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La crisis, los indignados y la izquierda

category iberia | la izquierda | portada author Sunday May 22, 2011 07:04author by Manu Garcíaauthor email lacanadiense1919 at hotmail dot com Report this post to the editors

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El siguiente artículo fue escrito para el periódico irlandés “Workers Solidarity” por Manu García, ponente por el estado español en una mesa redonda sobre la crisis en los países periféricos de la Unión Europea celebrada en Dublín el 14 de mayo.

[Italiano]


La crisis, los indignados y la izquierda


Los organizadores de la reciente Feria del Libro Anarquista de Dublín tuvieron la feliz idea de invitar a un ponente por cada uno de los países de la periferia de la Unión Europea sometidos, con o sin rescate, al plan de choque diseñado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, consistente en recortes masivos del gasto público, privatizaciones y ataques a los derechos y prestaciones de los trabajadores. Una ofensiva en toda regla de los ricos y poderosos para mayor gloria del poder financiero y desgracia de las clases populares.

En mi intervención, como ponente del estado español, aludí a la naturaleza de la crisis y a sus caracteres específicos aquí pero, fundamentalmente, hice hincapié en las respuestas que se estaban desplegando ante ella tanto desde el gobierno como desde la patronal, la oposición derechista, la izquierda y el movimiento obrero y popular. Terminé aludiendo a la más candente actualidad: las manifestaciones contra la privatización de la sanidad y de la educación en Madrid y en Barcelona y la convocatoria del 15-M.

Respuestas ante la crisis

El presidente Zapatero afirmaba, al comenzar su segunda legislatura mientras la crisis asomaba sus orejas, en 2008, que una de las prioridades de su gobierno sería el desarrollo de medidas sociales. Eso no se reflejó en un cambio de rumbo en política económica, sino únicamente en el desarrollo de algunos programas de carácter asistencial y una tímida resistencia a implementar la agresiva agenda promovida desde la patronal, más allá de algunas concesiones y por supuesto del regalo de rigor al sistema financiero. El objetivo del gobierno era mantener la paz social, para lo que contaba con el apoyo del sindicalismo burocrático, que se conformaba con las migajas que le ofrecían desde arriba, en vez de pelear por una salida de la crisis que beneficiara a los de abajo.

Dos años después, en 2010, sin un contrapeso sindical sólido, el gobierno cedía a la presión de la patronal y de los poderes financieros y se lanzaba, con la excusa de la crisis, a aplicar íntegramente el programa económico del gran capital. Un programa que también era y sigue siendo el de la oposición derechista (el Partido Popular) que, desde que perdió las elecciones de 2004, muestra de cara a la opinión pública intransigencia y ataque sistemático contra todo lo emanado del gobierno, dentro de una estrategia de desgaste para retornar lo antes posible al gobierno. Es indudable que el cambio de rumbo del gobierno le beneficia políticamente por cuanto erosiona la base social del Partido Socialista, al aplicar éste una serie de medidas antisociales en las cuales la derecha no ha tenido que mancharse las manos: el PSOE le ha hecho el trabajo sucio. El argumento recurrente de la derecha es echar la culpa a Zapatero (no a su política antisocial, sino a su “incapacidad”) de la crisis y de sus consecuencias.

La crisis de la deuda griega fue el último paso en el sometimiento absoluto del gobierno a las directrices emanadas de los cuarteles generales de los más ricos: en mayo de 2010 presentaba un plan de ajuste por un valor de 15.000 millones, que afectaba sobre todo a los trabajadores públicos, y en junio aprobaba por decreto una reforma laboral instigada por los voceros de la patronal. El sindicalismo burocrático, ligado ideológicamente al PSOE pero presionado desde abajo, se vio forzado a la convocatoria primero de una huelga de trabajadores públicos para el 8 de junio y después de una huelga general para el 29 de septiembre.

