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El loco Ordóñez y las llaves de la paz

category venezuela / colombia | antifascismo | opinión / análisis author Friday December 13, 2013 01:45author by José Antonio Gutiérrez D. Report this post to the editors

Parto aclarando que Petro no es ningún santo de mi devoción. Sin embargo su destitución e inhabilitación por 15 años es un escándalo, un atropello, una desmesura, que debería hacer reaccionar a cualquier persona con un mínimo de criterio.

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El loco Ordóñez y las llaves de la paz

Parto aclarando que Petro no es ningún santo de mi devoción. Le respeto su rol en denunciar los falsos positivos y la parapolítica cuando estuvo en el parlamento. También le respeto haber acabado con las bárbaras corridas de toros y haberse atrevido a reclamar el carácter público de ciertos servicios como alcalde. Pero me parece una persona desleal, que, como pocos, ha hecho un enorme daño a la izquierda con sus exabruptos, sus señalamientos y acusaciones temerarias (al Polo, a las protestas contra el Transmilenio, etc.), sus flirteos con la unidad nacional, su personalismo enfermizo, sus equívocas alianzas. Por mucho tiempo fue como una especie de “vedette de izquierda”, exhibida al mundo para demostrar lo “democrática” que es la “democracia” colombiana, que permite hasta a un ex guerrillero llegar a alcalde en la capital del país, como si la lucha armada fuera una especie de aberración histórica fruto de bandoleros y enfermos mentales, dando así un barniz “progre” a la visión de la paz como desmovilización y no como un acto de transformación radical. De izquierdista nada; sus coqueteos con quien sea para hacer carrera política son notables, y con la misma facilidad que coquetea con uno y con otro, aliena a antiguos aliados como Daniel García-Peña. Todavía no se me olvida cuando como parlamentario votó por el Procurador Ordóñez, un hecho lamentable, cuyo significado fue mucho más allá del voto en sí: de alguna manera, su voto le dio un espaldarazo, generando una idea de consenso político amplio en torno a este siniestro personaje asociado a lo más retrógrado de la elite colombiana. Lo repito: Petro no es santo de mi devoción.

Sin embargo su destitución e inhabilitación por 15 años es un escándalo, un atropello, una desmesura, que debería hacer reaccionar a cualquier persona con un mínimo de criterio. Esta es una medida arbitraria que demuestra el poder que ha alcanzado la caverna uribista enquistada en ciertas instituciones estatales. Esto no tiene nada que ver con supuestas irregularidades administrativas durante el proceso de desprivatización de la recolección de basura. Esta no solamente es una muestra de que en Colombia el “modelo económico no se toca” (como tantas veces lo ha dicho el gobierno), y que la oligarquía está dispuesta a todo para defender las privatizaciones y su lucro desmedido. Ante todo, esta medida demuestra que el círculo dorado que gobierna a Colombia no acepta la intromisión de foráneos en la gestión de la res-pública y que la exclusión política que ha azotado a la “democracia” colombiana por dos siglos sigue tan viva como nunca. Sin ser un izquierdista (a lo sumo un centrista), resultó inaceptable para la oligarquía. Cruel paradoja, que es mismo Procurador-Inquisidor que él ayudó a poner en su cargo, sea hoy el que le dé una estocada honda a su carrera política. Herido, desde el balcón de la alcaldía, fustigó al “fascismo” y denunció este atropello de Ordóñez como un golpe al proceso de paz, diciendo que constituía un “mensaje de guerra sobre La Habana”.

