curso de la guerra. Eso se decide en otro lado. Así que si Santos avanzará con la negociación o Zuluaga la detendrá, todo está en el campo de la especulación. De hecho, Zuluaga ya está reculando de sus afirmaciones sobre terminar las negociaciones. Seguramente alguien le jaló de las orejas.

Especulación e histeria

Como hay tantas personas dedicadas a especular estos días, haciendo que la histeria crezca como una bola de nieve, quiero yo también especular un poco. Personalmente, no creo que Zuluaga tenga posibilidad alguna de ganar las elecciones. Creo que está inflado por los medios, que está totalmente sobredimensionado como todo el uribismo[1]. La oligarquía no es boba y no da puntada sin hilo. Santos tiene su imagen tremendamente desgastada, no por el proceso de paz, como quieren hacer creer algunos opinólogos avivatos, el cual sigue teniendo un firme respaldo de la mayoría de la población. Su imagen está desgastada por el pobre manejo del país, por las crecientes desigualdades, por el desastre que han significado los tratados de libre comercio, por lo difícil que está la vida para la inmensa mayoría de los colombianos que no votan. Para empezar con un segundo mandato fuerte, necesita replantear la “unidad nacional” con la que comenzó su primer mandato. Para eso, la paz la maneja como el pegante que puede juntar un consenso importante en torno a su segundo mandato y comenzar con una cara fresca, renovada, con capacidad de plantear la paz ya en sus propios términos (es decir, la paz con injusticia social). Estos manejos electorales no son nuevos: recordemos como inflaron a Mockus en la primera vuelta de las elecciones del 2010, para sacar al Polo del camino, y en la segunda vuelta, la “ola verde” se desinfló sin pena ni gloria. Y Santos emergió con un triunfo arrollador, con poses cesaristas. Creo que ahora buscan hacer algo parecido.

Y también veo otro objetivo en toda esta manipulación y es poner más presión sobre la insurgencia para así lograr una paz minimalista, con injusticia social, equivalente a una rendición. ¿No han aparecido ya algunos autodenominados intelectuales a exigir a la guerrilla de las FARC-EP un nuevo cese al fuego unilateral, aprovechándose de la histeria zuluaguista-uribista? ¿por qué no exigir al Estado que acepte el cese al fuego bilateral que se les ha ofrecido mil veces, mientras se han aprovechado de los ceses al fuego unilaterales de la insurgencia para escalar los ataques contra la población civil y contra los guerrilleros? ¿No han aparecido algunos a pedir mayor celeridad en el proceso, algo así como “firmen cualquier vaina pero háganlo ya”? ¿la paz acaso no es algo lo suficientemente serio, que requiere del tiempo que haga falta para tomar las decisiones acertadas? ¿No han aparecido otros a decir que las FARC-EP deben guardar un silencio sepulcral y no hacer declaraciones políticas para no poner en riesgo el proceso? ¿Por qué no pedir lo mismo al ministro de defensa, a personeros del gobierno, al ismo Santos, o a los partidos en el gobierno que no paran de torpedear el proceso y mancillar la confianza de la opinión pública en una de las partes? Es difícil no darse cuenta de cómo la coyuntura la está utilizando la oligarquía para presionar una paz exprés, insustancial, espuria, que no les duela ni les cueste nada, una paz a medida de las transnacionales y de sus intereses como clase. Es difícil no darse cuenta como la histeria por Zuluaga se está utilizando para buscar la rendición de la insurgencia en la mesa de negociaciones. Y sin embargo, un sector de la izquierda ha caído redondito en esto y se une a la histeria “porque viene el lobo”.

¿Quién tiene las llaves de la paz?

