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Las disputas en el bloque dominante argentino de cara al 2013

category argentina/uruguay/paraguay | la izquierda | portada author Monday January 14, 2013 20:39author by Centro de Estudios Libertarios "Rojo y Negro" Report this post to the editors

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La incapacidad histórica de la clase dominante argentina de poder aplicar (y sostener en el tiempo) recortes similares a los griegos y españoles de hoy día, es un proceso de largo aliento que comienza con el primer peronismo.

Experiencias concretas como la resistencia obrera y peronista contra el Plan Conintes, los diversos “azos” nucleados en torno al Cordobazo contra la política “económicamente racionalizadora” del Onganiato, las huelgas generales en contra de la última dictadura militar, los saqueos que signaron el fin del gobierno de Alfonsín y la rebelión popular del 2001 han demostrado que cuando un gobierno argentino empieza a realizar ajustes se enfrentará, más pronto que tarde, con la oposición de la gran mayoría de la sociedad, teniendo a la clase obrera como su columna vertebral y punta de lanza.

El drama argentino

La inserción periférica de la Argentina en el mercado mundial, en conjunto con lo estrecho de su producción altamente competitiva, limitada en gran parte a su producción agropecuaria y las primeras etapas de su industrialización (aceites, golosinas, etc.), explican la debilidad estructural del país ante los avatares de la economía internacional (1). Ante un panorama de estancamiento del precio de las exportaciones agropecuarias y el aumento de la tasa de interés de los préstamos, el gobierno nacional argentino encuentra problemas para mantener el status quo local, dependiente de las grandes inyecciones de recursos que provienen del gobierno central. La incapacidad histórica de la clase dominante argentina de poder aplicar (y sostener en el tiempo) recortes similares a los griegos y españoles de hoy día, es un proceso de largo aliento que comienza con el primer peronismo. Experiencias concretas como la resistencia obrera y peronista contra el Plan Conintes, los diversos “azos” nucleados en torno al Cordobazo contra la política “económicamente racionalizadora” del Onganiato, las huelgas generales en contra de la última dictadura militar, los saqueos que signaron el fin del gobierno de Alfonsín y la rebelión popular del 2001 han demostrado que cuando un gobierno argentino empieza a realizar ajustes se enfrentará, más pronto que tarde, con la oposición de la gran mayoría de la sociedad, teniendo a la clase obrera como su columna vertebral y punta de lanza. Sabemos que la fuerza social burguesa representada, en la actualidad, por el kirchnerismo es consciente de esta realidad histórica, como ha ido demostrado ampliamente en sus años de gobierno, ejerciendo toda su capacidad para restaurar la validez del sistema social capitalista para la gran mayoría de la sociedad argentina. La competencia política del kirchnerismo está fuera de toda duda. Es suyo el mérito de recomponer el ritmo de acumulación y la tasa de ganancia de los capitalistas argentinos luego de la impugnación global al status quo representada por la rebelión popular del 2001.

Pero la base de esta restauración fue la construcción de una paz social basada en el mantenimiento de los determinantes estructurales fundamentales que provocan las crisis argentinas: la gigantesca masa de capitales ineficientes que lastran al capitalismo nacional. Si bien estos capitales cumplen una “función social”, en tanto aseguran la gobernabilidad en períodos importantes de tiempo (puesto que son fuente de empleo), su existencia presupone la constante redistribución de ingresos de las industrias eficientes (el campo argentino y las industrias relacionadas con este mismo) hacia las ineficientes. Sin estos ingresos extraordinarios, los capitales ineficientes se verían condenados a la quiebra y la desaparición por efecto de la competencia con los productos extranjeros.

El proteccionismo es una medida de Estado válida dentro de las reglas de juego capitalistas. Al contrario de lo que sostiene la economía política neoliberal, la intervención estatal en la economía no es un factor universalmente negativo, al contrario es bastante común dentro de la historia del capitalismo. Casos como el brasilero, el de los tigres asiáticos y el de China, son ejemplos de que es lograble la conversión industrial de países con economías primarias aplicando medidas de ese cuño. Pero todos estos ejemplos presupusieron, además de las barreras arancelarias y la canalización de parte de las ganancias del agro a la industria a través del Estado, una clase trabajadora que obtuviera una contraprestación por la venta de su fuerza de trabajo muy inferior a la obtenida por la clase obrera de los países del capitalismo central. Estos factores, sumados con una administración estatal que vigilase el cumplimiento de la efectiva inversión de capitales en la industria (en relación con las etapas del proyecto industrializador que se tenía), explican el éxito de estas naciones en posicionarse como actores de peso en el capitalismo mundial.

