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La Multisectorialidad, la construcción de organización política revolucionaria y proyecto Popular

category bolivia / peru / ecuador / chile | la izquierda | opinión / análisis author Saturday February 23, 2013 03:32author by MZG - Frente de Estudiantes Libertariosauthor email bseguelg at gmail dot com Report this post to the editors

(Notas para la acción política anarquista en Chile del siglo XXI)

Este artículo está diseñado en dos partes: antes del 73 y después. Surge a raíz de un debate que se abre en sociales con el grupo de la Chispa. Este escrito está íntegro desde mediados de Noviembre, pero por motivos de trabajo no había tenido el tiempo de arreglar algunos vacíos.

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La Multisectorialidad, la construcción de organización política revolucionaria y proyecto Popular

Porque sabemos que el hombre es un ser social, queremos que desarrolle su capacidad y la ponga al servicio de la sociedad, porque queremos que todas las decisiones que incumban a la sociedad se asuman y resuelvan en forma social, porque queremos que la riqueza no sea individual o de unos pocos sino social, de todos, por eso nos llamamos Socialistas. Porque confiamos más en el acuerdo que en la imposición, en el conocimiento que en la coerción, en la libertad que en la autoridad. Por eso somos libertarios. Pero ya hemos ido aprendiendo que a veces las denominaciones son engañosas. Por eso no nos dedicamos a pegarle etiquetas a la lucha de los oprimidos. Puede haber gente que llamándose en forma parecida no sepa bien lo que quiere, y hay también quienes con otro nombre, o a veces hasta sin saber darle nombre, buscan lo mismo. A todos los que sin mezquindades, a su manera y en su medida luchan por estos ideales, los llamamos compañeros.
Gerardo Gatti, militante de la F.A.U. (Federación Anarquista Uruguaya), asesinado por la dictadura militar en los 70’.

Saludando la iniciativa de un sector de compañeros en abrir el debate sobre la construcción política programática y su conexión con la herramienta política que lo concretice, me gustaría agregar algunas observaciones. El móvil de este escrito es, por tanto, exponer los 1) puntos de fuga del enfoque teórico/político, 2) la visión de proceso histórico que requiere el movimiento popular para afrontar este debate y 3) posicionar nuestra alternativa ideológica, teórica y política sobre la acción política, la construcción de Proyecto Histórico y la herramienta política que contribuya al desarrollo de ese proceso.

La pertinencia de los puntos 1 y 2 está dado por la función que se le da a la argumentación histórica, que opera como un efecto demostrador que hace que la evaluación de la pertinencia o no de la construcción política multisectorial en cada contexto de desarrollo de las luchas sociales, se la pondere desde un modelo de desarrollo determinado de las fuerzas organizadas políticamente vaciada de historicidad. Su implicación directa es la sobrevaloración de los modelos organizativos como respuestas dadas de antemano para cada contexto y época histórica, utilizándolos como referencia del accionar político actual del movimiento popular y muchas veces opacando la praxis del mismo (1). Esto queda expresado por ejemplo, en cómo se caracteriza el estado actual de reactivación de algunos sectores del pueblo con las consiguientes tareas políticas a desarrollar, ante la imposibilidad de inserción en dichos sectores y de conducirlos reivindicativamente hacia horizontes políticos comunes con otros sectores del pueblo chileno.

Su resultado indirecto es opacar la praxis política del Movimiento Popular y dificultar la tarea de convergencia y construcción de la herramienta política de los revolucionarios, puesto que la dishistorización de los elementos contingentes afecta el campo de acción política y la tarea de la construcción de un tipo herramienta política que, para nosotros, está en estrecha conexión con la matriz teórico-ideológica que nos sustenta, las “correlaciones de fuerzas sociales y políticas en la estructura socioeconómica chilena” y la “cultura política que articula la lucha social, con las determinaciones socioeconómicas en el campo de la política”, donde se juega la acumulación y proyección de la fuerza Social y Política del Movimiento Popular.

Asumir este desafío y superarlo mediante un esfuerzo teórico y práctico, supone un ejercicio de desplazamiento y ampliación del foco de análisis que nos lleva a profundizar el campo de las determinaciones de lo político, desestimando la tesis de “la autonomía de la acción política”, y plantear, desde nuestro campo de acción especifico (el anarquismo político organizado) (2) , la concepción que manejamos un sector de compañeros sobre 1) el rol de la Organización Político Revolucionaria Anarquista (OPR) y su relación con los Frentes de Acción de Masas o frentes sectoriales (FAM) en 3) la construcción del Proyecto Político Histórico de los trabajadores y los sectores populares, como línea prioritaria sobre la que comprender la táctica de la Multisectorialidad.

Por otra parte –en el plano estrictamente político-, 2) cómo en el estado actual de la izquierda revolucionaria es posible y necesario construir una Dirección Política Revolucionaria desde el campo de los revolucionarios (de distintas matrices y orientaciones ideológicas), que conduzca políticamente el Proyecto Histórico de los trabajadores y sectores populares, desplace el proyecto político Nacional Popular (que levanta la social democracia y el progresismo), tomando como anclaje una política de independencia de clase, de protagonismo de las organizaciones sociales en el marco de una estrategia de Poder Popular y bajo el horizonte Socialista-Libertario: que priorice el acuerdo antes que la imposición, el conocimiento antes que la coerción, la libertad antes que la autoridad (teórica, moral y factual) y que avance hacia la socialización y control del poder económico por el “demos”, el espacio de la vida en común mancomunada mediante una síntesis de visiones y experiencias.