Creo que es legítimo que cada cual actúe a conciencia y ponderando los hechos, pero una decisión política, cualquiera que sea, debe ser tomada con la cabeza fría y evitando apreciaciones histéricas. Si se apoya a Santos para oponerse al uribismo fascistoide, si se le vota con miedo, asco o resignación, me parece perfecto. Pero que se diga así de claro y no se le den méritos a Santos que no tiene, ni cualidades que tampoco posee. Porque lo otro es terminar lavando la cara a un oligarca que tiene su manos bastante manchadas de sangre. Que Zuluaga sea un ultraderechista acérrimo, no convierte a Santos en un demócrata. Que Santos esté en medio de un proceso de paz, ni lo convierte en el presidente de la paz ni en un mandatario benevolente que ha “obsequiado” a sus súbditos una mesa de negociaciones de paz. Ningún presidente le abrió las puertas a la paz; ese ha sido un esfuerzo colectivo en el que el grueso del mérito se lo lleva ese pueblo raso, que rara vez vota pero que se moviliza, el cual es frecuentemente ignorado y olvidado en análisis políticos de derecha o de izquierda, que no cesó la resistencia multiforme en contra de la violencia del régimen. El proceso de paz es una victoria popular, no un regalo. ¿O es que entonces aceptamos que Santos presuma de ser el dueño de las llaves de la paz, como alguna vez él mismo dijo con arrogancia? Si decimos que las llaves de la paz las tiene el pueblo, hay que ser consecuentes con esta posición política, y estar dispuestos a usar estas llaves sea quien sea que gane las elecciones.

La paz no depende del monigote que está sentado en la Casa de Nariño. Ahí es donde tengo la diferencia fundamental con todos los análisis que se vienen haciendo desde posiciones histéricas, que demuestran un fetichismo presidencialista totalmente idealista (en el sentido sociológico del término) y una sobrevaloración exagerada de lo superestructural en la política. La paz y el proceso de paz, dependen de fuerzas mucho más profundas que el monigote del Ejecutivo: dependen, en primera instancia, del equilibrio en la lucha de clases. Ante un pueblo fuerte, combativo, organizado, unido y decidido, ni Zuluaga ni Santos se la mide. Insisto en lo que dije hace unos días, que aunque suene a cliché no es por ello menos cierto: la lucha es la que decide, no el presidente ni la política por arriba. Pero la paz y el proceso de paz, también dependen de variables mucho más poderosas que la zigzagueante oligarquía colombiana con todas sus contradicciones internas: particularmente de la posición que el imperialismo juegue en esto. Ni Zuluaga ni Santos harán nada sin la autorización de la Unión Europea o de los EEUU. Ambas potencias, a las claras, no han visto agotadas las cartas de la negociación y no se arrojarán, sin más, a una aventura guerrerista irresponsable porque el finquero de Salgar (o su marioneta) los quiera empujar a ello. Los uribistas y los santistas son el perro, no el amo. Las decisiones que implementa la oligarquía, hace rato, que no se toman en la Casa de Nariño.

Cada cual en la segunda vuelta votará como quiera o se abstendrá, y todas las opciones son igualmente respetables[2]. Siempre y cuando se entienda que lo fundamental no es cómo se vota, sino la lucha. Mucho hemos hablado de “meterle pueblo” a la paz, como para que ahora termine este tema reducido a un mero tema de campaña electoral. O peor aún, para que terminemos en la izquierda divorciando la paz de la justicia social. Hasta en cómo entendemos la paz somos diferentes con Santos: para nosotros la paz son derechos, son garantías, es bienestar, es libertad, es solidaridad social. Puede sonar de Perogrullo, pero no está de más insistir que estos son tiempos de profundizar la lucha popular y que esa es la mejor manera de defender las negociaciones y de defender el derecho del pueblo a la paz con justicia social. No podemos permitir que el discurso de la paz sea utilizado para desmovilizar al pueblo o para lavarle la cara a una fracción de la oligarquía más criminal del hemisferio. Ni mucho menos para hacer causa común con quienes quitan el pan de la boca a los pobres y quitan el agua y la tierra al campesino.

José Antonio Gutiérrez D.
31 de Mayo, 2014


[1] Sobre el sobredimensionamiento mediático del uribismo ya he escrito antes http://anarkismo.net/article/26844

[2] Lo que no me parece respetable es el argumento chantajista y deshonesto de quienes dicen que, objetivamente, abstenerse o votar en blanco es apoyar a Zuluaga. Objetivamente (si esta palabra tiene algún significado), los únicos que apoyan a Zuluaga son quienes votan por él.

author by Cristián Hurtadopublication date Fri Jun 06, 2014 04:34Report this post to the editors

Que la paz es un bien supremo, sancionada por la agonizante constitución de 1991, es cierto. Pero que Santos sea la manifestación de la paz, de ese bien supremo, no lo es en absoluto. Mucha especulación, incertidumbre y polémica motivada por la victoria de Zuluaga en primera vuelta ha suscitado la paz en Colombia; me permito tres opiniones al respecto:

1 Los hechos demuestran cómo la paz es un campo en disputa política: No solo lo es hoy, lo ha sido durante años. Formidables luchas y escenarios populares han sido impulsados al respecto; recuerdo el de Cali (2009), Barrancabermeja (2011), y la reciente ruta social común (2013). Todos estos hechos, en épocas en que Santos y Zuluaga como miembros del gabinete Uribe se alineaban en la idea del fin del fin, y la esquizoide búsqueda de la victoria militar destinando recursos y personas a la guerra, nacieron por impulso, iniciativa y disposición del campo social y popular. La bandera de la paz la ha representado el pueblo, incluso en épocas en que agitarla era un riesgo a la vida.