Las FARC-EP han tomado nota de este hecho. En una declaración emitida desde La Habana por la delegación de paz, decían que “la decisión del ultramontano procurador (…) afecta la confianza y la credibilidad. Desde hace varios años el establecimiento ha insistido hipócritamente en que el éxito de la figura de Petro era la demostración que en Colombia es posible realizar actividad política de izquierda, sin armas. Ayer, de un solo plumazo, Ordóñez nos dio a los alzados en armas una lección sobre lo que para la oligarquía significa la democracia en Colombia, y sobre las nulas garantías para ejercer un ejercicio político independiente”[1]. Sobre este hecho también se pronunció el Estado Mayor de esta organización, confirmando esta posición: “son precisamente la intolerancia, la ausencia de garantías para el ejercicio de la oposición política y la violencia recurrente del Estado, las causas de la larga confrontación armada que se libra en nuestro país. El fallo del señor Procurador simplemente lo confirma. (…) No es a las FARC-EP a quien el señor Petro debe conminar a perseverar en el proceso de paz. Es al gobierno nacional, que todos los días declara la guerra de mil modos distintos al pueblo colombiano (…) La paz con justicia social implica sentar a la vez unas bases mínimas para desterrar la inequidad. Y eso significa reformas estructurales en la economía, la política, la institucionalidad y la sociedad colombianas. Lograrlo sólo será posible si la inmensa mayoría de colombianos afectados por las políticas del régimen se levantan unidos a luchar por ello. Son ellos los llamados a apropiarse de la bandera de la paz, a mantenerla en alto por encima de la demagogia, las amenazas y el terror oficiales”[2].

Tanto Petro como los comunicados de los guerrilleros están en lo correcto en su juicio sobre esta arbitrariedad. Este acto demuestra que la oligarquía no está dispuesta a abandonar sus mañas a las buenas ni así tan fácil. Mientras se habla de paz, Santos es mezquino con la declaratoria de un cese al fuego y aumenta la militarización del país. El gobierno habla de garantías democráticas y refuerza el fuero militar, implementa la ley de seguridad ciudadana para criminalizar la protesta, y se desencadena el asesinato vil, cobarde y artero de dirigentes populares. Siempre que la oligarquía ha negociado la paz, ha aumentado el paramilitarismo, la guerra sucia, los bombardeos, la muerte. Siempre la paz tuvo enemigos “agazapados”. Pero hoy estos enemigos no tienen que agazaparse: vociferan y agreden a través del twitter, se enquistan en aparatos del Estado, como el Ministerio de Guerra, desde los cuales bombardean las negociaciones con todos los medios a su alcance. Ordóñez ha utilizado su poder en la Procuraduría para atacar a la izquierda, para favorecer a la ultraderecha y para poner en entredicho las resoluciones de la Corte Suprema que van a contravía de sus caprichos fascistas. ¿No es larga la lista de parapolíticos y corruptos por los que ha intercedido pidiendo “absolución disciplinaria”, entre los que contamos, a vuelo de pájaro, a Álvaro Araújo, Mario Uribe, Pimiento Barrera, Iván Díaz Mateus, Builes Ortega, Juan Pablo Sánchez, Mario Nader, Fuad Rapag, Óscar Suárez Mira, Óscar Josué Reyes, Javier Cáceres? Esto, para no mencionar a militares involucrados en serias violaciones a los derechos humanos como Plazas Vega, Jesús Armando Arias Cabrales y Hernán Mejía Gutiérrez por quienes también ha intercedido, buscando tumbar las condenas de las Cortes. Esa clemencia con la derecha paramilitarizada se convierte en inclemencia de Torquemada con figuras de izquierda, como Piedad Córdoba o el Dr. Miguel Ángel Beltrán, inhabilitados de ejercer cargo público por supuestos vínculos con las FARC-EP sin proceso penal y sin tener ellos condena en su contra. Desde ese quiste institucional en que se ha atrincherado el uribismo, ataca los esfuerzos de solución política al conflicto y alienta al militarismo.

Los enemigos de la paz son conocidos y se les tolera ¿por qué? Eso es lo que debe responder Santos. No puede utilizarse al proceso de paz cuando conviene políticamente, para luego atacar a la oposición y atizar la guerra según el mismo mezquino cálculo. Se le debe exigir a Santos señales claras y categóricas de respaldo al proceso de paz que se vive en La Habana, un proceso que, según lo acordado en la agenda original, requiere de urgente y profundos cambios sociales. Cambios que no ocurrirán si no son impulsados de manera decidida desde abajo, por la amplia movilización del pueblo. Este es el momento de demostrarle a Santos que no es él (ni mucho menos el loco Ordóñez) quien tiene la llave de la paz. Que el pueblo no acepta su chantaje político ni su pretensión de ser el candidato de la paz (utilizando la contradicción paz/guerra, santismo/uribismo, como una nueva versión del bipartidismo clásico). El pueblo movilizado debe demostrar que la llave de la paz les pertenece a ellos y que la puerta se cerrará, de un portazo, a la arbitrariedad, a la intolerancia, al macartismo, a la cultura de la muerte del otro. Exigir la renuncia del Procurador es un primer paso, pero uno de muchos más que habrá que dar. El cáncer no se cura con aspirinas, eso debería estar claro después de más de medio siglo de guerra.