Estas características no fueron reunidas nunca por el proteccionismo argentino, y las veces que se intentó implementar las medidas político-económicas para reunirlas desembocaron en las explosiones de resistencia popular que ya hemos reseñado. Es que la clase obrera argentina, si bien obtiene por la venta de su fuerza de trabajo una remuneración inferior a la de sus contrapartes de los países centrales, mantiene unos niveles de ingresos que son demasiado altos en relación con las necesidades de la burguesía argentina. Este bienestar (relativo) de los trabajadores nacionales no se debe a la bondad de alguna fracción de la burguesía nacional sino a los resultados de décadas de organización y lucha, que fructificaron en la década reformista del primer gobierno de Perón. Estas victorias fueron las que durante las largas décadas siguientes sumieron a la clase dominante argentina en el enigma de cómo desmontarlas sin provocar con ello el desbarajuste del proceso de acumulación del capital, y buscando a la vez evitar que resurjan como proyectos políticos válidos las alternativas socialistas de la clase obrera.

El gobierno y su arma de doble filo: la inflación

Este es el embotellamiento político en que se encuentra el kirchnerismo. Como fuerza social, es demasiado astuta como para repetir las experiencias más frontales de racionalización económica como fueron el plan Conintes o el Onganiato; esto significaría una explosión de descontento popular que el mismo gobierno se sabe incapaz de afrontar. La solución que prefiere es medir milimétricamente cada paso de ajuste que quiere tomar, observando atentamente las reacciones de la sociedad y optando por retroceder cuando una medida parece generar alguna oposición de importancia. La gran herramienta aliada que posee es la inflación, puesto que este fenómeno impersonal y achacable, a lo sumo, a la “voracidad” de los productores agrarios que inflarían, corroe de manera lenta pero constante el salario real de la clase trabajadora. Para ello se requiere contar con la complicidad, aunque esta sea de mala gana, de los dirigentes sindicales que deben ajustar sus reclamos económicos a un nivel menor al índice anual de la inflación. Este nivel de conformidad es problemático de conseguir y de mantener, puesto que atenta contra la legitimidad de los líderes sindicales ante sus bases y le ha provocado al kirchnerismo una sangría de apoyos en aquel sector. De esta manera, en los últimos años ha perdido a uno de sus apoyos incondicionales (el camionero Hugo Moyano) y lo ha reemplazado por un parco y cauteloso dirigente sindical (el metalúrgico Antonio Caló). La inflación como recurso de rebaja salarial, aunque lejos de ser imperceptible, es más sutil que el recorte directo y el aumento de los desocupados, del ejército de reserva por medio de despidos masivos, que es el recurso que están utilizando actualmente las burguesías de Grecia y España, entre otras.

Pero la virtud de la inflación es también su defecto. La lentitud de todo el proceso atenta contra la eficacia del proteccionismo que reside en poder, dentro de un marco relativamente breve de tiempo, erigir suficientes ramas productivas rentables a nivel internacional como para lograr que el proceso se autosustente, liberando al Estado de la necesidad de su intervención directa en varios tramos del proceso económico y reduciendo de manera importante la transferencia de recursos de las industrias eficientes a las ineficientes. Esto es nodal para mantener la rentabilidad de las industrias eficientes puesto que estas necesitan sus ganancias para reinvertirlas y aumentar su productividad. En el caso argentino lo vemos patente con el grave problema que causa la explotación irracional de la soja de la última década. El monocultivo de esta planta absorbe el fósforo y el azufre de la tierra y aumenta la erosión, todas características que son evitables por medio de formas racionales de cultivo, utilizando tanto la rotación como abonos, los cuales son inviables desde el punto de vista económico actualmente. No puede haber políticas estatales que ataquen este problema (incentivando un uso más racional de la tierra que, por ende, arrojaría ganancias menores) ya que es imprescindible reconducir enormes sumas hacia las industrias ineficientes, y estas sumas sólo pueden provenir de las tierras productivas y sobreexplotadas de la pampa, y en particular del cultivo de la soja.

