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Teoría del “Foco” Insurreccional

category internacional | la izquierda | opinión / análisis author Wednesday August 18, 2010 12:07author by Abraham Guillén Report this post to the editors

¿CUANDO, DÓNDE, CUANTOS Y CÓMO CREAN UN “FOCO” SUBVERSIVO?

"Ha llegado, pues, la hora de que el anarquismo científico unifique la doctrina económica y dialéctica de Marx, con la práctica revolucionaria y el socialismo libertario de Bakunin. La era tecnológica, cibernética, hace posible ya esa síntesis revolucionaria, en un anarco-marxismo."

Abraham Guillén, Desafio al Pentagono; Guerrilla latinoamericana, Capítulo III.
Este texto, es el capítulo tercero del libro anteriormente citado, se puede consultar el primer capítulo del mismo libro en la siguiente URL: http://www.anarkismo.net/article/15943
Digitalización: Leopardo Mera
Abraham Guillén
Abraham Guillén

Luego de terminada la segunda guerra mundial, han proliferado las guerra revolucionarias, si bien las guerrillas yugoeslavas, albanesas y chinas se insertaron o surgieron con la guerra a la escala universal. Apenas habían silenciado su tronar los cañones de la guerra imperialista, estallaron guerras revolucionarias: Grecia, Irán, Indochina, Argelia, Colombia, Cuba, El Congo, Angola, etc. Todo lo cual demuestra que estamos viviendo en una época de grandes conmociones sociales, muy similar a la de las guerras de religión (Reforma); pero ahora mucho más universal, vasta y revolucionaria; en el Siglo XVI emergía el capitalismo de las cenizas de la Edad Media; en nuestra época, aflora el socialismo por todos los poros sangrantes del capitalismo; pero no por evolución, sino más bien por revolución.

Objetivamente las condiciones históricas son revolucionarias; pero la victoria de los revolucionarios depende, subjetivamente, de emplear o no una política, una dialéctica, una estrategia, que conjugadas sean operacionales. De ahí que el camino hacía la Revolución sea dificil, cuando no se cuenta con una estrategia general (conocimiento pleno de los principios que rigen el arte de la guerra) y una estrategia específica (conocimiento de las leyes estratégicas válidas para un país dado, para una situación concreta). En este orden de ideas, sucede frecuentemente que un país o una región del mundo presentan, objetivamente, condiciones revolucionarias: (crisis económicas, guerras, caos social y político, etc.); pero, subjetivamente, no hay revolucionarios preparados para transformar las crisis económicas en crisis revolucionarias y las guerras nacionales o imperialistas en guerras civiles.

Desde la más remota antigüedad se han producido -en todos los tiempos- ocasiones históricas revolucionarias; pero los esclavos, los siervos o la plebe, no estaban preparados para conducir las fuerzas históricas; para quitar del Poder a las clases dirigentes; para sustituir un modo de producción decadente por otro régimen más expansivo, dinámico, en que las relaciones de producción (fuerzas productivas, formas de la propiedad, formas de Estado, etc.), estuvieran en armonía con las relaciones sociales (clases sociales, superestructura jurídica, filosofía, etc.). Si Espartaco hubiera sustituido la economía esclavista por una economía que consiguiera más libertad y mayor acumulación de capital, etc., hubiera vencido, largamente, a las legiones romanas. La derrota de Espartaco fue política, ya que sus huestes lograron muchas victorias tácticas, pero ninguna victoria política y estratégica.

Una clase, una nación o una civilización, desaparece o surgen en una batalla: perdida o ganada. En ese sentido, pudiera decirse, pues, que la “violencia es la partera de la historia”; pero hay que saber ejercerla estratégica, táctica y políticamente, para obtener más victorias que derrotas. Trazarse una estrategia correcta -antes de comenzar una guerra- es merecer el triunfo al terminarla. Ello es posible cuando un pueblo insurreccionado, un ejército, o una clase oprimida, cuentan con un Estado Mayor, con unos comandantes que reununcian a todo menos a la victoria, por más sacrificios que ella exija para merecerla. En este orden de ideas, Napoleón decía: “la moral es al material como tres a uno”. Esta tesis ha quedado demostrada en Viet-Nam, donde la estrategia logística (potencia militar de fuego y de número), a favor de los norteamericanos, no consigue vencer a un pueblo en armas (moral y movilización masiva de las masas populares). Frente a la estrategia logística (poderío económico y militar de una gran potencia) un pueblo subdesarrollado puede vencer a un país industrializado, si sabe emplear la estrategia de la guerra revolucionaria (guerra en superficie, en todas partes y en ninguna con frente fijo), hasta que la duración de la guerra desmoralice al adversario, no teniendo éste más remedio que negociar la paz, con abandono del espacio ocupado por la fuerza bruta: logistica, metalurgia, mecánica, etc.

Un país imperialista (ya se trate de una u otra ideología) será siempre obligado a utilizar la diplomacia, primero; la guerra, después; para ocupar los espacio económicos y geoestratégicos que lo conviertan en potencia mundial, en el epicentro de un grupo de potencias satelizadas: Estados Unidos (en la OTAN y el Mercado Común Europeo); la URSS, (en el Pacto de Varsovia y el COMECOM). Pero, a corto o largo plazo, se rebelan las naciones oprimidas: caso de Francia contra la colonización financiera del dólar; Rumania (1966), Hungría (1956), Checoslovaquia (1968), Albania 1961), China (1960), Yugoslavia (1948), contra el predominio económico del rublo; incluso la guerra puede estallar más posiblemente entre algunos países del Este que entre ciertos países del Oste.

La URSS y el EEUU siempre practican, como todas las potencias, la “estrategia de la alcachofa”: ir comiendo poco a poco, hasta que se acaba toda la alcachofa; pero entonces suele estallar una rebelión: Hungria, 1956; Santo Domingo, 1965; o el repliegue progresivo en una alianza de la que se va un país: Francia contra EEUU; Rumania, Checoslovaquia, China, Yugoslavia y Albania, contra la URSS.

La verdad es que un pueblo, por chico que fuere, si está unido, detrás de un gobierno que haga de comité revolucionario, puede desafiar militarmente a una gran potencia como Viet-Nam a EEUU; cosa que pudiera hacer igualmente, en defensa de su soberanía e independencia, frente a la URSS, Albania, Rumania, Checoslovaquia, Yugoslavia, China, etc. La guerra revolucionaria es válida también en el Este... Cuba, en el Oeste, existe revolucionariamente en la periferia de Estados Unidos, casi al lado del Pentágono; pero más por sus posibilidades de guerra revolucionaria contra EEUU que por la “ayuda” de la URSS.

TESIS SOBRE LA TEORÍA DEL “FOCO”


En la guerra revolucionaria, no rigen los mismos principios tácticos y estratégicos que en la guerra de grandes y pequeñas unidades regulares. Un ejército de línea es esclavo de su endivisionamiento sobre una línea regular de frente: una división tiene al frente al enemigo y en sus dos flancos otra divisiones amigas, a menos de quedarse con sus flancos descubiertos, expuesta al envolvimiento del adversario. Las formaciones militares regulares, cuanto más grandes sean, más y más dependen de sus comunicaciones y abastecimientos. En un ejército muy mecanizado, con divisiones pentagónicas de hasta 2000 vehículos de transporte y de toda clase blindados, la capacidad de movimiento puede ser inferior a la de la infanteria de la época de Ciro, en el siglo VI, antes de Jesucristo. En la guerra de Corea, las divisiones blindadas norteamericanas, no teniendo muchas rutas para eleigr, se embotellaban, no avanzando a una marcha superior a los 10 kilómetros por hora. En cambio, los chinos-coreanos con carretillas, bicicletas y 6000 infantes destinados a transporte, conseguían abastecer sus líneas en municiones, alimentos e implementos militares, pasando por todo terreno, burlando los bombardeos masivos de la aviación norteamericana, que machacaba, noche y día, las rutas chino-coreanas; pero ello no impedía que los recursos logísticos llegaran, a hombro de soldados o en carretillas, por caminos y vericuetos de montaña, hasta la vanguardia chino-coreana.

