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Vagos

category iberia | economía | opinión / análisis author Tuesday January 10, 2012 02:11author by Manu García Segnalare questo messaggio alla redazione

Las declaraciones de Cayetano de Alba despreciando a los trabajadores andaluces no son únicamente el exabrupto de un niñato malcriado que nunca ha dado un palo al agua. Son representativas de lo que piensan en privado los dueños del país antes de que pase por el tamiz de sus creadores de opinión, y un reflejo bastante fidedigno de su catadura moral.

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Quienes verdaderamente manejan el cotarro son poco amigos de las cámaras y de exponer y defender directamente en la plaza pública sus puntos de vista. Para esa engorrosa tarea ya cuentan con un poderoso instrumento organizativo, la CEOE, con una serie de centros de creación y difusión de opinión que lo hacen por ellos y además muy bien, y con políticos serviles a sus designios que se encargan de aplicarlos.

La idea de que el poder reside en el gobierno y la soberanía en el parlamento es una de las ficciones que esos creadores de opinión al servicio de los ricos han sabido vender.

Los nombres, las caras y las voces de los Amusátegui, Escarrer o Andik no nos resultan para nada familiares y aun así estas tres familias son las principales accionistas de algunos de los bancos y consorcios empresariales más importantes que operan en el estado español y reúnen mucho más poder que todos los Aznar, Zapatero o Rajoy han tenido o podrán tener nunca.

Se trata de un círculo bastante homogéneo políticamente, con una conciencia y organización de clase muy desarrollada y por tanto con una alta capacidad de conseguir sus objetivos estratégicos.

La aparición pública es un capricho que algunos de esos dueños del país se dan periódicamente por vanidad o costumbre familiar. Ambos factores confluyen en la casa de Alba, que desde los tiempos en que la cruz reinaba con la espada, además de tener un sitial preferente en los selectos círculos de poder e influencia de la oligarquía española, forman parte de la farándula.

Las declaraciones de Cayetano de Alba despreciando a los trabajadores andaluces no son únicamente el exabrupto de un niñato malcriado que nunca ha dado un palo al agua. Son representativas de lo que piensan en privado los dueños del país antes de que pase por el tamiz de sus creadores de opinión, y un reflejo bastante fidedigno de su catadura moral.

No podemos seguir confiando en que personajes de semejante calaña, que pasan su vida entre mansiones y yates, nos van a sacar de la crisis. Ellos nos metieron en el hoyo, ahora tratan de echarnos las culpas y presentarse, encima, como los salvadores. Cuando sus grandes empresas iban bien, no repartían beneficios, pero ahora con la excusa de la crisis quieren que trabajemos prácticamente gratis, que los de abajo nos peleemos por un hueso. Que volvamos a ver en las plazas de nuestros pueblos las escenas del señorito a caballo eligiendo a dedo a quienes van a trabajar ese día. En su versión clásica o en la moderna de las ETTs.

No nos queda otra, para librarnos de ese futuro sombrío que nos espera, que unir fuerzas los de abajo, esa “chusma” que tanto desprecian los señoritos, y empezar a promover nuestros intereses colectivos tal y como lo hacen ellos. Con unidad, firmeza y determinación. Los ricos nos necesitan a nosotros para vivir tan bien como viven, pero los que vivimos del producto de nuestro trabajo no les necesitamos a ellos. Nosotros producimos, nosotros lo creamos todo, ellos solamente despilfarran. Somos más pero estamos peor organizados. Saquemos a nuestras organizaciones de clase, los sindicatos, del pozo en el que se encuentran, llevemos a ellos a toda nuestra clase, dotémoslos de capacidad para hacerse cargo de toda la producción, la distribución, los servicios públicos y la investigación del país: vayamos hacia la socialización de la riqueza y el poder. Veremos quién es entonces el vago.

Manu García


Columna publicada en el número de enero de 2012 del periódico "CNT"

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