1.- Movimiento Popular, surgimiento del proletariado y acción política (siglo XX)

Desde el punto de vista teórico-analítico, en el surgimiento de la historiografía del movimiento obrero chileno podemos reconocer dos proceso marcados por el antes y el después de la Dictadura Militar, con lecturas distintas en relación al surgimiento del Movimiento Popular Chileno y su relación con el campo de la política: el primero, está configurado por una “historiografía militante” comandada teóricamente por una ortodoxia del marxismo asociada a Segall (Partido Socialista) y a Hernán Ramírez Necochea (Partido Comunista), que evaluaba el surgimiento del Partido Obrero Socialista como la expresión lineal del desarrollo del proletariado chileno, centrado exclusivamente en el movimiento obrero (el sujeto revolucionario); y con posterioridad a la dictadura, podemos identificar una corriente de revisión dentro del marco del marxismo (Rojas Flores ) (3) y una más vinculada a la construcción de lo que se conoce como ”Nueva Historia Social”, que relativiza este enfoque, profundamente influenciada por el efecto de la obra de E.P. Thompson (la formación de la clase obrera en Inglaterra) y los estudios subalternos (Ranajit Guha en su primer momento; y el giro cultural de Edward Said, Gayatri Spivak y Homi Baba, en segunda instancia) en la que podemos identificar a Gabriel Salazar, Mario Garcés y María Angélica Illanes, denominados como tendencia movimentista que expande el análisis del Movimiento Popular a los distintos sujetos sociales abarcados en lo que podemos decir una situación de marginalidad (4). Sin embargo, este grupo es mucho más complejo dado que tanto el profesor Pablo Artaza, Sergio Grez, Julio Pinto e Igor Goicovic representan una tendencia más política dentro de la Historia Social Chilena que pone en tensión desde la relación de lo político y lo social el proceso de formación del proletariado en Chile y su relación con la institucionalidad, sobre todo el enfoque combinado del profesor Artaza centrado en la politización en el marco de las organizaciones sociales(5) –a diferencia de Sergio Grez que trabaja con una visión clásica que asocia acción política moderna con partido político-. El problema al que me quiero referir con este rodeo es la tensión no resulta teóricamente entre partido-movimiento social y proceso de politización , que a mi modo de comprender el problema es una disputa actual a nivel teórico y político, que no podemos creer que resolveremos desde el la lucha de las ideas sin referencia a la experiencia contingente, sino que en el campo de la lucha social . (6)

El consenso historiográfico sobre el proceso de formación del proletariado y los grupos subalternos (en situación de marginalidad política, económica y cultural) en Chile establece que durante el siglo XIX, dada la configuración del Orden Oligárquico, se implanta un patrón de acumulación de capital centrado en la comercialización de los productos mineros y en la financierización de la economía que disocia el mercado nacional orientado hacia la exportación e importación y el mercado interno, dejando en la cima de la estructura de dominación chilena al grupo oligárquico terrateniente en alianza con los intereses capitalistas ingleses, oprimiendo hacia abajo a los sectores productores chilenos (campesinado y artesanado), combinando formas de extracción de plusvalía coloniales (inquilinajes y peonajes), mecanismos de expoliación económicos (habilitación productiva, altas tasas de interés y adelantado) y sobre todo opresión “política” (desde la administración del sistema portaliano por vía del partido Conservador, Liberal y excluyendo a los actores sociales y populares; y, por cooptación, por vía del partido democrático). El resultado de mediano plazo (alrededor de 100 años) fue un proceso de descampesinización, quiebra del artesanado, migración de población hacia los enclaves mineros en situación de peonaje y organización de la resistencia en los sectores sociales con ciertos grados de consolidación organizativa y con independencia en su base económica (el artesanado). En ese marco de exclusión, “crisis y cuestión social” en los sectores señalados, comenzó desde inicios del siglo XIX un movimiento de regeneración, organización y promoción de los intereses en el marco del Mutualismo y el Cooperativismo, que se constituyó como la base de la cultura política del movimiento popular con fuerzas hasta 1925. (7)

Es decir, los primeros movimientos organizados que comenzaron a dinamizar al movimiento Popular Chileno surgen sobre la base económica de un mercado nacional disociado en su aparato exportador extractivo y productor de manufacturas, que dejó como único actor con posibilidades de constituirse en alternativa política y económica al artesanado que, dado el efecto de la introducción del capitalismo de enclave y su eslabonamiento productivo hacia las haciendas de la zona centro sur, impidió que estos sujeto realizaran un proceso de acumulación originaria, que le permitiera “dar el salto” del artesanado a una pequeña burguesía nacional. Esto dado que el sector del mercado de capitales era controlado por la oligarquía terrateniente-mercantil en alianza con los intereses ingleses, quienes pudieron apalancar la banca nacional, asociándose a la estructura de poder y prestigio del orden oligárquico y consolidándose mediante asociaciones familiares que les permitieron endosarse a la “vieja” estructura de poder, en el proceso de la ruptura del pacto colonial, la formación del Estado Portaliano y la reorientación de los puntos de intercambio con la metrópolis.

Esto a nivel político se tradujo en que el sistema de dominación oligárquico se basó en una dominación económica directa de los intereses internacionales asociados con los locales, resguardados políticamente por la facción política expresados en el orden portaliano. Esto se tradujo en que el orden de dominación construido se basó en la explotación económica directa, resguardada políticamente por el cierre del sistema a las transformaciones democráticas. Este campo de acción política, permitió que la forma en cómo se instalaron en la agenda nacional los intereses de los sectores populares tuvieran como características: 1) que la politización y conflictividad se desarrollase desde el espacio en que la contradicción entre el capital y el trabajo se manifestaba de forma directa (en el mundo del trabajo): los peones y artesanos; y que 2) tomara como protagonistas de dicha re-articulación a aquellos actores que producto de su actividad sociocultural pudieron consolidar redes de asociación, repertorios de acción y marcos simbólicos en los que posibilitar una “politización” inicial de la crisis del sistema oligárquico: el artesanado.

