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Características de la Revolución Latinoamericána

category internacional | la izquierda | opinión / análisis author Friday August 20, 2010 08:53author by Abraham Guillén Report this post to the editors

ESPACIO, EJÉRCITO, GUERRILLA Y POBLACIÓN

Segundo capítulo de Abraham Guillén "Desafío al Pentagono: guerrilla latinoamericana".
Se puede ver el primer capítulo: http://www.anarkismo.net/article/15943
y el tercero: http://anarkismo.net/article/17352

Digitalización: Leopardo Mera
Abraham Guillén
Abraham Guillén


La guerra revolucionaria es un acto de violencia política, cuando los fines políticos de las clases o de los pueblos no pueden ser conseguidos por la vía pacífica, ya sea ante un gobierno indígena opresor y represor, o frente a la presencia de un invasor, que hace la política exterior por medio de la guerra. Pudiera suceder, y es frecuente en nuestra época, que el gobierno indígena y el invasor imperialista guerrearan juntos contra el pueblo, como ocurre en la guerra de Viet-Nam. Tal conjución de las oligarquias nativas y de las plutocracias imperialistas, constituyendo un binomio reaccionario contra el pueblo, sería una de las características políticas de la guerra revolucionaria en América Latina.

Las “guerras coloniales”, las “guerras nacionales”, las “guerras imperialistas clásicas”, han cambiado en el curso histórico del mundo capitalista. Las guerras de otro tiempo, eran conflictos armados menos cruentos que los de nuestro tiempo, ya que los contendientes se proponían la consecución de fines políticos limitados: el vencedor cambiaba el modo de producción, la religión imperante, la forma de Estado, la estructura de clases, las formas de la propiedad, etc. En Viet-Nam, por ejemplo, si la victoria es total, para uno de los bandos contendientes, cambiaría, tratándose de un triunfo popuñar, el orden de clases, la propiedad privada, las relaciones sociales, la política interna y externa, el régimen capitalista, por una sociedad socialista. Consecuentemente, la guerra revolucionaria es una guerra total: pueblo y ejército están juntos en todas partes contra la reacción interior y contra el invasor extranjero, en una lucha sin cuartel, que exige la más alta tensión política.

Las guerras capitalistas se proponían como objetivo esencial la batalla decisiva, la conqista del territorio contrario, la derrota y el desarme del enemigo, para llevarlo a la mesa de negociaciones de paz, a fin de hacerle firmar un tratado, en virtud del cual el vencedor explotaría, financiera, comercial y económicamente, a la nación vencida; pero sin cambair el régimen tradicional de producción, las clases sociales y aun la forma del Estado. Tal ha sido la política colonial o neo-colonial de los paises imperialistas, desde los Faraones hasta Tio Sam, e incluso hasta Brejnev, luego de la invasión a Checoslovaquia por las tropas soviéticas y de sus “satélites” del Pacto de Varsovia.

La guerra revolucionaria, por el contrario, no se propone ser decidida por las armas, ni mediante grandes batallas, ni entrando en territorio extranjero, sino atrayendo a territorio propio (donde haya población favorable) al invasor o al represor del pueblo, para ser ahi vencido, agotado y desmoralizado, en una guerra de usura prolongada, de muchas y pequeñas batallas, para que los factores políticos y los morales decidan más la victoria que las armas pesadas y las grandes unidades acorazadas. En la guerra revolucionaria el hombre es superior a la técnica.

LATINOAMÉRICA: ANÁLISIS ESTRATÉGICO



En la filosofia de la guerra, hay leyes estratégicas generales permanentes y leyes específicas, que están en función del espacio, el tiempo, la distribución (rural o urbana) de la población, los armamentos en boga y la sociologúa de la guerra (lucha de clases, conflictos entre naciones, etc.). Si la guerra es entre países (o bloques de países) por la conquista de esferas de influencia, pero sin cambiar el modo de producción, la forma de propiedad y las clases por el bando vencedor, entonces ella será fácilmente negociada; pero si la guerra fuera entre clases rivales, bajo formas de guerra revolucionaria, es así una guerra a muerte, ya que el vencedor sería implacable contra el vencido, como Craso contra Espartaco o Franco contra los republicandos españoles, etc.

