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Las elecciones legislativas de 2013 y la izquierda revolucionaria

category argentina/uruguay/paraguay | la izquierda | opinión / análisis author Thursday August 15, 2013 12:14author by Frente de Estudiantes Libertarios - Argentina - Frente de Estudiantes Libertarios - Argentina Report this post to the editors

"El éxito electoral y el acceso al gobierno de instituciones importantes son positivos y necesarios para ir demostrando que se tienen proyectos alternativos en lo social, económico, cultural y nacional; pero es imprescindible acompañarlos de la activación de la masa social que apoya el cambio. De nada sirve ser la fuerza más votada si no se va más allá del éxito electoral y no se pone en marcha una estrategia que, atendiendo a la realidad de la correlación de fuerzas, acelere la construcción de alternativas viables y esté preparada para una confrontación política de proyectos que se va a agudizar y que hay que agudizar."

Borroka Garaia da!
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Disputas en lo alto

Este 11 de agosto se desarrollarán las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para elegir a los futuros representantes de la cámara de diputados y senadores. Cerca del 45% del electorado argentino vive en la provincia de Buenos Aires. Las últimas encuestas en este territorio dan como ganador a Sergio Massa, intendente de Tigre. Mantendría una ventaja de entre el 2% y 10% de diferencia con Martín Insaurralde, candidato del gobierno nacional [1]. Este resultado implicaría un retroceso para el gobierno, tomando como punto de comparación la elección presidencial de 2011 donde sacó un 54% de los votos. La derrota sería apenas más grande que la sufrida por el kirchnerismo en las elecciones legislativas del 2009. Pero se agrega como agravante que el gobierno no logra encontrar un candidato que tenga posibilidades de ganar la elección presidencial del 2015. No parece que vayan a conseguir el consenso necesario para modificar la Constitución, condición necesaria para que que Cristina Fernández de Kirchner pueda presentarse como candidata para realizar un tercer mandato.

Igualmente, la mayor diferencia con las elecciones pasadas es que ésta tiene como trasfondo una relativa desacelaración de la economía. Nos hemos alejado de las grandes tasas de crecimiento chinas para acercarnos al crecimiento bajo de los países avanzados del capitalismo, sin dejar de ser un país dependiente y atrasado. Por esto, varios referentes de la burguesía que hasta hace poco apoyaban al gobierno, hoy están en las filas de la oposición. El ejemplo más bestial es el de De Mendiguren -ex presidente y actual secretario de la Unión Industrial Argentina- que hoy forma parte del Frente Renovador liderado por Massa. Además, en dicho frente están encuadrados Peirano, ex ministro de economía del kirchnerismo, y Martín Redrado, presidente del Banco Central entre 2004 y 2010. Para poner en evidencia cómo un sector para nada despreciable de la burguesía argentina ha comprendido claramente que estamos ante un probable fin de ciclo es interesante comentar que a sólo cuatro días de la elección, Massa se reunió con 280 empresarios. En dicha reunión participaron el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Méndez de la UIA, Blaquier, Jorge Macri, el presidente del Citibank, que a su vez es presidente de la cámara de comercio de los Estados Unidos en nuestro país y el embajador chino Yin Hengming. Allí, Massa deslizó: ”Ustedes tienen el valor de concretar este encuentro a pocos días de un comicio con un candidato que no es del oficialismo” [2] Y agregó “Somos el único espacio donde tienen representación las cuatro centrales sindicales del país, y también el campo y la industria” [3]. En definitiva queda claro que varios sectores de la burguesía están discutiendo la posibilidad de construir un candidato presidencial para el 2015. Massa ya casi tiene asegurada su victoria y está pensando en ser ese hombre.

Dejando de lado esta breve mención sobre la situación coyuntural de las diferentes fracciones y capas de la burguesía, debemos repasar brevemente la situación de la clase obrera de nuestro país. Es necesario partir de la realidad de nuestro pueblo, y no de nuestra voluntad, para discutir cómo intervenir en los diferentes momentos y espacios de la vida política. Esta es la única forma de tener una estrategia socialista que permita que la clase obrera acumule poder para avanzar hacia una ruptura revolucionaria. Las elecciones no son una excepción.