José Antonio Gutiérrez D.
12 de Dciembre, 2013


[1] http://prensarural.org/spip/spip.php?article12860
[2] http://prensarural.org/spip/spip.php?article12864

author by Gustavo Petro - El Tiempopublication date Fri Dec 13, 2013 02:45Report this post to the editors

Nuestro compromiso con los derechos humanos, el medio ambiente, las reivindicaciones de las mujeres, los derechos de minorías en su condición de población más vulnerable, incluidas minorías sexuales, fueron razón fundamental que animó a siete senadores del Polo Democrático a votar por Alejandro Ordóñez como nuevo procurador.

Las torvas insinuaciones expresadas por algunos militantes y el presidente del Polo, de haber recibido favores burocráticos a cambio de nuestro voto, desconocen mi postura ante administraciones públicas nacionales y distritales, incluidas las del Polo, en las cuales ni pedí y menos recibí cuotas clientelistas. Ya sentí esa falta de solidaridad al ser amenazado por las FARC, y cuando en solitario inicié el debate contra el paramilitarismo.

Meses atrás, Alejandro Ordóñez, motu proprio, expresó su deseo de interpretar nuestro interés en la defensa de la Constitución del 91 y en especial de los derechos humanos y del medio ambiente. Él se propuso como candidato de consenso, consciente del significado de esa condición, sabiendo de no necesitar de nuestro apoyo para ganar. Estaba en nuestras manos, la oposición política, aceptar su propuesta o permitir que se convirtiera en candidato y Procurador de partidos afectos al Gobierno.

Pudimos votar en blanco. Tal posición me pareció respetable y no critiqué a quienes la defendieron. Igual, Ordóñez sería Procurador, solo que con el apoyo exclusivo del oficialismo. Vimos que podíamos incidir y amortiguar los efectos perversos anunciados sobre la población que defendemos, mujeres y LGBTI, por efecto de las creencias del nuevo Procurador.

No encontramos, ni nadie nos lo hizo saber, alguna actuación de la que concluyéramos, había hecho uso de su investidura para darle rienda suelta a su fanatismo religioso. No entiendo cómo un sindicado de ultraderecha proyecta la sentencia que condenó al Estado, funcionarios públicos y a Los Masetos, por la masacre de La Rochela (Santander), en la cual fueron asesinados los integrantes de una comisión judicial que investigaba actuaciones, asesinatos y desapariciones en el Magdalena Medio.

En otra, Ordóñez, el persecutor de mujeres, sentencia y reconoce los derechos a una aseadora que había sido despedida sin ningún miramiento de una entidad pública después de más de veinte años de servicio, y hace prevalecer lo sustancial frente al formalismo de nuestra justicia. Como juez, Ordóñez ha sido fiel a la Constitución. No reparamos sus convicciones religiosas.

Como Procurador, ni Ordóñez dejará de ir a misa ni nosotros dejaremos de ser de izquierda. De incumplirse los compromisos temáticos construidos, seré el primero en manifestarlo y asumiré mi responsabilidad. Ellos consisten en crear una delegada especializada en reparación integral de víctimas de la violencia, adelanto eficaz y bajo la ley de los procesos que vinculan a funcionarios públicos con la comisión de delitos de lesa humanidad, compromiso de garantizar la igualdad de género en la administración pública, reunión inmediata con las organizaciones de derechos humanos del país y delegación especial para la no discriminación de la población LGBTI.