En función de la política, la economía y la sociología, la guerra es total o limitada. Si los dos bandos contrarios de una guerra tienen casi la misma cantidad de fuerzas o de poderio económico, la campaña será hecha con formaciones regulares de fren contínuo, o sobre la base de grandes batallas, en que la finalidad estratégica consiste en ocupar el espacio del adversario. Pero si, en la guerra un bando tiene mucho poder económico, bélico y humano, y otro no tuviera casi nada, el ejército más débil tendrá que prácticar la estrategia de ceder espacio como Fabio el Temporizador contra Anibal, para ser así más fuerte en función del tiempo, lo que conducirá a la estrategia de duración, a la guerra de guerrillas, en el sector de menor poderío bélico. En la época contemporánea este tipo de guerra guerrillera ha sido practicada por Mao Tse Tung contra Chiang Kaj Chek (China), Giap contra Navarro (Viet-Nam del Norte), la guerrilla argelina contra el ejército francés, Fidel contra Batista, el Frente de Liberación Nacional contra el ejército norteamericano (Viet-Nam del Sur, etc.), etc.

Dada la topografía, la economía, la sociología y la política, la estrategia de la guerra revolucioaria en Latinoamérica, tendría, entre otras, las siguientes características:

I. - UN VASTO ESPACIO NEO-COLONIAL



Hay, en latinoamérica, 22 millones de kilómetros cuadrados para una población de 260 millones de habitantes en 1968; pero de ella un 40% es analfabeta, lo cual evidencia su bajo nivel de desarrollo cultural. Frente a un poderoso enemigo externo e interno, como sucede en la guerra de Viet-Nam, las masas populares insurreccionadas latinoamericanas pueden vencer cediendo espacio y prolongando la guerra en el tiempo, con más posibilidades de éxito en Latinoamérica que en Indochina, para vencer a los generales del Pentágono.

Por consiguiente, la primera característica de la guerra revolucionaria en América Latina reside en que cediendo espacio se puede prolongar la guerra revolucionaria, contra los ejércitos cipayos y las fuerzas imperialistas que los apoyen. Si una guerrilla cuenta con espacio grande para atacar por todas partes, sin estar con frente fijo en ninguna, vencerá a los más poderosos ejércitos, siempre que en función del tiempo ella vaya ganando población favorable, en razón de su política, de su frente de clases oprimidas contra la dictadura de las clases opresoras: apoyadas en el militarismo y el imperialismo, como sucede en América Latina.

La noción de guerra en superficie es más científica que la guerra de guerrillas como forma estratégica insurreccional del pueblo en armas contra sus opresores de dentro y fuera de sus fronteras. Guerra en superficie significa estratégicamente, que es distinta de la guerra de línea contínua, o de formaciones regulares, propia de la lucha armada entre naciones o bloques de naciones. La guerra de línea tiene poca extensión: apenas unos kilómetros entre dos ejércitos combatientes, con sus respectivas líneas avanzadas, de sostenes y principal de resistencia. La guerra en superficie es en todas partes y en ninguna con frente fijo, lo cual permite al guerrillero aparecer y desaparecer, si bien al covnertirse la guerrilla popular en ejército de liberación, (sin por eso desaparecer, ella, en retaguardia enemiga), la guerra revolucionaria toma forma de “piel de leopardo”, en muchas zonas guerrilleras liberadas; de tal suerte que el enemigo no pueda, a la vez, aplastarlas a todas, o que si ocupara algunas estas reaparezcan en otras partes, como si fueran cabezas de la Hidra de Lerna.

El vasto espacio latinoamericano tiene zonas geo-estratégicas formidables: una larga y alta cordillera andina, que pudiera ser la Sierra Mestra de liberación, como dijera Fidel Castro; unas cuencas hidrográficas enormes como el Orinoco, el Magdalena, el Cauca, el San Francisco y el Plata; unas extensas zonas de bosques que cubren el 44% de la superficie latinoamericana (donde guerrilleros rurales y de montaña pueden aniquilar, cediendo terreno y ganando población campesina, al más poderoso ejército regular contra-revolucionario); unas ciudades populosas de gran civilización industria, (donde las guerrillas urbanas pueden y deben toamr al enemigo por al espalda, cuando éste haya sido batido parcialmente en selvas, campos y montañas, por la guerrilla rural). Estratégicamente, la guerrilla, en función del terreno, debe cambiar sus tácticas; la lucha de campo (sin bosques ni montaña) es propia de guerrillas nocturnas, que combaten y trabajan; la guerrilla, en bosque y montaña, es permanente: puede prosperar y ampliarse en zonas liberadas, sobre todo de alta montaña, tupida de bosque; la guerrilla urbana agita, combate y da cobertura a las masas, pero no libera las ciudades hasta que no haya peligro de que el enemigo pueda cercarlas, bombardearlas y aniquilarlas; en todos estos casos, se trata de ser flexible con el terreno, sin aferrarse a su defensa; lo importante no es defender el espacio, sino destruir al enemigo para armarse a expensas de su intendencia.