Una guerrilla, a diferencia de un ejército regular, no depende del espacio como las grandes formaciones militares en línea. Al contrario, una guerrilla móvil cede el espacio para prolongarse en el tiempo, eludiendo la batalla grande de línea, a fin de conservar su libertad de movimiento, para poder en todo momento llevar la guerra revolucionaria a la retaguardia del enemigo. Lo que importa, en una guerra revolucionaria no es la defensa o la ocupación del espacio (objetivos básicos de la guerra con grandes ejércitos en línea), sino más bien ganar la población que hay en el espacio del adversario, para que éste se halle cercado por todas partes, sin posibilidad de retaguardia sólida, teniendo que dispersarse por todas partes, a fin de que el ejército revolucionario sea más fuerte que el ejército reaccionario, en algún punto del frente, aunque sea muy débil en todos los puntos del mismo. La guerrilla debe buscar la superioridad de fuego y de número en lo particular, aunque sea inferior, como 1 es a 1000, en lo general. La clave de la doctrina político-militar de un ejército revolucionario consiste en contar con el apoyo masivo de la población, para poder trasladar su frente a la retaguardia enemiga, cuantas veces quiera, por medio de una organización territorial, de la cual careció el “Che” Guevara en Bolivia, en 1967, siendo así aislado de la población y posteriormente derrotado. En síntesis, los principios de la teoría del “foco” insurreccional podrían ser enunciadas en los temas siguientes:

I. - LAS TRES FASES DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA


En una guerra revolucionaria se suelen dar tres fases bien definidas:

1ª) el ejército enemigo es muy grande y la guerrilla muy chica, reducida a una o más bandas armadas, sin posibilidad de mantenerse sobre terreno fijo, para eludir así la ofensiva y el cerco del adversario, en razón de su movilidad, seguridad, velocidad y combatividad;

2ª) la guerrilla gana población y aumenta su masa de combate pudiendo defender zonas liberdas, en alta montaña cubierta de bosque, pero son aferrarse mucho al terreno, mientras que el enemigo pasa de la ofensiva permanente a la política estática de gran cerco sobre una zona guerrillera liberada;

3ª) las bandas guerrilleras se convierten en ejército de liberación, empleando unidades relativamente grandes t de armamento semi-pesado (tomados al enemigo), aunque éste sigue manteneiendo, en la retaguardia del adversario, un enorme guerrilla apra así al enemigo entre dos fuergos, para levantar la población contra él.

En la 1ª fase se cede el espacio para eludir los cercos y batallas grandes; en la 2ª) fase, se conserva alguna o algunas zonas liberadas, para colocar un ejército contra otro, un régimen contra otro, un espacio contra otro; en la 3ª fase se ocupa el espacio enemigo, ya que sin ello no hay victoria; pero esto debe hacerse cuando el adversario esté desmoralizado, agotado, sin posiblidades de resistencia. Para ganar una guerra revolucionaria, no deben ser confundidas las tres fases de la misma: si el enemigo se desplomara en la 2ª fase tanto mejor; pero para no engañarse, hay que calcular la resistencia del adversario a su máxima capacidad y no a la mínima, al comenzar la lucha revolucionaria de liberación.

II.- ESTRATEGIA DE LA AUTODEFENSA



Una zona de autodefensa local, o varias zonas, sin coordinación estratégica general no pueden vencer a un ejército regular como sucedió durante las guerras caampesinas de Alemania, en el siglo XVI. Si un ejército puede batir por seprado las zonas guerrilleras de autodefensa, unas detrás de otras, sin que ellas cooperen estratégicamente a la vez (para dispersar a su adversario): el particularismo guerrillero será vencido indefectíblemente. La autodefensa es una forma de la guerra revolucionaria, pero no la única, sino más bien complementaria de un ejército de liberación, que debe articular bajo su dirección estratégica la autodefensa, en campos y ciudades, como los escalones regionales (o provinciales) y las unidades militares del ejército regular revolucionario. La autodefensa aislada no tiene posiblidades estratégicas: la historia demuestra “que no puede existir un Estado dentro de otro Estado”. La categoria de totalidad tan válida para la estrategia como para la dialéctica: las cosas a medias no tienen sentido ontológico ni lógico.

III.- ESTRUCTURA DE UN EJÉRCITO REVOLUCIONARIO


Un ejército revolucionario comienza por su base: guerrillas en montañas, campos y ciudades. Luego, se articula en milicias comarcales o departamentales; después, en escalones provinciales o regionales; finalmente, en ejércitos de liberación. Las milicias locales y los grupos de autodefensa combaten en su propia zona de acción (pueblos, departamentos y ciudades); los escalones regionales o provinciales son formaciones paramilitares que se crean con los mejores cuadros de las milicias locales; el ejército de liberación, se forma con lo mejor de los escalones regionales y de las milicias locales (con hombres que no pueden permanecer más en la retaguardia enemiga, por ser demasiado “quemados” y que, por ello, serán buenos combatientes para el ejército de liberación). Combinando escalones locales y regionales armados con el ejército de liberación, el enemigo siempre será atrapado entre un ejército revolucionario de línea y su vasta guerrilla en superficie (en todas partes combatiendo y hostigando al enemigo, pero en ninguna con frente fijo). Cuando el ejército de liberación necesite extraer masas armadas en la retaguardia enemiga (para hacer una operación sorpresiva de aniquilamiento contra una unidad adversaria), deberá movilizar a la hora y cita señalada, lo mejor y máximo de los escalones locales y regionales, para destruir al adversario. El ideal estratégico, en una guerra revolucionaria, es contra con 3 guerrilleros, en la retaguardia enemiga, por cada 1 soldado del ejército de liberación, en la vanguardia. Ello permitirá aplastar al enemigo con suma facilidad, escapando la guerrilla luego de termianda una batalla; pero dejando siempre tres parte del ejército revolucionario en la retaguardia enemiga: donde se libra la gran batalla por el control de la población. En el monte, hay más árboles que habitantes; es, pues, en la retaguardia enemiga, donde se dan las grandes batallas políticas de la guerra revolucionaria: huelgas, manifestaciones, actos de propaganda armada, bloqueo de comunicaciones, etc.

IV.- PARTIDO Y GUERRILLA


La guerra es un medio para la política: sólo se recurre a ella cuando una tiranía oprime y explota al pueblo, privándole de sus derechos políticos, de su libertad, de su derecho a la vida. Una guerrilla triunfará estratégicamente si su bandera de liberación representa políticamente la aspiración del 80% de la población oprimida. Por tanto, la guerrilla tendrá que contar con un frente unido de liberación: clase obrera, campesinos pobres, clases medias proletarizadas, que expresen el 80% de la población en una pís subdesarrollado. La guerrilla debe ser, a la vez, ejército de liberación y partido armado, sin tomar una denominación política dogmática, para movilizar así hasta las nuevas tendencias de la religión, desaburguesadas, que toman el camino a la revolución contra las oligarquias y el imperialismo. La guerrilla debe ser el brazo armado del pueblo, contando con un frente de clases, que cubra políticamente sus operaciones militares revolucionarias, en terreno y población favorables, a fin de lograr siempre más victorias que el ejército reaccionario.

V.- PROGRAMA DE LIBERACIÓN PARA AMÉRICA LATINA


El imperialismo económico genera la ley de división internacional del trabajo, creando así economías dependientes o de monocultivo. Por consiguiente, la Revolución en América Latina comenzará siendo nacional, pero no puede triunfar, plenamente sobre las oligarquías nativas y el imperialismo, más que a condición de ser revolución permanente. Cuando cada país es uno o dos productos de exportación para el imperialismo, la revolución nacional de fronteras adentro es una utopía. En América Latina, la Revolución debe abarcar un ancho frente de población insurreccionada, para vencer a los ejércitos cipayos (en la primera y segunda fase revolucionaria); y al ejército imperialista que los apoyará (para que no sean destruídos), en la tercera fase de la guerra del pueblo en armas.

Para merecer la victoria, el pueblo latinoamericano debe unirse sobre la base de un amplio frente de liberación continental que contemple, entre otros, los objetivos siguientes:

  • América Latina es un solo país: Hay que echar al imperialismo del espacio-latinoamericano, creando una república federal unitaria con todos los pueblos iberoamericanos.
  • Veinte naciones y una sola aspiración: En América Latina, la realidad es la unidad de origen y de destino histórico, el idioma iberoamericano, la ecumenicidad de la religión católica, la lucha común contra el imperialismo y las oligarquías, la unidad supranacional para superar la balcanización neo-colonial y el ratiquismo histórico; todo ello debe constituir la base amplia de un frente de liberación, que abarque el 80% de la población latinoamericana.
  • Prohibición de los monopolios: Las riquezas naturales, las industrias básicas, los servicios públicos, los medios de producción, cambio, circulación y consumo, en manos del imperialismo económico, será entregado al pueblo trabajador, para que éste lo dirija o explota por medio de la democracia directa de la autogestión, de la cogestión con la administración.
  • Supresión de los latifundios: La tierra es de los que la trabajan, sin mediación onerosa de las aristocracias feudales; es intolerable que el 1,5% de las fincas (latifundios) posean el 64,9% de la tierra, en América Latina. La reforma agraria es la base de la revolución latinoamericana: una gricultura moderna, mecanizada, bien abonada, cosntituye el más grande mercado para la industria urbana y la posibilidad de borrar la “geografía del hambre”. Con 750 millones de latinoamericanos en el año2000 no puede haber latifundios ni minifundios, sino una agricultura científica de autogestión cooperaria.
  • Frente de clases oprimidas: En América Latina hay que hacer una revolución con más clases que el proletariado urbano; hay que marchar hacia la liberación con un frente unido de los obreros, los campesinos, las clases medias proletarizadas, parte de las burguesías nacionales (que luchan contra el imperialismo por la defensa del mercado interno), el estudiantado, los intelectuales y las nuevas tendencias católicas (que aceptan y promueven el camino hacia el socialismo). Con este frente unido, teniendo unidad de pensamiento y acción, América Latina será una nación y su descolonización una realidad histórica.