La tercerización del recorte

Los recortes son impopulares. Esa es una máxima política que aplica a todo tiempo y lugar. Pero las leyes generales del capitalismo hacen caso omiso a las necesidades de elencos políticos particulares y reclaman, tarde o temprano, que estos tomen decisiones impopulares por más que se los lleve por delante una marejada superior. Las crisis son endémicas del capitalismo: al bajar la tasa media de ganancia, los capitales ineficientes fracasan y son destruidos o absorbidos por capitales más grandes. Por medio de la política se pueden superar crisis localizadas en ramas de producción particulares, pero cuando todo el tejido productivo a nivel internacional se encuentra comprometido (como es el caso de la actual crisis económica), es imposible para cualquier Estado el salvar a toda su burguesía, por lo que tiene que decidir a qué sectores les dará su ayuda y a cuáles dejará morir. En el caso argentino, eso se ha expresado históricamente con la opción prioritaria por la gran burguesía, especialmente la ligada al agro pampeano. De esta manera, mientras que por un lado el gobierno nacional actuó rápidamente cuando Alpargatas (2), Fiat (3) y Renault comenzaron a suspender turnos o dar vacaciones anticipadas, por otro lado el gobierno no sale al rescate de cientos de pequeñas y medianas empresas relacionadas con las industrias regionales.

Pero el gobierno nacional aspira a poder reducir sus gastos racionalizándolos. De esta manera busca reducir en la medida de lo posible la masa salarial que obtienen sus empleados, los subsidios a los servicios esenciales en la Ciudad Autónoma y el Gran Buenos Aires (electricidad, gas y transporte) y los gastos de las provincias. Los dos primeros no han representado un ahorro significativo por la resistencia que encontró el gobierno en su aplicación. En relación con los empleados estatales, logró avanzar contra el bono de fin de año que cobraban hace más de una década (4). Con respecto a los subsidios al gas y la electricidad luego de un primer -y torpe- intento de quitarlos de manera global, que provocó un malestar generalizado, dio marcha atrás y optó por quitarlos en áreas de alto poder adquisitivo (Puerto Madero, Núñez, San Isidro, entre otros) (5). En el terreno del transporte, por un lado optó por transferir la jurisdicción del subterráneo al gobierno de la Ciudad Autónoma sin subsidios (cubriendo solo la mitad del primer año operativo), lo que redundó en la duplicación de su tarifa, y por el otro aumentó las tarifas de los colectivos urbanos, aunque de forma gradual y bajo la apariencia de un beneficio a través del sistema electrónico (tarjeta SUBE).

Esta cuidadosa política racionalizadora, que prefiere detener su curso cuando choca con el malestar social, está diagramada específicamente para el corazón económico y político del capitalismo argentino: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos del Conurbano bonaerense. Fuera de esta región el ajuste se aplica de manera más desembozada, pero mediado por los grupos de poder locales. Esta mediatización es instrumentada por el kirchnerismo para tercerizar el ajuste, de esta manera resguardando gran parte de su legitimidad política a fuerza de dilapidar el capital político de los gobernadores provinciales.

Actualmente esta política encuentra tres frentes de batalla abiertos: las provincias de Buenos Aires, Santa Cruz y Córdoba. En las tres hay problemas de caja, y en todas los gobernadores pidieron al gobierno nacional recursos que les fueron negados. En esas tres ocasiones el argumento fue similar: la falta de recursos provinciales no se debe a otra causa que a la incapacidad de gestión de los gobernadores de turno. Esta argumentación es sostenida primordialmente por La Cámpora, agrupación que, desde la interna de los propios gobiernos (en el caso de los “oficialistas” Scioli y Peralta) o desde la oposición (en Córdoba), repite la cantinela contra los gobernadores.

8N, 20N, 7D

En nuestro país, dos grandes fuerzas sociales pugnan por impulsar y defender sus intereses contrapuestos. Una de estas grandes fuerzas sociales ha sido el kirchnerismo, que representa políticamente a un sector de la clase dominante y a un sector importante de la clase obrera. Hijo del 2001, ha sabido ser una versión devaluada del primer peronismo, sin un programa y una estrategia clara pero con muchísima capacidad de adaptarse tácticamente a las necesidades del momento.