Así es como se nos hace obligatorio repasar brevemente las últimas cuatro décadas de nuestro país. Para saber dónde estamos, debemos recordar desde dónde venimos.

Un breve repaso histórico

La dictadura más sangrienta de la historia argentina tuvo por objetivo el aniquilamiento de la única fuerza social que alguna vez amenazara seriamente el orden capitalista en el país. El peligro que dicha fuerza social representaba para el sistema capitalista radicaba no sólo en su masividad, sino particularmente en su conducción. La dictadura de la autodenominada Revolución Argentina (1966-1973) había sido derrotada por un auge de masas que siguió diversos cauces. Uno de ellos -la participación en estructuras vinculadas a organizaciones político-militares revolucionarias- fue de vital importancia, al aportar un norte estratégico a la lucha popular. Fue sobre estas organizaciones en particular, y sobre toda la organización obrera y popular en general, que se abatió con una furia nunca vista la represión entre 1976 y 1983. Esta violencia inusitada, su masividad e intensidad, fue proporcional a la amenaza representada por las fuerzas populares y revolucionarias. En la Argentina de los ‘70, el orden capitalista se mantuvo a fuerza de un genocidio. A comienzos de los ‘80, un importante porcentaje de los militantes revolucionarios, los sindicalistas clasistas y activistas populares habían sido asesinados.

Esta derrota de la izquierda revolucionaria y del campo popular allanó el camino para el restablecimiento de la institucionalidad democrática bajo una hegemonía indisputada de la clase capitalista. Al eliminar a las fuerzas revolucionarias, quedaban neutralizados los peligros del reanudamiento de la vida política. De este modo la nueva democracia nacía condicionada por alzamientos militares, y con una CGT que, no obstante su combatividad -13 huelgas generales contra el gobierno de Alfonsín-, representaba la continuidad del sindicalismo tradicional. Así, el panorama político de los ‘80 evidenciaba el vacío dejado por la destrucción de aquellos sectores que pocos años antes habían sabido cuestionar los fundamentos de nuestra estructura social.

En la década de los ‘90, bajo el menemismo, muchos de los lineamientos de la política económica neoliberal iniciada en 1975/1976 se profundizarían. La ley de convertibilidad -el uno a uno-, al posibilitar la entrada masiva de bienes importados, tuvo como efecto la desaparición de amplios sectores industriales poco competitivos. Asimismo, la oleada de privatizaciones -petróleo, agua, gas, teléfonos, trenes, aerolíneas, jubilaciones- conllevó el despido de miles de trabajadores estatales. De la mano de las leyes de flexibilización laboral -que entre otras cosas facilitaban los despidos y eliminaban los convenios colectivos- las patronales pudieron avanzar como nunca antes sobre los derechos de la clase obrera. Este avance triunfal del capitalismo argentino estaba enmarcado en un clima ideológico mundial de euforia capitalista, producto de la caída de la Unión Soviética. A comienzos de los ‘90, el peso de los hechos parecía anunciar la muerte de toda alternativa socialista.

Sin embargo, las primeras fisuras en la hegemonía indisputada de los vencedores comenzaron a aparecer con las rebeliones de los trabajadores desocupados del interior argentino. En 1996 Cutral Có y Plaza Huincul se ponían de pie, luego vendrían Mosconi, Tartagal, y muchos otros pueblos y ciudades que comenzaban a hacerle frente a la política de hambre y miseria. Poco a poco, barrios y localidades enteras se organizaban para exigir una salida a la crisis económica y política que le devolviese la dignidad al pueblo. La rebelión popular de diciembre de 2001 fue, como dijera Marx, uno de esos días en que están corporizados veinte años. Tras casi veinte años del fin de la dictadura, las decepciones y broncas acumuladas en democracia parecieron estallar todas de repente y a la vez. Algo había cambiado en la Argentina.

La triste realidad

Con una importante devaluación y una reactivación económica iniciada en el gobierno de Duhalde, los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner lograron reinsertar a millones de desocupados al sistema productivo pudiendo dejar de lado así la impopular política represiva de los gobiernos anteriores.

