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Para alcanzar la paz: “Seamos razonables, exijamos lo imposible”

category venezuela / colombia | imperialismo / guerra | non-anarchist press author Friday August 31, 2012 00:54author by Nicolás Chamat Report this post to the editors

¿Contactos en Cuba?... Un recuento claro y sencillo de los cinco obstáculos que habrían de superarse para llegar a la paz en Colombia. Parecen insalvables…y sin embargo todos pueden resolverse si “exigimos lo imposible”.

Cinco grandes obstáculos

Tras semanas de especulación, de dimes y diretes sobre contactos exploratorios entre representantes de las FARC y emisarios del gobierno Santos que habrían tenido lugar en Cuba, la paz y la posibilidad de una salida política al conflicto armado vuelven a estar a la orden del día.

De ser ciertos estos rumores — y todo hace pensar que sí lo son — habrá que resolver una serie de obstáculos que hasta hoy han parecido insolubles, si se quiere asegurar el inicio y la feliz culminación de los diálogos de paz con la insurgencia:

- contar con el apoyo popular a la salida negociada; - contar con el apoyo de las élites políticas y económicas; - obtener el visto bueno y la participación de los militares en dicho proceso; - superar la instrumentalización política o electoral de los temas de la paz y la seguridad;

- aclarar cuestiones más operativas de la mesa de negociación, como las relacionadas con el cese de hostilidades, el narcotráfico o la concertación de una agenda seria y realizable.

La dimensión de los problemas anteriores es tal que hace parecer imposible una resolución política del conflicto armado en Colombia. Sin embargo, hay que notar que en medio de una guerra ninguna paz parece posible: es la naturaleza misma de la guerra y así sucede en todos los conflictos. Mejor aún, como observó Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna, la historia nos demuestra que no se “conseguiría lo posible si en el mundo no se hubiera recurrido a lo imposible, una y otra vez”[1].

Recurramos, pues, a lo que hasta ahora ha parecido imposible para hacer que la paz sea una realidad en Colombia.

1. El apoyo popular

La paz, en últimas, depende de los ciudadanos, de la existencia de un consenso popular por la paz. Esto implica vencer el llamado ‘síndrome del Caguán’ que explica el rechazo — irracional, casi religioso — a las negociaciones de paz.

El primer obstáculo que debe superarse para iniciar una salida política es, pues, vencer la indiferencia, el escepticismo o el poco entusiasmo ciudadano por esta alternativa.

En efecto, para algunos colombianos nuestra guerra interna es algo así como un lastre inevitable, un rasgo vernáculo, una neurosis del destino con la que hemos aprendido a vivir, a pesar de todo.

Para otros — tal vez la mayoría — el conflicto y sus funestas consecuencias sólo tendrían solución con una victoria militar estatal que lleve a los insurgentes a una capitulación sin condiciones: una política de pacificación por medio de la aniquilación del contrario.

En cambio son escasos — aunque aumentan cada vez — quienes abogan por encontrar la paz de forma civilizada. Exigir lo imposible, en este caso, significa esperar que la sociedad colombiana en su conjunto acoja la lógica de la paz, que adopte como propias las penurias y las tragedias de quienes malviven diariamente o mueren debido a la prolongación de un conflicto insensato.

Las crueldades y la degradación de nuestra guerra subrayan la necesidad de terminarla. La superación del conflicto implica una apuesta colectiva por la reconciliación y por exorcizar los fantasmas fatales del círculo de la venganza, como lo plantea Medófilo Medina en su artículo publicado por Razón Pública el pasado 3 de junio.

2. El apoyo de las élites

Otro apoyo fundamental para logar la salida negociada debe provenir de las élites políticas y económicas, sobre todo las de las regiones periféricas. Muchos analistas coinciden en señalar que políticos regionales, ganaderos, grandes terratenientes y empresarios — los llamados poderes fácticos — se han beneficiado política y económicamente con la guerra y son enemigos de su culminación. Esa es justamente la talanquera que debemos superar.

Exigir lo imposible, en este caso, es esperar o bien que estas élites dejen a un lado intereses mezquinos que obstaculizan la obtención de la tan anhelada paz en Colombia, o bien que los obligue a hacerlo el aparato estatal, con la Constitución y las leyes en la mano.