Sellaremos los acuerdos que se necesiten, con todos los partidos y miembros de la sociedad que se comprometan, para consolidar nuestro sueño de hacer prevalecer la democracia, derrotar las mafias que se tomaron al Estado y sacar a Colombia de la guerra. Antes, con el jefe político de Ordóñez, el asesinado líder conservador Álvaro Gómez, y durante el gobierno liberal de César Gaviria hicimos un gran acuerdo político y expedimos la Constitución de 1991.

Gustavo Petro, senador por el Polo Democrático Alternativo".

Related Link: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3241523
author by Libardo Sánchezpublication date Sat Dec 14, 2013 23:53Report this post to the editors

Desde cuando el M-19 decidió abandonar la lucha armada y someterse a la legalidad del régimen selló para bien o para mal el destino de los excombatientes. Los mismos ex M-19 ayudaron a darle cuerpo a la normatividad, que hoy les aprieta el cuello, pues hicieron parte de quienes crearon la Constituyente del 91.

Gustavo Petro junto a Antonio Navarro han sido de los pocos reinsertos que han sabido aprovechar exitosamente el estrecho espacio político que otorga el sistema a quienes abandonan las armas. La mayoría de excombatientes andan en el rebusque y otros viven de milagro. Desde el principio Petro buscó mimetizarse dentro del sistema y lo primero que hizo fue renegar de la lucha armada, declarándose enemigo del uso de las armas como combinación de la forma de lucha para acceder al poder, muy a tono con las posiciones de la ultraderecha, que inspiran al paramilitarismo; muchas veces no se sabía quién era más enemigo del pueblo en armas si Álvaro Uribe Vélez o su (¿aparente?) detractor Gustavo Petro Urrego.

Las líneas políticas de estos dos personajes, por principio, opuestas, muchas veces han sido coincidentes. Incluso en la forma se parecen: Uribe tejió su discurso contra los cambios sociales a través de la “seguridad democrática” y Petro pretende propiciarlos mediante la “izquierda democrática”. Ambos, en su tiempo, fueron furibundos antichavistas, es decir, que se oponían a la superación del nefasto modo de producción capitalista y por tanto al socialismo del siglo XXI. Y ambas posiciones han sido exitosas en su capacidad de atraer (¿y confundir?) a la opinión pública.

El pueblo creyó que la “seguridad democrática” era la panacea para salir del atolladero en que anda metido el 99% de los habitantes del país, pero luego de la estela de muertos y terror que dejaron 8 años de gobierno del paisa mesías el pueblo comprendió que Uribe Vélez no era más que un mafioso comerciante de la muerte. Con Petro la ilusión renace, la “izquierda democrática” promete ser la vía que llevará al pueblo excluido al paraíso. Es un artista para adornar la dura realidad con populismo matizándola con arrebolado asistencialismo. Así lo demostró durante el tiempo que ejerció como burgomaestre de la capital. Es muy efectista bajar las tarifas del transmilenio y asegurar el mínimo vital de agua a los menos favorecidos.

A través de La “izquierda democrática”, muy lejos de la izquierda revolucionaria, maneja un discurso, en términos de Uribe, melifluo el cual atrae a las clases populares, como las flores vistosas atraen a las laboriosas abejas; su discurso no asusta a las castas en el poder ni al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, quien realmente maneja los hilos del poder en Colombia. Petro, siendo Doctor en Economía, conoce perfectamente la diferencia entre el capitalismo keynesiano, que favorece la intervención del estado en la dirección de la economía así como el fortalecimiento de la cosa pública y el neoliberalismo (capitalismo clásico) opuesto a todas estas formas de direccionar el modelo capitalista de un país. Es ahí donde encaja su discurso, aparentemente, transformador, pero en la realidad alejado del cambio de modelo económico, el cual ha demostrado que ni a través del Keynesianismo ni del neoliberalismo es capaz de solucionar los graves problemas que enfrenta el 99% de la población a nivel mundial. Pero su keynesianismo es suficiente para que la gente y sus mismos detractores lo vean como un político de izquierda.

