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El rumbo de la CGT (II)

category argentina/uruguay/paraguay | workplace struggles | opinión / análisis author Monday August 27, 2012 01:45author by CEL - Centro de Estudios Libertariosauthor email guillen.facundo at gmail dot com Report this post to the editors

Rol mediador de la burocracia sindical y la relación bases-dirección

Uno de los hechos novedosos de esta coyuntura es que por primera vez en el ciclo de dominación kirchnerista una fracción de los sectores más estratégicos del proletariado organizado sindicalmente se coloca fuertemente en la oposición reclamando por la mejora de su situación económica y por la defensa del sindicato y sus métodos como instrumentos de lucha. Aunque esto ya haya sido realizado por exponentes del sindicalismo de base y clasista, estas no dejaban de ser expresiones aisladas de sectores particulares. En cambio, la movilización del miércoles 4 de julio aglutinó al sindicato más poderoso de la Argentina en una acción de fuerte oposición, aunque esta no sea de contenido socialista. Esta demostración de fuerza aceleró los reacomodamientos de fuerza a la interna de los dirigentes sindicales de la CGT y redundaron en la virtual ruptura en torno a los congresos de renovación de autoridades. Esta línea de quiebre se da en el eje kirchnerismo/antikirchnerismo, con la diferencia de que las banderas del “progresismo” no están afincadas fuertemente en ninguno de los campos. En este sentido, es importante analizar en detalle tanto cuál es el contenido real tras la forma “burócrata sindical”y la relación de estos con sus bases. Esto debe ser realizado porque ambos lados de la línea de quiebre se encuentran indiscutiblemente compuestos en su mayoría por estos personajes. [Italiano]
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Uno de los hechos novedosos de esta coyuntura es que por primera vez en el ciclo de dominación kirchnerista una fracción de los sectores más estratégicos del proletariado organizado sindicalmente se coloca fuertemente en la oposición reclamando por la mejora de su situación económica y por la defensa del sindicato y sus métodos como instrumentos de lucha. Aunque esto ya haya sido realizado por exponentes del sindicalismo de base y clasista, estas no dejaban de ser expresiones aisladas de sectores particulares. En cambio, la movilización del miércoles 4 de julio aglutinó al sindicato más poderoso de la Argentina en una acción de fuerte oposición, aunque esta no sea de contenido socialista. Esta demostración de fuerza aceleró los reacomodamientos de fuerza a la interna de los dirigentes sindicales de la CGT y redundaron en la virtual ruptura en torno a los congresos de renovación de autoridades. Esta línea de quiebre se da en el eje kirchnerismo/antikirchnerismo, con la diferencia de que las banderas del “progresismo” no están afincadas fuertemente en ninguno de los campos. En este sentido, es importante analizar en detalle tanto cuál es el contenido real tras la forma “burócrata sindical”y la relación de estos con sus bases. Esto debe ser realizado porque ambos lados de la línea de quiebre se encuentran indiscutiblemente compuestos en su mayoría por estos personajes.

Es importante reconocer que el término “burócrata sindical” no es propio de la ciencia social, sino que se generó en el campo popular y permeó la vida diaria por su utilidad. Como todo término no científico, encubre significados múltiples y contradictorios. Su utilidad como elemento para entender la realidad de manera científica todavía se encuentra bajo debate. Por tanto, es importante clarificar qué entendemos nosotros que es un “burócrata sindical” para evitar análisis superficiales o posiciones esencialistas.

Históricamente, bajo el capitalismo, la estructura organizativa que se dio la clase obrera para defender sus intereses en tanto propietaria de la única mercancía productora de valor, el trabajo humano, es la forma sindical. Armados con ella, los trabajadores de un oficio o una rama se defendieron de los capitalistas que los explotaban, unificando criterios generales con respecto al valor de la fuerza de trabajo y las condiciones de explotación. La forma sindical obtiene su potencia del monopolio de la venta de la mercancía fuerza de trabajo, la cual solo puede ejercerse con éxito de manera colectiva. En este sentido, la negativa de un trabajador individual de vender su fuerza de trabajo redunda solamente en su hambre. En cambio, al coaligarse de manera colectiva y negarse a la venta de la mercancía hacia los capitalistas, ubican estos en la incómoda posición de no poder completar el ciclo productivo, y los obliga a negociar nuevas condiciones de explotación.

