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Presencia en los sindicatos

category francia / bélgica / luxemburgo | movimiento anarquista | debate author Thursday November 03, 2011 05:03author by Georges Fontenis Report this post to the editors

El equipo editorial de la revista "Socialisme ou Barbarie" presentaba así el siguiente artículo de Fontenis, aparecido en su nº15, de noviembre de 1954:
Hemos recibido del camarada G. Fontenis, dirigente de la Federación Comunista Libertaria, el texto publicado a continuación. Nuestro desacuerdo con la posición del compañero Fontenis sobre el problema sindical no nos impide apreciar la claridad de su argumentación y pensamos que éste texto, al exponer de una manera densa y precisa el punto de vista de los partidarios de la participación en los sindicatos, ofrece una excelente base para la discusión que contamos continuar en el próximo número de "Socialisme ou Barbarie". El texto de Mothé que critica Fontenis fue publicado en nuestro número 14 (p 27 a 38).

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La tesis de Mothé es, a primera vista, incontestable. Simple, lógica, seductora. Desde mi punto de vista, demasiado simple, demasiado lógica, demasiado seductora. Lo que pasa es que nada es simple en la cuestión sindical a pesar de las apariencias y por tanto en este tema, más que en otros tal vez, se debe desconfiar de un razonamiento lógico que se arriesgue fuertemente a pasar por encima de las verdaderas interrogantes –esas que se imponen a cada paso a los militantes obreros-, y es de temer que las conclusiones de Mothé seduzcan sólo porque proponen una fuga frente a las difíciles luchas y porque halagan un cierto gusto de la vanguardia por el siguiente razonamiento: los sindicatos, reformistas por naturaleza, están hoy divididos según las afinidades de sus burocracias con un bloque imperialista o el otro, los trabajadores se distancian cada vez más de estos sindicatos-agencias imperialistas, la unidad obrera se hará bajo otras formas organizativas que los sindicatos, entonces los revolucionarios no tienen porqué luchar por una unidad sindical utópica e, incluso, no tienen porqué hacer nada en absoluto en los sindicatos.

Podemos estar de acuerdo en toda la parte teórica-histórica de la tesis de Mothé, pero no sobre su opinión concerniente a la desafección de los trabajadores por los sindicatos y menos aún sobre sus conclusiones. Admitimos que ningún militante de la vanguardia (aparte de algunos raros especímenes de sindicalistas revolucionarios), sigue discutiendo acerca de la capacidad revolucionaria y la naturaleza reformista del sindicato, características ligadas a sus tareas y a sus estructuras correspondientes a las condiciones de la sociedad capitalista. Admitimos igualmente que los sindicatos se hallan cada vez más integrados a los bloques imperialistas. Pero todo eso no es nuevo, y en cuanto al fondo, Malatesta por un lado, y Lenin por otro habían ya subrayado el carácter reformista de los sindicatos, no deducían sin embargo, muy al contrario, que había que abandonarlos a su suerte.

¿Las condiciones han cambiado a tal punto que los revolucionarios deben abandonar la lucha en el seno de los sindicatos, deben considerar que es totalmente imposible luchar para su funcionamiento democrático, para la toma de conciencia de clase de sus miembros, en una palabra, que es imposible contribuir a la preparación de las condiciones revolucionarias? ¿Acaso Mothé no razona un poco como si se hubiera hecho ilusiones sobre el sindicato? Al descubrir su naturaleza reformista, se desvía, busca otra cosa como instrumento revolucionario. Para nosotros, al no habernos nunca ilusionado, no nos puede decepcionar, y es con conocimiento de causa que trabajamos en el marco limitado de los sindicatos. No debemos tener presente en la conciencia solamente la presión general de la sociedad capitalista y la presión de la burocracia sobre los sindicatos, sino también la presión ejercida por los sindicatos sobre sus burócratas y contra los obstáculos del capitalismo, en virtud de sus intereses de clase. Lo cual bastaría para justificar en el plano teórico la presencia de los revolucionarios en los sindicatos. Examinemos ahora las condiciones prácticas actuales de la lucha de los revolucionarios en los sindicatos.