Gustavo Petro ha sido, definitivamente, víctima de su propio invento. Primero aceptando la legalidad burguesa y en segundo lugar contribuyendo a elegir al hoy procurador Ordoñez [1], su verdugo. Él mismo hizo una elocuente defensa de las cualidades de Ordoñez. Y Ordoñez, simplemente, hizo uso de las facultades que la normatividad vigente le concede, y que Petro defiende. Que se extralimitó, no; “a papaya puesta papaya partida”. De acuerdo a las normas el Procurador tipificó la actuación de Petro frente al manejo de las basuras como falta gravísima la cual da para su destitución y para una sanción que va de 10 a 20 años. Que por ser de izquierda, tampoco, para nada; simplemente Petro se atravesó a los operadores privados que venían contratando con el Distrito por un valor cercano a los $2,4 billones. Algunos de los contratistas son familiares del ex presidente Uribe, y con este señor las cosas son a otro precio; los contratistas le tendieron una trampa y el alcalde cayó en ella.

Al respecto, el Espectador del día 10 de diciembre de 2013 cuenta: “Emilio Tapia, el testigo estrella de la Fiscalía en el expediente del carrusel de la contratación, le reveló a El Espectador cómo supuestamente se fraguó un complot para sacar al alcalde Gustavo Petro de su cargo. Según él, los operadores privados que venían prestando el servicio de recolección de basuras se concertaron para generar el caos que vivió Bogotá el 18 de diciembre del año pasado. Caos que terminó con la destitución de Petro”.

Tales operadores privados idearon una estrategia para hacer caer a Petro, según Tapias, “Como ellos eran conocedores de la normatividad ambiental, de la ciudad y del mercado que manejaban, sabían que no existía en Bogotá una capacidad de camiones con estas características para atender la necesidad de ese servicio. Y Estaban seguros que “la ciudad no aguanta tres días de basura. Con esto se tumba al alcalde”. También sabían que jurídicamente Petro no tendría salida alguna: ”…Pero ninguna herramienta jurídica le permitió hacer nada distinto de lo que hizo”.

Que el Procurador se extralimitó al destituirlo y condenarlo a cadena política perpetua, sí y no, pues al respecto, aún, no hay plena claridad; según los constitucionalistas sólo lo puede destituir un juez y el presidente de la república. Lo que sí es probable es que Ordoñez pase de procurador a prevaricador, esto debido a las reuniones que éste mantuvo con Francisco Santos y el ex presidente Uribe, presuntamente para tramar la destitución y sanción de Petro, de acuerdo a las revelaciones hechas por Oti Patiño, ex compañero de Petro en el M-19, éste fue contactado por Pacho Santos para pedirle que le consiguiera el aval de la ASI, ya que quería lanzarse como candidato a la alcaldía una vez fuese destituido Petro. Ya la Fiscalía inició la respectiva investigación contra el Procurador.

Otra patinada del Procurador es que no tuvo en cuenta que detrás de Petro hay supra poderes, que no dejarán que le pase nada; ya Superman empezó a actuar a través de la ONU y del embajador del imperio. Lo más seguro es que Ordoñez tenga que agachar la cabeza y devolverle la silla en el palacio Liévano. De lo contrario será el presidente Juan Manuel Santos quien se niegue a destituirlo. Lo cierto es que, como dice el estribillo de sus seguidores, “Petro no se va…”. Y el procurador tampoco se va…, son dos elementos que los planes estratégicos de acá y geoestratégicos de allá necesitan.

Que hay lecciones en todo este asunto, sí que las hay; sobre todo para los negociadores de los rebeldes en La Habana, pero no como habilidosamente las quiso hacer ver Petro durante su largo discurso en la plaza de Bolívar ante miles de seguidores, mostrándose cómo víctima por ser de izquierda, algo que en realidad está lejos de serlo. Los rebeldes en La Habana conocen bien a Gustavo Petro, y saben que no es de fiar.

La cuestión que deben tener en cuenta, entre muchas, es que si deciden abandonar la lucha armada para reintegrarse a la vida civil sin que el modelo económico, social y político y las superestructuras aparejadas a este, principalmente las jurídicas, cambien estructuralmente terminarán convirtiéndose en simples administradores de la oligarquía; y el día que salgan de la senda normativa neoliberal trazada terminarán en el asfalto como Petro.