    El programa de liberación latinoamericano no debe tomar viejas denominaciones políticas. Desde el marxismo, el socialismo libertario, hasta el cristianismo desaburguesado caben, en ese frente unido, y todos los movimientos progresivos que se hayan liberado políticamente de la burocracia soviética, el imperialismo yanqui y las burguesias nacionales.

    VI.- GUERRILLA: CIUDAD Y CAMPO



    Regis Debray, en “Revolución en la Revolución”, hace las siguientes afirmaciones: “Cuando una guerrilla habla con sus responsables urbanos o con el extranjero habla con “su burguesía”. “Quedándose la dirección política en la ciudad, será destruída inevitablemente o desmantelada por la represión” Hay que “abandonar la ciudad e ir al monte”... “La guerrilla está aislada en las ciudades”... “ni un sólo fusil debe ser distraido para la resistencia urbana”. Regis Debray no es un estratega y ni siquiera un táctico: nunca tuvo experiencia de conducción de una guerra revolucionaria, ni en su forma de grandes ni de pequeñas unidades militares. Como licenciado en filosofía podría opinar de dialéctica, con más autoridad que de estrategia.

    La historia desmiente estas tesis: las revoluciones campesinas nunca triunfaron, mientras las ciudades no siguieran al movimiento insurreccional del campo. La guerra revolucionaria no es parcial, sino total; sin unidad de acción entre la ciudad y el campo, no se logra la victoria en una revolución popular. En Cuba, no fue sólo la acción guerrillera de Sierra Maestra lo que decidió la victoria sobre el ejército regular, sino también el hecho de que éste habia perdido ya la calle, en La Habana y en otras ciudades. Las luchas de retaguardia, en la guerra revolucionaria cubana costaron más muertos, en las ciudades, que en la Sierra Maestra.

    Espartaco (sin el apoyo de la plebe de Roma), Tomás Munzer (sin una estrecha alianza con las ciudades), Stenka Razin y Putgacheff, en Rusia, (aislandos en las urbes) y el “Che” Guevara (con la indiferencia del proeltariado minero y de las ciudades bolivianas), todos ellos perdieron la guerra, por falta de apoyo político, por carecer de una amplia red territorial guerrillera (en campos y ciudades), que permita tomar al adversario de frente y de revés, a fin de que la guerrilla se convierta en ejército de liberación popular.

    En el silgo XVI, los Watt Tyler y las “Jacqueries”, respectivamente en Inglaterra y Francia, ganaron la batalla a la aristocracia, uniendo la ciudad y el campo, es decir, campesinos y burgueses; pero los campesinos no tenían una noción de la toma del Poder. Entraron en Londres y Paris, pero se dejaron convencer por la monarquía, la nobleza, volviendo luego a sus pueblos. Una vez dispersados, los campesinos fueron vencidos por los señores. La Revolución social es un fenómeno del capitalismo. Y la Revolución Francesa de 1789-93 fue su modelo: triunfó porque habia, en ella, un frente de clases: obreros, campesinos y burguesia luchando contra la aristocracia y el clero. Una revolución no la hace una minoría más que a condición de movilizar políticamente a las mayorías descontentas. ¿Pero cómo hacerlo con la guerrilla internándose sólo en el monte, pero dejando la ciudad pasivamente en países que cuentan con el 50 al 80% de población urbana? ¿No se confunde así líricamente la táctica con la estrategia?

    No tratamos de menoscabar la personalidad heroica y romántica del “Che”, sino de elaborar, teniéndolo muy en cuenta a él, una estrategia operacional, que no produzca, solamente, mártires, sino revolucionarios integrales, vencedores y no vencidos.

    VII.- LA LEY DE LA CANTIDAD QUE CAMBIA LA CALIDAD

    Una guerrilla se va convirtiendo en ejército grande a medida que de su célula madre, en ciudad o campo, se van creando nuevas células de combate que entienden -en superficie y no en línea- una guerra revolucionaria en forma de “piel de leopardo”, entre cuyos intersticios se mueve el guerrillero como el pez en el agua, siempre que con sus hechos, discursos, consignas y comportamiento, vaya produciendo cada vez más y más población favorable, hasta que no hay nadie neutral, en una guerra de liberación.

    Si una guerrilla está muy dispersa, no tiene bastante fuerza para destruir pelotones, secciones, compañías o batallones del enemigo, según se opere en la primera, la segunda o la tercera fase de una guerra revolucionaria. Si la guerrilla es muy compacta crea unidades grandes o pesadas; difíciles de moverse por todo terreno, o de escapar velozmente en operaciones de lucha urbana. El ideal estratégico de una guerrilla es practicar el siguiente principio: para vivir, separados; para combatir, juntos, a fin de que las armas pesadas enemigas no destruyan a la fuerza armada del pueblo.

    En razón de la ley de la cantidad que cambia la calidad o viceversa, un grupo guerrillero chico con 25 a 50 hombres es por definición estratégica una banda armada, que sólo podrá enfrentar a pelotones adversarios de 10 hombres de infantería, siempre que los ataque con una superioridad mínima de 3 a 1; y a bse de una enorme superioridad de fuego (granadas de mano, a corta distancia), para dar a la superioridad de fuego también la de fuego: siempre que se ataque por sorpresa, rapidez, decisión y asalto circular, a fin de abastecerse del botín enemigo; de recoger más municiones y armas de las que puedan perderse en el combate. De lo contrario, las victorias pírricas siempre conducen a la derrota.

    Cuando una guerrilla de 50 hombres pasa a 250 sufre un cambio cualitativo: deja de ser banda armada para transformarse en destacamento armado que, en determinadas circunstancias, con terreno favorable, (un desfiladero), puede destruir o copar a una compañía enemiga. Pero un destacamento volante no debe enfrentar a una compañía, sino más bien a una sección enemiga, para vencer rápidamente por la superioridad combinada del fuego y el número, por la rapidez, la sorpresa y el combate circular de cerco y aniquilamiento del adversario.

    Al llegar a 500 hombres, en una zona de montaña, se comienza a ser ejército de liberación: siempre que 5 columnas de 100 hombres, cada una, combatan juntas y vivan separadas. Con 500 hombres en montaña operando por líneas interiores, siendo doble veloz que el enemigo, se aniquilan todas las compañías adversarias que se aventuren a entrar en línea interior de la guerrilla. En la guerrilla urbana, cuando una ciudad rebasa el millón de habitantes, 50 guerrilleros deben constituir la mínima cantidad operacional, para llamar al enemigo desde diversos puntos o sucesivamente, de modo que éste no pueda ser fuerte, decisivamente, en un punto determinado de la ciudad. Al alcanzar 500 hombres de combate una guerrilla urbana se hace dueña de la ciudad, no en el sentido físico de la toma del poder, sino de ganar la calle, donde ninguna tropa, especialmente de noche, pueda circular aisladamente o en pequeños grupos de combate. Ganada la calle, el poder llegará sólo en función del general tiempo y ceder el espacio; pero a condición de ganar el 80% de la población con una política popular apropiada del ejército de liberación.

    Una guerra de montaña, 500 hombres tienen menos rendimiento político y estratégico que en guerrilla urbana; pues vivimos en el capitalismo, siendo la ciudad el epicentro de su política, estrategia y economía.

    VIII.- CORRELACIÓN DE FUERZAS EN PRESENCIA

    Para la guerra de montaña, la estrategia fidelista era partir de una célula guerrillera madre (7 fusiles y 11 hombres desembarcados del “Gramma”) que, andando el tiempo, pasaron a formar columnas operacionales de 120 a 150 hombres: unidades no muy pesadas, para poder pasar por todo terreno. Cuando las columnas fidelistas de 120 a 150 hombres se iban haciendo más grandes (ganando soldados enemigos o combatientes de la guerrilla en la retaguardia adversaria), se formaban grupos de 40, 50 0 60 hombres, que, a su vez, se convertirían, en el futuro, en nuevas columnas de 150 combatientes.