Como toda forma histórica, el sindicato ha variado con el paso del tiempo, pero sus características de fondo se mantienen. De este modo en las décadas finales del siglo XIX y principios del XX en nuestro país los sindicatos tenían una vida precaria por fuera de la institucionalidad burguesa, sus acciones reivindicativas rondaban la ilegalidad y cuando estas hacían peligrar el sistema eran respondidas de manera coercitiva. Los dirigentes de tales instituciones eran militantes obreros de indiscutible valentía individual. Tales instituciones nunca lograron una estructuración total de los trabajadores de los oficios y ramas que representaban, pero ello no iba en detrimento de su capacidad para establecer el precio colectivo de la venta de la fuerza de trabajo y las condiciones de la misma, puesto que la clase obrera utilizaba las herramientas del piquete (con ataques a los carneros de ser necesarios), el sabotaje (el actual trabajo a reglamento), el boicot (la negativa a comprar o comercializar mercancías realizadas por establecimientos que no respetaban los convenios sindicales) y, en última medida, acciones violentas (bombas en hornos de panaderías, destrucción de maquinarias, etc). De esta manera, los sindicatos en esta etapa eran instituciones muy aguerridas, que podían funcionar eficazmente en tanto organizaran una fuerza real. Era común que luego de una huelga fracasada estas instituciones desaparecieran y fueran recreadas por un pequeño grupo de activistas que les dedicaban su vida a que renacieran. El grupo creador del sindicato solía consolidarse como el dirigente y no perdía este rol hasta que la aparición de sucesos críticos los pusiera en entredicho (acusaciones de corrupción, huelgas fracasadas). Estas instituciones vivían de la cotización de sus miembros, que servían para la edición del órgano del mismo, las necesidades cotidianas (alquiler del local, libros de actas, impresión de volantes, etc) y para la conformación del indispensable “fondo de huelga” con el cual se garantizaba la reproducción física de los trabajadores agremiados en períodos de huelga por medio de comedores comunales, y en el caso de los sindicatos más importantes, un estipendio monetario. La organización interna de estos sindicatos reconocía a la asamblea de asociados como el organismo superior de decisión, pero la vida cotidiana era asegurada por la comisión directiva. Es en este cuerpo en donde se encuentra el germen de las prácticas que serán llamadas “burocracia sindical”.

Solamente las tendencias más liberales dentro del movimiento obrero plantearon la posibilidad de que un sindicato no se manejara con una instancia orgánica de decisión. De esta manera el anarcoindividualismo llegó a plantear que las comisiones directivas eran retardatarias y que no eran deseables para la práctica revolucionaria. Pero, más allá de sus invectivas, tuvieron poco efecto en el movimiento obrero organizado, porque sus planteos voluntaristas y espontaneístas iban en contra de la misma organización de clase.

Los primeros debates serios sobre la burocratización se dieron con motivo de la práctica de tener liberados en la comisión directiva. Los beneficios de tal institución eran evidentes desde un principio: la sociedad de resistencia de obreros panaderos, cuyos estatutos elaboró Errico Malatesta, contaba con un presidente del sindicato con cargo remunerado. El histórico dirigente de este sindicato, Ettore Mattei, no era de oficio panadero, sino tenedor de libros (el equivalente al perito mercantil de hoy día). El periódico de esta sociedad, redactado por Mattei, fue parte esencial de la corriente organizadora del anarquismo, la que años después impulsó la Federación Obrera Regional Anarquista (FORA) y logró triunfos históricos para el proletariado de esta región. Los rentados serán impugnados en los quinto y sexto congresos (1905 y 1906), en los que se resuelve que la existencia de rentados es contradictoria con el ideal anarquista y por tanto deben desaparecer siempre que eso no haga peligrar la existencia de las organizaciones obreras. Pero, el desarrollo posterior del movimiento obrero benefició a las tendencias que no impugnaban la práctica de los rentados y que los utilizaban a conciencia. De esta manera, el sindicalismo revolucionario, el socialismo y el comunismo tendrían militantes que hicieran su “profesión” de su militancia sindical, alejándose de la esfera de la producción y tomando tareas a la interna de las sociedades obreras. Desde la segunda década del siglo XX se naturalizó la necesidad de rentar a los dirigentes sindicales con montos similares a los cobrados por el obrero mejor calificado de la profesión, y subvencionando todos los gastos operativos de su función.

Es con esta práctica que se refuerza la tendencia a que el grupo impulsor se convierta en la dirigencia indiscutida del sindicato. La permanencia en los cargos iba ligada de manera indisoluble con la eficacia en los roles dirigenciales, leáse en la capacidad para conquistar mejoras para la base. De esta manera, los dirigentes cuidaban tanto de cuando llamar a una medida de fuerza como del desarrollo de las mismas y buscaban asegurar su éxito. La idea de las “derrotas heroicas” y su potencial aleccionador solo podía ser sostenida teóricamente, pero no encontraba expresiones en la realidad (1).