II. - EL EJÉRCITO ENEMIGO


A lo largo de muchos años de guerrilla en Colombia, Guatemala, Venezuela y otros países, se evidencia que el ejército enemigo es poderoso y la guerrilla, muy débil. La correlación de fuerzas en presencia, cuanto más desproporcionada sea, tanto más larga hará la guerra revolucionaria, hasta que lo grande, por su dialéctica devenga chico y lo chico grande, transformándose así cada polo de la contradicción en su contrario, por su ley interna de desarrollo desigual; es decir, la guerrilla se convierte en ejército de liberación y el ejército reaccionario en fuerzas dispersas, desmoralizadas, abatidas, incapaces de asegurar el orden burgués.

Como el imperialismo tiene fuertes inversiones de capitales en América Latina, monopoliza mercados, fuentes de amterias primas y energía, y su geografía estratégica, es evdente que en una guerra revolucionaria(en que el pueblo amenace cambair el orden de clases, la propiedad privada por la colectiva y el capitalismo por el socialismo), vendrá así la intervención imperialista, como en Santo Domingo, en 1965. Actualmente, hay “boinas verdes” norteamericanas en casi todos los ejércitos latinoamericanos, para prepararlos no en defensa de su soberanía nacional (ya liquidada por el imperialismo económico), sino como fuerzas de choque contra huelgas generales, manifestaciones estudiantiles y guerrillas rurales y urbanas. Este plan represivo lo cumplen lo “boians verdes”, según los modelos de guerra contra-revolucionaria estudida en la Escuela de Panamá, bajo la dirección del Pentágono, que defiende así, en Latinoamérica, las inversiones de Wall Street.

Así, pues, la segunda característica general de la guerra revolucionaria latinoamericana es que los ejércitos nacionales son reaccioanrios y su plan operacional está dirigido por el Pentágono, para reprimir a sus propios países como policía cipaya. Tanto es así que los armamentos arrendados por el Epntágono (buques de guerra, etc.) no pueden ser empleados contra los yanquis ni contra cualquier país aliado de ellos (que son todos los países latinoamericanos). Consecuentemente, los ejércitos latinoamericanos se comportan como enemigos del pueblo trabajador; pero si la coalición popular insurreccional llegara hasta los católicos revolucionarios, entonces los cuadros medios y bajos de los ejércitos indígenas serían permeables ala deserción y desmoralización.

Hay mucha debilidad política enlos ejércitos cipayos: algunos de sus cuadros superiores se han consitituido en despretigiados personajes de “relaciones públicas”, “influyentes” y “lata jerarquías”, al servicio de empresas extranjeras. La guerrilla debe denunciarlos, en su prensa clandestina, con sus nombres y apellidos, para separar asi políticamente a la cima del ejército reaccionario de su base popular (soldados, suboficiales y oficiales de extracción plebeya).

Por la unidad en una patria grande latinoamericana, la abolición de los monopolios extranjeros, la creación de una gran industria continental y la supresión de los latifundios, muchos militares estarán al lado de la causa popular. Pues si el imperialismo sigue avanzando económicamente, tras de sus empresas monopolistas vendrán empleados y jerarquías hablando inglés, hasta que el castellano quede como idioma subdesarrollado y América Latina como un espacio colonial del dólar. Esta perspectica decadentese covnertiría en realdiad, antes del año 2000, si las provincias unidas latinoamericanas no echan antes, al imperialismo, al feudalismo y al cipayismo, responsable conjuntos de la neo-colonización latinoamericana, en la política, la economía, la diplomacia, la estrategia y las finanzas.

