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Los hechos de la Anarquía (1921)

category asia oriental | historia del anarquismo | opinión / análisis author Thursday October 21, 2010 06:51author by Itô Noe Report this post to the editors

Traducción y Notas: José Antonio Gutiérrez D.

Itô Noe (1895-1923) fue una destacada anarquista y feminista japonesa, de padres terratenientes, quien aparte de ser una prolífica escritora y pensadora, fue una gran traductora. Casada por un matrimonio arreglado a muy temprana edad, llegó a Tokio en 1909 para estudiar y escapar de esta relación. Conoció así al anarquista individualista Jun Tsuji, su profesor de inglés, con quien se casó al poco tiempo en 1912, terminando su matrimonio anterior e iniciando una nueva vida intelectual y política. En esa época comenzó a acercarse a la publicación cultural feminista Seitô, de la cual sería editora entre 1915-1916. En esa época conoce al anarquista Ôsugi Sakae, con quien entra en una relación de amor libre, la cual no fue aprobada por muchos de sus camaradas libertarios. Con él funda, en 1919, Rôdo Undô (Movimiento Obrero), publicación anarcosindicalista de gran influencia en el movimiento libertario nipón. Posteriormente participa en la fundación del grupo socialista feminista Sekirankai en 1921. En Septiembre de 1923, poco después de nacer su séptimo hijo, se produjo el gran terremoto de Kantô, en el que murieron más de 100.000 personas. Las autoridades culparon a los "indeseables" de saqueos, incendios y desmanes, y las masas confundidas salieron a linchar a inmigrantes y radicales. Más de 6.000 inmigrantes chinos y coreanos fueron asesinados, junto a cientos de militantes socialistas. En medio de esa confusión, Itô Noe, Ôsugi Sakae y su sobrino de siete años, Tachebana Munekazu, fueron arrestados por la policía política y luego asesinados a sangre fría, mediante golpes y estrangulamiento.Sus cuerpos fueron encontrados varios días, descompuestos, en un pozo.

El siguiente artículo apareció en Rôdo Undô, en 1921, y en él se discute la vida aldeana rural japonesa como un modelo de comunismo libertario en la práctica. Este artículo, que idealiza la vida rural, es parte de una tendencia muy difundida posteriormente entre los anarquistas comunistas japoneses, que se inspiraba en cierta medida en algunas ideas de Kropotkin, imaginándose aldeas agrarias autogestionarias al margen de la modernización. Su utopismo rural no era, sin embargo, tan extremo, pues para Itô esto era un ejemplo de cómo la sociedad anarquista podría funcionar, pero ella no rechazaba al movimiento obrero ni la idea de modernidad como harían ciertos sectores extremistas más tarde, siendo siempre una firme partidaria del anarcosindicalismo hasta su temprana muerte.

Este artículo fue parcialmente publicado en la excelente antología de artículos anarquistas “Anarchism –a documentary history of libertarian ideas” (volumen 1) de Robert Graham (Black Rose Books, Montreal, 2005). Agradezco a Robert Graham el facilitarme la versión completa de éste, el cual había sido originalmente traducida del japonés por Yoshiharu Hashimoto.
Itô Noe en 1917
Itô Noe en 1917


Los hechos de la Anarquía
(1921)

Hemos escuchado frecuentemente, de manera abusiva, que el ideal anarquista comunista es una fantasía irrealizable. Todo el mundo parece aferrarse a la creencia supersticiosa de que la autonomía no puede alcanzarse sin el apoyo de un gobierno central. En particular, hay ciertos socialistas, que deberían tener sus ideas más claras que otra clase de intelectuales, que menosprecian a los “soñadores” anarquistas. Sin embargo, yo he constatado que esto no es un sueño, sino que elementos de la anarquía ya han sido logrados en las aldeas autónomas heredadas de nuestros ancestros. En algunas localidades remotas, en donde no existe la llamada “cultura”, he descubierto la ayuda mutua pura y simple y una vida social basada en el común acuerdo. Es completamente diferente de la “administración” de los gobiernos centrales, siendo en realidad organizaciones de apoyo mutuo generados por la necesidad y que existen en paralelo de los gobiernos oficiales, desde épocas anteriores a la existencia de “órganos de gobierno”.