Durante los inicios del peronismo, se efectuó la unidad entre las dirigencias principales del movimiento obrero argentino y un sector de la burguesía nacional. En esta nueva realidad los sindicatos ganaron un reconocimiento legal inexistente hasta entonces, además de mejoras tangibles en las condiciones de vida de los trabajadores, pero a cambio de perder su independencia de clase. El Estado se guardaba la prerrogativa de reconocer cual agrupamiento sindical era el legítimo representante de fracciones del proletariado logrando, de tal manera, una herramienta esencial para desarticular a los proyectos opositores. El más perjudicado con el cambio de realidad política fue el Partido Comunista, que vio desaparecer a sus sindicatos más importantes, tanto por la cooptación de sus dirigentes como la pérdida de sus bases en manos de los sindicatos oficiales que ofrecían mejoras sustanciales para los obreros.

De esta manera, con el peronismo, se agregó un factor esencial para la supervivencia de las dirigencias sindicales. Ya no sólo era indispensable mantener la legitimidad ante las bases traduciendo sus aspiraciones en logros concretos, sino que se volvió necesario poder darle algún tipo de seguridad a la fracción dirigente de la burguesía. Para poder expresar algún tipo de oposición a la burguesía gobernante y no caer enseguida en desgracia se tornó indispensable contar con una plena legitimidad en las bases obreras, de modo de impedir que estas se marcharan hacia los sindicatos oficiales. Tal nivel de fortaleza personal sólo pudo ser conseguido por unos pocos dirigentes sindicales (Cipriano Reyes, Luis Gay, Agustín Tosco, Saúl Ubaldini).

Traduciendo a términos teóricos este desarrollo histórico vemos que los dirigentes sindicales adoptan un rol mediador entre los intereses de la clase obrera y los de la burguesía. En este sentido, su existencia se debe a su capacidad de defender los intereses económicos de la clase obrera frente a la burguesía a la vez que entre los obreros defienden los intereses generales de la burguesía, leáse ayudan a perpetuar la existencia de la relación básica en la que se sostiene el capitalismo la venta de la fuerza de trabajo. En el terreno de las abstracciones es evidente que la burguesía preferiría no tener que lidiar con ningún tipo de instancia colectiva de los explotados para poder someter a la venta de fuerza de trabajo al precio de mercado, pero esto es intraducible en la realidad porque el movimiento obrero existe en argentina y tiene una tradición. De este modo, la burguesía, que sabe que el mundo no se compone de ideas libres de materialidad, busca utilizar al movimiento obrero existente en su favor. En el caso de la realidad argentina actual lo vemos en torno a la instrumentación de dirigentes sindicales adictos a las diversas fracciones burguesas en pugna (Caló, Yasky y los Gordos con el kirchnerismo, Moyano aliado a Scioli, Barrionuevo junto con Duhalde y Micheli con Binner).

De esta manera, la burocracia sindical ocupa un espacio que es precario de manera estructural. Se encuentra tironeada por intereses divergentes, cabalga encima de la contradicción principal de la sociedad capitalista, la lucha de clases, y debe mantener el equilibrio entre ambas fuerzas sociales. Debe construir referencialidad hacia ambos polos, y cuando falla en alguno puede caer al vacio o tener que dar un salto hacia delante. Este puede tratarse de articular una alianza con otra fracción de la burguesía o apostar por el proletariado y su emancipación, en cuyo caso podrá mantenerse en tanto la relación de fuerzas este en su favor. Huelga decir que este último caso es muy poco frecuente y que su mejor ejemplo es Agustín Tosco.

En este proceso de cabalgar sobre la lucha de clases es importante no perder de vista que los dirigentes sindicales son el pináculo de una estructura compleja y piramidal de militantes y personal sindical. Cuando la dirigencia se encuentra en crisis, dentro de los sectores componentes se empiezan a gestar oposiciones que buscan constituirse en nueva dirigencia. Esto puede traducirse de varias formas, siendo la más espectacular de ellas la ruptura del sindicato. Hoy vemos esto en el espacio neurálgico del movimiento obrero argentino, la CGT. Es importante notar que algo tan importante como la ruptura de la central sindical puede ser acompañado con la división de importantes sindicatos componentes. Esta situación de quiebre es una coyuntura interesante para el surgimiento de nuevas direcciones que busquen hegemonizar la rama, y como tal debe ser aprovechada para el desarrollo de una opción independiente y de clase por los militantes socialistas. Esto no significa dividir sindicatos por deporte, pero si entender que es una ocasión interesante para profundizar el trabajo de referencialidad y legitimidad y lograr avanzar en posiciones.

Es imposible articular un programa de emancipación social que supere al capitalismo si uno funciona como personero de la burguesía. Pero tampoco es posible hacerlo sin tener inserción real en la masa de los explotados. En este sentido, para superar la traba histórica que representa la función mediadora de la burocracia sindical es importante poder construir suficiente referencialidad en la base como para poder soportar los embates de la burguesía.

(1) Como ejemplo de ello la Comisión Directiva de la FORA, hegemonizada por anarquistas, inició tratativas secretas con el gobierno nacional para lograr la derogación de la Ley de Residencia, aunque ello iba contra los principios fundamentales que sostenía la organización.

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