Esto se expresa en las iniciativas que estos sectores desarrollan y la manera en cómo va transformándose la manera de procesar políticamente su descontento. La táctica que el sector del artesanado desarrolló se basó en la “promoción, defensa y regeneración del pueblo” sobre el marco de acción política del liberalismo en su lectura popular (liberalismo popular ) y que constituirá la base de acción del Partido Democrático desde 1880 hasta la Gran Huelga General de 1890 y con posterioridad hasta 1915 –con fuerza-. El repertorio de acción política que se construyó en este marco fue: 1) el cooperativismo, mutualismo en ahorro, instrucción primaria y organización del tiempo libre; 2) su relación con la institucionalidad fue mediante integración, respeto y proposiciones; 3) se comienzbn a a utilizar la táctica de la acción directa de masas, la huelga política y la articulación multisectorial que (sobre todo desde 1860 hasta la gran huelga de 1890) encontrará en las combinación mancomunales su reflejo y expresión política que se desarrolló en el norte grande durante 1890 y principios de 1900. Por su parte, los trabajadores en situación de peonaje en los enclaves mineros encontraron en las formas de acción masas y mediante la violencia, instalar su descontento y procesar de manera errática sus demandas en el sistema de dominación.

Ante la imposibilidad de avanzar en los objetivos planteados por estos sectores, en el seno de la organización política que hacía suyo el programa del artesanado (el Partido Democrático) surgen dos tendencias que romperán con esta forma de hacer política e intentarán radicalizarla: una “socialista libertaria”, relacionado con Alejandro Escobar y Carvallo, y otro “socialista a secas”, relacionado a Luis Emilio Recabaren. A pesar de que hay un esfuerzo denodado por presentar a estos dirigentes del pueblo como cuadros políticos formados con claridad ideológica, la experiencia empírica –los porfiados hechos- demuestran que las diferencias eran mínimas y que, incluso, su claridad ideológica no era tal (8) . En el caso de Recabarren incluso, hay un antes y un después de la formación del PC y su alineamiento con la Komintern que, lleva a la historiografía del mov. Obrero, a considerar al periodo previo a la formación del P.O.S. (Partido Obrero Socialista, 1912) como el periodo “creativo” de este militante del pueblo, llegando a plantear un socialismo comunalista y federativo (que constituye el programa histórico del socialismo libertario) (9)

Sobre la base de la “organización por grupos de afinidad” el anarquismo logra insertarse en los principales conflictos sociales de inicio del siglo XX, conduciendo la Huelga de la Carne (la semana roja de 1905), la huelga Grande de 1907 en Iquique (la matanza de santa maría), derrota tras la cual, sus principales dirigentes mueren y salen al exilio, desapareciendo de la escena política hasta inicios de 1910, para reaparecer nuevamente impulsando con fuerza las proto-organizaciones sindicales ilegales (las sociedades de Resistencia, sustituyendo por el grado de politización que presentabas estas organizaciones a las sociedades de socorros mutuos )(10) y en el plano de la articulación sectorial, la construcción de la primera central sindical (FORCH, 1905; cese tras los efectos políticos y el reflujo de 1907; y reinicio de sus actividades en 1909 como FOCH). Años más tarde el anarquismo nuevamente re-emerge en la coyuntura de lo que se ha denominado como la “crisis terminal del orden oligárquico” y en el contexto de la reorganización de sectores del pueblo de finales de 1920’. En esta oportunidad será desde el flanco estudiantil (desde la FECH), cultural (desde los ateneos y un gran número de intelectuales como Manuel Rojas, Francisco González Vera o Carlos Pessoa Veliz) (11) y desde el plano sindical (desde la acción del sindicalista Julio Rebosio) que los núcleos libertarios aportarán con fuerza al proceso de reorganización del movimiento popular como fuerza propia . (12)

Cabe mencionar que durante dicho contexto tres fueron los actores que aportaron a la construcción de un Proyecto Histórico y Político del Movimiento Popular. Los profesores, los estudiantes y en menor medida, los trabajadores. El primero de dichos actores se enmarca en lo que podemos denominar “sectores medios” que surgen por acción del Estado en el marco de la creación de la Escuela de Preceptores hacia 1852 y el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile hacia 1889. Las demandas que darán vida a la organización de los profesores fue sobre todo la “Ley de Instrucción Primaria”. Los estudiantes por su parte comandados por la FECH (creada en 1906) comenzarán a intervenir con fuerza en el espacio público y a hacer suyas las problemáticas de la clase obrera y los trabajadores en situación de marginalidad a través de múltiples intervenciones durante la década de 1910. Por su parte, los trabajadores carecían de una base objetiva suficiente para el surgimiento de lo que conocemos como “clase obrera” –dada la orientación productiva de la matriz oligárquica, extractiva y mercantil- y éstos estaban constituidos orgánicamente por artesanos (que estaban organizados) y escasos trabajadores de la industria liviana organizados en la FOCH . (13) El proletariado norteño asociado al auge del salitre y las extracciones cupríferas cuantitativamente fue escaso y, por su parte, los sectores en situación de marginalidad, mayoritaria y parcialmente organizada a raíz del problema de la vivienda como expresión indirecta de la primera oleada de migración campo-ciudad producida por la quiebra de los pequeños inquilinos, sólo comenzaron a constituirse en actor político social en la “liga de arrendatarios”, operando de facto como un grupo de presión sin elaboración política. Todos estos actores convergen en lo que fue la Asamblea Constituyente “popular” que se levanta a raíz del problema de la alimentación obrera y la vivienda, que tensará la crisis del sistema oligárquico y será la base social del programa del “León de Tarapacá”, Arturo Alessandri Palma.