Dicha huelga, convocada por la burocracia sindical pero extendida por el compromiso de la izquierda real y el sindicalismo combativo, así como las posteriores iniciativas de lucha unitarias ante los ataques antisociales (como las multitudinarias manifestaciones en defensa de la Sanidad y de la Enseñanza públicas), fueron uno de los factores que apunté en la conferencia de Dublín como revitalizantes del movimiento popular y de la izquierda real, que cuenta en su haber con experiencias importantísimas que han servido como catalizadores del descontento y que son ejemplos de cómo actuar, golpeando juntos a los responsables de la crisis mediante amplias alianzas del sindicalismo combativo con los movimientos sociales: las huelgas del Metro de Madrid, la huelga del transporte público de Barcelona o las ya citadas movilizaciones contra las privatizaciones de la sanidad y de la educación, son tres ejemplos de auténticas expresiones de poder popular, hitos que muestran la necesidad y las inmensas posibilidades que abre la conformación de un polo combativo contra el pacto social y por la superación del vigente marco político y económico.

El movimiento del 15-M y los retos para la izquierda

El hastío frente a las consecuencias de una crisis que no tiene visos de remitir y la percepción de que tanto gobierno como oposición no están haciendo nada para beneficiar a los de abajo y que en lugar de ello están promoviendo recortes y privilegios para los más ricos, han sido el fermento del que han surgido las movilizaciones actuales, protagonizadas por la juventud urbana con estudios universitarios pero en la que están teniendo una presencia importante otros sectores sociales profundamente golpeados por la crisis: parados de larga duración provenientes del sector de la Construcción y derivados, pensionistas, trabajadores tanto del sector público como del privado, estudiantes que ven con preocupación la falta de perspectivas profesionales una vez terminadas sus carreras... Es innegable que la izquierda sindical y social está aportando a las protestas, pese a su relativa falta de concreción programática, un capital político y humano considerable. Está consiguiendo atraer a sus posiciones a un amplio campo al que, por su habitual dispersión organizativa y confinamiento en feudos locales y sectoriales, no conseguía llegar, pero con los que conecta a nivel de las críticas a un sistema inmerso en una crisis, también, de representatividad.

Es preciso señalar que estas movilizaciones se producen en vísperas de unas elecciones parlamentarias locales y, en algunos lugares, regionales, a celebrarse el domingo 22 y que se calibran como termómetro y primer pulso antes de las generales del año próximo. La derecha dura, que las contempla como primer asalto hacia la reconquista del gobierno (vista la debilidad de la izquierda institucional) está reviviendo todos sus fantasmas y se imagina conspiraciones en la sombra para “arrebatarles una vez más el gobierno”. Y es que, aunque parezca mentira, sigue sosteniendo que los atentados del 11-M de 2004 formaban parte de un “complot socialista” para desbancarles en las elecciones de tres días después… No se trata de una posición marginal dentro de sus filas, sino sostenida por algunos de sus principales medios de prensa y creadores de opinión desde entonces hasta hoy. La supuesta alianza “PSOE-ETA” forma parte del mismo hilo argumental, que hemos podido ver en las últimas semanas en las manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo o en la insistencia de periódicos como “El Mundo” en relacionar al Ministerio del Interior con ETA en el llamado “caso Faisán”. No extraña, pues, que no sean capaces de capitalizar políticamente el descontento de la juventud que está en la calle y hagan lecturas delirantes de sus motivos: si en las encuestas de intención de voto aparecen en primer lugar es más por deméritos del adversario que por méritos propios.

Lejos de la febril ensoñación de la derecha, la convocatoria a manifestarse el 15 de mayo tuvo como aperitivo la manifestación con el lema “Juventud Sin Futuro” que tuvo lugar en abril, y se inspiró a su vez por las demandas y los métodos de la “Geração à Rasca” de Portugal, por las protestas en el mundo árabe y por la llamada “revolución islandesa”. No es casual que una de las formas de visibilizar la bronca sea mediante tomas de plazas con un fuerte contenido simbólico. Una vez más se demuestra la importancia del ejemplo como chispa que incendia una pradera ya a punto por el calor de la crisis capitalista.