Así, asegurar que Santos representa la paz, o que la abandera – como aseguró una excandidata de oposición – representa borrar de un plumazo esa agenda de lucha, nuestra vocación de paz históricamente defendida, incluso con la vida y libertad de otros hombres y mujeres. Es un mensaje de derrota, una entrega humilde de la bandera que agitamos muchos años. Es también un olvido doble: olvido de nuestra lucha, olvido de nuestra apuesta. Santos representa la paz, pero la paz entendida como la reinserción de la insurgencia sin generar una sola modificación del modelo, ese que no se discute no con la insurgencia ni con el pueblo. Ese modelo que tanto Santos y Zuluaga comparten en su fundamento doctrinario, en su perspectiva estratégica, pese a las diferencias cada vez más agudas entre los sectores que representan. Ni la paz de Santos, ni la paz de Zuluaga implican la justicia social: ni empleo, salud, educación, vivienda, acceso a la tierra, desmilitarización de los territorios y la vida, nada de eso lo sugieren, ni lo implican, los candidatos en pugna. Ante la paz de Santos y Zuluaga, debe emerger con toda fuera la Paz con Justicia Social, la solución integral de las casusas estructurales del conflicto social, político y armado colombiano.

2 ¿Dónde están las voluntades de Paz?: Si Santos o Zuluaga representasen la paz que buscamos, se darían hechos en ese sentido. 48 compañeros y compañeras de Marcha Patriótica asesinados, 300 prisioneros políticos; los recientes y grotescos 4 campesinos asesinados en Nariño y mostrados como bajas en combate. La negativa a establecer un cese bilateral al fuego; la continuidad del servicio militar obligatorio, e incluso, la certeza de que los espionajes ilegales continúan demuestran todo menos un clima de voluntad de paz de parte del Gobierno. Esto es aún más claro con Zuluaga y Uribe, como lo demuestran, para no extendernos, las recientes fiestas de dirigentes del UCD con miembros de grupos neonazis.

Nuestra propuesta de paz es contraria en lo absoluto a cualquier idea al respecto de Santos o Zuluaga. Implica discutir el modelo, la doctrina militar, el modelo de Estado, el acceso a medios de comunicación e información, las garantías para la organización y movilización social y popular. Conllevan acceso real, de calidad y gratuito a salud, educación, vivienda; trabajo digno, bien pago y dignificante. Implica, no sobrevivir, implica un buen vivir.

No encuentro identidad programática entre los candidatos y la idea de paz con justicia social. Tampoco veo hechos en ese sentido, al contrario, veo la agudización de la represión, las causas de la miseria y la exclusión política. Así, no veo la bandera de la paz verdadera en las manos ensangrentadas de ninguno de los candidatos.

3 ¿Hacia dónde caminar para encontrar la paz con justicia social? Hay excesiva simplificación del problema electoral: no se trata de paz (Santos) y guerra (Zuluaga). Debajo de este ropaje mistificador se esconden 2 elementos centrales:

El avance que ha logrado la derecha colombiana en deslegitimar el proceso de diálogo y la solución política. En parte, producto de las dificultades de la izquierda para rodear verdaderamente el proceso.

La creciente crisis del régimen de dominación de clase en el país. La cuál despunta dos alternativas desde los sectores dominantes: la modernización del capitalismo para reactivar la acumulación de capital (Santos) para lo cual la desmovilización insurgente permite nuevos nichos de acumulación; ante la profundización de la acumulación por despojo como base del modelo extractivita en Colombia, de allí la oposición a la redistribución de la tierra y cualquier afectación a la gran propiedad, elementos presentes en la mesa de la Habana (Zuluaga). Ante dicha crisis, se vislumbran realmente dos alternativas desde las clases dominantes: acumulación mediante la paz y la guerra (Santos), ante acumulación mediante la guerra (Zuluaga). Desde esta perspectiva, la ecuación Santos = Paz se diluye.