En ese marco el proceso de construcción, acumulación y proyección de la fuerza social y política del Movimiento Popular fue embrionario, careció de instrumentos de acción políticos claros y no tuvo a su disposición una táctica coherente en dicho escenario. Ahí se explica el rumbo distinto que tendrán los anarquistas y los comunistas, que se constituyen sobre bases de acción política objetivas y culturas políticas vinculadas al movimiento popular diametralmente distintas: los anarcos se constituyeron en sectores organizados artesanales, algunos intelectuales de clase media y su capacidad de irradiación de masas estaba dado por los enclaves salitreros constituidos por peones, que con posterioridad a la crisis económica de 1908 y la creación del salitre sintético, pierde relevancia en el PIB nacional. Carecieron de una visión de mediano plazo congruente con el proyecto histórico y no dispusieron de una organización política que les permitiera evitar reflujos y elaborar diagnósticos para la dinamización de los sectores de pueblo en la que sus militantes se insertaban. Por su parte el Leninismo no triunfa (en el sentido que perviva) porque porte en sí mismo la respuesta acertada a la contradicción de clases, sino sólo porque el diagnóstico que lo constituye a nivel político y a nivel organizacional le permite identificar en el obrero y en las clases medias, sus sujetos de acción política que con posterioridad a 1925 tendrán un empuje desde el Estado y en la organización de la producción taylorista o fordista.

La táctica de los anarquistas en este periodo fue 1) la construcción de conflictos políticos desde el espacio de la relación económica (el mundo del trabajo) para avanzar 2) estratégicamente en la apuesta de la “huelga general revolucionaria” para desestabilizar el sistema de dominación ; el desarrollo de una apuesta de 3) articulación multisectorial en conjunto con las otras fuerzas políticas actuantes en el movimiento popular (P.O.S., Partido Obrero Socialista, antesala del PC-CHILE) y 4) el fortalecimiento de las organizaciones populares (15). Una clara política de Unidad de los que luchan –más allá de los colores políticos y desde las organizaciones sociales-, de independencia política de clase, pero con una serie de errores: a) ausencia de política estratégica clara y b) falta de espacios de acción sectorializados coherentes en una organización política que evitase los reflujos militantes y avanzara sintetizando política para los distintos sectores, en relación a las realidades de cada sector, acumulara antagonismo y pudieses dinamizar. Su crisis se expresa con fuerza –al igual que el auge más autónomo del movimiento popular- en 1927 cuando el General Carlos Ibáñez del Campo crea por decreto la figura del sindicalismo legal y sus núcleos vacilan entre la integración o el mantenimiento del sindicalismo ilegal, al margen del estado. Los anarquistas optan por lo segundo, entrando en un reflujo del que no podrán salir del margen de acción de su influencia directa (los gremios de artesanos, una que otra fábrica asociada a la CGT y los sectores medios) y en el seno del cual se desarrollan dos tendencias: la ortodoxa, representada por Pedro Nolasco Arratia y la unitaria, representada por Ernesto Miranda Rivas, militante artesano del calzado, figura clave dentro de la izquierda chilena, desconocido por un vacío historiográfico e ícono político de nuestro sector que participó en la fundación del MIR en 1965 (el MIR se fundó el 65 en el local de los zapateros anarquistas que aglutinaba Ernesto Miranda)

Lo importante de señalar en esta coyuntura histórica de agotamiento del orden oligárquico, es que el proceso de acumulación de fuerza social y política por parte del movimiento popular se disoció en el plano de la conducción política y “las tareas de poder” para la identificación de los enemigos, la aceleración de una coyuntura favorable y el planteamiento de objetivos de largo alcance. Es decir la racionalidad política no avanzó acorde al nivel de desarrollo de la fuerza social que, ante la maniobra del ruido de sables, permitió que el “León de Tarapacá” pudiese domar la fuerza histórica del Movimiento Popular.

En este proceso histórico el anarquismo, como apuesta de conducción política y proyecto histórico de los explotados y oprimidos, desaparece por sus errores propios y que el PC, al integrarse a la opción del sindicalismo legal, tendrá junto con el PS, un marco de acciones objetivas sobre las cuales construir política dada por la crisis del sistema nacional-oligárquico en 1925 y la reorientación del patrón de acumulación capitalista: el paso hacia la construcción de un Capitalismo desarrollista, con base política nacional-popular centrado en la actuación de la figura del Estado, un sistema pluripartidista basada en tres grandes espectros políticos y cuyo nodo de acción central será el impulso del fortalecimiento del mercado interno, la inversión de capital y el incentivo al surgimiento de una burguesía nacional empujada desde la acción de estado, mediante la creación de una serie de instituciones ad hok (…..). Es decir 1) se fortalece la acción del Estado, propiciando indirectamente el surgimiento de actores en los “sectores medios” conocido como “la segunda generación”, 2) el nacimiento de la “moderna clase trabajadora chilena” asociada al desarrollo industrial público y privado; y, dada las “desadecuaciones de la modernización”, 3) una amplia población urbana y rural en situación de marginalidad. Cabe señalar, en el plano de los actores organizados, que el sector que históricamente se ha organizado y asociado en distintas expresiones sindicales es el sector público; el sector privado históricamente ha carecido de protagonismo y organización –salvo en la coyuntura del 73’, cuya acción se realiza al margen de la CUT - al igual que los otros “actores dinámicos” (campesinado, pobladores y estudiantes) (16)

Esta readecuación política, más allá de las consideraciones ético-morales pone al centro del debate una cuestión fundamental: la contradicción entre la finalidad perseguida por el o los sujetos y la finalidad objetivamente realizada y/o posibilitada por la naturaleza específica de la actividad o quehacer en cuestión en el que se desarrollan los sujetos y que es el marco en los que se posibilita la politización.