Las castas en el poder, como lo dijera el mismo alcalde, “…combinan todas las formas de lucha en la medida que sea necesario”. Resalta Luz Marina López Espinosa: “En este caso, la manipulación de la norma, la burda instrumentación de la Constitución para tomar decisiones ilegítimas, vestidas de legalidad”.

Related Link: http://libsang-elviajeroysusombra.blogspot.com.es/2013/....html
author by Eva Golinger - RTpublication date Sun Dec 22, 2013 19:30Report this post to the editors

"Detrás de la Noticia", programa de Eva Goliner en RT, analiza la destitución de Gustavo Petro, con intervenciones de José Antonio Gutiérrez y de Gustavo Petro.

Related Link: http://actualidad.rt.com/programas/detras_de_la_noticia...lares
author by Fredy Julián Cortéspublication date Mon Jan 20, 2014 23:19Report this post to the editors

Nada más descriptivo de la forma como piensan los poderosos en Colombia se ilustra en la portada de la última revista Semana. Con el título: NO MÁS BALCÓN, la prensa tradicional muestra su inconformismo y le exige al alcalde Petro que deje de sacar a la gente a las calles, que deje ese populismo que presiona las decisiones institucionales de la justicia y, según ellos, que también perjudica a la democracia.

Que palabras tan arrogantes pueden salir de las voces de quienes durante años han criticado todas las expresiones de resistencia de los colombianos, - incluyendo la lucha armada-, argumentando hasta la saciedad que lo que debe hacer la insurgencia es hacer política legalmente y cambiar los tiros por votos. Pero hoy, que la gente sale pacíficamente a manifestar su indignación en un ejercicio democrático y participativo, se angustian porque las calles se colman de inconformes. Cuando la gente sale a protestar tirando piedra dicen que mejor griten, si salen a gritar dicen que mejor lo hagan en silencio, y si salen en silencio van a decir que mejor lo hagan por Facebook.

Las expresiones políticas de las multitudes no pueden verse desde la óptica de las élites, pues entonces lo lógico sería ir en carro hasta la calle 19, que el chofer lo lleve al parqueadero mientras marchamos en silencio y con velitas las 6 cuadras hasta la Plaza de Bolívar. Los pueblos, las multitudes en su sagrado derecho a decidir y según las condiciones del momento, mirarán de qué manera manifiestan su inconformismo y lo último que piensan es consultarle a los poderosos como deben hacerlo.

Rara vez, una movilización masiva ha sido gestada por los líderes de la derecha colombiana, y cuando lo hacen cuentan con el apoyo económico de financiadores privados y hasta públicos y del eco de los grandes medios. No me imagino a Gerlein o al procurador Ordóñez o a cualquier cacique regional haciendo movilizaciones masivas como la de días pasados – a la que desdeñan con envidia – ya que por fortuna para ellos, en nuestra “democracia de papel”, comprar un voto es más fácil que ganárselo con argumentos. De hecho, sus pocas manifestaciones no son tan espontáneas como sugieren. Basta recordar la famosa marcha del 4 de febrero donde miles de colombianos fueron vestidos con camisetas de Fenalco, donde se pagó una publicidad costosísima en horario triple A y se contó con cualquier cantidad de apoyo de la maquinaria pública del gobierno de aquel entonces. Los mismos medios que cubrieron y ensalzaron esta manifestación, no pusieron una miserable cámara para cubrir las manifestaciones populares de los últimos meses donde hubo muertos y heridos por parte de la fuerza pública y ahora salen a criticar que la gente salga a las calles a defender su voto.

Hoy mientras a Álvaro Uribe lo abuchean en cada pueblo donde va y se vislumbra un evidente fracaso de su campaña, donde al parecer perdió el total control de la maquinaria electorera, las fuerzas democráticas en su conjunto logran movilizar miles de campesinos y ciudadanos que asisten sin ningún tipo de presión, sin camisetas de Fenalco, sin publicidad de RCN, ni de Caracol, con el poder de convocatoria propio que solo el trabajo constante y el compromiso de las distintas organizaciones pueden dar.