Ahora quiero describir los hechos de los que yo he sido testigo personalmente en mi aldea nativa y algunas ideas que he desarrollado en base a mis impresiones.

No me atrevo a afirmar que este caso particular sea exactamente lo que ocurre en el resto del país, pues carezco de suficiente información, pero me fío de fuentes fiables para creer que no estamos ante un caso único o excepcional. Estas prácticas que describiré se desarrollan por parte de los campesinos ante la adversidad y la necesidad, en cualquier lugar o circunstancia. Y es en ellos en donde se entreteje nuestro ideal, que aspira a la vida plena.

Mi aldea nativa se encuentra ubicada a 3 ris (unas 3,72 millas) de la ciudad de Fukuoka en la isla de Kyushu. Es la aldea ubicada al margen del sendero rural que va de Fukuoka a la ciudad imperial de Karatsu. El distrito de la aldea de mi padre, cuando no había carretera, contaba solamente con un puerto para el transporte. Sin embargo, ahora ya no quedan huellas de la prosperidad de antaño, convirtiéndose en un pueblo fantasma de gente empobrecida, que sobrevive en parte gracias al comercio, en parte gracias a la agricultura. Este distrito se le conoce popularmente como “Matsubara”. Allá existen entre sesenta o setenta casas, divididas en seis pequeñas asociaciones, y estas seis asociaciones se federan entre sí según lo requiera la ocasión. Es decir, el distrito se compone de la federación de seis asociaciones. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, esta federación no se encuentra activa. Lo que en verdad y de manera directa es más necesario para el campesino es su asociación. Una asociación consiste de 12, 13, 14 ó 15 casas, que ocupan un determinado espacio desde tiempos ancestrales. Como la federación, solamente entra en actividad cuando se le necesita. No hay ni cadena de mando ni capitanes. El espíritu de las asociaciones, heredado de los ancestros, es “la asistencia recíproca en los momentos difíciles”.

En ausencia de dificultades, los miembros de la asociación no tienen mayores tareas que realizar. Pero cuando se le necesita o sucede algo, la asociación entra en actividad. Como no son muchas casas y todas se encuentran cerca, si alguien está en una emergencia, todos podrán ayudarle. Todos los campesinos acuden al llamado de emergencia, abandonando lo que estaban haciendo. O llaman a una reunión inmediatamente si se requiere. Su lugar de reunión es a las puertas de una casa, en un galpón de pie, al lado del campo donde los hombres trabajan o en la habitación de alguno de sus miembros. En todos esos espacios se juntan y hablan de sus asuntos. Cuando ocurren estas reuniones, nadie escucha de brazos cruzados: todo el mundo dice abiertamente lo que piensa, todo el mundo acepta las opiniones de los otros, y todo el mundo explica sus argumentos. Hay quienes no hablan en las asambleas oficiales, pero todos dicen algo en las reuniones. No existe una atmósfera intimidatoria que inhiba a nadie a expresar sus opiniones ante los demás. De hecho, no existe la discriminación, sea una autoridad local o sea un jornalero, el uno no vale más que el otro según lo que hace. No existe ni la altanería ni la humildad. De acuerdo con sus tradiciones, se respeta a los ancianos y el prestigio de la familia, lo cual no obstruye para nada estas reuniones.

