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Ôsugi Sakae en París

category asia oriental | historia del anarquismo | opinión / análisis author Wednesday August 11, 2010 04:09author by Libero Internacional Report this post to the editors

Con motivo del cincuenta aniversario de la conferencia anarquista internacional de St. Imiers, Suiza, en 1872, se decidió llamar a una reunión en Berlín, en Febrero de 1923 a fin de convocar a una nueva federación internacional. Una invitación fue enviada al grupo anarcosindicalista Rôdô Undô de Tokio, la cual fue dirigida personalmente a Ôsugi Sakae quien estaba en contacto con anarquistas franceses. La noche del 11 de Diciembre de 1922, después de conseguir suficiente dinero para el viaje y de engañar a la policía haciéndoles creer que estaba en cama sufriendo de una grave enfermedad, Ôsugi partió hacia Shanghai vía Corea y Manchuria, siendo esta la primera parte de su viaje. [Italiano]
Ôsugi Sakae
Ôsugi Sakae


Ôsugi Sakae en París

1. Alias "Chin Chen"

Con motivo del cincuenta aniversario de la conferencia anarquista internacional de St. Imiers, Suiza, en 1872, se decidió llamar a una reunión en Berlín, en Febrero de 1923 a fin de convocar a una nueva federación internacional. Una invitación fue enviada al grupo anarcosindicalista Rôdô Undô de Tokio, la cual fue dirigida personalmente a Ôsugi Sakae quien estaba en contacto con anarquistas franceses. La noche del 11 de Diciembre de 1922, después de conseguir suficiente dinero para el viaje y de engañar a la policía haciéndoles creer que estaba en cama sufriendo de una grave enfermedad, Ôsugi partió hacia Shanghai vía Corea y Manchuria, siendo esta la primera parte de su viaje.

Habían pasado solamente algunos meses desde que una división irrevocable ocurrió en Japón entre los anarquistas y los bolcheviques (es decir, quienes apoyaban la Revolución Rusa), y los anarquistas estaban buscando formar nuevos vínculos internacionales en vez de seguirse concentrando, como hasta entonces, sólo en sus contactos nacionales. Ôsugi mismo puso un gran énfasis en el desarrollo de más vínculos con otros anarquistas en Asia y de una forma organizativa que les ayudara a cooperar de mejor manera. Él ya había estado en Shanghai dos años antes, durante el intento abortado de los anarquistas de colaborar con el KOMINTERN; en este segundo viaje él estaba resuelto a renovar los contactos que había hecho doce años antes cuando en su Escuela de Esperanto en Tokio se inscribieron algunos estudiantes chinos. Sus temores de ser descubierto por la policía secreta, sin embargo, ahora que su ausencia en Tokio había sido con toda certeza descubierta, hacía esto muy riesgoso y todo cuanto podía hacer era esperar que otros le contactaran en un inmundo hostal para extranjeros.

Ôsugi, por razones obvias, no podía obtener un pasaporte japonés. Como Corea era parte del Imperio Japonés desde 1919, no tuvo dificultad en llegar hasta la frontera china, la cual cruzó probablemente haciéndose pasar por un coolí chino un poco tonto. El plan era, desde Shanghai en adelante, era usar los contactos más íntimos de otro anarquista y esperantista japonés, Yamaga Taiji, en el anarquismo chino, el cual había acordado preceder a Ôsugi en su viaje a China para así conseguirle papeles de identidad chinos falsos. Después de que Yamaga había desperdiciado varios días en Pekín mientras esperaba que los anarquistas locales le consiguieran los papeles, se encontraron finalmente en Shanghai gracias a la ayuda de un doctor llamado Cheng Meng-hsien, quien había sido director del Instituto Sino-Francés de Lyon. El doctor Cheng también dio a Ôsugi, alias “Chin Chen”, alias “Tong Chin Tangle” (ambos nombres fueron utilizados para referirse a él por la prensa parisiense tras su arresto en Mayo), un lugar de residencia en Francia: donde vivían algunos jóvenes anarquistas chinos que estudiaban entonces en el Instituto, que en ese entonces no eran más de diez.

