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La relación del cristianismo y el catolicismo con el movimiento popular

category bolivia / peru / ecuador / chile | religión | opinión / análisis author Monday April 01, 2013 19:50author by Pedro Pablo Ramírez Report this post to the editors

Revisión histórica y desafíos

Cuando me propusieron escribir esta columna, por un lado me sorprendió, ya que no es un tema que le preocupe particularmente a la izquierda actualmente, pero me alegró bastante tomando en cuenta que Latinoamérica es el continente con más creyentes, por tanto la relación del catolicismo con las luchas populares es un tema esencial para la construcción del movimiento social, como fue una piedra fundamental en los procesos revolucionarios que desde la década de los 60 fueron tomando lugar en el continente.

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Cuando me propusieron escribir esta columna, por un lado me sorprendió, ya que no es un tema que le preocupe particularmente a la izquierda actualmente, pero me alegró bastante tomando en cuenta que Latinoamérica es el continente con más creyentes, por tanto la relación del catolicismo con las luchas populares es un tema esencial para la construcción del movimiento social, como fue una piedra fundamental en los procesos revolucionarios que desde la década de los 60 fueron tomando lugar en el continente.

Comencé a estructurar el texto con la idea de no sonar demasiado bíblico, pero tampoco sin dejar de lado la dimensión teológica y las distintas acciones y reflexiones que, a mi juicio, han llevado a un sector del cristianismo y el catolicismo a formar parte activa de las filas de los movimientos sociales que buscan de forma revolucionaria transformar la realidad social con el objetivo de instaurar un mundo nuevo. Antes de empezar con la lectura debo advertirles que como en todo tema religioso hay cuestiones que deben ser vistas desde la mirada de la fe o de lo contrario estaríamos hablando bajo prismas de distinto valor.

Hoy, les voy a hablar del Cristo liberador, del Cristo obrero, como le gustaba llamarlo a Clotario Blest. El hijo de Dios que a nosotros, los cristianos/católicos de la liberación, nos interesa. Lo que nos importa de Jesús es su vida, muchas veces caemos en la adoración de Cristo por sus milagros, la sanación de algún enfermo, la multiplicación de los peces, etc. Muchos se centran en esos aspectos que lo hacen divino y que en la cultura popular tienen mucho impacto, pero eso no es lo central, si pasó o no, la verdad, a mi juicio no importa tanto. El real mensaje que nos entrega Dios a través de Jesús es su vida, por medio de de ella Cristo nos enseña el plan de Dios para los hombres, que no es más que vivir en comunión.

En el fondo, lo que Dios nos dice a los hombres y mujeres es que debemos vivir en común unión con el otro, es decir de forma solidaria y fraterna, porque en esa medida entre hermanos podremos desarrollarnos y dentro de esa misma dinámica encontraremos el amor de Dios. Por tanto debemos “hacer la tierra como en el cielo”, ese es su plan. Pero acá hay una cuestión central que encierra Cristo, Dios nos da la libertad de seguir el camino que queramos, y hay que entender que nosotros, los cristianos de la liberación, no nos relacionamos con Dios desde el castigo o el pecado, sino que desde el llamado a la comunión, el amor y la libertad.

Desde lo anterior podemos establecer una clara diferencia con los católicos conservadores. Durante siglos nos han enseñado que lo importante, indistintamente de tu posición social y de tu realidad, debemos vivir en agradecimiento sin hacer esfuerzos por cambiar la sociedad porque ese es el plan que Dios nos tiene, resignarnos a esa experiencia y que luego en otra vida existiría la recompensa. Al mismo tiempo hacen mucho hincapié en el pecado y en la tentación entregando la imagen de un Dios castigador que nos puede llevar a los sufrimientos del infierno, lo que es completamente absurdo pensando en el amor que Dios nos entrega. En simples palabras esto no es más que un mecanismo de control social que mantiene y sustenta gravemente una posición de privilegio de unos pocos que precisamente son quienes mantienen el poder.