¿Cómo se toman las decisiones? Colectivamente. En general, si es una cuestión de orden práctico o basado en cuestiones evidentes, más aún cuando todos ya han entregado su opinión y conocimientos, se tomarás las decisiones de manera espontánea. Por ejemplo, si existe una disputa familiar, los miembros de la asociación buscan su reconciliación, pero habrá diferentes opiniones de los miembros respecto de la familia y por lo mismo será un tema complejo establecer la verdad de los hechos. En esos casos, pueden discutir francamente por varias tardes. Habiendo recogido muchas opiniones y habiéndolas sintetizado, buscan un compromiso para saldar la disputa. Sin embargo, si hay alguien que argumenta de manera poco razonable o convincente, se le hace una pregunta sobre el particular, y si no puede responder con ella, se le denuncia abiertamente.

Cuando una persona enferma debe reposar en cama, esto se comunica a la asociación. Sus miembros se apresurarán a ir a la casa de esta persona. Alguien contactará al médico, otros llevarán la noticia a sus familiares; algunos llevan los recados, otros le atienden gentilmente. Durante varios días, dos o tres miembros de la asociación hacen turnos para cuidarle por las noches; esto puede durar una semana o hasta diez días dependiendo de la gravedad del enfermo. Si alguien muere, se les comunica a los familiares, aún así vivan a una distancia de 10 ris (24 millas). Los servicios fúnebres, tales como el velorio, cavar la tumba, cargar el ataúd, adornar la ceremonia, preparar los alimentos para los dolientes, son completamente realizados por los miembros de la asociación.

En casos de partos, se reúnen las mujeres de la asociación. Ellas se ocupan de todo hasta que la madre puede volver a ponerse en pie. Todo lo demás, cuando sea que se necesite ayuda, la asociación la otorga sin cuestionamientos. Por supuesto, siempre existen dos o tres familias que no se llevan bien con el resto. En lo relativo a la ayuda a esas familias, aún cuando los miembros hablen mal de ellos o se quejen, jamás les negarían su ayuda, pues ellos distinguen entre su trabajo como asociación y sus antipatías personales.

Hay pocos fondos en la asociación, pero cuando sea que hay dinero, las cuentas se realizan públicamente. A veces, los miembros organizan una reunión de convivencia. Se hace, por lo general, en una casa, con contribuciones en arroz y especias que se proveen de antemano. Se hace una vez por año, y la fiesta puede durar por 2, 3, 4 y hasta 5 días. En este caso, pareciera una cuestión muy problemática hacerse cargo del orden y la limpieza con posterioridad, pero en realidad esto se resuelve armoniosamente. Cuando los fondos escasean, buscan maneras de compensarlo. Si sobran fondos, los miembros lo gastan inmediatamente o alguien se hace cargo de ellos hasta la próxima ocasión.

Cuando se bebe sake [1] en exceso, a veces se pueden terminar gastando más fondos que los que existían. En esos casos, los bebedores deben compensar, como manera de disculparse, a aquellas personas que no bebieron. Pero por regla este ofrecimiento no es aceptado. El caso es que los bebedores de sake comieron menos que los no bebedores, quienes degustaron los mejores platos, así que todos están compensados al final.

Los gastos de los funerales, de los inválidos, de los partos y de los matrimonios son asumidos por la asociación. Ella mantiene un cuidadoso registro de los gastos. Los examinan con atención y una vez que lo han verificado, conciertan con la familia en cuestión. Así se realiza el trabajo de la asociación, sea cual sea la tarea. Las tareas administrativas son compartidas por los miembros. Si las tareas particulares son de largo aliento, se acuerdan turnos para que no haya inconvenientes. La responsabilidad de cada miembro en la asociación no se fuerza mediante la coerción. Cada cual desarrolla su rol, durante su turno correspondiente, de acuerdo a los dictados de su conciencia, sin molestar a nadie. No hay necesidad de órdenes ni de supervisores.