Con su pasaporte, Ôsugi, quien se había convertido en un estudiante chino en dirección a Lyon, abandonó Shanghai el 5 de enero de 1923 y llegó a Marsella el 13 de Febrero. A la mañana siguiente, tras despedirse de una tal “Madame N” a la cual había conocido en su viaje, partió en dirección a Lyon llevando consigo una carta introductoria de sus camaradas en China. Después de pasar una semana en Lyon, partió a París, donde conoció a Coronel, quien lo había invitado, en las oficinas del órgano de la Liga Anarquista Francesa, Le Libertaire, ubicado en el Boulevard de Belleville (oficinas compartidas con La Revue Anarchiste y La Librairie Sociale.

Eran momentos en que las fuerzas reaccionarias en toda Europa estaban ejercitando sus músculos, y la euforia post-1917 estaba apagándose. 1922 era el año que había visto la Marcha sobre Roma de los fascistas encabezados por Mussolini, mientras que 1923 fue el año del “Golpe de la Cervecería” de Hitler en Bavaria. Aquel había sido provocado por la ocupación francesa del Ruhr tan sólo algunas semanas antes de la llegada de Ôsugi, y el enfrentamiento entre la izquierda francesa y la cada vez más fuerte derecha como resultado de la ocupación estaba todavía candente.

La atmósfera era, por lo tanto, muy poco auspiciosa para el éxito del viaje de Ôsugi, particularmente para su plan de cruzar la frontera con Alemania desde Francia. Al llegar, además, se enteró de que la persecución gubernamental en Alemania había obligado a posponer la conferencia de Berlín. La conclusión generalizada era que no se iba a realizar finalmente, y fue aplazada indefinidamente. Ôsugi se decepcionó, pero aprovechó la ocasión para encontrarse con varios de los anarquistas exiliados que vivían entonces en París. Aún más importante fue el hecho de que la multitud de personas expulsadas o refugiadas de la Rusia post “revolucionaria” le ayudaron a tener una imagen más clara de lo que allá ocurría que la que pudiera haberse hecho en Japón. Lo que escuchó le confirmó los rumores que llegaban, los cuales tenían sentido dado el comportamiento de los comunistas japoneses, que causaron la división entre anarquistas y bolcheviques que ya mencionamos.

Ôsugi también aprovechó la oportunidad de conocer a unos veinte anarquistas chinos que vivían, como estudiantes y trabajadores a medio tiempo, en París. Se reunían todos los días y se encontraban planeando una conferencia que tendría que ocurrir después de la asamblea de Berlín, la cual serviría para sentar las bases de una organización anarquista de los estudiantes chinos en París. Qué ocurrió con este grupo es algo que ignoramos, pero resulta evidente la importancia que Ôsugi otorgaba al rol de los chinos en el movimiento anarquista internacional.

Poco después de llegar a Francia, Ôsugi se contactó con un antiguo camarada del Grupo de Investigación Sindical formado en Tokio en 1913, un artista llamado Hayashi. Si bien Ôsugi había optado por no contactar a ningún japonés durante su estadía en Europa, por cuestiones de seguridad, Hayashi era el medio mediante el cual podría mantener el contacto con Rôdô Undô y con Itô Noe, la feminista con la cual había vivido por siete años. Lo que él no sabía, es que el gobierno japonés, que había perdido su rastro en China, , había dado instrucciones al embajador en Francia para que siguieran a Hayashi, pues habían correctamente intuido que sería la primera persona que Ôsugi visitaría llegando a París. Consecuentemente, Ôsugi estuvo bajo vigilancia constante desde el momento mismo de su llegada.