Del otro lado la fuerza social antagónica al kirchnerismo, recién intentando encontrar una figura política que la represente en las próximas elecciones, es la que mantiene un programa de oposición a las retenciones al campo, a una política de centro derecha vinculada a la inseguridad, a la defensa formal de las instituciones y a las libertades económicas.

El kirchnerismo, priorizando llegar a un sector más grande de la sociedad, ha transformado en un apéndice más del todo a la vieja columna vertebral del peronismo, la clase obrera sindicalizada, La contradicción capital-trabajo ha desaparecido frente al nuevo “democracia o monopolios”. Esto explica la aparición de una nueva fuerza social – anteriormente encolumnada en el proyecto del gobierno -, la clase obrera sindicalizada estructurada en la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Michelli. Esta misma se encuentra en un lugar privilegiado ya que sus acciones son determinantes en cómo se resuelve la pulseada entre el kirchnerismo y su oposición.

Cada una de estas fuerzas sociales ha optado por impulsar acciones políticas, pero sólo dos han buscado activamente movilizar a las masas para fortalecerlas. De esta manera, los sectores ligados a la oposición del kirchnerismo han hecho una una demostración de fuerza el 8N; la clase obrera, dirigida por los burócratas sindicales opositores, ganó las calles el 20N parando por un día el aparato productivo del corazón del capitalismo argentino (la Capital Federal y el conurbano bonaerense); por último, el kirchnerismo apostó al 7D como día de la estocada final al Grupo Clarín, en defensa del cual la oposición de derecha ha cerrado filas.

La movilización de los sectores de oposición al kirchnerismo hay que enmarcarla en los problemas generales que están haciendo crujir al modelo kirchnerista y que ya hemos explicado más arriba. Estos sectores sienten en particular, aunque no únicamente, las restricciones a la compra de dólares. El acceso a esta moneda ha sido el mecanismo tradicional para resguardar la capacidad de ahorro del ataque de la inflación. La pequeña capitalización, típica de esta capa social, requiere de períodos importantes para poder transformarse en medios de producción u métodos de acumulación de renta (principalmente inmuebles). Ahorrar en una moneda que se deprecia más rápidamente que la tasa de interés de los plazos fijos es antieconómico. El virtual curso forzoso -la virtual inconvertibilidad del peso- conlleva una paulatina expropiación de los pequeños ahorros de los sectores medios, acercándolos a la situación de los trabajadores, de quienes históricamente, han querido diferenciarse. Estos sectores, ante las crisis, atacan al gobierno actuante partiendo de exigencias “republicanas” que consisten en un pedido de salida por derecha que afecte al proletariado (devaluación, aumento de la explotación, liberalización de leyes laborales).

Por otro lado el paro del 20 de noviembre expresa el deterioro de las condiciones de existencia de la clase obrera argentina, así como la necesidad de legitimación de las conducciones sindicales ante sus bases, en un contexto en que el gobierno nacional socava, mediante su política de ajuste, las mismas condiciones de posibilidad para una alianza sin rispideces entre el oficialismo y las cúpulas del movimiento obrero. En esta coyuntura, nos encontramos ante una paradoja aparente. Por un lado, el sindicalismo del 20N exige al gobierno una salida “por izquierda”, esto es, el respeto de las conquistas del movimiento obrero y de su poder adquisitivo: salarios que corran parejo con la inflación, y aumento del mínimo no imponible, expresado en la consigna “salario no es ganancia”, en alusión a la desactualizada escala del impuesto a las ganancias (que incluye a sueldos desde 5782 pesos para los solteros y 7998 para casados con dos hijos; a estos montos mínimos se les descuenta 9% en concepto de impuestos a las ganancias).

