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¿La hipocresía de colarse en Transmilenio?

category venezuela / colombia | community struggles | opinión / análisis author Wednesday June 05, 2013 00:45author by Comité Editorial Acción Libertaria - Comité Editorial Acción Libertariaauthor email ceaccionlibertaria at gmail dot comauthor address https://ceaccionlibertaria.wordpress.com/ Report this post to the editors

Dejémonos de hipocresías. Las cosas como son: el sistema de injusticia en el que vivimos no merece ninguna consideración. Resultó que ahora, debido al hambre que sufren millones de seres humanos y a la humillación a la que nos somete el orden en permanente “crisis”, el sistema saca a sus ideólogos baratos (disfrazados de periodistas) para mitigar el producto de la razón de su existencia.
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Por Steven Crux

Dejémonos de hipocresías. Las cosas como son: el sistema de injusticia en el que vivimos no merece ninguna consideración. Resultó que ahora, debido al hambre que sufren millones de seres humanos y a la humillación a la que nos somete el orden en permanente “crisis”, el sistema saca a sus ideólogos baratos (disfrazados de periodistas) para mitigar el producto de la razón de su existencia.

De nuevo salen los pseudo-investigadores con argumentos tan simples, poco elaborados y atacando para donde no es, todo con el fin de defender el statu-quo y el ejemplo del “buen ciudadano”. Este texto nace producto de la indignación y la ira al saber que la ley es de nuevo herramienta de uso fácil para los de arriba, quienes para justificar su actuar llaman a sus medios de desinformación masiva para llenar las ciudades, los medios virtuales y las mentes con argumentos que solo pretenden ocultar el trasfondo de las cosas.

No nos colamos porque sí, no es una cuestión de poner la vida por debajo de cosas como la “pereza”, la “malicia” o las ganas de sentirse “el más vivo”. Aún sabiendo que a veces la situación se torna tan absurda al punto de colarse solamente por grabar un video, en su gran mayoría todo tiene una razón más profunda. Muchas debemos escoger entre sacar copias para nuestros estudios o pagar por un sistema de transporte indigno e injusto, eso en el mejor de los casos, pero también sabemos que gente cercana tiene que escoger entre no comer y $1.700, ¿Eso pasa? SI, parece que ciertos periodistas no se han dado de cuenta donde viven, pues el aislamiento de la realidad social que producen los sectores acomodados y los edificios altos y pomposos les hacen olvidar que vivimos en Colombia. Razones sobran para decir porque la gente se tiene que colar (altas cifras de desempleo, inestabilidad laboral, malas condiciones de trabajo, desigualdad social, corrupción y un sinfín más de elementos para tener en cuenta), no es preciso profundizar en eso, sólo salir, caminar y charlar en las calles del centro de las ciudades y en sus periferias.

Pero parece que los medios de incomunicación masivos no sólo ignoran la realidad social, sino que de hecho atacan con frases un poco absurdas: “colarse por torniquete causa accidentes” (¿Cómo así?) o “si transmilenio fuera gratis, se seguirían colando”… se empieza a ver por dónde va la cosa, simplificando los problemas del país en frases un poco estúpidas y hostiles. Como ha sido históricamente, la culpa de la desigualdad y la injusticia es de “la falta de educación de los pobres”, además de su “malicia indígena” (termino que también tiene su transfondo racista), pero parece que se les olvida la “malicia burguesa” de las multinacionales que nos roban la vida y los recursos, se les olvida la “falta de educación de los gobernantes nacionales” que regalan mano de obra a bajo costo y juegan con nuestra salud y dignidad. Obvio no nos colaríamos si transmilenio fuera gratis, pero más que eso: si fuera digno, y ello involucra no solo dejar de ser sardinas enlatadas en un bus rojo sino que el producto de su servicio fuera retroalimentado a la sociedad en general y no a unos cuantos bolsillos, si lo vemos en esa perspectiva nos colaremos hasta que la transformación social sea una realidad.

Para los escritores de estos medios es válido hacer paralelos donde se cita la “cultura de pagar” que se tiene en otros países, haciendo la salvedad de que son sistemas de transportes similares pero con condiciones socio-económicas completamente diferentes. Sin llegar a defender los gobiernos de otras latitudes, es importante saber que la corrupción y la desigualdad impuesta aquí han adquirido niveles bastante altos, diferentes a otros lugares donde también existen pero con más disimulo, entonces se peca de mala fe en estos paralelos. ¿Cómo no nos vamos a colar, si desconfiamos de quienes son dueños del transmilenio?, nuestras vecinas, familiares y compañeras de estudio o trabajo lo hacen, sin tener que leer teorías económicas avanzadas pero sabiendo la cantidad de dinero robado a través de los impuestos, la impunidad y las excesivas ganancias que se llevan otros, quienes por cierto tienen costosísimos carros, a costa de nuestra incomodidad y falta de derechos. La “cultural del pago” termina siendo un plan para naturalizar el descontento popular, pero termina siendo más indignante que una persona prefiera guardar $1700 para comer o estudiar a que un millonario con sus arcas llenas quiera poseer aun más dinero.