Uno de los aspectos más curiosos de la estadía de Ôsugi en París es su aparente ignorancia de la anarcosindicalista Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), cuyo congreso fundacional había tenido lugar los días 25 de Diciembre al 2 de Enero recién pasados. Como un anarcosindicalista, Ôsugi debería haberse interesado en esta organización y debería haber intentado contactar a sus miembros, algo que no hizo. La única explicación posible es que debido a las disputas de facciones en el seno del movimiento anarquista francés no le informaron de esta organización, ya que de otra manera es muy difícil entender la nula mención que recibe la AIT en sus recuerdos sobre su viaje en Francia.

2. Primero de Mayo, 1923

Ôsugi y Hayashi, luego de arrendar un cuarto barato en un hotel de París, pasaron sus días y sus noches en los cafés de Montmartre, mientras Ôsugi seguía silenciosamente con sus esfuerzos para conseguir una visa de entrada a Alemania. El 17 de Marzo, luego de enterarse de la vigilancia de la embajada japonesa, los dos partieron a Lyon, donde también parecía más factible conseguir la visa para Alemania. Durante las seis semanas siguientes, Ôsugi estuvo confinado en Lyon, haciendo visitas diarias a la estación de policías, la sección de pasaportes y la oficina de seguridad. Entrado Abril, su frustración se volvió insoportable, y escribió a Itô Noe de su intención de cruzar la frontera ilegalmente.

Disuadido de este plan gracias a sus amigos de Lyon, que temían que podía haber consecuencias, Ôsugi permaneció donde estaba, pero sus fondos se agotaban y el viaje, aún si hubiera obtenido la visa, resultaba imposible. El 29 de Abril, habiendo perdido esperanzas de obtener la visa, partió en dirección a París, donde había sido invitado a tomar parte de una manifestación en el suburbio de St. Denis.

En la mañana del 1º de Mayo, Ôsugi se despertó respirando los aires de la ciudad. Su reacción fue de sorpresa, al encontrarla tranquila como una tumba. Lo único que pudo observar diferente, eran las marejadas de trabajadores que, aprovechando el feriado, se iban con sus familias al campo. Esto marcó todo el resto del día. Ôsugi plasmó sus sentimientos ante esta situación en su libro “Diario de un Escape de Japón” (Nippon Dasshutsu Ki):

Las reuniones a cielo abierto han sido prohibidas, y nadie parecía tener el ánimo de ignorar esa orden. Tanto los políticos comunistas como los burócratas de la CGT [Confederation Generale du Travail, Confederación General del Trabajo], estaban aterrados de chocar con la policía e hicieron todo cuanto pudieron para sabotear las cosas. En consecuencia, solamente la marcha central de la CGT tuvo lugar en el centro de la ciudad, mientras las demás, incluida la manifestación de St. Denis, fueron confinadas a los suburbios. Incluso las protestas en contra del plan del gobierno de EEUU de asesinar a los ítaloamericanos Sacco y Vanzetti fueron desviadas hacia los suburbios a la fuerza por auxiliares comunistas”.

Cuando Ôsugi llegó a la reunión, su impresión no fue favorable. Así relata este evento:

Las consignas del día fueron pronunciadas de manera interminable por un orador terriblemente autocomplaciente, mientras los aplausos del público se hacían cada vez más débiles… ‘¡Esto ya es demasiado! Salgamos y que se queden hablando acá solos’ gritó alguien, un camarada de Le Libertaire o de La Revue Anarchiste. Pero nadie se hizo eco de este llamado. Mientras tanto, el orador lo invitaba a comportarse… yo tenía que encontrarme con Coronel después de la reunión, pero a esta altura no me importaba ni un carajo. Lo que quería era ponerme de pie y gritar desde la plataforma, ‘¡salgamos a la calle, donde deberíamos estar!’
Incapaz de aguantar esta situación, Ôsugi finalmente pidió la palabra. Lo esencial de su discurso (la versión impresa original que apareció de él, tenía tantas marcas del censor japonés que es imposible de rescatar íntegro) es como sigue:

