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El mito de la pornografía liberadora

category internacional | género | opinión / análisis author Wednesday February 19, 2014 17:43author by Diana Londoño Report this post to the editors

La discusión sobre la industria del sexo es una linea divisoria clara entre el feminismo libertario-revolucionario y un feminismo seudo-libertario elitista que entiende libertad como libertad de mercado. La discusión no es sobre la liberación sexual, ni sobre nuestros cuerpos, ni sobre el erotismo en nuestras relaciones, sino que sobre la industria y la representación capitalista del sexo como una transacción.

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El mito de la pornografía liberadora

Por Diana Londoño

Susana Ballesteros escribe una columna en el sitio web “Palabras al Margen” en la cual se refiere a la última película del controvertido director Lars Von Trier, Ninfomaníaca, en la cual se pretenden abordar los tabúes sexuales de nuestra sociedad (1). Como no he visto la película ni me interesa mucho verla para ser franca, no puedo referirme a ella. Si me referiré al artículo de Ballesteros porque creo que reproduce una visión neoliberal que busca neutralizar el potencial transformador del feminismo por parte de autoproclamadas feministas que están bastante cómodas en la actual sociedad en la que vivimos, salvo por sus agonizantes resabios conservadores. En esta visión, que confunde libertad con “libre mercado” y liberación con “transacción”, se defiende la pornografía como una práctica liberadora y con un ethos igualitario. Esta visión no solamente es elitista y peligrosa, sino que refuerza las peores tendencias sexistas en nuestra sociedad.

1. Ballesteros olvida en su artículo un “detalle” que no es trivial de la pornografía: su carácter de industria en la sociedad capitalista. Sin entender el carácter fundamental de la sociedad en la que vivimos, cualquier análisis es engañoso. La pornografía es parte integral de la industria del sexo, una de las industrias más lucrativas en el mundo junto a la industria armamentista, y una de las más explotadoras. No es casual que el feminismo tradicionalmente haya tenido una visión bastante crítica de la pornografía, desde posiciones antagónicas a las del catolicismo, debido a la explotación a destajo a quienes participan en esta industria, la vulnerabilidad de las mujeres que hacen parte de ella, así como los prejuicios prevalentes en ella que refuerzan la sociedad patriarcal y sexista en la que vivimos, pese a los esfuerzos marginales y poco convincentes de ciertas personas de presentar una pornografía alternativa o hasta “feminista”. La pornografía no existe como una actividad indeterminada en medio de relaciones sociales amorfas, como tampoco Lars Von Trier hace cine por puro amor al arte.

2. En una sociedad caracterizada por relaciones capitalistas la pornografía, en cuanto industria, no puede abstraerse de las relaciones sociales en las cuales se inscribe y convertirse, por arte de magia, en un factor liberador de la misma manera que la Responsabilidad Social Corporativa no implica que, de repente, las empresas capitalistas hayan encontrado un lado más humano y se vuelvan corporaciones altruistas. Una de las estrellas del cine porno más conocidas, Jenna Jameson dijo, a raíz de las elecciones de 2012 en EEUU que “cuando una es rica, quiere a un republicano en el gobierno”, dejando en claro que no hay ni sombra de utopías ni rebelión en la descarnadamente capitalista industria pornográfica (2). En la industria del sexo hay desigualdades que reflejan, de manera salvaje y acentuada, las diferencias sociales: no es lo mismo una “pre-pago” con educación universitaria que una “prostituta rural” con seis hijos a cuestas.

3. El capitalismo no solamente es un sistema de explotación económica: también se expresa en un sistema ideológico fundamentado en relaciones jerárquicas y opresivas. La opresión patriarcal es un aspecto clave de este sistema de valores que naturalizan la desigualdad. Una de las trampas de la ideología dominante en el capitalismo es que crea la “ilusión de la igualdad” para dar la impresión de que la dominación, en realidad, no existe: las feministas desde hace décadas llevamos chocando con el muro ideológico del actual sistema donde se nos quiere hacer creer que la opresión femenina es una cosa del pasado. Hoy las mujeres van a la universidad, votan, tienen derechos específicos, etc. Susana Ballesteros, (citando a la escritora Virgine Despentes), cae en esta argumentación cuando dice que la pornografía abre las puertas a un mundo “utópico”, donde “las mujeres son capaces de subvertir las relaciones tradicionales entre el dominador y la dominada, de tal manera que la actriz se muestra como una mujer que actúa sexualmente como hombre. Sin reservas, ella quiere obtener todo el placer posible y no sigue las normas de una sociedad que, en la cotidianidad, parece controlarla”.