La política que ellos llaman populista es la que odian. No puede tolerase a los “alpargatudos campesinos” bloqueando las calles o caminando a las ciudades para exigir sus derechos, o a los “indios zarrapastrosos” tomarse las calles como si fueran sus “salvajes resguardos”, ni a los “sucios obreros” parando la producción por reclamar mejores condiciones de vida. Tampoco se debe permitir a ese estudiantado, que espera que todo se lo regalen, que se tome las calles para exigir una verdadera educación pública de calidad. Los defensores de la élite, se burlan y critican las formas y los métodos que usan los de abajo. Hacen muecas al ver un campesino con su machete usando la violencia para defenderse de la violencia oficial y de la motosierra paraoficial y disgustan de los métodos incivilizados de los de abajo, pero nunca elevan sus voces ni sus trinos para criticar los métodos “civilizados” de represión de los de arriba (bombas, drones, intervenciones militares, chuzadas, falsos positivos, capturas ilegales, etc). Se desesperan con el discurso sencillo del dirigente social porque no es lo suficientemente elaborado que el del filósofo o el leguleyo. Disgustan del populacho porque es demasiado ruidoso. Les fastidia, les da piquiña y esto indica, por fortuna para los democratas, que la protesta social precisamente es el camino correcto.

Así son los pueblos, así es la expresión de los indignados, en la vieja Europa y en Latinoamérica, en Asia, en Africa y hasta en las grandes potencias. Negar la expresión callejera de la protesta social es negar la participación política de la gente; tan escondida por los medios, tan obstaculizada en las prisiones, tan gaseada por la policía y tan asesinada por grupos armados públicos y privados durante años. En la movilización, la gente toma una actitud política activa, se compromete con la democracia, se vincula a algún grupo de trabajo, se discute, se debate, se dan opiniones. Esa es la verdadera participación política, la que se saca de las oficinas de los partidos políticos para pasarla al pueblo, para que hable, para que opine, para que piense, antes que para ser un simple votante espectador como las élites esperan de los ciudadanos.

Entonces, uno puede darse una idea de la paz que imaginan los que siempre han gobernado donde la gente se manifieste solo con su voto el día de las elecciones, o de la mal llamada fiesta democrática. Déjenme decirles que fiesta democrática, es que miles de campesinos salgan a las calles a protestar por sus derechos, o miles de ciudadanos defiendan su voto gritando en la calles y haciéndole ruido a los poderosos, desordenando su orden. Fiesta democrática fue la manifestación del pasado 10 de enero, o la de los foros en el marco del proceso de paz que se han dado en varios espacios con cobertura nula de los medios. Fiesta democrática es la que hacen las organizaciones sociales en sus mítines, en sus reuniones, en sus espacios culturales. Fiesta democrática son los espacios académicos donde los estudiantes se piensan su país. Reducir a la mínima expresión la participación política del ciudadano es el objetivo de la democracia electorera; politizar y elevar el nivel de entendimiento de nuestra realidad y empoderar a la gente para que tomen sus propias decisiones es la democracia por la que Colombia lucha. Es la democracia sustantiva y no formal la que queremos.

Una razón más simple y acertada para justificar la manifestación social, salió recientemente en un video que al mejor estilo colombiano alguien editó, y que está circulando en las redes sociales. Vicky Dávila en RCN, le pregunta a Navarro Wolf:
- “…la gente no se cansa de ir a protestar, hasta dónde quieren llegar, esto para qué?

Un personaje de la película “la estrategia del caracol”, muy indignado como acostumbramos indignarnos los colombianos, le responde mejor que Navarro: “Pa qué, cómo que pa qué,…¿para qué le sirve a usted la dignidad?”.

Related Link: http://www.youtube.com/watch?v=OYktoq88Qmg
author by Camilo de los Milagrospublication date Tue Mar 25, 2014 19:12Report this post to the editors

Pasadas las elecciones legislativas que definen parte del panorama político de los próximos cuatro años en Colombia, una serie de sucesos precipitados parecen cambiar radicalmente el rumbo de los acontecimientos. El bloque encabezado por Álvaro Uribe vuelve al Congreso con 19 senadores, lo que no otorga mucha posibilidad de maniobra más sin lugar a dudas, sirve como caja de resonancia para ampliar una oposición tajante al proceso de paz. Un 6% no es mayoría en ningún lado, aunque tanto medios nacionales como extranjeros insistan en demostrarnos lo contrario.