La alternativa, en este orden de ideas, no es apoyar la “falsa alternativa”. Es construirla. Si el modelo entra en crisis, antes que buscar administrarla, o darle continuidad al modelo económico y político; debemos forjar la alternativa. Lo hemos dicho, aunque no lo creemos a veces, que la alternativa es la paz con justicia social, y nuestro apoyo al diálogo entre la insurgencia implica que esos procesos de diálogo impliquen participación social y popular, y avancen hacia la justicia social en Colombia.

La alternativa es la unidad, la fuerza acumulada y organizada. El encuentro de todos los sectores, no alrededor de un candidato, sino de un sueño construido colectivamente; alrededor de una agenda de mediano y largo plazo que permita solucionar políticamente el conflicto, y avanzar en que seamos poder, seamos gobierno: un proceso constituyente, de unidad, organización, movilización – de esto ya ni se habla – y construcción de nuestra alternativa de poder, política, derechos, sociedad y Estado que queremos construir.

De nuevo, el tema se pone en perspectiva. O resolvemos luchar el 15 por la paz, o resolvemos dar la vida por un nuevo país, un país en Paz con Justicia Social. La alternativa, la elección por la que opto, es por la unidad, la lucha y organización por la paz con justicia social. Opto por la tercera alternativa, pues el pueblo es el real garante de ese bien supremo que es una paz, estable, duradera, para el buen vivir.

author by ELÍAS FONSECA CORTINA - Ejecutivo CUT Nacionalpublication date Wed Jun 18, 2014 18:42Report this post to the editors

Un grupo de dirigentes sindicales tomó la decisión de respaldar la candidatura de Juan Manuel Santos en las elecciones presidenciales del 15 de junio. El título del comunicado señala sus razones: la paz, la apertura democrática y los derechos sociales y laborales. Entre los firmantes figuran ocho de los veintiún miembros del Comité Ejecutivo Nacional de la Cut. En los medios de comunicación se ha difundido la noticia atribuyéndole a la Cut como institución el respaldo a semejante desafuero

En las dos Juntas Nacionales realizadas por el actual Comité Ejecutivo Nacional de la Cut, hemos declarado que Juan Manuel Santos y Oscar Iván Zuluaga junto a sus jefes de campaña Cesar Gaviria y Álvaro Uribe, representan la esencia del modelo económico que destroza a la nación. La situación no puede ser más desalentadora. Para la inmensa mayoría de los colombianos, la desigualdad y la pobreza registradas por los informes de la ONU nos colocan como el tercer país de mayor desigualdad de Latinoamérica. La informalidad laboral por datos oficiales llega al 70% de la población económicamente activa; el derecho a la salud lo han convertido en una negación permanente, dándole a las EPS jugosas ganancias a costa del bienestar de millones; la educación como derecho es puesto en entredicho al acelerar la carrera privatizadora que entrega a particulares la operación de escuelas, colegios y universidades, por el otro lado degrada su calidad hasta colocarla en el último puesto en pruebas internacionales; de la misma manera los servicios públicos se han convertido en un dolor de cabeza cada vez que llegan los recibos con cobros y alzas excesivas en beneficio de los monopolios privados.

El gobierno de Juan Manuel Santos ha profundizado el desastroso modelo económico neoliberal, legado por los gobiernos de Cesar Gaviria, Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, ante la exigencia de los organismos internacionales manejados por Washington. Ya van catorce tratados de libre comercio firmados en contravía al del desarrollo de la producción nacional industrial y agropecuaria; han legislado en materia financiera e inversión extranjera para satisfacer la insaciable voracidad de las multinacionales y los linces del gran capital; han feriado los recursos naturales, otorgando patente a la gran minería trasnacional para llevarse nuestras riquezas y de paso destruir el medio ambiente, las riquezas hídricas, la fauna y la flora. Las privatizaciones avanzan por doquier, los activos que aún quedan en poder del Estado siguen en subasta en detrimento del patrimonio nacional, entregándolos a los monopolios nacionales y extranjeros. A los campesinos y productores agropecuarios se les burlan los acuerdos que buscan aliviar las pérdidas a que están sometidas sus actividades; se les responde ante las justas reclamaciones con bárbaras represalias por parte de las fuerza pública, abandonándolos a su suerte, producto de la intransigencia del Ministro Lizarralde. Esto sucede en medio de las denuncias fundamentadas del despojo de las tierras baldías de la altillanura a cargo de los grandes potentados entre ellos el mismo Ministro de Agricultura.