Este movimiento, a diferencia de otros que se han citado como antecedentes, por su carácter y composición social, tipo movilizaciones contra la guerra de Iraq en 2004 o "V de Vivienda" (protestando por la dificultad de acceso a la vivienda por parte de los jóvenes), va más allá de lo coyuntural y del momento político, porque a diferencia de entonces, la crisis ha llegado para quedarse y está golpeando con bastante dureza a esa juventud altamente cualificada que, a falta de madurez política, experiencia organizativa y dirección, tiene una gran capacidad de movilización y de creación de opinión y como tal y por su número es una fuerza importante que puede pesar no sólo electoralmente, sino también en términos de la correlación de fuerzas entre las clases.

Si desde el campo del sindicalismo combativo y de la izquierda rupturista hacemos un esfuerzo por exponer con claridad y sin aspavientos nuestras propuestas para el cambio social y respetamos los diferentes ritmos organizativos y de concienciación, podemos interesar por nuestros puntos de vista e implicar en los procesos de lucha contra las ofensivas concretas del capital a un amplísimo abanico social que está empezando a despertar políticamente en estos días.

Necesitamos presentarnos como polo combativo, como alternativa factible al statu quo y, para ello, tenemos que desembarazarnos del pesado lastre del sectarismo, del “patriotismo de organización” y de los vicios aislacionistas y presentar un frente unido contra el pacto social y la institucionalización de la política, capaz de ilusionar y de llevar la lucha a un nuevo escenario, de disputa de la hegemonía a las clases dominantes.

No se puede subestimar, ni mucho menos despreciar, a las movilizaciones por no tener un contenido tan claro como nos gustaría, hay que tener en cuenta que surgen prácticamente en el vacío organizativo y político, sin referentes globales sólidos, porque a la incapacidad del sistema para dar respuesta a las necesidades y aspiraciones de sectores sociales cada vez más amplios se le suma la debilidad del polo combativo, por los problemas ya citados, para canalizar el malestar social y el descontento. Hay que trabajar para hacer que converja este movimiento difuso con los procesos de la izquierda sindical y social y con la lucha de clases concreta, no aislarnos de él por considerarlo "impuro" o flor de un día. Está siendo un espacio de politización muy importante para mucha gente, jóvenes sobre todo, que es la primera vez que participan en una movilización social.

El movimiento puede decaer tras el 22-M, pero el malestar entre quienes lo están atizando y simpatizan con él, no. Es importante estar ahí. Llevábamos muchos años esperando este momento, no lo dejemos escapar. Desprendámonos de las anteojeras y pisemos el acelerador.

author by Belga - Frente de Estudiantes Libertarios (Argentina)publication date Sun May 22, 2011 13:22author email das.belge at gmail dot comauthor address author phone Report this post to the editors

¿La izquierda tiene alguna política clara de cara al alto nivel de desocupados/trabajados en paro que forman parte de la juventud?

Por lo que leo en internet, no veo que la izquierda y las organizaciones sindicales combativas busquen estructurar a los desocupados de alguna manera en particular.

Un abrazo enorme,

Belga - FeL (argentina).

author by Manu Garcíapublication date Sun May 22, 2011 20:03author address author phone Report this post to the editors

Estimado compañero, me parece muy importante la cuestión que planteas.

Por el momento no existe, en el estado español, nada similar (por escala, por métodos de lucha y por proyección como actor a nivel estatal) a lo que fue el movimiento de trabajadores desocupados (o "piqueteros", como se les conoció popularmente) de Argentina.