El anarquismo no pierde o desaparece porque sus núcleos o militantes no estuviesen convencidos ideológicamente, sino porque no supo adecuar una táctica que le permitiese conjugar una estrategia de Acumulación de Fuerzas en los marcos objetivamente posibles del sistema de dominación, su estructura socioeconómica y su esfera política, para sobre ellos, desplegar un trabajo de acumulación ideológico y de fuerza partidaria que le permitiera dinamizar al Movimiento Popular a través de espacios organizativos ad- hoc en el campo de los sujetos sociales estratégicos (situados en las bases de reproductibilidad del sistema de dominación, ahí donde el capital se acumula, se reproduce, concentra y circula) y los sujetos sociales dinámicos (sujetos históricos con capacidad de organizarse, modificar agendas públicas e instalar políticas para el conjunto del Movimiento Popular). Este elemento es precisamente el acierto que tiene la nueva izquierda latinoamericana y, en específico y con un radio limitado el MIR en los 60’ y 70’, que desarrolla su Programa Político y sus espacios de construcción y acumulación de fuerzas sobre los sectores dinámicos y –marginalmente-sobre los estratégicos.

Esta aproximación nos permite construir un primer criterio para juzgar en términos prácticos el desarrollo político de una apuesta: 1) a la izquierda no hay que juzgarla por lo que esta dice de sí (coherencia interna en términos lógicos, una operación analítica meramente formal), sino por lo que esta hace y/o puede hacer en el terreno de las correlaciones de fuerzas sociales y políticas globales (Criterio que Karel Kosik denomina “unidad dialéctica entre teoría y praxis). No importa cuán “revolucionario” se diga que se es, sino cuan revolucionario en términos de transformaciones de correlaciones de fuerzas reales se es. De ahí que el rol de la teoría sea más que constituirse en un criterio que “nuble” la praxis desde la valoración de la acción por fuera de experiencia (formalismo), esta debe alumbrarla desde la experiencia y a partir de las transformaciones y readecuaciones entre el capital y el trabajo.

El peso ideológico del partido comunista y socialista sobre el Movimiento Popular y el centramiento de su accionar político puesto en la figura del marco del Estado, llevaron a que a) se sobrevalorara a nivel de construcción de sujeto, la figura del obrero industrial y secundariamente a los asalariados o capas medias, dejando de lado otros actores sociales con posibilidades de dinamizar conflictos (la situación de marginalidad de la ciudad y el campo); b) La opción de construcción de una estrategia de transformación reformista y c) la configuración de una cultura política que contemplaba la subordinación del dinamismo y protagonismo de las organizaciones sociales a la vanguardia organizada políticamente, que operaba en el tiempo y ritmo de la institucionalidad.

Estos aspectos permiten la construcción de una “matriz de acción política” estadocéntrica, institucionalista y poco proclive a la dinamización del conflicto político por fuera de los canales institucionales del estado y sus métodos tradicionales de acción . Este elemento está dado por la orientación programática del PC desde la segunda guerra mundial en adelante (me refiero la política Frente Amplista de los 30’ y la política de Frente Nacional Popular con posterioridad a la segunda guerra mundial). (17) En el caso del PS queda definido desde su experiencia crítica durante el 30’ y de la afirmación de la política Frente Amplista (18) . Sobre los puntos de fuga dicha base de acción social y política, y en el marco del agotamiento del patrón de acumulación capitalista de industrialización y del estado de compromiso, será que se constituirán los actores sociales centrales de los sesenta hacia la izquierda del PC y el PS: un movimiento sindical crítico y unitario, conducidos por Clotario Blest (la creación de la CUT), un movimiento de estudiantes radicalizados por los aires reformistas, un movimiento de pobladores desde el problema de la vivienda y la toma de terrenos, y un movimiento de campesinos empobrecidos, radicalizados por el efecto de la reforma agraria impulsada timoratamente por el gobierno de FREI y reimpulsada por Allende. Sobre esta base de acción nacerá el MIR y desplegará su accionar.

La fundación del MIR en los sesenta se inscribe en un contexto de agotamiento del patrón de acumulación industrializador y su estado de compromiso de clases, su democracia burguesa , la derrota del FRAP y la hegemonía de la DC que amenazaba con quitar las bases obreras y populares de la izquierda tradicional (19). Toma partido en la acción política, frente a una fuerte crítica a las viejas prácticas del reformismo de izquierda, consolidadas por la base de acción objetiva a nivel social (de la emergencia de actores sociales producto de la acción del Estado) y consolidadas a nivel político por control y cooptación burocrático, de subordinación del protagonismo y la acción directa de masas a las agendas y cálculos políticos de las respectivas estructuras y, finalmente, ante la ausencia de una política de movilización de sectores sociales dinámicos y emergentes (el campesinado, los pobladores y en menor medida el estudiantado). Su creación fue el resultado de la convergencia de distintos núcleos entre los que me gustaría relevar tres: el grupo de trotskistas, el grupo de sindicalistas y pequeños artesanos agrupados con Ernesto Miranda bajo el alero del socialismo libertario y Clotario Blest . Todos ellos se hacen parte del llamado unitario de construir una fuerza política de vanguardia para la clase obrera, heredera de las luchas de las tradiciones revolucionarias chilenas y continuadoras del socialismo de Luis Emilio Recabarren. Clotario Blest, presidente de la CUT provenía del movimiento “M3” denominado así por la gran huelga de 1960. En su declaración de principios tenía por objetivos: “El M3N sólo confía en la movilización del pueblo para alcanzar el poder para los trabajadores (...) El M3N no es un nuevo partido político, ni tampoco es anti-partido; es un Movimiento que tratará de reagrupar a todos los revolucionarios del país, sin distinción de tendencias" . Tras una serie de problemas suscitados el MN3, resuelve fundar el “Movimiento de Fuerzas Revolucionarias” en 1961 integrado por obreros sindicalizados, los libertarios conducidos por Ernesto Miranda a través de la federación del cuero y el calzado que desembocará en el primer congreso del MIR en 1965 en el que acuden junto a los núcleos ya señalados, el Partido Socialista Popular (PSP), Movimiento Revolucionario Comunista (MRC), Vanguardia Revolucionaria Marxista y un pequeño núcleo de trotskistas agrupados en el PRT.