Esta presión por una salida “por izquierda” se estrella contra el bloqueo estructural en que se encuentra la economía argentina, como hemos detallado más arriba. La imposibilidad de que el gobierno provea la salida exigida por el movimiento obrero ha dado lugar a un reacomodamiento del sindicalismo disidente en la escena política: la presión por una salida “por izquierda” parece tener un correlato político “por derecha”. En los últimos tiempos, Moyano se ha acercado a todas las grandes figuras de la derecha argentina: Macri, Scioli, Alfonsín, Cobos, Lavagna, entre otros. Este reacomodamiento en apariencia paradójico es explicable en gran medida por la necesidad estructural del gobierno de descargar el peso de la crisis sobre los hombros de los trabajadores: los antiguos aliados sindicales del gobierno no están dispuestos a asumir el costo político de avalar el ajuste del kirchnerismo. Ante estos hechos, Moyano percibió que la coyuntura era propicia para acumular políticamente en una estructura partidaria propia: el Partido de la Producción y el Trabajo ya tiene personería jurídica en la provincia de Buenos Aires, y está en proceso de expansión para convertirse en fuerza nacional, a fin de presentarse a las legislativas de 2013 y capitalizar el desgaste del kirchnerismo.

Por otro lado, más allá de las enormes ventajas que el reconocimiento oficial otorga a la CGT de Caló, todo parece indicar que la central está lejos de embarcarse en una cruzada antimoyanista, como lo señalan ciertos dichos de Caló y de Gerardo Martínez del sindicalismo oficialista, y de dirigentes del sector moyanista. Ambos sectores se han expresado públicamente sobre la necesidad de avanzar hacia un acercamiento, subrayando coincidencias en torno a las reivindicaciones principales del movimiento obrero. E incluso Caló manifestó su solidaridad con Moyano ante las acusaciones del gobierno, que lo señaló como responsable de los saqueos de supermercados. Pero más allá de las palabras y declaraciones de intenciones, al sindicalismo oficialista se le hará cada vez más difícil no enfrentar al gobierno si la situación económica no mejora sustancialmente. Muestra de ello es el hecho de que en la misma UOM de Caló, en el partido de Tres de Febrero, hubo sectores que desoyeron los llamados de sus dirigentes y adhirieron al paro moyanista del 20N.

La ley de medios

Lo que el gobierno no puede lograr mediante una política económica que fortalezca a los sectores populares, trata de compensarlo mediante medidas más netamente políticas. El impacto de medidas impopulares -como las subas de tarifas del transporte, o la nueva ley de ART que limita la capacidad de reclamo de los trabajadores- debe ser minimizado de alguna manera. Vedada estructuralmente la vía económica, la mayor apuesta política del gobierno es la Ley de Medios, mediante la cual el kirchnerismo busca recuperar el capital político perdido en estos últimos meses. La ley no constituye un ataque al corazón del capitalismo argentino, ni puede considerarse como una amenaza para la actual estructura de poder; el acalorado tono del debate resulta excesivo si se consideran los intereses económicos inmediatamente afectados; todo indica que en esta pulseada está en juego algo más que la salud del Grupo Clarín. La Ley de Medios está lejos de ser, como pretende el kirchnerismo, una cruzada por la democracia, pero esto no quita que el resultado de esta pulseada política no tenga implicancias tangibles para los trabajadores. El fracaso en la implementación de la Ley de Medios implicaría un fortalecimiento de sectores que, como el macrismo, se presentan como abanderados de la libertad de expresión, y podría marcar una avanzada de la oposición de derecha a pocos meses de las elecciones legislativas. La importancia de esta disputa política no radica fundamentalmente en el contenido de la Ley de Medios, sino en la correlación de fuerzas resultante tras la disputa. Se trata de saber qué sector político contará con la iniciativa en los próximos meses, hecho clave para que los “indecisos” del peronismo -como Scioli y Massa entre otros- terminen de decidir qué carta jugarán en las próximas elecciones. De todos modos, cabe señalar que, más allá de que los sectores más reaccionarios eventualmente pierdan esta pulseada, medidas como la Ley de Medios difícilmente puedan compensar por mucho tiempo una política social cada vez más regresiva.

El retorno de los saqueos

En los últimos días de diciembre, en medio de la disputa entre gobierno, sindicalismo, Clarín y oposición, decenas de saqueos a supermercados pusieron de relieve la situación de los sectores más golpeados del pueblo argentino. El gobierno intentó mostrar que los saqueos no eran espontáneos y así aprovechó responsabilizar a Hugo Moyano de ser el autor intelectual de dichos saqueos. Circularon varias acusaciones cruzadas entre todos los sectores del arco político, con un denominador común: señalar una “mano negra” detrás de los saqueos, y mantener un absoluto silencio sobre las condiciones de hambre y miseria que los hacen posibles. El hambre y las pobreza no desaparecieron de la argentina el día que asumió Néstor Kirchner. Esta realidad es la que los militantes revolucionarios debemos buscar transformar ya que el capitalismo, ni aún el más serio, pueden cambiar.