Muy por el contrario, entendemos que Jesús no estuvo desde una posición porque sí, él mantuvo una opción preferencial por los excluidos, por los pobres y eso es por algo. Es un deber para un cristiano estar al lado de los oprimidos, darle pan al que no tiene para comer, darle abrigo al que no tiene cobijo y sabemos que eso solo será posible cuando transformemos la sociedad. Ese es el camino que Cristo nos entregó. Fue su inmenso amor, su sacrificio, el que nos muestra el camino de la liberación, que nos llama y nos dice desde qué lado se encuentra Dios.

Esto no se trata como muchos nos intentan hacer creer, de una instrumentalización de la religión, sino que al revés, es su misión transformar la sociedad.

Son estas las cuestiones que el catolicismo perdió durante mucho tiempo, pero en distintas épocas han sabido diverso hombres reencauzar. En primera instancia fue San Francisco a quién se le confirió la tarea de reconstruir la Iglesia desde la humildad y la austeridad. Posteriormente el Papa Juan XXIII organizó el Concilio Vaticano II donde la Iglesia se reestructuró, se democratizó y avanzó según las necesidades de la sociedad moderna poniendo énfasis en la transformación social y la opción preferencial por los excluidos.

Tomando esta reestructuración de la Iglesia, surgió en Latinoamérica la necesidad de implementar dichas transformaciones en el continente. Desde ese entonces fueron los cristianos de la liberación quienes comprendieron que la realidad del tercer mundo no es más que la de la opresión. La pobreza y la desigualdad azotaban cruelmente al continente y lo sigue haciendo en la actualidad. Desde esta perspectiva se hizo imperante la necesidad de transformar al mundo terminando con una realidad de pecado donde se idolatra el dinero y el materialismo, donde el individualismo nos aleja del otro y de Dios, donde tienen lugar las más crueles vejaciones a los derechos humanos. Mientras esta realidad de pecado continúe, los cristianos tenemos la obligación de seguir luchando.

La opción por los pobres toma la esperanza del mundo de los excluidos, los explotados somos la esperanza del mundo, no hay que idealizar al mundo popular, tenemos grandes errores, hay maldad como en todos lados, pero somos quienes tenemos la misión de transformar la sociedad, desde nuestra propia dialéctica con la vida, desde la lucha cotidiana llevamos el amor de Dios. Muchas veces la desesperanza, el dolor, la injusticia nos maltrata, pero la unión de los pobres, de los trabajadores nos llevará a un mundo mejor y ese mundo nuevo lo construiremos a partir de la fraternidad, de la solidaridad y de la hermandad. Así La teología de la Liberación se hace parte de los movimientos que buscan la libertad de los pueblos para acabar con esta realidad de pecado y lograr vivir en comunión.

La Teología de la Liberación logra rescatar la religiosidad popular y darle un giro de compromiso, lucha, esperanza y alegría incluso en los momentos más difíciles del movimiento social. Los cristianos en los años 60 asumen este rol y en poblaciones comienzan con campañas de alfabetización, se agrupan en sus parroquias para hacer talleres de formación, abren sus espacios a la comunidad, son un punto de encuentro para los pobladores. Los comedores populares, las actividades de cada Iglesia se transforman en esperanza viva para el pueblo.

Los cristianos desde un comienzo asumimos la lucha social difundiendo en el pueblo la esperanza, la humildad y la sencillez. La construcción de un hombre nuevo es el mensaje de Cristo, aquel que sea capaz de encontrarse en el otro, que sea humilde y sencillo, aquel que lleve un mundo nuevo en su corazón y a través de su práctica cotidiana pueda ponerlo en marcha.

Nosotros los cristianos rehuimos del resentimiento, porque no envidiamos a la sociedad del privilegio, sino que la rechazamos, comprendemos que es una realidad que nos aleja de la fraternidad. Impulsamos el amor como punto central y si ya somos explotados una vez, porque debemos seguir siendo explotados en la angustia, por ser pobres, no tenemos por qué vivir todo el día en la miseria y el dolor, desde la esperanza llamamos a confrontar la vida con la alegría que caracteriza al mundo popular y en los momentos de aflicción llamamos al compañerismo y a la unión.