    El Ejército Rebelde fidelista, en 1958, contando su historia, ha revelado que tuvo a raya hasta 10.000 soldados de Batista, enfrentados solo por 300 guerrilleros. En la batalla de Guisa -según Fidel Castro-, 200 guerrilleros, de los cuales 100 eran novatos, enfrentaron a 5000 soldados batistianos, apoyados por tanques, aviación y artillería. Esta correlación de fuerzas tan desfavorable para un ejército revolucionario no es aconsejable, para entrar en combate a menos que el enemigo haya perdido la calle en las ciudades, sea hostigado en su retaguardia por muchas guerrillas y tenga, frecuentemente, cortadas sus comunicaciones estratégicas. No es recomendable hacer retroceder a un enemigo poderoso: si ello implica gastar munición, armas y hombres que no se recuperaran. En buena doctrina de guerra revolucionaria es desaconsejable el combate con igualdad de fuerzas; eludirlo, con 2 guerrilleros contra 1 soldado regular; aceptarlo, con 3 contra 1: siempre que el enemigo pase por desfiladeros, vaya encolumnado, o mejor aún, en columna de camiones, pasando por una ruta en trinchera; con 4 a 1: se lo ataca de frente y de flanco; con 5 a 1: por los flancos, el frente y la retaguardia.

    En la guerrilla urbana, los grupos de combate más rápidos, de mayor movilidad, deben adaptarse a la circulación de las calles en automóvil: no deberán ser, pues, más de 5, o más bien 4: el chofer y 3 acompañantes. Estos grupos son capaces de desarmar, sorpresiva e instantáneamente, a cualquier enemigo armado, que se haya desglosado de sus unidades, cuarteles, etc. Pero en guerrilla urbana, hay que ser capaz de enfrentarse con secciones enemigas, que casi siempre van motorizadas. Si la guerra en la calle no rebasa el grupito de 4 a 5 hombres, no gana la calle ni se hace respetar. Por consiguiente, hay que estar en condiciones de movilizar a 100 guerrilleros urbanos, o más, utilizando camiones cubiertos, de los cuales descienda la guerrilla, sorpresivamente, para cercar y aniquilar o desarmar a una sección enemiga: preferentemente montada en un vehículo y desprevenida. Sólo así la calle pasa de manos de las fuerzas reaccionarias al de las fuerzas armadas revolucionarias. Pero para aislar o dispersar al adversario, hay que fijarlo en un punto masivamente, mientras se lo desarma en lugares donde se ha quedado aislado, debilitado e inferior en potencia de fuego y de número, ante la guerrilla urbana. La estrategia sublime consiste en dispersar al enemigo, llamándolo desde varios puntos a la vez, para atacarlo con superioridad de número y de fuego, sorpresivamente, en donde sea muy débil.

    IX.- ESPACIO, TIEMPO Y POBLACIÓN



    Una guerrilla, para escapar a los cercos, debe estar en condiciones de ceder espacio, luego de haber logrado sus objetivos, tanto en la ciudad como en el campo. Si el espacio operacional es chico, la guerrilla será cercada; pero si puede ceder terreno, cambia constantemente de lugar, es rápida en sus desplazamientos, mantiene vigilancia permanente y cuenta con el apoyo de la población, difícilmente será apresada o cercada. Cuanto más chica sea una tropa guerrillera más tendrá que cambiar de lugar y más veloz ha de ser en sus desplazamientos. Lo importante en la estrategia de la guerra revolucionaria, no es ganar terreno o tomar una ciudad, sino destruir al enemigo ganando el apoyo político de toda la población. El puro espacio conquista y mantenido como dominio, se queda para los ejércitos represivos antipopulares; el guerrillero revolucionario debe jugar con el espacio para cansar y dispersar al adversario, mientras gana favorablemente toda la población, única manera de ganar una guerra revolucionaria. El Poder no es sobre nada sino sobre lo humano: la naturaleza sin hombre es el espacio puro.

    En la montaña, no hay fábricas, talleres, alimentos, municiones y abastecimientos para-militares. Por tanto, la guerrilla de monte depende logísticamente de la economía industrial urbana. En ese sentido, se produce “la subordinación de la guerrilla a su dirección política urbana que desarrolla en los guerrilleros no sólo una situación real, sino también de complejo mental de inferioridad y dependencia”, según Debray, en su libro “Revolución en la Revolución”. Pero si la estrategia logística condiciona la guerrilla de montaña: ¿por qué no emplearla antes en la ciudad que en las sierras, para que no tenga tales problemas logísticos y produzca en las calles población favorable, a fin de que la guerrilla de montaña sea como el otro frente de la guerrilla urbana? Si debray y el “Che” Guevara hubieran empleado la misma fuerza y armamento (que los dejó aislados en Bolivia, en el monte), en una guerrilla urbana, dentro de una ciudad, apoyando a la población descontenta, habrían creado, con muy poco hombres, un movimiento armado, un ejército de liberación, a condición de no separar la guerrilla de la población; de no aislarla entre los arboles, en vez de vincularla a las masas, en huelgas, manifestaciones, ocupación de fábricas, movimientos estudiantiles, etc.; para llevar así la lucha popular hasta sus últimas consecuencias: la insurrección general armada, frente a un gobierno totalitario, antidemocrático, odiado por un pueblo desamparado, incapaz de ser conducido a la victoria por los viejos partidos de centro o de izquierda verbal.

    A la guerrilla de montaña, sin el apoyo masivo de la población campesina, le falta de todo: ropas, municiones, zapatos, calzado, armas, nylons, linternas, alimentos, etc., a menos que no sea conducida muy brillantemente; que por el combate ofensivo de cerco y aniquilamiento, se abastezca a expensas del enemigo. Ello requiere un buen servicio de información guerrillero en la retaguardia adversaria, para enterarse de “cuantos vienen” y cercalos con cinco veces más de guerrilleros; de modo que el combate se termine rápidamente, quedándose con la logística del adversario. Pero este tipo de operaciones precisa un buen servicio de enlace e información con la retaguardia del enemigo próxima a la guerrilla, es decir, contar con población favorable, en las zonas guerrilleras.

    No teniendo organización territorial previa (con grupos de guerrilla clandestinos que la extiendan y dirijan) no se puede ni se debe abrir un frente guerrillero de montaña, si no se quiere correr la suerte de tantos movimientos guerrilleros, que fueron destruidos, no por el ejército enemigo, sino por la indiferencia de la población campesina, por falta de apoyo político, de cobertura informativa y logística.

    El guerrillerismo ha exaltado la lucha en la montaña y despreciado la guerrilla urbana, quizá porque no contaba con fuerte partidos políticos en als ciudades, pensando crearlos luego a partir de éxitos militares de la guerrilla, como sucedió en Cuba. Pero la estrategia enseña que no se hacen dos guerras con los mismos principios tácticos y estratégicos. En suma, que contando con poca fuerza guerrillera inicial, se debe comenzar con las grandes ciudades y no por las montañas, cuando las masas populares tiran para adelante contra los gobiernos tránicos, oligárquicos, pro-imperialistas, odiado por las masas populares: desamparadas por los partidos de centro y la izquierda pasiva.

    X.- ERRORES ESTRATÉGICOS


    Si se debe comenzar una revolución por la guerrilla urbana (donde la crisis económica y la desocupación den mucha población favorable) y se lleven las masas urbanas de vanguardia a la guerrilla de montaña (donde no hay población favorable), se comente un doble error – estratégico y político- que conduce asi a la derrota; aunque, inicialmente, la guerrilla de montaña tenga éxitos tácticos como el “Che” Guevara, en 1967, en Bolivia. En el arte de la guerra, un solo error estratégico es más negativo, que varios éxitos tácticos, para merecer la victoria. La estrategia es lo principal; lo subordinado, la táctica; pero ambas, estrategia y táctica, dependen de la política y ésta, en su análisis objetivo, de la economía. Por ejemplo, en una región que no haya industrias de guerra ni posibilidades logísticas, la guerra revolucionaria tiene que ser ofensiva, de cerco y aniquilamiento del adversario, para abastecerse a expensas de él. De lo contrario, toda la logística de la guerrilla quedaría subordinada a la ciudad y, por tanto, a los partidos políticos residentes en la capital política (o en las ciudades industriales) de un país.

    En una guerra insurreccional, urbana o de montaña, (o las dos formas de luchar a la vez, que es el ideal estratégico para ganarla), las organizaciones pacíficas (partidos, sindicatos, etc.) deben quedar dependientes de los órganos de dirección de la lucha armada, para darles así cobertura social, económica y política, a lo largo y lo ancho de un país.