El pasado 3 de junio, la conferencia 103 de la OIT incluyó a Colombia en la lista de los veinticinco países que más violan los derechos laborales y las libertades sindicales de los trabajadores. Esta merecida condena hubiese bastado para que no cruzara por la mente de dirigente sindical alguno el apoyo al presidente candidato. Qué falta de coherencia. Y para rematar la habitual conducta antiobrera de Santos, la empresa estatal Ecopetrol acaba de presentar un nefasto contrapliego en la negociación colectiva que se debe iniciar con la USO, pretendiendo acabar con las mínimas garantías laborales.

Ni Juan Manuel Santos ni Oscar Iván Zuluaga merecen el voto de ningún afiliado de la Central Unitaria de Trabajadores Cut. Grandes daños al país y sus pobladores han causado como gobernantes o como parte de estos gobiernos. Igualmente el llamado es a que los trabajadores, campesinos, estudiantes, productores agropecuarios y empresarios nacionales, no se dejen confundir por los promotores del neoliberalismo.

Si bien se ha señalado que Colombia necesita una solución negociada al conflicto armado interno, se corrobora que la paz no pasa por la reelección de Santos, no se puede abusar del anhelo de paz para aprobar de paso los postulados programáticos de ningún candidato. La declaración de este grupo de sindicalistas abusa del deseo que tiene Colombia de que terminé el conflicto para respaldar el programa político del candidato reeleccionista. Nada de lo expuesto en el aviso pagado en El Tiempo corresponde con lo actuado y por actuar del candidato presidente. La equidad social, la educación pública, la salud como derecho, pronta y cumplida justicia, el trabajo decente, los problemas de la población rural, el estado social de derecho, no pasan de ser palabrería hueca y una burla a los trabajadores y al pueblo.

El miedo a Zuluaga lo convirtieron en excusa perfecta para respaldar todo el contenido programático de Santos de ayer y de mañana. La diferencia de fondo en el debate es que no hay diferencias. Ahondar carencias, negar derechos a los trabajadores y dar gabelas a multinacionales, será la labor del que gane.

El debate de los candidatos en los medios de comunicación muestra que la diferencia entre ellos consiste en cómo aplicar la receta. La dirigencia sindical que respalda a Santos debería aprender y rectificar su postura. El común de la gente percibe que Santos y Zuluaga hacen un gran esfuerzo en diferenciarse pero entre más esfuerzo hacen, más se parecen.

La Cut no apoya ningún candidato. Invito a los afiliados a votar en blanco o abstenerse. Igualmente convoco a los trabajadores y al pueblo a preparar las luchas de resistencia y movilización civilizada que necesariamente tendrán que librar, sea cual fuere el próximo presidente.

Bogotá, junio 10 de 2014.

EL 15 DE JUNIO ¡NI SANTOS NI ZULUAGA!

 
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Este artículo apareció originalmente en la revista CEPA (año IX, Vol. II, No.19 –Agosto/Diciembre 2014) y fue escrito entre abril y junio de 2014 cuando se conmemoraba el medio siglo de vida de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP). El objetivo de este artículo no era ni hacer una historia exhaustiva de este movimiento insurgente, ni una apología, ni una exposición sistemática de la ideología y la práctica del movimiento guerrillero. El objetivo, en realidad, era mucho más simple: demostrar que la resistencia no ha sido estéril ni en vano. Quería salir al paso a una determinada línea argumentativa en un sector liberal y socialdemócrata de la izquierda que plantea, de manera simplista, que la lucha armada, en el mejor de los casos, ‘no ha servido para nada’ o, en el peor de los casos, ha sido el principal factor del estancamiento de la izquierda colombiana –a esto último lo he llamado la tesis de la “guerrilla-tapón”, que bloquea el aparentemente “inevitable” cauce de la izquierda legal al poder–. Ambas tesis parten de la discutible base de que la resistencia armada fue sencillamente una opción que se asumió dogmáticamente en medio de un abanico de oportunidades que la izquierda tenía a mediados del siglo XX. En este sentido la gran responsable de la violencia en Colombia sería, en realidad, el movimiento guerrillero y no el Estado. De esta manera, estas reflexiones deben ser entendidas como una contraparte de una polémica previa,¿Qué paz para Colombia?, escrito con un amigo y colaborador que prefirió usar el seudónimo de Uriel Gutiérrez.