La historia del 1º de Mayo en el Japón es muy corta. La primera manifestación tuvo lugar en 1920 y muy pocos trabajadores tomaron parte en ella. ¡Pero esos trabajadores japoneses tienen muy claro el significado del Primero de Mayo! Las manifestaciones del 1º de Mayo en Japón no se hacen en los suburbios, sino en el centro de la ciudad. No se hacen en recintos cerrados para favorecer a oradores, sino que ocurren en parques, en las calles, en las plazas públicas, y su objetivo es manifestarse. ¡El 1º de Mayo en el Japón no es un mero carnaval!

Después de hablar por veinte o treinta minutos, Ôsugi bajó de la plataforma en medio de ruidosos aplausos y salió a la calle, donde los esperaban numerosos policías de civil para arrestarlo. Fue llevado a la fuerza a la estación policial más cercana. Cuando la muchedumbre en el acto se enteró de lo que había sucedido, marcharon de una vez a la comisaría para liberarlo, encabezada por una veintena de mujeres obreras. Muy pocos sabían algo de él, más allá de que era un compañero japonés, o quizás chino; la mayoría ni siquiera conocían su nombre. Solamente bastaba con saber que era un compañero que necesitaba ayuda. En la refriega que se sucedió frente a la estación, unos cien compañeros fueron detenidos y otros tantos heridos por los garrotes policiales. Ôsugi escribió más tarde que desde su celda pudo escuchar la Internacional, la cual fue seguida de golpes, seguida de mucho ruido y griteríos, mientras la muchedumbre era dispersada por la policía.

Mientras la prensa francesa se refería a él como chino, la policía ya conocía la identidad real de Ôsugi. Ôsugi, en un comienzo, por insistencia de Coronel y otros, había insistido que sus documentos chinos eran genuinos, pero luego admitió su identidad real cuando se dio cuenta que la policía sabía todo acerca de él. Apenas se confirmó que él era Ôsugi Sakae, un militante anarquista indocumentado, fue enviado al famoso centro de reclusión de La Santé, hogar temporal de muchos anarquistas. El 3 de Mayo, siguiendo la visita de un funcionario de la Embajada de Japón, fue procesado por cargos familiares aún hoy en día: insulto a la autoridad, resistir el arresto, disturbio e indocumentación. Mientras, la prensa de derechas, de manera notable Le Figaro, comenzaron a utilizar este incidente como una manera de promover una histeria anti-anarquista. Lo único que resultaba novedoso era el hecho de que el alias chino de Ôsugi cambiaba en cada nueva edición.

Ôsugi consideró las condiciones de La Santé lujosas en comparación con las mazmorras inmundas en las que había sido confinado con anterioridad. En una carta a Itô Noe escribió “Es bastante relajada para ser una cárcel. Me la paso el día entero tirado en la cama haciendo círculos en el aire con el humo de mi cigarrillo; hay botellas de vino y cerveza en la mesa y puedo pasármela todo el día tomando si así lo quisiera.” [1]. Pese a todo, la prisión es la prisión y sus pensamientos estaban todo el tiempo con su familia, en particular con su hija predilecta, Mako, de apenas cuatro años. Para asegurarle que estaba todo bien, le escribió un poema, “¡Mako yo, Mako!” el cual le envió. En este poema le describía una vida lujosa, en la cual se alimentaba de comida occidental, de chocolate y en la cual fumaba mientras reposaba en un sofá.

Cuando su caso fue llevado a juicio, el 23 de Mayo, todos los cargos habían sido abandonados, salvo el de haber infringido las regulaciones sobre el uso del pasaporte, por lo cual fue sentenciado a tres semanas de detención. Ya que estaba detenido desde el 1º de Mayo, fue puesto en libertad al día siguiente. Antes de abandonar su celda en La Santé, Ôsugi escribió en el muro el siguiente mensaje para la posteridad:

E ÔSUGI
ANARCHIST JAPONAIS
ARRESTE A S. DENIS
LE 1 MAI 1923 [2]

Apenas salió de la cárcel, fue llevado a una comisaría donde se le entregó una orden de deportación. El gobierno francés había querido originalmente dejarlo sencillamente en la frontera española, pero debido a la insistencia de la Embajada japonesa, acordaron al final enviarlo al Japón vía Marsella.