Hay muchos militares honestos que como Caamaño, Ton Sosa y otros han abrazado la causa popular; hay que introducir una cuña política y psicológica entre las altas jerarquías militares y las bajas; es preciso que el cristianismo desaburguesado, el socialismo, el sindicalismo, la intelectualidad, los estudiantes, los campesinos y la clase media proletarizada, marchen en el mismo frente con el 80% del pueblo a favor de la guerrilla revolucionaria; dirigida contra el militarismo cipayo, el feudalismo residual y el imperialismo económico: Aislados del cristianismo, de las clases medias, de los campesinos, de los obreros, de los intelectuales y de los estudiantes. Con esa estrategia política, cristalizada en un frente unido de liberación, al guerrilla chica puede vencer asi al militarismo cipayo y al imperialismo del Pentágono, como David venció a Goliat.

III. - LA GUERRILLA


Frente a un ejército reaccionario nacional, que sería apoyado por el imperialismo con su guerra tridimensional de marina, aeronáutica y ejército, la guerrilla, que se lance a la liberación latinoamericana, tendrá que equivocarse poco, operando siempre con una estrategia brillante, con amplia base de población favorable, como Fidel Castro en Sierra Maestra. En países con dictaduras militares odiosas, la guerrilla debe partir de consignas y actos que reivindiquen todas las libertades y los derechos transgredidos, para presentarse así políticamente como brazo armado del pueblo, de los campesinos, de los obreros, estudiantes, clases medias liberales y de la burguesía democrática (que no quieren dictaduras).

Sólo cuando una minoria armada actúa en interés de la mayoria oprimida, puede aspirar a que la guerrilla, con el apoyo de la mayoria de la población, se convierta en ejército de liberación triunfante.

Una guerrilla chica podrá transformarse en ejército grande, siempre que se empleada para derrocar una tiranía odiada, un despotismo que haya suprimido las más elementales libertades burguesas; pero la política de la guerrilla no deberá ser sectaria, dogmática o intolerante, sino flexible, de estilo nuevo, no semantizada de ningún ismo, operando políticamente en nombre del interés general a fin de ganar toda la población oprimida. Estas situaciones políticas se presentan óptimamente en America Latina, dodne se han puesto ahora de moda las dictaduras militares, que quieren ahcer pagar la crisis económica a los obreros, campesinos, las clases medias, los estudiantes y las burguesías nacionales descapitalizadas, a fin de que el capital extranjero pueda ser invertido, sin riesgos de inflación ni de agitación social.

Frente a un gran ejército cipayo, puede triunfar una guerrilla libertadora si actúa siempre en función de ganar población favorable con sus actos de proapganda armada, dando cobertura a huelgas, manifestaciones, ocupaciones de fábricas y tierras; protestascontra la tiranía indígena y el imperialismo; pero tendrá que actuar estratégicamente la guerrilla, no en el lugar mismo donde se produzcan esos hechos sino más bien lejso de ellos, ofensivamente, donde el enemigo esta desprevenido o es débil militarmente. El castigo de un represor del pueblo, el secuestro de un exponente militar, diplomático o económico del imperialismo, la toma de armamento en lugar aislado o poco vigilado (donde el enemigo se haya debilitado por ir a reprimir manifestaciones estudaintiles, huelgas u ocupaciones de fábricas), pueden ser objetivos óptimos a conseguir por la guerrilla de ciudad o de campo. Así se prestigiará por contínuas y exitosas operaciones contra el enemigo que sumadas, una a una, darán una gran victoria al pueblo en armas. No se trata de entrar en batallas grandes, sino de durar más que el enemigo en campaña larga, con mejor moral, política y disciplina que él. Para que triunfe una guerrilla chica sobre un ejército grande deberá, en todo momento y operaciones, atacar por sorpresa con superioridad de número y fuego, en ataque envolvente, de suerte que el adversario no pueda escapar: para abstecerse asi con sus armas y municiones. El arma suprema y secreata de una guerrilla consiste en su política justa con el pueblo, contando siempre con la mayor cantidad de amigos posibles. Con esa política y una clandestinidad coherente, sin mantenerse nunca en lugares fijos, sino cambiando cosntantemente de posición, una guerrilla puede producit un gran ejército de liberación, transformando la guerra revolucionaria de unos pocos en un gran partido en armas, que derroque una tiranía odiada, cuando ningún partido clásico podría hacerlo; pero el pueblo desea vivamente que caiga el despotismo, contestando a la violencia con la violencia.