Lo que sí ha habido y sigue habiendo son intentos de organizar a los desempleados ("parados", decimos aquí) a nivel local, impulsados sobre todo por las diversas organizaciones de la izquierda sindical. CNT y CGT se han distinguido especialmente por tratar de aglutinar a los desempleados en torno a reivindicaciones específicas. En las zonas industriales del País Vasco también se han desarrollado experiencias de importancia, y eso a pesar de que su nivel de desempleo es menor que en el resto del estado español, pero el nivel de combatividad y de experiencia es alto.

Uno de los ejemplos más destacados de organización de los parados a nivel local lo tenemos en el pueblo de Lebrija, cercano a Sevilla. Consiguieron paralizar el pueblo durante una jornada de huelga y forzar la creación de una Bolsa de Trabajo para evitar favoritismos y "listas negras".

De momento se trata de iniciativas locales y que suelen tener bastante más éxito y proyección en los pueblos que en las ciudades, donde suelen acabar quedando reducidas a un espacio con presencia únicamente de gente politizada. El intento de organizar a los desempleados por barrios tampoco ha tenido demasiado éxito hasta el momento.

author by Libertariopublication date Thu May 26, 2011 04:54author address author phone Report this post to the editors

Compañero lo felicito por la nota. El seguimiento que podemos hacer del conflicto es muy segmentado, siendo los principales medios de acceso a la información (al menos para quien escribe) aquellos pocos comunicados de la izquierda en su amplio espectro y, por su puesto, los medios burgueses. El caso es que, a diferencia de lo acontecido en el 2001 en Argentina, este es un fenómeno que, de momento, no es expresión de un descontento profundo y esto se ve en la tranquilidad y la mesura que adoptan los manifestantes (digo, en Argentina la situación llevó a que miles de desocupados literalmente hambrientos se vuelquen a las calles o que miles de trabajadores tomen sus puestos de trabajo). Repito, esto es una sensación que me generan las propias fuentes consultadas.
Ahora bien, a que voy con todo este meollo. Leí y vi en algunos vídeos subidos a internet que algunos militantes trotkistas planteaban la necesidad de armar comisiones para ir a discutir con los trabajadores y, por lo que vi de las manifestaciones, el grueso de los manifestantes no parecían ser trabajadores o, por lo menos, no estaban aglutinados como tales sino más bien como ciudadanos. Si bien se que es una primera manifestación popular y me parece que no va a quedar allí, sobre todo porque es un proceso de largo aliento, me interesaría saber cuales son las caracterizaciones que ha hecho el anarquismo y cómo se preparan para ello lxs compañerxs (sobre todo del anarquismo que adhiere a la lucha de clases y entiende que lo central es enfrentar al capital en la disputa por los medios de producción). Al respecto, aquí van mis preguntas:

1) Cuál sería la caracterización de organizaciones anarco-sindicalistas como CGT, CNT o Solidaridad Obrara. Digo, son las organizaciones que conozco, si hay otras me interesaría saber cuales son y que caracterizaciones hacen.

2) Fundamentalmente, cuál es o fue el rol de los anarquistas , sobre todo de aquellos que adhieren a la lucha de clases y, cómo lo anuncié más arriba, cuál es el camino a seguir en esta nueva etapa (sabiendo que gana la derecha el parlamento y que la sociedad esta receptiva a participar y volcarse a las calles)

Desde ya no pretendo que se hagan públicas conjeturas que, por razones de seguridad, no lo ameritan.

Espero haber sido claro en las preguntas,
Saludos libertarios.

author by Manu Garcíapublication date Fri May 27, 2011 00:33author address author phone Report this post to the editors

Gracias por el interés por lo que acontece por acá, trataré de responder de la manera más concisa posible.

En cuanto a la caracterización social y generacional de este movimiento, ya comenté en el artículo cuál era y es la fuerza motriz y la composición mayoritaria: un sector de la juventud urbana y con estudios superiores que busca identificar causas, determinar responsables y encontrar soluciones a la crisis en la que se encuentra sumida, y en esa búsqueda apunta fundamentalmente, pero no sólo, contra la democracia representativa y contra la banca. Sin apenas tradición de lucha, despolitizada, con una tasa de sindicalización cercana a cero y con un consenso social muy amplio en contra del uso de la violencia con fines políticos (y una definición muy amplia de lo que es "violencia") y que reconoce su monopolio para el Estado, su respuesta ha sido limitada. Limitada incluso en términos numéricos, a pesar de lo espectacular de las movilizaciones y de la novedad que suponen por la entrada de ese nuevo actor al escenario social español.

