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CHERNOBIL 1986, FUKUSHIMA 2011. ¿LEMONIZ…?

category iberia | medio ambiente | non-anarchist press author Saturday June 11, 2011 05:57author by EUSKAL HERRIKO KOMUNISTAK - EHK Report this post to the editors

ESKERRIK ASKO EUSKAL HERRIA!!!

Lo que está aconteciendo en la Central nuclear de Fukushima en Japón nos debería hacer reflexionar sobre una etapa de nuestro pasado inmediato protagonizado por la irracionalidad humana disfrazada de progreso y desarrollo. Pongamos que hablamos de aquel intento de construir centrales nucleares en Euskal Herria. Pongamos que nos referimos a la Central nuclear de Lemóniz.

De algún modo, los lanzamientos de las bombas atómicas de Nagashaki e Hiroshima sobre ese mismo Japón que ahora intenta combatir la crisis nuclear declarada, abrieron una espita que con el paso de los años, ha sido cada vez más difícil de cerrar. Desde ese año de 1945, todo lo que concierne a la energía atómica, a la energía nuclear, se ha visto rodeado de una opacidad cierta, de un secretismo interesado por parte de las clases dirigentes dadas las trágicas consecuencias que puede tener su utilización tanto en el campo civil como en el militar.

Los accidentes nucleares de Harrisburg, Chernóbil y Fukushima en este año de 2011, así como las últimas pruebas militares de Francia en el atolón de Mururoa en 1995, nos remiten, precisamente por esas lamentables (e incluso ¿condenables?) consecuencias de las que hablamos, a dos aspectos propios de la existencia humana como son: el sufrimiento y la necesidad de construir una nueva sociedad más justa.

Acercar estas dos cuestiones a la lucha que se desarrolló tiempo atrás en nuestro solar vasco es el objetivo de este artículo. Observar, analizar y dirigir el foco del asunto nuclear hacia el terreno de la lucha social (la lucha de clases) y de las experiencias adquiridas a lo largo de aquel proceso de actividad frenética en contra de la imposición y de la irracionalidad económica y política. Un proceso de procesos. Lecciones del pasado con proyección de futuro.

Euskal Herria y el combate contra la Central nuclear de Lemóniz como excusa. Este nuestro País tiene guardada en sus entrañas uno de los capítulos más gloriosos de su historia reciente, la lucha antinuclear. Una formidable pelea desarrollada por el Pueblo vasco entre 1972 y 1984, que reaparece ahora en nuestra memoria tras lo sucedido en Fukushima, en todo su esplendor como una experiencia revolucionaria, vital y fabulosa.

Porque en el fondo, la batalla contra la Central de Lemóniz no sólo fue un confrontación contra un proyecto absurdo y bestial. Hablamos de muchas más cosas. Hablamos de una lucha épica, protagonizada principalmente por la clase trabajadora y los sectores populares contra el imperio español (disfrazado de franquismo en un primer momento y de “democracia” en una etapa posterior) y sus servidores regionalistas del PNV.

La lucha antinuclear en Euskal Herria contra el proyecto de Lemóniz no fue una batalla cualquiera, no fue sólo una victoria táctica del Movimiento de liberación y otros sectores convergentes, fue un combate contra la irracionalidad humana, el falso progreso y la ambición de las clases dirigentes, fue y sigue siendo en definitiva, una lección de dignidad social, de fidelidad y de un radical amor hacia este País. País que demostraría la capacidad de su Pueblo trabajador y los sectores más desfavorecidos para construir un bloque popular de contrapoder social que iba, paralelamente, levantando un movimiento político de contrapoder político.

El proyecto de construcción de la Central nuclear de Lemóniz surgió a principios de la década de 1970, como parte de un ambicioso plan de la empresa eléctrica vasca Iberduero (actualmente Iberdrola), que proyectaba varias centrales nucleares en la costa vasca (en Lemóniz, Ea/Ispaster y Deba) y en la ribera del Ebro, cerca de la localidad navarra de Tudela.

Internacionalmente eran los inicios de la crisis del petróleo y del desmantelamiento del estado del bienestar. En el Estado español de finales del franquismo, el efecto de la crisis energética petrolera se preveía brutal, con un fuerte impacto sobre todo en la economía.
Las obras de la central de Lemóniz comenzaron en 1972, con la solicitud de una licencia provisional de obras al ayuntamiento de Mungia, y con la concesión, por parte del gobierno, de la licencia a Iberduero para construir en Lemóniz dos grupos nucleares de 930 MW cada uno. En un principio estaba previsto que Lemóniz I entrara en funcionamiento en 1976 y Lemóniz II en 1978.