IV. - LA POBLACIÓN


Hemos indicado que todo poder es sobre la población y no sobre el espacio vacio. En la vieja estrategia convencional, lo importante, desde Ramsés II hasta Eisenhower, era ocupar el espacio del enemigo, mediante formaciones militares de línea contra línea, más o menos densas: falange, legión, batallones, regimientos, brigadas, divisiones, etc., en orden profundo o liviano, según la capacidad de destrucción de las armas empleadas: espada, pica, flecha, fusil, ametralladora, cañón, bomba atómica).

En la actualidad, el espacio es una categoría de guerra que domina la estrategia de las grandes potencias militares; pero no tiene una gran significación en al guerra revolucionaria, ya que los guerrilleros lo ceden o lo ocupan, transitoriamente, a fin de destruir, poco a poco, a un enemigo poderoso. Lo que importa es durar en el tiempo, cediendo espacio para levantar en armas la población de un país, ya sea contra un invasor o contra un tirano. En fin de cuentas, quien escapa al cerco cediendo espacio, pero conquistando más y más apoyo político en la población, gana la guerra, ya que con el tiempo una pequeña guerrilla obtiene a su favor la superioridad de número, sin dejar de ser superior en fuego, en un lugar dado y por un tiempo dado, gracias a la buena información, que dé la población, sobre la situación del enemigo: fuerzas agotadas, asiladas o separadas del guerso del ejército.

En América Latina, las dos características más favorables para la guerra revolucionaria son el espacio grande y la población favorable, a ganar por una guerrilla ágil, política y estratégicamente. Pero son desfavorables, inicialmente para desencadenar una guerra de liberación, el ejérito enemigo fuerte y la guerrilla popular muy débil; pero si ésta cede espacio y gana, en el tiempo, la población, se convertirá, por la dialéctica de la guerra, en grande, es decir, en polo chico (guerrilla) deviene lo grande (ejército), ya que, en el devenir dialéctico, todo se convierte en su contrario y tiende a suplirlo históricamente.

Desde el punto de vista de la distribución de la población, América Latina tiene un 45% en ciudades con más de 5000 habitantes: quiere decir, estratégicamente, que la Revolución latinoamericana es urbana y rural al mismo tiempo; no será posible, sin alianza obrera y campesina. Ello en cuanto a lo general, pero pudiera ocurrir que la chispa que encendiese la pradera, inicialmente, no estuviera en el 55% de la población rural, sino más bien en el 45% de la población urbana: más politizada y radicalizada que la población campesina. Sin embargo, en los países tropicales pudiera suceder que el epicentro revolucionario etuviera más en el campo que en la ciudad, ya que el proletariado esta en los cultivos de caña, el café, el cacao, el algodón, las bananasy otros productos explotados por compañías extranjeras. El Caribe y Centroamérica tienen, en el campo, al imperialismo; en Sudamérica, el campo es feudo de las oligarquías nativas; las ciudades están en manos del imperialismo industrial, financiero y mercantil. Estas dos proyecciones diferentes, indicarían que la guerra revolucionaria pudiera tener su epicentro inicial más bien en las ciudades sudaméricanas; pero más en el campo, en las ciudades centroamericanas y caribeñas: aunque lo desmiente, parcialmente, la revolución dominicana de Sto. Domingo, en 1965: exclusivamente urbana. Ahora bien, quizá se perdió porque no fue, al mismo tiempo, revolución urbana y rural, para liquidar al ejército cipayo y a los “marines” con una vasta guerra popular en superficie, como hacen los vietnamitas del sur, frente a más de medio millón de yanquis.

La población latinoamericana, si bien es dominantemente rural está situada en un 70% de su total, sobre una banda geográfica que no va más allá de 500 kilómetros desde la costa marítima. Latinoamérica es, en el fondo, un continente vacío, en su interior. Ahí justamente es donde debe ser atraído guerrilleramente el imperialismo y el militarismo cipayo, para dispersarlos en terreno inhóspito(sin comunicaciones ni muchos recursos naturales y paramilitares), a fin de que el general espacio trague al enemigo, dejando asi desguarnecidas las ciudades donde, en definitiva, se ganará la guerra: la última batalla. Pues es en las urbes donde está la industria y el centro de gravedad de nuestra civilización urbana, desarrollada por el capitalismo.