Por esas características del movimiento, es difícil buscarle paralelismos con la Argentina de principios de siglo. Las reformas auspiciadas por el FMI y los poderes financieros aún no han llegado tan lejos, tampoco la pauperización de las clases populares ni la proletarización de las clases medias ni existe una disputa en el bloque en el poder como para provocar un quiebre institucional. Las consecuencias de los recortes antisociales afectan a cada vez más sectores de la población española y avanza crisis de representatividad del sistema político y de los partidos tradicionales, pero por el momento no llega a los niveles necesarios como para provocar un estallido social.

Volviendo al "movimiento 15-M", este suele rechazar (suele, porque se trata de un movimiento de movimientos locales) la presencia en su seno de partidos o sindicatos en cuanto tales, pero muchas personas de CNT, CGT y Solidaridad Obrera están participando activamente en él a título individual. Dichas organizaciones se han pronunciado considerándolo un fenómeno positivo y animando a profundizar en sus contenidos de clase y en sus críticas al sistema político actual, puedes ver sus opiniones en este mismo sitio o en sus páginas web.

Las recientes elecciones han sido municipales y en la mayoría de parlamentos regionales, pero no parlamentarias a nivel estatal (que si no se adelantan serán dentro de un año). La derecha ha recogido los frutos del desgaste del gobierno por la crisis y de una agresiva y omnipresente campaña mediática a través de su amplio dominio de los medios para la creación de opinión pública. Lo significativo es que apenas ha crecido porcentualmente su voto, más bien se ha tratado de un descalabro del PSOE y una huida del electorado de éste a otras opciones: la abstención, Izquierda Unida (aunque levemente), Unión Progreso y Democracia (que tiene en el ataque a los nacionalismos periféricos y en la defensa del nacionalismo español su mayor baza) y otras formaciones a nivel local y regional. En ese último aspecto, lo más preocupante es el avance de la ultraderecha en el anteriormente llamado "cinturón rojo" de Barcelona, en su periferia industrial, gracias a su discurso xenófobo. Y una vez más se ha demostrado que la corrupción apenas desgasta electoralmente a la derecha pero que castiga muy duramente a opciones presentadas como izquierda, a las que su electorado exige un elevado nivel de transparencia. Los casos de Andalucía, de Valencia o de Madrid así lo atestiguan.

El camino para los libertarios pasa por clarificar su programa concreto para los problemas de aquí y ahora y por establecer claramente sus tareas y prioridades y en ese sentido privilegiar el fortalecimiento de sindicatos resolutivos y con carácter de masas y el impulso activo, junto a otras fuerzas políticas (sería suicida regodearse en el sectarismo o en la autocomplacencia), en la creación de un polo sindical y social combativo de carácter unitario, capaz de presentarse ante las clases populares como defensor de sus intereses y ante las capas medias como una alternativa real de poder. Se trataría de acumular fuerzas para dar la batalla contra las reformas antisociales y los ataques del gran capital y avanzar en los niveles de lucha, de conciencia y organizativos de las clases populares, que hoy por hoy siguen siendo escasos fuera de algunos bastiones territoriales y/o sectoriales de una izquierda aún muy fragmentada y desorientada. Si los libertarios no somos capaces de contribuir a la cohesión de los que luchan y a la elevación de su comprensión política mediante el ejemplo y el debate respetuoso, seguiremos siendo (independientemente de la fuerza numérica que consigamos alcanzar) un factor de poco peso, y desde luego no determinante, en la vida política española.

 
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