Aunque es verdad que hubo una recuperación económica, como de costumbre en el capitalismo, lo que suelen olvidar los defensores del gobierno es que el sistema capitalista funciona bien cuando millones son explotados. Para colmo, esta recuperación implicó que alrededor del 35% de lo los trabajadores estén en negro [4]. Además tenemos un 8% de desocupación estructural [5]. En Estados Unidos existe el mismo nivel de desocupación y se la ve de forma preocupante. Acá, este número se presenta como un éxito dado que se compara con la desocupación del 2001. Por otro lado hay un 8% de subocupados [6], o sea de trabajadores que no logran conseguir todo el trabajo que desean o necesitan para poder subsistir. Así es como alrededor de la mitad de los trabajadores argentinos tienen serios problemas laborales. Además, la mitad de la población trabajadora antes de la actualización del salario mínimo ganaba menos de 3500 pesos por mes. O sea podemos decir que la mitad de la población trabajadora ganaba menos de la mitad de la canasta básica familiar, que cuesta alrededor de 7000 pesos por mes.

Por otro lado, el peso argentino está siendo devaluado -tomando el dólar oficial y no el paralelo- por el gobierno a un 25% anual. El dólar oficial se vendía a $4,92 el último día del 2012 y hoy se está vendiendo a $5,54 [7]. Sumado a esto, hay una inflación del 10% anual según el órgano oficial del gobierno, y más de un 20% según la oposición. Las paritarias no alcanzan un aumento anual del 20% del sueldo. En definitiva, lo que es indiscutible es que ahora el salario real está en baja.

Dejando de lado la economía, en esta década pasamos a tener un movimiento obrero sumamente fraccionado con 5 centrales sindicales: CGT oficialista de Caló, CGT opositora de Moyano, CGT Azul y Blanca de Barrionuevo, la CTA oficialista de Yasky y la CTA opositora de Michelli. Como dato de color, la CTA de Yasky que apoya al gobierno está diciendo que la cifra de pobreza ronda por el 22% de la población [8].

Por último vale recordar que el 95% de la población adulta [9], de la cual un 70% [10] forma parte del proletariado y semiproletariado según el Programa de Investigación Sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA), vota por partidos que son enemigos férreos del socialismo y que apoyaron la represión a la vanguardia revolucionaria y obrera de la década del ‘70.

A nuestro entender está claro que estamos en una situación de reflujo general, de defensa de los derechos conquistados por la clase obrera argentina. Esto no contradice que en algunos lugares en particular la inserción y el tamaño de la izquierda crezca. De hecho, incluso en general es notable que, en términos relativos a su inserción pasada la izquierda está creciendo abruptamente. Pero el peso de la izquierda sigue siendo ínfimo en comparación al resto de las fuerzas sociales y a las grandes tareas que pretende cumplir. Para nosotros, la discusión sobre estrategia revolucionaria, y especialmente sobre la disputa electoral, debe darse partiendo de aceptar esta realidad para dejar de lado todo tipo de sectarismo.

Los frentes de izquierda

Para las elecciones legislativas de 2013 se presentarán frentes electorales de izquierda de diversas características. Los dos más importantes son el FIT y Camino Popular. Hay otros frentes y organizaciones que como el MST-Nueva Izquierda, PODEMOS, MAS, Autodeterminación y Libertad, Patria Grande, Unión del Pueblo, Frente Ciudad Futura que no analizaremos por una cuestión de espacio pero en lineas generales se enmarcan en una o en las dos tendencias que comentaremos.

Más allá de la discusión, esperamos que todas las fuerzas socialistas puedan superar el piso establecido por las PASO, así como esperamos que aquellas que no lo logren presten su apoyo a las que sí lleguen a octubre.