Con este rodeo quiero señalar que el MIR surge como un proyecto unitario de tendencias, para constituir una dirección política revolucionaria para el conjunto de la clase trabajadora chilena. Proyecto que se refleja en los primeros años de esta organización hasta 1967, cuando en su segundo congreso, llega a la dirección Enríquez y Bautista y se genera un viraje en la política interna y la estratégica del MIR (el paso a la construcción de partido, la introducción e implementación de la tesis militar y el proceso de homogeneización ideológico que culminará con la retirada/expulsión de un tercio de la organización ). Si bien podemos matizar las apreciaciones sobre la “construcción de un partido de combate” (la tesis del 67) o la tendencia hacia un “movimiento de tendencias” (tesis del 65) (20), el criterio que debiese guiarnos para su evaluación o pertinencia de uno u otro es el “análisis de las correlaciones de fuerzas globales” con la “construcción de la Fuerza Social Revolucionaria”. Ahora bien, el aspecto en el que me quiero detener un momento y cuya relevancia está dada para el debate actual es ¿cómo entiende la política y la construcción de Fuerza Política, Social y Militar el MIR en ese momento y la Multisectorialidad?

Desde 1965 y desde 1967 con fuerza con la introducción de la tesis militar, el MIR adopta como referencia organizacional el modelo castro-guevarista, en especial la concepción del partido de cuadros, el poder y la lucha armada ; y a nivel político, caracteriza a Chile como un “país semicolonial, de desarrollo capitalista atrasado, desigual y combinado. A pesar de su atraso, Chile no es un país agrario sino industrial y minero. En 159 años de desgobierno, las castas dominantes han retrasado la agricultura, la minería y la industria, han entregado nuestras principales fuentes de producción al imperialismo, hipotecando la independencia nacional con pactos y compromisos internacionales(…) la trayectoria de las clases dominantes desde el siglo pasado hasta el presente, ha demostrado la incapacidad de la burguesía criolla y sus partidos para resolver las tareas democrático-burguesas que son, fundamentalmente, liberación nacional, la reforma agraria, la liquidación de los vestigios semifeudales. Rechazamos, por consiguiente, “la teoría por etapas” que establece equivocadamente, que primero hay que esperar una etapa democrático-burguesa. Dirigida por la burguesía industrial, antes de que el proletariado tome el poder” . En lo que queda de declaración de principios se enjuicia el rol progresista de las burguesías nacionales y el rol de los partidos políticos tradicionales y la equivocación en la tesis de la “vía pacífica” al socialismo.

Su base de acción de masas la constituyó sobre todo el estudiantado, campesino, pobladores y, en menor medida, trabajadores. La manera de conciliar el centralismo democrático y la jerarquización y compartimentación de un partido político-militar con la acción en los sectores del pueblo, fueron los “Frentes de Acción de Masas” o “Frentes Intermedios” (Frente de Trabajadores Revolucionarios, Frente de Estudiantes Revolucioanrios, Movimiento de Campesinos Revolucionarios y para los pobladores, Movimiento de Pobladores Revolucionarios). La manera de articular la política de los distintos sectores sociales se realizaba en la organización de vanguardia que era la encargada de la elaboración programática (subrayo sobre todo el lugar, no la función de vanguardia), es decir el partido como estructura era la expresión de la Multisectorialidad en la elaboración política a través de la generación de programas generales y sectorializados (que en el pliego del pueblo tiene su expresión, 1972).

Para estos efectos, desde 1967 y para mantener un flujo de control más directo sobre la acción de los cuadros en los frentes de masas, el MIR adopta la estructura de GPM (grupos políticos militares) que constituían bases de acción operativa con recursos políticos, “militares”, de infraestructura y de capacidad de maniobra de carácter regional. La articulación de los GPM daba lugar a los Comités Regionales –espacios de articulación entre las bases partidarias (GPM) y los organismo centrales (Comité Central, Comisión Política, Secretariado Nacional y Secretario Nacional). En relación esta estructura y la manera en cómo se construía la política al interior del partido, las apreciaciones oscilan entre 1) aquellos que criticaban el centralismo en la construcción política, acentuado por la inexistencia de democracia interna dada la suspensión de la realización del IV congreso hacia finales de los 70’ y que en términos generales comprendía a los GPM como espacios de implementación de una política ya elaborada; y 2) aquellos que consideraban que la dirección realizaba los elementos gruesos de la política , la estrategia, la táctica, caracterización del periodo y análisis de coyuntura, mientras que los GPM se encargaban de definir una política específica para los frentes sectoriales y espacios locales. (21)

De sus tareas de visibilización y de agitación, el MIR logra insertarse en algunos conflictos, sobre todo el poblacional , estudiantil y campesino (22) . Sin embargo, su influencia en los sectores de trabajadores fue menor. Incluso, cuando analizamos la lista de detenidos desaparecidos y de mártires del pueblo, la mayoría la constituían sectores “medios”, profesionales y asalariados –lo que no pone en duda ni el empuje ni a labor correcta que se desarrolló durante el proceso de la UP de hermanos de la clase.

Al margen de estas observaciones, la disputa política que mantuvo durante los álgidos años de la UP fue acertada en su diagnóstico, creativa y de avanzada: Las Políticas de Poder Popular, los comandos comunales, las políticas de autogobierno en las poblaciones ; pero a nivel operativo, cometió graves errores, sobre todo desde el paro de octubre de 1972 hasta el desenlace del golpe de estado (23). En ese momento la dirección vaciló entre pasar y alimentar una ofensiva política sin disponer ni de recursos políticos y militares (posición de Enríquez) y una política más cauta, de resguardo de la dirección en la clandestinidad para organizar la resistencia (ante la inminencia del Golpe desde el tanquetazo en adelante) (23) , afrontando el proceso de clandestinidad una vez concretado el golpe de estado de manera compleja y sin disponer de grandes posibilidades de arremeter contra el proceso en curso. Estas diferencias en el plano de la construcción estratégica tiene en el centro del diagnóstico: la construcción de fuerza social revolucionaria y el carácter de la violencia de clase.