4. Hace varias décadas se escribió un libro llamado Para leer al Pato Donald, escrito por Armand Mattelart y Ariel Dorfmann. Este libro sigue siendo central para entender cómo los medios de entretenimiento de masas refuerzan la ideología de la sociedad en que vivimos. Un aspecto muy importante de este reforzamiento de la ideología dominante lo constituye la ilusión de la “subversión” de las relaciones tradicionales pero siempre desde los valores del opresor: los niños rebelándose contra los padres en las películas de Walt Disney, por ejemplo, o la película del policía que refuerza la fe en la institución policial al rebelarse contra los oficiales corruptos. Lo mismo pasa con los mitos de la “subversión” de roles en la pornografía.

5. Es revelador que Susana Ballesteros insista en que la pornografía sería “liberadora” porque en ella las mujeres pueden actuar sexualmente como hombres. Las preguntas que nos hacemos son ¿a qué clase de hombres se refiere Ballesteros? ¿al hombre indeterminado, sin clase, sin ideología, sin prejuicios? Los hombres no existen en abstracto, ni todos son iguales. Ballesteros no está hablando de los hombres en general: está hablando del hombre patriarcal, machista y sexista cuya reduccionista visión de la mujer y de sí mismo está híper-sexualizada. El hombre cuyo único mérito es una verga monstruosa por la cual supuestamente las mujeres nos derretimos, cuya contrapartida es la mujer sin más atributos que sus tetas y su culo, mecanismos privilegiados para establecer sus relaciones con el “sexo opuesto”. La mujer unidimensional que, aparte de acostarse con otros, no tiene más nada que hacer en la vida, visión ya presente en la sexista literatura “picaresca” del siglo XVI. La mujer de la pantalla que refleja las ansiedades e inquietudes más íntimas de los hombres, reforzando su misoginia expresada en el dicho “todas las mujeres (salvo mi hermana y mi mamá) son unas putas”. No hay nada de subversivo en esto.

6. Susana Ballesteros no entiende que la relación dialéctica entre dominador(a) y dominada(o) afecta a ambos. La opresión degrada a quien oprime como a quien es objeto de opresión. La única igualdad que puede existir en estas condiciones es la capacidad creciente de ciertas mujeres de mercantilizar el cuerpo de otras y otros, de comprarlos y venderlos, hecho expresado en la creciente presencia de una industria del sexo dedicada a las mujeres con la capacidad de pagarlo. Esto, que algunas llaman hembrismo, va diametralmente en oposición a la aspiración tradicional del feminismo de cambiar radicalmente las relaciones predominantes entre géneros. Incluso, hoy día en la pornografía se encuentran tantos géneros y tantas identidades sexuales como consumidores haya dispuestos a pagar por ellas. Para el mercado neoliberal lo conveniente no es la normatividad sexual sino la proliferación de fantasías para consumo que, como todas las fantasías del mercado, vienen a la medida de la capacidad de pago del consumidor o la consumidora potencial y son promovidas porque son un buen negocio. Uno que hace circular billones de dólares anualmente.

7. Otra característica fundamental de la sociedad capitalista es la alienación que produce entre las oprimidas y los oprimidos. El problema de la cosificación, que Susana Ballesteros minimiza va mucho más allá del cuerpo de la mujer y es una manera de relacionarse entre las personas: el ser humano fuerza de trabajo, el ser humano objeto de placer, el ser humano en venta. No se trata solamente de si la mujer tiene capacidad o no de comprar a otras y otros para su placer. Se trata de la degradación generalizada de las relaciones entre las personas, de su creciente cosificación y mercantilización. Aunque se diga que la “prostitución” es la profesión más antigua del mundo, la pornografía lleva este proceso a la última frontera que el capitalismo no lograba del todo convertir en un mercado de la envergadura de una verdadera industria global y en constante expansión. El sexo se convierte en una transacción y no en la relación profundamente humana entre dos personas. La gratificación mutua desaparece para dar cabida a los impulsos más egoístas en donde los demás se convierten en un mecanismo para la gratificación individualista. El sexo en el cual podemos reafirmar nuestra humanidad y verla reflejada en otras y otros, se convierte en una transacción más del mercado, donde prima una especie de “consumismo” neoliberal donde la cantidad se exhibe como atributo de prestigio. Esto no tiene nada que ver con el placer sino con la mercantilización del placer.