Según Mothé, los trabajadores se alejan cada vez más de la vía sindical. Sin duda, no estamos en 1936 o en 1945, pero hay aún hoy día, en relación a los años 30, por ejemplo, un número importante de sindicalizados e incluso de militantes sindicales. Remontarse a los años 36 o 45 es olvidar la experiencia de los viejos militantes, es basarse en un dato pasajero. La desafección sindical no es ni tan grave ni tan general como para que Mothé no se percate y se base tal vez exclusivamente en algunos pocos ejemplos. Al lado del aflojamiento limitado de los efectivos, observamos la creación de secciones sindicales propias de la profesión (como en el Magisterio) allí donde la actividad sindical es discutible y la ineficacia sindical manifiesta.

Sin duda la actividad y la incapacidad relativas de los sindicatos están de alguna forma ligados a sus efectivos, pero parece ser que la razón esencial de la desafección de los trabajadores es la división sindical. Los trabajadores manifiestan frecuentemente sus opiniones a este respecto y Mothé mismo escribe que los trabajadores, para pasar a la acción, esperan que los sindicatos de diversas centrales se pongan de acuerdo. Hacer estados de juicio sobre la supuesta conciencia (y por tanto inexpresada) de los trabajadores sobre la capacidad fundamental de los sindicatos sería fantasear. Tenemos que atenernos a lo que las evidencias nos dicen.

Liberémonos por lo tanto de la ilusión trotskista de la Unidad Sindical realizada por el milagro de las confrontaciones entre Estados y centrales sindicales. Denunciamos al contrario, junto con Mothé, la manía exasperante de los trotskistas, consistente a intentar empujar a las masas a experiencias –¡ya múltiples!- profundizando la confusión. Pero podemos, con observaciones justas sobre el deseo de unidad sindical de las masas, sacar otras conclusiones diferentes a las de los trotskistas, fundamentalmente la siguiente: los trabajadores quedan vinculados a la forma de acción sindical que no les parece expirada ni estéril. En lo que concierne a las posibilidades de unidad, nos parece improbable que la lucha de los dos bloques pase por fases tales que una unificación, siquiera sea provisional, pueda realizarse. Aunque no es totalmente imposible, veríamos entonces, en caso de unificación, producirse un fenómeno de aumento de los efectivos, como en el 36, seguido de un período de división y de falta de desarrollo.

Pero lo que es de prever, lo más probable que suceda, es un refuerzo de los efectivos de algunas de las centrales existentes, más capaces que otras de conducir un movimiento reivindicativo exitoso, lo que no es del todo impensable. Vayamos más lejos: las huelgas llevadas a cabo fuera de las direcciones sindicales, mediante los Comités de huelga, pueden ayudar a reforzar el reclutamiento sindical de una central existente o bien concluir con la formación de otras organizaciones que serán nuevamente sindicatos, incluso si toman otro nombre. La experiencia ha demostrado que los Comités de huelga y los Comités de acción no sobreviven a la acción y que sólo los sindicatos, viejos o nuevos, son capaces de reagrupar a los trabajadores.

Para terminar con el problema de la Unidad, precisemos que no podemos más que alentar a los trabajadores a desear y exigir la Unidad, explicándoles que esta unidad no puede realizarse realmente más que contra los burócratas, rebasándolos, y que no puede realizarse sino en el curso de la acción misma. Mothé nos dirá entonces que lo que esperamos es la unidad obrera, la cual no se realizará en el marco sindical. Al respecto pensamos que las realizaciones aún dispersas de unificación de organizaciones sindicales pueden jugar un rol en la toma de conciencia antiburocrática de los trabajadores aun cuando ésta no ocurra antes de mucho tiempo, o aun cuando tenga lugar bajo formas imprevistas. La tensión de la clase obrera hacia la unidad merece ser utilizada por los revolucionarios en el seno de los sindicatos.