Al analizar la política de masas, la línea estratégica, el balance del IV congreso y en entrevistas realizadas a militantes de dicha organización se pueden señalar los siguientes aspectos: a) en el plano de la construcción estratégico-táctica, en la elaboración del Poder Popular pesó mucho más una aproximación teorizante y esquematizante que sobrevaloró la experiencia soviética en desmedro de la realidad latinoamericana (Posición de José Migue Moya); este teoricismo sumado a las dificultades de la conducción política centralizada b) restó protagonismos a las organizaciones sectoriales de masas y a los GPM (IV congreso); c) la tardío de la construcción partidaria del MIR dificultó su inserción en los actores más tradicionales, convirtiéndose en una organización de “vanguardia” de los sectores más radicalizados, no del conjunto del Movimiento Popular; d) pese a las críticas sobre el burocratismo que está en el diagnóstico fundacional del MIR, las prácticas de la estructura emularon y reprodujeron en su interior los mismos vicios, siendo esta crítica más un movimiento con miras a ajustes de maniobras (IV congreso); e) un grave error de apreciación política sobre el rol de la violencia, el carácter del Estado y sus aparatos (Posición de Pascal Allende) , y la prioridad de la construcción de Fuerza Social Revolucionaria (el desajuste entre las correlaciones de Fuerzas Globales, el marco objetivo del movimiento popular y el desvío subjetivista de las posibilidades reales de conducción de masas del partido.

(Primera Parte)


(1) Sobre todo en la valoración del accionar del MIR en el Movimiento Popular durante el proceso de la UP y la nula referencia a la política que esta estructura mantuvo con el movimiento popular hasta su cuarto congreso en 1988 en la que se disuelve y da paso al proceso de su fragmentación orgánica, dispersión política y sectarismo ideológico. Véase: “Mir, IV congreso Nacional del MIR. Balance histórico y su lucha Revolucionaria. Santiago de Chile, 1988”.

La acción de las distintas orgánicas que reivindican el legado del MIR durante las décadas siguientes fue más de una cultura política que el de una verdadera organización política de vanguardia con capacidad de inserción en los Frentes de Masas. Por estos motivos dentro del gremio de los historiadores, hay un consenso en considerar al MIR como una cultura política y asociar a diferentes organizaciones a ellas tales como: Los Grupos de Acción Popular (GAP), las Brigadas de Liberación Popular (BLP), el Movimiento Popular Guachuneit (MPG), el Movimiento Asambleas del Pueblo (MAP), El MIR-EGP, el MIR-DN, Comité de Unidad Revolucionaria (CUR)… por mencionar algunos. Todas estas organizaciones acentúan diagnósticos distintos del accionar del MIR y de sus errores durante la Dictadura Militar, que los ha llevado a opciones de construcción de fuerza guerrillera propia (MIR-EGP), de insurrección de masas (BLP), de fortalecimiento de su rol político (MIR-DN), de readecuación de estrategia de vinculación con los FAM (MAP), de construcción de sujeto y fuerza revolucionaria (GAP y MPG) y de unidad de los revolucionarias con hegemonía leninista (CUR). Véase: Danilo Neira, “la matriz cultural mirista es una forma de leer la realidad e intervenir en ella”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=13985

(2) Véase: Revista Comunismo Libertario no. 2 (2012), sobre todo la serie de ensayos sobre la “izquierda libertaria, la construcción del partido anarquista y el programa”; y la traducción del “catecismo revolucionario” de Miguel Bakunin. Texto fundamental en su espíritu –no en su forma- para la concepción orgánica partidaria y programática de lo que con posterioridad será la tradición plataformista del anarquismo a la que adscribimos y sus correlatos pragmáticos latinoamericanos: http://comunismolibertario.org/

(3) Jorge Rojas Flores, “Los Trabajadores en la historiografía chilena: balances y proyecciones”, en Revista de Economía y Trabajo, no. 10, 2000, págs.. 47-117.

(4) Este grupo de historiadores se forman en el calor de las luchas de los 60’ y en el contexto teórico de la discusión sobre el rol de la marginalidad en la modernización (en su visión CEPALiana) y en la construcción del socialismo (en le caso político de los que conocemos como Nueva Izquierda Latinoamericana). En este último grupo, destaca el trabajo de Salazar –para ese momento militante del MIR- en el instituto de Historia de la Universidad Católica durante 1971-973, denominado: “Los grupos subalternos en la Historia de Chile, siglo XIX” que con posterioridad se transformará en 1) “la historia de la acumulación capitalista en Chile”, 2) “Mercaderes, empresarios y capitalistas” y 3) “Labradores, peones y proletarios”.

(5) Véase: Julio Pinto, ¿Cuestión social o Cuestión política? La lenta politización de la sociedad popular tarapaqueña hacia el fin de siglo (1889-1900). Pablo Artaza, Movimiento Social y politización popular en Tarapacá, 1900-1912, Concepción, Escaparate, 2006.

(6) Hago mención a este aspecto por justeza teórica y porque constituye la base de la argumentación de un artículo que quiere polemizar con nosotros y que, la crítica que le formulo, es que carece perspectiva de proceso histórico de largo aliento y concibe la lucha política como una invariante histórica.

(7) Véase: Sergio Grez, “De la regeneración del Pueblo a la Huelga General”; María Angélica Illanes, “la revolución solidaria”.

(8) Luis Heredia “en aquella época Marx y Bakunin caminaban a menudo juntos”, el escenario social (mundo práctico) estaba marcadamente dominado por una indefinición “ideológica”. Luis Heredia, El anarquismo en Chile (1897-1931), versión on line, 2004.