    Saber por dónde debe comenzar la lucha armada corresponde a la estrategia; hacerla, aquí y ahora, a la táctica. En países con fuerte predominio de la población urbana, es un craso error llevar las mejores fuerzas combativas de las ciudad a la guerrilla de montaña, para aislarlas asi de su propia población, de su medio ambiente revolucionario.

    Regis Debray, en “Revolución en la Revolución”, dice: “las circunstancias de esta misma guerra de Liberación llevan a los partidos políticos, originalmente compuestos de estudiantes y de la mejor “élite” obrera, a replegarse hacia el campo y librar una guerra de guerrillar contra el ocupante”. Esta tesis corresponde al criterio subjetivo de que, en un país donde no haya grandes cadenas montañosas, no se puede hacer la guerra guerrillera. Es un grave error pensar así: la Revolución nunca la hizo la topografía, sino los hombres, las masas. El terreno, por más favorable que fuere, siempre es un elemento pasivo. El hombre, por el contrario, es un ser activo. La revolución siempre la han hecho los hombres, cuando tienen un programa, unos lideres preparados (para desencadenar la Revolución), un partido activo (por pequeño que sea) y, sobre todo, una ocasión histórica para hacerla: una guerra perdida por un gobierno desprestigiado, una crisis económica, un descontento general en las masas, un régimen desprestigiado, etc.

    XI.- DOCTRINA ESTRATÉGICA


    Una regla fundamental de la guerra revolucionaria consiste en esta recomendación del “Che” Guevara: “vigilancia constante, desconfianza constante, movilidad constante”, para no ser sorprendido o cercado por el enemigo. El guerrillero, rural o urbano, debe contar siempre a su favor con el factor sorpresa: pues, en todo combate, la sorpresa constituye la mitad de la victoria. En consecuencia, no hay que revelar a nadie emplazamientos, depósitos, industrias de guerra, claves numéricas, topográficas y de palabra; ni jamas adelantar la predicción de un acontecimiento, ni la hora (H) ni el día (D) en que tendría lugar, para evitar la infiltración del adversario en la guerrilla (la delación o información a favor de él); ésta debe cambiar constantemente su posición, tanto en ciudad como en el campo: la movilidad evita muchos cercos del enemigo.

    En su propaganda, un ejército revolucionario nunca debe mentir: la difusión de la verdad da más prestigio, más audición de público para una radio revolucionaria; para ganar población favorable, hay que predicar con el ejemplo y decir siempre la verdad.

    Sin lucha activa no hay revolución social y sin revolución todo lo viejo perdura: cuando hay que ser revolucionario no se debe ser reformista. Para la liquidación del feudalismo, el imperialismo, el militarismo, la corrupción, la especulación, el hambre, el analfabetismo, asi como otros males socio-económicos, hay que poner en movimiento la vanguardia armada, único medio de hacer la historia, en voz de que se la dicten a países neo-coloniales, desde el Pentágono y Wall Street, como a la América Latina.

    Nunca se debe combatir en frente fijo: hay que actuar en masa como los gorriones sobre el águila; pero después de logrado el objetivo, retirarse velozmente; ya que, en el tiempo, puede perde la superioridad del número y el fuego, si llegan refuerzos del enemigo. Para ganar tiempo, todo combate debe ser fulminante, de cerco y aniquilamiento del adversario, para quedarse con sus equipos militares; pues para la guerrilla, su intendencia la tiene el enemigo.

    Instalar un campamento fijo con carpas, camiones de abastecimiento, polígonos de tiro (como los guerrilleros argentinos, copados en tucumán, en agosto de 1968), sólo se le ocurre a quien confunda el guerrillerismo con el andinismo. Al cambiar de acontonamiento, una guerrilla se desplaza constantemente como un punto en el espacio: cuanto más veloz, más difícil es cercarla. Si el “foco” guerrillero se queda fijo -en ciudad o campo- se expone a ser denunciado, cercado, aniquilado. Por consiguiente, la regla de oro de una guerrilla es: combatividad, actividad, velocidad y seguridad. Para ser veloz y autosuficiente una guerrilla de montaña debe llevar una mochila que le dé autonomía logística durante dos o tres semanas; pero ella no con más de 20 kilogramos de peso; pues hay que saber vivir sobre el terreno comiendo frutos, yerbas y caza; con auida de sal, grasa, conservas, azúcar, trigo o maíz de grano. Etc., que debe ir como reserva operacional, en la mochila del guerrillero autosuficiente, no esclavo del terreno, ni de los suministros fuera de la línea interior de la guerrilla.

    Para no fijarse demasiado en el terreno, una guerrilla ha de contar con autonomía logística en abastecimientos y municiones: la mejor manera de lograrlo es producir botín sin dejar de combatir: copando siempre al enemigo, para quedarse con su intendencia, ya que el guerrillero no la tiene más que muy escasamente.

    Un ejército revolucionario no debe dispersarse demasiado; si proliferan muchos “focos”, que no llegan a combatir juntos, el enemigo siempre será más fuerte en un punto que la guerrilla y, por tanto, no le dejará prosperar, en número y armamento, para convertirse en ejército de liberación. No hay que estar muy cerca, unos grupos guerrilleros de otros, ni muy separados, de modo que la dispersión ayude al abastecimiento sobre el terreno; pero que, no obstante, se facilite la concentración para el combate, para ser más fuerte que el adversario en un lugar dado y por un tiempo relativamente corto.

    Las unidades de combate, en ciudad o campo, han de responder a la máxima movilidad, concentración y dispersión, en el mínimo de tiempo de marcha, para escapar a los cercos de un poderoso enemigo, en el comienzo de la guerra revolucionaria.

    En la guerra revolucionaria, si la guerrilla triunfa y se extiende crea el ejército de liberación, éste el frente de liberación y, a su vez, aparece el partido de la revolución por la unidad del pueblo y el ejército, que siempre se hace en la lucha. Los ejércitos burgueses siempre están contra el pueblo; el ejército de la independencia de América se hizo con el pueblo; el ejército cipayo de hoy, está contra el pueblo y a favor de las oligarquías y del imperialismo norteamericano. Por consiguiente, la unidad política del pueblo y el ejército se hace en la guerra revolucionaria. Se va, pues, de la acción revolucionaria hacía el partido revolucionario y no del partido legalista al ejército insurreccional, particularmente en pañises con una profunda crisis económica, política y social, que no tiene salida, reformista o parlamentaria, ya que los males grandes requiere grandes remedios; pero sacando la medicina de la propia enfermedad.

    En la guerrilla de campo y montaña, la masa humana debe venir de los campesinos; en la guerrilla urbana, de cuadros ciudadanos; pero cuando alguien se gasta o se “quema” en la ciudad, está más seguro en una base guerrillera de montaña; la clandestinidad urbana requiere siempre caras nuevas: no ser nunca conocidos; en cambio, el monte todo lo tapa, sobre todo, en zonas liberadas o semiliberadas de montaña. En este sentido, hay que marchar con dos patas: guerrillas de ciudades y guerrillas de campos y montañas, para tomar al adversario entre dos fuegos: en verdadera guerra en superficie, con guerrillas por todas partes, para no dar tregua ni descanso al enemigo. Cuando un poderoso ejército es acosado por todos los sitios no resisite ni es fuerte en ninguno de ellos.

    XII.- GUERRILLA Y CONTRA-GUERRILLA



    La doctrina estratégica de la guerra popular, yendo del campo a la ciudad y no a la inversa, debe ser revisada estratégicamente, para que el saber subjetivo y el poder objetivo conduzcan a la victoria a las masas populares, insurreccionadas contra sus opresores y explotadores. La guerra revolucionaria en China fue esencialmente campesina, dado que el país, salvo en su costa martima, no había entrado en la economía urbana capitalista. Los guerrilleros y el ejército rojo de Mao, combatían frente a un enemigo desprovisto de aviación en masa, lo cual facilitaba el establecimiento de bases guerrilleras de liberación, en zonas de montaña, cosa que no es tan fácil hacer en Viet-Nam del Sur, frente a las divisiones norteamericanas, apoyadas por nutridas bandadas de helicópteros y de aviones de todo tipo: caza y bombardeo.

    Las diviones móviles (“caballeria de aire”), con más de 400 helicópteros, constituye, tácticamente, una respuesta del Pentágono a la doctrina de la guerra revolucionaria de Mao Tse-Tung. Hasta las diviones convencionales pentagónicas, llevan unos 100 aviones y helicópteros como apoyo directo. Ello da una gran movilidad táctica a las fuerzas norteamericanas, que pueden ser desplazadas a una zona de montaña en línea recta: sin que la infanteria contra-guerrilla tenga que subir cuestas empinadas; cruzar desfiladeros y selvas intrincadas; donde el guerrillero puede realizar emboscadas sorpresivas contra unidades militares adversarias que, a causa del terreno, nunca pueden ser muy numerosas, marchando a pie, es decir no siendo aero-transportadas por un enjambre de helicópteros.