8. Como resultado tenemos una relación inversamente proporcional entre el consumo de la mercancía sexual con la capacidad de establecer relaciones satisfactorias con otras y otros. El consumo nos vuelve pasivas y pasivos, y en lugar de explorar nuestra sexualidad libremente, nos vemos forzadas y forzados a reproducir comportamientos aprendidos en libretos de una pornografía que informa sexualmente a la juventud. Hoy somos más inseguras que nunca, nos asiste un vacío interno ante relaciones cada vez más despersonalizadas y mecanizadas, donde la sexualidad viene con un libreto predeterminado. Nuestras ansiedades se reflejan en las dietas y en cambios profundos sobre nuestro cuerpo como la extendida depilación del vello púbico que es resultado directo de la pornografía en el imaginario estético de las mujeres.

9. La liberación sexual a la que apela Ballesteros, muy diferente a la liberación sexual que se reclama desde el feminismo, se fundamenta en un concepto claramente neoliberal y no libertario de la palabra. No es la libertad colectiva donde la libertad de quienes me rodean expande la mía hasta el infinito; es la libertad del individuo aislado, enfrentado al resto de la sociedad. Claro, a raíz del escándalo de las “pre-pago” que se metieron con los escoltas de Obama hace unos años, surgieron voces a favor de esa forma de prostitución top class en la que la mujer la asume “libremente” y que puede llegar a ser una actividad “gratificante y liberadora”. Dejando de lado qué clase de mujeres son las que pueden acceder a esa prostitución de la élite, lo más grave es que feministas terminen entendiendo la “libertad” como una transacción más del mercado. Libertad para vender y comprar según las leyes de la oferta y la demanda. Libertad para que la mujer escoja la clase de objeto sexual que quiere ser según su posición social.

El abandono de conceptos como la lucha de clases por parte del feminismo elitista lleva a distorsiones groseras en las cuales la capacidad transformadora del feminismo como crítica radical a las relaciones sociales de nuestra sociedad se ve cooptada por un neoliberalismo estridente cuya máxima última es el poder de elegir. La búsqueda de identidades colectivas como mujeres cede paso al individualismo avasallante en el cual se reproducen relaciones autoritarias de poder. Lo peor de todo es que personas privilegiadas por el sistema no sean concientes de su condición y crean que hablan a nombre de las mujeres o de una supuesta visión transformadora cuando reproducen la mentalidad consumista, sexista y el materialismo de la actual sociedad.

En definitiva, el argumento de Susana Ballesteros es un argumento que refleja una mentalidad neoliberal, propio de una clase media que entiende el problema social desde una concepción típicamente individualista. Ella y los miembros de su clase social pueden darse el lujo de utilizar la pornografía para explorar su sexualidad desde la comodidad de su condición de “consumidora” porque, como miembro de la clase privilegiada, jamás tendrá que convertirse ella en una “proletaria del sexo”, jamás será explotada ante las cámaras, jamás tendrá experiencia en primera mano de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de trabajadoras sexuales. Ese es el feminismo de las patronas que tienen empleadas domésticas en su casa para ser “liberadas” y así poder ver a sus amigas, practicar yoga y hasta tener una carrera profesional… a costa de la explotación de otras mujeres.


(1) El artículo de Susana Ballesteros: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/naciona...d=138
(2) La cita de Jameson que esta en inglés: http://www.wtsp.com/news/national/article/266612/81/Por...omney

author by Tito - La Bitácora del Capitán Missónpublication date Sat May 31, 2014 07:48author email capitanmisson at yahoo dot com dot arReport this post to the editors

Hoy viernes 30 de mayo, BsAs, Argentina, en el programa parte 2 sobre la pornografía, en vivo por www.radioypunto.com a las 23.59sh, en el programa llamado LA BITÁCORA DEL CAPITÁN MISSÓN, referiremos al análisis de Londoño para hacer nuestro análisis sobre el asunto de la pornografía.

Gracias

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"La sociedad capitalista depende de la explotación de clase. No depende sin embargo del sexismo y podría en teoría acomodarse en gran medida a un tratamiento similar de mujeres y hombres. Esto es obvio si miramos lo que la lucha por la liberación femenina logró en varias sociedades alrededor del mundo en los últimos, digamos, 100 años; en los que hubo mejoras radicales en la situación de mujeres y los supuestos que subyacían sobre qué roles son naturales y están bien para la mujer. El capitalismo, con el paso del tiempo, se ha adaptado al rol y status cambiante de la mujer en la sociedad."
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