Camino Popular

El programa de Camino Popular [11] pareciera apuntar a un control paliativo de los efectos más nocivos del capitalismo, a una forma de gobernar más amigablemente el capitalismo. Sin embargo, no vemos de qué modo ciertas propuestas formales como las consultas populares o la participación en la gestión de los servicios públicos podrían de por sí suscitar transformaciones estructurales significativas. Del mismo modo, tampoco vemos que el planteo de libertad sindical o de igualdad de trato y oportunidades constituya algo más que una consigna sin mayor incidencia en la realidad. Asimismo, bajo el lema “recuperar lo que es nuestro – el capital extranjero domina nuestra economía” se arrastran enormes confusiones, al insinuar que por algún motivo el capital nacional sería más favorable para la clase obrera. En particular, la consigna que acompaña y baja a tierra dicho lema, “que lo que se gana acá se quede acá: Basta de fuga y saqueo”, pierde de vista que el empresariado argentino es el primero en depositar sus ganancias en bancos extranjeros. Es real que hay una enorme fuga de divisas -alrededor de 80 mil millones de dólares en los últimos años-, producto del trabajo de los argentinos, y que sería deseable que esta plusvalía no se fuese del país. Ahora bien, esto forma parte de una característica de nuestra inserción en el mercado mundial. Somos un país chico, agrario y que se inserta tarde en el mercado capitalista mundial. En definitiva somos un país atrasado, y por eso quienes invierten aquí, buscan sacar el mayor rédito en el menor plazo y transferir las ganancias a mercados más estables. Por eso dentro del capitalismo es difícil, por no decir imposible, evitar la fuga de capitales en un país dependiente. El kirchnerismo, por ejemplo, ha buscado limitar parte de esta fuga y no ha podido lograrlo. Con esto no queremos decir que el kirchnerismo no fomentó o incluso participó de la fuga de capitales. Es verdad que lo fomentó en algunos casos en particular, pero a nivel macroeconómico la retención de dólares hace unos años empezó a ser condición necesaria para la supervivencia del modelo. En particular de cara al creciente y multimillonario déficit energético. No creemos que los compañeros puedan tener éxito en este punto donde el gobierno nacional fracasó, ya que esto depende de una cuestión política estructural y no técnica o de voluntades.

Por otro lado, respecto de la falta de inversión industrial, debemos señalar que este déficit no se debe a las cualidades morales de empresarios “cipayos”, sino al lugar que ocupa la Argentina en la estructura productiva mundial a raíz de su desarrollo histórico. Como país de desarrollo capitalista comparativamente tardío en relación con Europa y Estados Unidos, los capitalistas argentinos no invertirán en una industria incapaz de competir a nivel internacional. Invertirán en cambio en aquellos sectores que representen una inversión segura con lo retornos más altos posibles. Dichos retornos se encuentran principalmente en el agro, no en la industria. Por lo tanto, la tarea de la izquierda no debe ser crear el mejor marco de acumulación para el capital argentino, sino crear las mejores condiciones para el fortalecimiento del poder popular contra el poder de todo capital -nacional o extranjero-.

Más allá de los aciertos -resulta interesante la reivindicación de un plan de vivienda y una ley contra la precarización laboral- sinceramente no vemos que el programa electoral de Camino Popular responda a la estrategia socialista de norte anticapitalista que tienen organizaciones de intención revolucionarias como Marea Popular y Camino de los Libres. Por el contrario, pareciera que el programa de Camino Popular busca gestionar de manera más humana el capitalismo argentino. Sin embargo, el aspecto más criticable de Camino Popular, a nuestro entender, reside en su campaña sumamente despolitizada. En el mejor de los casos, ésta consistió únicamente en una repetición de consignas, cuando no en un sentido de humor con poco contenido político -es posible que seamos demasiado aburridos-, que en nada ayudaba a difundir un programa de izquierda. En definitiva, se trató de una puesta en práctica de las mismas estrategias de difusión que emplean los políticos tradicionales, concentradas más en la forma -el impacto marketinero- que en el mensaje. A nuestro entender caen en el error que menciona Marta Harnecker: “Hay un gran desprestigio de la política y de los políticos. Una de las razones es porque la derecha se ha apropiado del lenguaje de la izquierda. Se apoderan de nuestras palabras, y entonces los discursos que ellos hacen son muy parecidos a nuestros discursos. Y si a eso se agrega algo que es una debilidad nuestra: que nuestros políticos, al actuar en política, muchas veces lo que hacen es poner en práctica el mismo estilo político que la derecha, o sea, el mismo clientelismo, el mismo personalismo, etcétera, etcétera. Entonces ¿qué ocurre? La gente oye discursos muy parecidos y ve prácticas muy parecidas, ¿cómo entonces va a sentirse entusiasmada con la política y los políticos?”