    La aviación de bombardero y los helicópteros (caballeria del aire) no pueden conseguir la victoria militar en Viet-Nam del Sur, ni doblegar políticamente a Viet-Nam del Norte; pero, estratégicamente, la aviación norteamericana, impide que los guerrilleros vietnamitas se apoderen de las ciudades, ya que podrían hacerlo; aunque ello supondría el riesgo de sufrir, en ellas, bombardeos concentrados: no teniendo el pueblo artillería antiaérea, cohetes tierra-aire y aviación propia de respuesta al adversario, para garantizar así la vida económica y social en las ciudades liberadas.

    Las urbes no debe ser liberadas precipitadamente, sino a su debido tiempo, es decir, cuando el enemigo haya perdido moral en el frente y en la retaguardia. Así, pues será el General Tiempo y no el General Espacio, quien pueda ganar una guerra revolucionaria, siempre que la guerra prolongada permita -en ciudades, campos y montañas-, discpersar, acosar, desgastar, desmoralizar o cansar a un poderoso ejército regular represivo, que siempre gana el espacio en casi todos los combates; pero que perderá moralmente la guerra en el tiempo.

    El General Tiempo tiene una importancia fundamental en la guerra revolucionaria: las guerra insurreccionales populares suelen durar de 5 a 6 años: pasado ese tiempo, las grandes potencias represivas suelen ceder y entran a decidir la guerra por medio de conversaciones diplomáticas y políticas. Sin embargo, la guerra revolucionaria, que estalla en las grandes urbes como explosión de masas, puede y debe ser decidida por ocupación inmediata del espacio en poder del enemigo (cuarteles, comisarias, aeródromos, bases navales, arsanales, etc.), como sucedió en Madrird, Barcelona, Valencia, Málaga, Bilbao y otras ciudades españolas, en 1936; en Petrogrado, en 1917; en Paris, en 1871; cuando el pueblo llena las calles, como pueblo en armas, sería ridículo y antiestratégico, irse a la montaña o al campo para hacer la guerra prolongada. No obstante, la insurrección urbana aunque fuera con el pueblo en la calle o tras las barricadas, no debe hacerse como guerra regular, frente a un poderoso ejército desplegado, como los alemanes en Varsovia, en 1944, ya que ello podría dejar aislada a la coidad de sus abastecimiento exteriores, mientra un ejército regular le pone un cerco estratégico, para decidir la guerra logísticamente; es decir, por carencia de alimentos, de municiones y de material de guerra, en las filas populares, como sucedió en Varsovia, en 1944.

    En casos como Varsovia (1944) y santo domingo (1965), las ciudades insurreccionadas, deben sacar una gran parte de su fuerza armada al campo y las montañas, para que el enemigo tenga que dispersarse por todas partes a fin de que no puede vencer a la masa urbana insurreccionada. Madrid (1936), a diferencia de Paris (1871), de Varsovia y de Santo Domingo 1965, sacó una parte de la población madrileña insurreccionada fuera de la ciudad, para permanentes de abastecimiento, a condicióm de sacar la guerra de la ciudad al campo, a provincias, cosa que no lo supieron hacer los insurrectos en Varsoviam de Santo Domingo (1965), a los comuneros de París !1871).

    Si un pueblo está en condiciones de pasas a la acción, se toma las ciudades rápidamente, base navales y cuarteles, fábricas militares, aeródromos, bases navales, cuarteles, comisarias. Se arma asi al pueblo para que éste ataque coherentemente por todas partes: avanzando en forma de ataque coherentemente por todas partes avanzando en forma de mancha de aceite. Si es una reducida minoria la que desencadena la guerra revolucionaria para poner en movimiento a una población muy pasiva, entonces la guerra revolucionaria debe revestir las formas operacionales dinámicas de guerrilla de campo y montaña o de guerrillas urbanas; esos escalones, bien articulados estratégicamente con una clandestinidad coherente, podrán, a la larga, ganar la guerra: cediendo espacio para ganar mucha población en el tiempo en base a renunciar a todo, menos a la victoria.

    XIII.- PROBLEMAS ESTRATÉGICOS DE LA GUERRA POPULAR

    En la estrategia de la guerra revolucionaria, hay que tener en cuenta, entre otros, los siguientes problemas:

    a) correlación de fuerzas entre el enemigo y la guerrilla, para que ésta sea superior en fuego y número en un punto del frente, aunque no lo sea en todos;

    b) situar en el tiempo los combates y las batallas, de modo que el pueblo armado se convierta en fuerte y el adversario en débil;

    c) vincular el frente guerrillero y su retaguardia, para que el enemigo tenga que combatir en superficie y no en línea, teniendo que dispersarse por todas partes, a fin de que no sea fuerte decisivamente en ninguna;

    d) movilizar por la acción política e insurreccional, de la guerrilla urbana o de montaña, la población de un país para suplir, con creces, las bajas de la guerrilla (cosa que no pudo hacer el “Che” Guevara, en Bolivia, en 1967, por falta de población rural y urbana favorable a su guerrilla ), que lo condujo al aniquilamiento por el adversario;

    e) arrebatar al enemigo la iniciativa en las operaciones militares, para hacer la política de un país por medio de la guerra insurreccional, demostrando que el gobierno reaccionario es incapaz de asegurar el porden oligárquico-burgués;

    f) combinar estratégicamente las operaciones del ejército popular de liberación en su vanguardia, con ataques a las comunicaciones del enemigo en su retaguardia, por medio de guerrillas, en campo no liberado;

    g) articular permanentemente la acción de las guerrillas, en la retaguardia del enemigo, con el ejército de liberación popular, para tomar al adversario de frente y de revés, para obligarlo a dispersarse o concentrarse, según las conveniencias, tácticas y estratégicas, del ejército popular;

    h) situar los acantonamientos de la guerrilla en posición erizo, ocupando un espacio apropiado, para no ser cercado por el adversario, pero que tal acantonamiento permita pasar rápidamente, si conviene, al combate ofensivo o defensivo (para ganar tiempo) y romper un cerco durante la noche, pero no aceptar la defensiva, pasando inmediatamente a la retirada fulminante;

    i) combinar el ataque principal con el ataque secundario (o de dispersión y engaño del enemigo), para que el asalto y el cerco sobre él sea más fácil, tácticamente;

    j) no aceptar la guerra de posiciones o en frente fijo, sino la guerra ofensiva de movimiento, sorpresiva, de cerco y aniquilamiento del adversario, para abastecerse de sus almacenes en municiones, armamentos y abastecimientos para-militares;

    k) armonizar en tiempo y espacio la acción de todas las armas de la guerrilla, ya que ninguna gana aisladamente el combate, sino todas ellas combinadas con los movimientos de los guerrilleros y con la estructura del terreno;

    l) utilizar el tiempo frío o caluroso, la niebla, o la lluvia, como factores favorables para el triunfo de la guerrilla urbana o rural (en Europa, por ejemplo, las insurrecciones urbanas han sido más frecuentes en invierno que en verano, ya que los sobretodos y gabardinas permiten ocultar armas, mejor en invierno que en verano);

    m) convertir toda victoria militar guerrillera sobre el enemigo en victoria política, a base de ganar más y más población favorable, para triunfar así en la última batalla;

    n) defender una base de liberación (en frente semi-fijo), por medio de permanentes combates guerrilleros por todas parttes, para que el enemigo no sea bastante fuerte como para aplastar u ocupar una zona liberada, desde donde comienza la lucha de un ejército contra otro, de una doctrina contra otra, de una región contra el resto de un país (en manos de la reacción): sin ello no hay triunfo, y a que finalmente se tiene que ocupar o liberar el espacio, para merecer la victoria;

    o) tranformar una victoria sobre el enemigo, en más armamentos para las guerrillas en retaguardia enemiga, en más armas para nuevos soldados del ejército de liberación provenientes de todo el país, que llegan por los canales de enlace entre la vanguardia y la retaguardia del ejército popular;

    p) en fin, articular, táctica y estratégicamente, los mandos superiores o inferiores con los soldados y los guerrilleros del pueblo, dejando a cada cuadro o mando margen grande de iniciativa propia, para que se adapten, en todo momento, a la situación táctica que les sea más conveniente, ya que el guerrillero debe combatir lejos de su mando supremo, por no ser un soldado de línea.