La destitución de Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá, tras enconada persecución judicial y mediática, fue aprobada finalmente por el Presidente. Esta medida a todas luces injusta, ilegal y antidemocrática, ha sido interpretada por muchos analistas como un atentado frontal al proceso de paz y un guiño de Santos a la extrema derecha, que en teoría, resquebraja su reelección quitándole el poco apoyo popular que la izquierda podía darle, confiada en la paz como bandera. Algún opinador dijo que el Presidente ya no juega póker, sino tejo, ese deporte de pólvora y totazos.

Columnistas tan prestigiosos como William Ospina o Ramiro Bejarano aseguran que Juan Manuel Santos se suicidó barriendo a Petro de la contienda política. No estoy seguro que dicho análisis sea certero, simplemente porque nace del deseo, no de la objetividad.

Es deseo pensar que Colombia vive una apertura democrática y que cualquier retroceso será castigado en las urnas. Es deseo creer que la oposición al establecimiento será respetada, tolerada y permitida, aun tan centrista como la de Gustavo Petro. Es deseo fantasear con paz estable cuando ni el 10% de los homicidios pertenecen a los actores que conversan en La Habana.

A Santos nadie le va a castigar lo de Petro en las urnas, como desea la izquierda, entre otras cosas porque esa izquierda demostró ser la rotunda perdedora de las elecciones pasadas. Yo sugiero que es al contrario: van a premiarlo. Buen calculador, el Presidente usurpa votos a la derecha y para eso mandó un mensaje fuerte, no al electorado, sino a los dueños de las maquinarias: la oligarquía está dispuesta a violar la ley si es preciso, en aras de mantener el control sobre los nodos cruciales del poder, a favor de los de siempre. Nada que no se sepa en últimas. Ese mensaje con la destitución de Gustavo Petro, que algunos consideran tan negativo para las negociaciones de La Habana, en realidad busca tranquilizar la derecha sobre un posible escenario post-conflicto: en Colombia no va a pasar nada, nunca vamos a tener un ex-guerrillero gobernando.

Con esa jugada artera y sucia, Santos le saca ventaja a los tres alfiles del uribismo, tres mediocres que sólo aparecen en la arena pública inflando encuestas con fraudes como los de Enrique Peñalosa. El Presidente es astuto. Además, sabe quiénes son los verdaderos dueños de los votos.

La destitución de Petro tiene visos estratégicos claros, decapitando un personaje que si bien no tiene el talante caudillista de Gaitán o Chávez, como sueñan o creen algunos, si ha demostrado capacidad de aglutinar amplios sectores ciudadanos, incluso con su soberbia arrogante. Petro es hoy un monstruo político, aun a pesar de sí mismo.

Eso que llaman “burrada”, “chambonada” o “suicidio”, adictos como son los columnistas a la exageración, según mi criterio es una jugada muy sucia, pero a la vez muy hábil: en vísperas de elecciones o incluso antes, el Presidente tendrá un avance fundamental en las negociaciones de La Habana, bloqueando a la ultraderecha. Así habrá opacado todo el escándalo de estos días. Sin oponentes fuertes en la contienda, hasta parece probable la reelección en primera vuelta.

A estas alturas lo único que podría quemar a Santos sería el segundo paro agrario que comienza a cocinarse, más incluso acá hay una posible jugada desactivando esta amenaza coyuntural, al negociar por lo alto. Lo fundamental ahora es “la chiva” que se espera desde La Habana y que lo único que conseguiría sería consolidar la gobernabilidad.

A quienes hablan de “suicidio político”, deseando inútilmente que un hijo destacado de nuestra oligarquía defienda la democracia, me gustaría aclararles que hasta ahora, lo único “positivo” en la trayectoria de Juan Manuel Santos fueron unos muchachos de Soacha. Si consigue la paz espuria que busca, será a cambio de no arriesgar ni uno sólo de los privilegios de los eternamente privilegiados.

 
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