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), hoy en día mayor polo de referencia de la izquierda argentina, presenta a nuestro entender una serie de problemas que limitan su desarrollo. En particular, cabe destacar la hostilidad innecesaria entre las fuerzas que lo componen. Incluso en plena campaña, han trascendido disputas por verdaderas nimiedades relacionadas con el espacio que cada partido ocupa en el frente, hecho poco alentador de cara a la conformación de un espacio capaz de aglutinar a sectores más amplios de la izquierda revolucionaria, como primer paso para apostar a una política socialista con vocación de masividad.

En cuanto a lo programático, en primer lugar debemos señalar que el programa en papel del FIT [12] no constituye un plan de intervención medianamente sistemático y coherente para los principales sectores de la formación social argentina. Se trata en cambio de un conglomerado ecléctico de consignas. Algunas de ellas apuntan correctamente a la defensa de derechos de la clase obrera (82% móvil, fin de la tercerización, salario mínimo igual a la canasta familiar), mientras que otras no pasan de ser meras expresiones de deseos o consignas de agitación y propaganda, por ejemplo:

“23 – [...] Abolición del Senado y de la institución presidencial con poderes de monarca. Por una cámara única, con miembros elegidos utilizando el conjunto del país como distrito único.”

“25- Por un gobierno de los trabajadores y el pueblo impuesto por la movilización de los explotados y oprimidos.”

O por último “27- Viva la revolución árabe. Fuera el imperialismo de la región. Abajo la ocupación sionista de Palestina.”

El programa del FIT adolece de ciertos problemas vinculados con la concepción trotskista de las llamadas consignas de transición, es decir, consignas que plantean objetivos inalcanzables bajo el capitalismo pero que, según este enfoque, servirían para generar conciencia sobre los límites del capitalismo y la necesidad de luchar por el socialismo. En los hechos, estas consignas -expropiación de la oligarquía, no al pago de la deuda externa, reparto de las horas de trabajo con igual sueldo y prohibición de los despidos-, al ser percibidas como irrealizables, alejan a quienes buscan soluciones para el aquí y ahora. Y en el peor de los casos, conducen a derrotas a los que luchan, trayendo perjuicios a quienes quieren hacer del socialismo una alternativa de masas.

Sin embargo, es necesario diferenciar la intervención pública del programa en sí. Aunque el programa podría ser más profundo y tener un mínimo de articulación, el discurso público del FIT en cambio ha mejorado sustancialmente en comparación con la campaña de 2011, articulada en torno al “milagro por Altamira” y a la simpática frasecilla “nosotros, la izquierda”. La campaña de 2013 del FIT, en contraste con las restantes campañas que apelan a un humor escasamente politizado, se distingue por su seriedad y por la difusión de reivindicaciones centrales e históricas para la clase obrera. Consideramos que en estos dos años el FIT ha hecho un aprendizaje observable en la mayor consistencia de su propaganda política [13].

Caracterizaciones de fuerzas de izquierda sobre las elecciones [14]

En los análisis de algunas fuerzas puede observarse una falta de diferenciación entre las diferentes expresiones políticas de la burguesía. Si bien es cierto que en términos estructurales tanto el kirchnerismo como el macrismo buscan garantizar la reproducción del sistema capitalista en Argentina, los programas capitalistas que estos dos sectores encarnan no son equivalentes, y no es indistinto para la clase obrera que el poder político esté en manos de uno u otro. Esto no quiere decir que nosotros apoyemos a uno u otro sector de la burguesía, sino que no podemos tener el mismo tipo y forma de crítica para todos los programas de la burguesía. No estamos diciendo que haya que ser concesivos con el kirchnerismo, o que haya que agradecerle algo. Todo lo contrario. Creemos que justamente, porque un sector importante de la clase obrera que queremos interpelar lo apoya, debemos tener una crítica mucho más profunda e incisiva que para con otros sectores de la burguesía.

