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opinión / análisis
Tuesday December 04, 2012 23:12 by Juan Carmona
![]() La hostilidad hacia las fuerzas del orden no es nada nuevo entre los desposeídos. Mucho antes de la existencia del anarquismo o del movimiento obrero, los cuerpos armados al servicio de los clases dirigentes han sido objetivo declarado de cualquier motín o revuelta popular. También hoy, en las grandes ciudades actuales, amplios sectores de la población de los barrios periféricos guardan una desconfianza “instintiva” (no ideológica) a la policía. Aún comprendiendo estos legítimos sentimientos de rabia, ya toca decir basta a un discurso que se ha vulgarizado y deformado hasta el extremo. En los círculos libertarios, surge de vez en cuando un debate –a menudo informal- sobre que tipo de profesiones son legítimas desde el punto de vista anárquico. Partiendo de la base de que todo trabajo asalariado contribuye a la reproducción del sistema capitalista, toca ahora distinguir qué ocupaciones son cómplices en un grado inaceptable como para ejercerlas y cuales no lo son. Algunos libertarios y libertarias piensan que jamás trabajarían como cuadros intermedios de la industria o del comercio. Se niegan a ser jefecillos o supervisores, zorros en el gallinero del patrón. Otros jamás querrían verse involucrados en el ámbito de la selección de personal, ni querrían ocupar determinados cargos funcionariales con responsabilidad directa en grandes asuntos de Estado. Tampoco hay muchos que quisieran ser sacerdotes ni ejecutivos ni operarios de una central nuclear. Sin embargo, hay una suerte de esquema invariable con las profesiones vetadas para los libertarios, a saber: Juez, militar, carcelero… y, sobre todo, policía. Juan Carmona |
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Comments (2 of 2)
Jump To Comment: 1 2Estimado Juan,
Es cierto lo que comentas: los libertarios, que nos preciamos de iconoclastas, a veces somos más conservadores que un cura preconciliar. Es triste ver la incapacidad de algunos compañeros de salir de las consignas y pensar políticamente. Quizás porque es cómodo mantenerse en la negación de lo existente y plantear como único proyecto alternativo una sociedad sin contradicciones ni conflictos ("la anarquía").
Por ejemplo (y en esta afirmación que haces al final del texto no estoy de acuerdo), se afirma sin dar mayores detalles que en la sociedad que queremos no habrá policía. Lo malo es cuando comienzan preguntas incómodas y en vez de asumir que no tenemos programa preferimos salirnos por la tangente y remitir a nuestro contertulio a generalidades o un futuro hipotético ¿Nos referimos a cualquier tipo de policía, incluida la de tránsito? ¿No será necesaria ninguna coacción social para evitar actos antisociales? ¿Cómo se tratarán dichos actos antisociales (o delitos, como prefiramos)? "Los delitos desaparecerán junto a las clases", solemos decir. ¿Y los dementes? "La influencia benéfica del entorno les hará entrar en razón". ¿Y la defensa frente a enemigos externos? "La revolución será simultánea y por tanto no hará falta tal defensa", dicen unos, "para eso está el pueblo en armas", dicen otros. Muchos se encogen de hombros.
En fin, respuestas fáciles y sobre la base de una hipotética sociedad libertaria para problemas complejos del presente... y de cualquier sociedad en transición al socialismo, sociedades compuestas por sectores con intereses diferentes que pugnan por imponerse, con mayor o menor peso en la vida social, organización, conciencia de clase o fuerza, y que no desaparecerán de un día para otro.
Por supuesto, es más complicado trabajar con programas que con consignas, y pensar en base a las sociedades existentes y no a las que nos gustarían. Es más complicado, pero es lo único que nos puede permitir ser un actor a tener en cuenta, que afronta los problemas y no los evade. Una alternativa y no una fuerza verbalmente muy radical pero incapaz.
Seamos honestos y reconozcamos que todo proceso de cambio, también los hegemonizados por anarquistas, ha tenido que plantearse la cuestión del orden público y de la defensa de los cambios, recurriendo en todos los casos, junto al "pueblo en armas" (materializado en grados y en formas diversas), a organismos especializados ("policías", "ejércitos"). Mejor que empecemos a pensar al respecto, que le demos vueltas a cómo lo podemos hacer, en vez de diferir el problema diciendo "ya se verá" y acabar improvisando una vez que no podamos escurrir más el bulto y nos veamos confrontados con esa eventualidad.
Plantearse dudas y preguntas sobre temas tabú es un buen comienzo, felicito al compañero Carmona por este texto que puede servir como disparador de un debate más amplio sobre programa y sobre estrategia, no sólo en torno a cómo nos planteamos la seguridad pública y la defensa.
Un saludo libertario
Estimado Juan:
Me parece interesante el debate que inicias, es cierto que a veces la lucha antipolicial se convierte en el objetivo, obviándose que el movimiento anarquista y su actuación tiene unos intereses y unos objetivos, si se quiere, más generales, o al menos más allá de la mera lucha antipolicial. No obstante, pienso que la lucha antipolicial, es un paso, es un medio, no se si necesario (tras leertu artículo) para lograr acercarse a los fines de cambio social más generales que desde el anarquismo se persiguen. Es la policia el cuerpo, los profesionales o quienes bregan en las calles frente a la acción directa, es la que trata de reprimir y reprime, la que se infiltra, la que detiene, la que pone denuncias falsas, la que miente en sus declaraciones, la que hace seguimientos, la que establece escuchas... Es complicado por todo esto alejarla del punto de mira, pero probablemnte sea estratégico y haya que planteárselo seriamente.
No me interesa tanto el tema que toca el primer comentarista relacionado con si en la sociedad anarquista tendrá que existir la policia o no, o la forma como establecer la defensa, pienso que este no es el debate ahora. Ahora hay mucho que hacer en esta sociedad no anarquista, y la otra, aún está lejos. Tampoco pienso, como creo que se indica en algún momento en el artículo de Juan Carmona, que el esfuerzo deba centrarse en atraerse la simpatía de las fuerzas del orden sobre el movimiento libertario, pero sí que coincido que quizá sea interesante frenar un poco esta focalización y canalizar las actuaciones hacia otros intereses y no meramente hacia la lucha antipolicial. No obstante, sin bajar la guardia del todo, ya que ellos van a seguir "trabajando" contra el moviento libertario, al menos como cuerpo represor, por la amenaza que quienes están en la lucha por una transformación social de envergadura puedan estar suponiendo.
En cualquier caso, me parece interesante continuar con el tema, no creo que sea fácil poder establecer conclusiones sobre el mismo.
Martina Manzano.