Y ya que se toca la cuestión de los derechos que deberíamos tener como usuarios, no podemos pasar por alto que el sistema de transmilenio de Bogotá, al estar enmarcado en una de las burocracias más corruptas del mundo, sea de los más caros, más indignos y más inseguros de América latina. Como vimos el año pasado, tras una ola de manifestaciones pacificas que terminaban siendo violentamente reprimidas, no sin una respuesta de quienes estábamos indignadas, las directivas deciden bajar el precio del tiquete en ciertas horas. Más que entender esto como un regalo que nos dieron los de arriba, lo entendemos como algo que se gano a punta de movilización y presión, pero sabemos que aún falta y seguimos en ese mismo camino.

La prensa oficialista, no bastándole con insultarnos, nos pone al mismo nivel (o quizás peor) que el de los Nule o los Moreno, de hecho asegura que las mismas razones que nos motivan a colarnos son las mismas que motivaron a estos avaros a sacarse buenas tajadas de dinero a parte de lo legalmente permitido, que ya de por sí es un robo. Quisiéramos ver que por la tacañería un ladrón de cuello blanco salte una puerta de transmilenio.

Pero en algo estamos de acuerdo con estos señores de los grandes periódicos, y es que toca atacar más profundo, cambiar lo cultural: buscamos atacar la cultura de la competencia, del odio, de la desigualdad, del conformismo y de la resignación, quizás no sea la misma idea a la que se referían los grandes medios al decir que el “buen ciudadano” es quien pide sus derechos de manera “que no altere el orden” –para que se los nieguen- y al otro día vuelva y pague su pasaje, hacer lo que en la escuela llaman “lo correcto”, aquí lo importante no es que transmilenio se digne a dar un buen servicio sino que el dinero siga llegando diariamente, si eso es así, todo está bien en la lógica de lo antilógico.

Todo lo anterior nos lleva a una serie de reflexiones más profundas: la prensa oficialista está al servicio de los bolsillos de los empresarios y gobernantes, nunca mira más allá de las cortinas de humo y termina por justificar la desigualdad legalmente impuesta, seguimos en lo mismo de siempre: atacan a las hambreadas pero no al hambre, es fácil negar la lucha de clases cuando se es dueño de quienes cuentan su versión de la realidad. En esa misma línea, para la no sorpresa nuestra, las leyes están hechas para blindar el bolsillo de los explotadores, obligando al explotado a seguir dejando su dignidad y vida en largas jornadas de trabajo, en oportunidades de educación perdidas o en una tarjeta electrónica, ejemplo de ello es que la forma más “correcta” que encuentra el aparato estatal para controlar a quienes se colan en transmilenio, que en su mayoría no tienen dinero, es exigiéndoles más de medio millón de pesos como retribución por “robar” $1.700, y para hacerlo sonar “humanitario” se dice que el objetivo último es “salvar vidas”, ¿No será salvar bolsillos?, bueno, suponiendo que las mismas personas que nos condenan a morir en las puertas de los hospitales quieren salvaguardar nuestra integridad física, se preocupan de que el 23% de las muertes anuales alrededor del mundo sean por accidentes de tránsito, parece no importarles que la gente fallezca por enfermedades producidas por alimentos tratados con transgénicos, por las guerras impuestas gracias a la avaricia del petróleo, por el hambre y la sed, por la desigualdad social y por la violencia que nace de todo lo anterior en nuestros barrios, quizás todo ello sea más del 23%.

Pero para exigir nuestros derechos inmediatos como usuarios, llámense servicios más regulares, menos congestionados y más baratos, y teniendo en cuenta que todo va más allá de eso, debemos seguir una serie de papeleos que muy probablemente no terminarán en nada al cabo de meses o años, pero para castigar a quienes se colan y proteger los ingresos de estos parásitos sociales existe eso de “leyes express”, que se hacen en cuestión de días o semanas, donde los recursos materiales y humanos (vehículos de la policía, uniformados, cámaras, etc) están a disposición del capital privado a primera hora. Pero para terminar de hacerlo más orwelliano, cada peatón usuario del sistema debe convertirse en “veedor” del mismo, es decir, esta cultura del pago y el rechazo social a colarse garantizan que cada una de nosotras sea un potencial policía de las demás, imaginémonos cuanto se ahorraría transmilenio en celadoras.

Sabemos que muchas veces el acto de colarse lo ejercen personas con dinero que lo hacen por diversión o por el deseo de adrenalina, como también hay casos absurdos donde jóvenes han muerto por no esperar a un semáforo en rojo o teniendo el pasaje en sus bolsillos, esto es también cuestionable y sabemos que nuestra vida no vale menos que $1.700, por eso lo hacemos con cierta seguridad de no morir en el intento y con las justificaciones que ya se mencionaron. Estamos de acuerdo con que es importante desarrollar conciencia social en nuestros barrios y centros de estudio, sin hacerle el juego al sistema de injusticia, somos conscientes de que como desposeídas debemos dejar salir primero, cruzar el puente peatonal, utilizar los semáforos peatonales y caminar por la derecha, son cosas simples que ayudarían a mejorar muchas cosas, pero que quede claro que aquí lo importante y primordial es la transformación radical de las condiciones económicas, sociales y culturales que nos imponen los de arriba, luego de ello podremos hablar de un sistema digno de transporte, de educación, de salud, de producción… de vida.

Porque no tenemos dinero y porque nos burlamos del poder, seguiremos colándonos: por puerta abriéndola o subiéndonos al primer articulado que se detenga a recoger pasajeras, por torniquete saltándolo o devolviéndolo, colándonos hasta que todo cambie.

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