Desde el inicio, la construcción de la central se vio contestada progresivamente por un amplio movimiento popular, y sobre todo por los vecinos y ayuntamientos de la zona, que se oponían a la imposición de la planta. A nivel político, se puede decir que la oposición más fuerte vino de las organizaciones de la izquierda abertzale, como la extinta Euskadiko Ezkerra o Herri Batasuna. A favor de la central estaban las autoridades, franquistas primero, y posteriormente del centro-derecha, que abarcaban desde Alianza Popular (actual PP), la extinta UCD y el PNV. El PSOE mantuvo una postura ambigua respecto al asunto, contraria en un inicio (ahí quedan las declaraciones de Txiki Benegas) pero posteriormente favorable, con posicionamientos contundentes como el del entonces ministro de Cultura del primer gobierno González, Javier Solana.

El bloque popular se articuló en una plataforma denominada “Comisión de Defensa de una Costa Vasca no Nuclear”, que logró obtener 150.000 firmas oponiéndose al proyecto. También se producen las primeras manifestaciones masivas contra la central de Lemóniz, como la marcha que reúne 50.000 personas entre Plentzia y Gorliz el 29 de Agosto de 1976. Mientras tanto, la empresa Iberduero seguía tratando de obtener de los ayuntamientos de Lemóniz y Mungia una recalificación de los terrenos y una licencia definitiva de obras, que estos se negaban a conceder.
El 14 de Julio de 1977 se produjo en Bilbo una masiva manifestación contra la Central de Lemóniz, que reunió cerca de 200.000 personas. Finalmente, en agosto de 1977, la Diputación de Vizcaya falla en favor de la empresa eléctrica, rechazando las alegaciones que los ayuntamientos y vecinos de la zona habían presentado.

Es entonces cuando la organización armada ETA se une a la causa antinuclear, la cual suscitaba ya gran apoyo popular, y entra en la lucha contra la construcción de la central. La irrupción de ETA produjo una división del movimiento antinuclear; una parte del activismo se fue desmovilizando progresivamente, mientras otra (la mayoría) se radicalizó, adoptando posturas de apoyo a la actuación de ETA.

La escalada de las acciones de ETA culminó el 29 de Enero de 1981 con el secuestro del ingeniero jefe de la central, el bilbaíno José María Ryan. ETA concedió un plazo de una semana para que la central fuese demolida, amenazando con ejecutar al arrestado. Transcurrido el plazo del ultimátum, ETA acabó con la vida de Ryan causando una fuerte conmoción social y la primera huelga general contra ETA.

La ejecución de Ryan supuso, sin embargo, la paralización de facto de las obras de la central. Iberduero frenó la construcción de la instalaciones a la espera de que el Parlamento de la CAV apoyase explícitamente la continuidad de las obras.

En un intento de deshacerse del problema de Lemóniz en 1981, el Gobierno central transfirió las competencias de energía al Gobierno vasco, y a finales de año éste relanzó el proyecto de la central, con el apoyo del PNV, UCD y AP, creando una sociedad mixta con capitales públicos y privados para finalizar las obras y gestionar la central. Bajo la óptica del imperio, el traspaso competencial disminuiría o en el mejor de los casos anularía la oposición antinuclear ya que la construcción y su gestión quedaba en manos del autonomismo. Regionalismo y Unionismo, juntos de la mano, intentaban quitar el agua en donde nadaba el pez de la resistencia antinuclear y armada.

Sin embargo, ETA actuó de nuevo, ejecutando el 5 de mayo de 1982 al director de esta sociedad, Ángel Pascual Múgica Las obras estaban ya paralizadas casi totalmente y muchos de los trabajadores de la central habían sido despedidos y dispersados. Tampoco se había vuelto a arrancar el proyecto.

Algunos de los obreros que permanecieron en la central se encargaron de dinamitar la central internamente, cortando cables, introduciendo arena en tuberías, y de otras muchas formas, de tal manera que cuando reparaban desperfectos por un lado tenían que volver a empezar a reparar por otro.