(9) Gabriel Salazar. Luis Emilio Recabarren: socialismo municipal y poder popular constituyente (1900-1925) y Sergio Grez, “la historia del comunismo en Chile. La era de Luis Emilio Recabarren (1912-1924). Para el paralelismo que señalo, véase: Gabriel Rivas, “el anarquismo y el problema del poder”. En Revista comunismo Libertario no. 1, 2010.

(10) Véase: Peter de Shazo, Urban Workers and Labor Unions in Chile, 1902-1927.

(11) El trabajo cultural fue lo más prolífero que desarrolló el anarquismo en Chile: Manuel Lagos, ‘Viva la Anarquía’: Sociabilidad, vida y prácticas culturales anarquistas. Santiago, Valparaíso, 1890-1927”, Tesis para optar al grado académico de Magíster en Historia, Profesor Guía Igor Goicovic, Universidad de Santiago de Chile, Santiago, 2009.

(12) Ignacio Bastías, Política Libertaria y Movimiento Anarquista en Santiago, 1917-1927. Profesor Guía Sergio Grez. Tesis para Optar al grado de Licenciado en Historia, Universidad de Chile. 2007.

(13) Para el problema de la industrialización previo a la crisis del 29, véase: Luis Ortega, El proceso de industrialización en Chile, 1850-1930. http://revistahistoria.uc.cl/wp-content/uploads/2011/10...6.pdf. Para el desarrollo del proceso de expoliación económica entre la oligarquía mercantil y los sectores populares: Gabriel Salazar, “El patriciado mercantil versus empresariado plebeyo: “guerra a muerte” en el mercado interno (1823-1885) en Mercaderes, empresarios y capitalistas.

(14) En palabras de Enzo Faletto la “autonomía” que puede alcanzar las organizaciones del movimiento popular deben ser contrastadas con el nivel del Proyecto político, sino esta va directo al aislamiento. Enzo Faletto, “La Dependencia y lo Nacional Popular”, FLACSO, 1976.

(15) Podemos observar esta misma apuesta en el anarquismo argentino, en al gran Huelga de 1919. Véase: Solomonoff, “ideología del movimiento obrero y conflicto social”

(16) Hacia 1971 cuenta en sus filas con un 95% de los asalariados del sector público y sólo con un 23% de los trabajadores privados, pese a que este sector representa un 90% de la población económicamente activa. Véase: A. Cuevas, “la experiencia de la CUT (1953-1973): una visión crítica”.

(17) Este diagnóstico es consenso dentro de los investigadores desde Gabriel Salazar, Manuel Antonio Garretón, Luis Corvalán y Pedro Naranjo, por mencionar algunos: Gabriel Salazar, “La Violencia Política Popular en las ´Grandes Alamedas´”, Santiago de Chile: LOM, 2006. Manuel Antonio Garretón, “ La transformación de la acción colectiva en América Latina”: http://www.eclac.org/publicaciones/xml/0/19330/lcg2175e...n.pdf. Luis Corvalán, Los partidos políticos y el golpe del 11 de septiembre, Santiago, Ediciones Chile América-CESOC, 2000.

(18) Clodomiro Almeyda, “Sobre la realidad Chilena, 1964” y “Directivas Principistas del Programa Socialista de 1947”. En Obras Escogidas 1947-1992. Santiago de Chile: Ediciones Terra Mía, 1999., pp.29-67.

(19) MIR. “Mir, IV congreso Nacional del MIR. Balance histórico y su lucha Revolucionaria. Santiago de Chile, 1988”.

(20) Luis Vitale, Contribución a la Historia del MIR. Para un estudio mucho más complejo y minucioso, el mejor trabajo publicado sobre el proceso de formación del MIR es: Pedro Alfonso Valdés, “Elementos teóricos en la formación del MIR en el periodo 1965-1970” (2006)

(21) Véase: Sebastián Leiva, “El diseño de la política: la relación “jerárquica”, entre la dirección partidaria, la militancia de base y el movimiento social.” Revolución Socialista y Poder Popular, pp. 87-124.

(22) La presencia población del MIR a nivel poblacional fue fuerte en Santiago: la “26 de Julio”, “Fidel Castro”, “Nueva la Habana”, “Moisés Huentelaf”, “Luciano Cruz”, “Fidel Ernesto”, “Playa Girón” y “Vietnam Heroico”. A juicio de varios ex militantes, la Población Nueva Habana fue la más emblemática: Véase: Boris Cofré, “La política y los pobres de la ciudad: la experiencia histórica de los pobladores del Campamento Nueva Habana durante la Unidad Popular (1970-1973”. Sebastián Leiva y Fahra Neghme,” La política del Movimiento de Izquierda Revolucionaria y su influencia sobre obreros y pobladores de Santiago”, Sebastián Leiva, “Revolución Socialista y Poder Popular”, pp. 180-194.

(23) Véase: Andrés Pascal Allende, “El Mir Chileno: una experiencia revolucionaria”. En palabras de Hernán Aguiló, el problema central pasó por una incongruencia en el “análisis global de las correlaciones de fuerzas”, la sobrevaloración de las condiciones objetivas del movimiento popular y el sesgo subjetivista y voluntarista de la política del MIR: “el error fundamental de esta política de poder popular está en la no correspondencia entre análisis de las correlaciones de fuerzas a nivel global que señalaba que venía una ofensiva contrarrevolucionaria, ya sea vía capitulación del Gobierno de la UP o vía Golpe de Estado, y la táctica concreta que se estaba implementando (…) si el MIR hubiese sido coherente con este análisis global de las correlaciones de fuerzas, sus objetivos tácticos tendrían que haber contemplado que la constitución de la fuerza social revolucionaria y el poder popular era un proceso más estratégico que táctico. Entrevista realizada por Leiva: Sebastián Leiva, “Revolución Socialista y Poder Popular”. Concepción: escaparate, p. 242.

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Revista "Socialismo Libertário" num. 2

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