3. Consentimiento y participación de los militares

Unos de los protagonistas centrales en la guerra y en la paz son por supuesto las fuerzas militares. Pasados intentos de paz se han frustrado por no contar con su beneplácito e intervención.

En las actuales circunstancias, no parecería tan descabellada esta posibilidad. Entre las conjeturas que se manejan sobre los supuestos contactos entre gobierno y guerrilla en Cuba, se habla de la participación de oficiales de la República, ya sea en uso de buen retiro o en servicio activo.

Así mismo, en recientes y confusas declaraciones, el comandante de las Fuerzas Armadas, el general Navas, aseguró que “el presidente tiene las llaves de la paz” y que “éldirácuándohabrá condiciones paraabrirlosdiálogos”. El consentimiento y la participación del estamento militar en una salida negociada, por tanto, no estarían tan alejados de la realidad. Pero también añadió: “Para llegar a la paz hay que ganar la guerra y la guerra se gana en el campo de batalla”…

Exigir lo imposible sería contar con la decisión firme y la grandeza de espíritu de ojalá la totalidad de generales y de la tropa para imaginar el fin de la guerra: una victoria para todos los colombianos.

4. No más instrumentalización de la paz

En esta Colombia convulsionada, el debate público sobre el conflicto y la seguridad han tomado un cariz desmedidamente polarizado, ideologizado, electoral y politiquero. Al parecer, las discusiones que a diario aparecen sobre estas cuestiones en los medios son útiles -a los políticos de turno- para obtener réditos particulares o partidistas.

Ahora bien, indudablemente los temas de la paz y de la guerra son cruciales para la agenda política en Colombia. Valga recordar que al menos los últimos dos presidentes fueron elegidos justamente por sus promesas al respecto: Pastrana para hacer la paz y Uribe para hacer la guerra.

Es una plataforma que ha probado su efectividad en las urnas. En todo caso, el uso electoral de la paz y de la guerra se ha profundizado en los últimos cinco u ocho años, de acuerdo con las conclusiones de un interesante artículo recientemente publicado por el National Bureau of Economic Research.[2] Es más, en la actualidad la oposición del expresidente Uribe, de sus adeptos y correligionarios se orienta casi exclusivamente a satanizar cualquier posibilidad de paz.

La necesidad y el derecho a la paz parecen estar subordinados a aspiraciones políticas y burocráticas particulares.

Así, demandar lo imposible también es esperar que tanto los políticos como los ciudadanos de a pie venzan la tentación de utilizar estos temas como una herramienta política o electoral. La paz y la guerra no tienen color ni filiación partidista; los muertos, desaparecidos y mutilados de nuestro conflicto son todos colombianos.

Esperar que ocurra lo imposible es desterrar de la arena pública la polarización entre las élites políticas para acordar, entre todos, un futuro mejor para nuestro país.

5. La mesa y la agenda

Exigir lo imposible, por último, también es pretender evitar que se cometan de nuevo los errores del pasado a la hora de emprender diálogos y acuerdos de paz. Por restricciones de espacio, me limito a mencionar algunos puntos de vital importancia que deben ser manejados ‘con pinzas’:

- La cuestión del cese de hostilidades: ¿el alto al fuego debe pactarse antes, durante o después de iniciar los diálogos? - El tema del narcotráfico: ¿cómo lidiar en la negociación con este tema que es sumamente problemático y hace parte de un debate mundial? - ¿Qué temas deben estar en la agenda? ¿El régimen político democrático está dispuesto a debatir sobre reformas sociales y económicas de fondo en este escenario? - ¿Cuántos sapos estamos dispuestos a tragarnos para alcanzar la paz? - ¿Qué crímenes estamos dispuestos a perdonar? ¿Estamos dispuestos a abrir un espacio a exguerrilleros en la vida democrática? ¿Timochenko en el Congreso?

En fin, como se ve, son múltiples los desafíos y asuntos espinosos de difícil solución. Tras décadas de guerra ininterrumpida, los caminos hacia la paz resultan arduos y sinuosos. Se requieren altas dosis de creatividad, valor y grandeza política para buscar el cese definitivo de la violencia.

Pidamos siempre lo que ha parecido imposible para que llegue a ser realidad. No podemos dejar de exigir la paz en Colombia. Hagamos nuestro aquel lema que muchos atribuyen al mayo del 68 francés: ¡Seamos razonables, exijamos lo imposible!

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