Tareas como el patrullaje contra incendios, observar las festividades y resguardar los santuarios, son tareas hechas con la consulta y la participación de las 6 asociaciones del distrito de la aldea. En estos casos, dos o tres miembros se convierten en delegados. En cuanto la consulta se realiza, se da a conocer el acuerdo. Si éste no es alcanzado, entonces se consulta la opinión de otros miembros y se vuelve a convocar otra reunión. Luego de que se logra un acuerdo y que comienzan los trabajos, la asociación da paso a la federación. La célula básica de la federación no son las asociaciones, sino los hogares individuales.

Supongamos que se acuerda que el patrullaje para prevenir incendios será realizado mediante turnos. No tiene sentido que esta tarea sea asumida por las asociaciones, y la consulta implica que el conjunto de los miembros del distrito de la aldea asumen la tarea. Entonces, los delegados acuerdan la duración de los turnos. ¿Cuántos hogares se reunirán para realizar esta tarea y cómo patrullarán las calles? ¿Comenzarán su patrullaje desde el norte hacia el sur, o desde el este al oeste de la aldea? Así se acuerdan los detalles del patrullaje. Si se ha resuelto, por ejemplo, que el patrullaje lo realizarán tres hogares, tres veces por noche, desde el oeste en el lado norte de la aldea, es alguien de esos tres hogares que se encarga de patrullar golpeando un tambor o un Hiyoshigi (especie de castañuela de madera, que se golpea con ambas manos como platillos) durante la primera noche. A la noche siguiente, entregará el tambor, o el Hiyoshigi y una antorcha de papel a otro delegado de esos tres hogares. Así realizan su trabajo según turnos, tal cual lo habían acordado.

Siempre es un problema conseguir fondos para mantener al santuario. Por ello, se juntan fondos de antemano. Todos los días hacen circular una caja con un cuaderno en el cual se hace una donación de 3 ó 5 sens (una escasa suma de dinero) por parte de cada familia, y luego se anota el nombre y la donación en el cuaderno. Así circula la caja de vecindario en vecindario, para reunir los fondos necesarios.

Supongamos ahora que los niños tengan problemas para ir a la escuela debido a los malos caminos. Las madres se quejan. Luego de hacer una petición, en un par de días alguien se pone manos a la obra. Entonces, los otros comienzan a reparar las secciones del camino próximas a sus casas, pues el camino es común y es una vergüenza ver a otros trabajar y uno no hacer su parte. Así se arregla todo el camino. De hecho, casi todo se soluciona de esta manera armoniosa. La asociación se encarga de casi todo, pero cuando se requiere de más cooperación, las 6 asociaciones se disuelven para unificar al distrito de la aldea. Como hemos visto las funciones de la asociación y conocemos su grado de autonomía, nos podemos preguntar ¿qué hace el municipio de la aldea? Hasta ese momento, la autonomía y el gobierno son asuntos separados. Los miembros interesados en las consultas de la asociación y en los asuntos domésticos, no prestan atención a quienes quieren ser candidatos a funcionarios u ocupar cargos municipales. La mayoría justifica el cargo de funcionario municipal para asignarles tareas como la recolección de impuestos, registro civil y tareas relativas a la escuela.

La policía parece algo superfluo para la organización. Las disputas de sus miembros o entre las familias se resuelven a través de las asociaciones Aún a los ladrones, sean locales o afuerinos, se les trata con discreción, sin que la policía se entere. Recientemente, ocurrió un incidente. Una pareja de una determinada familia robó algo. La víctima tiene pruebas irrefutables y conocimientos previos. La familia que ha sido víctima, llamó a la pareja y les regañó. Ya que tanto los ladrones como sus víctimas pertenecían a la misma asociación, el resto de los miembros fueron convocados también. Antes, ya se había seguido a esa familia, comprobándose su conducta. Como la pareja de ladrones se disculpó de manera sincera, tanto las víctimas como los ladrones acuerdan un arreglo y se anuncia la expulsión de la pareja de la asamblea si vuelven a cometer un crimen. Si tengo que describir brevemente la lógica de este procedimiento, sería de la siguiente manera “Sin dudas que el robo es algo malo, pero ¿qué sería de ellos si se les enviara a la prisión? Ellos también tienen hijos y familiares. Debemos, por consiguiente, considerar su dolor y sus dificultades. Es más, ellos están concientes de lo bochornoso de su situación, ya que se han disculpado ante la asamblea. Mientras ellos quieran vivir en el distrito de la aldea, ellos no cometerán otro crimen por miedo a la expulsión. Y todo el resto estaremos vigilantes para que no vuelvan a robar, pues ya estamos advertidos de sus malos hábitos. Eso prevendrá otra vez que esto suceda”.