El año que llega y los desafíos de la militancia revolucionaria

Como una continuación directa de las contradicciones evidenciadas en los últimos meses, el 2013 se presenta como un año de fuertes disputas en el bloque dominante. Pero además, la situación se ve agravada por la disputa electoral que se desarrollará hacia finales de año, que será el verdadero telón de fondo donde transcurra la coyuntura. Aquí el gobierno kirchnerista buscará mantener los espacios de poder acumulados en este tiempo, y a su vez aplastar electoralmente a la oposición. Esta buscará avanzar en los canales institucionales, aprovechando la coyuntura favorable (luego de ser derrotada en las elecciones presidenciales del 2011, pero con el recuerdo más presente que nunca de la victoria del 2009). Sin embargo, el panorama de las alianzas que tejerá la sumamente heterogénea y fragmentada oposición no es aún claro. Todavía queda por verse qué roles jugarán Moyano y su recientemente creado Partido de la Producción y el Trabajo (fortalecido a nivel gremial como conducción de la CGT luego de plantear ciertas reivindicaciones sentidas por una capa importante de la clase obrera, pero sin un espacio político claro para la disputa electoral luego de quedar fuera del PJ), el radicalismo (desorientado por la coyuntura y sin un marco de alianzas que le permita desarrollarse), o la derecha más reaccionaria (que aún no ha clarificado si irá sola o buscará alianzas más amplias para disputar con el kirchnerismo). Todo esto configura un panorama sumamente complejo, a lo cual se suman las disputas mismas dentro del propio kirchnerismo. De todas formas, es sin lugar a dudas la antesala de cara a las presidenciales del 2015, donde se juega realmente el modelo de gobierno, y la continuidad o no del propio kirchnerismo (al menos como ha sido hasta hoy). A nivel general, se puede afirmar que el kirchnerismo tiene mucho para perder, mientras que la oposición tiene bastante para ganar y casi nada por arriesgar. La tendencia, sin embargo, es de un progresivo avance político de la derecha, aunque esta se tiña en lo gremial de reivindicaciones populares. Este avance se observa tanto en la emergencia una vez más de los sectores reaccionarios de siempre (PRO, Radicalismo, etc.), en las alianzas de los dirigentes obreros (Moyano con su coqueteo con Scioli, y la CTA dentro del arco del FAP de Binner), así como en las propias internas del kirchnerismo (donde cobra cada vez más relevancia la figura y del bloque Scioli de cara al 2015).

La izquierda deberá moverse por ende en un mar donde continúan con plena vigencia las reivindicaciones planteadas a nivel masivo por las centrales sindicales, pero donde el bloque dominante las correrá a un segundo plano, de cara a las disputas electorales. El desafío es cómo poder profundizar una política de masas (en la medida de las posibilidades de la izquierda), sin ser opacados por la disputa electoral. La realidad es que la coyuntura encuentra a las organizaciones revolucionarias poco preparadas para la confrontación entre estos dos bloques, y a su vez las encuentra repitiendo viejos errores que pueden costarnos caro.

Las tareas del campo revolucionario se relacionan directamente con aprovechar la coyuntura abierta, para poder desplegar una línea reivindicativa y política consecuente de cara al masivo, que permita unir los intereses económicos inmediatos con el desarrollo de la influencia política de la izquierda. En cuanto a lo gremial, la coyuntura es permeable para el desarrollo de la militancia hacia el masivo, que está atento a ciertos puntos nodales de su condición trabajadora. Para esto la izquierda debe meterse en el seno mismo de la disputa sindical, conjugando la disputa contra el kirchnerismo (que objetivamente traba el avance de los reclamos) y la unidad de acción con la burocracia, junto a la independencia política como izquierda misma. Pero mantener esta independencia no consiste en hacer actos separados con los mismos reclamos que levantan Moyano y Michelli. Se trata por el contrario de acompañar plenamente las consignas y las acciones de lucha, pero fortaleciendo la importancia de construcción de un sindicalismo diferente, que responda a las necesidades de las bases. Y a su vez, esta disputa reivindicativa permite meternos de lleno en la disputa política con el kirchnerismo, señalando su carácter pro-patronal y pro-ajuste. Aquí no hay grises ni discursos progresistas que el gobierno pueda utilizar, cuando es claro que lo que busca es no dar solución a los reclamos obreros, para poder mantener sus medidas antipopulares. La izquierda deberá saber interpelar en su lucha política a los sectores de la clase que no han roto políticamente con el kirchnerismo, pero se aprestan a enfrentarlo si es necesario, para garantizar sus demandas. Justamente por eso no se puede caer en el consignismo, ni tampoco en el mero planteo de los reclamos. La coyuntura posibilita una disputa abierta con el gobierno en estos aspectos.