En cuanto a la unidad obrera en el sentido extenso, sin duda Mothé tiene razón cuando estima que se puede realizar fuera de los sindicatos. Se puede realizar a pesar de las divisiones sindicales, y se realiza hoy día. Pero creer, como Mothé, que se realizará organizativamente –y fuera del marco sindical, además- es situarse ya en el marco del período abiertamente revolucionario. Cuando esta unidad se realiza hoy en día es sólo en los períodos de clímax y bajo formas organizativas pasajeras que se diluyen en cuanto se entra a un período de calma o de menos actividad. Insistimos: los Comités de huelga y los Comités de acción no sobreviven al fin de la acción. Lo que los trabajadores desean es una organización permanente, sólidamente estructurada (1) para la defensa contra el patrón (patrón privado o burocracia).

Que lo queramos o no, esta organización permanente tendrá sus limitaciones reformistas (los trabajadores nos exigirán que nos ocupemos de los pequeños problemas, de la aplicación de las leyes sociales, etc) y sus peligros de evolución burocrática. Aun cuando queramos llamar a esas organizaciones por otro nombre, aun cuando nazcan de las ruinas de antiguos sindicatos vacíos de sus adherentes, también serán sindicatos.

Vemos entonces que el militante revolucionario, si quiere serlo, en los largos períodos de relativa parálisis, guarda contacto con las masas y sus problemas inmediatos. Si quiere ganar la estima y la confianza de los trabajadores, debe participar en la actividad sindical. Esta estima y esta confianza, difícil de obtener, son necesarias en en el momento de la acción revolucionaria y en el marco de las nuevas organizaciones, como los Consejos.

Por lo demás, no vemos por qué los militantes revolucionarios no podrían llevar a cabo la lucha antiburocrática en el seno de los sindicatos. Es ahí justamente que se puede llevar a cabo mejor, y mediante hechos concretos. Luchar desde el exterior es cerrarse a todo un público. Y no olvidemos que en algunos sectores, con obreros divididos en una infinidad de lugares de trabajo y de pequeñas empresas, solo la organización sindical permite reagrupar al conjunto de los trabajadores para hacerse escuchar.

Y no quedan más que 15% de los trabajadores en los sindicatos. Este 15% representa, incluso entre los más alejados, los trabajadores más combativos, y los más vinculados a las luchas obreras, sería un error fatal dejarlos en las manos de sus burocracias. Esperar que se esclarezcan solos es volver a negar todo rol a la vanguardia. No olvidemos que las tendencias oposicionistas se manifiestan en el seno de las masas sindicalizadas y que hay que ayudarlas.

Somos los primeros, comunistas libertarios, en contribuir en los Comités de huelga, en los Comités de unidad de acción que se constituyen en el momento oportuno, aun fuera de las organizaciones sindicales y contra sus burocracias. Y sabemos bien que las formas de organización del proletariado en períodos revolucionarios se orientan hacia los “consejos” y que entonces los sindicatos son rebasados, llamados a desaparecer en cuanto tales (2). Pero no nos quedamos con esa expectativa, militamos en los sindicatos tomando nuestro partido en relación a lo que son y sus límites. Y bien entendido, no olvidamos que la actividad sindical no es toda la acción obrera, y no olvidamos tampoco la necesidad de militar en el plano político y de organizarnos en vistas a trabajar, tanto fuera como dentro de los sindicatos, para elevar la conciencia de clase de los trabajadores, para sustraerlos lo más posible de los burócratas, y abrirlos a las perspectivas revolucionarias.

Notas:


(1) Los trabajadores que no van al sindicato no dicen “¿Qué hacer? Las críticas no bastan. Hay que constituir una organización” Mothé debió haberse basado en la experiencia.

(2) Es evidente que los sindicatos que participan en los hechos revolucionarios ya son mucho más que sindicatos.

Traducción: Brenda Aguilar

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