En síntesis, la guerra revolucionaria en América Latina aconseja, por sus leyes específicas, combinarla en campo y ciudada, para atraer hacia un espacio vacío a las tropas cipayas y al imperialismo, mientras se las ataca en su retaguardia más sólida: las grandes urbes, epicentro del capitalismo. No olvidemos nunca que la Revolución es un fenómeno histórico del capitalismo; y que no triunfará el pueblo sin superarlo com modo de producción; es decir, con la revolución en las ciudades: donde está la industria, el comercio, las finanzas y las grandes masas concentradas de población.

Hemos señalado, en síntesis, las cuatro características generales de la guerra revolucionaria en Latinoamérica. En conclusión diríamos: hay terreno favorable y población favorable, con lo cual se puede comenzar una acción insurreaccional; pero debe ser programada en sus objetivos urbanos y rurales, para despertar, desde su comienzo, la admiración del pueblo. La tesis del “foco insurreccional” del “Che” Guevara es correcta, en cuanto a que la acción crea las condiciones revolucionarias; es decir, lo particular produce dialécticamente lo general; pero lo importante es saber -según país y situación-, si se debe comenzar la acción por la ciudad o por el campo, no pudiendo hacerlo por los dos sitios a la vez, que sería el ideal estratégico óptimo contando con suficientes fuerzas guerrilleras, inicialmente; pero ello no es lo corriente al comienzo de una guerra revolucionaria.

DAVID CONTRA GOLIAT


El ejército norteamericano es una maquinaria pesada: se parece a los grandes saurios de final del período terciario que, por su propia pesadez acorazada, no se podían adaptar a las nuevas condiciones cambiantes de la naturaleza, pereciendo así catastróficamente. Un elefante puede ser corrido y canzado por un ratoncito, siempre que éste tenga cuidado de no ponerse debato de la pata de tan poderoso paquidermo.

En la batall de Pydna (168 a.J.C.), la falange macedonia, que habia sojuzgado a Grecia y conquistado el Asia, pereció ante la legión romana por falta de flexibilidad, de su adaptación a todo terreno, de coordinación de sus partes de tal suerte que todas pudieran combatir como infanteria. En los ejércitos nortemaericanos de nuestro tiempo, solamenteactúan como infanteria de combate menos de 1.200 soldados de los 18000 que tienen las divisiones pentagónicas. Frente a este ejército, cuyas armas están todas especializadas, y no pueden combatir como infantería de línea, más que el 6% de ellas, una infantería guerrillera, que lleve artilleria liviana (bazookas, cañones sin retroceso, morteros del 61 y del 81, etc.) y con su infanteria liviana, para tener gran podetencia de fuego; aunque sean las divisiones guerrilleras 16 veces más chicas que las norteamericanas. Durante la guerra de Corea (1950-54), las divisiones motorizadas yanquis llevaban hasta 2000 vehículos: lentos en pasar por estrechas y escasas carreteras, lo cual les daba una velocidad de marcha de menos de 10 kilómetros por hora, como en la época de las legiones romanas. En estas condiciones, sin poder elegir sus comunicaciones, los guerrilleros nor-coreanos se movían por la retaguardia norteamericana, pasando por los intersticios vacios, entre ruta y ruta, dejados al paso de als motorizadas divisiones estadounidenses. La coraza, como en el caso de los saurios del terciario, restaba movilidad estratégica a las divisiones pentagónicas, en Corea.

En América Latina, la guerrilla operacional debe meter a los ejércitos represivos norteamericanos en zonas de pocas comunicaciones, en montañas y selvas, para que los armamentos pesados y las unidades grandes no puedan llegar a las cimas de las montañas, sino pequeñas unidades de infantería yanqui, que serán fácilmente vencidas por las guerrillas del campo (con guerra a las comunicaciones) y las guerrillas de montaña (con cercos, emboscadas y aniquilamiento en torno de la infanteria norteamericana). El pentágono es un “mamut”, un martillo pilón: hay que eludirlo no poniéndose nunca debajo de él, sino encima, para que dé golpes en el vacío.

author by anarco-comunistapublication date Sat Aug 28, 2010 08:04Report this post to the editors

Muchas gracias Leopoldo por subirlo, habrá manera de que subas el libro completo o piensas sólo subir ciertos capítulos? Es que te veo embalado con otras cosas igual interesantes, pero me está picando el bichito de terminar este libro primero, jajajajaja! No, en serio, muchas gracias, te las mandaste.

 
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