En septiembre de 1982 el gobierno central asumió de nuevo, mediante un decreto de intervención, la continuación y la realización de las obras de Lemóniz por el Estado. Sin embargo, un mes más tarde, el PSOE ganó las elecciones generales y no volvió a reanudar las obras. En 1984, el gobierno del PSOE decretó la moratoria nuclear que produjo la paralización definitiva de las obras de Lemóniz I y Lemóniz II, así como de otras tres centrales nucleares que se estaban construyendo en el estado español.La empresa dueña de la central fue comercializando el equipamiento instalado y desmantelando la misma. A comienzos del siglo XXI no quedan en el lugar más que los grandes edificios vacíos.
Resumiendo. A pesar del empecinamiento de las clases dirigentes tanto españolas como regionalistas y de la represión desatada, el bloque popular demostró una gran capacidad de debate y de organización, desplegando una lucha de masas cuyo principio y pilar fundamental se centró en no resignarse a ser un mero objeto pasivo, receptor de las “inclemencias económicas”, de las decisiones tomadas por “otros” y de las ambiciones de las clases dominantes.

Ese bloque popular comenzaba a pergeñarse en forma de sujeto activo, consecuente, consciente e imprescindible para no construir una nación, un país o un estado a la medida del imperio y del PNV. Este bloque popular triunfó en una etapa difícil, una etapa de resistencia frente a la dura ofensiva de la Reforma iniciada tras la muerte de Franco.

Después de tantos años, y con nuevas condiciones económico-sociales y políticas tanto internacionales como vascas. Euskal Herria con su clase trabajadora al frente una vez más, necesita re-definir y re-construir un nuevo bloque popular pero desde parámetros adaptados al hoy. Cualquier comparación con el pasado en términos literales sería un ejercicio de estupidez política. La nostalgia no suele ser una buena consejera

La pregunta que suelen realizarse muchas personas radica en el por qué de los cambios ahora y no antes. Las respuestas sólo pueden venir, inevitablemente, de los análisis económicos, sociales y políticos e incluso militares. Nada permanece estático, el movimiento es contínuo.
La ofensiva reformista finalizó hace tiempo y con ella la fase de resistencia. La no construcción de una nación, país o estado a medida del imperio y del PNV-UPN debe dejar paso a la de la construcción nacional a medida de ese bloque popular al que le “urge” en cierta medida, edificar una sociedad más justa en medio de una realidad de sufrimiento progresivo debido a los retrocesos de derechos (ganados en el pasado a sangre y fuego) y de avances de las “democracias autoritarias” en el entorno geopolítico vasco.

El nuevo bloque popular tendrá que encauzar el caudal humano generado por años de lucha desde posiciones de contrapoder a posiciones de poder social y político, aspirar a la hegemonía y pasar a la ofensiva. No nos podemos permitir seguir siendo un objeto pasivo receptor del sufrimiento y de las injusticias sociales, debemos transformarnos en sujeto activo, tomar el poder y desplegar nuestras alternativas económico-sociales y políticas sin ningún tipo de complejo. Hay que convertir, de una vez por todas, al bloque popular en fuerza hegemónica.

Al igual que con la lucha antinuclear, las contradicciones y los riesgos van a aparecer inevitablemente. Todo proceso de lucha los tiene, no hay que asustarse por ello, al contrario, deben ser fuente de avance y solidez. Quien busque certidumbres en todo diseño hacia el futuro se equivoca por completo. No la hay.

Con la tragedia de Fukushima regresamos a términos de catástrofe nuclear. Diríamos que el Pueblo trabajador vasco y los sectores populares deben de negarse ya a asumir el papel de los “liquidadores” que se encargan de “salvar al mundo” y de morir por causa de las irracionalidades y ambiciones económicas de las clases dirigentes.

Acabemos con las centrales nucleares que otros en nuestro nombre levantaron y tomemos las riendas del futuro del Pueblo vasco, pasemos a la ofensiva sin perder de vista y mucho menos olvidar a todos aquellos héroes, los verdaderos héroes, que cayeron en la lucha contra el estrago radiactivo, ya sean los bomberos de la Unión Soviética, los liquidadores de Fukushima o los militantes antinucleares de Euskal Herria, porque sabemos con certeza, la historia nos lo confirma, que los enemigos del género humano intentarán impedir, sin renunciar a ningún método, los avances nacionales y sociales de los pueblos que deseen ser verdaderamente libres.

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