Creo que es importante volver a rescatar el significado de la resistencia armada en la historia reciente colombiana de una visión condenatoria a priori, precisamente, porque esa visión sirve para que el Estado oculte su responsabilidad histórica fundamental ante los horrores experimentados en más de medio siglo de violencia “desde arriba”, y en consecuencia, se diluya en el imaginario público la urgencia de reformas estructurales para garantizar una superación a las causas que están en la raíz de este ciclo del conflicto social y armado. De paso se quiere endilgar toda responsabilidad a la insurgencia, como ya se está viendo en la elaboración del discurso post-conflicto –que pudo ser ensayado con ocasión del sincero acto de perdón del comandante de las FARC-EP Pastor Alape en la comunidad de Bojayá–, donde la reconciliación pasa porque la sociedad “perdone” a la insurgencia, precisamente, por el acto de rebelión, no por hechos puntuales. La reconciliación de la oligarquía consiste en que el hijo descarriado vuelve a casa, el padre sacrifica un cordero, y todos felices en la finca. William Ospina lo señalaba en un artículo con su prosa fina y a la vez desgarradora:
“la astuta dirigencia de este país una vez más logra su propósito de mostrar al mundo los responsables de la violencia, y pasar inadvertida como causante de los males. A punta de estar siempre allí, en el centro del escenario, no sólo consiguen ser invisibles, sino que hasta consiguen ser inocentes; no sólo resultan absueltos de todas sus responsabilidades, sino que acaban siendo los que absuelven y los que perdonan” [1].

Dentro de esta estrategia de amnesia histórica es fundamental quitar cualquier piso de legitimidad al accionar de la insurgencia. Ahí es donde el discurso de que la resistencia de décadas fue en vano juega un rol clave pues resta todo sentido a más de medio siglo de lucha insurgente. Dice el sociólogo Charles Tilly que
“el hecho trágico y fundamental, es sencillo: la coerción funciona; aquellos que aplican una fuerza considerable en contra de sus semejantes obtienen obediencia, y gracias a esa obediencia obtienen múltiples ventajas, dinero, bienes, deferencia, acceso a placeres que le son negados a las personas que tienen menos poder” [2]. El consenso que se ha generado en ciertos círculos y el proceso de recomposición gradual de la hegemonía del Estado colombiano, es indisociable del terror paramilitar, del desplazamiento masivo, de los falsos positivos, de las desapariciones en masa de activistas sociales, en fin, de todo el repertorio de violencia física y estructural a disposición del Estado colombiano y fortalecido por el Plan Colombia. El consenso en importantes sectores sociales, que incluye a importantes sectores de izquierda o “progresistas”, de que la resistencia armada ha sido inútil o una anomalía histórica, es el resultado de esa coerción. Aunque nos encante la idea de pensar que vivimos en un mundo de leyes, de estado de derecho, de derechos inalienables que portamos todos por igual desde que nacemos, la verdad es que todo esto es una ficción: en el mundo real, la fuerza siempre antecede a la razón. Las ideas dominantes lo son porque reflejan el dominio de la clase en el poder, no por sus cualidades intrínsecas.

Mi intención con este ensayo era demostrar que Tilly tiene razón, pero que su argumento es incompleto. Así como la coerción de los poderosos funciona, también funciona la resistencia de los de abajo [3]. La acción colectiva, la resistencia, en todas sus vertientes y expresiones, que incluyen la lucha armada, pero que no se agotan ni mucho menos en ella, también han sido creadoras de realidad. Debido a la asimetría de las partes en conflicto, las FARC-EP han tenido un rol limitado, muy limitado, en la dirección de los eventos que han dado forma a Colombia en las últimas décadas. Pero su sola existencia, ha puesto un cierto límite al poder absoluto que la oligarquía colombiana habría tenido de otra manera. La resistencia ha tenido un impacto enorme en ciertos derechos conquistados y en ciertos beneficios que hoy se dan por sentado. Si bien ese impacto ha sido, como es apenas lógico, más fuerte en las zonas rurales donde la influencia insurgente ha sido mucho mayor, incluso hegemónica en algunos casos, la impronta de las reformas que han sido sacadas mediante la resistencia al establecimiento se ha hecho sentir en todo el país.