Consideramos igualmente insuficientes las observaciones hechas respecto del rol de la burocracia sindical asociada al gobierno y a las empresas. Lejos de cuestionar dicho vínculo, queremos resaltar que no es posible caracterizar el poder de la burocracia fundamentalmente como una imposición violenta lograda contra la voluntad de los trabajadores. Con esto no queremos ni negar ni minimizar la violencia de las patotas ni la persecución a los activistas de izquierda, sino simplemente señalar que en paralelo a esto, el lugar que ocupa la burocracia debe explicarse como expresión de la adhesión de los trabajadores y como expresión de su nivel de conciencia. Si no pudiésemos reconocer esto, poco podríamos intervenir sobre la realidad que queremos cambiar, más allá de la coyuntura electoral. Lo mismo aplica para la innegable derechización de la dirección del gobierno nacional, expresada, entre otras cosas, en la ley antiterrorista, la ley de ART, y la promoción de Milani a la cabeza del ejército. La existencia innegable de estos hechos no puede conducirnos a una equiparación de la situación actual con la vivida durante los ’90 en términos de represión y persecución -y mucho menos con la dictadura como algunos compañeros hacen de forma irresponsable-. Si alguien que no conociera la situación argentina leyera algunos materiales que se han escrito, podría creer que nuestra coyuntura se asemeja a la del Chile de Piñera o la Colombia de Santos. Insistimos en que esto no es una concesión a la burguesía, sino una crítica a aquellos que pretenden construir usando recetas vencidas y limitan el desarrollo de la izquierda.

Por otro lado, en su evaluación de la coyuntura electoral, hay compañeros que consideran que las causas del retroceso del kirchnerismo residen en su giro a la derecha (nombramiento de Milani, impuesto a las ganancias, YPF-Chevron), lo que implicaría por lo tanto una adhesión de amplios sectores de la población a un programa básico e histórico de la izquierda. Esta caracterización no tiene en cuenta que la gran mayoría de quienes votaron al gobierno en 2011 no optarán en 2013 por opciones de izquierda, sino por partidos que en el mejor de los casos plantean un kirchnerismo mejorado desde el punto de vista burgués -léase: Massa objetando la reelección, el atraso cambiario, la inflación pero subrayando que defenderá la Asignación Universal por Hijo “con uñas y dientes”- y que en el peor de los casos significan un marcado giro a la derecha -De Narváez, Macri, Binner, Alfonsín-Stolbizer-. A nuestro entender, este error se origina en confundir las críticas que como izquierda hacemos al gobierno, con la percepción que tiene el pueblo del gobierno. Si las críticas del pueblo coincidieran con las de la izquierda, nos encontraríamos hoy mucho más cerca de nuestro objetivo revolucionario y seguramente los resultados electorales de la izquierda serían mucho más grandes.

Por otro lado, coincidimos con las críticas a las disputas por nimiedades que demuestran una falta de espíritu unitario, pero no creemos que, como sostienen algunos compañeros, los motivos se encuentren en características subjetivas grupales o culturales de la militancia trotskista, ni en una falta de voluntad por alcanzar la unidad. En nuestra opinión, estos fenómenos parten de una matriz programática, de una concepción de la política que, al caracterizar que están dadas las condiciones objetivas para la revolución -como afirma el Programa de Transición de Trotsky de 1938-, considera que todo elemento de la coyuntura política podría potencialmente desencadenar un ascenso de masas que conduzca a la revolución. De allí suele derivarse una práctica política que convierte en cruciales y determinantes las diferencias tácticas. De este modo, las diferencias sobre cuestiones muy puntuales priman por sobre los amplios acuerdos alcanzados. Es así como el trotskismo pareciera encerrar una tendencia al fraccionamiento, que se hace tanto más aguda cuanto menos inserción tienen estos partidos y más grave se hace la disputa de dirección por revertir esta falta de crecimiento.