Cuando alguien recibe este castigo, ellos observan distancia y nadie osa decirles nada que les recuerde su error previo. Esto está en sintonía con la forma de ser de los campesinos. Esta historia es luego conocida por todos los vecinos, pero la policía no se entera de nada. Nadie dice nada, para evitar que se impongan otro tipo de castigos. Si alguien habla, los vecinos tomarán las precauciones debidas. Me parece ser efecto de una disciplina nacida de un espíritu realmente autónomo, que la gente se disponga a mantener la paz en la aldea en contra de los funcionarios, prestos a imponer la infelicidad a los demás desde tiempos inmemoriales.

La expulsión del lugar nativo, el aislamiento, es el último recurso al que se llega en la asociación. Cuando alguien es expulsado de una asociación, ya no puede participar de otras. Quedarse, así, afuera de la asociación es algo inusual. Esta noticia viaja rápidamente por el pueblo. Cuando alguien recibe este castigo máximo, nadie osa asociarse con ellos. Así deben abandonar su hogar nativo. Por eso, ellos piensan mucho sobre la gravedad de este castigo y no lo imponen a nadie, a menos que sus actos ya sean intolerables. Hasta donde sé, no tengo conocimiento de que este castigo haya sido impuesto a familia alguna. En consecuencia, solamente se impone en circunstancias excepcionales, con lo cual se vuelve un medio muy eficaz.

En realidad, resulta imposible vivir por fuera de la asociación en el campo. Quien sea que esté bajo su protección, jamás pasará dificultades aún cuando no tenga nada de dinero, ni aún cuando se trata de los muertos. Es fácil enfrentar al presente sin preocuparse del futuro, porque la asociación te ayudará con las dificultades. Es absolutamente necesario contar con el apoyo de la asociación. Especialmente si se es pobre, se necesita de su protección, pues son ellos quienes sufren de más inconvenientes que los ricos. De principio a fin, mientras duren los inconvenientes, la asociación estará con quien los padezca.

Hasta ahora, no había logrado comprender el apego de los campesinos a sus vidas triviales en la aldea. Los hombres que en algún momento están resueltos a abandonarla, tarde o temprano vuelven. Me sorprende que aún muchachos que vienen a la ciudad y se vuelven comerciantes, retornan a la aldea, a vivir la pobre y monótona vida rural. Pero habiendo estudiado las funciones de las asociaciones, ahora entiendo por qué esto es así. El egoísmo de la vida urbana es intolerable a quienes estén acostumbrados a la vida aldeana. Aún cuando no sea posible otro destino que la pobreza, es mucho mejor practicar el apoyo mutuo bajo la protección de la asociación.

Itô Noe
(Rôdo Undô, 1921)
Traducción y Notas: José Antonio Gutiérrez D.


[1] Sake, licor japonés hecho de arroz fermentado.

Itô Noe, Ôsugi Sakae y la hija "consentida" de ambos, Mako.
Itô Noe, Ôsugi Sakae y la hija "consentida" de ambos, Mako.

Primer ejemplar de Seitô, Septiembre de 1911
Primer ejemplar de Seitô, Septiembre de 1911

Itô Noe en 1911
Itô Noe en 1911

author by Eleuterómano - Anarquismo en PDFpublication date Sat Aug 25, 2018 05:16Report this post to the editors

Salud, ¿podrías facilitarme el texto en ingles?

 

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