Con una semana sin nada que hacer antes de que su barco partiera, y al ver que ya no tenía vigilancia policial, Ôsugi se decidió a recorrer Europa ilegalmente. Antes de poder abandonar París, sin embargo, le llegó una carta de Itô Noe, en la cual le pedía volver lo antes posible. Aparte de complicaciones surgidas con su quinto embarazo, al parece habían surgido fricciones en el grupo de Rôdô Undô. Al final de la semana se entregó a la policía y, el 3 de Junio, es decir, 101 días después de haber llegado, Ôsugi fue llevado a Marsella y lo hicieron abordar un barco con destino a Kobe.

A su llegada, el 11 de Julio, fue amarrado y subido a una pequeña lancha policial que lo llevó a la comisaría del puerto, evitando de esta manera exponerlo a las hordas de periodistas que lo esperaban en el muelle. Ôsugi fue liberado luego de un intenso interrogatorio de cinco horas conducido por orden del Ministro de Justicia, el cual estaba furioso que hubiera sido capaz de llegar tan lejos, a París, sin su conocimiento. Fue recibido como un héroe de fábula, los periódicos solicitaban los derechos sobre su historia del viaje secreto, y en medio de toda esa fanfarria, consiguió a la mañana siguiente volver a Tokio junto a Itô Noe y a Mako, en un carro de primera clase, pagado por la prensa, por supuesto.

La última palabra, en todo caso, pertenecía al Estado y la policía. Dos meses más tarde Ôsugi era asesinado, junto a 6.000 inmigrantes forzados coreanos y chinos y a cientos de militantes revolucionarios, que fueron víctimas de la masacre impulsada desde el gobierno después del gran terremoto de Kantô en Septiembre. Su cuerpo, junto al de Itô Noe y el de su sobrino de apenas siete años Soichi [3], que habían sido golpeados y estrangulados hasta morir mientras estaba detenidos en una prisión de Kempeitai, había sido arrojado a un pozo en el cual se estaba descomponiendo. En el juicio que siguió al hallazgo de los cadáveres en descomposición, el asesino, un espía policial a las órdenes del emperador Hirohito, recibió solamente diez años de cárcel, pero salió en libertad después de tan sólo cuatro, por órdenes personales de Hirohito. Una vez en libertad, se le encomendaron “misiones especiales” en Manchuria, suicidándose finalmente en 1945, antes de que sus crímenes fueran vengados por los muchos anarquistas que estaban detrás de él.

Para Ôsugi, aún cuando ya no era más que un cadáver, hubo un golpe más del cuchillo vindicativo del Estado. El 16 de Diciembre, compañeros de las tres víctimas se reunieron para decir un último adiós a sus cenizas antes de que fueran formalmente enterradas (de acuerdo al rito budista, esta ceremonia debe ocurrir tres meses después de ocurrida la muerte). Ese día, matones de la derecha se colaron en la sala del velatorio antes de que la ceremonia comenzara, haciéndose pasar por dolientes. Cuando nadie observaba, cogieron la urna con las cenizas de Ôsugi y se escaparon, sin conocerse hasta el día de hoy su paradero (no es necesario decir que la policía no hizo más que una pesquisa de mala gana). La despedida tuvo lugar, de manera inaudita, sin las cenizas de Ôsugi, mientras el Estado se reía de buena gana.