En villas miserias, en favelas y poblaciones comenzaron a surgir curas obreros que entregaban la mitad de su jornada al sacerdocio y el resto del tiempo lo dedicaban a laborar de par en par con los trabajadores. Las comunidades cristianas de base comenzaron a ser un germen de organización y lograron acercar a los pobladores, familias, dueñas de casa, jóvenes, trabajadores y trabajadoras a la lucha popular.
Desde los 60 hasta fines de los 80 innumerables ejemplos existen de cristianos que se movilizaron y dieron su vida por las luchas sociales. Camilo Torres murió luchando por la revolución en Colombia, Frei Betto y Frei Tito fueron torturados por la dictadura Brasileña, André Jarlan murió por un impacto de bala proveniente de la policía en la población La Victoria de Santiago, en Nicaragua lucharon por los Sandinistas centenares de cristianos y así la lista sigue.

Acá en Chile tenemos los ejemplos de los curas Ronaldo Muñoz, Mariano Puga y José Aldunate que, entre otros, desde su servicio en poblaciones generaron resistencia a la Dictadura. La Vicaria de la Solidaridad por su parte jugó un rol principal en la lucha e incluso se dio la formación de un partido marxista y de corte revolucionario como lo fue la Izquierda Cristiana en ese tiempo. Otro ejemplo fue Clotario Blest quien fundó la CUT y la ANEF con una impronta clasista y revolucionaria. Además de los miles de cristianos que a lo largo del continente formaron parte de las luchas populares.

Los militantes de izquierda insisten constantemente en criticar el moralismo del cristianismo, en muchas ocasiones caen en la burla y en algunos regímenes comunistas persiguieron y asesinaron a muchos cristianos. Lo más incongruente es que su crítica generalmente viene desde el pedestal de la verdad que debe iluminar al pueblo hacia lo que realmente es correcto. Muchas veces los militantes de izquierda cometemos el error de basurear las creencias populares alegando alienación, pero así no hacemos más que alejar al pueblo de su propia lucha. El respeto a las creencias del mundo popular es algo necesario y la Teología de la Liberación y la Iglesia Latinoamericana le aportaron masividad y cercanía a los movimientos sociales. Desde un testimonio de fe, de lucha y sacrificio los cristianos hemos realizado nuestro llamado desde la humildad y el servicio.

De esta forma podemos demostrar que el Marxismo, el Anarquismo y las ideas libertarias no son antagónicas al Cristianismo, por el contrario son ideas de mundo completamente hermanables y que han engrosado las luchas por la liberación de los pueblos.

Lamentablemente la atomización de la sociedad, la destrucción del tejido social y la destrucción de las organizaciones sociales en el periodo de transición rompieron toda esta tradición de lucha. El Papa Juan Pablo II frenó los avances del Concilio Vaticano II entregándole mucho más poder a los sectores conservadores y volviendo a la Iglesia a su estructura vertical.

Por tanto, hoy el desafío es el mismo para el movimiento social y para el cristianismo, la misión es volver a nuestras raíces conquistando el mundo popular con organización y unión. Los cristianos debemos volver a democratizar la Iglesia, frenar el machismo y dejar en igualdad a hombres y mujeres, debemos retomar nuestra opción por los excluidos, es necesario levantar nuevamente nuestras comunidades cristianas de base, debemos asumir tareas de organización y de evangelización, llevando el mensaje de Cristo a nuestras poblaciones con esperanza de liberación.

El movimiento social debe recuperar su masividad y los cristianos aportamos mucho en ese sentido, se hace urgente la necesidad de reconstruir organización popular desde las bases de nuestro pueblo y para ellos estamos juntos codo a codo para levantar clubes deportivos, sindicatos, agrupaciones vecinales, comedores populares, organizaciones estudiantiles, actividades de formación y muchas otras organizaciones e iniciativas que le den continuidad a nuestra lucha.

Porque los cristianos llevamos fuego de amor y esperanza, estamos al igual que marxistas y libertarios en la arista más revolucionaria del mundo social. Porque si el socialismo o el comunismo libertario son amor y unión entre hermanos, ahí está nuestro camino.

Pedro Pablo Ramírez

Publicado originalmente en la revista digital "Perspectiva Diagonal"

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