No fueron los años, no el clima, no fue el hambre, no fue una pena de amor, la que silencio la voz de Rogelio, fue el Estado y sus estructuras paramilitares las que vieron en este humilde campesino un problema, una piedra en el zapato. Aunque silencien su voz, seguirán vivas sus palabras, sus sonrisas, sus sueños y sus anhelos entre nosotr@s.