El tono es polémico y lo prefiero así: hay veces, cuando el contradictor exagera, en que la mesura no es aconsejable. Insisto, este ensayo no pretende ser un balance completo, ni una exposición exhaustiva de los objetivos de la insurgencia, ni un análisis crítico de lo coherente o no que han sido, ni una historia de éstas. Tampoco pretendo acá defender tal o cual acción, o forma de acción, ni una determinada estrategia o falta de ella, ni defender los avances o los silencios en el proceso de paz en La Habana. Mucho menos pretendo defender todo lo que la insurgencia ha hecho o dejado de hacer. El objetivo, como lo he dicho, es mucho más humilde, pero a la vez más apremiante. Es hacer un ejercicio de memoria histórica y echar por suelo la tesis reaccionaria que se ha incrustado aún en sectores de izquierda, de que medio siglo de luchas ha sido en vano. Es demostrar que la resistencia, nos guste o no, ha sido un motor de la historia colombiana y que ha dado frutos para algunos de los sectores más oprimidos, explotados y marginalizados del país. Ahora que estamos prontos a presenciar el cierre de un ciclo histórico para Colombia, la historia y las ciencias sociales nos pueden servir de brújula para ver por dónde seguir transitando en la larga marcha hacia una sociedad emancipada.

José Antonio Gutiérrez D.
8 de Enero 2016

image[Colombia] Nada Se Ha Perdido Queda Todo Por Ganar Nov 03 by Colectivo ContraInformativo Sub*Versión 0 comments

“Que el mundo va a cambiar, nos dicen…
que cuando votemos, nos escucharán.
Si en cambio no votáis, nos dicen…
los del otro lado nos aplastarán,
y así se quedarán, nos dicen,
con las manos libres para hacer su plan.

Malditas elecciones, decimos,
si la voz rebelde se domesticó.
Malditas elecciones, decimos,
quieren el gobierno,
y nosotros no…”

-Chicho Sánchez Ferlosio-

image[Colombia] ¡Nuestros sueños no caben en sus urnas! Oct 12 by Grupo Estudiantil Anarquista 0 comments

En un par de semanas, el domingo 25 de Octubre del año en curso, se realizará una nueva jornada electoral donde se impondrán los nuevos alcaldes, concejos municipales, gobernaciones departamentales, asambleas de diputados, y en el caso distrital, edilatos de localidades. En los últimos días esta contienda se ha ido calentando con explosividad, especialmente en lo que refiere a la elección del alcalde o alcaldesa de Bogotá (segundo cargo burocrático de importancia en el país), mostrando con agresividad las campañas a través de los medios de comunicación hegemónicos (sobre todo en la guerra sucia y las encuestas, que terminan definiendo gran parte del contingente electoral indeciso), la publicidad callejera y el despliegue de las maquinarias que, al igual que hace décadas en Colombia, buscan votos en los barrios y veredas a través de prácticas de clientelismo, compra de votos y el trasteo de votantes, entre otras sucias artimañas.

imageHabemus presidente: mandato por la paz con injusticia social Jun 17 by José Antonio Gutiérrez D. 2 comments

El triunfo de Santos no debería sorprender a nadie: las elecciones no definen nada, sino que sancionan apenas, con un tenue barniz democrático, lo que ya estaba decidido. Con el respaldo del capital financiero, de los empresarios, de los EEUU y de la Unión Europea, era imposible que Santos perdiera. Aunque es discutible el peso de la izquierda en el resultado electoral, lo cierto es que la izquierda tuvo un rol clave no en decidir las elecciones, sino en ayudar a lavar la imagen de Santos ante la opinión pública. Además, al personalizar –junto a los santistas- el proceso de paz en la figura del presidente, han ayudado a que la paz, originalmente una conquista del pueblo movilizado (y en últimas hasta un deber constitucional), pueda ser redefinida en este segundo período de gobierno en los términos de Santos. El presidente tiene las llaves de la paz, ahora sí, bien guardaditas en su bolsillo y no las compartirá con nadie, a menos que sea hacia la derecha.

imageNo Voto por la Paz, Tampoco por la Guerra Jun 15 by Steven Crux 0 comments

En medio de locas de naranjas e hijos no prestados para la guerra transcurre el actual circo electoral, que llega a su tercer clímax después del 9 de marzo y el 18 de mayo. Al igual que en las anteriores oportunidades hoy salen los payasos protagonistas: desde mujeres de la “clase media”[1] trabajando para Uribe hasta, quienes con la alternativa no tan “Clara”, llaman a votar por el Santismo Positivo. Todo un espectáculo, donde a las de abajo se nos ve de nuevo como simples espectadoras cuyo único rol será legitimar por medio del voto su “democracia”, es decir, la explotación y la miseria durante por lo menos 4 años más.