3. Intento de contactarse con Makhno

Los recuerdos de los tres meses de Ôsugi en Francia dan la impresión de que estaba solamente divirtiéndose, mientras viajaba de París a Lyon y luego de vuelta, reuniéndose con camaradas chinos, pasando la noche ocasionalmente con “Madame N”, etc. En cierta medida esto es cierto. Debido a que tenía que mantener un perfil bajo para evitar ser arrestado y así no poder llegar a la conferencia de Berlín, Ôsugi y Hayashi se mantuvieron al margen de las actividades políticas y se convirtieron en clientes frecuentes de cafés y locales de baile en Montmartre. Ôsugi también tuvo una relación con una joven bailarina llamada Doré.

Pero al mismo tiempo, Ôsugi relata en sus memorias que aprovechó la oportunidad de estar en París para hacer una intense investigación sobre un episodio que lo inspire enormemente: el movimiento makhnovista en Ucrania, de 1918 a 1921. Ôsugi creía que el movimiento makhnovista era el aspecto más importante de la Revolución Rusa –de hecho, afirmaba que fue la única revolución que realmente ocurrió y la que contenía las lecciones más importantes para los anarquistas japoneses. En este sentido, era bastante crítico de los anarquistas rusos que ignoraron este movimiento. Su visión de Makhno se resume en lo siguiente:

En su excesivo fervor por la ‘revolución’ los anarquistas rusos se dejaron manipular por los bolcheviques y, deslumbrados por sus consignas revolucionarias, perdieron la oportunidad de organizar y congregar las fuerzas del pueblo. Mientras tanto, el movimiento makhnovista en Ucrania ayudaba y acicateaba las actividades creadoras de los campesinos, implementando así una verdadera revolución social. El movimiento makhnovista no fue un movimiento basado en la teoría anarquista, sino que un levantamiento espontáneo de los mismos campesinos que, al ampliar su base, se volvió de manera natural en dirección al anarquismo. El rol de los anarquistas en él no fue el de líderes, sino que de personas que daban su respaldo; no fueron comandantes, sino catalizadores

Los esfuerzos de Ôsugi por alcanzar Alemania, pese a la cancelación de la conferencia anarquista, provenían de su deseo de tener más información acerca del movimiento. “Mi más grande decepción sobre el viaje a Europa” escribió después, “fue el no haber tenido oportunidad, ya que no pude viajar a Alemania, de conocer a muchos ex makhnovistas que entonces vivían en Berlín, particularmente al llamado “jefe del Estado Mayor”, Volin”. [4] Ôsugi quedó satisfecho juntando todos los artículos que pudo encontrar en revistas y periódicos mientras estuvo en París, y hablando con todas las personas que pudo, sobre los makhnovistas, para así poner toda esta información junta, a su regreso a Japón, en su última obra escrita, “Un General Anarquista: Nestor Makhno” (Museifu Shugi Shogun: Nesutoru Mafuno).


Publicado en "Libero Internacional"
Traducción: José Antonio Gutiérrez D.



[1] Procedimientos de rutina en las cárceles japonesas, aún hoy, hacen que los presos pasen todo el día con sus piernas cruzadas sentados en un círculo dibujado en medio de su celda, mirando hacia la puerta. Si quieren hacer cualquier cosa, incluido ir al baño, deben primero pedir permiso al guardia, al cual están obligados a llamar “profesor” si no quieren ser golpeados.
[2] El nombre de Ôsugi, “Sakae”, también puede leerse como “Ei” y al parecer él utilizó esta versión de su nombre a veces para evitar ser confundido con otro militante socialista, Sakai Toshihiko.
[3] Nota del Traductor: Según Thomas Stanley (Ôsugi Sakae, Anarchist in Taishô Japan) el sobrino de Ôsugi tenía seis años y se habría llamado Tachibana Munekazu.
[4] Nota del Traductor: Afirmación incorrecta, pues Volin jamás tuvo un rol tan preponderante en el movimiento makhnovista, ni gozó de gran popularidad entre los partisanos; mucho menos tuvo un rol militar, ya que se limitó a labores de carácter ideológico.

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