    Si las condiciones objetivas del combate (armamento, terreno, número de combatientes, correlación de fuerzas en presencia, etc.) concuerdan con las condiciones subjetivas (sorpresa, información veraz sobre el enemigo, mando único, disciplina, buena preparación política de los combatientes, etc.), la victoria estará asegurada, para el bando que aplique esta filosofía de la guerra.

    En el arte de la guerra, la cieuncia es mucho, pero la experiencia es más: armonizando la teoría y la práctica, un ejército de liberación, que vaya ganando cada vez más población favorable, por sus triunfos y buen comportamiento con el pueblo, siempre será victorioso, por más que la reacción nacional sea apoyada por el imperialismo con armas, soldados y bagajes. Para ganar sobre su adversario, hay que conocer sus puntos débiles, sus flaquezas políticas, sus errores tácticos y estratégicos; pero no olvidar, al mismo tiempo de conocerse a sí mismo, para superar errores y faltas políticas, único medio de conseguir más victorias que el enemigo. En general, para un ejército popular su doctrina debe resumirse, en cada combate, así: prepararse bien para la lucha; cercar y aniquilar al enemigo (para abastecerse); elegir siempre terreno y población favorable (o una de las dos cosas); concentrar una fuerza superior en fuego y en número (en un solo lugar y por un tiempo dado); atacar tropas fatigadas, encolumnadas (en camiones o desfiladeros, etc.); llevar la iniciativa en las operaciones; no dejar pasar una ocasión favorable, para conseguir una victoria total; al enemigo, mejor es cercarlo y desarmarlo que hostigarlo y dejarlo.

    XIV.- PRINCIPIOS DE LA GUERRA REVOLUCIONARIA


    En la guerra popular, la ofensiva y la defensiva son formas dialécticas de un mismo todo:

    1) se cede terreno, para destrozar al enemigo, y recuperarlo después;

    2) la guerrilla no se defiende pasivamente, sino para atraer al adversario al lugar dado y en el tiempo dado, en que la correlación de fuerzas y el terreno le sean favorables;

    3) un ejército de liberación popular combina la lucha activa (combate) con la defensa pasiva de las masas populares (huelgas, manifestaciones, actos de protesta, etc.), a fin de que ambas formas de lucha movilicen la población contra sus opresores y explotadores;

    4) en general, la guerra revolucionaria es una técnica de movilización de masas insurreccionadas, para que den el máximo rendimiento político y militar, sin lo cual una monoría (la guerrilla), si es aislada de la mayoría (pueblo), pierde, indefectiblemente, la guerra, como de la Puente Uceda, en Mesa Pelada (Perú) en 1965; o como el “Che” Guevara, en 1966/67, en Ñancahuasú (Bolivia);

    5) un puñado de guerrilleros, en ciudad o campo, pueden triunfar sobre fuerzas regulares poderosas, a condición de contar con población favorable (encuadrada en una organización territorial para-militar), enemigovulnerable (aislado, cansado, encolumnado en camiones, desprevenido e inferior en número y fuego al guerrillero) y terreno favorable (ciudades grandes, cuyos bosques de casas son tan buenos para los guerrilleros como los bosques de altas montañas); bajo esas tres condiciones, el segundo principio del “Che” Guevara es correcto, en cuanto que a partir de la acción se crean todas las condiciones revolucionarias.

    Resumiendo: con unos pocos guerrilleros se puede obtener pequeños y continuados éxitos, a base de combinar el factor sorpresa con el terreno y la población favorables y enemigo vulnerable; pero ello será correcto, a condición de transformar toda victoria militar guerrillera en victoria política, en movilización de masas. ¿De lo contrario, de qué serviría derrotar al enemigo y quitarle sus armas, si nadie del pueblo vendría a tomarlas...? Con victorias así, la guerrilla estaría perdida, ya que agotaría su material humano sin posibilidad de reponerlo, lo cual supone una victoria pírrica o nula.

    Al enemigo no hay que esperarlo pasivamente: hay que ir a buscarlo ofensivamente para abastecerse a expensas de su intendencia. Por tanto, una guerrilla de ciudad o de montaña, nunca debe ser pasiva, conservadora, ya que asi nunca ganaría la guerra ni se transformaria en ejército de liberación. La guerra revolucionaria, requiere mucha moral: pues se hace con campañas largas y combates breves (de cerco y aniquilamiento del adversario: tomando sorpresivamente). Nunca hay que procurar, en el combate, que el enemigo retroceda o sea simplemente derrota, sino más bien cercado y aniquilado.

    XV.- ¿CUÁNTOS HACEN UNA REVOLUCIÓN?

    El idealismo voluntarista de los rebeldes (que no hay que confundir con la sagacidad política, la fina dialéctica y la estrategia brillante de los revolucionarios), toma, frecuentemente, sus deseos por realidades, al subjetivizar fervientes deseos insurreccionales sin tener en cuentas las situaciones objetivas revolucionarias. El rebelde, sin partir de un pensamiento coherente, pasa a la acción; el revolucionario va del pensamiento al acto insurreccional, partiendo del análisis económico de la situación, de un estudio de las clases amigas y enemigas (a unir en un frente de liberación o a ser aisladas en el curso de la guerra, en función de resolver por la lucha unida de clases oprimidas, la contradicción principal: representada por las oligarquías). El rebelde se lanza a la insurrección sin prepararla; el revolucionario, parte de una organización mínima como vanguardia armada; de un programa claro y sencillo que una a las clases oprimidas contra las clases opresoras y explotadoras; de una estrategia y de una táctica, que no dejen al ejército represivo la posibilidad de combatir en frentes de línea, sino siempre en superficie: de modo que en su dispersión de fuerzas esté su peridición estratégica.

    Un puñado de hombres pueden hacer una Revolución aprovechando un período de crisis económica (desocupación obrera en masa, cierre de fábricas, miseria creciente, etc.), el desprestigio de las fuerzas armadas (vuelta del Ejército de una guerra perdida, como en Rusia, en 1917) y la incapacidad de los partidos tradicionales para derrocar una tiranía. En tales situaciones, una minoría, que actúe en interés de las mayorías, puede triunfar revolucionariamente, si sabe emplear la acción insuregente para levantar al pueblo en armas. Pero si una minoria armada se aisla políticamente de las mayorías, si no representara (en momentos críticos de desamparo de las masas populares el interés general), jamás un “foco” insurreccional podrá hacer una revolución social: sin promover con la lucha una alianza de clases oprimidas, una organización territorial (en el campo para ayudar a la guerrilla de montaña) y una organización urbana paramilitar (que dé cobertura a la guerrilla de ciudad).

    En determiandas condiciones políticas favorables a la insurrección (cuando todo está despretiagiado y la cosa “no resiste más”), una docena de hombres (que hagan operaciones armadas brillantes, pero siempre en defensa del pueblo para ganar la población favorable), pueden hacer una revolución social. En cambio, miles de hombres lanzados a huelgas, manifestaciones densas, ocupaciones de fábricas, toma de universidades y lucha en barricadas, sin que apoye una guerrilla (en superficie), son fácilmente vencidos por las fuerzas militares y policiales del Estado burgués o burocrático.

    En estrategia revolucionaria, si se combinan acciones de masas (huelgas, manifestaciones, motines, ocupación de fábricas – por el derecho al trabajo- toma de escuelas y universidades, etc.) y acciones guerrilleras rurales y urbanas (coordinadas por un ejército de liberación, que les dé unidad operacional táctica y estratégica), siempre se gana la guerra contra un ejército regular reaccionario, sin apoyo popular. Una guerra revolucionaria supone, cuando lo es de verdad, hacer la guerra total, como no podía soñarla Ludendorff: exponente del militarismo alemán. En la guerra revolucionaria, la guerrilla, en montaña o campo, es solo una parte de ella, y no su máxima expresión militar como supone Regis Debray, en “Revolución en la Revolución”. Una guerra revolucionaria es completa: con guerrilla de montaña o campo (milicia guerrillera en pueblitos chicos, evidentemente calndestina); con guerrillera urbana; con operaciones combinadas de guerrillas locales, escalones regionales y ejército de liberación; con sabotajes, secuestros, terrorismo, actos de propaganda armada (que son actos cotidianos en guerras revolucionarias como en Viet-Nam, Argelia, Cuba, etc.); con huelgas, manifestaciones, movilización de masas campesinas, por “la tierra para el que la trabaja”; con acciones revolucionarias en zonas del proletariado de los algodonales, los cañaverales, las minas, donde está el obrero más explotado; en fin, la guerra revolucionaria estriba en que una monoría se convierta en locomotora que arrastre a la mayoría, mediante la creación de un ejército de liberación, apoyado en un frente unido popular que le dé cobertura política.