Este articulo pretende analizar brevemente este panorama, pero también proponer líneas de acción y elementos con los cuales podamos romper este guion ya escrito, escapar de él para ser nosotras mismas –las históricamente excluidas- quienes llevemos las riendas de nuestras vidas y nuestras comunidades, barriendo hoy con el bochornoso espectáculo de derechas peleándose e izquierdas tibias cargándole ladrillos al enemigo.

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imageApuntes ante la actual coyuntura de destitución del Alcalde de Bogotá Dec 17 0 comments

Posicionamiento del Grupo Libertario Vía Libre ante la destitución e inhabilitación del alcalde bogotano Gustavo Petro.

image¡Ni con Petro ni con Ordóñez! Dec 15 Grupo Estudiantil Anarquista 2 comments

Sin lugar a dudas uno de los sucesos que más ha dado de que hablar en los últimos días es la destitución de Gustavo Petro como alcalde de la ciudad de Bogotá y su inhabilitación para ejercer cargos públicos durante 15 años según un fallo emitido por la Procuraduría General de la Nación. Según este órgano de vigilancia estatal, la medida obedece a las presuntas irregularidades presentadas en el cambio de esquema para la recolección de basuras implementado mediante un decreto en Diciembre del año 2012. La decisión fue dada a conocer a la opinión pública en boca del procurador Ordóñez a comienzos de esta semana y desde ese momento las distintas reacciones no se han hecho esperar.

imageEn apoyo de la Asamblea Permanente de Trabajadoras de la Universidad Nacional Mar 19 Bogotá 0 comments

Desde la madrugada del pasado miércoles 20 de febrero un sector importante de las trabajadoras de planta y por prestación de servicios, de la sedes de Bogotá y Palmira de la Universidad Nacional de Colombia, se han declarado en Asamblea Permanente, decidiendo un cese total de actividades laborales, que incluye el bloqueo de todos los edificios académicos de las respectivas sedes, acciones permanentes de denuncia y jornadas de movilización diaria.

imageSobre Venezuela y ante la muerte de Hugo Chávez – Seguir creando un pueblo fuerte!!! Mar 08 Federación Anarquista Uruguaya 0 comments

En ese pueblo multitudinario que sale a la calle en Venezuela hay expresión de dolor, sentimiento de pérdida de algo querido. Al mismo tiempo dentro del dolor marcan que hay un rumbo a seguir, que quedó una línea trazada. Así lo viven, lo sienten y lo dicen. “Nuestro deber hoy es seguir más a fondo con el socialismo, con la lucha del proyecto que nos legó el comandante”, responde a un reportero un entrevistado al paso. Otros dicen cosas parecidas y mencionan lucha y socialismo una y otra vez. ¿Qué subjetividad produjo esta experiencia social en los de abajo? Difícil para responder y menos rápidamente y hoy. Se vive en le dimensión de la emoción, la angustia, el sentimiento aporreado. También la rebeldía. Que trajeron estos vientos tan fluidos, con tanta contradicción, con tanto de esperanza para amplios sectores de los de debajo de verdad. Lugar donde fue más extenso el respaldo a Hugo Chavez. ¿Qué elementos ideológicos se produjeron? ¿Cómo se expresarán estos elementos en el mañana cercano?

imageFrente a la desaparición física del Compañero Hugo Chávez Mar 08 FARV 0 comments

Como anarquistas, siempre consideramos a Chávez un compañero, un hermano, uno más en nuestras trincheras de lucha. A pesar de nuestras diferencias y de nuestras críticas mutuas, siempre fue la unidad del pueblo y la potencialidad de su organización las consignas que mantuvieron articuladas nuestras acciones. Son tiempos de continuar la lucha iniciada el 27F de 1989. Son tiempos de reivindicar el sendero de la lucha por la vida, por el comunismo libertario, por la revolución, por la verdadera revolución.

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