A su vez, queda por verse el posible resultado del avance de los efectos de la crisis económica mundial, y por ende ante el ataque a las posiciones conquistadas por el campo popular en nuestro país. No sería extraño que de acá a un tiempo las condiciones se conviertan en propicias, y el pueblo argentino sorprenda nuevamente con otro 2001. La gran pregunta es si esta vez la izquierda logrará tener un proyecto político de país acorde a los intereses de las masas, que pueda conjugar lo netamente espontáneo de la clase junto al proyecto socialista revolucionario. La respuesta, todavía en procesos de escritura, depende sólo de nuestra capacidad para romper con los modelos y recetas preconcebidas que ya todos conocemos y han mostrado ser ineficientes. El tiempo dirá si finalmente, como izquierda, podremos alcanzar la síntesis entre la teoría revolucionaria y las experiencias recientes que ha hecho el pueblo argentino.

Centro de Estudios Libertarios "Rojo y Negro"

Notas:

(1) Para quienes esten interesados en profundizar en el tema recomendamos los siguientes textos: Sartelli, Eduardo (2005), “Génesis, desarrollo y descomposición de un sistema social”, disponible en http://www.razonyrevolucion.org/textos/revryr/RyR14/ryr14-sartelliplaza.pdf; Iñigo Carrera, Juan (2007), La formación económica de la sociedad argentina – Volumen I – Renta agraria, ganancia industrial y deuda externa. 1882-2004; Sartelli, Eduardo (Dir.) (2008) Patrones en la ruta; Kornblihtt, Juan (2008), “Crítica al marxismo liberal” y Baudino, Verónica (2009), El ingrediente Secreto.

(2) Suspensiones en Alpargatas http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-193161-2012-05-03.html

(3) Fiat, otra automotriz que suspende personal en Córdoba http://www.lanacion.com.ar/1482473-fiat-otra-automotriz-que-suspende-personal-en-cordoba

(4) Trabajadores estatales se quedaron sin plus navideño http://www.clarin.com/politica/Trabajadores-estatales-quedaron-plus-navideno_0_614338623.html

(5) Quita de subsidios: dime dónde vives y te diré si tendrás que pagar más por la luz, el agua y el gas http://economia.iprofesional.com/notas/126784-El-Gobierno-amplio-la-quita-de-los-subsidios-a-mas-barrios-portenos-y-del-GBA

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Un nuevo 24 de marzo nos reune a toda la militancia combativa. Son muchas las cosas que siguen dando razones a lxs oprimidxs para mantenerse unidos y continuar la lucha: ajustes, represiones, persecusiones, desapariciones, y todo sin contar la explotación y dominación que ya de por sí sufre el pueblo trabajador día a día.

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A 35 AÑOS DEL GOLPE A LA CLASE OBRERA. Se cumple un año más desde aquel nefasto 24 de marzo de 1976 y una vez más salimos a reivindicar a aquellas 30000 compañeras y compañeros desaparecidos por luchar contra el sistema capitalista.

textArgentina: Un nuevo 24 de marzo, Organización Socialista Libertaria Mar 28 OSL 2 comments

Como todos los años, el 24 de Marzo a las 16:30 hs Marcha de Congreso a Plaza de Mayo.

textChau Pozo Banfield Jun 19 OSL 0 comments

Una vez más, nos damos cita frente al Pozo de Bánfield para repudiar lo que fuera un campo de concentración durante la última dictadura militar y que el gobierno de Kirchner siguió utilizando para reprimir al pueblo, manteniéndolo en manos de la Policía de la Provincia.

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