    Para que una monoría se haga el exponente de una mayoría oprimida (que quiere sacudirse el yugo del militarismo, el latifundio y el imperialismo), hay que partir de un movimiento que no se clasifique con denominaciones políticas clásicas, sino que tomen más bien una fecha como origen de su denominación y acción revolucionaria. De esta manera, lo particular (la guerrilla) se convertirá, dialécticamente, en símbolo de lo general (el pueblo). Pues una guerrilla insurreccional, para llegar a ser ejército de liberación, ha de ser -antes que un ejército- un pueblo en armas: incluso el partido puede venir después de formar el ejército deliberación y el frente de liberación. Caer en el idealismo semántico (culto de las meras palabras), o semantizarse con tal o cual color político o ideología, resta a una minoría armada la asistencia de las mayorías, que tienen reparos en seguir ideologías trasnochadas. He ahí lo que no comprendieron bien muchos revolucionarios latinoamericanos, sacrificados, en la flor de su vida, ante el piquete de ejecución; o que fueron encarcelados por haber confundido táctica con la estrategia, los deseos con las realidades. En determinadas situaciones, unas cuantas divisiones pierden la guerra en unas horas o unos dias, mientras que cediendo terreno y ganando tiempo para movilizar la población oprimida, una guerrilla de 10 hombres puede ganar la guerra a un ejército grande, cuando la minoría armada está en interés o en función de las mayorías oprimidas, explotadas, abandonadas.

    XVI.- DIALÉCTICA DE LAS CONDICIONES REVOLUCIONARIAS

    Si la guerra es otra forma de la política entre las naciones por medio de la violencia, la guerra revolucionaria es la forma más violenta de la lucha de clases. A pesar del idealismo voluntarista de la coexistencia pacífica (hasta Napoleón, antes que Marx, negaba, con su rica experiencia militar, la coexistencia entre lo viejo y lo nuevo), es evidente que se producirán guerras nacionales o imperialistas, mientras exista la desigualdad económica y el desarrollo desigual entre naciones. También se producirán guerras revolucionarias, mientras haya injusticias sociales, mientras unos opriman y otros sean oprimidos, mientras unos sean explotadores y otros explotados, mientras haya clases antagónicas que luchen, tanto con capitalismo privado como con capitalismo de Estado. La rebelión de la base popular contra el régimen burocrática de Novotny, y luego la invasión soviética en Checoslovaquia, en 1968, indicaría que la lucha de clases no ha desaprecido en el Este, como motor de la historia.

    Una guerra revolucionaria, por consiguiente, debe tener perspectivas políticas óptimas, donde haya tiranías odiosas que derrocar con participación de todo el pueblo. Las condiciones políticas más favorables posibles acortan y desarrollan la lucha revolucionaria; pero la hacen dura, lenta y sangrienta, como en Colombia, cuando el campo lucha en guerrillas mientras la ciudad lee las noticias o no hace nada, revolucionariamente. Desencadenar una guerra de guerrillas, como “foco” insurreccional, en países con cierto goce de libertades democráticas y un relativo nivel de vida (antes de producirse una gran crisis económica), es correr un riesgos estratégico muy desfavorable para la guerrilla. En el mejor de los casos para ella, obtendría muchos éxitos tácticos -tomar armas y derrotar al enemigo, en numerosos y repetidos combates, bien preparados-; pero ¿quién repondría las bajas humanas y quién tomaría las armas quitadas al enemigo? La guerra revolucionaria siendo el exponente más alto de la lucha de clases, no puede prosperar donde la guerrilla no se apoye en el frente de las clases oprimidas contra las clases o la clase opresora. Si a partir de la acción insurreccional no se forma ese frente de clases, es que todavía la política no había llegado a un gran desprestigio, la crisis a su punto caótico, la corrupción al máximo, los crimenes políticos al nivel más bajo de la dignidad humana y el despotismo a tales cureldades e inmoralidades, que el pueblo diga y repita: “Esto no puede seguir así!” “¡Basta!”.

    En América Latina se suele recurrir a la guerrilla en países con apariencia de democracia, mientras no se hace nada en países dodne las dictaduras pretorianas disolvieron todos los partidos políticos, tomaron todo el Poder, se constituyeron en “lasquenetes” del imperialismo y se pusieron en contra de la clase obrera, los estudiantes, los campesinos, los intelectuales y la burguesía liberal. Sin embargo, contra esas dictaduras ominosas, vergonzosas y entreguistas, la guerrilla no ha hecho nada, incluso fue empleada cuando aún existía el régimen representativo, pero no se emplea ahora contra dictaduras pretorianas. Ello demuestra que los guerrilleros, mal formados políticamente, no pueden llegar estratégicamente al conocimiento de los más elementales principios de la guerra revolucionaria de verdad, para no dejarse llevar por una guerrilla lúdica, casi deportiva, andinista, más cerca de Robin Hood de las películas que de la práctica de Fidel Castro.

    Al lanzar la guerrilla sobre la montaña y el campo, en países con tiranía pretorianas, se tiene poco en cuenta los países con tiranías pretorianas, se tiene poco en cuenta los problemas de la libertad, que son problemas del intelecto y del espíritu, de la vida urbana más que de la rural, se ubica así la guerra revolucionaria fuera de su mayor rendimiento de masas, de propaganda y de producción de población favorable. El horizonte limitado del campesino no entiende ni sufre, con su vida cotidiana simple, los problemas de la conciencia desdichada hegeliana, de la alienación por la política. Por otra parte, las dictaduras ejercen todo su Poder en las grandes urbes. Y es allí, en principio, donde hay que golpearlas política y militarmente. Si el país oprimido por una tiranía tiene zonas de bosques y de altas montañas, contará con la posibilidad doble de atacar al enemigo en ciudades y montañas. En ese sentido, los guerrilleros de ciudad, que sean conocidos y dadas sus fotos a la publicidad, deberán ganar la zona de montaña, para luchar en terreno que les sea propio (liberado o semiliberado), lo cual constituirá para ellos como una liberación a fin de que la ciudad no se transforme en una inmensa prisión, para los revolucionarios conocidos. En la ciudad siempre hay que emplear, en los cuadros de combate, caras nuevas, para reservar a favor del guerrillero su alarma principal y más eficaz, su mejor aliado: la sorpresa. En el monte, deben estar todos los que tengan sus naves quemadas en la ciudad.

    En las ciudades, los acontencimientos que se produzcan contra las tiranías, tienen una gran repercusión periodística nacional e internacional, más que las noticias llegadas del campo que, a menudo, no las dan los gobiernos totalitarios, para no crear mitos guerrilleros como el de Fidel Castro, que por la acción y el gesto, desde Sierra Maestra, ganó La Habana para su causa.
    Se debe rehuir una guerra revolucionaria con poca población favorable, ya que la haría muy sangrienta para los guerrilleros y fácil para las fuerzas represivas. Hay que implantar la guerrilla en zonas que esperen la justicia del ejército de liberación; operar, poco a poco, en ayuda del pueblo oprimido; dar cobertura a estudiantes, obreros, campesinos, intelectuales, etc. A las masas no se las inventa se las sigue, no dejando que las burocracias sindicales las negocien; pero llevando la lucha por la acción más allá del horizonte limitado del burócrata. Sólo así la guerra revolucionaria será el mejor medio para realizar la política por la acción, cuando una dictadura impide al pueblo hacerla de derecho, por la vía democrática, anteponiendo los cañones a las razones del pueblo sufrido y trabajador.

    Mientras existan las clases sociales antagónicas, la violencia estará en el contendio de la historia: las guerras y las revoluciones serán inevitables, a pesar del idealismo burgués de las Naciones Unidas, o más bien desunidas. La “coexistencia pacífica” del burocratismo soviético niega, con el voluntarismo pacifista, la lucha de clases, es decir, el contenido esencial histórico de la doctrina marxista.

    Ha llegado, pues, la hora de que el anarquismo científico unifique la doctrina económica y dialéctica de Marx, con la práctica revolucionaria y el socialismo libertario de Bakunin. La era tecnológica, cibernética, hace posible ya esa síntesis revolucionaria, en un anarco-marxismo.

    Los ideales, la doctrina del marxismo, han sido degradados por el “socialismo burgués” de los Willy Brandt y los Wilson y por el comunismo oportunista de la burocracia soviética. Sólo un anarco-marxismo puede reivindicar la unidad del pensamiento y la acción de Marx y Bakunin.

  • author by Luis Mellapublication date Fri Aug 20, 2010 04:37Report this post to the editors

    Muy buenisimo pero tienen a disposición el capitulo 2? cuantos capitulos son?

    author by L. Merapublication date Fri Aug 20, 2010 08:49Report this post to the editors

    Se irán subiendo de a poco. El capítulo dos, estará pronto subido. Son seis capítulos en total.

     
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