La voluntad y la inagotable fe revolucionaria

Hoy en día, nuestro objetivo fundamental es fortalecer el campo popular. El debate teórico y estratégico es crucial, pero debemos saber cuándo y cómo darlo. Las pequeñas diferencias no pueden llevarnos a enfrentarnos estúpidamente, especialmente en el ámbito sindical. Es crucial recrear el tejido social de solidaridad concreta que siempre existió en la clase obrera argentina. Para ello, es imprescindible articular a las organizaciones y militantes populares en torno a un programa básico de defensa de los derechos de los trabajadores -por ejemplo, que los sindicatos asuman la lucha contra la precarización laboral, un salario mínimo igual a la canasta básica y la eliminación del impuesto a las ganancias-. Nuestros esfuerzos, como izquierda revolucionaria, deben apuntar a la creación de organismos amplios que permitan a la izquierda coordinar una estrategia común, con el fin de quebrar la hegemonía indisputada de la clase dominante, que hasta el día de hoy cuenta con el consenso de la casi totalidad del pueblo trabajador.

Por eso, más allá del debate electoral que es completamente circunstancial aunque no menor, creemos que en la etapa actual, debemos aumentar nuestra inserción especialmente en el ámbito privado y fabril al igual que debemos crecer en presencia territorial. Lamentablemente la izquierda no tiene suficiente peso en el interior del país, aunque siempre existen algunas excepciones que confirman la regla.

Por último nos gustaría agregar que las elecciones suelen ser el momento en que cristalizan diversos fenómenos de la política: alianzas, relaciones de fuerza entre sectores, y definiciones políticas de las agrupaciones aparecen como el precipitado visible de la coyuntura electoral. A este respecto, éste es un momento oportuno para dar a conocer el camino que diversas compañeras y compañeros, militantes sindicales, estudiantiles, territoriales y de la cultura, hemos decidido emprender hacia la conformación de una corriente popular libertaria que tome lo mejor de la tradición de lucha de nuestra clase obrera argentina y de las organizaciones revolucionarias que dieron todo por una Argentina socialista. Esperamos estar a la altura de las circunstancias.

¡Venceremos!

Frente de Estudiantes Libertarios

La Voluntad

Grupo Cultural Haroldo Conti

Centro de Estudios Libertarios

Notas

[1] Encuestas con final abierto en la provincia de Buenos Aires

http://tiempo.infonews.com/2013/08/09/argentina-107119-...s.php

[2] El empresariado en pleno dio el presente en una cita con Massa

http://www.lanacion.com.ar/1608632-el-empresariado-en-p...massa

[3] La economía según Massa

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-226260-2013-....html

[4] Los dilemas irresueltos para determinar el trabajo en negro en la Argentina

http://www.lanacion.com.ar/1579116-los-dilemas-irresuel...ntina

[5] Desafío: romper el núcleo de desempleo

http://www.cta.org.ar/Desafio-romper-el-nucleo-duro-de....ng=es

[6] Por el parate, crecen el desempleo y la subocupación

http://www.lanacion.com.ar/1583935-por-el-parate-crecen...acion

[7] Dolar Histórico

http://www.cotizacion-dolar.com.ar/cotizaciones_dolar_h...o.php

[8] Informe de Coyuntura Nº 12 – CIFRA

http://www.centrocifra.org.ar/docs/Informe%20de%20Coyun...2.pdf

[9] Atlas Electoral

http://andytow.com/atlas/totalpais/indice.html

[10] Estructuras económico sociales concretas

que constituyen la formación económica de

la Argentina (1980-2001)

http://www.pimsa.secyt.gov.ar/publicaciones/DT%2076.pdf

Evolución de la distribución de la población

según grupos sociales fundamentales.

Argentina, 1960-2001

http://www.pimsa.secyt.gov.ar/publicaciones/DT%2068.pdf

[11] Camino Popular Propuesta

http://www.caminopopular.org/index.php/propuesta

[12] Declaración programática del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (2013)

http://www.pts.org.ar/Declaracion-programatica-del-Fren...-2013

[13] Entrevista a Jorge Altamira

http://secciones.cienradios.com.ar/radiomitre/2013/08/0...ltro/

http://www.continental.com.ar/escucha/archivo_de_audio/....aspx

[14] Ponemos solamente algunos de los análisis que se difundieron:

Las PASO y las opciones de izquierda

http://www.mirargentina.org/index.php?seccion=articulo&...t=247

Declaración de CAUCE-UBA de cara a las PASO

http://cauceuba.blogspot.com.ar/2013/08/declaracion-de-....html

Prensa Estrella Roja n°13

http://issuu.com/opestrellaroja/docs/prensa13

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